EL BOSQUE

Por Nidia A. G. Orbea Álvarez de Fontanini.

Pulso entre 1943 y 1981…

Escrito en el bienio 1982-1983.

Fotocopiados en 1985: tres ejemplares.

Uno, dedicado a Ana María Amat,

hermana-compañera…)

LA SEMILLA.

Era una luminosa mañana, en el mes de mayo del año 1944.   Tengo la certeza de que fue un día pleno de sol -a pesar de no tener el dato en los apuntes-, porque cuando había nubes y amenazaban los vientos y la tormenta, el viaje hasta Santo Tomé quedaba suspendido.

En aquel tiempo, tener un automóvil era un signo de poder económico, sorprendente…

¿Qué empleado u obrero podía llegar a conducirlo, si no era a sueldo y para servir a quien era realmente “el dueño”?

Mi vida transcurría serenamente. Conocí en distintas reuniones de padres, a jóvenes empleados, a profesionales recién egresados y algunos sencillos obreros, casi incansables…

Aprendí a valorar “el trabajo”. Aún recuerdo el mameluco azul de mi querido tío -Segundo Álvarez- y el característico olor que impregna a las manos de los mecánicos.   Mis doce años, me ubicaban ya en la realidad de los “ricos” -aparentemente-, los que trabajando –o no-, llegan a vivir con dignidad y los “pobres” -eso lógicamente, utilizando las palabras en el significado genérico y simple que se les otorga, según los bienes materiales que sean poseídos-.   Comprendí que había hombres libres y otros, esclavos a pesar de la libertad aparente.   Que estaban los humildes y los soberbios, los benévolos y los iracundos, los déspotas y los humillados.

En ese otoño, todo mi ser se transformaba aunque muy pocos lo percibieran.   Ni yo misma tenía conciencia de los sutiles cambios en mi interioridad, que eran los que generarían la gran transformación.   Intereses nuevos ocupaban también mis pensamientos.   Atrás había quedado el patio con paraísos y la imagen de Juana de Arco en el colegio del Calvario.   Ahora, uno rodeado por altas galerías, mostraba arrogante en el centro la imagen de Sarmiento.   Faltaba el silencio de la Capilla.

Esas diferencias, producían en mi espíritu sensible un aprendizaje mayor que el proyectado desde las aulas y diariamente, forjaba mi personalidad con huellas intangibles, profundas.

Los domingos, había empezado la rutina de ir hasta la “Terminal”, para tomar el “Chumbito”.

(¡La “Terminal”!… Aún no comprendo cómo se denominan así algunas estaciones que solo son “paradas” para muchos colectivos de larga distancia, y punto de partida para otros tantos.   Sin embargo, el uso frecuente impide el análisis de algunas denominaciones.   Se utilizan esos nombres por ignorancia o con malicia.   En mi escaso saber, tampoco sé que significaba ese extraño nombre de “El Chumbito” para reconocer a los ómnibus que transitaban por el extenso Puente Carretero que luce sus hermosos arcos y une la capital santafesina con la histórica del casi legendario Paso de Santo Tomé…)

-¡Nos encontramos en la puerta de Gasparotti! -había sido la consigna del día anterior.

Y allí, en el tradicional almacén de Ramos Generales, se cumplía el rito de recoger las últimas provisiones para completar el “aperitivo” o el almuerzo, o la merienda, siempre sin privaciones.   Cada uno mostraba su generosa colaboración y en ese aspecto, mi padre estaba siempre primero.   No era porque le sobrara.

En esos encuentros, la comida no era equivalente a la mayor expectativa.. La amistad ocupaba su sitial de privilegio, y la charla intrascendente o el diálogo profundo, eran semillas echadas al aire campestre que fructificaban en el espíritu de todos los contertulios, nutriendo su interioridad.

(La televisión no había transpuesto las fronteras del imperialismo norteamericano… Era posible pensar que teníamos un mal menos y a la vez, desconocíamos las potencia de esa herramienta cultural).

Un juego con pelotas y paletas o a las bochas, o remar, o el fútbol, o largas caminatas bordeando la laguna Bedetti, a la sombra de perfumados aromitos en flor, permitían alcanzar el equilibrio necesario entre el cuerpo y la mente.

Bastante era el agobio por el trabajo en las oficinas de la Dirección General Impositiva -siempre la DGI…- o las cátedras, o estar pendiente de las existencias de mercaderías para hacer oportunamente las compras, o contar día a día, bulto a bulto, lo que entraba y salía del negocio.   Bastante era trabajar hasta el sábado, completo.

Por ese entonces, mis doce años ya habían acumulado el testimonio de otros “domingo”, para otro tipo de familias.

