Desde 1976 – Entre la EDUCACIÓN y la subversión…

La Junta Militar y los civiles que detentaron el poder en la Argentina desde el 24 de marzo de 1976, habían elaborado los organigramas pertinentes a la administración pública nacional, a las provinciales y municipales.

En forma interina, el Contraalmirante César Augusto Guzzetti asumió en aquel momento en el Ministerio de Educación y Cultura y durante cinco días concretó los primeros lineamientos generales del nuevo “proceso”.

Controles en las Universidades…

El 26 de marzo de 1975, el presidente de facto Teniente General Jorge Rafael Videla, comunicó que las universidades quedaban bajo control del Poder Ejecutivo Nacional, facultado también para la designación de los Rectores y Decanos.

Por ello, en la Ley N° 21.276 como “prioridad para la normalización de las Universidades Nacionales” se establecieron las correspondientes pautas y los artículos modificados en la Ley N° 20.654.

Desde entonces prohibieron las actividades de propaganda, adoctrinamientos, proselitismos y agitación político-gremial.

Nombraron Delegados de las Fuerzas Armadas en todas las Subsecretarías y Direcciones Generales con atribuciones para nombrar interventores y veedores.

Comenzó un estricto control sobre los inscriptos y estudiantes en los establecimientos educativos de todo el país.

Mediante una Resolución difundida el 29 de marzo cesaron en sus funciones todos los Rectores, Consejos y demás cuerpos colegiados directivos.

De las veintiséis universidades existentes, nombraron a veinticuatro Delegados Militares teniéndose en cuenta el control que competía a cada Fuerza en diferentes zonas del territorio nacional:

Bajo control de Delegados de la Armada, las Universidades de Buenos Aires, La Plata, Lomas de Zamora, Mar del Plata, Sur, y Patagonia.

Controladas por Delegados de la Fuerza Aérea: Córdoba, Río Cuarto, Cuyo, San Luis y la Universidad Nacional Tecnológica.

El Ejército controló las Universidades de Tucumán, Jujuy, Catamarca, Salta, La Pampa, Luján, Rosario, Comahue, Entre Ríos, Nordeste, Misiones, Centro de Buenos Aires y la Universidad Nacional del Litoral.

Enviaron listas referidas a la bibliografía que debían retirar de las bibliotecas recomendando la incineración de todos los ejemplares disponibles.

Mediante sucesivas resoluciones fueron reincorporados profesores que se habían alejado de sus cargos o declarados cesantes desde el 25 de mayo de 1973

El gobierno de facto distribuyó en instituciones oficiales y privadas, un folleto con tapas azules titulado “Propósitos y Objetivos Básicos del Proceso de Reorganización Nacional”, con sucesivas referencias a “la subversión” y a la conducción educativa.

Es oportuno reiterar algunos párrafos referidos con los propósitos de los integrantes de la Junta Militar, miembros de las fuerzas armadas y civiles que cumplieron diversas funciones en todo el territorio nacional.

Uno de los principales objetivo evidentemente fue “la erradicación de la subversión en todas sus formas” y en tal sentido, en ese documento expresaron sucesivas prioridades con indicación de las necesarias actitudes individuales y grupales:

“…vigencia de los valores de la moral cristiana, de la tradición nacional y de la dignidad del ser argentino y la conformación de un sistema educativo acorde con las necesidades del país, que sirva efectivamente a los objetivos de la Nación y consolide los valores y aspiraciones culturales de ésta.

…el personal docente y directivo de establecimientos educacionales es el que, en definitiva, en forma directa, ejercita la transmisión de conocimientos y la conducción de los respectivos ámbitos.

…por tal motivo resulta necesario proveer a dicho personal de la mayor información para el cumplimiento de sus funciones y la delicada labor a su cargo”.

18-12-1977 – Declaraciones del General Videla…

El general Jorge Rafael Videla detentaba las funciones de presidente de facto y en diciembre de 1977 hizo declaraciones que el 18 de ese mes fueron difundidas desde el diario “La Prensa” de la ciudad de Buenos Aires:

“La Argentina es un país occidental y cristiano, no porque esté escrito así en el aeropuerto de Ezeiza; la Argentina es occidental y cristiana porque viene de su historia. Es por defender esa condición como estilo de vida que se planteó esta lucha contra quienes no aceptaron ese sistema de vida y quisieron imponer otro distinto.” /…/ “…consideramos que es un delito grave atentar contra el estilo de vida occidental y cristiano queriéndolo cambiar por otro que nos es ajeno, y en este tipo de lucha no solamente es considerado como agresor el que agrede a través de la bomba, del disparo o del secuestro, sino también aquel que en el plano de las ideas quiera cambiar nuestro sistema de vida a través de ideas que son justamente subversivas; es decir subvierten valores.” /…/

“El terrorista no sólo es considerado tal por matar con un arma o colocar una bomba, sino también por activar, a través de ideas contrarias a nuestra civilización, a otras personas.”

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Sucesión de ministros de Educación…

No ha sido por casualidad la sucesión de ministros de Educación y Cultura que detentaron el poder entre marzo de 1976 y diciembre de 1981.

Prof. Ricardo Pedro Bruera (marzo de 1976 hasta mayo 1977)

Durante la presidencia de factor del General Alejandro Agustín Lanusse siendo gobernador de facto el General Guillermo Sánchez Almeyra: Profesor Ricardo P. Bruera -profesor en la Universidad del Litoral-, fue ministro de Educación y Cultura de la provincia de Santa Fe y subsecretario de Educación el destacado maestro don Luis Ravera (27-07-1970 al 35-05-1973). Desde su creación en junio de 1972 fue Secretario del Comité Ejecutivo del Consejo Federal de Educación hasta el comienzo de la presidencia del doctor Héctor José Cámpora (25-03-1973).

