Francisco -Paco- Ayala García–Duarte (Granada, 1906)

ayala[1]

No he hecho nada de lo que deba arrepentirme”.

Francisco Ayala.

Durante el reinado de Alfonso XII, en el hogar del joven abogado Francisco Ayala Arroyo hijo del acaudalado magistrado “que se retiró siendo presidente de la Audiencia Provincial de Córdoba” y de María de la Luz García-Duarte González, hija menor de Eduardo García Duarte, catedrático de Patología y Rector de la Universidad de Granada., nació Francisco el 16 de marzo de 1906 y fue bautizado el 11 de abril, en la Iglesia de los Santos Justo y Pastor. En 1911 ingresó en el Colegio de las Niñas Nobles y cinco años después, en el Instituto de Segunda Enseñanza “Padre Suárez” de Granada cursó el bachillerato. En 1922, su familia decidió vivir en Madrid y allí, Francisco obtenido el título de bachiller, a los dieciséis años comenzó a estudiar simultáneamente Derecho y Filosofía y Letras; obtuvo el Doctorado en Derecho en la universidad madrileña. Formado en la “escuela” de José Ortega y Gasset, en 1926 comenzó a colaborar en la “Revista de Occidente” y “La Gaceta Literaria”. Fue editorialista en el diario “El Sol”. En aquel tiempo empezó a elaborar sus dos primeras novelas: “Tragicomedia de un hombre sin espíritu” e “Historia de un amanecer”.

En 1929 cumplió con el servicio militar y obtenida una beca, se trasladó a Alemania para perfeccionar los estudios de “Sociología General”. Allí celebró su matrimonio con la chilena Etelvina Silva Vargas.

Ricardo Senabre con el título “Perfil de Francisco Ayala” publicó una nota refiriéndose a “Ayala en la terraza del Café Gijón de Madrid en 1930”

“Para comprender la figura y la obra de Francisco Ayala es indispensable tener en cuenta dos factores de muy distinto signo. En primer lugar, la floración intelectual que se produjo en la España de entreguerras, cuando, por vez primera en muchos años, las corrientes del pensamiento reciente, las nuevas creaciones de la técnica, así como la literatura y el arte de Europa, penetraron en nuestros confines y ventilaron la Península con aires de modernidad. Se recogían los frutos tardíos de la Institución Libre de Enseñanza y de la Junta para Ampliación de Estudios creada en 1907, y nacía a la vida pública un grupo de intelectuales que encontraba en Ortega y Gasset y en la “Revista de Occidente” un refugio y un punto de apoyo esencial. El otro factor imprescindible para explicar la trayectoria de Ayala es la catástrofe de la guerra civil y la experiencia del exilio”…

Francisco Ayala regresó a España en 1931 y obtuvo el grado de “Doctor” en la Universidad Central. Proclamada ese año “la República”, en la memoria del granadino se grabaron estas señales: “Se produjo el 14 de abril; y cuando nosotros oímos por la radio la noticia de lo que estaba ocurriendo salimos a reunirnos en el café de la Granja El Henar con los amigos que allí solían hacer tertulia a diario. La concurrencia era mayor que de costumbre, y la excitación de la gente, muy grande”. En aquel tiempo, Francisco Ayala fue incorporado al Cuerpo de Oficiales Letrados del Congreso de los Diputados y asumió la cátedra de Derecho Político, Sociología y Ciencias Políticas. El 4 de noviembre de 1934 nació su hija Nina, única…

Al año siguiente viajó a Sudamérica para pronunciar conferencias en distintas ciudades. Estaba por esas latitudes cuando comenzó la guerra civil española en 1936 y sabido es que Francisco Ayala viajó hacia Asunción del Paraguay navegando sobre el río Paraná. Durante ese recorrido pudo observar distintas ciudades y pueblos, entre ellos Rosario y Santa Fe de la Vera Cruz.

Regresó a España y ejerció como “funcionario del Ministerio de Estado” desempeñando entre otras, las funciones de Secretario-Consejero de la Delegación Española en Praga.

Durante la guerra civil española debió emigrar y decidió vivir en Buenos Aires. Su hermano Vicente ha recordado que Francisco “vivía en la calle Defensa 440”.

En aquel tiempo, habían llegado hasta el río de la Plata y vivieron en Buenos Aires: Ramón Gómez de la Serna, María Teresa León, Claudio Sánchez Albornoz, Luis Jiménez de Asúa; Antonio López Llausás, Gonzalo Losada y Joan Merli (editoriales Sudamericana, Losada y Poseidón, respectivamente). Algunos en distintos momentos estuvieron también en Santa Fe de la Vera Cruz, capital de la provincia, siendo los más recordados los doctores Ángel Osorio y Gallardo, Niceto Alcalá Zamora; Juan Ramón Jiménez, Jacinto Benavente, José Ortega y Gasset, Rafael Alberti, León Felipe…

Victoria Ocampo necesitaba una persona con capacidad para desarrollar las ediciones de “Sur” y Rafael Vehils le propuso que convocara al editor catalán López Llausás que estaba exiliado en Francia y así fue como luego asumió la gerencia general de la empresa y poco después fue el principal accionista de la editorial Sudamericana, ámbito donde tras el casamiento de Silvina Ocampo con Adolfo Bioy Casares en febrero de 1940 -con el padrinazgo de Jorge Luis Borges-, durante diez años también estuvo cerca de ese grupo que incluía a destacados artistas plásticos. En aquella época, el granadino Ayala también conoció al periodista y escritor Eduardo Mallea de la Redacción del diario “La Nación” y desde entonces pudo difundir parte de su obra por ese medio.

Recién llegado a Buenos Aires, Francisco Ayala se dedicó a traducir y elaboró su versión de “Cuadernos” de Rainer María Rilke. Después comenzó a dictar clases de “Sociología” y viajaba hasta la capital santafesina, sede de la Universidad Nacional del Litoral. Su hermano Vicente -a los noventa y cuatro años de edad y siendo Francisco “centenario”-, destacó que así fue como logró que su hija Nina pudiera estudiar “en un Colegio privado, con enseñanza bilingüe”.