(Sucede que los niños, generalmente graban todo…)

Cuando iba a comprar algunos postres al “Polo Norte” en la calle San Martín casi esquina Mendoza -después de la compartir la celebración de la Misa de las diez en la Iglesia del Carmen-, podía observar la presencia de personas de edad aproximada a la de mis padres, que se reunían en la famosa “confitería” de la quieta Santa Fe de la Vera Cruz, mientras escuchaban a la orquesta o comentaban sus últimas novedades.

(Esa visión dominical -sinceramente-, poco me interesaba, salvo para acumular las fugaces experiencias compartidas mientras compraba algún postre.)

Más de una vez recordé las charlas ingenuas en los recreos, y las confidencias de algunas compañeras que pasaban largas horas con sus “niñeras”.   Ese personal cumplía el servicio de vigilar a los hijos, mientras algunas madres atendían sus roles sociales: sesiones de “bridge”, “tés-canasta” o reuniones en aristocráticas comisiones para “beneficencia”.   Lógicamente, esos compromisos imponían otras obligaciones como las de elegir con cierto misterio y reserva los trajes de “gala”, sombreros o peinados. Si estaba próxima alguna fiesta “cívica”, la inquietud personal por estar deslumbrante ocupaba casi todo el tiempo.   El “baile” y el “teatro” exigían que todo fuera hermoso…

Mientras tanto, para otros “que todo fuera hermoso” dependía de que la familia pudiera estar reunida, completa. Así sucedía con frecuencia, en hogares con riqueza -¿con dinero?…- o en los que una mesa tendida con amor, ofrecía sencillas comidas con sabores criollos o preparaciones que revelaban más señales de la “inmigración”.

(Ese hermoso ejemplo tuve de mi madre, para quien nunca importó “cuánto había”, sino que fuera compartido con armonía, unidos fraternalmente, aún más en los “sentires”…)

En aquel tiempo, para mí era muy triste saber que otros chicos habían quedado tendiendo su mano, parados en la puerta de la Iglesia, en la calle, en las proximidades de la Confitería. Aún tengo en la memoria aquellas imágenes, el color de esas pieles rugosas por lo débiles, la mirada suplicante y los pies descalzos.

(Es terrible -agrego- que en 1989 aún los niños estén mendigando.

Releo en el 2004 y necesito decir que sigue aumentando la niñez desprotegida…)

No podría decir que aquello me parecía feo, porque realmente me parecía horrible, trágico, cruel.

Con el tiempo aprendí que “a eso”. se lo reconoce como INJUSTICA SOCIAL. A mediados de la década del ’40, aparecieron sobre el cielo de la República Argentina, tres franjas de una misma bandera, una de las cuales justamente simboliza “la JUSTICIA SOCIAL”.

Aún recuerdo que desde el almacén de Gasparotti hasta el “Rancho Iberá”, en ese kilómetro recorrido con paso tranquilo para no levantar el polvo del camino, escuché hablar de muchas cosas que por mi edad no podía captar con suficiente profundidad.

Álguien dijo:

– El 4 de Junio es casi seguro que no hay que trabajar.

Podríamos organizar algo…

Otro agregó:

            – Feriados… feriados… No piensan en lo que se pierde con un día sin trabajo.

Y entre comentario y comentario, alguien con indignación, levantando un poco el tono de la voz, expresó.

            – Hablan tanto de la “Revolución”…

             ¿Sabrán éstos qué es una revolución?… Revolución fue la de mayo de 1810.

Eran todavía pocos quienes suponían que se había generado una auténtica REVOLUCIÓN.

El germen, cuidadosamente protegido en el surco fecundo, esperaba su tiempo para mostrar su brote vigoroso.

Mientras tanto, algunos seguían con “la beneficencia” y “las confiterías” o los “bailes de gala”; otros con la ignorancia y el hambre.   Muy pocos sacando las “malezas” y arrojando agua clara sobre los recientes surcos, cooperando para acelerar el proceso de la germinación.

En lo político, con doce años de edad, eran mínimas mis posibilidades para entender, comprender y creer que había llegado el momento de una opción definitiva.   No obstante, gracias a Dios, estaba encaminándome hacia el sendero por el que transitaban los que esperaban un brote nuevo, como una esperanza para acabar con los postergados de siempre.

Fue necesario que transcurriera un lustro, para saber con certeza que cuando miro mi Bandera Argentina, veo algo más que el celeste y el blanco de su color.   Leo en cada una de sus franjas una consigna, nacida de una doctrina, basada en el cristianismo, que es el testimonio irrefutable de la auténtica REVOLUCIÓN EN PAZ que algunos distraídos no querían o no podían ver.

(Agrego con dolor, que en 1989, todavía no VEN…

Releo y digo en el 2004, que millones… siguen sin VER.)

Fue necesario seguir viviendo aún más lustros, para comprender que los que negaban esa revolución preferían la dependencia, el coloniaje y la injusticia social.

