2010 – SENDEROS hacia la LIBERTAD…

La magnitud de los sucesos, durante siglos se ha evaluado por los hechos y los protagonistas incluyendo intensas emociones y un apasionamiento que imaginariamente fueron generando los mitos y las leyendas transmitidos de generación en generación, más allá de lo lógico resultante de un razonable análisis.

Insisten desde el gobierno nacional en la celebración del BICENTENARIO, evocación del comienzo del movimiento independentista durante la última semana de mayo de 1810. Aquella eclosión de entusiasmo en torno al Cabildo de la ciudad de Buenos Aires y la elección de la primera Junta de Gobierno, provocaron distintas reacciones en diferentes regiones del vasto territorio del Virreinato del Río de la Plata.

Semanas después, los primeros fusilamientos en la ciudad de Córdoba.

Fracasó la misión encomendada al doctor Manuel Belgrano en Asunción del Paraguay. Hubo diversos ensayos sobre formas de gobierno, combates en distintas latitudes, centenares de muertos e incontables heridos. Sobre la gramilla, entre arenales o polvorientos valles se expandía la sangre de los milicianos que casi no sabían cuál era la causa por la cual arriesgaban sus vidas.

Trágico comienzo en el arriesgado tránsito entre el coloniaje y los limitados senderos imaginados para avanzar hacia la libertad y la independencia.

“LA GENTE debe APRENDER”…

Por algo, Marco Tulio Cicerón cincuenta y cinco años antes de Cristo, dijo:

“El presupuesto debe equilibrarse, el Tesoro debe ser reaprovisionado, la deuda pública debe ser disminuida, la arrogancia de los funcionarios públicos debe ser moderada y controlada, y la ayuda a otros países debe eliminarse para que Roma no vaya a la bancarrota. La gente debe aprender nuevamente a trabajar, en lugar de vivir a costa del Estado.”

Por algo… cercana la celebración del bicentenario del comienzo del movimiento hacia la independencia en el casi legendario virreinato del río de la Plata, la presidente de la Nación en sus discursos alude a “el país real” y “el país virtual” logrando el efecto contrario a su propósito porque promueve mayores confusiones.

DERECHOS HUMANOS

Los derechos humanos son pertinentes a las personas desde el momento de la gestación, independientes de factores étnicos y concordantes con el ordenamiento jurídico vigente en un contexto de interdependencia familiar y social.

Resultantes de continuas violaciones de los derechos humanos:

Corrupción (abusos, funcionarios incapaces, mentirosos y serviles, con antecedentes penales; agravios a opositores, justicia lenta…).

Pobreza e indigencia (mortalidad infantil, deserción escolar, creciente desocupación y abandono social; inflación y pérdida del valor adquisitivo de la moneda…)

Narcotráfico (insuficiente prevención, drogadicción desde la infancia, complicidad en el tráfico y comercialización…)

Delincuencia (hurtos, robos, asaltos; violentas manifestaciones con encapuchados, destrucción de bienes personales y del Estado, asesinatos…)

Jerarquía y reafirmación de VALORES…

Libertad (Disciplina personal y grupal, responsabilidades, solidaridad…)

Verdad (Equilibrio entre derechos y obligaciones

Justicia (Igualdad de oportunidades para ejercer los derechos a la salud, la vivienda y la educación.)

Cultura del Trabajo (Ni “limpiavidrios”, ni “malabaristas”, ni voluntarios para “estacionamiento” con exigencias de determinado pago… tampoco “vendedores ambulantes” que no son tales sino “comerciantes que ocupan veredas y en lugares públicos para vender productos semejantes a los de reconocidas “marcas” y eluden pagos de tasas e impuestos…)

Ocio creativo (Admiración de la armonía natural, valoración de la Belleza, tiempo libre destinado a acciones solidarias…)

Casi en el deslinde: Avaricia – Egoísmo – Envidia – Soberbia…

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1810-2010: EL PUEBLO NECESITA SABER…

Durante la última semana de mayo de 1810 se generó una movilización que culminó con un reparto de cintas para distinguir a los integrantes de determinado grupo y gritos como expresión de cansancio más que de expectativas:

-¡El pueblo quiere saber de qué se trata!