Mediante el Decreto Nº 06/1976 fue designado “Ministro Secretario de Estado en el Departamento de Cultura y Educación” el profesor Ricardo Pedro Bruera. Releo lo expresado en una crónica:

La concepción pedagógica de Bruera y sus colaboradores sostenía que debía existir una  articulación entre la libertad individual y colectiva pero que ésta sólo era concretable a partir del establecimiento del orden. No sólo orden social sino un orden interno generado por un disciplinamiento externo y el autocontrol personal. Desde el Ministerio de Educación y Cultura, se gestó la ‘Operación Claridad’. Se trataba de un plan a través del cual se pretendía identificar a los opositores al régimen en el ámbito cultural y de lograr la propugnada articulación entre libertad individual y colectiva a través del orden”.

Dos meses después de asumir, el ministro Ricardo Pedro Bruera mediante una resolución restringió la autonomía de las universidades nacionales e impidió la creación de Facultades, unidades académicas y nuevas carreras. Así fue como… aunque el Consejo Superior de la Universidad había aprobado la iniciativa de la Escuela Superior de Sanidad “Dr. Ramón Carrillo” dirigida por la Dra. Mercedes Anatilde Bértoli de Visentini, a principios de enero de 1976 el Consejo Superior de la UNL aprobó el Plan de estudios de la carrera de “Enfermería Profesional Universitaria” y la convocatoria a Concurso para los cargos pertinentes cuyas listas se elaboraron durante ese mes, tiempo de la transferencia de la ex sede del Instituto de Cinematografía en la calle Suipacha entre Saavedra y San Lorenzo; una vez más quedó postergado ese proyecto que respondía a la demanda de más personal especializado en los hospitales de todo el país.

Desde el Ministerio de Educación y Cultura de la Nación, solicitaron a los rectores de las universidades de gestión oficial y privada que en el plazo de treinta días enviaran la nómina completa de todo el personal en funciones en todas las unidades académicas y luego comenzaron a notificar las cesantías de miles de docentes y no docentes.

Vigente la ley de creación del Consejo Nacional de Rectores (CRUN, comenzó la difusión del documento firmado por el ministro Ricardo Bruera, titulado “Sistema Nacional de Enseñanza”. El Ing. Alberto Constantini presentó la renuncia tras la reunión de Rectores con el ministro y entregó copia a la prensa porque consideraba que se limitaba la autonomía y libertad de cátedra. Expresaba que con tales instrucciones, el ministro Bruera “pretendía erigir un sistema de rígida centralización que convertía a las casas de altos estudios en simples unidades de ejecución”.

Finalmente destacó: “…casi la totalidad de las atribuciones legalmente reconocidas a los órganos de gobierno de las universidades pasaría a mano de ese Ministerio: régimen de ingreso, desarrollo de sistemas, redimensionamiento, planes de estudio, carreras, presupuesto, construcciones, control de gestión, supervisión académica, entre otros”.

Ante la negativa de las autoridades nacional de otorgar un mayor presupuesto al área de Cultura y Educación y aprobar la designación de nuevos funcionarios -ya que estaba en marcha el Operativo Claridad que exigía más recursos humanos y contratación de personal especializado en “inteligencia”, entre otras necesidades de las unidades educativas de todo el país, el 21 de abril de 1977 el doctor Ricardo Bruera presentó su renuncia asumiendo el compromiso de desempeñar esas funciones hasta la designación del nuevo ministro. Mediante el decreto Nº 01514 del 24 de mayo de 1977 fue aceptada la renuncia del profesor Bruera y se hizo cargo “interinamente de dicha cartera el Ministro del Interior, General de Brigada Albano Eduardo Harguindeguy.

Doctor Juan José Catalán (junio 1977-agosto 1978)

Desde el ministerio de Educación y Cultura difundieron en todo el país la Resolución Nº 538/1977 firmada por el doctor Juan José Catalán referida a algunos argumentos utilizados por “los subversivos” para captar la adhesión de más estudiantes”. Meses después, envío a los establecimientos educativos de todo el país, el folleto titulado “Subversión en el ámbito educativo (Conozcamos a nuestro enemigo)” con la recomendación de informar sobre ese contenido al personal administrativo y docente, según las posibilidades a todos los estudiantes e indicaba que los Supervisores eran los encargados de velar por el cumplimiento de esas pautas.

En un párrafo destacaba que era posible detectar a esos “enemigos” porque se congregaban “alrededor del comedor para los estudiantes, las bibliotecas, las actitudes excesivamente rigurosas o exigentes de algún profesor, la autonomía universitaria, el ingreso irrestricto y a favor del gobierno tripartito con participación estudiantil”. Tres décadas después, procesos judiciales en torno a otros “enemigos” incluyen el nombre de su hijo Lisandro Catalán…

General Albano Harguindeguy (agosto a noviembre 1978)

Doctor Juan Rafael Llerena Amadeo (noviembre 1978-marzo 1981)

Ingeniero Carlos A. Burundarena (marzo 1981-diciembre 1981)

Doctor Cayetano Licciardo (diciembre 1981- diciembre 1983).

Confusiones en el seno de las comunidades…

Murieron jóvenes estudiantes y trabajadores durante la década del ’70 cuando imaginaban que era posible defender la JUSTICIA para avanzar hacia la PAZ.

Desde 1973 avanzaron en la organización de los centros de estudiantes en las escuelas de nivel secundario y se destacaban por la cantidad de adherentes y la capacidad de movilización, los integrantes de la UES (Unión de Estudiantes Secundarios), Federación Juvenil Comunista y Juventud Secundaria Peronista (FSP).