Un eco de multitudes, golpea aún en mis tímpanos, cuando recuerdo los sones de la marcha “Cuatro de Junio” y algunas transmisiones radiales que anunciaban la elección del General Juan Domingo Perón para ejercer la presidencia de la Nación, a pesar de la Unión Democrática creada con la intención de derrotarlo en los comicios del 24 de febrero de 1946. Después, en distintas circunstancias escuché que ya había terminado ¡la década infame!… sin entender a qué se referían con ese calificativo. Luego interpreté que había sido una década de fraude -decían que “patriótico” y llegó hasta “la Lotería”…-; también leí varios libros referidos a sucesivos “negociados”…

(No faltará quien diga que esto es un cuento.

Lo importante es que “es una historia real”, contada desde un Argentina que sigue siendo “invisible” para algunas minorías.)

¡No… no confunda! ¡No se trata de apoyar “los golpes”!… ¡Tampoco de distraer!…

Revisemos:

            “La Revolución del 4 de junio de 1943 no es una revolución más.   No es una revolución destinada a cambiar hombres o partidos, sino encaminada a cambiar un sistema y hacer lo necesario para que en el futuro no se produzcan los fenómenos ingratos que llevaron a tomar la dirección del Estado. Que aspira por lo tanto, a ser profundamente transformadora, especialmente en su sentido moral y humanista.

Las revoluciones no han escapado nunca a estos dos fenómenos fundamentales.

El mundo en su eterna evolución, marcha generalmente hacia la superpoblación y la superproducción. Ello trae, como inmediata consecuencia, la sobresaturación y el desequilibrio. Juntamente con estos fenómenos, o mejor dicho, por presión de ellos, la humanidad ha podido comprobar la aparición de otros fenómenos compensatorios…

La revolución del 4 de Junio ha estudiado y considerado estas cuestiones y ha interpretado esos fenómenos poniendo el mayor celo en evitarlos.   En el orden moral dicha descomposición se había presentado, en forma lamentable, en ciertos jefes de alta graduación que debieron ser condenados a prisión y degradados…

El caso de un jefe que fuera condenado a presidio por alta traición demuestra que la descomposición era evidente.   Las instituciones, como los estados, se descomponen, como el pescado, comenzando por la cabeza… Convienen recordar que las revoluciones las inician los idealistas con entusiasmo, con abnegación, desprendimiento y heroísmo, y las aprovechan los egoístas y los nadadores en río revuelto.   La revolución en su aspecto integral puede ser dividida en tres fases: la preparación, el golpe y la revolución misma”.

Sabido es que las primeras corresponden a las fuerzas armadas y la revolución “debe impregnar al pueblo de sus ideales… él debe tomar esa bandera que es la del bien nacional; y cada uno debe cooperar en la medida y en la esfera de su acción, para que ese movimiento que no es de nadie en particular, sino de todos nosotros, llegue a buen puerto en bien de la patria y de todos los argentinos” [1]

* * * * * * * * * * * *

LA COOPERACIÓN.

Los árboles que bordean el camino a las Cuatro Rocas, ya han perdido todas sus hojas y los pastos, han cambiado su color esmeralda por un tono amarillento.

A ambos lados del “Hogar de Niños”, el viento agita la melena de las viejas palmeras cual si fueran los flecos de un barrilete, obligando a levantar la mirada para contemplarlas en toda su esbeltez.

Algunas quintas revelan la dedicación de los dueños de casa y un conjunto de rectángulos de diversos tonos imita a la cuidada paleta del pintor.

El ladrido de los perros saluda a nuestro paso y algún jinete lo hace sacándose el sombrero. Entre nosotros, ninguno puede levantar la mano para completar el saludo porque el peso de los paquetes y los bolsos, tiranamente lo impiden.   Entonces, una sonrisa y la leve voz son suficientes para cumplir con ese rito, el del saludo a quien pase cerca, aunque sea la primera y tal vez la única vez que se produzca el encuentro.

Con esas nuevas experiencias, advertía que me inquietaban otros interrogantes.

Observaba marcadas diferencias entre las costumbres de la gente del campo y las de la ciudad. Me fastidiaba no encontrar fácilmente las respuestas.

¿Por qué allí en Santo Tomé todos se saludan mientras que en mi querida Santa Fe de la Vera Cruz; no sólo son pocos los que se conocen y se saludan, sino que… peor aún, muchos que antes lo hacían, pasan evitando hasta el encuentro de las miradas.

Con el transcurso del tiempo he seguido acosada por la misma inquietud, pero he comprendido que los hombres no hemos crecido lo suficiente como para hacer realidad el “amaos los unos a los otros” como reza en el precepto divino.