En 1945 estuvo prácticamente todo el año en Brasil dictando un Curso en Río de Janeiro y comenzó a redactar su Tratado de Sociología. Al año siguiente regresó a Buenos Aires; junto al filósofo Francisco Romero y apoyados por el escritor Eduardo Mallea, director del Suplemento Cultural del diario “La Nación”, lograron editar la revista “Realidad” con publicaciones de obras de Alfonso Reyes, Jean Paul Sartre, Pedro Salinas, Jorge Luis Borges… En ese espacio, Julio Cortázar en 1949 elogió la novela “Adán Buenosayres” de Leopoldo Marechal y con la edición del número dieciocho concluyó ese proyecto que había generado sucesivos debates culturales.

El cambio social que resultó evidente desde octubre de aquel año, se acentuó tras las elecciones del 24 de febrero de 1946 y durante la presidencia del general Juan Domingo Perón iniciada el 4 de junio de ese año. Francisco Ayala seguía desarrollando sus actividades hasta que según su testimonio, percibió la “atmósfera vulgar y vocinglera del peronismo”. A fines de 1949 cerraron la Revista “Realidad” y su hermano Vicente durante una entrevista comentada en el diario Clarín en marzo de 2006, destacó: “Los peronistas no lo molestaron a Francisco, pero él se sentía sin libertad intelectual: sus amigos de Sur no la pasaban bien”… (Sea tenido en cuenta que “la censura” en los medios de prensa determinaban absurdas decisiones y así fue como Victoria Ocampo, directora de “Sur”, fue detenida e internada durante breve tiempo”.

Al año siguiente, Francisco Ayala invitado por Manuel Rodríguez Ramos, Decano de la Facultad de Derecho de la Universidad de Puerto Rico, el doctor Francisco Ayala decidió instalarse en aquel país para dictar cursos.

En aquella isla centroamericana, vivieron exiliados los talentosos Juan Ramón Jiménez y Paul Casals, entre otros. Francisco Ayala fundó la Revista “La Torre” y se desempeñó como Profesor Visitante en la Universidad de Princeton hasta 1956. Durante los veranos viajó por distintos países de Europa y llegó hasta Oriente. Desde 1956 vivió en Estados Unidos. Aún seguía vinculado con amigos y editores de Buenos Aires y hasta fines de esa década, fue profesor de Literatura de Lengua Española en Rutgers University, New York University, Bryn Mawr College.

Durante el verano de 1965, “en su casa de Madrid, a un paso de la Cibeles”, Francisco Ayala dialogó con el periodista Andrés Amorós y esa conversación fue difundida desde “Revista de Occidente”. Reiterada por el entrevistador décadas después, es oportuno incluirla en esta aproximación a la trayectoria del notable granadino: “…charlamos con calma sobre la literatura, su función en la sociedad de masas, su propia obra… Al preguntarle entonces sobre la conexión entre sus diversas dedicaciones literarias me señaló su profunda unión y cómo elegía, en cada caso, la forma más adecuada para su propósito expresivo. Insistí yo en cuál de los campos le interesaba más y él, sabiamente, alteró un poco la pregunta para darle una respuesta rotunda:

‘Si cambiásemos el enunciado de su pregunta y ésta fuera sobre qué manifestación me parece más valiosa, me procura mayor placer y, en fin, me promete cierta perennidad, yo diría que la creación literaria imaginativa, pues sus estructuras son capaces de preservar un sentido esencial y, en alguna manera, desligado de las circunstancias concretas. No vacilo en confesarle que me siento ante todo y sobre todo creador literario, y en ello me he mantenido fiel a mi primera vocación’.”

El escritor y periodista argentino Eloy Martínez -residente en Estados Unidos de Norte América-, durante un encuentro con Francisco Ayala, le preguntó: “…¿qué fue de su vida después de Chicago?”. En la crónica publicada el 16 de octubre de 1999 en el diario “La Nación” de Buenos Aires, destacó la respuesta:

“Estuve dando vueltas por Nueva York algún tiempo. La noche del famoso apagón de Manhattan, en 1966, tropecé con Victoria Ocampo en un pasillo del Waldorf Astoria, donde yo estaba en busca de un amigo. Ella llevaba una vela encendida en una mano y una silla liviana en la otra, y así estuvimos conversando sobre las desventuras de la modernidad durante un rato. Dos días después tomé el avión y regresé a España, de donde me había marchado en 1936.”

Cuando llegó a España, Francisco Ayala compró una vivienda cómoda, para descansar durante los veranos y se dedicó con entusiasmo a su labor literaria y periodística, también a pronunciar conferencias.

El 30 de julio de 1966 nació su única nieta: Juliet Catherine Mallori. Ese año, en la Universidad de Chicago le encomendaron una cátedra Especial y siguió alternando su labor docente y la literaria.

Tradujo varios libros y escribió prólogos. Desde 1972 hasta su jubilación a los setenta años de edad, fue profesor de Literatura en el Brooklyn College (City University of New York). Al año siguiente, recibió el título honorario de Doctor otorgado por la Northwestern University.

Tenía setenta y siete años cuando fue electo Miembro de la Real Academia Española y fue incorporado al año siguiente.

Títulos de obras editadas:

Es oportuno enunciar los títulos de sus libros teniendo en cuenta dos etapas: antes y después de la guerra civil española: en el lapso 1925-1936, publicó:

1925: Tragicomedia de un hombre sin espíritu. (Escrita en 1923, siendo alumno de primer año de Derecho en la Universidad de Madrid.)

1926: Historia de un amanecer. (Novela, realista.)

1927: Medusa artificial. (Novela.)

1929: El boxeador y un ángel. (Cuentos.)

1929: Indagación del cinema (“una de las primeras y más lúcidas reflexiones aparecidas en España sobre el nuevo arte, precisamente en los años en que surgieron los primeros teóricos e investigadores españoles en este ámbito”…)

1930: Cazador en el alba (Cuentos, prosa vanguardista).