Se expresaba con vehemencia, sólo una parte de los vecinos de aquella casi “aldea” que el 11 de junio de 1580 era sólo llanura donde el vizcaíno Juan de Garay hizo labrar el acta de fundación de la Ciudad de la Santísima Trinidad, Puerto de Santa María de los Buenos Aires, sin imaginar la trama de la primera rebelión en su Santa Fe que provocó el amotinamiento del 1º de junio de ese año, rememorado como “la Revolución de los Siete Jefes” organizada por Lázaro de Benialbo, Ruiz Romero, Diego Ruiz, Pedro Gallegos, Francisco Villalta, Antonio de Leiva y Francisco Mosquera.

Antonio Thomas fue uno de los expedicionarios que acompañaron don Pedro Mendoza en la legendaria primera fundación de la ciudad de buenos aires, porque sucesivas investigaciones históricas han demostrado que aquel primer Adelantado debía cumplir con las misiones encomendadas en las Capitulaciones firmadas en 1534 por el rey Carlos I en Toledo: “…levantar cuatro fortalezas, casas fuertes, asientos militares”… En consecuencia, don Pedro de Mendoza “no fundó ciudad ni pueblo alguno. Instaló eso sí, asientos militares, casas fuertes, de acuerdo a sus capitulaciones, pues la suya fue, esencialmente, una misión militar”

A orillas del río de la Plata, don Juan de Garay ordenó a Antonio Thomas -que también había estado el domingo 15 de noviembre de 1573 entre los firmantes del Acta de fundación de Santa Fe-, el trazado del plano para el reparto de solares a los “sesenta y cuatro vecinos” de acuerdo a las Leyes de Indias y a la Ordenanza de Población del rey Felipe II, aunque sabido es que “son muchos más los presentes en el acto que “no reúnen las condiciones de avecindamiento o son vecinos de otra ciudad”.

Como lo ha destacado la doctora y profesora Hebe Livi, “entre las sesenta y cuatro personas de armas tomar, que con caballos y ganados van con Garay, hay una mujer: Ana Díaz, símbolo de la abnegación femenina incorporada a la magna empresa fundadora y colonizadora.”

Semanas después, Garay y sus acompañantes celebraron la llegada del joven Hernando Arias de Saavedra –Hernandarias– con “dieciséis hombres conduciendo el ganado. Un nuevo aumento poblacional está dado poco más adelante, cuando Juan de Espinosa llega con la expedición de las mujeres y los hijos de los venidos con Garay, en la que también se transportan los enseres familiares”.

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Divergencias entre “saavedristas” y “morenistas”…

El camino hacia la independencia iniciado con el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810 en la denominada Plaza de la Victoria -tras la expulsión de los invasores ingleses en 1806-, quedó delineado en el Acta firmada el 25 de mayo invocando a Fernando VII -rey de España, en ese tiempo desplazado del trono por la invasión de José Bonaparte-, constituyéndose la Primera Junta de gobierno que fue presidida por el Coronel Cornelio Judas Tadeo Saavedra, reconocido entonces como máxima autoridad militar.

En sus “memorias” al rememorar aquella primera década del siglo XIX y las invasiones de los británicos, Saavedra escribió:

Éste fue el origen de mi carrera militar. El inminente peligro de la patria; el riesgo que amenazaba nuestras vidas y propiedades, y la honrosa distinción que habían hecho los hijos de Buenos Aires prefiriéndome a otros muchos paisanos suyos para jefe y comandante, me hicieron entrar en ella.

En el Regimiento de Patricios cuya jefatura ejercía el Coronel Saavedra, el 5 de diciembre de 1810 entre los asistentes a la fiesta estaba el capitán Atanasio Duarte y entusiasmado, brincó “por el primer Rey y Emperador de América, Don Cornelio Saavedra” ofreciéndole la corona de azúcar que adornaba la torta a doña Saturnina Otarola de Saavedra.

El secretario de la Junta doctor Mariano Moreno, mediante un decreto dispuso el destierro de Atanasio Duarte considerando que un habitante de Buenos Aires ni ebrio ni dormido debe tener expresiones contra la libertad de su país”. En ese acto suprimió los honores especiales a los miembros de al Junta y los brindis o aclamaciones públicas a favor de los funcionarios.

A pedido de la Junta presidida por el Coronel Cornelio Saavedra, el doctor Mariano Moreno debió elaborar un Plan de Operaciones y lo presentó en agosto de 1810 expresando los fines políticos, económicos y sociales de la “revolución” y los medios para alcanzarlos, incluyendo los objetivos referidos a las relaciones internacionales.