Débiles, incapaces de vencernos a nosotros mismos, no llegamos a desarrollar suficientemente la capacidad para aceptarnos con todas las limitaciones y para perdonarnos en un sin número de errores.

Tal sigue siendo el desafío cotidiano: procurar cambiar en todo lo que sea posible, para mejorar, para crecer… y con ello avanzar más allá del propósito personal, hasta llegar concretamente a una acción solidaria.

Cuando a mediados de siglo veinte la consigna era la de cambiar todo lo que se debía cambiar hasta lograr la JUSTICIA SOCIAL, me preguntaba: ¿Será eso hacer una revolución?

Desde los primeros grados de escuela primaria, escuché hablar de “Mayo de 1810” y según lo que me enseñaron en las clases de Historia, esos “próceres” cambiaron la esclavitud por la libertad, la dependencia por la independencia.   Eran los albores de nuestra nacionalidad, cuando según testimonios de varios escritores, la palabra soberanía tenía color y consistencia. Aquellos próceres, hacía poco tiempo que habían desalojado a los ingleses cuando pretendieron invadirnos durante 1806 y 1807.   Los Hombres de Mayo, que amaban a su tierra, la defendieron y procuraron elevarla hasta convertirla en ejemplo para Hispanoamérica.

(Una voz insoslayable murmura: a los ingleses… no les ha bastado con usurpar nuestras Malvinas en 1833, ni con talar nuestros bosques de quebracho en el norte santafesino hasta dejar sólo miseria alrededor, ni con haber trazado un perfil de pulpo con las redes ferroviarias al servicio del puerto que servía a los intereses del Reino Unido, olvidándose de las fronteras y dejando enormes extensiones sin comunicación.

Con otro tono, llega otro rumor: Pero peor aún han sido los apátridas nacidos aquí, que vendieron la soberanía para el enriquecimiento de unas minorías “cipayas”.

Tal parecía ser “la cooperación” que se conocía hasta 1945…)

Desde el tiempo en que recorría el camino de las Cuatro Bocas, escuchando algunas veces la marcha de homenaje a la Revolución del 4 de Junio de 1943, he advertido que cada persona piensa y cree de manera diferente y es lógico que así sea, porque casa ser es único, irrepetible… Mi padre en las elecciones internas del radicalismo, previstas para aquella primera semana -que no se llegaron a concretar-, ocupaba el último espacio en las boletas internas.

(Falleció el 20 de agosto de 1947 -a los 36 años- mientras algunos amigos insistían en que por sus actitudes debería integrarse al incipiente movimiento político nacional pero él, descendiente de “vascos de ley” reiteraba sus decisiones…)

Por primera vez durante el verano del ’46, el tema de las “elecciones” era casi único durante las sobremesas en el Rancho Iberá. Oí hablar algunas veces de la necesidad de “unirse y de cooperar” para que no creciera en el país esa fuerza revolucionaria que nacía impulsada por el deseo de justicia social.   Pretendían algunos políticos seguir con palabras vacías de contenido o con conciertos tocados de oído, mirando… simplemente mirando el pentagrama de la soledad y el abandono de la mayoría del pueblo argentino.

No era ésa la única cooperación de la que se hablaba.   En algunos círculos sociales, se había acuñado la palabra “beneficencia” para aludir a algunas damas piadosas que ayudaban a los necesitados.

(Lástima que a veces se olvidaban de hacer beneficencia en sus propios hogares para con las indias o las morenas que traían de otros pueblos, a quienes obligaban a “servir” hasta perder toda la dignidad.)

A partir de 1945, no se toleraba silenciosamente ese menosprecio y esa soberbia de los ricos para compartir lo indispensable con los desposeídos.   Un año después, para hacer realidad la justicia social, empezó su acción la AYUDA SOCIAL que puso en marcha Eva Perón. Fue a partir de la FUNDACIÓN, cuando los humildes obreros y sus familias empezaron a sentirse protegidos.   Ante un compromiso ineludible cual era el de contribuir a una mejor distribución de la riqueza, el gobierno nacional acudió en apoyo de los pobladores de zonas de frontera.   Instaló en esas zonas nuevas escuelas -no escuelas-rancho-; promovió la construcción de viviendas, creó guarderías para niños con el propósito de evitar el abandono cuando las madres se trasladaban a sus trabajos.

Al son del “bombo sintomático”, cada trabajador cooperaba con su aporte para que pudiera flamear la bandera de tres franjas.   Eso sí era cooperar, desinteresadamente.   No había “fiestas de beneficencia”, ni “tés-canasta”, donde se lucían pieles y joyas en actitud soberbia. Hubo sí una mujer, que se vestía como correspondía a su investidura, con elegantes modelos, y sobrios sombreros, con anillos y brazaletes de brillantes, pero también con una sencillez y un amor capaces de transformar en una sonrisa todo el pesar de años de postergación y de sometimiento.   Acariciaba y besaba aún a los enfermos.

