Señales y claves de una tal Teresa Cascajo…

El sosiego, el lugar apacible, la amenidad de los campos, la serenidad de los cielos, el murmurar de las fuentes, la quietud del espíritu son grande parte para que las musas más estériles se muestren fecundas y ofrezcan partos al mundo que le colmen de maravilla y de contento.”

Miguel de Cervantes Saavedra. i

Plática entre Sancho Panza y su mujer…

Primero en castellano y después en distintos idiomas, se ha reiterado lo expresado por Teresa a su marido: ii

…“Siempre fui amiga de la igualdad, y no puedo ver entonos sin fundamentos. Teresa me pusieron en el bautismo, nombre mondo y escueto, sin añadiduras ni cortapisas, ni arrequives, de dones ni donas; Cascajo se llamó mi padre; y a mí, por ser vuestra mujer, me llaman Teresa Panza, que a buena razón me habían de llamar Teresa Cascajo.”Cursiva aquí.

“Pero allá van reyes do quieren leyes, y con este nombre me contento, sin que me lo pongan un don encima, que pese tanto, que no le pueda llevar, y no quiero dar que decir a los que me vieren andar vestida a lo desil o a lo de gobernadora, que luego dirán: ‘¡Mirad qué entonada va la pazpuerca!’…”

Es evidente la resignación de esa mujer a quien su marido solía decir:

“…y advertid, hermana, que os conviene tener en cuenta…” Ob. cit. p. 33

“-Calla, boba…” p. 34

“-¿No te parece animalia… que será bien dar con mi cuerpo en algún gobierno provechoso que nos saque el pie del lodo? p. 34

Ella se acostumbró a que la nombraran Juana Panza o Teresa Panza (o la mujer de Sancho Panza), o según en qué circunstancias Juana Gutiérrez o Mari Gutiérrez o Teresa Cascajo, que al fin todo era casi lo mismo, porque seguía siendo la mujer de Sancho Panza… a quien Sansón Carrasco, el bachiller y periodista le había dicho:

“-Vos, hermano Sancho… habéis hablado como un catedrático; pero, con todo eso, confiad en Dios y en el señor don Quijote, que os ha de dar un reino, no que una ínsula.” p. 31

Y así fue como entre las ambiciones de él -y de tantos… y las rutinas de ella -y de tantas más-; entre sueños y promesas, juntos siguieron hasta el final de tal vida novelesca.

La promesa de un amigo…

Sabido es que… “Iba Sancho Panza sobre su jumento como un patriarca, con sus alforjas y su bota, y con mucho deseo de verse ya gobernador de la ínsula que su amo le había prometido. Acertó don Quijote a tomar la misma derrota y camino que el que él había tomado en su primer viaje, que fue por el campo de Montiel, por el cual caminaba con menos pesadumbre que la vez pasada, porque, por ser la hora de la mañana y herirles a soslayo los rayos del sol, no les fatigaban. Dijo en esto Sancho Panza a su amo:

-Mire vuestra merced, señor caballero andante, que no se le olvide lo que de la ínsula me tiene prometido; que yo la sabré gobernar, por grande que sea.

A lo cual le respondió don Quijote:

-Has de saber, amigo Sancho Panza, que fue costumbre muy usada de los caballeros andantes antiguos hacer gobernadores a sus escuderos de las ínsulas o reinos que ganaban, y yo tengo determinado de que por mí no falte tan agradecida usanza; antes, pienso aventajarme en ella: porque ellos algunas veces, y quizá las más, esperaban a que sus escuderos fuesen viejos; y, ya después de hartos de servir y de llevar malos días y peores noches, les daban algún título de conde, o, por lo mucho, de marqués, de algún valle o provincia de poco más a menos; pero, si tú vives y yo vivo, bien podría ser que antes de seis días ganase yo tal reino que tuviese otros a él adherentes, que viniesen de molde para coronarte por rey de uno dellos. Y no lo tengas a mucho, que cosas y casos acontecen a los tales caballeros, por modos tan nunca vistos ni pensados, que con facilidad te podría dar aún más de lo que te prometo.

-De esa manera -respondió Sancho Panza-, si yo fuese rey por algún milagro de los que vuestra merced dice, por lo menos, Juana Gutiérrez, mi oíslo, vendría a ser reina, y mis hijos infantes.

-Pues, ¿quién lo duda? -respondió don Quijote.

-Yo lo dudo -replicó Sancho Panza-; porque tengo para mí que, aunque lloviese Dios reinos sobre la tierra, ninguno asentaría bien sobre la cabeza de Mari Gutiérrez. Sepa, señor, que no vale dos maravedís para reina; condesa le caerá mejor, y aun Dios y ayuda.

-Encomiéndalo tú a Dios, Sancho -respondió don Quijote-, que Él dará lo que más le convenga, pero no apoques tu ánimo tanto, que te vengas a contentar con menos que con ser adelantado.

-No lo haré, señor mío -respondió Sancho-; y más teniendo tan principal amo en vuestra merced, que me sabrá dar todo aquello que me esté bien y yo pueda llevar.

Durante otro diálogo, Sancho expresó:

“-De esa manera… si yo fuese rey por algún milagro de los que vuestra merced dice, por lo menos, Juana Gutiérrez, mi oíslo, vendría a ser reina, y mis hijos infantes.

Pues ¿quién lo duda? -respondió don Quijote.

Yo lo dudo -replicó Sancho Panza-; porque tengo para mí que, aunque lloviese Dios reinos sobre la tierra, ninguno asentaría bien sobre la cabeza de Mari Gutiérrez. Sepa, señor, que no vale dos maravedís para reina; condesa le caerá mejor, y aun Dios y ayuda.

Sabía Sancho de dónde venía, aunque poco supiera hacia donde iba y por eso, cuando “tomó posesión de su ínsula” y escuchó que el mayordomo lo nombraba don Sancho Panza, le dijo: Ob. cit. t.II, Cap. XLV, p.278-279

“-Pues, advertid, hermano… que yo no tengo don, ni en todo mi linaje ha habido: Sancho Panza me llaman a secas, y Sancho se llamó mi padre, y Sancho mi agüelo, y todos fueron Panzas, sin añadiduras de dones ni donas; y yo imagino que en esta ínsula debe de haber más dones que piedras; pero basta: Dios me entiende, y podrá ser que si el gobierno me dura cuatro días, yo escardaré estos dones, que, por la muchedumbre, deben de enfadar como mosquitos.” t. II, p. 280

Van y vienen los personajes en la novela de Cervantes como en el escenario de la comedia humana, cualquiera sea el continente. Cambian también los nombres aunque sean los mismos hombres. El ingenioso hidalgo junto a su escudero se encontraron con los ladrones y en ese momento se comentó:

“…aquí dice que la mujer de Sancho Panza mi escudero se llama Mari Gutiérrez, y no se llama tal, sino Teresa Panza…”

-¡Donosa cosa de historiador! ¡Por cierto, bien debe de estar en el cuento de nuestros sucesos, pues llama Teresa Panza, mi mujer, Mari Gutiérrez! Torne a tomar el libro, señor, y mire si ando yo por ahí y si me ha mudado el nombre.”

Entre los caballeros andantes sucedía algo semejante a lo que aún se advierte con algunos gobernantes que olvidan lo expresado ayer o anteayer… Cuando recién habían comenzado las descripciones de aquellas aventuras, surgió este relato:

“-De esa manera -respondió Sancho Panza-, si yo fuese rey por algún milagro de los que vuestra merced dice, por lo menos, Juana Gutiérrez, mi oíslo, vendría a ser reina, y mis hijos infantes… tengo para mí que, aunque lloviese Dios reinos sobre la tierra, ninguno asentaría bien sobre la cabeza de Mari Gutiérrez. Ob. cit. t.I, Cap. VII, p. 55

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Teresa Cascajo y sus historias…

“Y luego que nací, respiré el común aire

y caí sobre la misma tierra que todos;

y mi primera voz, como la de todos,

fue de llanto.”

Sabiduría, 7:3

En el archivo del diario tenían preparadas algunas biografías para que llegado el momento, se pudieran redactar las pertinentes crónicas.

En el fichero, habían incorporado algunos datos entregados por la Cascajo, como la nombraban en distintos lugares salvo en su lugar de trabajo donde nunca se sabrá por qué, una becada se animó a hablar de la bruja que era muy activa pero muy controladora…

El encargado del fichero leyó lo que ella había entregado como autobiografía:

“El primer desprendimiento fue en la calle Cándido Pujato al 2923, en Santa Fe de la Vera Cruz, el 24 de mayo de 1932, a las diez, cuando quienes ya la amaban, se emocionaron con el primer vagido.

Después, según contaron, se sucedieron las emociones y algunos descubrimientos: amor, belleza, cristiandad. Su primero e insoslayable abc

En ese relato, ella había insistido en que aparecieron los primeros grises en el tiempo de su adolescencia, cuando más Luz prolongaba más sombras. El amor se proyectaba con todo su misterio y era necesario compartir y seguir…

Aprender, aprender, aprender, fue otra de las primeras insistencias. Intentar escribir. Escribir: vivir y vibrar. Ser lumbre. Contemplar el holocausto de las llamas sin vacilar. A pesar de las cenizas, intuir el diario renacer como en la leyenda del ave fénix (no del gato Félix, como creía un sonriente intendente santafesino)…

Tales fueron los continuos desafíos. Después, sentir y consentir, con la complicidad de una escalera blanca de caracol que como por arte de magia, fue algo así como un despejado sendero transitado por cuatro hijos en crecimiento.

Cerca y día a día, la observaban el inquietante amante y también su madre, la que parecía tener manos de hada. Mientras tanto, en sucesivas décadas fueron llegando siete nietos. Teresa sonreía, disfrutaba del abrazo de su hermano que fue el Artista para sus maestros en la niñez; luego el Petiso en la secundaria; el Cartucho entre los adolescentes atletas del Club Velocidad y Resistencia; sólo Carlos, en el documento de identidad y Carlitos a perpetuidad…

Teresa Cascajo miraba, veía, rezaba. Pocas veces se animaba a contar lo que soñaba noche tras noche. Eran sueños recurrentes: ella caminaba, caminaba y terminaba en barrios fangosos, con pasillos angostos hasta que las construcciones precarias abarcaban varias manzanas y necesitaba que la autorizaran para avanzar entre los patios y sucesivas habitaciones hasta terminar el recorrido frente a una enorme laguna. En ese paisaje, no había vegetación, tampoco mariposas o pájaros.

Otra pesadilla era estar subiendo en un ascensor y no saber en qué piso debía detenerse para entrar en el departamento de sus tías, en la bulliciosa ciudad de los buenos aires…

Una vez, otra entusiasta de las Letras recordada como Rosita Mayo, una perseverante esperancina esperanzada, se había animado a escribir que era la mujer cincelada, pero después, otros insistieron con tantos calificativos que terminaron casi convenciéndola de que era la mujer tarada.

Teresa Cascajo también había anotado que un cazador no lograba dar en el blanco, casi al mediodía, con fastidio había exclamado: ¡Déspota!…

La Cascajo dejó algunas señales acerca de la mujer que procuraba… que intentaba imponerse y que cerca de la ventana había exclamado: ¡Es una bruja!… Entre sus cerámicas estaba la pequeña escultura que risueñamente decía que era la maqueta de su monumento y en nunca se sabrá qué bibliorato, había guardado la fotocopia de lo escrito por el peregrino que necesitó reiterar los versos de Walt Whitmann, casi como en otro canto a él mismo.

Algo que en la aldea no podrían negar, era que la Cascajo se destacaba por ser la mujer tapada: en todas las estaciones del año usaba faldas casi hasta los tobillos y mangas largas. Así la empezaron a conocer los últimos dos nietos, mellizos e inconfundibles.

Sabido es que en la comarca, hacia fines de la última década del siglo XX, una asesora -mujer más de una vez asesorada-, durante una reunión dijo: ¡Es un desperdicio!… y esa conclusión fue bastante comentada porque había generado mayor confusión.

Algunos decían que la asesora asesorada se había referido al derroche de energía que hacía colaborando año tras año en diversos proyectos por amor al arte mientras otros insistían en que se había referido a una persona desaprovechada.

Algunos decían que la mujer había vivido y convivido, respetando los derechos de los demás y negándose a ser una idiota útil.

Terminaron los dimes y diretes cuando se acercó un solemne personaje que traía el voluminoso diccionario de la Real Academia Española y señalando la escritura impresa con tinta negra sobre papel blanco, murmuró: “desperdicio… lo que no se puede o no es fácil aprovechar o se deja de utilizar por descuido”.

Quienes leían sus escrituras también insinuaban que era una mujer tapada.

Un día, el encargado del fichero del diario que cumplía su tarea ubicando las fichas por orden alfabético porque todavía no usaban computadoras, al ver que se acercaba el jefe de redacción para concretar su habitual recorrido por todas las secciones antes de ir al bar de la peatonal lo saludó casi sin mirarlo y siguió con su rutina.

Cerca del diario estaban los chicos con sus cabezas empolvadas ofreciendo ajadas estampitas a cambio de monedas y un payaso insistía para que le compraran globos de distintos colores, con diferentes formas. El inquietante Sansón Carrasco, bachiller y jefe de la redacción, empezó a caminar hacia el sur. Llegó al bar donde se reunían los académicos -que para algunos eran platónicos y para otros agoreros– y después de saludarlos, les avisó que traía una página voladora

Los perspicaces contertulios se miraron de reojo, nada dijeron aunque les sorprendió verlo con la cabeza rapada. Uno pensó si no sería La Hoja Voladora de Pedroni, pero se quedó callado porque no era conveniente tener disputas con él, ya que cada vez es más necesaria la publicidad y sabido es cómo influye el periodismo en determinadas decisiones.

Mientras el más calvo bebía agua, Sansón desplegó la página y dijo:

-Estamos ante una “Instancia Inesperada”.

Más miradas, ningún gesto, más silencio.