16-09-1976: “La noche de los lápices”

El 16 de septiembre de 1976 es un hito insoslayable en la historia de los argentinos: la noche de los lápices”

Los estudiantes organizaron una movilización en demanda del “boleto escolar” y consideradas esas actitudes como un “accionar subversivo” en los establecimientos educativos, intervinieron la Policía de la provincia de Buenos Aires y el Batallón 601 del Servicio de Inteligencia del Ejercito y la Policía de la Provincia de Buenos Aires.

Hubo intensa represión y detenidos, entre ellos diez alumnos de la Escuela Normal Nº 3 de La Plata (14 a 17 años) y el estudiante Pablo Díaz que luego fue liberado y quien al declarar durante el juicio a las Juntas militares -presidencia del doctor Raúl Ricardo Alfonsín-, manifestó que “pertenecía a la Coordinadora de Estudiantes Secundarios de la Plata” destacó luego:

“…con los chicos del colegio fuimos a presentar una nota al ministerio de Obras Públicas.”

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Diferencias políticas en las familias…

Adolfo Donda Tigel, militar, jefe de operaciones de la Escuela de Mecánica de la Armada, era diez años mayor que su hermano de José María Laureano -estudiante en el Liceo Naval hasta quinto año, luego en la Facultad de Ciencias Sociales de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires, nombrado “el Cabo” entre el grupo de militantes de izquierda que se identificaban como “Montoneros”-, unido en matrimonio con María Hilda Pérez, siendo el tío Adolfo uno de los testigos.

Han reiterado que esos jóvenes “se conocieron en 1973, en la Facultad de Filosofía y Letras. Dos años después se casaron y tres días antes del golpe militar de 1976 cuando el matrimonio ya estaba operando en la clandestinidad, nació la primogénita Eva Daniela.

En marzo de 1977, José María y su mujer, acosados por continuas persecuciones dejaron a la hijita al cuidado de la abuela materna Leontina Puebla de Pérez.

Dos meses después, la joven embarazada de seis meses, fue secuestrada en una casa de comercio de Castelar. La llevaron a la ESMA y en el altillo que nombraban “Maternidad Sardá”, nació Victoria.

“José María desapareció poco después” en otro operativo de la fuerza aérea, como lo ha rememorado Iris Pérez en el siglo XXI, durante un diálogo con una periodista.

No había sido por casualidad, la propuesta de Adolfo Miguel Donda a la madre de María Hilda Pérez para que firmara una declaración reconociendo que su hija había muerto.

Arturo José Donda -primo de Adolfo-, residente en Paraná, era capitán en la Fuerza Aérea.

Sabido es que el periodista Miguel Bonasso refiriéndose a un diálogo del Adolfo Donda Tigel con la “Polaca Alicia Ruscovsky” en 1979, reiteró algunas de las declaraciones del citado marino:

Esta es una guerra. Y en la guerra no se puede ser piadoso con el enemigo. No lo fui con mi propio hermano, que era monto. No lo fui con mi cuñada, que estuvo chupada como vos, acá, en la ESMA. Y fue trasladada como lo vas a ser vos también si no hacés los deberes. No tuve ningún tipo de condescendencia ni culpa”.

El 28 de mayo de 1977, la mamá de Maria Hilda Pérez había escuchado este mensaje:

Corita tuvo un accidente, avísenle al doctor Donda”.

“-José María mandó una carta para la familia, para que nos uniéramos, decía que no sabía si su hija o hijo iba a llegar a nacer. Y que cuidáramos a Daniela, que estaba con mi mamá”.

Sabido es que la madre de María Hilda Pérez acosada por las amenazas decidió trasladarse a Canadá con su hijo Armando Tito Pérez, ex boxeador. Luego decidieron vivir en Venezuela.

El escritor Miguel Bonasso -también militante en ese sector de la “izquierda peronista” como aún suelen decir, actualmente diputado nacional-, en sus apuntes elaborados en Buenos Aires en octubre de 1998, escribió:

“Cuando María Hilda fue secuestrada por los hombres del GT3.3.2 la nena (mayor) fue recogida por su abuela materna, que no podría conservarla porque el tío Adolfo decidió apoderarse de ella y convertirla en su hija. Hubo un juicio y la abuela perdió a la nieta. Donda libró esa batalla en los marcos legales, pero en un contexto dictatorial que favorecía al marino y no a la madre de María Hilda que, presionada y amenazada, debió huir al Canadá. Después, cuando su cuñada dio a luz a la segunda nena, Gerónimo se la llevó a sus padres hasta que, finalmente, la dieron en adopción a un pariente de Entre Ríos”, su provincia natal…

Desde Buenos Aires, en mayo de 2001, el periodista y escritor Miguel Bonasso, ha destacado lo expresado por “los sobrevivientes Lisandro Cubas, actualmente residente en Caracas, y Lidia Vieyra, que por otra singular casualidad es sobrina de la mujer del genocida Emilio Massera. Lidia, que entonces tenía 20 años, asistió al parto de su compañera de cautiverio y no se puede olvidar de Hilda, con su enorme panza, tratando de orinar en un balde, estorbada (y humillada) por los grilletes en los tobillos. A pesar de las terribles condiciones de la Sardá clandestina, ‘el parto fue normal’ y María Hilda dio a luz ‘una niña que nació con buena salud y que pesó tres kilos, aproximadamente’. Fue asistida por el médico naval Jorge Luis Magnacco, del Hospital Naval, recientemente escrachado por su participación en numerosos partos de mujeres desaparecidas. Ocurrió en mayo de 1977. Según Vieyra, María Hilda sospechaba que iban a robarle a la beba, a la que bautizó Victoria, y las dos muchachas idearon un sistema candoroso y fallido para identificarla: un pequeño hilo azul atravesando el lóbulo de una de las diminutas orejas. En ese pequeño cuarto, donde abrazó a la pequeña Victoria y supo que se la iban a arrebatar, vino a verla su cuñado Adolfo Miguel Donda Tigel y, según el testimonio del ex desaparecido Lisandro Cubas, ‘le prometió que se reencontraría con su marido, que la beba llegaría a la familia y ella podría reunirse pronto con todos ellos’.”