(Sinceramente… ya casi en el ocaso del siglo veinte, cuando usted escucha el sonido del bombo ¿qué siente?

¿Imagina otro tipo de cooperación?

¿Dice usted que le parece oír las campanillas que colgaban de los cuellos de los leprosos?

¿Cree usted que lo están convocando para contarle un nuevo cuento?

¿Vuelven a sus oídos los sones de viejas marchas con ideas siempre nuevas y se coloca en la fila de los que quieren cooperar para hacer una PATRIA JUSTA, LIBRE Y SOBERANA?

¡Allí vamos!…)   [2]

 bosque

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LA IDENTIFICACIÓN.

Hace cinco años tomé una decisión fundamental.   Sigo y seguiré con mi doctrina, aunque desde hace una semana, me parece que han crecido en todo el territorio de mi Patria, las punzantes “flores del mal”…

La burla ya convive con los nuevos “revolucionarios” y mientras entonan la marcha de la “libertadora”, no es una revolución sin vencedores ni vencidos a la que se cantan loas, sino un toque de atención para que el pueblo enerve sus energías sin prestar oídos a la proclama.

Grupos minúsculos pero poderosos, han alimentado durante una década odios incontenibles. A medida que vislumbraban los cambios profundos en la sociedad argentina, a medida que la REVOLUCIÓN DE LA JUSTICIA SOCIAL permitía terminar con los “servidores explotados” y la solidaridad reemplazaba a la beneficencia, se pactaba para dar paso a un nuevo “golpe”.   No para LIBERAR.   Para PROSCRIBIR.

Hubo como habrá siempre, algunas actitudes reprochables en los obsecuentes que habían utilizado como recurso para su dominio personal, la exigencia de una credencial de “afiliado al partido”.   Si esa “exigencia” hubiera sido ineludible, no habría sido posible comprobar que muchos de los “miméticos hombrecitos de siempre”… en actitudes vergonzantes fueran complacientes y tolerantes, para salir después del 16 de setiembre “embanderados”… defendiéndose con un rotundo “¡Yo no me afiliééééé´!”

Más grave que todas esas infamias inventadas, fue la etapa que vivió el pueblo “amordazado”, mientras los libertadores “esclavizaban” cada día más y avasallaban a la Constitución y las leyes nacionales con absoluta impunidad.   Se levantaban pedestales a los traidores, y podían continuar en sus cargos quienes renegaban a sus convicciones y vilmente aseguraban haber sido obligados a “afiliarse”.   Si había lealtad, había que castigar con una cesantía.   Si se insistía en enarbolar las banderas, el paredón o los basurales serían el ámbito en el que con ruido de metralla, se mataría cobardemente por las espaldas.

Era tanta la “bestialidad” que ni siquiera se respetaba la memoria de los muertos. EVA PERÓN, desde su inmortalidad era superior a todos los bustos que le habían levantado sus “descamisados”, y por más que tuvieran “camisa con cuello duro”, quienes arrestaron esas esculturas parecían más simios que hombres.

Habían inaugurado una nueva función en el “circo”: como payasos, obraban incoherencias: oraban en las Iglesias y violaban los mandamientos de la Ley.   El Padrenuestro y la reflexión sobre el perdón, pasaban inadvertidos.

Los trabajadores fueron obligados a hacer piruetas para subsistir, como si fueran trapacistas.   Todo era momentáneo; el futuro se diluía entre saltos y fatiga.

En septiembre de 1955 se frustró una auténtica REVOLUCIÓN, que tenía en la Constitución de 1949 su fundamentación político-social-económica.

Poco dicen los libros de Historia sobre estas realidades. Parecen escritos por miopes, sin captación de las auténticas transformaciones y de sus proyecciones…

(¿Quién se podía atrever a escribir EL GENERAL PERÓN cuando los “libertadores” tenían prohibido su nombre y solamente se podía hablar del “tirano depuesto” o del “dictador prófugo”?…

¿Qué maestro iba a poder explicar con justicia el porqué de los bustos arrancados, los encarcelamientos y las persecuciones?… ¿Cómo explicar qué es la “democracia”… frente a tantos contradictorios demócratas?)

               A partir del 16 de septiembre de 1955, las clases cesaron abruptamente en las escuelas.   El tiempo ha permitido apreciar con mayor claridad, cuáles fueron los motivos de esa interrupción.

(¡Sonría!… Vayamos juntos hacia el bosque.)

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LA DIVISIÓN.