En tal sentido y considerando las experiencias hasta entonces, en torno a las actividades que demandaban recursos naturales y a los efectos de la concentración de tales explotaciones en pocos empresarios, Moreno explicó:

“Es máxima aprobada que las fortunas agigantadas en pocos individuos, a proporción de lo grande de un Estado, no sólo son perniciosas, sino que sirven de ruina a la sociedad civil, cuando solamente con su poder absorben el juego de todos los ramos de un Estado, sino cuando también en nada remedian las grandes necesidades de los infinitos miembros de la sociedad, demostrándose como una reunión de aguas estancadas que no ofrecen otras producciones sino para el terreno que ocupan pero que si corriendo rápidamente su curso bañasen todas las partes de una a otras no habría un solo individuos que no las disfrutase, sacando la utilidad que le proporcionase la subsistencia política, sin menoscabo y perjuicio”

Mariano Moreno en el Plan de Operaciones, señaló la necesidad de percibir aranceles aduaneros, destacando que hasta entonces el libre comercio, “ha arruinado y destruido los canales de la felicidad pública por la concesión a los ingleses”.

Luego insistió:

“Inglaterra es, en primer lugar, una de las intrigantes por los respetos del señorío en los mares y en segundo lugar, por dirigirse siempre todas sus relaciones bajo el principio de la extensión de miras mercantiles, cuya ambición nunca ha podido disimular su carácter”…

En otro párrafo analizando la importancia de avanzar hacia la anunciada “revolución”, el entonces secretario de la Junta y encargado de Gobierno y de Guerra, aludió a la necesidad del estricto cumplimiento de las normas:

“…reformemos los abusos corrompidos y póngase en circulación la sangre del cuerpo social extenuada por los antiguos déspotas y de este modo se establecerá la santa libertad de la Patria. Y así no debe escandalizar el sentido de mis voces, de cortar cabezas, verter sangre y sacrificar a toda costa, aún cuando tenga semejanza con las costumbres de los antropófagos y los caribes. Y si no, ¿por qué nos pintan a la libertad ciega y armada de un puñal?…”

La lectura de aquellas propuestas provocaron la reacción de sectores que podrían perder algunos privilegios y también el presidente de la Junta Coronel Cornelio Saavedra -sabiendo que disponía de las fuerzas del Regimiento de Patricios superiores a las del Regimiento “Estrella” con evidente tendencia morenista-, expresó sus disidencias porque desde su punto de vista era posible avanzar en “lo político-social” sin modificar los procedimientos económicos.

El secretario doctor Mariano Moreno era apoyado por Belgrano y su primo Juan José Castelli y también por Domingo French que en ese tiempo habían viajado a Córdoba para cumplir con las órdenes de fusilamientos a los rebeldes Santiago de Liniers y opositores al gobierno instalado el 25 de mayo en la ciudad de Buenos Aires sin previa consulta a los pobladores de todas las provincias.

Mariano Moreno observaba las reacciones de los miembros de la Junta y de los vecinos más cercanos al nuevo gobierno y a fines de 1810 redactó un decreto por el cual sólo los nativos en estas tierras podían desempeñar cargos públicos y en otro estableció la igualdad en el tratamiento a todos los integrantes de la Junta, sólo con la diferencia en el orden de los asientos y suprimiendo todo tipo de “honores”.

Era necesario despejar el camino para avanzar en determinados proyectos políticos, Cornelio Saavedra dialogó con Mariano Moreno y le encomendó una misión diplomática en Inglaterra acompañado por su hermano Manuel y el amigo Tomás Guido. Embarcados el 24 de enero de 1811 con la incertidumbre que genera cualquier viaje a través del Océano y con la responsabilidad de enfrentar adecuadamente a los representantes de la Corona británica, sabido es que Moreno padecía diversos malestares, falleció el 4 de marzo de 1811 y su cuerpo desapareció en el turbulento oleaje. Un hito insoslayable en la historia de los argentinos.

Desde entonces en diversas circunstancias, en la historia de los argentinos confluyen lo real y lo imaginado o intencionalmente ocultado, casi cuentos y leyendas que confluyen en el mismo sendero provocando confusión en sucesivas generaciones.

Movimiento en abril de 1811…

En la ciudad de los buenos aires, los saavedristas habían logrado el alejamiento del doctor Mariano Moreno del ámbito de las discusiones y decisiones político-económicas, pero aún expresaban sus opiniones quienes habían apoyado todas sus iniciativas, principalmente la relacionada con el envío de diputados desde las provincias que por decisión de la mayoría fueron incorporados en la Junta Grande mientras Moreno había sugerido que no se ampliara para facilitar la conducción y propuso que aquellos diputados integraran un cuerpo legislativo necesario para avanzar hacia nuevos proyectos. Con diferentes criterios, miembros de la Sociedad Patriótica y otros periodistas publicaban en “La Gazeta” notas contra actitudes del coronel Cornelio Saavedra.