Terminada en 1939 la guerra civil española y residiendo en Buenos Aires, Francisco Ayala publicó:

1944: El hechizado. (Denuncia sobre inmoralidades y estupideces del “poder”.)

1949: Los usurpadores (incluye el anterior, siete narraciones de tono irónico y satírico, relacionadas con “el ansia de poder”.

1949: La cabeza del cordero. (Novelas cortas con relatos sobre la guerra civil española con un estilo rechazado por el crítico español Francisco Umbral. Incluye observaciones de un soldado falangista y de un moro que tiene el propósito de conocer a un pariente, republicano que vuelve del exilio; conmovedoras historias con atisbos de realidad y el misterio de “los fantasmas” que se van generando como síntesis del miedo y la imaginación. Otra fue la opinión de Umbral cuando en España fue celebrado el centésimo cumpleaños de Ayala y en estas páginas están reiteradas algunas conclusiones.)

Algunos Ensayos:

1941: El pensamiento vivo de Saavedra Fajardo.

1941: El problema del liberalismo. (Al año siguiente, edición ampliada.)

1943: Historia de la libertad.

1944: Los políticos.

1944: Histrionismo y representación y Una doble experiencia política: España e Italia.

1945: Ensayo sobre la libertad y Jovellanos.

1947: Tratado de Sociología (y 1959).

1949: Ensayo sobre el catolicismo, el liberalismo y el socialismo.

1952: Introducción a las Ciencias Sociales.

Durante su residencia en Puerto Rico y desde 1956 en Estados Unidos, siguió publicando, logrando editar por primera vez en España en 1955.

1955: Historia de macacos. (En 1952 difundido desde la revista Sur, relatos satíricos en torno a las reuniones literarias, cenas y “noches de tango”. Primera obra publicada en su país natal.

1956: El escritor en la sociedad de masas. (Ensayo.)

1958: Muertes de perro. (Denuncias por situaciones de poblaciones americanas sometidas a un dictador. Aquí, un fragmento: “Pero, hija mía, ¿cómo pudiste?… ¿por qué te dejaste hacer? -me preguntaba consternadísimo el pobre don Antonio, con más perplejidad que reproche en la voz. ¡Como si yo hubiera tenido respuesta que darle! ¡Como si no fuera eso mismo lo que yo me pregunto, y vuelvo a preguntarme, con estupefacción una y otra vez, incansablemente! Que vivimos rodeados de misterio, lo sé; que el universo entero es impenetrable, y que sólo nos resta inclinarnos ante la grandeza divina. Pero nada aterroriza tanto como el darse cuenta de que también el fondo de uno es impenetrable, y desconocerse, e ignorar quién se es”.)

1962: El fondo del vaso (continuación de la anterior).

1963: El as de Bastos (Siete cuentos.)

1965: Mis páginas mejores.

1965: El rapto.

1966: Cuentos.

1969: Obras narrativas completas. Glorioso triunfo del Príncipe Arjuna.

El filósofo y un pirata. (Indagación en torno a “la razón”.)

1970: Reflexiones sobre la estructura narrativa. (Ensayo.)

1970: Lloraste en el Generalife. (Escrito tras un recorrido por la Alhambra.)

1971: El jardín de las delicias (Primera parte “Diablo mundo” y segunda: “Días felices”). En 1972 le otorgaron el “Premio de la Crítica”. La revista La revista “Ínsula” le dedicó un número-homenaje y ese libro fue reconocido como “una de sus obras capitales”. Luego fue reeditado “junto a El tiempo y yo”, incluyendo “Regreso”.

1972: El hechizado y otros cuentos.

1975: Cervantes y Quevedo. (Ensayo.)

1977: Regreso a Granada. (Ensayo.)

1980: Recuerdos y olvidos. “Memorias” que continuó en 1982. Premio Nacional de Literatura y Crítica, 1983 – Obra que amplió en 1988 y 2006. En esta aproximación a su trayectoria, incluido un fragmento pertinente al segundo tomo.)

1982: De triunfos y penas.

1988: El jardín de las malicias.

1990: Relatos granadinos.

1990: El escritor en su siglo. (Ensayo.)

1992: El regreso.

1996: De mis pasos en la tierra.

1998: Dulces Recuerdos.

1999: Un caballero granadino y otros relatos.

1999: Cuentos imaginarios.

—– La invención del Quijote. Indagaciones e invenciones cervantinas.

No ha sido por casualidad que Paco Ayala haya sentido el impulso de expresar:

“Uno escribe siempre su propia vida, sólo que por pudor la escribe en jeroglífico”.

Entiendo que dar razón de mi obra literaria equivale a dar razón de mi vida”.

De “Recuerdos y olvidos”.

En el segundo tomo de ese libro distinguido con el “Premio Nacional de Literatura”, Francisco Ayala rememora algunas vivencias compartidas mientras viajaba por la provincia de Santa Fe:

“Durante uno de aquellos viajes míos en tren hacia la ciudad de Rosario me hizo levantar la vista del libro un grupo de jóvenes, hombres y mujeres, que entraron y se acomodaron en el mismo coche, y me llamó la atención en particular un barbudo calvo que acunaba en sus brazos a una criatura de pocos meses. Visión extraña, cómica y tierna la de aquella especie de inquieto y jovial sátiro, que resultaría ser el director de un conjunto de música antigua en gira por el interior del país. El niñito no era suyo, sino de una de las instrumentistas, quien al poco rato lo rescataría del amistoso sátiro de voz aflautada, una de las personas más inteligentes, refinadas, delicadas y sensibles que jamás he conocido, erudito a quien mucho estimo y amigo a quien mucho quiero: Daniel Devoto. Entonces todavía no nos habíamos conocido. Entraríamos en relación poco después, a través de Baudizzone, de Julio Cortázar, de José Luis Romero… Años más tarde, Daniel y yo coincidiríamos todavía en París, cuando él estaba en trámites para casarse con Mariquiña Valle-Inclán”…

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En otros relatos, Francisco Ayala recordó algunos “escándalos” provocados por el comediógrafo y dramaturgo español Jacinto Benavente durante su gira, “en busca de amores masculinos” -al decir del granadino-, siendo frecuentemente acompañado por la talentosa Lola Membrives, su amiga.