Algunos comerciantes están felices. Algunos hombres de la calle comentan la caída de un gobierno “demagógico”, otros admiten que fue depuesto el gobierno “constitucional” y en la mayoría del pueblo argentino, reside la convicción de que “se produjo una nueva traición”.   Es primavera en 1955…

No puede llamarse de otra manera que “traidores” a quienes habiendo jurado “subordinación y valor para servir a la Patria” se insubordinaran, despreciando la auténtica voluntad del pueblo.   Alcanzará también ese calificativo para quienes a la sombra de las banderas de algunos partidos políticos, se burlaron de la “democracia” incitando al “golpe de Estado”.   Prolongarán esas filas, los que se olviden del bien común y de la doctrina, para servir a los intereses creados de los pequeños grupos, los que viven mimetizados para lograr mayores réditos.

Es primavera en 1955.   Los fabricantes de banderas están sorprendidos.   Se han agotado las existencias.   En algunas casas, cada balcón luce sus paños celestes y blanco entre modestos malvones teñidos de rojo, con reminiscencias de patios coloniales.

(Para algunas personas, el símbolo patrio -mudo-, se esconde en una caja o queda en los depósitos, esclavo de los delirios individuales. Recién podrán crecerle alas de paloma cuando representen el grito -cobarde e insolente- que se pronuncia cuando no hay otro riesgo que el de ser obsecuente.

Tales fueron las circunstancias en Setiembre de 1955.   Flameaban las banderas no tanto por orgullo nacional… Eran el baluarte que distinguía a los que celebraban la caída de un gobierno democrático, sin vislumbrar el doloroso tiempo de odios y de muertes al que insensiblemente accedían.

Era Septiembre de 1955.

¡Cómo olvidarlo! si todavía siento en mi pecho la doliente herida…)

En ese tiempo, los hombres estaban atrozmente confundidos, en las fábricas y en los gremios. Trabajadores que constituían la “columna vertebral del Movimiento” fueron detenidos y estuvieron sufriendo en las cárceles, mientras a esa revolución se la seguía reconociendo como “la libertadora”.

En las escuelas empezaron a enseñar con nuevos textos, lo acontecido durante la “segunda tiranía”: a niños y jóvenes, que habían conocido un juguete y el sabor del pan dulce, justamente porque era el regalo navideño de los ahora llamados “tiranos”… y los libertadores eran los que llenaban las cárceles de presos políticos, destruían bustos y todo objeto que tuviera el nombre de PERÓN Y EVITA.

La división había sido gestada tan oscuramente, que hasta algunos “literatos” -y otros tantos intelectualoides-, se sumaron a la comparsa de los vencedores inventando persecuciones para poner un brillo diferente sobre sus nombres.

(Después, la historia que se debió escribir luego de haber vivido otras tres décadas, demostraría que cuando gobiernan los tiranos y realmente existe la censura; cuando el despotismo es una realidad y no un invento; entonces inconscientemente el miedo engendra la “autocensura”.

Quienes en 1985 puedan negarlo; los valientes que no hayan callado, habrán retornado del exilio o estarán desaparecidos o muertos, o pertenecerán al casi legendario grupo de “los intocables”.

Siento como si hubiera crecido en mi pecho la herida…

Es profundo el dolor al mirarnos, ¡todavía divididos!…)

Junto a algunas actas amarillas donde las declaraciones de principios se parecen a simples cuentos, encontraremos las semillas del odio esparcidas durante el trágico bombardeo sobre la ciudad de Buenos Aires.

Cuando Perón subió a la Cañonera luego de entregar el poder a los “traidores” no lo hizo por cobardía.   Al igual que San Martín, tuvo la visión clara de las divisiones en la ciudadanía, y no quiso la guerra.

No por casualidad había dicho tantas veces que lo mejor que teníamos en la Argentina era el pueblo.

Ese pueblo que él tanto amó, no lo había traicionado.

Aunque los allanamientos intimidaban, en el espíritu de los PERONISTAS seguía flameando la celeste y blanca con sus consignas:

                                                           soberanía política

                                                                     independencia económica

justicia social.

Y octubre, siguió siendo “rojo” en su día 17.   Sin conmemoraciones, crecía inconmensurable el recuerdo de una gesta irrepetible: el pueblo había vencido con su voluntad y había iniciado una revolución en paz.

(¡Cuán lamentable es que haya tantos miopes con poder, incapaces de ver las realidades a la distancia!

Nunca llegarán a ver el bosque… si antes no admiten su limitación y buscan las soluciones.

¡Es tan hermoso el bosque!…)

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LO SUBTERRÁNEO.

Cuando un provinciano llega a Buenos Aires, tiene que recorrer necesariamente, parte de lo subterráneo.

Para el cruce de algunas calles y avenidas, para el transporte rápido, el hombre ha cavado túneles y ha puesto en ellos una avanzada tecnología.