El viernes 5 de abril de 1811, a caballo o caminando, llegaron desde los barrios silenciosos artesanos y peones rurales que se congregaron en la Plaza de la Victoria.

Los vecinos observaban con incertidumbre el avance de aquella legión de aproximadamente cuatro mil personas -de acuerdo a datos reiterados por historiadores-, quienes luego se acomodaron como pudieron y empezaron a tocar las guitarras, algunos acompañando las voces de los payadores.

Como aún suele suceder, tal movilización fue orientada por diversos dirigentes.

Entre los vecinos de la ciudad de los buenos aires impactó aquella evidencia porque por primera vez hasta aquel lugar donde había mayoría de hombres que usaban pantalones habían llegado los que usaban chiripá.

En las crónicas han destacado la influencia de Tomás Grigera nacido en 1753, reconocido como el “Alcalde de las Quintas” con vasta experiencia por sus trabajos en su chacra instalada en 1801 (actual territorio de Lomas de Zamora, provincia de Buenos Aires).

Sabido es Tomás Grigera que escribió el “Manual de Agricultura” reeditado en 1831, dos años después de su fallecimiento. En la “Introducción” destacó:

“La vida de las plantas, la abundancia de frutos, su sanidad y hermosura dependen de la preparación de las tierras, de los beneficios que recibieren, de las estaciones en que se dieren, del conocimiento de los terrenos, de los temperamentos así de ésta como de las plantas, y de la naturaleza concordante que sabe formar la industria.

La tierra es madre universal: si el labrador la preparare como debe respectivamente, las producciones corresponderán el trabajo con ventajas. Si no las dispusiese, ni tuviese elección, entonces sino es de la falta de industria, de nada más tiene que quejarse.

La observación ha de ser constante compañera del labrador; porque así como la salud, robustez y conservación de los seres animados encuentran climas y alimentos que abrevian sus días, debilitan sus fuerzas, la inutilizan; y por el contrario otros que la entonan; así los vegetales quieren tierras que los nutren, robustezcan y dilaten la vida, preparación y vigilancia que los abrigue y defienda de los vientos, tiempos e insectos que los destruyen. Y así como el hombre en los estados de infancia, adolescencia, y pubertad según su naturaleza pide distinto cuidado y asistencia en cada uno, así las plantas, matas, árboles y arbustos desde que nacen, hasta que son perfectos”.

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(A los fines de contribuir a la coordinación de los procesos de aprendizaje referidos a la historia de los argentinos en la primera década con los contenidos de diferentes materias de estudio, es oportuno destacar que Tomás Grigera en su Manual describió prácticos métodos de labranza y de siembra mes a mes, principalmente para hortalizas, frutales y cereales, también algunas breves descripciones sobre plantas de adorno y florales.

En los párrafos finales, Grigera explicó: “No he escrito para enseñar, sino para comunicar a los principiantes agricultores lo que he aprendido en el trabajo material de cuarenta años de labrador”.

Incluyó una interesante tabla sobre diferentes especies y nombres científicos, también un calendario de siembras…

Un cuarto de siglo después, llegaron a la capital santafesina los primeros inmigrantes colonizadores contratados por Aarón Castellanos tras firmar un acuerdo con el gobierno días después de la sanción de la Constitución Nacional, el 1º de mayo de 1853… Con la ayuda de lugareños -incluso aborígenes-, comenzaron a construir los ranchos que servirían como viviendas hasta el momento de la posible edificación con otros materiales.

Así comenzaron a poblar la nombrada “Colonia de la Esperanza”…)

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Joaquín Campbell – El Doctor Campana…

Durante el otoño de 1811, el montevideano reconocido como Joaquín Campana porque optó por “castellanizar” su apellido, nacido en 1783, descendiente del irlandés Andrés Campbell y de la portuguesa Bárbara Espínola, educado en el Real Colegio de San Carlos y luego doctorado en Leyes en la Universidad de Córdoba, era uno de los destacados vecinos de la ciudad de Buenos Aires. Mario Arturo Serrano rememoró que “el 4 de junio de 1803 fue habilitado como Agente Fiscal de la Real Hacienda por tiempo indeterminado”.

