Norma Segades-Maniás, lumbre insoslayable…

Nació el 5 de junio de 1945, en Santa Fe de la Vera Cruz, capital de la provincia de Santa Fe, República Argentina. ¡Maestra!…

Miembro de la ASDE (Asociación Santafesina de Escritores, institución fundada en octubre de 1955), ha integrado sucesivas comisiones directivas y fue electa Presidenta destacándose por una vasta labor de difusión cultural.

Desde 1997, codirectora de la revista Gaceta Literaria editada por esa asociación.

Ha integrado Jurados, en certámenes nacionales e internacionales.

Premios y Distinciones:

1988: Primer Premio y mención de Honor, Certamen Provincial “Alfonsina Storni”.

1989: Segundo Premio Nacional, Certamen Plaza de los Poetas José Pedroni.

1990: Premio Edición Certamen Regional Rosalinda Fernández de Peirotén.

1992: Premio Edición Certamen Internacional Villa de Martorell, Barcelona, España.

1999: Premio Internacional “Alicia Moreau de Justo” por su actitud de vida (Diploma y medalla de la Fundación “Reconocimiento”).

1999: Premio Nacional a la Excelencia Humana (IADE), por su meritorio aporte a la cultura.

2005: El Concejo Deliberante de la Municipalidad de Santa Fe de la Vera Cruz la distinguió con el nombramiento de Santafesina Destacada por “su talentoso y valioso aporte al arte literario y periodismo cultural”.

Obras editadas:

1989: Más allá de las máscaras.

1990: El vuelo inhabitado.

1990: Mi voz a la deriva (en “Habitantes del paisaje”, edición compartida).

1991: Tiempo de duendes.

2000: Crónica de las huellas.

2001: Un muelle en la nostalgia.

2002: A espaldas del silencio.

2004: La memoria encendida.

2004: Pese a todo.

2004: Desde otras voces. (Edit. en México.)

“El amor sin mordazas”. (En España)

2005: Desde otras voces – Alebrijes – 2ª. Ed. Universidad Tecnológica Nacional. Facultad Regional Santa Fe.

2004-2005: Edición y reedición de “Desde otras voces”

Una vez más, la creativa y perseverante Norma Segades-Maniás logró generar “32 poemas hilados a partir de las palabras de otras 32 poetas” que fueron editados en México durante el cuarto año del siglo veintiuno.

Al año siguiente, el “Centro Educativo Cultural” de la Universidad Tecnológica Nacional concretó la segunda edición de esa obra, titulada “Desde otras voces”. i

El acto de presentación se desarrolló en la Bolsa de Comercio de Santa Fe y Norma advirtió que “…‘Desde otras voces’ es, de cierta manera, un nuevo formato de reconocimiento, de correspondencia, de retribución. Un homenaje desde los epígrafes, a las compañeras escritoras que me ayudaron, cada una desde su personal manera, desde su particular compromiso con la vida, a afianzar esta convicción de irrealidad acerca de lo que se define como poesía femenina, de controversia a la clasificación eufemística de ‘poesía escrita por mujeres’ pero de plena aceptación por la poesía: buena o mala, totalmente asexuada; y a comprender que los poetas somos, en definitiva, la voz de aquellos que, por distintos motivos, no pueden ejercer la denuncia de sus humillaciones, de sus marginaciones, de sus carencias”.

Manifestó luego que trabajó intensamente teniendo como protagonistas ‘a un grupo de mujeres poetas llegadas a México desde todos los puntos cardinales par, vivir juntas el asombro de recorrer la mixteca (el ‘país de las nubes’) en una cruzada poética de la que salí reconfortada y complacida. Porque estando tan lejos de lo mío pude darme cuenta de que es cierto lo que afirman de los argentinos: es evidente que no tenemos raíces comunes con las restantes nacionales americanas y es sumamente probable que no podamos ya tenerlas. Pero, al menos, nos queda la esperanza de imaginar un horizonte común, un destino que nos iguale, que nos acerque, que nos hermane… Aunque esa hermandad nos llegue desde la orfandad de nuestros sueños, aunque esa hermandad nos llegue desde la genuflexión de una política absolutamente dependiente en el plano económico.”

De allí que cada uno de los poemas haya sido escrito a partir de los dolores comunes, a partir de las intemperies comunes, a partir de los sometimientos comunes no sólo a las personas, sino a los pueblos de este continente al que pertenecemos y que nos pertenece desde una identidad más trascendente que la que parece acoger y sostener nuestra rutina diaria.”