El periodista insistió: -Estamos ante una “Instancia Inesperada”.

Todos sin hablar empezaron a imaginar una crónica sobre partidos políticos o sobre economía o sobre salud mental. Sólo se escuchó el ruido de una cucharita de café que se cayó cuando el mozo intentaba apoyarla sobre otra mesa. Hasta en el aire se sentía la pujanza de las expectativas.

Sansón Carrasco, el bachiller, empezó a leer:

Han sido dos monólogos

a las seis y media de la tarde

-mientras desde la estatua

inconmovible

San Martín obstinado

marca el único rumbo posible

para ser libre-.

Serás lo que debes ser

o serás nada.”

Han sido dos monólogos

sin atisbos de comprensión

acortando las respuestas

con evasivas huecas.

Han sido dos monólogos.

Mi altivo dolor

puso una vez más

al Señor…

como Justiciero Testigo

Sobre la corteza

del mareado planeta

hubo sólo dos monólogos.

Para Él,

los diálogos imperceptibles

y eternos.

Lejano nos espera

el Encuentro Final

en el único rumbo posible

para sentirnos esclavos

o libres.

Después, uno de los más entendidos miró de soslayo el pie de página y anotó: “4 de julio de 1991. Hora 1:15. Instancia inesperada”. Sabía que ya no podía confiar tanto en su memoria y podría ser que lo leído fuera alguno de los poemas enviados para el concurso anual que premiaban con diploma de honor y la edición en una Plaqueta, que era algo así como una página voladora de las tantas que se suelen entregar para difusión, pero con papel más grueso o quizás impresa en una cartulina satinada si por casualidad dispusieran de más recursos.

Se acercó el mozo, Sansón pidió un cortado, chico.

Estaba serio, como es su costumbre; mejor dicho, estaba más solemne que de costumbre. Dobló la página la guardó en el bolsillo del saco. Buscó en el bolsillo del pantalón otra página mientras decía:

-Ustedes sí que saben escuchar. Ya les leo otro escrito, por la fecha parece que fue hace diez años, en el día de los muertos. Son “Sentires”…

Todos se miraron sin animarse a hacer ni siquiera un gesto.

El bachiller Sansón Carrasco alisó el amarillento papel y empezó a leer: “Designio”. Después de una pausa casi obligada porque unos jóvenes hacían demasiado ruido en la galería, repitió “Designio” y siguió leyendo:

Yo sé que voy pisando

donde otros pisaron

y que hay sepulturas ancestrales

de sonrisas y esperanzas,

convertidas

con los siglos

en el polvo imperceptible

que en gramilla

ha florecido.

Yo sé que voy pisando

donde otros pisaron y me duele no verlos

pero me reconforta

el saber que los siento..

Y que yo también,

cuando acabe el concierto,

me alzaré con los vientos

y seré como fusa,

en el pentagrama de los surcos hambrientos.

Mientras Sansón Carrasco plegaba esa segunda página, el hombre de la libretita completó sus registros: “Designio – pensamiento o propósito del entendimiento, aceptado por la voluntad.” Estaba terminando de escribir lo que tantas veces había leído en el diccionario, cuando escuchó la grave voz del periodista-académico anunciando: “Un signo…”

Todos estaban alertas y sin hacer el mínimo gesto que pudiera ofender a don Carrasco. Ya sabrían si se trataba del Zodíaco, de algún cálculo o de una señal…

Sabían que cuando él aludía a Un signo… el asunto era significativo

En ese momento, ya su cofrade había dejado sobre la mesa su libretita y el bolígrafo por si era necesario anotar más claves.

Sansón, el solemne bachiller, leyó:

Un signo es esa grieta

sobre la tierra seca

en el antiguo jardín de nuestros sueños.

¿En qué espiral

de un furioso tornado

inesperado…

voló la última sonrisa?

¿Cuándo?…

si una lágrima piadosa

borró las señas

en la agenda de las emociones.

Hoy

en mitad de este sábado

retornó tu sonrisa.

Y me pregunto:

¿Llegó en el vuelo de una mariposa?

¿O se escapó del frutillar

mientras estaba distraído

el Jardinero?…

Convivo con las dudas

pero no desespero.

Una, una sola es la Respuesta

y más allá de la grieta…

puntual, espera.

1991.”

Se acercó el mozo para preguntar si necesitaban que les sirviera algo. Rápido, el hombre de corbata gris dibujó en la libretita un signo que parecía alfa, la primera letra del alfabeto griego. Era su clave y guardó todo en su bolsillo mientras sus compañeros buscaban el dinero para pagar lo consumido.

Sansón sonrió y dijo ¡gracias!…

Caminó sin apuro hasta la redacción del diario y llamó por teléfono a Teresa Cascajo. Saludó y empezó la conversación con dos palabras: ¡Misión cumplida!…

Don Carrasco sonreía, hasta que no pudo evitar la carcajada. iii

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Teresa Cascajo en la peluquería…

Han pasado ocho días desde que empezó Diciembre. En esta ciudad nombrada Santa Fe de la Vera Cruz, día a día el calor cumple su rito de ablandar el asfalto en las calles. El sol madura rápidamente los frutos; evapora el agua de los ríos y asegura nuevas lluvias.

En las viviendas del centro, resulta abrumador el monótono trabajo de lavar los platos o aspirar las alfombras. Las mujeres se sienten impulsadas a cambiar en algo; en lo más simple y accesible.

Siendo imposible romper con esas rutinas, se conforman con ir a la peluquería y modificar el largo de sus melenas. Aunque estén cortas, procurarán que sean más cortas todavía. Si tienen ondulación intentarán que luzcan más lacias; si son lacias pedirán rulos en leves movimientos. Otras seguirán indiferentes, usando trenzas o rodetes.

Teresa Cascajo -la mujer tallada, talada, tarada y tapada-, se levantó el 8 de diciembre -día de la Inmaculada Concepción- entusiasmada con la idea de renovarse un poco, aunque el espejo después seguiría reflejando una imagen semejante a la que en vano intentaba mejorar. Sus ojos brillaban menos, tenía más canas y la arrugada piel de sus manos era semejante a la arcilla reseca.

Los semáforos de la avenida Urquiza obligaban a estar alertas al cambio de las luces amarillas y rojas. En la intersección con Tucumán, una moderna construcción había reemplazado a la techumbre de zinc que en la década anterior había servido para proteger automóviles. La mujer rememoraba el intenso sonido de la intensa lluvia mientras ellos esperaban que cesara el chaparrón, porque después de dejar allí el auto tras la fatiga de otra jornada, para llegar al hogar era necesario recorrer tres cuadras, caminando con cuidado sobre veredas con baldosas flojas.

En el pequeño local, era suficiente que las peluqueras hablaran para que se las identificara como las españolas. Sin esfuerzo, la imaginación generó diferentes estampas: allí estaban las revistas Hola provocando a las lectoras, como ayer estuvieron también cerca de la tía Negrita. Había farolas sobre las paredes blancas y las aberturas lucían simétricos arcos. Los diálogos parecían monólogos: se conversaba sobre un tema y enseguida se aludía a otras situaciones.

La mujer esperaba y se sentía agobiada.

(Fue la última anécdota de Teresa Cascajo referida a sus vivencias

…en una peluquería.)

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Teresa Cascajo y sus cuentos…

Cuentan en la Cofradía de los Duendes que este texto fue difundido en el invierno de 1989 proponiendo a los lectores que enviaran sus dibujos: Así imagino a la hija y así imagino a la madre. Cuentan también que los primeros recibidos fueron obras de Natalia Maciel –colores, pastel- y de Lisandro Maciel -fibras-; hijos de Jorge, uno de los intérpretes del grupo folklórico musical Los del Brigadier y cuentan además, que colaboró en la difusión el periodista Jorge Meyer desde la Radio F.M. Juventud de Santa Fe de la Vera Cruz, Argentina…

Había una vez, una mujer que era delgada, delgada, delgada, tan delgada como un palito. Dicen que había sido muy castigada de niña, con cintos y con pataditas de un padre muy presumido, convencido de que nada había mejor para educar, que un cruel castigo.

Pasó el tiempo y la mujer adolescente tuvo una niña. Para lucir su cinturita, usaba ajustados cinturones y para proteger sus piecitos usaba elegantes zapatones, a veces chatitos, a veces con taquitos.

La mujer madre guardaba todos sus recuerdos en la computadora personal que tienen todos los seres humanos.

En esa computadora, a veces los datos se confunden y por error en la selección de la información, suelen estar agrupados delitos y virtudes, sin clara diferenciación. Por eso, también se producen equivocadas reacciones.

La mujer madre, a veces, cuando estaba resentida por algún gesto irracional de su padre, volvía a repetir las insólitas anécdotas de su infancia. Su madre, las justificaba porque la rebeldía debe ser combatida.

Algunos testigos silenciosos, guardaban en sus computadoras todos los datos.

No compartían esos criterios. Los castigos corporales, pueden lastimar el cuerpo, pero lo más grave es que dejan heridas incurables en los espíritus; intenciones de venganza frenadas sólo por la insoslayable dependencia. Es casi imposible actuar con violencia con los padres. También debiera ser así con respecto a los hijos ya que nada se corrige con una palmada, ni siquiera en una circunstancia extrema. Sí se acrecienta el rechazo; se generan rencores que pueden conmover hasta el límite del odio.

Cualquier golpe produce dolor en quien lo soporta físicamente y también en quien golpea y en consecuencia, la sensibilidad obliga a terminar de inmediato con esas lamentables y recíprocas ofensas. Sin embargo, pocos piensan que en esos signos que van conformando las personalidades y que estimulan las conductas de las nuevas generaciones. Es más fácil dejar abiertas las compuertas del egoísmo, de la incomprensión, de la ira, que decidirse a abrir las ventanas a la generación del amor. A veces, ni siquiera se comprende cómo es posible amar, y todo está supeditado a las propias satisfacciones, sin atender a la personal, íntima y esencial necesidad de ser amado -respetado como ser humano-, que es la base fundamental de toda relación.

En este punto, sirve una reflexión. Nadie puede dar lo que no posee. Es preciso primero amarse: nutrirse interiormente con sentimientos puros, para poder regalar gestos nobles. Lo físico, poco importa; es un continente visible, expuesto a mutilaciones en imprevistas situaciones. Lo importante es lo íntimo, lo contenido, sin desbordes

¡Volvamos a la mujer madre y a su hija!…

Pasó el tiempo, la niña fue creciendo y llegaron los hermanitos y como sucede en la mayoría de las familias desde el Paraíso, todos celebraban los nacimientos, y todos intentaban dejar sus semillas en la nueva dependencia.

Algunos sembraban robles, otros urticantes ortigas. Los árboles regalarían sus flores y sus frutos, serían pilar para los nidos; las plantitas rastreras, impedirían el andar sereno de los caminantes, peregrinos fugaces sobre el gastado planeta.

Se repitieron las historias, cambiaron los protagonistas. La mujer delgada, delgada, delgada, tan delgada como un palito, se sintió reina de su casa y decidió coronarse Reina de los Palos. Empezó por juntar todas sus armas: cinturones angostos, medianos y anchos; zapatillas con suela de goma o de cuero; zapatones agujereados y los exhibió orgullosa junto a su trono: una silla niquelada tan moderna como sus aros dorados.

Como todo lo resolvía en secreto -¡era muy reservada! en los asuntos que ella tramaba-, los habitantes del reino creyeron que sólo se trataba de ordenar todo lo desordenado. Mientras tanto, las rutinas seguían siendo rutinas: trabajo, comida, descanso, viajes cortos, gestos extraños; alguna mirada de soslayo o ¡alguna patada”… resabio de las primeras andanzas, en la niñez lejana.

Un día, como resultado de las fuerzas interiores que provocan las corrientes comunicativas, se produjo un cortocircuito en el complejo sistema. Estalló la ira. Gritos, llantos, saltos en los más pequeños. Cintazos, zapatazos, patadas en la mujer otrora apaleada quien casi sin tomar conciencia se flagelaba, se destruía.

Terminada la demencial afrenta, las miradas celestes parecían ser pupilas sin tiempo, confusas, sin esperanzas, sin sustento. Si la mamá se convertía en una humana fiera ¡que atroz sería la escuela… y el mundo!

Poco a poco, entre ellos se generalizó el rechazo a todo lo nuevo. Estaban acosados por el miedo. Sólo el miedo al castigo, al abandono, a la soledad, imponía el reclamo de su presencia, repetido mil veces por los más pequeños.

Poco a poco, ellos fueron creciendo, y aprendieron con otros ejemplos.

Les crecieron las alas de la seguridad en otros territorios que empezaron a ser los preferidos.

Poco a poco, la reina de la casa se fue quedando sola, sola, sola. Como la energía eléctrica resultaba demasiado cara y la televisión funcionaba sólo al atardecer, optó por leer viejos textos escolares. Hacía bastante tiempo que había empezado a comprender que escribía con muchísimos errores, que de matemáticas no recordaba ni siquiera las fórmulas y cálculos elementales y que cuando le corregía algo a sus niños, la maestra le bajaba la calificación, lo cual generaba discusiones que eran útiles para estimular sus siniestras convicciones impulsándola a otra exhibición de su poderío con repetidos vaivenes de sus propias armas.

En un viejo manual, leyó que desde 1813, por resolución de la Asamblea, habían sido quemados en la plaza pública todos los elementos de tortura. De inmediato se acordó de los que aparecieron luego, con otras formas pero con idéntica posibilidad de lesionar profundamente los ánimos y la dignidad de la persona humana.