Es recordado su relato en “Recuerdos y olvidos”, escrito tras un diálogo con el peluquero de un hotel de la capital santafesina:

“…mientras que yo le estaba haciendo la barba sacó con disimulo su mano bajo la toalla y, fíjese, de pronto siento que empieza a querer toquetearme. Yo al principio no podía creerlo. Me separé del sillón todo lo que pude; pero al comprobar que insistía me entraron tentaciones de rebanarle el pescuezo con la navaja de afeitar… Pero pensé… vas a desgraciarte, y vas a dejar sin un premio Nóbel a la Madre Patria… De modo que lo planté así no más, a medio arreglar la barba… El muy desgraciado se marchó tan fresco. Encima se me iba riendo…”

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Desde otra perspectiva, el poeta y periodista José Rafael López Rosas, entre la discordia y la melancolía, destacó que cuando Benavente llegó a la capital santafesina para la “representación de una de sus obras… nadie quiso perder sus charlas, salpicadas de fino humor y gracia”.

Marcos Aguinis reiteró otra anécdota, referida al momento en que Benavente estaba embarcándose para retornar a España e interrogado acerca de qué opinión tenía acerca de los argentinos, respondió que la expresaba en una sola palabra, que era precisamente la única que se podía formar con esas letras: argentinos – ignorantes

Así suele suceder mientras son recorridos los laberínticos senderos literarios donde confluyen sucesivas “verdades” que suelen ofender mientras se multiplican diversos “mitos” que suelen confundir…

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Algunas distinciones:

1977: Número especial como Homenaje en Cuadernos Hispanoamericanos.

1983: Premio Nacional de Literatura – Narrativa. / Designado Miembro de la Real Academia Española.

1984: Incorporación como Miembro de la Real Academia Española. Pronunció su discurso referido a “La retórica del periodismo”.

1986: Invitado por la “New York University” para inaugurar la cátedra dedicada a España bajo la advocación del rey Juan Carlos I, dictó un curso referido a La imagen de España. Continuidad y cambio en la sociedad española. Esos contenidos fueron publicados en un libro.

1988: Premio Nacional de las Letras Españolas.

Doctor “Honoris Causa” por las Universidades Complutense de Madrid, Sevilla y Granada.

1990: Proclamado “Hijo Predilecto de Andalucía”, recibió el “Premio de las Letras Andaluzas”.

1991: Premio “Miguel de Cervantes” entregado en solemne acto, el 23 de abril de 1992.

1991: En Granada se desarrolló el “Congreso Internacional sobre Francisco Ayala: Teórico y crítico literario”, evidente reconocimiento a su trayectoria.

1994: Premio de Investigación “Ibn Al-Jatib”.

1997: Propuesto para el Premio Nobel de Literatura.

1998: Premio “Príncipe de Asturias”.

1999: Medalla de Oro de la Universidad Internacional “Menéndez Pelayo”.

2001: Premio “Abril Martorell”.

2002: Medalla de Oro al Mérito al Trabajo y Medalla de Oro de la Real Academia de Bellas Artes de Granda. Socio de Honor de la Asociación de Prensa de Madrid.

2003: Socio de Honor de la Asociación de la Prensa de Granada.

—– El Consejo Audiovisual de Andalucía, como reconocimiento a su trayectoria impuso su nombre al “Premio de Investigación y Ensayo sobre Comunicación Audiovisual.

El “Premio Traducción” ostenta su nombre, impulsado por las autoridades y la comunidad de su tierra natal.

1999: ecos de un encuentro en “Casa de América”…

El periodista y escritor argentino Eloy Martínez, desde Highland Park (New Jersey), envió un nota al diario “La Nación” de Buenos Aires, titulada “La lengua de Francisco Ayala” relacionada con un encuentro en “Casa de América”. La Federación de Editores de España lo había invitado a debatir junto a Paco Ayala y a Carlos Fuentes, quien debió desertar porque le entregaban un premio en México.

Francisco Ayala tenía noventa y tres años cuando ellos subieron y bajaron escaleras, “sin que la respiración de Ayala sufriera el menor sobresalto”.

Martínez destacó que la sala estuvo colmada: “…Ayala se bastó para contestar a las preguntas del público, que nos llevaron desde las acepciones cambiantes que tienen las palabras eróticas en los distintos países de la lengua castellana hasta las últimas correcciones ortográficas de la Real Academia. Con una increíble soltura de inteligencia y velocidad de memoria, Ayala lavó todas esas dudas y se llevó todos los aplausos.”

Después, el argentino había intentado en vano comunicarse con el escritor granadino para enviarle una copia de “su discurso” en aquellas circunstancias y decidió remitir tal nota a “La Nación”:

“El último recurso para no faltar a mi promesa es enviarle parte de lo que dije a través de este diario. Aunque son apenas fragmentos de un discurso más largo, sé que él va a leerlos dondequiera que esté, y a reconstruir el dibujo completo de aquel texto.

Copio, entonces, algunas de aquellas líneas:

‘Los que compartimos el castellano somos un solo ser que habla muchas cadencias de una misma lengua y que construye una sola tradición cuyo sustento son todas las tradiciones. En el exilio aprendí que nuestra patria es la lengua.’

‘En la Nueva York de 1880, donde se refugió de la persecución política y de las desventuras, José Martí recreó un nosotros americano tallando su lenguaje con los neologismos de la modernidad naciente. Uno de los prodigios de Martí fue retratar el vértigo de los rascacielos que empezaban a levantarse en Manhattan con una lengua que resucitaba, y renovaba, los sonidos del Siglo de Oro. Saber que en la patria común de la lengua nuestro ser sobrevivía entero fue lo que decidió a los grandes editores españoles dispersados por la guerra Civil a fundar en América otras casas que repetían de algún modo la casa perdida, y fue también lo que permitió que casi todos los grandes escritores hispanoamericanos no se desorientaran en las infinitas estaciones de los exilios.’