Norma Segades-Maniás, durante el acto realizado en la Bolsa de Comercio de Santa Fe -donde estuvo la escritora Esther Andradi (Alemania)-, expresó su deseo:

…más allá de su estructura poética, más allá de su calidad literaria, cada mensaje llegue a ustedes con la misma honestidad con que se los ofrezco, preñaditos de ternura solidaria, hermanados en el desconsuelo y el martirio de una Latinoamérica históricamente desgarrada y escindida con la única intención de que su mirada los multiplique, los amplifique, los propague para que, todos juntos, nos atrevamos a librar las duras batallas cotidianas contra el desamor, el inercia y el olvido.

“Arte”

Con ese título, en la crónica destacan lo expresado por la escritora y periodista Esther Andradi:

Norma Segades Maniás hace del encadenado y desencadenado de su poesía un arte. Como las bisabuelas bordadoras, que se pasaban los puntos unas a otras, la poeta santafesina toma de sus colegas la letra, la punta del ovillo, y desenreda organiza, estructura con fabuloso oficio sus “alebrijes”, aquellos que aprendió a mirar, sí, a sentir en México. Treinta y dos poemas hilados a partir de la palabra de otras treinta y dos poetas. Pinceladas de Munch, monstruos de Bestiario, descarnados trazos de Otto Dix. Miseria, gozo, el dolor de ser o la piedad, los filosos alebrijes de Segades-Maniás cortan el rostro”.

Más comentarios acerca de esa obra

Al final de la segunda edición, han reiterado “comentarios acerca de la obra”:

“Norma Segades es una mujer de temple y garra que tiene prohibido renunciar a la poeta que vive en sus entrañas, a pesar de los obstáculos. Es una poeta bien plantada que desea libertad para su gente, que presta su voz al marginado, a los que sufren, a los que tienen hambre. En este libro, encontró Musas en el brillo de poemas de otras poetas hermanas. Le damos gracias, por regalarnos su talento.” Lina Zerón (escritora-editora-México).

“Al igual que W. Benjamín puedo decir que gracias a Norma me he salvado un poco del olvido, mezclada en el canto de sus palabras que me recuerdan a mí misma pero a la vez me transforma en engranaje, en partecita de una identidad mucho mayor que me acoge y me sostiene, y desde donde, orgullosa, puedo decir que soy latinoamericana.” Carla Vidal (escritora-actriz-Chile)

“Norma Segades ha creado una joya que estremece. La estructura de sus versos impacta. Visualmente figuran la toma de un electrocardiograma, el del corazón de quien lee. De esa manera palpita éste conforme va introduciéndose en ellos. Producen taquicardia, suspenden la respiración o la restauran en el lapso de un suspiro.” Leticia Ricárdez (escritora-México)

“Los versos de Norma muerden, como la verdad. Hacen sentir más cerca la otra mano, hacen que la esperanza sea una sábana tendida al aire, henchida de luz. Sus versos detienen a la llaga para ponerla con ternura en nuestros ojos, sin la estridencia de pus que los lastime. Así, su libro es una de las cuentas en este dolor universal, collar que ciñe corazones y conciencias. Mi admiración por ese manejo cirujano del lenguaje, y sobre todo, por esa comunión con el dolor que nos iguala.” Liz Durand (escritora-artista plástica-México)

“Los alebrijes de Norma danzan un baile de sobrevivientes sin máscaras. Aún más, sobre baldosas desarrolla una poesía desgarrante, como nuestro continente.” Lourdes Vázquez (escritora – Puerto Rico – Estados Unidos)

Los poemas de Norma me han parecido geniales, podría decir que son la radiografía de una ciudad no imaginaria, que está aquí o en otro lado, en cualquier lugar del planeta. Puedo decir que cada uno de sus personajes, desde hoy no anónimos, pululan incomodando, recuperando sus nombres, apellidos, nacionalidades. Algunos me han estremecido porque los he reconocido desde siempre: los mismos puentes, el mismo color amarillo, las mismas entreabiertas ventanas, las mismas vulvas, las mismas orfandades. Sigo pensando que sus versos son exageradamente complicados e inquietantes, sigo pensando que no tiene piedad con el lenguaje, que pone en ellos toda su furia y su destreza, especialmente cuando describe al delincuente, a los drogadictos, a los ciudadanos, a la hambrienta, al mendigo viejo, (este poema creo que es el mejor de los poemas por mí leídos nunca, el más estremecedor). Pero la escritora, la idealista, los jubilados, el demente, son terribles, honestos… son la verdad.” Silvia Delgado Fuentes (escritora – Euskal Herria)

Finalmente, lo expresado por Esther Andradi (escritora-periodista-Argentina-Alemania), reiterado parcialmente en la crónica del diario El Litoral de la capital santafesina y que termina así:

…Miseria, gozo, el dolor de ser o la piedad, los filosos alebrijes de Segades-Manias cortan el rostro. Cualquier cosa menos el olvido.”