El hombre de pequeños pueblos o de lejanas ciudades, se sorprende con tanta sofisticación.   Si es un caminante solitario, irá descubriendo paso a paso cosas nuevas.   Si viaja con él un “porteño” -conocedor de la historia-, habrá un sinnúmero de matices para incorporar en las descripciones y en las anécdotas.

Al niño, desde las escuelas también lo irán incorporando a ese ámbito espectacular de lo “subterráneo”, y se les enseñará desde cuándo, cómo y para qué es que han sido trazados.

Lo que poco podrán asegurar, es haber sido testigos de la desesperación de la gente el 16 de junio de 1955, cuando se cerraron las entradas a los subterráneos y en breves instantes comenzó el bombardeo sobre el Ministerio de Guerra y adyacencias, como medida de hostigamiento para que renunciara del Líder indiscutido de la mayoría del pueblo argentino.

Fueron tantas las muertes, que allí mismo, en la Avenida, se depositaron en hileras los cadáveres: sepultaron la inocencia y la lealtad de soldados de mi Patria, de soldados de mi pueblo…

(De lo subterráneo se nutren los bosques… y para que el bosque desafíe los vientos, sus árboles tienen que tener raíces muy profundas.

Raíces… necesitan también los pueblos para que florezcan su cultura, sus tradiciones…

Las raíces son invisibles… ¡Cuidado!…)

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LA CENSURA.

Desde que los libertadores se apoderaron del gobierno, todo es prohibición.

Decir justicia social, es gravísimo, más grave que cometer injusticias.

Octubre de 1955 alimenta “censuras” de diversos tipos, que llegan al pueblo con reiteraciones en diarios, radios… y a las escuelas con circulares.

No pudo escapar a ese vendaval, hombre u objeto que hubiera estado relacionado con la “tiranía depuesta”.

(Uso ahora esta expresión, para que pueda ser relacionada con el comentario que sigue, teniendo en cuenta la confusión de significados que tenía en sus mentes ese extraño grupo de “libertadores”…)

Pero, para mejor comprender este asunto de la censura, es justo decir que según el diccionario castellano -cuya lengua es la nuestra-, censurar “es la acción de formar juicio sobre una cosa, corregir o reprobar algo por malo; vituperar o murmurar”.

Todas esas acepciones estuvieron en auge durante aquella inquietante revolución.   La murmuración alcanzó los extremos de las calumnias, los juicios eran superficiales y se reprobaba lo que para inmensas mayorías había sido óptimo; con correcciones despóticas e impropias de quienes habían anunciado que no habría “ni vencedores, ni vencidos”.

En lugar de reprobar la delación, la estimulaban.   Poco a poco fueron creciendo los expedientes de cesanteados y se rotulaba a las personas, negándoseles la oportunidad de trabajar aunque tuvieran capacidad y fueran honestos.

Algunos mediocres descendían de sus convicciones, y justificaban las “honras a EVITA” y el uso del escudo “por obligación y necesidad”.   Era la caravana de los “tibios” que ella había definido como los hombres grises que se sirven de la comunidad en lugar de servirla.

Tantas censuras incoherentes, sólo lograban incrementar la confusión.

Desde la Historia de los “sarmientinos” nos habían hecho repetir mil veces que las “ideas no se matan” y que “el libro es un amigo que espera”. De la noche a la mañana, desde esos sectores también empezaron a aplaudir lo contrario.

Los subversivos que no respetaban a la Constitución ni a la democracia, empezaron a subvertir también todos esos valores y convencimientos alimentados durante décadas.

La orden era matar a la ideología justicialista, matar si era necesario, al amigo que espera…

Las bibliotecas fueron “depuradas” para que las palabras “grasitas”, “descamisados” y “gorilas” no tuvieran connotaciones realmente REVOLUCIONARIAS.

Algunos pocos que se “autoexiliaron” volvieron al país, inconscientes de los errores que habían cometido… porque una situación es la del crítico, y diferente es la del “calumniador”.

Todos tienen derecho a ser libres, en la medida en que demuestren su responsabilidad. Quien sin pruebas difama a cualquiera persona, en algunos casos a un gobernante, comete delito.   Quien después de difamar injustificadamente se va del país, no merece ser considerado como “exiliado” porque en realidad, sólo huyó, eludió su responsabilidad cuando fue observado o individualizado.

(¡Oh!… más que hombres, parecen “monos”.

El bosque ha sido invadido por los gorilas que hacen mil piruetas en las ramas más altas de los árboles cubiertos de enredaderas…

Hay cazadores ocultos que los derrotarán.

Algunos irán disfrazados a recorrer las calles de las ciudades haciendo propaganda para pequeños circos, otros terminarán entre las rejas, en algún zoológico.

Ningún gorila será el rey del bosque.

Para serlo, es necesaria la fortaleza del león.)

Poco a poco el tema de la censura ha obligado a pensar en los censurados, y lógicamente, en los censores.