‘En el lugar donde ahora vivo, en la costa oriental de los Estados Unidos, miles de angloamericanos toman clases de castellano todos los días, en tanto que cientos de miles de hispanoamericanos aprenden a hablar inglés. Esas estadísticas, que parecieran pronosticar un futuro en el cual la lengua mayoritaria terminará aplastando a la otra, son estadísticas engañosas. En la mutua fertilización, el castellano avanza sobre el inglés por un impulso que es a la vez demográfico y afectivo. Quien ha nacido y crecido en la cultura española no la abandona.’

‘Para esas incesantes corrientes migratorias que en los Estados Unidos se definen con un gentilicio común, hispanos, la lengua es la única certeza de pertenencia, el refugio final de la identidad. Se cocina, se ríe, se pasea, se baila, se enamora, se amamanta, se muere en castellano. La vida íntima de los hispanos no se resigna a otra lengua.’

‘Cuanto más fuertes somos, más libres somos. Gracias a esa libertad sabemos que es posible absorber todos los vocablos y modismos ajenos y apropiarnos de todo lo que las corrientes del tiempo van arrojando en nuestro vasto cauce, porque la sabiduría de la lengua recoge el limo de lo que sirve y deja en la orilla la resaca de lo superfluo.’

‘Hace dos siglos, el venezolano Simón Rodríguez emprendió una encendida campaña de alarma no ya contra los neologismos sino contra un riesgo que le parecía aún más letal: la asfixia de las palabras a través del vaciamiento de sus sentidos. Rodríguez advirtió que algunos vocablos esenciales estaban mudando de piel y expresando valores que a veces eran contrarios a sus valores de origen. Aludía a palabras como libertad, pueblo, democracia y justicia: las mismas que ahora, tanto tiempo después, pueden leerse a veces como sinónimos de libre mercado y lógica del consumo.’

‘Nadie aspira, como hace siglo y medio, a la independencia lingüística. Todos, en cambio, aspiramos al mutuo respeto de nuestras diversidades regionales y a la máxima libertad para crear, dentro de la lengua común, los lenguajes particulares que mejor expresen las diferencias de nuestras culturas y las oscilaciones -diversas, claro que sí- de nuestros tonos culturales.’
‘Creo en la necesidad de los diccionarios, pero creo también en la felicidad de violarlos. La lengua es hija de la historia y nadie podría decir ahora qué hará con ella la historia dentro de cien años o qué deshará al compás de las costumbres y de los olvidos. Sólo sé que nuestra identidad hispana permanecerá allí, en la lengua común, dentro de muchas centurias; sé que en la lengua común nos reconoceremos los setecientos millones o los mil millones de ese cercano futuro. Sé que algunas de las palabras ancestrales que hoy compartimos se mantendrán inalteradas interminablemente: casa, madre, hijo, lengua, libro, sonidos españoles que eran ya nuestra morada en los tiempos de Cervantes, de Calderón, de Quevedo, y que seguirán abrazándonos después de Borges, de Neruda, de Lorca’.”

(Esta inclusión que podría parecer inoportuna, conecta en esta instancia con los análisis y conclusiones acerca de la lengua castellana, desarrollados un lustro después durante la “teleconferencia” de Francisco Ayala, en el tercer congreso internacional realizado en la sureña ciudad de Rosario, en la República Argentina.)

2004: III Congreso de la Lengua en Rosario (provincia de Santa Fe)

Lema: “Identidad lingüística y globalización.”

Francisco Ayala con noventa y ocho años de edad, no pudo viajar para pronunciar su discurso en el III Congreso de la Lengua que se desarrolló con la presencia del rey de España Juan Carlos I y su esposa, la Reina Sofía; el presidente argentino doctor Néstor Carlos Kichner y su esposa Cristina Fernández de Kirchner, senadora por la provincia de Santa Cruz; el presidente de los Estados Unidos de México Lic. Vicente Fox Quesada, entro otros…

Habían invitado para hablar en tales circunstancias, don Francisco Ayala en representación del Reino de España, Carlos Fuentes en representación de América Latina y el argentino Héctor Tizón.

En la memoria de don Paco Ayala aún pulsaban las señales acumuladas durante sus recorridos en trenes, desde la capital federal hasta Rosario y luego en colectivo hasta llegar a la capital santafesina para dictar sus clases en la Universidad Nacional del Litoral y así lo destacó Fernando Toloza en una crónica publicada él 16 de noviembre de 2004 en el diario “La Capital” de Rosario. En aquella época, lo había sorprendido el escritor y musicólogo Daniel Devoto que realizaba una gira por todas las provincias comenzando por Rosario donde vivía su amigo Julio Cortázar, quien luego lo presentó a Ayala y así comenzó una amistad que generó encuentros en otras latitudes, cuando Devoto estuvo en Francia…

También es sabido que en la ciudad de Rosario -sur de la provincia de Santa Fe-, fue editado “Quijote de las Academias” con prólogos de Francisco Rico, Martín de Riquer y Mario Vargas Llosa y que hay uno escrito por Francisco Ayala.

Fragmento de la “teleconferencia”…

Durante el Tercer Congreso internacional de la Lengua Española, en Rosario proyectaron una “teleconferencia” y es oportuno reiterar algunos párrafos de lo expresado por Francisco Ayala:

“…Por el lenguaje se define mi presencia en el mundo: me siento, y me he sentido desde siempre, un escritor. Mi ocupación constante ha consistido en dar forma verbal por escrito a las ocurrencias de mi fantasía.

Si bien no he querido nunca hacer de ello una profesión en el sentido de económico modus vivendi, este último -es decir, mi profesión- ha estado también ligado en mí a la expresión, tanto oral como literaria, en cuanto que he sido periodista, y sobre todo en mi calidad de catedrático; un catedrático que no sólo dictaba enseñanzas en varia materia, sino que a la vez publicaba ensayos y libros de tema, tono y alcance intelectual.