En la historia, el suyo no era el único caso de persona golpeada por su padre. Ya lo había dicho el gigante poeta, refiriéndose a las reprimendas de su padre, y a la patria potestad que ya en 1989 es compartida por las madres, de acuerdo con la nueva legislación vigente… Había contado varias veces el pecoso Dalmacio, que su papá concebía a la autoridad “bajo un aspecto absolutamente real y ubicada en el cinto con que ajustaba sus pantalones”. Él también, cuando le aplicaban “un fuerte correazo”, lo soportaba “gallardamente”. En tales circunstancias, al niño poeta lo salvaba su madre que después de “otro fuerte castigo” se acercaba para decirle: “-¡Sos un bandido, un verdadero bandido!” mientras lo “ayudaba en ese trance tan desventurado”… Décadas después, el poeta hombre, al recordarlo insiste en que él, “no perdonaba los correazos”.

Ningún niño olvida, ni perdona lo violento, cuando es un ser en formación, indefenso. Lamentablemente, faltará otro siglo hasta que se quemen todos los nuevos elementos de tortura creados por el hombre, para satisfacción de sus ruines sentimientos de intolerancia y de odio, a veces insuficientemente enmascarados; por lo cual poco a poco se quiebran las lealtades y confianzas y sobreviene la disgregación ¡tan lamentable!…

Así terminó otro día.

La mujer casi palito, al corregir los cuadernos puso una hache en la palabra Ecología y retó a la mayor por su falta de atención al copiar del pizarrón. La hija que ya algo había aprendido de física, pensando que la masa y la energía de su bípeda madre era temible, recordando el rincón de las armas de castigo ante la mínima controversia, dejó la H muda, coqueta y orgullosa, posada sobre el renglón gris de su cuaderno. Al día siguiente, la derrotaría la X de una tachadura o la haría desaparecer la goma. Tal es el destino final de los signos intrusos cuando se aplican las reglas del idioma, ineludibles para alcanzar una comunicación precisa.

Al día siguiente, todos los alumnos de los primeros grados debieron dibujar una gomera, o una jaula, o un árbol o pájaros; elegir y tachar lo que simbolizara violencia y esclavitud. En el cuaderno de la mayor, además, habían propuesto que junto con los familiares y los amigos iniciaran una campaña para recolectar gomeras, tramperas y jaulas para destruirlas, con la promesa de no volvieran a ser construidas, para que el equilibrio de la Naturaleza no estuviera alterado por imprudencias, por violencias.

Al día siguiente, la mujer delgada, delgada, delgada, se levantó para llevar a los hijos menores a la escuela. La mayor ya se había ido, porque entraba una hora antes. Ella prefería aprovechar hasta el último minuto para dormir y así mantenerse con energía durante la jornada. Buscó un cinturón para sostener su pantalón pinzado, y no lo encontró. Buscó unas chatitas muy cómodas, que guardaba desde hacía tres años, y no las encontró. Solo halló sus botas grises y en el apuro, se las calzó y rápido salió, arreglándoles los rubios cabellos a sus hijitos mientras iban caminando. Al pasar hacia el jardín, vio desde los cristales de la puerta que comunicaba con el patio suroeste, un montículo con gomeras, jaulas de madera y metálicas, escopetas, rifles a aire comprimido y completando el multicolor montículo terrorífico, vio los cinturones y el calzado que había utilizado hasta entonces como atributos su autoridad en su reino, en el Reino de los Palos.

La mujer cuando se lo proponía, era muy diplomática, muy calladita, muy disimulada. Nada dijo en la escuela. Rápido se despidió del pequeñito con guardapolvo a cuadritos, y salió casi corriendo para evitar algún diálogo con las maestras. Ya aprendería la mayor, lo que era la autoridad materna cuando regresara a su casa. Usaría la escoba si era necesario, o el cinto nuevo del marido, el de la hermosa hebilla plateada.

Nadie se explica cómo, la mujer terminó hundida en un pozo. Algunos testigos dicen que estaba encendiendo el cigarrillo y no alcanzó a ver las losetas rotas; otros dicen que vieron una persona que desapareció de inmediato, que la había empujado para que se lastimara ¡tal vez por venganza!.. o por simple crueldad, inexplicable.

Lo real es que la llevaron en una ambulancia, y le tuvieron que enyesar las dos piernas. Durante treinta días estuvo así, haciendo reposo. Poco a poco empezó a aprender que no era tan fácil vivir sola, sola, sola y tuvo horas, horas y horas para meditar, ordenar e iluminar su dispersa mente. Cuando se encontró por primera vez con sus hijos en la casa, sintiéndose tan limitada sólo atino a abrazarlos y se le escaparon algunas lágrimas.

La mayor le contó todo lo que habían hecho en la escuela, evocando a San Francisco de Asís, Protector de la Ecología. Dijo que sólo dos nenes habían llevado zapatos y cinturones: el que vive en el tercer piso que tiene un perro grande, grande y que no quiere ver más a su papá pegándole y ella, que ¡por amor! Había decidido alejar de la vista de sus familiares esos casi tradicionales objetos de martirio y sufrimiento.

Cuando a la accidentada mujer le quitaron el yeso, el médico le recomendó no pararse en punta de pies, ni usar tacos muy altos; ni patear, ni siquiera una liviana esfera de telgopor hasta el resto de su vida, porque además de las lesiones por la caída, era evidente que existían secuelas de violentas acciones anteriores.

Todo empezaría a ser diferente: desde el caminar lentamente hasta el pensar profundamente. El primer día que la mujer volvió a quedarse sola porque la abuela llevó a pasear a sus nietos por el parque del sur, un grito alertó a los vecinos que se acercaron a la casa sin poder entrar porque estaban las puertas y las ventanas cerradas. A pesar del silencio posterior, los vecinos le avisaron al marido que era necesaria su presencia y le comentaron que los chicos habían salido con la abuela y su mujer se había quedado sola y había conmovido con un desgarrante alarido. Enseguida llegó el esposo con un médico y un amigo. La mujer estaba inmóvil, con un ritmo cardíaco normal, con visión clara, pero no podía hablar por al rigidez generalizada. El médico proyectaba el traslado a una clínica. Aturdido, el marido procuraba colocar en su lugar algunas prendas, cuando observaron que la mujer movía los párpados y los ojos, siguiendo el recorrido del brazo de su marido que trasladaba hasta el ropero, su nuevo cinto con la hermosa hebilla plateada…

Apenas el hombre cerró la puerta del mueble, la mujer recobró todos los movimientos. Llorando hablaba y era difícil entender lo que expresaba. Con voz entrecortada, le pedía que se quedara con ella, que no podía estar sola. Sentía que su conciencia le reprochaba toda la violencia que había descargado en sus débiles niños. Sabía que la abuela acostumbraba a llevarlos a plazas, a iglesias y que habían estado hablando de ir al Convento de San Francisco. El médico la volvió a revistar y dijo que podía ser una reacción sicosomática, que no le impediría ambular y optó por sugerirle a su esposo que la llevara a caminar por la avenida hasta el parque donde podría distraerse mirando el lago.

Así fue como en aquel lugar se encontraron también con la mujer de las cientos de arrugas, con los niños de las miles de anécdotas. Superada la primera sorpresa, todos entraron a la iglesia y miraron hacia lo alto, donde la techumbre de madera revelaba el trabajo de los artesanos aborígenes. Las imágenes de los Santos orientaban hacia lo Alto.

En silencio se produjo la transformación, igual que sucede con los árboles cuando en el invierno se preparan para la floración en la cercana primavera.

A partir de ese año, la celebración del día de la madre, en esa familia franciscana, sería diferente. Las libretas de calificaciones de los chicos tenían notas destacadas; los cuadernos, cada día acumulaban menos errores. Habían guardado la antigua foto del abuelo como recuerdo de un tiempo que era mejor olvidar. La mujer que parecía un palito, sólo usaba cinturones de tela y los zapatos, sólo para caminar. No pensaba ni siquiera en usarlos para matar una cucaracha o un grillo.

La Reina de los Palos se despojó de su inútil corona, y sus hijos aunque eran pequeños, entendían todo lo que sucedía. Quedó sólo como un recuerdo oscuro, el eco de los castigos y de los lamentos. Se inició una armoniosa relación que fue consolidando los primeros puntos de contacto familiar, firmes por la solidaridad y la tolerancia.

La Navidad de ese año, también fue una fiesta diferente. Celebraban el nacimiento de una nueva convivencia. La civilización del amor avanzaba, avanzaba, avanzaba… y desde el sur crecían las multitudes fraternales.

En actitud provocativa, alguien colgó del árbol de Navidad un cinto con una hermosa hebilla plateada, destinado a la mujer delgada, delgada, delgada. En armonía con su espíritu, la mujer sonrió, agradeció y salió con el bello regalo ciñendo su cintura.

Pocos habían sido quienes interpretaron las claves de aquel misterioso alarido y comprendieron el mensaje del último desafío.

La abuela, nada decía, pero hacía mucho tiempo que ella sólo regalaba perfumes, volátiles, volátiles…

Cuando volvió a San Francisco, encontró colgado al costado del exhibidor de las ofrendas, el legendario cinto del misterioso efecto, que ella reconoció porque lo había elegido entre otros muy hermosos, con nuevo estilo, para que lo luciera su hijo en el día del padre. Guardó el secreto.

Así termina esta historia, mitad cuento, mitad parodia…

Breve relato para la gente que ama, para quienes siguen empecinados en aborrecer..

Santa Fe de la Vera Cruz, Argentina, 15 de julio de 1989.

Día de San Buenaventura.

Teresa Cascajo.

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Teresa Cascajo y sus apuntes…

La inquieta e inquietante Teresa Cascajo del litoral santafesino después de años de escuchar refranes que habían reiterado El Quijote y Sancho Panza, , también necesitó aprender a escribir y a leer. Tiempo después, en papeles sueltos dejó diversas señales y algunas claves acerca de la conducta de los hombres, en el continente que los españoles empezaron a explorar a partir del 12 de octubre de 1492.

Algunos son prácticamente indescifrables, porque son registros taquigráficos en el sistema difundido desde Buenos Aires por el talentoso Ramón Columba, taquígrafo de la Comisión Nacional del Centenario (1910); de la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires (1907-1930); director del Servicio Taquigráfico de la alta Comisión Internacional de Legislación Uniforme, reunida en Buenos Aires en 1916; profesor en varios institutos bonaerenses; Director del Cuerpo de Taquígrafos del Senado de la Nación de 1927 a 1946. 1

Otros, tienen signos del sistema Larralde aprendido en la sede de la Legislatura, en las clases organizadas durante un prolongado receso impuesto por el gobierno de facto y desarrolladas por el taquígrafo Carrizo, también egresado de la Escuela Provincial Primaria Nº 1 “Domingo Faustino Sarmiento”, en 1945… 2

Teresa Cascajo durante su permanencia cerca del río Paraná, necesitó seguir aprendiendo y así fue primero dejó la máquina de escribir portátil Continental, empezó a usar la Lexikon 80; después en otra portátil: la Olivetti verde -como ella la nombraba- hasta que su amado amante la sorprendió con una IBM, con bochitas, cinta impresora y de borrar¡Casi, lo máximo!

En el otoño de 1991, su amado amante llegó con su tocayo Eduardo Nardi y los nuevos equipos informáticos. Desde entonces, la incorregible Teresa -no santa- sigue anotando en cualquiera hoja, preferentemente en las que ya tienen impresiones en un lado; o acumula documentos en distintos soportes técnicos: primero en WS1, después en windows, en word… A medida que avanzaba, comprendía la importancia del idioma castellano y la creciente competitividad del inglés3

Entre tanto archivo ordenado -o desordenado…-, Teresa Cascajo organizó algunos apuntes en torno a las Efemérides Nacionales, en adhesión al Décimo Aniversario de la Convención reformadora de la Constitución Nacional reunida en 1994 en Santa Fe de la Vera Cruz, “corazón legal de la República” como afirmó Gastón Gori antes de señalar la dirección de los seis caminos

Aquí, casi por la magia de los duendes, es posible reiterar una parte de lo que está escrito en aquellos laberínticos apuntes:

1994: Humor convencional…

A manera de prólogo…

El convencional justicialista César Arias, durante el desarrollo de la cuarta sesión plenaria reconoció que en la Convención… “hemos escuchado las cuestiones más diversas. Desde cuentos, no con el gracejo y picardía de los clásicos cuentos de gallegos, sino de un nuevo género, el de los cuentos turcos, hasta una larga exposición sobre los defectos y frustraciones de la ley de educación. La verdad es que si fuésemos a juzgar por sus frutos, los diagnósticos sobre las deficiencias de nuestra educación fueron puestos en evidencia en el recinto. Advertíamos con sorpresa y dolor cómo algunos legisladores transgredían el reglamento, pero lo que nos producía reacciones de carácter emotivo era ver la dificultad que tenían para expresar los textos escritos, pues tropezaban con las palabras y tenían serias deficiencias en su lectura.”

A la hora de los bifes…

La escasa asistencia, motivó al convencional tucumano Bava para expresar: “Aquí se habla de cultura del trabajo y, por cierto, la cultura del trabajo significa, a mi modo de ver, la presencia en las bancas.” Esto nos está indicando una grave contradicción entre el mandato que nos ha dado el pueblo de la Nación y la actitud real, concreta, ‘a la hora de los bifes’. Por eso, señor presidente, ‘no debemos pedirle peras al olmo’. Discrepo, en este caso, con el doctor…”

Durante la sesión plenaria del 3 de junio, dijo el convencional Bava: “Según las noticias que tengo, prácticamente el 80 por ciento de los señores convencionales ya habrían abandonado la ciudad de Santa Fe”, después de escuchar a varios convencionales -entre ellos el doctor Ricardo Raúl Alfonsín-, quien había expresado argumentos justificativos.

A la suerte de los dados…

En discusión el proyecto de Reglamento, el convencional Kesselman manifestó estar preocupado por esos temas, y que esperaba… “esto no es una humorada, que si no hay manera de desempatar o de destrabar este tema de saber cómo se interpreta el ‘silencio’, no sea resuelto por los señores del Pacto como las sentencias que sacaba el juez Cricoche en Gargantúa y Pantagruel, de Rabelais, a la suerte de los dados.”

Preocupación del convencional Kesselman en la 4a.sesión plenaria, 02 de junio.