Luego, la entrega de la recién nacida a quienes serían sus padres adoptivos, se concretó durante el otoño de 1977 con la participación del tío Adolfo Daniel Donda Tigel, Guerrero del Occidente Cristiano, alias Palito, Gerónimo…

Los familiares de Hilda Pérez de Donda, tras acercarse al CELS y recibir un comunicado del presidente de facto Tte. Gral. Leopoldo Fortunato Galtieri lograron ver “unos libros impresionantes” con este dato de identidad: “María Hilda Pérez de Dunda” y entre paréntesis “ESMA”.

Luego, el doctor Raúl Ricardo Alfonsín dirigente de la Unión Cívica Radical e integrante de la comisión por la defensa de los derechos humanos, comunicó a las familias que habían recorrido todos los lugares de detención y estaban “vacíos”.

Era el ocaso del autodenominado “proceso de reorganización nacional” iniciado el 24 de marzo de 1976 y el momento de mayores tensiones porque se acotaron las esperanzas de encontrar con vida a miles de detenidos a disposición del Poder Ejecutivo Nacional.

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1977 – Espejo de la otra guerra: entre negociados y secuestros…

En aquella época, no éramos pocos quienes advertíamos el “horror” generado en distintos ámbitos oficiales y privados, financieros, industriales y comerciales donde hablaban de suspensiones y despidos de empleados, mientras silenciosamente programaban quiebras fraudulentas a la vez que proyectaban el “vaciamiento de empresas”

María Casariego querellante en el juicio por la desaparición de su padre en 1977, ha destacado que “Juan Carlos Casariego del Bel era un español de 54 años, radicado en la Argentina, funcionario de carrera”. Explicó que tenían el propósito de declararlo cesante pero necesitaban justificarlo y “al final le ofrecieron un cargo como para que no lo aceptara, el de Director de Inversiones Extranjeras. Pero era el único ingreso de la familia, y él aceptó el cargo, con una cuestión bastante idealista de poder hacer algo.

Él no era un militante, pero tenía una ideología socialista. En casa contaba los negociados que veía, que no iba a firmar tal o cual cosa. Habló muchas veces de la Ítalo. Decía que había un desfasaje de plata infernal, que él no iba a firmar. Van a pasar sobre mi cadáver, decía. Y pasaron.”

María Casariego luego relató parte del proceso de estatización de la compañía Ítalo señalando que el doctor José “Martínez de Hoz era director de la empresa, y buena parte del equipo económico tuvo relación interesada con la transacción que se realizó en 1978. Casariego, según diversos testimonios, se oponía a firmar un trámite ostensiblemente irregular. El 15 de junio de 1977 llamó a su casa avisando que llegaría tarde porque tenía una reunión con Guillermo Walter Klein. Nunca más apareció.”

Comentó luego: “Al caso de mi papá lo quisieron hacer pasar como un secuestro extorsivo. Estuvo en un centro clandestino que fue donde estuvo Perrota.”

En la crónica periodística hay una aclaración: “Rafael Perrota era dueño del que fue uno de los mejores diarios de los 70, El Cronista. Fue secuestrado por el Ejército y ocultado en el centro clandestino conocido como COT-I Martínez, donde entre muchos otros estuvo también secuestrado otro periodista, el creador del diario La Opinión Jacobo Timerman.” Más explicaciones en torno a aquellos oscuros procedimientos: “En el caso de Perrota los militares pidieron un rescate a la familia de 85.000 dólares que se pagaron. De todos modos Perrota, maltrecho por los tormentos, terminó asesinado por sus captores. En el caso de Casariego también hubo un pedido de recompensa”. Explicó la psicoanalista María Casariego refiriéndose a su padre:

“Pidieron un rescate y dijeron que yo tenía que ir a un bar a buscar una prueba de vida que les exigía mi mamá. El bar era en Recoleta. Yo tenía 17 años. Tenía que abrir una tapa de luz y buscar una medallita de Galicia, de mi papá. No encontré nada, pero me mandaron a otro bar y ahí sí la encontré. Como mi padre era hipertenso, mi madre pedía que escribiera algo en un diario del mismo día, para confirmar que seguía vivo. Los amigos hicieron una colecta para juntar los 50.000 dólares que pedían. La tercera prueba de vida tuve que ir a buscarla a la estación Avellaneda, y me quedé muy mal. Era la letra de mi padre, pero se veía que estaba totalmente descompensado. Supe que era él porque en el diario había escrito el modo en el que sólo él me llamaba: Marujita, te quiero mucho”.

La familia presentó un recurso de hábeas corpus, presentó notas en diarios y solicitadas que se negaron a difundir. Comprendieron que el miedo paraliza y a la vez que en esos casos es necesario hablar, contar lo sucedido…

Mientras tanto -y hasta el ocaso de la primera década del siglo veintiuno-, ni por gestiones de la Secretaría de Derechos Humanos -doctor Eduardo Luis Duhalde-, ni por acción de los jueces, tampoco por la intervención de la Comisión de los Desaparecidos ha sido posible saber cómo “desapareció” en 1977, el señor Juan Carlos Casarigo del Bel. Aún es estremecedor evocar la imagen del presidente de facto Tte. General Jorge Rafael Videla (Presidente de facto 24-03-1976/23-01-1981), expresando frente a las cámaras de televisión:

Los desaparecidos son eso, desaparecidos;

no están ni vivos ni muertos; están desaparecidos”.