Sabido es que el doctor Joaquín Campana luchó contra los invasores ingleses como oficial del Cuerpo de Patricios en 1806, era amigo de Cornelio Saavedra.

El 14 de agosto de ese año firmó el Acta del Congreso General “para afirmar la Reconquista, junto a la de los funcionarios más importantes de la Real Fortaleza” y dos meses después, Rafael de Sobremonte refiriéndose a tal debate donde se animaron a promover el cese del “virrey”, escribió:

“El abogado Joaquín Campana y dos o tres mozuelos despreciables fueron los que tomaron la voz, y con una furia escandalosa intentaron probar que el pueblo tenía autoridad para elegir”.

Participó en reuniones durante mayo de 1810 y han reiterado que defendía los intereses populares impulsando la destitución del virrey Baltasar Cisneros.

En abril de 1811, no fueron pocos quienes dijeron que Joaquín Campana había sido el inspirador de aquella movilización desde las “orillas” de la ciudad-puerto hasta la plaza principal, frente al Cabildo.

Integró la Junta Grande reemplazando a Hipólito Vieytes en el cargo de Secretario de Gobierno y Guerra, funciones que también había desempeñado el docto Mariano Moreno. Durante su gestión no fue fácil para los británicos negociar sobre los asuntos de interés para la Corona y que provocaban obstáculos en el camino hacia la independencia en las provincias del río de la Plata.

Sabido es que el 18 de mayo de 1811, en un documento dirigido a Lord Strangford, el doctor Joaquín Campana aludió por primera vez a “la independencia”:

“Estas Provincias, exigen manejarse por sí mismas y sin riesgo de aventurar sus caudales a la rapacidad de manos infieles…

Para que el gobierno inglés pudiese hacer los efectos de un mediador imparcial es preciso que reconociese la independencia recíproca de América y de la Península, pues ni la Península tiene el derecho al gobierno de América ni América al de la Península”.

La nota que inmediatamente envió Strangford a Manuel de Sarratea indicándole que era necesario limitar las “locuras de la chusma de medio pelo” que presionaba sobre el gobierno y una declaración del Comité Patriótico -de tendencia morenista, con miembros detenidos y en el exilio pero aún con notables influencias-, aceleraron la expulsión de Campana de la Junta Grande.

Su familia aludió al secuestro del doctor Joaquín Campana cuando estaba en su domicilio, durante la noche del 17 de septiembre de 1811 y a su inmediata encarcelación en San Antonio de Areco. Soportó la prisión y la Asamblea General Constituyente de 1813 -que no sancionó Constitución-, mediante una ley favoreció a todos los detenidos por causas políticas y a los militares, excluyéndolo junto a su amigo Cornelio Saavedra. Cuando retornaron a Buenos Aires, Saavedra fue reivindicado material y moralmente, mientras Campana debió instalarse en Chascomús con prohibición de ingresar en la ciudad de Buenos Aires. En 1829 se embarcó hacia Montevideo para ejercer su profesión en la banda oriental. Tras la independencia y electo por los conciudadanos, asumió como Senador y fue reelecto en sucesivas convocatorias hasta que por su trayectoria lo designaron Miembro del Superior Tribunal de Justicia. Inspector General de Escuelas e Inspector General de Instrucción Pública en la década siguiente. Soportó el exilio por adherir a las políticas de soberanía impulsadas por el gobernador Juan Manuel Ortiz y Rozas, siendo uno de los firmantes de la ley que le había otorgado “facultades extraordinarias”. Murió en Montevideo el 12 de septiembre de 1847.

El 6 de abril de 1811, los saavedristas de tendencia “conservadora” pidieron la disolución del Regimiento “Estrella” -apoyo de los morenistas-; la cesantía de los empleados públicos adversarios al actual gobierno; la expulsión de los europeos contrarios al “nuevo orden”; exigieron que Manuel Belgrano rindiera cuentas sobre la campaña al Paraguay que le había encomendado la primera Junta y reclamaron el destierro de Domingo Berutti, Domingo French, Hipólito Vieytes, Juan Larrea y Miguel de Azcuénaga. Cuando les informaron que iban a tener en cuenta ese petitorio, los manifestantes se alejaron con sus caballos, guitarras y enseres, otros regresaron a sus modestas viviendas caminando.

Todos retornaron a “las casas” en situación semejante a cuando habían llegado, porque más allá de lo visible y como sucede en esta primera década del siglo XXI, en el escenario político estaban entre bambalinas los titiriteros que con sus habilidades y voces hacían aparecer a sus títeres como protagonistas de distintos roles.