Teresa Cascajo después de esa lectura y escritura, se acercó a la biblioteca del “cuartito verde” y retiró los dos tomos de la “Biblioteca Básica Fundamental” ya con las hojas amarillentas, edición de julio de 1969, días después de “la hazaña de la humanidad” cuando el 20 de junio “fue tocada la luna / la que no tenía pecado ni mancha / como expresó la poética mujer tallada tras ver por televisión cómo el hombre se posaba sobre ese satélite…

Teresa Cascajo releyó un párrafo del prólogo: “…vosotros, mis buenos discípulos, y algunos otros locos desocupados, al leer los alegres títulos de algunos libros de nuestra invención, como Gargantía, Pantagruel, Fessepinte, La dignidad de las braguetas, Guisantes con tocino cum commento, etc. no juzguéis fácilmente que en ellos no se trata más que de burlas, locuras y mentiras alegres, en vista de que la señal exterior (es decir, el título), sin averiguar mas, induce a irrisión y burlonería. No conviene estimar con tal ligereza las obras humanas, pues vosotros mismos decís que el hábito no hace al monje, y los hay vestidos con hábito monacal que tienen de todo menos de monjes; como los hay envueltos en una capa española, y por su valor lo que menos recuerdan es España”…

Teresa Cascajo avanzó hasta el capítulo sexto y leyó: “…Nuestro Salvador dice en el Evangelio de San Juan, dieciséis: ‘La mujer, en la hora del parto, siente tristeza; pero después que ha dado a luz, ningún recuerdo conserva de su angustia”. En ese relato acerca del nacimiento de Gargantúa, el talentoso Rabelais destacó que “al nacer, no gritó como otros niños: ‘¡Mi! ¡Mi! ¡Mi! Sino que gritó en voz alta: ¡A beber! ¡A beber! ¡A beber! Como invitando a todo el mundo”… Después, cuenta que los vistieron con una librea “blanca y azul”… porque “con ellos su padre quiso presentarlo como una joya celestial, porque lo blanco significaba para él alegría, placeres, delicias y regocijos, y lo azul, cosas celestiales. Tengo para mí que al leer estas palabras os burlaréis del viejo bebedor, y diréis acaso que esta interpretación de los colores es impropia y antipática, puesto que lo blanco significa fe y lo azul firmeza; pero sin inquietaros, sin alteraros, sin enfadaros ni acaloraros (porque los tiempos son peligrosos), haced hace el favor de contestarme… ¿Quién os dice que blanco significa fe y azul firmeza? Un libro, diréis, muy poco conocido, que venden los baratijeros y buhoneros con el título de El blasón de los colores… iv

Miró lo escrito en sucesivos capítulos y se detuvo en el trigésimo cuarto, releyó la recomendación en el último párrafo: “Y si deseáis ser buenos Pantagruelitos, esto es, vivir en pleno gozo, salud y tener siempre gran tranquilidad, jamás os fiéis de las gentes que miran por un agujero”…

Teresa Cascajo en otra dis-tracción, imaginó la bandera argentina azul celeste y blanca -si no está desteñida y parece agrisada-, flameando cerca del recinto de la Universidad Nacional del Litoral, donde deliberaban algunos convencionales…

¿Adolescentes… autorizando la rabona?

“…Me llama la atención el artículo 40, relacionado con el quórum, como si los que tenemos el alto honor de participar en esta Convención nos diéramos a nosotros mismos la posibilidad del ausente. ¿Somos alumnos secundarios en plena edad adolescente que nos estamos autorizando la rabona?”

Convencional Achem de Cruzada Renovadora de San Juan, 4a.sesión plenaria, 02 de junio.

Cuando uno escupe para arriba…

Con el propósito de aclarar que no opinó en forma peyorativa, el convencional Aldo Rico del MODIN, aclaró que “a los nombres que el convencional Cafiero dio con respecto a algunos funcionarios del Proceso que tiene este Gobierno, podríamos agregar el del propio Presidente de esta Convención Nacional Constituyente”… advirtiendo que “hay que tener mucho cuidado. Yo también voy a terminar con una expresión bien criolla: ‘Cuando uno escupe para arriba, a veces le cae la escupida en la boca’.”

De demonios…

“No es nuestra máxima aquélla que decía ‘A los demonios no les des razón aunque digan verdad’.”

Expresado por el convencional salteño Giacosa durante la sesión plenaria del 02-06-94

Las perdices le tiran a las escopetas…”

Manifestó el convencional Ponce de León: “…Aquí pareciera que ‘las perdices le tiran a las escopetas’…”

Advirtiendo: “Hay una inversión moral y ética que no vamos a permitir que se nos cuestione. ¿Quiénes nos vienen a hablar desde el monopolio de la moral y de la ética? No falsificamos la historia, la falsificación ella está referida al odio, es producto de este sentimiento, como decía aquel genio de la ciencia político y social Don Arturo Jauretche, que en el mismo día de inaugurarse esta Convención Nacional, se cumplió un nuevo aniversario de su fallecimiento. Fue precursor del pensamiento de muchos jóvenes de nuestra generación. Pero no son ellos, ‘los profetas del odio’, los que nos van a decir a nosotros, cómo se construye la Historia del siglo 21, no tienen ni argumentos políticos…”

Expresado durante la reunión de la Comisión de Poderes, Reglamento y Peticiones, 27-05-94.

León Felipe, “poeta popular”…

El convencional Serra de acuerdo a la versión taquigráfica-, expresó que la pregunta de un obrero acerca de si se había tratado el tema de los “sueldos”, lo impulsó a “buscar un librito que no es de un gran pensador sino de un poeta popular: León Felipe y manifestó que “con el permiso de la Presidencia, leeré unos versos que él ha escrito ya que, como no me dedico mucho a la poesía, no los recuerdo de memoria. Dicen así: ‘Yo no sé muchas cosas, es verdad. / Digo tan solo lo que he visto. / Y he visto: / -Que la cuna del hombre la mecen los cuentos / -Que los gestos de la angustia del hombre los ahogan los cuentos / -Que el llanto del hombre lo taponan los cuentos… / -Que los huesos del hombre los entierran con cuentos… / -Y que el miedo del hombre ha inventado todos los cuentos… / Yo sé muy pocas cosas, es verdad, / Pero me han dormido con todos los cuentos… / Y sé todos los cuentos’.” Destacó: “Esta poesía popular habla mucho de todas las muertes de los argentinos y de todos los cuentos, principalmente, que ese pueblo sufriente tuvo que soportar”.

El convencional Serra produjo esa aproximación a la literatura española, durante la 5ª sesión plenaria, el 3 de junio. Es oportuno decir que León Felipe nació en Madrid en 1884 y su verdadero nombre es León Felipe Camino. Finalizada la guerra civil española se exilió en México donde murió en 1968. Aparentemente, quienes escuchaban ese discurso conociendo la realidad, habrían coincidido en que “hay cuentos que son historia” e “historias de puro cuento…” La poesía, así como “hay versos que son proyectos” y “proyectos puro verso…”, como lo difundieron las “cantares de la tacuarita” en Santa Fe de la Vera Cruz, en 1986… con resonancia en las proximidades de la Plata Italia, frente a la Legislatura de la Provincia de Santa Fe y al Museo de Bellas Artes “Rosa Galisteo de Rodríguez”.

(Ah… ¡si hablaran las paredes pintadas con dibujos de árboles y personajes infantiles por un casi legendario sacerdote!… en el departamento ubicado en la calle del Pacto -del 4 de enero de 1831-, casi al llegar a la que evocó a Humberto 1º -Humberto primo- hasta que cambiaron ese nombre por el de Boulogne Sur Mer -evocación del lugar donde inició su Último Vuelo el exiliado General José de San Martín- y actualmente, reconocida como Hipólito Irigoyen como homenaje al presidente de la Nación Argentina durante dos períodos, destituido por el movimiento cívico militar del 6 de septiembre de 1930…

Tal vez indicarían que uno es el Camino hacia la Verdad y son insoslayables los signos de la Fe, de la Esperanza y de la Caridad…)

Nenes… entre “meta” y “meta”…

“¿Creerá el convencional que aquí todos somos nenes de pecho? Como decía un amigo español, ‘tu meta decir y yo meta creer’.”

Convencional Achem de Cruzada Renovadora de San Juan, 4ª. sesión plenaria, 02 de junio.

Me voy a transformar en un ángel…

“Durante esta noche, cuando me acueste me pueden salir alas, y que entonces mañana, me voy a transformar en un ángel.”

De la convencional Marta Martino de Rubeo, ante las manifestaciones del convencional Vásquez del MODIN, por entenderlas como “el desarrollo de la fantasía”, teniendo en cuenta que “el señor convencional por la Capital, que además es abogado, se plantea una de las posibles causales de nulidad de esta Convención y se pregunta qué pasaría si en este momento el Congreso de la Nación dictara otra ley declarando la necesidad de otra reforma y convocando a otra Convención Constituyente. Evidentemente sabemos que eso es imposible… Entonces, no puedo tomar en cuenta una fantasía como elemento para suponer la nulidad de esta Convención, porque también podría decir que durante esta noche cuando me acueste me pueden salir alas, y que entonces mañana me voy a transformar en un ángel”. Durante la 4ª sesión plenaria del 02 de junio.

Moral… abierta

“Un amigo mío -y pido perdón por la humorada- sabía decir que a algunos les gustaba practicar moral con la bragueta abierta.”

Manifestado por el convencional Oraldo Britos durante la sesión plenaria del 02 de junio. En respuesta a lo expresado por el convencional tucumano Iriarte, de Fuerza Renovadora dijo: “Pero que tenga en cuenta que se ha podido expresar en este recinto, y que lo podrá seguir haciendo. Que no tenga miedo porque lo que surja de aquí no va a ser para aplicar una mordaza ni para generar violencia. No va a ver nunca desaparecer compañeros en Tucumán como los he visto desaparecer yo.”Un amigo mío -y pido perdón por la humorada- sabía decir que a algunos les gustaba practicar moral con la bragueta abierta.”

Ñato, no nato” y “año, no ano”…

“La letra ñ no ha sido suprimida”. “El señor convencional Rico se seguirá llamando ‘Ñato’ y no ‘Nato’. El año seguirá siendo año y no será ano”.

Expresado por el convencional Bassani en la 4ta. reunión plenaria, el 02 de junio. El convencional Vásquez, “…abogado desde hace 44 años” manifestó que al leer el reglamento se debe acudir obviamente a la Ley 24309. “Recurro entonces a la ley -porque no soy un ‘fantasma’ sino ‘un ser humano con cuerpo y alma’- y advierto que en el citado artículo figura un punto Ñ. Cierto es que se trata de una letra que entiendo que ha sido suprimida hace poco por la Real Academia Española, pero nosotros todavía la utilizamos”. En posterior intervención el convencional Bassani recordó que las letras suprimidas son: “ch” -o “Ch”-, por incorporación de las palabras que empiecen con ese sonido, en el orden alfabético correspondiente a la letra “C” seguida de “h” y las vocales y consonantes pertinentes y “ll” “Ll”.

Ni aunque vengan degollando…”

El convencional Ponce de León, refiriéndose al Pacto dijo: “Este compromiso que en blanco y negro, firman en Olivos Alfonsín y Menem, este compromiso del 10 de abril, lo vamos a hacer valer. No habrá amenazas ni de la historia ni de las ‘horcas’ que nos saque de nuestro camino, ni por la cita a la escuela de Viena, porque, como decían nuestros paisanos, no nos vamos a apartar de la huella ‘ni aunque vengan degollando’.”

Reunión de la Comisión de Poderes, Reglamento y Peticiones. 27-05-94

El tejer de una araña…

“…Todos hicimos un profundo silencio en esta sala… Me animo a decir que se podría haber sentido hasta el tejer de una araña.”

Manifestado en la 4ª sesión plenaria, el 02 de junio, por el convencional catamarqueño Moreno, al reconocer que se habían “escuchado brillantes exposiciones de profesores del derecho, de maestros de las ciencias jurídicas, como las de los convencionales López de Zavalía, Cullen, Barcesat, Ortiz Pellegrini, Orsi, Barra, Quiroga Lavié, Parente y, fundamentalmente, la de la convencional Carrió, de la provincia del Chaco. En este caso, me animaría a expresar que fueron tan sabias, brillantes y prolijas las palabras de la doctora Carrió que para escucharla, todos hicimos un profundo silencio en esta sala no sólo los convencionales, sino también el público. Me animo a decir que se podría haber sentido hasta el tejer de una araña.”

Teresa Cascajo, debajo de ese registro anotó:

araña = tarántula

maraña = farándula…

¿Qué significarían tales… aparentes igualdades?

Tal vez en otro sitio sea posible hallar más señales y más claves sobre la historia de los argentinos, que como dijera Ortega y Gasset, tienen el privilegio de ser nombrados con diez letras que también forman la palabra ignorantes

Quizás entonces, se comprenda algo más de lo que Teresa Cascajo intentó expresar con tesón, a pesar de su limitada capacidad…

Por algo, ella luego transcribió el extenso poema de León Felipe, tantas veces interpretado por la generosa y perseverante Myriam Morcillo…

Sabía que no fueron los gestos sino “los gritos de angustia del hombre” los que percibió el poeta español.

Tampoco don Felipe había escrito aquello mal copiado: -Que el llanto del hombre lo taponan los cuentos… porque lo editado es: “Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos…”

Sabía también Teresa Cascajo que fragmentar o recortar es sinónimo de mutilar, de amputar… y que en la era de los implantes y de los trasplantes; de la cibernética y de la aceleración en las comunicaciones, es necesario evitar excesivas simplificaciones.

Por eso, tal vez… había reiterado el extenso y contundente poema:

Un signo… ¡quiero un signo!

I

No me contéis más cuentos

Ya se han contado todos.

Todos se han dicho y se han escrito.

Y todos se han ovillado y archivado.