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Inocentes víctimas de terroristas argentinos…

Tras sucesivas lecturas siguen conmoviendo las crónicas referidas a la guerra civil no declarada que soportamos en la Argentina desde la década del ’60 prácticamente hasta el comienzo de la Gesta de las Malvinas, el 2 de abril de 1982…

Aún no han cicatrizado las heridas y sólo las Madres de la Plaza del Silencio suelen rememorar los nombres de infantes y adolescentes que murieron como consecuencia de atroces acciones de los grupos armados que intentaban llegar al poder.

Aquí, sólo algunas señales y sea la elocuencia del silencio un respetuoso homenaje a todas las víctimas de aquellos fatales desencuentros.

David Kraiselburd – Edad: 9 meses…

En 1978 secuestraron a David Kraiselburd (hijo) de nueve meses de edad y en distintos medios aparecen diversas versiones: unos afirman que lo secuestraron “delincuentes comunes” y no grupos armados “subversivos”, otros suponen que podría vivir con otra identidad después de ser adoptado.

María Guillermina Cabrera Rojo – 3 años…

Asesinada el 12 de marzo de 1960 por el Ejército de Liberación Nacional (ELN) autodenominado “Movimiento Peronista de Liberación Uturuncos”.

Hija del Mayor David René Cabrera, murió al explotar la bomba que colocaron en la casa familiar, explosión que también generó heridas a sus padres y a sus hermanos de cinco años y es meses de edad.

María Cristina Viola – 3 años…

El Capitán Humberto Antonio Viola de treinta y un años de edad, el 1º de diciembre de 1974, después del desayuno en familia y de compartir la Misa, conducía su automóvil junto a su esposa María Cristina Picón y a sus hijas María Cristina y María Fernanda de 3 y 5 años de edad. Cuando llegaba a la casa de sus padres, fue atacado por “guerrilleros” del ERP pertenecientes a la Compañía de Monte Ramón Rosa Jiménez que operaba en la ciudad de Tucumán. Murió el capitán Viola junto a la pequeña María Cristina, mientras su hijita mayor quedaba gravemente herida también con balazos en la cabeza y Maby, su embarazada esposa resultó ilesa. Como era frecuente en aquel tiempo, el “parte de guerra” de los “erpianos” describía las características de ese atentado: “A las 13.13 se acerca el objetivo. Se marca la señal y se retira el compañero. Se aproximan el auto operativo y el de apoyo separados 50 a 60 metros; queda el de apoyo semicruzado en la calle cortando el tráfico y apoyando a los compañeros. El automóvil operativo se aproxima hasta la misma altura que el objetivo -el auto y sus ocupantes- quedando medio auto adelantado. Siempre en los chequeos el sujeto descendía, en esta oportunidad la que descendió fue la esposa, quedando él al volante a la espera, seguramente para guardar el auto en el garaje”… En su relato, Carlos Raúl Picón -cuñado de Viola-, destacó: Nunca dispararon de frente. El primer escopetazo lo hicieron desde atrás, a no más de tres metros de distancia, prácticamente a quemarropa. La perdigonada entró de lleno por la ventanilla del asiento trasero, justamente donde estaban ubicadas las nenas. Tres postas de plomo dieron en el cráneo de María Cristina, destruyéndolo. Murió en el acto. Una posta entró por la base del cráneo de María Fernanda y se alojó, sin salida, en el lado derecho del frontal. Es decir, recorrió todo el cerebro de esa cabecita. María Fernanda, vive, sólo porque Dios así lo dispuso. Humberto recibió, en ese momento, una posta de plomo, por la espalda, en la base del pulmón. Es ahí, cuando desciende del Ami 8 y corre hacia adelante para alejarse del auto tratando de salvaguardar a sus hijas, sin saber que la horda guerrillera ya había dado cuenta de ellas. No hubo ‘rebotes’, el disparo fue directo, premeditado y traicionero.” Sabido es que los imputados por aquellos asesinatos fueron juzgados en 1979, condenados a cadena perpetua y luego recuperaron la libertad mediante “indulto”. En noviembre de 2007 el doctor Carlos Picón presentó ante la Justicia un pedido de reapertura de la causa, acompañado en el petitorio por el destacado abogado santafesino Dr. Javier Vigo Leguizamón y citaron como antecedente el caso del militar tucumano Argentino del Valle Larrabure: “requerimiento efectuado por el fiscal federal general de Rosario, Claudio Palacín, para que sea calificado crimen de lesa humanidad -por ende, imprescriptible- el secuestro, tortura y muerte del militar tucumano” también secuestrado en 1974 por un comando del ERP durante el copamiento en la Fábrica Militar de Villa María (Córdoba). Ese petitorio fue denegado por el Juez Bejas y el 1º de diciembre de 2009 (35 años después de aquellos asesinatos), en el Salón de Acuerdos de la Cámara Federal de Tucumán, a las once se realizó la audiencia oral y pública con exposición de los argumentos de ambos abogados para obtener la nulidad de tal sentencia denegatoria.

Juan Eduardo Barrios – 3 años de edad.

Su padre Clotilde Isaac Barrios, durante una entrevista rememoró el mediodía del 6 de diciembre de 1977, cuando desde un “Torino” color naranja, una mujer asomando por la ventanilla empezó a disparar con una ametralladora contra el frente del Banco Provincia de Monte Chingolo, asesinando a personas que caminaban por la vereda y entre ellas al Cabo 1ª Herculano Ojeda, de la Policía de la provincia de Buenos Aires.