Lectura e íntimas vibraciones…

Hoy viernes 30 de diciembre de 2005, vuelvo a recordar el día del nacimiento de mi primer hermano José Manuel, hace setenta años. Supe a partir del 26 de diciembre de 1936 que no siempre durante el día de la Natividad se celebran nacimientos porque también se generan definitivos desprendimientos. Manuchito desde entonces perdura en mi memoria…

A la madrugada sentí el acoso de la tos y sé que es la señal de una excesiva tensión en las íntimas cuerdas de mi sensibilidad.

Decidí hablar con una de mis amigas del alma, en este último tiempo también angustiada por la incertidumbre de la enfermedad de un sobrino. Tengo aquí Desde otras voces y miro la tapa, esa estampa de desazón y asombro que nos ha legado el talentoso Antonio Berni: expectantes hombres y mujeres de distintas edades, desocupados, manifestándose en una calle y entre ellos, uno sosteniendo una pequeña pancarta con dos palabras que constituyen un símbolo: PAN Y TRABAJO, casi plegaria.

Es otro siglo, son semejantes las angustias por las injusticias y no ha sido por causalidad este conjunto de poemas de Norma desde otras voces.

Aquí, ahora, parte del legado de esta admirable mujer poeta, tesonera, solidaria…

La parturienta

“Grito tu nombre

en las ventanas de la noche”

Mariana Falconi

(Ecuador)

Siente que la mañana desterrará sus lunas desprolijas

a un sitio donde el mundo amartilla condenas.

Recuerda los jadeos, los besos perentorios, la luna de los cristales, centurias de corolas

amotinando alambres oxidados

en la complicidad de las tinieblas.

Convoca cada gesto,

cada seco minuto hurtado a la desdicha para fundarse un cielo

donde ocultar las ansias, los desnudos sigilos

con que le amor le socavó los muslos una tarde cualquiera.

Siente espasmos agudos agrediendo los muros del silencio,

desmadrando la sangre que pulsa en sus arterias.

Provoca desvaríos de fiebres sofocantes espiralando el miedo,

presagia soledades,

aventura colmillos que desgarran

la textura puntual de la vergüenza.

Piensa en la madre esquiva,

en el padre inclemente descerrajando furias sobre cuerpos sumisos cuando la noche encubre rediles de mordazas,

cuando el repudio inicia impunemente los tiempos de la ausencia.

Asume que hay un hueco en el lugar preciso de sus sueños,

la cavidad exhausta de un vacío sin treguas.

Imagina tijeras seccionando membranas con sus filos de muerte.

Imagina punzones

perforando las carnes aturdidas

hasta las nervaduras de la médula.

Y se muerde los labios

mientras crispa matrices, exaspera sudores, espolea calambres

pujando hasta el aullido, hasta expulsar el llanto

de esa urgencia salvaje que la embiste con dolores de grieta.

(Páginas 59-60)

El mendigo viejo

Uno se muere de cualquier árbol / de cualquier piedra /

en cualquier piel uno se muere…”

Selfa Chew

(México-Estados Unidos)

Tal vez antes del hambre fallezca de intemperie,

tal vez lo quiebre el frío.

Tal vez se desmorone entre redomas

que ahoguen, finalmente, su memoria aturdida por espesos brebajes.

Tal vez desaparezca por la puntada abierta en el reverso

como un tapiz de urdimbre desgarrada por zarpazos oblicuos

o se muera nomás de su denuda muerte, su muerte ineludible

y la gente enarbole indiferencias

ante su piel de andrajos

y acaso ni celebre los rituales propicios.

Tal vez lo decapite un filo de relojes,

Un mandoble de olvidos.

Quizás su miserable anonimato

-esa errante mirada de fantasma agobiado por insomnios y lunas-

increpe hasta los huesos al alfabeto oscuro de la sangre

cuando el linaje engendre sus historias de espermas fugitivos

y alguien venga a buscarlo entre los desperdicios de una calle cualquiera, reconozca una estría de familia,

un gesto irrepetible,

un aire inexorable en el rictus preciso.