Los ha contado el viejo patriarca,

los han contado el coro y la nodriza,

los ha dicho un idiota, lleno de estrépito y de furia,

se han grabado en la ventana y en la rueda

y se han guardado en cajas fuertes las matrices.

Hay réplicas exactas de todas las tragedias,

Discos fonográficos de todas las salmodias,

y placas fotográficas de todos los naufragios.

Ningún cuento se ha perdido. Estad tranquilos.

Se sabe que el poema es una crónica,

que la crónica es un mito,

la Historia una serpiente que se muerde la fábula

y el poeta doméstico el cronista del Rey y el Arzobispo

el narrador de cuentos.

Todos se han registrado.

Y todos están vivos todavía. Ahí pasa el pregonero:

¡Cuentos!…¡Cuentos!…¡Cuentos!…”

Es aquel viejo vendedor de sombras y de risas

que ahora pregona cuentos.

Pero yo no quiero cuentos…

No me contéis más cuentos.

II

todos los cuentos

Yo no sé muchas cosas, es verdad.

Digo tan solo lo que he visto.

Y he visto:

Que la cuna del hombre la mecen con cuentos…

Que los gritos de angustia del hombre los ahogan con cuentos…

Que el llanto del hombre lo taponan con cuentos…

Que los huesos del hombre los entierran con cuentos…

Y que el miedo del hombre…

ha inventado todos los cuentos.

Yo sé muy pocas cosas, es verdad.

Pero me han dormido con todos los cuentos…

Y sé todos los cuentos.

III

El dulce cuento de la rosquilla

Contar es enumerar y referir.

Tú cuentas: uno, dos, tres…

Él cuenta: un cuento, dos cuentos, tres cuentos…

Cuentas… cuentos… ¡Todos sabéis contar!

Pero al final de cuentas sólo contáis un cuento:

el dulce cuento de la rosquilla nada más!

Porque la serpiente se chupa el caramelo de la cola

y se lo chupa el Hijo Pródigo…

y el último caballero del Graal…

y el miedo y el feto y la impotencia…

y la voluntad desmayada del capitel barroco y aplastado de la Catedral

y el vendaje diamantino de la momia…

y el del sudario primero de Lázaro -primero y provisional-;

y la cinta dorada de la gorra…

y la hebilla de la espuela…

y el cíngulo de nieve y de sal

de la mujer de Lot, y el rosario…

y el balduque del legajo revolucionario y constitucional…

y la cincha anillada de onzas y de balas

que ornamenta y sostiene el heroico vientre satisfecho del General…

y la ciega mula democrática,

y el toro fugitivo y fogueado que volverá a dormir en el corral,

y la antigua muralla de la China

y la nueva ciudadela del Kremlin…

y la gran estola cuaresmal…

Y la escalera se lo chupa también: (los que bajaron subirán y los que subieron volverán a bajar).

IV

Trampas

Trampas de redes y lazos

son los cuentos

con los que me ovillan a la tierra

y con los que me cercan en el tiempo;

o un estanque…

o un espejo

donde yo me repito

y me reflejo.

Romped,

romped todos los cuentos

que no quiero verme

en el tiempo

ni en la tierra

ni en el agua sujeto.

V

Contadme un sueño

Ahora estoy de regreso, he llegado hace poco,

soy nuevo en la ciudad.. y esto quiero decir:

Me durmieron con un cuento…

Y me he despertado con un sueño.

Voy a contar mi sueño, narradores de cuentos.

Voy a contar mi sueño.

Es un sueño sin lazos sin espejos,

sin anillos,

sin redes,

sin trampas…

y sin miedo.

VI

Oíd

sobre este gran ovillo devanado con baba,

sobre la estela verde que segregó el gusano,

sobre el sudor oscuro que vertieron sus glándulas,

sobre su llanto ciego de semilla y de feto,

sobre los restos de su capullo y su sarcófago,

sobre la ganga adámica de su morada mística,

sobre el cascarón roto de su bóveda abierta

y sobre los escombros de su Iglesia podrida

levantaremos un día nuestra casa,

nuestra ciudad y nuestro vuelo.

¡Dios nos guía!

Porque el gusano no es cuento, narradores de cuentos,

es un signo… un sueño…

un sueño alegre que empezamos a descifrar.

VII

Quiero Sueño

No me contéis más cuentos.

Contad

y recontadme este sueño.

Romped,

rompedme los espejos,

deshacedme los estanques,

los lazos,

los anillos,

los cercos,

las redes,

las trampas

y todos los caminos paralelos.

Que no quiero,

que no quiero,

que no quiero,

que me arrullen con cuentos;

que no quiero,

que no quiero,

que no quiero,

que no quiero que me sellen la boca y los ojos con cuentos;

que no quiero,

que no quiero,

que no quiero,

que no quiero que me entierren con cuentos;

que no quiero,

que no quiero,

que no quiero,

que no quiero verme clavado en el tiempo,

que no quiero verme en el agua,

que no quiero verme en la tierra tampoco,

que no quiero verme a su ovillo como un hilo de baba sujeto…

Quiero verme en el viento,

quiero verme en el viento,

quiero verme en el viento,

quiero verme en el viento.

Soñé… ¡Sueño!…

No soy un cuento.

Vengo de más lejos…

¡Soy y vengo del sueño!

Y digo que soñar es querer, querer, querer, querer, querer…

querer escaparse del espejo,

querer desenredarse del ovillo,

querer descoyuntarse de la dulce rosquilla de los cuentos,

querer desenvolverse… prolongarse…

Soñar es decir 4 veces,

44 veces

4.444 veces, por ejemplo:

yo no quiero,

yo no quiero,

yo no quiero,

yo no quiero,

verme en el tiempo

ni en la tierra ni en el agua sujeto;

quiero verme en el viento,

quiero verme en el viento,

quiero verme en el viento,

quiero verme en el viento.

Quiere el hilo,

sueña el hilo en la espadera,

sueña el hilo

que saldrá algún día…

¡un buen día!

hecho manto

del telar”

Lo que pasó bajo la curva de los cielos

se prolonga bajo los huesos de mi cráneo.

(¡Hay algo nuevo bajo el sol!)

Lo que soñé en la tierra y en el vientre fecundado de mi madre

lo sigo aquí ahora sobre la piedra oscura de mi almohada.

¡Fui semilla que quiso ser espiga

y soy espiga que sueña en ser pan ázimo!

VIII

El gusano

Soy gusano que sueña… ¡que quiere!

-Contaré el sueño del gusano.

Narradores de cuentos, el gusano

no se chupa el caramelo de la cola. No es un cuento.

Es un sueño que camina.

Repta.

Y deja sobre la hierba oscura

una secreción viscosa… y fosforescente;

un hilo glutinoso… y lumínico

¡lumínico! La baba es una estela. Anotad esto bien.

Cavad aquí para marcar una señal,

clavad aquí una estaca, aquí, aquí;

que aquí sobre esta tierra… sobre la Tierra,

quiero, ¡quiero!… sueño… ¡sueño!

¡Soy gusano que sueña… y sueño…

verme un día, volando en el viento. 4

Adiós… ¡A Dios!…

…dijo, sin decir, Teresa Cascajo…

mientras observaba el vuelo de la mariposa

y percibía que un suspiro

se escapaba con la brisa…

………………………………………………………………………………………………………………………

Teresa Cascajo y sus alucinaciones…

Cerca del río, terminaba Teresa sus diarios y se acercaba al rincón donde la sombra del jacarandá se prolongaba hacia el ocaso. Sentada en la baja silla blanca, no hablaba. Miraba hacia el cerco de ligustrina, seguía con la mirada el vuelo del hornero…

Veía a los niños que regresaban de la escuela cercana a la ruta once pero ya no los saludaba. Parecía estar y no estar, al mismo tiempo.

Después, repetía los mismos versos como si fueran letanías.

Dunas de arena.

De amarilla arena.

Entrechocadas dunas.

Dunas de niebla.” v

Entre quienes la conocían, comentaban que desde joven acostumbraba a recordar fechas, nombres y hechos. Algunos, también sabían que había dicho que no sabía si la memoria era un premio o un castigo.

………………………………………………………………………………………………………………………

En lo alto, Venus, puntual, señalaba otro equilibrio, otra armonía.

Mientras tanto, Teresa Cascajo seguía sentaba cerca del sendero ahora cubierto con cuadradas lajas. Estaba casi sola… porque seguían acompañándola imágenes de otro tiempo y palabras sin tiempo.

Ella repetía con monotonía:

A solas, en medio del vendaval del tiempo no estoy sola.

Van y vienen errantes como nubes,

sumisos al capricho de la luz, a las oscilaciones de la fe y la duda,

pero al final se imponen, lo mismo que una música o un destello lunar, invadiendo mis ojos, mi nublada cabeza, desde la extraña, oscura, vertiginosa rotación del tiempo.

¿Son recuerdos, o sombras, o visiones? ¿Espíritus, acaso?

Los siento agazapados, dispersos en el fondo de todos los rincones, para rehacerse desde algún perfume, una ráfaga, el eco de unos pasos,

Mientras aumenta el frío en mis rodillas.

¿Quién? ¿quién? ¿quién? …” vi

Con lento trote, por la calle Panamá hacia el norte, avanzaba el viejo caballo y el jinete sin detenerse miró a la mujer que tarde tras tarde en cualquier estación del año, repetía algunos movimientos y hermosos versos. Cerca del portón de hierro forjado, ladraban los flacos perros. Los patos con su original concierto se despedían mientras avanzaban hacia la isla.

En ese momento, Teresa Cascajo miraba hacia el sureste, miraba simplemente, poco veía. Un murmullo señalaba otro rumbo:

Andar caminos,

es decirle sí a las miserias

descubiertas en los ojos aniñados

de una islera analfabeta.

Andar caminos,

es decirle no a las teorías

que eclipsan las verdades cotidianas

con promesas aisladas.

Andar caminos,

es recorrer la geografía del mendigo,

de sol a sol, luchar bravío;

aferrarse al buen amigo,

tener a Dios como Testigo

y dueño de un Destino.”

Se levantaba lentamente, cargaba la pequeña silla y la dejaba debajo de la amplia galería, mientras decía:

“Y ese percibir la realidad, implica una necesidad de vivir, contemplando, sintiendo, palpitando, vibrando, sin prisa… y al vivir esa realidad, le crecen alas a las palabras para que vuele el poema…” vii

Teresa Cascajo, ya despidiéndose de otra jornada, iba hacia el lugar donde seguía creciendo el rosal a pesar del acoso de las hormigas. Allí florecía el lozano juvenil y la gramilla, no sólo cubría el húmedo suelo.

Teresa Cascajo retiró unas hojas secas y como si estuviera rezando ante un altar, murmuraba:

Ven a buscarme,

la espera me consume,

las noches son tristes y vacías.” viii

Suspiró Teresa… y nunca se sabrá por qué, rozó sus mejillas con la mano derecha y apoyados sus rugosos dedos sobre los labios, siguió caminando lentamente.

Cruzó la puerta con la blanca silla que durante el siglo anterior había servido para que descansara su amada abuela materna.

Más que un mueble, más que un tesoro, era un símbolo…

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Teresa Cascajo llegó a… “El Paraíso”…

Cuenta Teresa Cascajo que le parece casi un sueño aquel tiempo de Semana Santa o de vacaciones invernales, cuando con el perseverante escudero llegaban hasta el legendario Pinar del Río, en Capilla del Monte.

Desde allí, era frecuente ir a La Cumbre -el lugar donde los guías de turismo destacaban que vivían familias de la “alta sociedad porteña”. Después de varias curvas por la ruta, se advertían las construcciones en Cruz Grande y en Cruz Chica

También era posible pasar por la capilla del recordado y generoso Cura Brochero y recuerda Teresa Cascajo que durante aquellas excursiones, además de mirar el bellísimo paisaje también observaban a los grupos de personas, algunos entusiastas jóvenes con mochilas sobre la espalda.

Contaba Teresa Cascajo que cuando pasaron por los Cocos, le habían señalado una enorme finca construida casi a principios del siglo veinte. Como sucede en cualquier lugar donde hay árboles cercanos, al atardecer desde aquellos perfumados paraísos se expandía el concierto de los pájaros. Ella insistía en que no podía imaginarse cómo serían las esculturas, ni las imágenes que reflejarían aquellos espejos que aumentaban o disminuían las figuras. Días después, la acompañaron en el recorrido entre ligustrinas y escudos, flores y bustos. Estaba desorientada y le indicaron cómo salir del laberinto.

Otra vez viajando por la ruta llegaron hasta Capilla del Monte. Ahí, unos lugareños le dijeron que en ese lugar vivió el actor Enrique Muiño y ella sonrió.

Durante otro paseo, le contaron que en Cruz Chica estaba la casa donde vivió la familia Mujica Láinez desde 1969, el año de la hazaña de la humanidad al llegar a la Luna, la que hasta entonces no había sido tocada… Un anciano dijo que Manucho decidió vivir en ese lugar después de cuarenta años entre papeles y tinta de “La Nación” donde publicaban sus críticas de Arte porque ya no quería seguir viajando por distintos países.

Obtenido el carnet de la jubilación, en esa serranía podría seguir leyendo y escribiendo con mayor tranquilidad.

Teresa Cascajo ha recordado que tiempo después, tras varias curvas encontraron el camino que conducía al hogar del talentoso novelista convertido en la casa-museo de“El Paraíso” que ha sido uno de los legados de las familias Alvear y Mujica Láinez.

Después de una mirada hacia los jardines, todos habían ingresado a las salas y Teresa Cascajo casi parecía una lechuza por los rápidos movimientos de la cabeza.