Otra criminal mujer cuando el policía cayó, bajó el auto, añojó nafta sobre el cuerpo yacente y le prendió fuego. Continuó el disparo de ráfagas de ametralladoras mientras los guerrilleros huían. El inocente Juan Eduardo había salido del banco junto a su mamá que había pagado unas cuentas y esperaba disfrutar del helado que le había comprado… Le habían perforado los intestinos y distintos medios periodísticos comentaron aquel demencial ataque. Han reiterado lo publicado en la revista “Gente” en diciembre de 1977:

“Paradójicamente -increíblemente- esa bala -y otras balas- son disparadas en nombre de la justicia, en nombre de un mundo mejor, en nombre de una revolución, de un cambio, de un respeto por los Derechos Humanos. Nada más absurdo que escribir esas palabras en esta crónica de la muerte de un niño de 3 años asesinado por la subversión. Mientras estas cosas ocurran, mientras la sociedad no haya perdido totalmente el sentido de justicia y de respeto -algo humano, después de todo- ellos, los profetas de la destrucción, los jueces de la vida humana, los ‘idealistas’ que en Europa lanzan gritos escandalizados sobre la transgresión de los Derechos Humanos en la Argentina, perderán su batalla. Nada mejor argumento para perderla que la muerte de un chico de tres años, por el cual seguramente ninguna organización internacional que se preocupa por la vida y la libertad de los ciudadanos argentinos dirá una palabra.”

Treinta años después, mientras en los discursos sobre defensa de los derechos humanos omiten nombrar a miles de asesinados por aquellas fuerzas militares “revolucionarias” que son calificadas como “heroicas”.

No fue casual el discurso del poeta Juan Gelman residente en México, al recibir el Premio “Cervantes” de Literatura. Desde el estrado empezó a alabar a los terroristas MONTONEROS con quienes había “luchado”…

Desde otro plano, el trabajador Clotildo Isaac Barrios conmovido intentó expresar su dolor ante la muerte de su hijito de tres años:

“Sentí mucha bronca, mucha impotencia porque yo me mataba trabajando día y noche para que me pase esto, me parece algo muy injusto… Aún hoy sigo pensando lo mismo, más cuando veo gente que defiende los derechos humanos, no entiendo los derechos humanos de quién defienden, porque realmente a mi punto de vista, … para mi esa gente que defienden esos derechos humanos ven solamente de un lado, además no quieren reconocerlo que hicieron los que ellos defienden hoy, para mi son asesinos. Nada más.”

“Me quedaron secuelas (…) mi esposa quedó mal… no hemos tenido asistencia psicológica de ningún tipo, éramos gente muy humilde, no teníamos acceso a nada.” (…)

“De esto uno no se olvida nunca, es más lo tiene presente todos los días.”

Froilán Vázquez – 6 años de edad.

Un comando del ERP (Ejército Revolucionario del Pueblo”, el 14 de abril de 1974 tomó como rehén a Froilán Vázquez de seis años de edad y fue asesinado.

Guillermo Capogrossi – 6 años de edad.

El 25 de octubre de 1976, dos ejecutivos también sufren las consecuencias de la locura terrorista. El señor Víctor Maggio, gerente de la empresa Monofort, es asesinado cuando salía de su domicilio aproximadamente a las 8 de la mañana, mientras que Roberto Moyano, Gerente de Petroquímica Sudamericana, es asesinado a sangre fría por un comando montonero, mientras almorzaba en un lugar próximo a su lugar de trabajo.

También este día, en la ciudad de Córdoba, un terrorista montonero da muerte accidentalmente de un disparo a un niño de 6 años, mientras intentaba escapar de un control policial que lo había identificado. El niño se llamaba Guillermo Capogrossi y de su muerte, también es responsable la organización terrorista a la que pertenecían Carlos Kunkel y Miguel Bonasso. El mismo día, aproximadamente a las 20:00 hs, otro comando montonero asesina al dirigente gremial Ignacio Besusuin, al frente de su domicilio.

Finalmente, el 26 de Octubre de 1977, un comando terrorista da muerte al Mayor Retirado de la Fuerza Aérea Rodolfo Matti. El hecho sucede a las 8 de la mañana, cuando el oficial retirado se dirige caminando al lugar donde tenía estacionado su vehículo. Tres masculinos lo interceptan y lo ultiman en el lugar. Tampoco tuvo oportunidad de defenderse.

Claudio Yanotti – 9 años…

Sabido es que el 21 de octubre de 1975, un grupo del ERP-22 de agosto renombrado “Ejército de Liberación 22 de agosto), mató al Agente bonaerense Roberto E. Yanotti de treinta y dos años de edad, chofer en la Comisaría 5ª de la cual salía para trabajar como mecánico o camionero para mejorar la calidad de vida de su familia, conocido como Tito entre la juventud de Wilde (Avellaneda). Durante ese ataque, hirieron gravemente a dos menores: su hijo Claudio de nueve años de edad y Pedro Yanotti, hermano del citado policía. El jefe del Estado Mayor del Ejército Gral. Roberto Viola durante un diálogo con periodistas informó que desde febrero habían muerto 21 integrantes del Ejército y 150 miembros de esa organización guerrillera.

María Klein – 12 años…

El 27 de septiembre de 1979, comandos de Montoneros mataron a dos policías de custodia en la vivienda del doctor Guillermo Walter Klein (hijo), en ese tiempo Secretario de Estado de Coordinación y Programación Económica. Muertos los custodios, colocaron en la columna de carga del edificio los potentes explosivos que luego produjeron el derrumbe de toda la estructura. María Klein de 12 años de edad quedó bajo los escombros, fue rescatada con vida y esa brutal experiencia dejó huellas profundas en su memoria. Hay sucesivas señales en torno a la trayectoria de su padre, el doctor Guillermo Walter Klein, abogado egresado de la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires en 1962.

