Kiwi, poeta… (Seudónimo de Héctor Rolando Rodríguez)

Desde la comarca y el mundo, el segundo sábado de marzo de 1985, Enrique Butti informaba que Kiwi “nació en Santa Fe, en 1941” y en otra publicación está escrito como lo ha reiterado la escritora Nidia Orbea de Fontanini: “…nació el 26 de febrero de 1942, vive en Alto Verde desde 1972 y escribe poemas en dos o tres líneas.

Es evidente una diferencia de un año y el error podría ser un regalo por los primeros pasos de Kiwi.

Es oportuno destacar que Poemas de Kiwi, seleccionados por Roberto Aguirre Molina fueron publicados en ‘Ediciones Delanada’, colección ‘El soplo y el viento’, 6 de noviembre de 1986”.

La escritora Orbea de Fontanini mientras escribía Universo Vittoriano referido a la trayectoria del escritor y académico José Luis Víttori, anotó:

“Leí y releí los versos escritos por Kiwi: ‘Cuando te conocí eras tan / alto que yo te llegaba al corazón. / Ahora estarás tan crecido / que seguramente tus ojos se empañan de estrellas’. /…/

Se impone regresar a este universo, donde seguimos creciendo y donde Kiwi, es el iluminado que cuando llega la inundación, levanta sus muebles y sigue viviendo en la barranca, lee y cocina; contempla ‘las puestas de sol sobre la laguna crecida’. Kiwi, es el hombre del litoral que prefiere leer ‘literatura mística en general; las cosas de los sufis sobre el amor -el Amor es lo que más me interesa: la plenitud, la unión, la cumbre, la identificación Dios igual Amor-. Y desde luego, la Biblia… Lao Tsé dice: El que usa la propia luz para regresar a su claridad, eso siento yo también. Cada uno enciende su propia luz para retornar a su claridad… Llegar al punto donde todo se une. Es el mensaje de Cristo, también; la Comunión, ser una sola cosa con Dios, ser una misma cosa con el Padre, con el Uno. Todo lo que impide ese acercamiento es el Mal. El resto son ramificaciones, elucubraciones que nos hacen perder por las ramas, en laberintos. Pero la raíz es ésa: para luchar hay que estar en el Centro…’ Kiwi, es el poeta que cuando tenía treinta años, llegó a Alto Verde con su figura leve y su canto potente… /…/ Kiwi, es el artesano que amasa el barro recogido en su lugar y crea formas de semejante naturaleza -grandes orificios simulando órbitas oculares y bocas imitando gritos abortados. Kiwi, es el ceramista prudente que cuida su pieza hasta que esté seca para entregarla -sumisa- al poderoso fuego porque sabe que así logrará la transformación necesaria que asegure su dureza.”

Más poemas de… “corazón de Pájaro”…

En el suplemento Nosotros del diario “El Litoral” de Santa Fe de la Vera Cruz, en la tapa de la edición del lunes 2 de noviembre de 1990 -Año II N1º 110”-, publicaron una fotografía de Kiwi sentado sobre la gramilla, descalzo, con un pantalón tipo vaquero y camisa rayado, cabello canoso cubriéndole nuca y cuello, mate con bombilla en su mano izquierda. Título: “Kiwi / Corazón de pájaro”.

Lo escrito por Araceli Retamoso está reiterado en las páginas cuatro y cinco, destacándose en el copete que “su lugar está en la soledad de la isla, en un sitio donde sólo se escucha el canto de los pájaros y el murmullo del agua al moverse. En su rancho enclavado en una barranca de la Setúbal, en Alto Verde, Héctor ‘Kiwi’ Rodríguez se convirtió en un mito.” Todas las fotografías son testimonios elocuentes del distinguido fotógrafo Alejandro Villar. Esa crónica comienza así:

“El kiwi es, según el diccionario, un ave australiana que no vuela. Pero el Kiwi de Alto Verde es, para la mayoría de la gente, un artesano y poeta solitario que decidió alejarse del ruidoso mundo de las ciudades.

Kiwi, su apodo…

Durante el diálogo con la periodista, acerca de su apodo, dijo: “La verdad es que suena raro y medio extranjero. Lo que me contaron es que una tía quiso ponerme nombre de pájaro y el que le gustó fue ése. Pienso que me vio tan feo cuando nací, así narigón, todo chiquito… y me quedó el Kiwi para todo el viaje.”

Cuando expresa su verdadero nombre, Héctor Rolando García, comenta:

Hasta me suena raro decirlo. Parece como si perteneciera a otra persona.”

Vivir con lo indispensable…

“Su casa, en una zona retirada de Alto Verde, no tiene más que lo estrictamente necesario para asegurar su subsistencia, una pava de lata, un colchón y unos cuantos libros.

Tiene cincuenta y siete años, vive solo -por elección, desde hace casi treinta. Dice que es un ermitaño gruñón, otros aseguran que viene de una familia acaudalada y que quién sabe por qué razón, eligió una forma de vida tan primitiva como alguna vez lo hiciera un tal Francisco, un joven de la aldea de Asís.

La verdad es que Kiwi pasa las horas cabalgando en su soledad sin tiempo, escribiendo, creando con sus manos mágicas formas talladas en barro. Un poco artista, un poco filósofo, un poco poeta.”

Contó durante la entrevista con Araceli Retamoso, que había nacido “en el barrio Guadalupe… Éramos cinco hermanos de los cuales yo soy el tercero. Acá en Santa Fe sólo están el más chico y el más grande. Mis padres fallecieron hace algunos años”, rememoraba durante la primavera de 1998. La periodista advirtió que “su mirada serena enmarcada en un rostro curtido por el sol se suma al hablar pausado, casi silencioso con el que relata como transcurren sus días”.