Tal vez muera esta noche, de espaldas a la escarcha,

húmedo de rocío,

descalzamente sucio de terrones;

un perplejo difunto de barba enmarañada y piojos en jaurías,

sin un diezmo de pena para entregarle al silbo del barquero,

sin un breve retazo de agonía donde encender el grito,

yaciendo, simplemente, como yacen los muertos, en mitad de la vida, alucinando una comarca agreste,

un sitio a contraviento

donde lo encuentre el alba con los ojos vacíos.

(Páginas 43-44)

La idealista

¿Acaso estoy para agonías con esa sangre ardiendo?”

María Elena Cerecero

(México)

El secreto la hostiga ciegamente

como perra bravía amenazando al viento con las fauces oscuras

y un rigor de colmillos desgarrando gruñidos desafiantes.

El secreto remonta los cauces del olvido,

cruza la madrugada,

repudia las palomas

que fundaron arrullos en los jacarandáes,

corta de un solo tajo la llovizna cayendo sobre el río

donde ahoga los celos, las pulidas ausencias, los amores discretos,

el temblor de la luna en la maraña.

Mira de frente al mundo que supura

llagas de soledad, pus de derrotas, podredumbre de afrentas,

pero le duele el gesto que no se atreve a levantar el grito

ni ejercita derechos ni delata mentiras

ni amotina pancartas

pero le duele el freno

imponiendo prudencias a pesar del despojo,

el desnudo velamen de esos sueños que no se encuentran destino

pues nunca tuvo nada que no fuera un discurso de igualdad celebrante,

un ingenuo racimo de palabras.

Esta vez alzará todo el desvelo,

se armará hasta el presidio delinquiendo por flancos de humillaciones viejas, incitará a la vida con espinas de rojos estribillos

para encontrar justicia, erigir horizontes,

restituir la esperanza.

Dentro de poca sangre

saldrá de su agonía a inmolar disimulos,

dentro de poco agravio rasgará la obediencia corrosiva

porque es tanto el repudio y es tanto el desconsuelo y es tanta la desdicha

que no alcanza el horror para callarla.

(Páginas 53-54.)

Los soldados muertos

…arrojados en la memoria que chilla y patalea /

devorado por un olor a muerto /

imposible de despegar con nada.”

Carla Vida (Chile)

Siempre estarán yaciendo en su piel carcomida por los dientes del lobo,

porque los chocolates no llegaron al hueco de su ultraje

y nada estuvo cerca

cuando la noche, a paso de gangrena,

devoraba muñones con sus fauces de escarcha

y los dioses urgían su cuota de despojo,

el diezmo de homicidios cotidianos

que ordena su estatura,

su identidad de crótalo que repta acorralando sueños

mientras el mundo observa, mientras los templos rezan, mientras rugen los odios.

Siembre estarán yaciendo en esas soledades de profundos insomnios,

celosos habitantes de sus rotundas muertes en trinchera,

cubiertos por la nieve

como si fuera un velo funerario,

como leves sudarios sobre rostros roídos,

donde el miedo demora los rictus del asombro,

donde la historia muerde sus traiciones,

donde la indiferencia

negocia cada llaga contundente, cada coágulo inerme

y el silencio es apenas otra infamia lloviendo sobre sus promontorios.

Propietarios de tumbas que no engrendran corolas porque hasta el suelo es sórdido,

dueños de las raíces de sus nombres renunciando al olvido,

suturando las venas,

degolladas por filos mercenarios

en el tiempo del frío, en la hora de las súplicas,

cuando el hambre alcanzaba la altura del sollozo,

la guerra era ese vértigo quemante,

la oscura pesadilla,

una cruel petulancia enredada en marañas de estrategias

y ellos esa centuria de ternura indefensa amartillando el vómito.

(Páginas 29-30)

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Evoco la Gesta de las Islas Malvinas desde el 2 de abril al 14 de junio de 1982.

Se impone el silencio.

Con el propósito de compartir…

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

Viernes 30-12-2005 – Hora 17:23:54

i Diario El Litoral. Santa Fe de la Vera Cruz, Sec. “Persona&Sociedad”, miércoles 7 de diciembre de 2005, p. 29. Título de la nota: “Norma Segades Maniás presentó su libro ‘Desde otras voces’.”