Continuó sus estudios y obtuvo maestrías en Derecho en Harvard Law School (1963) y en Administración Pública en la Escuela de Administración Pública de la Universidad de Harvard (1964). Durante la presidencia de facto del General Juan Carlos Onganía, fue Subsecretario de Inversiones Extranjeras e interino de Finanzas de la República Argentina (1968-69) y Subsecretario de Obras y Servicios Públicos de la República Argentina, (1969-70). En 1971, socio fundador del Estudio Jurídico Klein & Maizal. Durante la presidencia de facto del general Jorge Rafael Videla, fue Secretario de Estado de Programación y Coordinación Económica de la República Argentina (1976-81). Vinculado a instituciones de Comercio Internacional e integrante del Directorio de varias sociedades argentinas.

Releo cerca de “la fogata”: “El Secretario de Estado para la Coordinación y la Programación Económica Guillermo Klein, ocupó esta función de 1976 a marzo de 1981. En el mismo período, dirigió una oficina de estudio privada, representando en Buenos Aires los intereses de los acreedores extranjeros. Aunque cuando entraba en funciones su oficina no presentaba más que un banco: el Scandinavian Enskilda Bank, algunos años más tarde representaba los intereses de 22 bancos extranjeros. En marzo de 1981, sale de su puesto de Secretario de Estado al mismo tiempo en que Viola reemplazaba a Videla a la cabeza de la dictadura. [29 de marzo] Pocas semanas más tarde, el 7 de abril de 1982, cinco días luego de la ocupación de las Malvinas por el ejército argentino y de declarada la guerra contra Gran Bretaña, fue designado como apoderado en Buenos Aires de la sociedad anónima británica Barclays Bank Limited, que era además uno de los principales acreedores privados de la deuda pública y privada argentina. A la caída de la dictadura y el acceso al poder de Alfonsín en 1984, su estudio quedó como defensor de los intereses de los acreedores extranjeros.”

Gladys Medina – 13 años…

El 2 de septiembre de 1977, Gladys caminaba junto a su madre Celia Palacios de Molina mientras un comando terrorista de Montoneros escapaba cubriéndose a balazos y mataron instantáneamente a amabas.

Paula Lambruschini – 15 años…

El 1º de agosto de 1978 aproximadamente a las 01:40, un comando terrorista de Montoneros colocó una bomba de gran poder explosivo en el edificio contiguo a la residencia del Almirante Armando Lambruschini y en esas circunstancias, murió Paula Lambruschini de quince años de edad. Aquel estallido aproximadamente a las 01:40 de aquel primer día de agosto, también provocó la muerte de Margarita O’barrio de Vila y de Ricardo Álvarez. Los daños en los cuatro primeros pisos de esa edificación fueron la causa de la posterior demolición.

María Leonor Baraldi – 15 años…

Un grupo de “subversivos” colocó una bomba en Rosario el 25 de enero de 1977 y en el momento de la explosión mató a la joven María Leonor Baraldi.

Andrea Ledesma – 15 años…

El 12 de septiembre de 1976 murió la quinceañera Andrea Ledesma al explotar una bomba que guerrilleros colocada por guerrilleros en la ciudad de Rosario.

Laura Ferrari – 18 años de edad

A fines del invierno de 1975, un comando de Montoneros había estacionado un auto frente a la Facultad de la Universidad de Belgrano, con una bomba vietnamita, armada con bolitas de metal que se dispersan en distintas direcciones, arma prohibida por la Convención de Ginebra.

Hubo destrozos y heridos. Ernesto Campos y Laura Ferrari de dieciocho años de edad salían de la Facultad cuando explotó el artefacto y así fueron asesinados. Su madre Lorenza Ferrari y su hermano José, en el País de los Contrastes donde siguen soportando indiferencia y discriminaciones las Madres de la Plaza del Silencio, aún no han logrado que reinicien los juicios a los integrantes de los grupos armados “terroristas” que acosaron a los argentinos desde la década del ’60 y que asuman sus responsabilidades, quienes violaron reiteradamente las normas legales pertinentes al fundamental derecho humano a la vida

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Lacerantes perfiles…

Cicatrices sobre mi piel revelan la aptitud para soportar intensos dolores físicos desde la niñez.

El silencio sigue siendo señal de la prudencia y a la vez, elocuencia.

La palabra –arbalap…– expresión de desacuerdos y rebeldía ante las injusticias, sugerencia de tolerancia y Esperanza por el Único Camino.

Cuando con mi amado amante íbamos hacia la costanera se aceleraban mis latidos mientras leía en el recorrido por Barrio Candioti, las amenazantes leyendas escritas con aerosol en las paredes de viviendas, escuelas y edificios públicos.

Terminadas las jornadas de trabajo dedicaba algunas horas a la labor gremial y una tarde -frente al parque del Sur “Manuel Belgrano-, me sorprendí ante la presencia de un joven estudiante de ingeniería química que aparentemente se había alejado de la “regional” litoraleña y que junto al descendiente de un amigo de mi fallecido padre (ambos aspirantes a cargos docentes), concretaron el trámite de afiliación sindical.

Me conmoví una vez más en octubre, cuando me acercaba a la legendaria escuela de “25 de Mayo”, al ver el derrumbe tras el atentado en el Club del Orden de la capital santafesina: grisáceas y húmedas cenizas en el ámbito de la destruida biblioteca y de los artísticos cuadros; emanaciones en el aire como invisible síntoma de la “contaminación de las ideas” -como decía del ministro Ivanissevich-, evidencia de la violenta corrupción creciente.

He escuchado la explosión de una bomba en la vereda de enfrente de nuestro hogar. Supe al día siguiente que mi hermano había pasado unos minutos antes por ese lugar y que la onda expansiva no lo afectó porque ya avanzaba sobre la calle 4 de Enero, la que rememora “el Pacto del Litoral” de 1831, alianza ofensiva y defensiva entre los gobiernos santafesino, bonaerense, entrerriano, luego correntino… en un intento de organización nacional contra los nueve gobernadores antirrosistas de la “Liga de las Provincias del Interior”.