Alimentación y creatividad…

Refiriéndose a su alimentación, Kiwi dijo que come “lo que venga:

“Tengo muchos yuyos, ortigas, mastuerzos, con los que hago ensaladas. Cuando el río sube, como en la última crecida, he llegado a comer cantidades de huevos de tortuga, no son muy ricos pero se pasan. No es como el de gallina, no los podés hacer fritos. A los de tortuga si los hervís no se endurecen del todo. Yo los mezclaba con perejil y ajo.

También tengo una planta de mangos y unos bananeros, pero la inundación los perjudicó bastante. La verdad es que cuando hay poco, hay que ser creativo.”

Ante la inundación…

Cuando crece el ancho río Paraná y aumenta el caudal de los afluentes, hay zonas de la costa santafesina que suelen inundarse. Kiwi recordó “cómo vivió la última inundación”.

“Yo me quedé acá, tuve que subir todo, porque el agua llegó a sesenta centímetros del rancho. Puse unos tablones y unas vigas, hice un caminito y puse mi cama cerca de la ventana. Podría salir porque todavía había un pedacito de barranca. Así que al invierno me lo pasé en la barranca leyendo, cocinando, cortando leña; me puse a hacer cositas talladas para los collares, ahora no sé si las haría.”

“A mí siempre me gustó el agua, el monte; dio la casualidad de que mi hermano estuvo acá y me consiguió este lugar, que es lejos para llegar y no tengo vecinos. El tráfico más grande que vi fue para la época de la creciente, del lado del agua, las canoas y las lanchas no paraban de pasar.”

Vivir solo…

Interrogado acerca de por qué decidió vivir solo, respondió:

“Creo que fueron las circunstancias de la vida y la propia elecciones las razones que me empujaron a vivir solo. Me gusta mucho esta forma de vida o más bien me acostumbré a ella, no aguante demasiado el hecho de estar con gente. Hace poco, como dos años, vinieron unos parientes míos de Tucumán para llevarme a una fiesta de cumpleaños en Santa Fe, en la ciudad. Me tuvieron que llevar medio a la rastra, hasta me vistieron y todo, porque estaba impresentable. No veía la hora de irme de la fiesta, así que me consiguieron un auto para volverme.

Encima querían llevarme a pasear un tiempo a Tucumán, pero yo me negué, sabía que no iba a aguantar.”

Ante la hipótesis de su casamiento y la posibilidad de formar una familia, contestó:

“En realidad creo que no soportaría ni me soportaría nadie. Cuando estoy con alguien mucho tiempo es como si me faltara el aire.

Además, uno cuando se compromete con otro tiene que estar atento a muchas cosas, a otros ritmos distintos de los que yo siempre busqué.

Leer y hacer artesanías…

Kiwi es un entusiasta lector y casi no elige títulos ni temas, En octubre de 1997 comentó que leía… “lo que me prestan, cosas de cocina, novelas, algo de filosofía. De todo un poco. Aunque lo que más me gusta leer son los colores del cielo al atardecer.”

Destacó Araceli Retamoso que “el Kiwi modela el barro que junta de la barranca. Pareciera que esos pedazos de tierra fangosa cobraran vida en sus manos. Sus trabajos se asemejan a los del arte indígena, dotados de una belleza singular. Caras, animales extraños y collares son algunas de las obras que realiza en la paz de la isla.”

Kiwi vende sus artesanías y en esas circunstancias, “la gente a veces dice que son caras”, pero él insiste: “…yo valoro mi trabajo. Antes iba a ferias, a muestras y las vendía. Ahora no salgo tanto y hago muy poco, me cuesta agarrar viaje, estoy como desentusiasmado, pero sé que no me tengo que dejar estar. A las que hice, y que no se llevó la creciente, las tengo en cajas, como esperando a ver qué dice el agua. También escribo y me inspiro en las cosas de la isla y lo que uno siente, lo que brota del alma.”

Cómo lo ve la gente…

Kiwi describió algunas señales acerca de cómo siente que lo ve la gente: “…el otro día me llamó la atención algo: yo venía para acá por el camino de la defensa y se pararon una señora y una chica adolescente. La señora me preguntó si yo era Kiwi, ‘el que escribe’. Parece que la hija quería pedirme unos poemas para leer y no se animaba a venir por mi casa. ‘Por miedo a que usted se enoje o que la eche, no se anima’, me dijo la madre. Parece que hay gente que me tiene miedo…”

Algunos poemas…

En los manuscritos de Kiwi, los versos están ordenados en paralelas sin renglones y las letras bastante separadas en sucesivas sílabas, son caracteres tipo imprenta con mayúsculas y minúsculas.

Primer día de febrero de 1997…

Purpúreo

el alguacil

sobre el tallo e la ortiga.

Azules cielos

tras el humo de boñiga.

________

En la quietud

corren camalotes marejando

verdes y azules.

________

Yo yéndome hacia dentro

nada en la que existo

sol a borbotones.

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Adormilado bajo

los árboles

del paraíso, alerta

rojo

el chiviro.

Rendido de cansancio…

Rendido de cansancio

me recuesto en el pasto.

El susurro del viento en las totoras

me serena y adormece.

En tanto las aves acuáticas

canturrean.

Descansa, reposa,

late.

En nosotros está el pulso

del seno de la tierra.

Plaquetas entregadas en “Ferias del Libro”

Por la poetisa Sonia Ramírez de la Biblioteca-Taller

Aprender” de Alto Verde, con apoyo de SEPA.