Esto es lo que me ha definido y me ha calificado socialmente; pero no es menos cierto que si yo he estado siempre ligado al idioma de un modo muy particular y específico, tal condición es común a todos los seres humanos en general, tanto que por ella se distingue a nuestra especie biológica del resto de los vivientes. Solemos creer, quizá por engreimiento, que el hombre supera en cuanto a sus facultades mentales al resto de las criaturas que pueblan el universo. No estoy tan seguro, pues quizás una observación atenta descubre pronto en otras especies sutilezas y habilidades tales que bien podría envidiar la nuestra.

Pero en cualquier caso, y aunque algunas bestias sean capaces de imitar, e imiten con bastante fidelidad, los sonidos que constituyen un idioma humano para reproducir nuestros vocablos, ninguna ha sido capaz de mostrar, ni de lejos, la riqueza y versatilidad de nuestro lenguaje articulado.

Nuestras palabras sirven no sólo para ayudarnos a indagar en los misterios del universo, sino también, lamentablemente, para intentar engañarnos los unos a los otros, de donde proceden las distintas formas de superchería; o lo que quizás sea peor, hasta la mera vacuidad a que parece aludir la famosa queja de Hamlet: Words, words, words.

Así, pues, mi larga vida ha estado embargada por el uso del idioma: de este idioma español que he tenido la suerte de poder conocer y practicar en toda la rica variedad de sus modulaciones, tanto en diversos sectores de mi tierra natal y europea como, pronto, en la generosa extensión del continente americano.

Mis circunstancias personales han determinado, en efecto, que durante períodos diversos de mi procelosa existencia haya disfrutado de dicha variedad; y así puedo decir que, por lo pronto en la Argentina, y dentro de ella, no sólo en Buenos Aires, sino también en las ciudades de su Litoral -en esta misma ciudad de Rosario donde en el momento actual se encuentra reunido el congreso a cuyos miembros me dirijo-, y por fin en varios países del norte de este continente -en México, en Cuba, en Puerto Rico-, he ejercido mis actividades de enseñante y practicado a la vez mi tarea de escritor.

No hace falta ser ni poeta ni gramático ni filólogo ni de cualquier otro modo estar ligado por vocación innata a la lengua para que ésta resulte ser algo inherente a la humana condición. Pues las palabras que todos empleamos aspiran a tener sentido o, mejor dicho, no pueden dejar de tenerlo: significan siempre un algo; y así, el conjunto de las significaciones que integran la riqueza de una lengua presta espacio a una esfera distinta y superior a aquella de las cosas materiales en cuyo ámbito, de todos modos, como vivientes, como miembros de una especie zoológica, nos encontramos.”

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2006: celebración del “Centenario”…

Vivimos en un momento crítico.

No hay seguridad de nada

y todo está deshaciéndose.”

Francisco Ayala.

Comenzó la celebración del centenario del nacimiento de Francisco Ayala al desarrollarse un acto en la Biblioteca Nacional, presidido por la vicepresidenta primera del Gobierno María Teresa Fernández de la Vega y Carmen Calvo, ministra de Cultura. En esas circunstancias fue anunciada la constitución de la “Comisión Nacional”. La vicepresidenta Fernández de la Vega, destacó que el propósito del Gobierno era impulsar una “fiesta del conocimiento, de la literatura, el arte, la poesía, el derecho, la sociología y de otros muchos campos que su ingenio ha labrado”…

El poeta Luis García Montero asumió el rol de Presidente Ejecutivo –Comisario

Comisión, que cuenta con Luis García Montero como presidente ejecutivo y está integrada por 48 miembros, servirá, no sólo para rendir homenaje a la figura de Ayala, sino también para actualizar las reflexiones sobre la libertad, sus retos, sus limitaciones y las amenazas que la misma recibe en la perspectiva del siglo XXI.

de los actos de celebración de ese centenario y cuarenta y ocho miembros co-operarían para el desarrollo del cronograma de actividades programadas como reconocimiento a la vida y obras de Francisco Ayala; entre ellas, un Ciclo Cinematográfico en el Círculo de Bellas Artes hasta diciembre de 2005 y el 16 de marzo del año siguiente: Conferencia de Federico Mayor Zaragoza en la Biblioteca Nacional.

Al finalizar aquel acto, el destacado escritor granadino expresó su pesimismo ante los hechos que siguen conmoviendo a la humanidad en distintas latitudes y que el periodismo difunde por distintos medios.

Sus declaraciones durante aquella jornada, fueron reiteradas por distintos medios de comunicación y es oportuno reiterar algunos párrafos:

“Con la bondad que cae sobre mí como una lluvia benéfica me he ablandado y me he emocionado con todo lo que han dicho sobre mí.

He sentido un temblor interior y con esta emoción que he sentido, he descubierto que ya no soy el mismo”…

“Estos cien años me han sometido a pruebas muy difíciles de las que penosamente he podido salir adelante. Y ahora cuando llego a esta estación de término tengo la suerte de encontrar el afecto y la comprensión general que considero recompensa por la larguísima tarea, muy ardua a veces, de haber salido adelante con limpieza”…

“Soy un hombre que está terminado la vida y todo ello me lleva a una reflexión y a un cambio de perspectiva vital fundamental. Antes esperaba el futuro pero llega un momento en que uno piensa que es una tontería pensar en el mañana y no tiene ningún sentido hacer perspectivas de futuro”.

“Estamos en un momento de paso de una época a otra nueva, impredecible para mí”…

Más señales y claves de Francisco Ayala…

Cercano el centésimo aniversario del nacimiento de Francisco Ayala, distintos medios difundieron diversos encuentros y homenajes. Durante una entrevista con Luis García Montero -comisario del Centenario-, el escritor dijo: “intento estar tranquilo, sobre todo en contraste con mi mujer, que tiene la imposibilidad de tranquilizarse. Entre mi pachorra y su inquietud creamos un cierto equilibrio”.