Las tropas al mando de Ramón Balcarce habían triunfado en Suipacha y en 1811 soportaron la derrota en Huaqui; el ejército desmembrado se retiró hacia Jujuy. El Coronel Cornelio Saavedra decidió viajar hacia el Alto Perú y días después de llegar a Salta, recibió la comunicación de su cese como Jefe del Regimiento de Patricios reemplazado por don Juan Martín de Pueyrredón y también el cambio de gobierno al constituirse el primer Triunvirato. Cuando regresó a Buenos Aires ya había comprendido que su ciclo político había terminado porque disuelta la Junta Grande gobernaba el Triunvirato -con influencia de morenistas-, integrado por Manuel de Sarratea, Juan José Paso, Feliciano Chiclana y Bernardino González Rivadavia, uno de los secretarios.

En el seno de los Patricios, hubo varios enfrentamientos porque el 6 de diciembre de 1811 a la noche pasó Manuel Belgrano -el nuevo Jefe- y ordenó varias medidas “higiénicas” entre ellas el corte de la “coleta” o “trenza” que caracterizaba a esos soldados con la advertencia de que si no lo hacían, integrantes del Cuerpo de Dragones serían los “peluqueros”.

Los rebeldes pidieron la renuncia de Belgrano para que pudiera reasumir Saavedra. Entre los mediadores estuvo Juan José Castelli -primo de Belgrano- y fue entonces cuando el soldado Richard Nonfres -de origen británico- empezó a insultar y disparó un cañonazo contra las tropas apostadas al frente del regimiento, hecho relatado por el barcelonés Domingo Matheu:

…un maldito inglés, soldado del cuerpo, pegó fuego a un obús cargado a metralla y mató a uno e hirió a seis.”

Hubo un breve combate, cayeron ocho muertos y 35 heridos.

Comenzaba así otra leyenda en torno al renombrado “motín de las trenzas”.

El secretario Bernardino González Rivadavia encontró el pretexto para expulsar por seguridad a los diputados de las provincias; comenzó un sumario, hubo detenciones y los acusados fueron trasladados a la Isla Martín García con penas de cuatro a diez años. .

A veinte de los implicados se los condenó a cumplir penas que iban de cuatro a diez años de prisión en Martín García.

El 10 de diciembre de 1811 a la mañana, fusilaron a “once sargentos, cabos y soldados”, entre ellos el audaz Ricardo Nonfres que con tal disparo marcó un hito histórico porque así comenzó la guerra civil que durante dos décadas tuvo breves períodos de busca de coincidencias a los fines de avanzar hacia la necesaria unidad que favorece la paz social.

Fue cumplida la orden de exponer los cuerpos en la plaza de la Victoria…

Cornelio Saavedra se enteró del intento de destierro en San Juan y su hijo de diez años cruzó la cordillera y llegó a Chile.

En 1812 llegaron desde España dos destacadas personalidades: Carlos de Alvear y José de San Martín y comenzó otra historia en el camino hacia la independencia. El segundo Triunvirato integrado por Juan José Paso, Nicolás Rodríguez Peña y Antonio Álvarez Jonte.

Cornelio Saavedra no fue incluido en la “amnistía” firmada por los asambleístas de 1813 que habían aprobado el nombre de “Provincias Unidas del Río de la Plata” para identificar a todo el territorio y eliminaron la escritura del nombre de los reyes de España en todos los documentos, ya que hasta entonces “los revolucionarios” no se habían animado a romper aquellos los vínculos coloniales.

En 1814, José de San Martín siendo Intendente de Cuyo y a pedido de la señoras Saturnina Otárola de Saavedra intercedió para que su esposo pudiera retornar y residir en San Juan. Al año siguiente, Cornelio Saavedra debió presentarse ante la Justicia y viajó hacia Buenos Aires con escolta. Logró recuperar su grado militar tras la revolución del 15 de abril de 1815 que interrumpió el gobierno nacional y disolvió la Asamblea de 1813.

Luego, el peruano Ignacio Álvarez Thomas -Director Supremo hasta abril de 1816-, lo obligó a trasladarse a Arrecifes, en la provincia de Buenos Aires. El Congreso Constituyente de 1818 mediante un decreto lo nombró Brigadier General de los Ejércitos de la Nación, con retroactividad al 14 de enero de 1811. Otro hito en la historia de las provincias unidas -¿o desunidas?- del Río de la Plata, porque fue el “primer presidente” procesado por causas políticas y que recibió un resarcimiento con tal retroactividad.