Le señalaron el lugar donde estaban los cuadros pintados por Raúl Soldi, Miguel Carlos Victorica y un retrato de Florencio Varela. Ella miró, miró y miró. Una mujer canosa comentó que Florencio Varela había nacido en Buenos Aires, en la época de las invasiones inglesas, en 1807. Un señor alto, murmuró: “-Era antirrosista y lo asesinaron en Montevideo en 1844. “

Teresa Cascajo miraba, escuchaba, no hablaba. Se acercó para ver mejor unos muebles que según decían, habían sido utilizados durante la campaña del general José de San Martín. El alto hombre destacó que algunas estatuillas, piezas arqueológicas y cerámicas, revelaban cuáles habían sido las mayores atracciones de Ana de Alvear y su marido, Manucho Mujica Láinez. En los amplios espacios con pisos de mármol, estaban expuestos los retratos de familiares y los nombres coincidían algunos protagonistas de la historia de los argentinos

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Nunca se sabrá por qué durante algunas tardes, la Teresa Cascajo del litoral santafesino hablaba, hablaba y hablaba. Decía que ella lo había visto a Manucho sentado cerca de los anaqueles de la editorial sudamericana esperando que los jóvenes compraran los libros para enseguida escribir una dedicatoria, aunque a ellos no los conocía.

Una tarde había escuchado este comentario: “-En su cabeza, los característicos bigotes, sus anteojos y el sombrero gris, son casi símbolos…” Nada opinó. Una mujer que en la Feria lucía una enorme capelina -a quien nombraban Luisa Mercedes-, una noche había expresado que a ella le gustaba más Manucho con sombrero de “Panamá” o de “Jipi-Japa”.

Recordaba Teresa Cascajo cómo rieron en ese momento hasta que un señor obeso, mirándolos de reojo les dijo: “-Así nombraban a aquellos sombreros en la década del ‘40…”

La Teresa después de esa breve confusión, se animó a decir que la sonrisa insinuada por Mujica Láinez mientras entrevistaba a sus lectores era otro misterio. Había percibido el leve movimiento de sus manos y cómo se deslizaba la gruesa pluma de oro de su negra lapicera al dibujar sus letras angulosas. Para ella era rarísimo eso de haber elegido un anillo con forma de escarabajo y tampoco comprendía por qué ese escritor prefería usar uno en el dedo meñique.

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A Teresa Cascajo le entusiasmaban todas las historias y más aún, las referidas a las primeras décadas del siglo veinte y a la celebración del Carnaval porque jugaban con agua, iban a los corsos y a los bailes con máscaras. Sonrió al ver en la casa-museo, la fotografía del escritor disfrazado de Unicornio.

Una jovencita en aquel momento había dicho: “-Mujica Láinez aludía a los animales mitológicos y tituló El Unicornio al conjunto de relatos referidos a la Edad Media…”

Destacan en la comarca que Teresa Cascajo cuando estaba contenta, repetía algunas anécdotas escuchadas mientras viajaban. Estaban comiendo unas empanadas y la Teresa contó que algunos amigos de Manucho han recordado sus visitas a El Paraíso, cuando se alojaban en una habitación rosa… La interrumpió una jovencita para decir que durante una entrevista con periodistas, dijeron que en las vacaciones se acercaban hasta ese lugar la actriz uruguaya y argentina por adopción China Zorrilla, descendiente de una familia de artistas y diplomáticos; Adolfo Bioy Casares y su mujer Silvina Ocampo, María Esther Vázquez, en un tiempo novia de Jorge Luis Borges; el político Miguel Ángel Cárcano; la escritora Sara Gallardo, el escritor Hermes Villordo, en el ocaso del siglo veinte, afectado del síndrome de inmuno-deficiencia adquirida.

Enseguida, silencio… como si hubiera aparecido un fantasma entre los tantos aludidos por el autor de Misteriosa Buenos Aires.

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Un noche, Teresa Cascajo se despertó y se acercó hasta el cuartito donde descansaban los duendes. Revisó varias carpetas hasta que encontró lo que buscaba. Con letra despareja estaba anotado: “Miércoles 21 de abril de 2004 – La Nación – ‘Se instalaron un año después, junto a su mujer y dos tías maternas, que vivían en casas vecinas, ya que la propiedad, de siete hectáreas, contaba también con siete casas, un lago y un imponente parque diseñado por el paisajista Carlos Thays. ‘Las tías de Manucho parecían pedidas por él. De tarde ellas traducían poemas, escuchaban música, pero a cierta hora paraban y venían todos los chicos de la zona a ver El Show Carlitos de Balá’…- Eso fue lo que contó China Zorrilla.”

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En el cuartito verde se percibía el eco de la voz de Teresa Cascajo que seguía con sus ejercicios de memoria. Comentó que en otra circunstancia, había escuchado que Manucho pasaba la mayor parte de su tiempo en la planta alta, escribiendo. Decía que ella cuando visitaron El Paraíso, al ver la máquina de escribir de metal, esmaltada en negro y con la marca de fábrica “Woodstock” en letras doradas, se emocionó porque así eran los antiguos modelos que usaban en la legendaria escuela santafesina que funcionaba en la casa donde habían vivido los Gálvez

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Mientras Teresa Cascajo seguía recordando y contando sus historias, era casi imposible imaginar cómo podía recordar tantos hechos y andanzas de distintos personajes.

Cerca del río Coronda, dicen que sus anécdotas suelen ser repetidas entre mate y mate por algunos peregrinos que se acercan a un lugar para el sosiego y el asombro que es reconocido como Las Delicias, donde según ella misma contó, había dejado grabado un rústico tronco con algunas señales sobre tres ramas de un árbol genealógico…

Otros, siguen añorando el tiempo en que estaba sentada en la blanca silla donde descansaba su abuela hasta el otoño de 1953.

Desde fines del siglo veinte semana tras semana se queda en su casa leyendo o mirando emocionada los helechos, la madreselva y el jazmín.

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En otro lugar para el sosiego y el asombro ¡el paraíso!… seguía renovando el follaje igual que el ceibo y florecían los tréboles y la gramilla.

Necesariamente, eran invisibles las vitales raíces, también los pulsos interiores que generaban lágrimas…

Lluviosa siesta / Abril de 2004.

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Teresa Cascajo entre dimes y diretes…

El Duende Amarillo durante el segundo viaje de la mujer tallada y su amado amante a España, a Cataluña, ya andaba con su agenda invisible cargada de refranes y proverbios, de dimes y diretes útiles para cualquier emergencia periodística.

Aunque él creía que entendía a los hombres, no siempre comprendía aquello que pronunciaban, tampoco lo que hacían..

Sabía el duendecillo que algunos comen vegetales; consumen distintos minerales, bastante agua porque el setenta por ciento de sus cuerpo funciona dependiendo de esa fórmula en la cual, como insisten explicando los expertos en química, el elemento oxígeno -bivalente- está unido a dos elementos de hidrógeno monovalentes… También había escuchado cuando hablaban del hierro, fósforo, magnesio, potasio… que los hombres suelen adquirir en las farmacias. Algo había escuchado acerca del consumo de carnes porque como decían los paisanos, todo bicho que camina va a parar al asador… si es que no terminan en el puchero o como las ranas que aunque muertas, siguen a los saltos en la sartén. Una tarde, el duende periodista se sorprendió porque después de jugar al truco, un hombre había contado que con una lagartija preparó un sabroso caldo y que le había agregado algunas hierbas…

Otra vez, había observado cómo se entusiasmaban dos arrieros mientras nombraban al río de la Plata, aunque decían que cada vez hay menos plata. Una tarde, había llegado hasta el boliche un hombre de ojos claros que empezó a hablar de la globalización y fue entonces cuando todos lo empezaron a mirar de reojo y se quedaron silenciosos.

El recién llegado insistía en que él conocía la península ibérica y había comprobado que ya no es tan castellana como en otros tiempos. Decía que la inmigración y el turismo habían alterando el mapa demográfico de España… y casi sin entenderlo, uno a uno fueron pagando lo consumido y salieron por la angosta puerta pintada de verde.

Algo que el duende Amarillo tampoco comprendía, era la razón por la cual en algunos actos políticos se hablaba de estar cansado de tragar sapos -como si se tratara de repugnante brujería- y tampoco advertía dónde estaban las brasas mientras alguno gritaba que habían echado toda la carne al asador.

En aquellas circunstancias, sabido era que Teresa Cascajo ya estaba cansada de ver tanto movimiento sin avanzar.

Así fue como se durmió y parece ser que en la Cofradía de los Duendes, algunos extraños personajes siguieron soñando con los ojos abiertos mientras repetían:

Pasará, pasará, pero el último se quedará.

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Pausa tras esta primera parte, mientras “cada cual, cada cual, atiende su juego”.

Nidia A. G. Orbea Álvarez de Fontanini.

Verano 2004, varios lustros después…

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Teresa Cascajo entre el sosiego y asombro…

Sigue girando, girando, el planeta Tierra.

Teresa Cascajo sigue soñando, aun con los ojos abiertos.

Vive, vibra y sueña.

Sueña y escribe.

Escribe y sonríe, o llora sin lágrimas.

11-03-2004 – Lunes luminoso…

Ayer, rememoración de la historia de la Historia.

Anoche, reposo de fatiga e incertidumbres.

Al amanecer, el resplandor de la esperanza.

Momento 1…

Lunes luminoso, por el sendero de las remembranzas.

El misterio mudando las ausencias en presencias.

Extraño vuelo, el de la imaginación…

De orilla a orilla

…¡el puente!

El Universo nos contiene…

Temprano recogí…

el puntual deshojamiento.

Todo tiene su tiempo:

necesaria prudencia y silenciosa meditación.

Suena el timbre, señala el fin de la espera.

Llegó nuestro ahijado.

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Momento 2.

Leí a principios de la década del ‘80: ix

“Hay un momento para cada cosa

y un momento para hacerla bajo el cielo.

Hay un tiempo para nacer y un tiempo para morir,

tiempo para plantar y tiempo para arrancar lo plantado,

un tiempo para destruir y un tiempo para edificar,

tiempo para llorar y tiempo para reír,

un tiempo para arrojar piedras y otro para recogerlas,

un tiempo para abrazar y un tiempo para abstenerse del abrazo,

un tiempo de dar muerte y un tiempo para dar vida,

tiempo de rasgar y tiempo de coser,

un tiempo de luto y otro de gala,

tiempo de lamentarse y otro para las danzas,

un tiempo para callar y un tiempo para hablar,

un tiempo para buscar y otro para perder,

un tiempo para guardar y oro para tirar fuera,

un tiempo para amar y tiempo para odiar,

un tiempo para la guerra y un tiempo para la paz,

un tiempo para vivir y otro para morir,

…y este es nuestro tiempo de vivir.

Eclesiastés 3 (1-8)

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Hay un tiempo para el sosiego y un tiempo para el asombro.

Hay un tiempo para leer y releer, hay un tiempo para escribir.

Hay un tiempo para navegar y un tiempo para retornar al puerto.

Hay un tiempo para acercarse al faro y hay otro tiempo para ser lumbre.

Navegando es posible percibir ecos…

“La obra del divino arquitecto. x

Dios da a cada individuo una máquina física adaptada a sus necesidades y le proporciona los medios de mantenerla en buen orden y de repararla si por descuido la estropea.

Los yoghis reconocen que el cuerpo humano es obra de una poderosa Inteligencia. Consideran su organismo físico como una máquina herramienta, construida con suma sabiduría y rectitud. Saben que dicha Inteligencia es la causa del cuerpo físico y que la misma Inteligencia prosigue actuando en el cuerpo físico del hombre, y que si el individuo coopera con la divina ley se mantendrá sano y robusto. También saben que cuando el hombre contraviene la ley divina, provoca la discordia y la enfermedad”… xi

“Necesita el alma un muy bien organizado instrumento físico de pensamiento y una estación central desde donde dirigir las operaciones del cuerpo. La Naturaleza ha provisto al hombre de este maravilloso instrumento del cerebro, cuyas posibilidades apenas hoy día conocemos, pues la porción de cerebro que el hombre usa en la actual etapa de evolución sólo es una mínima parte del área cerebral. La porción no utilizada aguarda a que evolucione mayormente la humanidad.”

“Además, se requieren medios de comunicación entre el cerebro y los diversos órganos del cuerpo, y la Naturaleza ha extendido una admirable red nerviosa por todo el cuerpo”…

“El alma necesita órganos a propósito para recibir y registrar las impresiones del mundo exterior. La Naturaleza interviene y provee al hombre de los cinco sentidos con sus correspondientes nervios por cuyo medio puede ver, oír, oler, gustar y tocar. La Naturaleza mantiene en reserva otros órganos hasta que la raza humana note su necesidad.” xii

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“…se sabe que, aunque se destruyan todas las bibliotecas, mientras un hombre resida en el planeta y con su intuición e imaginación se convierta en nube, sienta las flores, vuele con los pájaros, no desaparecerá el zen”… xiii

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Cristóbal Colón a fines del siglo XV -época de persecución a los judíos como sigue siendo a principios del tercer milenio-, partió del hispánico Puerto de Palos imaginando que llegaría a Oriente.

Navegando casi a la deriva, descubrió lo que ya estaba descubierto: ¡Occidente!

Se sorprendió al encontrarse con otra civilización.

“Los naturales empezaron a traer cocos y frutas tropicales. Pero dejaban entrever que algún día iban a protestar por sus culturas invadidas.”

“Colón atravesó el océano. De sus naves no queda nada pero la cruz que vino en sus frágiles velas se plantó en territorio indígena y sus raíces se hundieron tan profundamente que con los siglos vinieron a significar el basamento de la América toda.” xiv

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Sin Oriente, no habría sido posible distinguir Occidente y recíprocamente.

Amanece y anochece, desde el levante al poniente, desde oriente a occidente.

Todo esto no es más que la síntesis del vuelo del colibrí.

En la Inteligencia están las señales y las claves.

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La Tierra nos contiene: animales, minerales, vegetales.

El agua clarifica desde el Bautismo y sirve para lavar.

El fuego purifica desde Alfa hasta Omega.

El aire “no tiene dueño… el puro aire sin precio, que respira el hombre”… xv

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Observo que la Grande Pista está iluminada.