He observado cambios en las actitudes de algunas alumnas y dialogando en los recreos, entendí la inquietud provocada por la ausencia de un novio que había viajado a otro continente, causa que incrementaba la incertidumbre al no saber cuándo regresaría.

Supe que habían detenido a jóvenes hijos de matrimonios conocidos y que en sucesivos operativos habían matado a varios hermanos, después sepultados en el cementerio municipal santafesino.

Hice el esfuerzo de contener las lágrimas cuando uno de los amigos de nuestros hijos vino a despedirse porque estaba incorporado al Ejército Nacional cumpliendo con el servicio militar obligatorio y lo destinaron al “Operativo Independencia”.

Me conmoví al saber que en Rosario, la misma joven que aquella tarde invernal me había hablado del viaje de su novio para “hacer unos cursos de perfeccionamiento” en el exterior, estaba junto a él durante la represión y cayeron muertos.

Escuché los inquietantes relatos de una amiga desde la niñez, profesora que viajaba a la Cárcel de Devoto para ver a su hermana menor detenida. Solía regresar con más angustia porque como consecuencia de problemas internos se habían interrumpido las visitas. Un día retornó con la noticia de haber visto a una querida exalumna en aquella unidad penitenciaria.

Vibraba interiormente y estallaban los poemas…

Comprendí que se acentuaban los indicios del horror generado en ámbitos financieros, industriales y comerciales porque la inflación continua disminuía el poder adquisitivo de los sectores de menores recursos. Cerraron incontables casas de negocios y aumentaron las dificultades para pagar las cuotas por préstamos hipotecarios.

Indemnizaban a empleados y obreros reemplazándolos por personal más joven que por igual trabajo percibiría menores salarios. Protestas y huelgas mientras continuaban las descontroladas emisiones de moneda para cancelar así deudas estatales.

A mediados de la década del setenta, continuaba la expansión en el uso de siglas que facilitaban la identificación de organismos internacionales y de diversas instituciones. No significaba lo mismo leer A.A.A. con referencia a la Asociación Argentina de Actores que a la “triple A” de la alianza anticomunista argentina.

El 2 de abril de 1982 comenzó la Gesta de las Malvinas…

Celajes majetuosos sobre la mar / y un raudo vuelo de gaviotas blancas /

huyendo del estampido inicial”…

Murió el Capitán Pedro Giachino, hijo de María Delicia Rearte de Giachino.

Cumplida la orden de cese del fuego el 14 de junio…

Allá esperan el día del reencuentro / blancas cruces hasta la eternidad /

en cada cruz el pueblo y el soldado / todos nacidos para la libertad”.

A fines de aquella década, ingresaban en distintos juzgados los petitorios de los jubilados para la regularización de pagos atrasados e insuficientes. Era sólo una parte de la deuda interna mientras los datos difundidos por el gobierno en torno a la deuda externa eran inexactos como quedó demostrado en el exhaustivo estudio de dos destacados economistas. Una vez más, el gobierno siguiente debió asumir el pago de indemnizaciones incluso a víctimas de “actos terroristas” y a los ex combatientes en la Gesta de las Malvinas. La deuda externa hasta mediados del último lustro del siglo veinte se redujo en catorce millones de dólares y era imprescindible disminuir la deuda interna. No fue por casualidad, la emisión de los Bocones Previsionales para pagar los dieciocho millones de dólares pendientes al finalizar el gobierno anterior. Tampoco fue casual que los aumentos de sueldos fueran “reales” porque vigente la convertibilidad no había inflación que prácticamente disminuye el poder adquisitivo de los sectores de menores recursos.

En aquel tiempo, criticaban la ineficiencia de la monopólica A. A con creciente déficit año tras año mientras resonaba el slogan “Gente que quiere a la gente”. Durante el proceso de privatización de Aerolíneas Argentinas a fines de la penúltima década del siglo veinte, mientras casi todo “estaba por las nubes” hubo un mínimo de interesados en esa adquisición porque sabido era que las potentes acciones de los sindicalistas incidían en el endeudamiento de la empresa en miles de dólares como consecuencia de los “paros sorpresivos” que obligaban al pago de estacionamiento en las pistas de los aeropuertos de otros países y de indemnizaciones a los pasajeros perjudicados por las demoras en llegar a sus destinos. Otra paradoja resultó evidente cuando el gobierno nacional decidió la “reestatización” de A. A., tiempo de desempeño de la gremialista Alicia Castro como embajadora en la República Bolivariana de Venezuela y del diputado Basteiro en el Congreso Nacional con entusiastas declaraciones incluso en los programas periodísticos de diferentes canales de televisión refiriéndose a lo negativo de “los monopolios”…

Actualmente, como a fines del siglo diecinueve, enormes extensiones de tierra pertenecen a pocos pero poderosos grupos. En seminarios y congresos siguen hablando de Ecología mientras en los barrios el aire suele ser asfixiante y aumenta la contaminación del agua.

Sobreviví y vivo, convencida de que es posible generar “revoluciones” mediante sucesivas “evoluciones”, evitando el horror de las luchas armadas.

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Primera década del siglo veintiuno.

Continúan las denuncias y diversos procesos judiciales contra “represores”.

Dijeron:

La sangre derramada no será negociada”…

Después, promulgada la ley pertinente, los familiares de la mayoría de los detenidos-desaparecidos, iniciaron las gestiones para cobrar las indemnizaciones.

FRAGMENTADA HISTORIA de los ARGENTINOS…

Herida que no cicatriza y aterradora grieta que se ensancha día a día.

Más allá de la incertidumbre y la nostalgia…

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

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