En aquellas circunstancias, ya estaba terminada la edición de su narrativa titulada De toda la vida (editorial Tusquets) y Francisco Ayala destacó:

“Nadie podía haber hecho este libro mejor que Carolina, porque ha estado al tanto de todo lo que yo he hecho, no como esa secretaria fiel que se presta a “ser”, sino como una “colaboradora”.

Tras una alusión a la guerra civil española, Ayala dijo:

“Frente a la guerra civil yo he tenido una posición en la que se une mi actitud moral con una comprensión intelectual de los acontecimientos que los pone en un plano intemporal. Porque todos hemos sido víctimas de la guerra en un sentido humano difícilmente superable.”

Al reconocer parte de su trayectoria, Francisco Ayala expresó:

“…Yo quería ser escritor pero poco a poco entré en la literatura y la literatura se fue apoderando de mí. Ya no era algo que estaba fuera de mí, sino que fue incardinándose de tal manera que los géneros literarios desaparecieron, y dejé de escribir novela propiamente dicha. En la última fase, como se ve perfectamente en la antología, ya la vida inmediata y concreta de esos días está convertida en literatura”…

Es oportuno destacar que en Estados Unidos, Francisco Ayala siendo un destacado profesor, conoció a la joven profesora Carolyne Richmond, nombrada generalmente Carolina. Cuando celebró el septuagésimo obtuvo su jubilación y desde entonces, ella es reconocida como su entusiasta compañera, su esposa.

No fue por casualidad que durante una entrevista, el perseverante escritor expresara:

Veo que hay gente que, muy pronto, en el curso de su vida, ya no está interesada por lo que pasa alrededor, pero si uno consigue no ser un testigo del pasado, sino estar viviendo en un presente continuamente actualizado, entonces puede vivir más…”

Opiniones de Paco Ayala sobre algunos escritores…

Interrogado por Luis García Montero acerca de sus valoraciones en torno al escritor Ramón Gómez de la Serna, uno de los tantos exiliados en la Argentina en tiempo de guerras, el anciano Francisco Ayala contestó:

“Para mí ha sido un caso notable de admiración literaria sin límites y de rechazo de la personalidad, por su falta de mesura y de una serie de cualidades fundamentales de las que carecía, de modo que procuré evitar incluso el contacto personal. Recuerdo que la primera vez que fui a la tertulia de Pombo (y la última, porque no volví nunca más) solía acudir a la tertulia un mendigo al que llamaban Pirandello, y gastaba unas bromas poco piadosas al pobre hombre, que se prestaba a eso a cambio de una limosna. ¡Me pareció tan horrible! Me produjo tanta repulsión interior que la personalidad humana de Ramón no la tragué nunca, nunca. Y luego, como escritor, lo mismo mezclaba la poesía y alta poesía de sus mejores momentos, con patochadas, y no sabía distinguirlas”…

Cuando a Francisco Ayala le recordaron que Jorge Luis Borges había señalado que El hechizado era uno de sus mejores versos, contestó:

“Borges era muy arbitrario. No hay que tomar un elogio suyo como un dictamen definitivo, pero la gente lo repite y a mí me encanta, porque yo tengo la mayor estimación hacia la figura y la persona de Borges, y eso que de pocos escritores puedo decir que admiro al hombre. Borges tenía una profunda humanidad, una modestia increíble, que es una forma suprema de la soberbia. Yo he estado muy cerca de él, y sé de su bondad profunda, inteligente. Y es una cosa rara, porque la gente confunde bondad con bobería”.

Opiniones de escritores sobre Francisco Ayala…

Durante una entrevista, Francisco Umbral que a mediados del siglo veinte había criticado negativamente a Ayala por su libro “La cabeza del cordero”, en el 2006 dijo:

“Paco Ayala reúne todos los dones del escritor profesional y autoelegido. Cultura, memoria, viajes, amistades, soledad y compañía. Pero le falta una cosa de la que yo no puedo prescindir. Le falta sencillamente la gracia… En Ayala encuentro una prosa plana, como de profesor”.

En marzo de 2006, en el diario español “El Mundo”, destacando que “cien años no es nada”, Manuel Ángel Vázquez Medel, catedrático de Literatura de Sevilla, expresó:

“…Ayala es, por encima de toda consideración, un escritor ejemplar: un clásico, un modelo digno de imitación. La aceptación de sus circunstancias vitales, la sabia distancia que adopta ante una felicidad que sabe efímera y un dolor que proclama inevitable, la capacidad de indicarnos el camino desde nuestra situación histórica hacia la radical pregunta por el Ser (y hacerlo de manera tan hermosa)… su conformidad ante la fatalidad de la muerte le han hecho ya, de alguna manera, inmortal… En ello consiste el glorioso triunfo de Francisco Ayala.”

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Presencia de su hermano Vicente…

En la edición del lunes 13 de marzo de 2006, en el diario “Clarín” de Buenos Aires informaron que “el librero Vicente Ayala tiene ya un pie en el avión que lo llevará a Madrid, donde -este jueves- toda España celebrará los cien años de edad de su hermano Francisco Ayala, el famoso escritor que vivió en Buenos Aires entre los años 1939-1950 y es miembro de la Real Academia Española y ganador del Premio Cervantes. Sus obras están editándose para este homenaje y el presidente José Luis Rodríguez Zapatero ha dicho que Ayala es ‘una referencia moral de España’.”

En la crónica destacaron que Vicente Ayala tenía 94 años de edad y “mucha memoria… recuerda que ‘Buenos Aires era amigable para quienes llegaban de Europa en esa época’…”

Su hermano Francisco había llegado en 1939 y pagó los pasajes para que Vicente pudiera desembarcar “en mayo de 1940 luego de sufrir la Guerra Civil y dos años de cárcel en Burgos”. En la familia integrada por “liberales no muy católicos”, todos eran “republicanos”, algunos médicos y abogados. Fuerzas franquistas fusilaron al padre y a uno de los hermanos.