Hay luces en el rumbo de los aterrizajes y los despegues.

(Dicen que hay agujeros negros, poco entiendo.)

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Percibo algunos guiños, indicios de próximos vuelos…

Sigo peregrinando y compartiendo encuentros.

En el apacible espacio de Lloret de Mar

Releo el “Libro del Eclesiastés”: xvi

son otras las palabras e idéntico el mensaje:

“1. Todas las cosas tienen su tiempo, y todo lo que hay debajo del cielo pasa en el tiempo que se le ha prescrito.

2. Hay un tiempo de nacer y un tiempo de morir; tiempo de plantar y tiempo de arrancar lo que se plantó.

3. Tiempo de dar muerte y tiempo de dar vida; tiempo de derribar y tiempo de edificar.

4. Tiempo de llorar y tiempo de reír; tiempo de luto y tiempo de gala.

5. Tiempo de esparcir piedras y tiempo de recogerlas; tiempo de abrazar y tiempo de alejarse de los abrazos.

6. Tiempo de ganar y tiempo de perder, tiempo de conservar y tiempo de arrojar.

7. Tiempo de rasgar y tiempo de coser; tiempo de callar y tiempo de hablar.

8. Tiempo de amor y tiempo de odio; tiempo de guerra y tiempo de paz.” /…/

20. Y todo va a parara a un mismo lugar; de la tierra fueron hechas todas estas cosas, y en tierra igualmente o polvo vuelven a parar.”

“Capítulo VII. /…/ 16. He visto asimismo en los caducos y frágiles días de mi vida, que perece el justo en medio de su justicia, y el impío vive largo tiempo en medio de su malicia.

17. No quieras ser demasiado justo, ni saber más de lo que conviene, no sea que vengas a pasar por estúpido”

“Capítulo XII. /…/ 7. Y en suma, antes que el polvo se vuelva a la tierra de donde salió y el espíritu vuelva a Dios, que le dio el ser.

8. Vanidad de vanidades, dijo el Eclesiastés y todo es vanidad.

9. El Eclesiastés o Predicador, siendo como era sapientísimo, enseño al pueblo y refirió las cosas o indagaciones que había hecho; y filosofando sobre ellas compuso muchas parábolas.

10. Recogió sentencias provechosas, y escribió documentos rectísimos y llenos de verdad.”

Ya estaba escrito al principio, Capítulo Primero:

  1. Palabras de Salomón, llamado el Eclesiastés, hijo de David, rey de Jerusalem.

  2. Vanidad de Vanidades dijo el Eclesiastés, vanidad de vanidades y todo es vanidad.

  3. ¿Qué saca el hombre de todo el trabajo con que se afana sobre la tierra o debajo de la capa del sol?

  4. Pasa una generación, y le sucede otra; mas la tierra queda siempre estable.

  5. Asimismo nace el sol y se pone, y vuelve a su lugar; y de allí renaciendo,

  6. Dirige su curso hacia el mediodía, y declina después hacia el norte; corre el viento soplando por toda la redondez de la tierra, y vuelve a comenzar después sus giros. /…/

8. Todas las cosas del mundo son difíciles: no puede el hombre comprenderlas ni explicarlas con palabras. Nunca se harta el ojo de mirar, ni el oído de oír cosas nuevas.”

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Momento 3.

Mediodía nublado.

Pulsan las remembranzas.

Releo. Intuyo presencias y su Presencia: xvii

En el origen…

Sólo miradas

y el sol de la mañana.

¡Crecían las alas!

Leve caricia.

Silencios y palabras.

Tímido beso.

Luna lejana:

testigo de promesas

y de algún sueño.

Después…

Vida y misterio.

Tañido de campanas.

Boda… Bautismos.

Frutos maduros:

vagidos y alegría.

¡Llegan los nietos!

Hoy…

Entre esta orilla

y las lejanas playas:

un puente de amor.

Cuatro de marzo:

Llanura luminosa…

¡Dios sea loado!

Momento 4…

Segundo a segundo, avanzo hacia otro Encuentro. xviii

En la liviana alforja está todo lo vivido.

Nada me perturba.

¡Uno solo es el Camino!

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

Martes, 11 de mayo de 2004

Hora 17:59:20

Sábado 23 de julio de 2004

A Luciano Héctor Martín.

Aire frío. Aromas de jazmín y madreselva.

Tu voz de hombre. El placer de compartir.

En tu liviana mochila, lo visible y lo invisible.

Mágicas cuerdas de guitarra. Señales claras.

Más allá, los números y la roja estrella federal.

Otoñal deshojamiento y armonía.

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Sábado lluvioso. Memoria latente.

Estás aquí, no hay distancias.

En el Gran Concierto, sonidos y silencios.

Bajo la Cruz del Sur, amor y esperanza.

Juntos avanzamos por el Único Camino.

(Un día después, Badía Concierto

y antes del diálogo con el Chango Farías Gómez,

a las 19:30, una advertencia:

“No importa la periferia

importa el artista”.

En el estudio del Canal de Televisión,

estaba Pipo Cipolatti sentado en el suelo

junto a su hijo Donato, pequeño vivaz

que extendiendo el brazo, tomó los lentes de Badía…

Hora 20: Daniel Agostini,

aludió a su mujer Nazarena Vélez y a sus hijos

que estaban ahí, en esa mágica confluencia de amor y arte.

Con voz emocionada, Daniel cantaba:

“Que seas feliz en este día…

te deseo de corazón en esta canción…

amor de mi vida…

En el camino vamos juntos de la mano…”

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Marzo de 2006. Viento y deshojamiento.

Daniel y Nazarena soportan otra tormenta.

En la televisión, lo grotesco.

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Hoy, 24 de marzo de 2006. Feriado.

Día de la memoria por la Verdad y la Justicia”.

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Se impone la elocuencia del SILENCIO.

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

1 Columba, Ramón. Manual sintético de Taquigrafía en XVI lecciones. Buenos Aires, 2ª ed., 1948. Ejemplar cedido por Enrique Jorge Bello, también profesor de Taquigrafía en la Escuela Nacional de Comercio “Juana del Pino de Rivadavia” de Santa Fe (hasta su fallecimiento, aproximadamente en 1974…)

2 Teresa Cascajo es compañera inseparable de Nidia Orbea Álvarez de Fontanini -tanto como “Aurora de Mayo”- y sabido es que esta niña-mujer…después de aprender a leer y escribir en el Colegio “San José” de las Hermanas Esclavas -en calle San José, primera maestra Srta. Elia Anello Risso; ese año 1939 recibió la Primera Comunión-, continuó en el Colegio de “Nuestra Señora del Calvario” -segundo grado Hermana Helena; tercero María Eugenia Méndez Costa –Mariti-, cuarto grado Luisa Russo de Camussi-, completó el nivel primario en la Escuela Nº 1 Sarmiento, quinto y sexto con la maestra Angela Diez Rodríguez de Cagnolatti.

3 Amado amante, Eduardo Rodolfo Fontanini Doval. Lo conocí en 1946, como atleta durante los legendarios Torneos Intercolegiales en el campo de deportes del Club Atlético Unión. Corría 800 metros llanos y desde la tribuna, los alumnos de la Escuela Superior Nacional de Comercio “Domingo Guzmán Silva” -dirigida por la Dra. Josefa Trento de Parera -Vicedirector Dr. Carlos Seghizzi, secretario Diez Rodríguez-, gritábamos: ¡Fonta! ¡Fonta!… Luego lo observé en la Biblioteca, junto a Miguel Ángel Soberano y otros lectores… Después, empecé a conocerlo y hasta el 1º de julio a las 0:15 no terminé de descubrirlo… # “Equipos Informáticos” es un sostenido esfuerzo del santafesino Eduardo Nardi y sus co-laboradores.

4 Singerman, Berta Poesía Universal. Buenos Aires, Edic. Siglo Veinte, 14 de octubre de 1961, p. 153-158.

i Cervantes Saavedra, Miguel de Don Quijote de la Mancha t. I – Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1968. Prólogo, primer párrafo, p. 7.

ii Ibidem, tomo II. Cap. V – De la discreta y graciosa plática que pasó entre Sancho Panza y su mujer Teresa Panza, y otros sucesos dignos de felice recordación (p. 32-33).

iii Orbea de Fontanini, Nidia A. G. Poemas difundidos en una Página Voladora, año 1992. / “Designio” – 02-11-1981 del libro inédito “Sentires” / “Instancia inesperada” – “04-07-91 – Hora 1:15.” / “Un signo” del mismo año. )

iv Rabelais. Gargantúa y Pantagruel. Tomo I. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, 1969, páginas 7, 22-23; 26,31. Alude al autor: “Original de Sicilia, rey de armas de Alfonso de Aragón”. –

v Kiwi, seudónimo del Poeta nacido el 26 de febrero de 1942. Vive en Alto Verde, hacia el sureste del Puente Colgante, (Santa Fe de la Vera Cruz, Argentina). Versos en su libro titulado: El espejo natal.

vi Orozco, Olga. Con esta boca, en este mundo (fragmento). Nació en 1920, en Toya, provincia de La Pampa. Obras publicadas: Desde lejos (1946); Las muertes (1951); Los juegos peligrosos ( 1962); Museo salvaje(1974)¸ Veintinueve poemas (1976)… y más.

vii Orbea de Fontanini, Nidia A. G. La mujer en la poesía hispanoamericana. (Ensayo) Breve antología de escritoras santafesinas. Edición de la Autora, aporte al Plan Cultural 1984-1987 de la Subsecretaría de Cultura, Subsecretario Dr. Jorge Alberto Guillén, Junio de 1984. # “Andar caminos” Poema 1 del líbro inédito Sin Pausas de N. O. de F.

viii Quinodoz de Villanueva, Ana Hilda. Primera estrofa del poema titulado Para olvidar los muros (p.17 de la citada antología).

ix Revista Esquiú (Iglesia Católica Apostólica Romana). Buenos Aires, dirigida por el Padre Luchia Puig, entrega dominical. Texto en “Ch&M” –chicas y muchachos-, en el pie: (Para tu colección posters de CH&M); un joven frente al río, un barco que avanza sobre el río, resplandor en lo alto y algunas ramas… # En unas páginas tituladas Cerca de Eduardo Rodolfo, con el título 1983: celebraciones y derrumbes, escribí “Puntual llegaba Jorge con la entrega semanal de la revista Esquiú y Eduardo Rodolfo -desde 1926-, seguía inaugurando septiembre con emociones diferentes. En cincuenta y siete años estuvo acumulado vivencias, sin cuenta”… demasiado estricta acerca del resultado final, a pesar de su oficio de contador, licenciado en administración. / La parálisis y la esclerosis múltiple habían dejado huellas profundas en su madre que estaba asistida diariamente por el doctor Horacio Sad, con consultorio en los altos de la residencia donde la cariñosa Angela Franco atendía a varios ancianos, en la calle Catamarca 2784. Eduardo durante algunas esperas, recordaba que a principios de la década del ‘50, el doctor Cecilio Durán -destacado abogado y su profesor en el curso de Contadores-, estrenaba esa suntuosa residencia con su familia. En aquel tiempo era inimaginable que en ese amplio living, él fuera testigo de tanta desesperanza… En junio de 1983, la abuela seguía siendo atendida en la residencia de Angela Franco y además, se contrataba a una enfermera durante las noches. Betty seguía con el abuelo en avenida Freyre, aunque la convivencia iba demostrando que el entusiasmo inicial de ambos se estaba agotando. El abuelo tuvo una sorprendente reacción emocional

x Yoghi Ramacharaka – Hata Yoga – Filosofía Yoghi y del bienestar físico. Buenos Aires, 18ª ed. 1974; Cap. II, p. 23.

xi “Muchas de las que llamamos enfermedades son en realidad una beneficiosa acción de la Naturaleza, a fin de expulsar substancias ponzoñosas que dejamos penetrar y permanecer en nuestro organismo.” (p. 23-24)

xii “Además, se requieren medios de comunicación entre el cerebro y los diversos órganos del cuerpo, y la Naturaleza ha extendido una admirable red nerviosa por todo el cuerpo. El cerebro expide por medio de los nervios órdenes a todas las partes del cuerpo y exige inmediata obediencia. A su vez, el cerebro, recibe, de todas las partes del cuerpo, respuestas avisos, súplicas, quejas, etc./ También ha de tener el cuerpo la facultad de traslación de un sitio a otro, pues ya trascendió las heredadas tendencias del vegetal y necesita moverse de un lado a otro y alcanzar lo que convenga a su uso. La Naturaleza le ha provisto de piernas, movidas por medo de músculos y tendones. Asimismo, requería el cuero un armazón que le mantuviera en forma, le resguardara de los choques, le diese resistencia, apoyo y firmeza. La Naturaleza le proporcionó el maravilloso mecanismo llamado esqueleto óseo”… Necesitaba el alma un medio de comunicación con las demás almas, y la Naturaleza se lo proporcionó en los órganos del oído y de la palabra… La Naturaleza le provee de aparato circulatorio con arterias y venas, por donde en vaivén fluye la sangre para cumplir su obra, y el aparato respiratorio, con los pulmones que oxigenan la sangre y queman los desechos. Necesita el cuero allegar materiales del exterior con que resarcir sus pérdidas, y la Naturaleza le proporciona el medio de ingerir alimentos, digerirlos, extraer de ellos los principios nutritivos que absorbidos por el organismo se transmutan en sus componentes, al paso que expulsa los excrementos. Finalmente, el cuerpo dispone del medio de reproducir su especie y proporcionar moradas carnales a otras almas. /…/ En el grado en que nos abramos al influjo del gran Principio de Vida, en el mismo grado nos beneficiará. Si le tememos o de él desconfiamos, le cerramos la puerta y forzosamente sufriremos.” /…/ “Vivimos en una civilización que nos ha apartado de la Naturaleza, y a la fuerza vital le cuesta mucho trabajo hacer en nuestro beneficio todo lo que quisiera. No comemos, ni bebemos, ni respiramos, ni vestimos de conformidad con la Naturaleza. Hacemos lo que no debiéramos y omitimos lo que debiéramos hacer, y sí es que andamos muy mal de salud”… (p. 24-25; 30)