Al Brigadier Cornelio Saavedra en 1822 le otorgaron el retiro absoluto del Ejército y vivió sus últimos años con escasísimos recursos.

Murió el 29 de marzo de 1829 y la viuda al año siguiente pidió al gobernador de Buenos Aires una ayuda económica que no se concretó.

Insoslayable situación de desamparo soportada por “el Coronel” que había sido la primera autoridad elegida por “el pueblo” de la ciudad de Buenos Aires, sin intervención de los vecinos del resto del territorio…

Juan José Viamonte en 1829 después de la Convención de Barracas fue proclamado Gobernador provisorio de la provincia de Buenos Aires y en diciembre de ese año, mediante un decreto de honores dispuso el traslado del cuerpo yacente del Brigadier Cornelio Saavedra al cementerio de la Recoleta, destacando:

El primer comandante de Patricios, el primer presidente de un gobierno patrio, pudo sólo quedar olvidado en su fallecimiento por las circunstancias calamitosas en que el país se hallaba; pero después que ellas han terminado, sería una ingratitud negar al ciudadano tan eminente el tributo de honor debido a su mérito y a una vida ilustrada con tantas virtudes que supo consagrar entera al servicio de la patria.”

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Juan Ramón Balcarce…

Al comenzar la segunda década del siglo XIX ya estaba delineado el esbozo de un país fragmentado y no fueron casuales los roles asignados sucesivamente al inquietante Bernardino González Rivadavia.

Entre los porteños que apoyaron a los manifestantes del 5 y 6 de abril de 1811, han mencionado a Juan Ramón Balcarce, nacido en Buenos Aires el 16 de marzo de 1773. Ingresó en el Cuerpo de Blandengues cuando tenía dieciséis años bajo las órdenes de su padre, el Tte. Cnel. Francisco Balcarce. Estaba en Tucumán como Comandante de Armas cuando los ingleses invadieron Buenos Aires en 1806 y con una División llegó hasta Córdoba para apoyar la defensa; al año siguiente llegó a Buenos Aires con 200 jóvenes voluntarios se incorporaron al Regimiento de Arribeños. En 1808 con el grado de Sargento Mayor dirigió el primer escuadrón de Húsares bajo las órdenes del coronel Martín Rodríguez. Participó en los acontecimientos de Mayo de 1810, cumplió al año siguiente una misión en el Alto Perú y como saavedrista apoyó la movilización de “los orilleros” a fines de la primera semana de abril de 1811. Desde entonces cumplió diferentes funciones.

Juan Ramón Balcarce gobernó la provincia de Buenos Aires (17-12-1832 al 03-11-1833), tras la decisión de Juan Manuel de Rosas de no aceptar la nueva reelección; tiempo de la usurpación de las Islas Malvinas porque los británicos el 3 de enero de 1833 ocuparon ese territorio austral, conflicto latente en esta primera década del siglo veintiuno.

La señora Saturnina Otarola de Saavedra, envió una carta al gobernador Juan Ramón Balcarce leída el 16 de abril de 1830. Pedía ayuda “la pensión que juzgue suficiente… para sobrellevar con menos amarguras la triste existencia que le ha quedado en su viudez… implorando en su obtención gracia y justicia. Ese expediente pasó por distintas oficinas hasta que un mes después, el ministro secretario de Hacienda Manuel J. García -controvertido político que durante sucesivas gestiones favoreció los intereses de los extranjeros-, consideró que ese petitorio era contrario a la ley y manifestó que “se halla en el caso de no poder abrir dictamen”. Mediante un decreto firmado el 11 de junio de 1830, el gobernador Balcarce expresó:

“No estando en las facultades del Gobierno acceder a la solicitud de la suplicante que es puramente graciable, ocurra a la Honorable Sala de Representantes”.

(El 11 de octubre de 1833 con apoyo de Encarnación Ezcurra de Rosas un grupo de “federales duros” inició la revolución de los Restauradores mientras Juan Ramón Balcarce -opositor apoyado por “los lomos negros”- se trasladó a Concepción del Uruguay en la provincia de Entre Ríos y allá murió, el 12 de diciembre de 1836.)