Vicente Ayala rememoró aquellos primeros años del exilio, cuando comenzaron a trabajar en el local de Santa Fe y Sánchez de Bustamante, luego adquirido y donde estaba dialogando con el periodista:

“Yo trabajaba 18 horas diarias en la librería junto a mi mujer y dormíamos en la trastienda para ahorrar gastos, el local era alquilado. Francisco vivía en San Telmo, tenía que mantener a su esposa y a una hija, sobrevivía con su sueldo de profesor y hacía traducciones.”

“Francisco nunca trabajó conmigo en la librería pero consiguió un préstamo útil para empezar”…

“En aquel tiempo, la avenida Santa Fe tenía un empedrado de madera por donde corrían dos líneas de tranvías, en una oficina cercana trabajaban el general Farrell y el coronel Perón, yo les hacía las tarjetas personales allá por el año 1943… La librería era visitada por Bioy Casares, Romero, Borges y Mallea”…

2006- “Espejo de un siglo”

El escritor argentino Antonio Requeni desde el diario “La Nación” de Buenos Aires, difundió un comentario sobre el libro “De toda la vida”, editado por Tusquets.

Aquí, como homenaje al talentoso granadino, la reiteración de aquella nota que simbólicamente es el “espejo de un siglo”…

Destacó Antonio Requeni:

Decano de las letras españolas. Francisco Ayala es, a sus ciento un años, el último sobreviviente de la brillante generación literaria que con el triunfo militar de Francisco Franco, tras una cruenta guerra fraticida, optó por el ostracismo. Ayala vivió en la Argentina, donde colaboró en LA NACION y Sur, creó y dirigió la excelente revista Realidad y publicó algunos de sus mejores libros. Posteriormente se trasladó a los Estados Unidos para ejercer allí, por largos años, la docencia universitaria. Muerto Franco, regresó a España, recibió los premios Cervantes y Príncipe de Asturias y fue incorporado a la Real Academia Española.

El año pasado, al cumplir su centésimo cumpleaños, Ayala fue objeto de múltiples homenajes y se reeditó gran parte de su obra -novelas, cuentos y ensayos sociológicos y de crítica literaria-. Entre esos libros rescatados en 2006 se destaca esta recopilación de relatos que Tusquets distribuye ahora en nuestro país. Se trata de un grueso volumen al cuidado de Carolyn Richmond, esposa del escritor, que firma además un extenso epílogo donde sostiene que la experiencia y la fecundidad literaria de Francisco Ayala ‘constituyen, en su conjunto, un espejo de todo el siglo pasado’.

La antología, ordenada cronológicamente, recoge algunos cuentos de la década de los años veinte y principios de los treinta en los que, como ocurre en ‘El gallo de la pasión’, la prosa del autor granadino tiene rasgos afines a la vanguardia de aquel momento y muestra, asimismo, la influencia de la técnica cinematográfica. Vienen luego los redactados durante e inmediatamente después de la guerra civil, en la que asesinaron a su padre y a un hermano, contienda que determinó su evolución hacia un estilo más íntimo y personal. Sobresalen, a nuestro juicio, ‘Día de duelo’, ‘El tajo’, ‘Una boda sonada’ y un cuento escrito en la década del cuarenta, ‘El hechizado’, que Jorge Luis Borges calificó como ‘uno de los cuentos memorables de las literaturas hispánicas’. A partir de entonces, sus relatos tienen generalmente como trasfondo la realidad histórica y social. Los que escribió en la Argentina, donde vivió hasta 1950, reflejan además una indagación sobre los efectos del inexorable paso del tiempo, juntamente con la implícita denuncia de la intolerancia y los abusos del poder contra la libertad, a veces con un sesgo irónico, como sucede en ‘Historia de macacos’.

Resultaría excesivamente extenso el comentario sobre cada uno de los más de cincuenta cuentos reunidos en el libro, muchos de los cuales corresponden a las últimas décadas, pero no queremos dejar de señalar la nouvelle ‘La cabeza del cordero’ (uno de sus relatos más conocidos), la amena recreación de un tema clásico en ‘Diálogo entre el amor y un viejo’ y la gravitación cervantina en ‘Un caballero granadino’, los textos agrupados bajo el subtítulo ‘Percepciones’ y los entresacados de diversos libros en los que abundan las referencias autobiográficas y las impresiones de viaje, con especial sensibilidad por las ciudades de arte de España e Italia, así como los fragmentos narrativos de ‘Delicias del amor’.

Experiencia e invención, mucho de la propia vida y observaciones de la realidad contemporánea, sobre el bien y el mal, el sentido último de la vida y la muerte, la vejez y la compleja trama de la existencia, en fin, encontrará el lector de De toda la vida, volumen que representa un compendio ilustrativo de la producción ficcional de este longevo y prolífico autor que ha sido un testigo alerta de su tiempo y un insobornable creador literario.”

2007: propuesto para el Premio Nobel de Literatura.

La Sociedad General de Autores y Editores –SGAE-, propuso para el otorgamiento del “Premio Nobel de Literatura” al destacado Francisco Ayala nacido en 1906 en Granada; a Miguel Delibes nacido en 1920 en Valladolid y Ernesto Roque Sábato, nacido en 1911 en Rojas, provincia de Buenos Aires; personalidad que en determinadas circunstancias fue criticado porque aceptó la invitación del Teniente General Jorge Rafael Videla y el miércoles 19 de mayo de 1976, casi dos meses después de iniciado el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional compartieron un almuerzo con el presidente de la SADE, el sacerdote-escritor-periodista Leonardo Castellani y Jorge Luis Borges. Terminado aquel encuentro, Sábato expresó ante los periodistas: “Videla me dio una excelente impresión. Se trata de un hombre culto, modesto e inteligente. Me impresionó la amplitud de criterio y la cultura del presidente”. Ocho años después, designado por el presidente electo Raúl Ricardo Alfonsín, presidió la CONADEP –comisión nacional investigadora de la desaparición de personas- y en el prólogo del libro “Nunca más” con documentos y conclusiones acerca de las consecuencias de aquella guerra civil no declarada, escribió que “durante la década del 70 la Argentina fue convulsionada por un terror que provenía tanto desde la extrema derecha como de la extrema izquierda.”

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Lecturas y síntesis:

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.