xiii Garabato, María Marta. El siglo XXI: la incertidumbre y el haiku. Ensayo leído en el “Segundo Encuentro Internacional de Haiku, República Argentina, Buenos Aires, 24 al 26 de octubre de 2002. (Texto disponible en la biblioteca virtual, en la red de redes…)

xiv Mataloni, Hugo Yo, Colón. Santa Fe, Ediciones de la Cortada -José Volpogni-, noviembre de 1998, p. 16, 18. # Recopilación de notas publicadas en el diario “El Litoral” de la capital santafesina. Libro dedicado por el autor “A Don Cristóbal Colón, que vino primero. Después de él, vinieron mis bisabuelos. A Enrique Muttis, in memoriam. (Enrique Muttis, periodista, profesor en la Escuela Nacional de Comercio “Domingo Guzmán Silva” de la capital santafesina -donde compartimos breves diálogos durante algunos recreos-; Intendente de la Municipalidad de Santa Fe desempeñando Hugo Mataloni las funciones de Director de Cultura. El talentoso Hugo -también nuestro amigo a perpetuidad-, le dedicó unas páginas con el título El reposo del guerrero: “-Me acuerdo. Cuando fue a la inauguración del Museo López Claro, llegó en la camioneta del servicio municipal. /…/ – …ni siquiera cambió el auto. -Ni la forma de vivir. Se quedó en la misma casa, que no tenía ni guardaespaldas. Cuando ganó, ganó con el 60% de los votos. /…/ -Lo mataron a disgustos. -¿Sabe qué pasa? Dicen que el corazón de los hombres honestos no resiste a la maldad. –Pero después vienen con la corona y el homenaje. –Sí, y como dijo uno: ¡Qué bien! ¡Cómo aplaudió el público en la entrada del cementerio!… era como un peroncito. -Con una diferencia. Muttis murió pobre, como si dijéramos de manos limpias y de uñas cortas. -No todos pueden decir lo mismo. -En vez de dejar fortuna, dejó lecciones. Enseñó hasta el último día.· (p. 79-80) # Leo otra dedicatoria, manuscrita con bolígrafo -rojo-, como si fuera el anuncio del próximo duende, el Duende Rojo que se acercó en Lloret de Mar, silencioso, el 24 de junio de 2002 a la noche… y desde entonces sigue alerta en la Cofradía de los Duendes. Esta dedicatoria también revela vínculos perdurables: “Oh… ¡Gran Cheruvichá!… / Si no hubiera sido por Colón… / Si nuestros abuelos hubiesen sido temerosos, / ¡si no se hubieran animado a CRUZAR EL OCÉANO!… / ¿En qué península nos habríamos encontrado?… / ¿Acaso estaba en el Plan de Dios / que fuéramos un pilar, en el invisible puente / que vincula a los que / SABEN AMAR… 7 PADRES… / HIJOS… / NIETOS…? / Sé que no responderás. / Hallo en tu mirada todas las respuestas. Nidia. Navidad de 1998. (Última celebración con nuestra amada y amantísima madre: Francisca Alvarez Ramos de Orbea Suso (su primer vagido: 05-09-1913; su Último Desprendimiento 01-08-1999).

xv Gori, Gastón. El aire, sí, el aire. (Poema). Leer: Orbea de Fontanini, Nidia A G. (y otros) Palabras para compartir 4, Santa Fe de la Vera Cruz, 1990. # Leer: Birri Fernando y Gori, Gastón. Una vez la Poesía. Santa Fe, Universidad Nacional del Litoral, 2000, p. 72. (Quique y Gastón, amigos a perpetuidad de Eduardo Rodolfo Fontanini Doval, de Nidia…) Leo la dedicatoria, con letra que revela dificultades motrices: “Para mi muy querida amiga Nidia O. de Fontanini, escritora y difundidora de literatura con un gran abrazo y cariños de Gastón Gori – Charito, 15 de junio de 2001 (ocaso del otoño, día del Libro entre los argentinos; cumpleaños de Norma Guadalupe Gervasoni Astudillo; cerca estaba mi hermano -único e irrepetible, como todos los seres humanos-, nuestro amado y amante Carlos; próximo también su Último Vuelo, cinco meses después, en Primavera, el 13 de noviembre… ) Escribo esto el martes, 11 de mayo de 2004. Hora 02:35:36. # Es necesaria otra mirada sobre otra escritura: (“Capítulo VII. El crematorio del organismo. / El aparato respiratorio consta de los pulmones y de los conductos del aire que a ellos llega. Los animales silvestres respiran normalmente y lo mismo haría sin duda el hombre primitivo. El anormal género de vida predominante en el hombre civilizado, como sombra que eclipsa la luz de la civilización, le quitó el natural hábito de respirar en debida forma, con grave perjuicio para la humanidad en general. La única salvación del hombre en cuanto a su vida física es el retorno a la Naturaleza.” (p.48-49) Escribo esto a la hora 04:06:08, el monótono sonido del reloj compite con el de la computadora… ¡Sonrío!… no estoy sola. Sigo leyendo y reiterando: “Capítulo XXIV. Importancia de los ejercicios físicos. / El hombre, en su primitivo estado, no tuvo necesidad de que nadie lo instruyese en los ejercicios físicos, ni tampoco sienten esta necesidad el niño y el joven normalmente constituidos. La vida del hombre primitivo le proporcionaba variadísima actividad al aire libre, con inmejorables condiciones para el ejercicio. Estaba compelido a buscarse el sustento, a preparárselo, a levantar sus cosechas, a construir sus casas, a acumular combustible y a hacer la multitud de cosas necesarias para vivir con relativa comodidad. Pero a medida que el hombre se fue civilizando delegó en manos ajenas algunos menesteres y se contrajo a determinado grupo de actividades, hasta que hoy día muchas personas no trabajan corporalmente, mientras que otras sólo se ocupan en penosos trabajos musculares, por lo que unas y otra viven contra las leyes de la Naturaleza. / El trabajo corporal sin la actividad mental empequeñece la vida de un hombre y el mismo efecto produce la actividad mental sin el ejercicio físico. La Naturaleza demanda el mantenimiento del equilibrio, la adopción del virtuoso término medio. La vida normal requiere el uso de las facultades físicas y mentales del hombre, y quien unas y otras acertadamente ejercita tiene las máximas probabilidades de gozar de salud y dicha. Los niños se ejercitan naturalmente en el juego a que los inclina su instinto. El hombre prudente, de profesión sedentaria, lo alterna con el saludable ejercicio de los deportes, cuya difusión en estos últimos años denota que no ha muerto en él su instinto natural.” /…/ “No es difícil adquirir la habilidad de concentrar la mente en el punto del cuerpo que se desee. Todo cuanto se necesita es fe en la posibilidad de enviarla y rechazar toda duda sobre este convencimiento, se ordena a la mente que intensifique el flujo de prana en el punto determinado y acreciente allí el riego sanguíneo. La mente hará en parte esta labor sin necesidad de mandato, por natural instinto; pero el esfuerzo de la voluntad intensificará mayormente el resultado. /…/ Esta expectante confianza equivale a una orden dada imperiosamente a la voluntad, que la pone en acción y se realiza el propósito. / Por ejemplo, si deseamos acrecentar el flujo de prana en el antebrazo e intensificar en esta parte del cuero el riego sanguíneo y por tanto la nutrición, hemos de doblar el brazo y enseguida irlo extendiendo poco a poco mientras concentramos la vista y atención en el antebrazo, con el pensamiento fijo en la obtención del apetecido resultado. Repitiendo varias veces la operación, se notará mayor fortaleza y vigor en el antebrazo, a pesar de no haber hecho esfuerzo alguno ni empleado aparatos gimnásticos. / Sise ensaya este método en cualquier otra parte del cuerpo, haciendo algún movimiento muscular para fijar la atención, muy pronto se tendrá la calase del ejercicio y será posible efectuarlo poco menos que automáticamente. / En una palabra: siempre que se haga un ejercicio, hay que pensar en lo que se hace y para qué se hace y se logrará el propósito deseado. / De esta suerte allegarán tanto provecho la mente como el cuerpo, y al terminar el ejercicio se experimentará un placer tan vivo como nunca.” (p. 163-166) # “Capítulo XXVII – Energía solar. “Nuestro sol, lo mismo que los demás soles, está irradiando continuamente energía en el espacio, con la que vitaliza a los planetas circundantes y posibilita la vida en ellos. Sin los rayos de sol sería imposible en la Tierra ni aula más sencilla forma de vida que conocemos. Del Sol recibimos la fuerza vital que los yoghis llaman prana, que está por dondequiera, aunque ciertos centros la absorben y la vuelven a irradiar para mantener una corriente continua de dicha energía. Así también la electricidad está por doquiera, y sin embargo, se necesitan dinamos y otros centros análogos de absorción e irradiación para establecer la corriente eléctrica. Entre el sol y sus planetas fluye una continua corriente de prana. / Tomad el sol un rato cada día y caminad por el lado del sol al ir por la calle, excepto en el rigor del verano y a las horas del mediodía. /…/ Los rayos matutinos del sol son los más beneficiosos, pues según adelanta el día decrecen los efectos vitales del sol. /…/ Los jardineros y los aficionados a las flores saben de sobra que el sol es tan indispensable como el aire, el agua y el suelo. Si volviéramos al regazo de la madre Naturaleza aprenderíamos provechosas lecciones. El sol y el aire son admirables tónicos. ¿Por qué no aprovecharlos mejor? / Ya dijimos que la mente humana podía absorber del aire, del agua y de los alimentos la mayor cantidad de prana que de ordinario. También es posible extraer mayor cantidad de prana de los rayos del sol mediante la apropiada actitud mental”… (p.183-186) “Todos los días hay que tomar un baño de aire, pues muchas son las propiedades vitales y salutíferas de este agente natural. Todos estamos de ello convencidos, lo hemos estado toda la vida, y sin embargo muchos son los que se recluyen puertas adentro de un modo completamente ajeno a las leyes de la Naturaleza”… (p. 189) “Capítulo XXIX – El sueño – …Quien tenga idea de la verdadera naturaleza del hombre y del lugar que ocupa en el universo, será más capaz que el hombre ordinario de dormirse como un niño, porque se siente tan por completo en su propia casa en el universo, y tiene tan absoluta confianza en la bondad de Dios, que relaja sus miembros y poco a poco va cayendo en plácido sueño. /…/ Si es posible, convendrá descansar un rato al mediodía, relajando el cuerpo, porque así se podrá reanudar más ventajosamente el trabajo diario. /…/ Un poco de recreo ayuda a reanudar con mayor gusto la tarea y vencer sus asperezas.” (p. 191-194) ¡Llegó el momento del recreo! Hora: 04:51:19.

xvi Sagrada Biblia (Traducción del a Vulgata Latina por el P. Pestisco S J. Profesor de la Universidad de Salamanca; publicada por el Ilustrísimo Señor Félix Torres Amat, obispo de Astorga. Barcelona, Editorial Océano –tapas blancas, impresión dorado-, p. 698.

xvii Bodas de Oro de Augusto Fernández y Julia Gil. Escrito para “Julia, hermana-compañera. / En siete días… ¡la Creación! / / Puntada a puntaba, tu bello tapiz. / Latido a latido, fluyeron siete “haiku”: / En el origen, alguna semejanza. / Después potentes emociones / compartidas en la pausa. / Hoy como ayer, la blanca rosa / es un símbolo… / ¡Somos amigas a perpetuidad!… / Sigamos por el río, / Vayamos hacia el mar. // Nidia. 05-03-2004 – Hora 21:25”

xviii Este segundo lunes de mayo, leí en el Diario La Nación on-line que “el diálogo islámico-cristiano estuvo presente en la Feria del Libro en un panel que compartieron Marco Gallo, de la comunidad de San Egidio; Adel Made, presidente del Centro Islámico, y José Camilo Cardoso, director del Registro de Cultos. ‘Constituimos con la grey cristiana y la grey judía parte indisoluble del tejido social argentino -dijo Made-; cualquier atentado en nuestro país lo es contra el tejido social y esos tres componentes. Como musulmanes, agradecemos a Dios haber nacido en un país donde reina la mayor libertad religiosa’.” # La primera Feria Internacional del Libro “Del autor al lector” se realizó en la ciudad de Buenos Aires, en 1976, comienzo del autodenominado Proceso… En 1981 asistí por primera vez, entre los autores de Provincias presenté “Poemas para Tioco”, nos acompañaba María Delia Álvarez Ramos de Sonzini (nuestra tía-amiga, nacida el 26 de julio de 1917, sin vida en su departamento de Otamendi 21, cuarto piso, el día 4 de marzo de 1984… se supuso que había fallecido tres días antes. Por algo, en “Poemas para Tioco” -cariñoso apodo de mi abuela Teodora Ramos de Álvarez-, en las estrofas finales del poema 21. “Santa María de los Buenos Aires, necesité expresar: “Cuatro siglos Buenos Aires / que festejo con tristeza. / Con grandeza los tentaste / y su tiempo me robaste. // ¡Cuatro siglos… Buenos Aires! / Y esa fecha trascendente, / me sacude irreverente / por tantos seres ausentes. /…/ Santa Fe cobija a muchos, / polvo o brisa, ¡ya volvieron!… Pero sigue en la distancia ELLA y mi ansiedad constante. N. de la autora: ELLA: Mi tía Negrita, Ma. Delia…” (p.76-77) # Entre el otoño de 1976 y el 21 de enero de 1977, fallecieron seis tíos (líneas paterna y materna, colaterales…) y tales circunstancias, generaron la necesidad de reunir lo escrito en tarjetas entregadas a familiares, amigos y alumnos, dejar en ese libro más testimonios de amor…