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Pobreza de Manuel Belgrano e ingratitud…

Casi diez años después de la constitución de la primera Junta de Gobierno, el 22 de abril de 1819 fue sancionada una Constitución “unitaria” sin vestigios de los proyectos repúblicano y monárquico, aunque algunos nombraban “Alteza” al entonces Director Supremo José Rondeau y avanzaban en el intento de lograr el nombramiento de un príncipe europeo para su coronación en el Río de la Plata.

En aquel tiempo, Manuel José Joaquín del Sagrado Corazón de Jesús Belgrano, el responsable abogado que había cumplido diversas misiones militares, el desobediente creador de la bandera nacional azul celeste y blanca a quien las autoridades de Buenos Aires le ordenaron “guardarla”, estaba enamorado de María Dolores Helguera cuando debió marchar hacia la provincia de Santa Fe. Ella estaba embarazada y por decisión de sus padres se casó con otra persona. Nació el 4 de mayo de 1819 una niña, Belgrano se reencontró con su amada y sólo pudieron nombrarla Manuela Mónica del Corazón de Jesús Belgrano porque no estaba permitido el divorcio.

El 1º de febrero de 1820 terminada la batalla de Cepeda, juntos marcharon hacia el sur, el gobernador santafesino Estanislao López y el entrerriano Francisco Pancho Ramírez. Llegaron a la ciudad de Buenos Aires, ataron sus caballos en la plaza principal frente al Cabildo y expresaron sus conclusiones en torno al gobierno. Terminado el Directorio, el 23 de febrero representantes de las tres provincias firmaron un pacto en la Capilla del Pilar estableciendo el envío de diputados a San Lorenzo (donde José de San Martín venció a los invasores extranjeros).

Llegó más información procedente de Londres y en la edición de la Gazeta del miércoles 14 de junio de 1820 -sin encabezamiento-, publicaron un comunicado relacionado con Manuel Belgrano:

“Tan convencida esta Honorable Corporación (se refiere a la Junta de Representantes), de los interesantes y nada interrumpidos servicios del benemérito Sr. General D. Manuel Belgrano, … ha dispuesto y ordena, que en religiosa consonancia con tan urgentes como poderosos influxos, trate V.E. de proporcionarle a este digno Gefe lo más pronto posible y aun a costa de algún sacrificio, cuanto tenga relación con su mejor y más abundante asistencia, facilitándole por lo demás que debidamente reclama, con progresión o alternativa, algún desahogo a su muy afligida y cuasi concursada garantía en beneficio del país”.

Luego el gobernador de Buenos Aires Doctor Ildefonso Ramos Mexía dispuso que los Ministros principales de Hacienda, entreguen a Manuel Belgrano “quinientos pesos” para que pueda aliviar sus males y recuperar su salud, expresando en el documento que es la “cantidad única de que puede disponer”.

Declinaba la salud de Belgrano y en agradecimiento entregó a su médico el reloj que tenía en el respaldo de su cama porque no podía retribuirle sus servicios.

Falleció el 20 de junio de 1820. Mediante una colecta pública se obtuvieron los recursos necesarios para el mausoleo construido en el siguiente siglo.

Hubo otros casos de desprotección a quienes habían contribuido al inicio del movimiento hacia la independencia en mayo de 1810. Tras el fallecimiento de Cayetano Banegas, Teniente de los Cívicos de San Nicolás que murió luchando contra el caudillo entreriano Francisco Pancho Ramírez, su viuda María del Carmen Benítez obtuvo desde el 12 de octubre de 1821 una pensión por cuatro años sugiriendo que por los importantes servicios de su esposo se recomendaba que la Junta de Representantes le otorgara una pensión vitalicia. A fines de esa década, como lo han destacado varios historiadores, la viuda de Banegas debió prácticamente “mendigar” ante sucesivas autoridades para poder subsistir.

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04-12-1811 – Castelli preso en una casa particular…

Los sucesos en el Alto Perú fueron la causa de la detención y arresto de Juan José Castelli, alojado en una casa particular.

Es oportuno rememorar lo expresado en una carta enviada el 4 de diciembre de 1811 a su amigo Feliciano Chiclana referida a los beneficios resultantes de estar en una casa de familia:

“Si hai casas del Gobierno, como la fortaleza, cuarteles y cárceles

¿Por qué he de tomar la fatiga de incomodar a nadie en su casa?”

“…Conservemos el recuerdo de aquellos generales que terminaron en la indigencia y del letrado que rechazó privilegios y aceptó su destino”.

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El burocrático duende Gris insiste: AHORA… ¡PAUSA!

La mujer tallada tantas veces talada momentáneamente descansa.

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.