Aquí es posible encontrarse con otra paradoja.   Los que presionados por la censura formaban grupos o se automarginaban; los que se vanagloriaban de “ver” lo que la “masa” no veía, inesperadamente se convirtieron en censores.   Peor que si fueran tuertos o ciegos, como resultado del odio, pintaron de negro hermosas páginas de la literatura y de la historia, porque según ellos -los infalibles y dueños absolutos de la verdad-, se exaltaba la personalidad de un “matrimonio nefasto”.

El espacio vacío de los anaqueles podría así ser ocupado con truculentas historias de crímenes, sexo y droga, presentadas en interesantes traducciones importadas, que poco a poco irían desplazando al libro de origen nacional.

Sin embargo, en la “masa” se conservaron documentos valiosos, que sirvieron como “fermento” hasta multiplicar los hombres libres por millones, bregando para que en la Argentina del 2000 no vivamos dominados.

(¡Vamos!… Vamos a penetrar en el bosque.

Allí nos esperan los cantos de los pájaros libres.

No hay que temerle al gorila.   Basta con aprender a dominarlo y a vencerlo, con superioridad y mansedumbre.

El león, mata por hambre o si lo atacan.

No en vano se dice es el “rey”.)

¿Una pausa?…

Será interesante releer estos recortes.

¡Están amarillentos como las madreselvas… pero sin perfume!

Me recuerden los folios de abultados expedientes en archivos inútiles… o las fotocopias en los estudios de los abogados.

¿Usted entiende, verdad?

                                             ¡Oh… la burocracia!)

 bosque01

“9 DE JUNIO DE 1956: nómina oficial de fusilados: general de división Juan José Valle, coroneles José Albino Irigoyen, Alcibíades Eduardo Cortínez, Oscar Lorenzo Cogorno y Ricardo F. Ibazeta; capitanes: Eloy Luis Caro, Dardo Néstor Caro, Jorge Miguel Costale; Tenientes 1ro.: Jorge Leopoldo Noriega, Néstor Marcelo Videla; Subteniente de Reserva, Alberto Juan Abadie; suboficiales: oficial principal, Miguel Paolini, Ernesto Garecca; sargentos ayudantes: Isauro Costa y Luiz Pucheti; sargentos, Hugo Elario Quiroga y Luciano Isaías Rojas; cabo, Miguel José Rodríguez; y los civiles: Clemente Braulio Rosa Norberto Ross, Osvaldo Alberto Albredo, Dante Hipólito Lugo, Vicente Rodríguez, Nicolás Carranza, Carlos Alberto Lizazo, Francisco Garibotto y Rinaldo Benavides.”

(…en las escuelas, los docentes estaban obligados a declarar los cargos políticos o partidarios.

…los archivos del Partido fueron destruidos, y TODOS, cuidadosamente “depurados”.)

* * * * * * * * * *

LOS GNOMOS.

Noviembre florece; perfuman las madreselvas… Trepan y trepan las verdes ramas y el suave aroma invade el aire del patio y la jaula del canario.   Aunque está preso, el pájaro sigue con su melodioso canto. Con ese canto, logra que lo escuchen a pesar de su cautiverio, llegará más allá de los muros de la vivienda… Lo escucharán y se sorprenderán con sus trinos.

En noviembre, los extraños “libertadores” cuyo objetivo parece ser destruir y ocultarlo todo, tienen una tarea aberrante y compleja que deben cumplir sigilosamente.

Aparentemente se han purificado los anaqueles de las bibliotecas, se han renovado los cuadros en las oficinas y escuelas pero hay ALGO que sigue sin alteración.

(De la mediocridad de estos hombrecitos, no se salvarán ni los cadáveres…)

Mientras la noche del 26 de Julio de 1952 y el anuncio del tránsito a la inmortalidad de la “Abanderada de los Humildes” a las 20.25 sigue estando latente en el espíritu de la mayoría de los argentinos, aquellos “libertadores” desde oscuras lucubraciones decidieron que ni EVITA quedaría exenta de tanta torpeza y perversidad.

Hombres grises, caminantes mimetizados, serían los únicos capaces de cometer semejante afrenta. Así empezó a ser otra incógnita que perduraría durante largo tiempo: ¿cuál habría sido el destino final de su cuerpo yacente?

Paralelamente, crecía otro convencimiento. Derrocado el General Perón, no ha caído un gobierno.   La derrota la habrá de soportar con todo su rigor, la población más humilde, la de menores recursos.   Paulatinamente irán creciendo los índices de mortalidad infantil, de deserción escolar y de desocupación.   Esa “Argentina Potencia”, que debía surgir cuando las empresas del país y sus habitantes siguieran desarrollándose para servir a los intereses de la Nación, poco a poco se iba a ir diluyendo en progresivas entregas a lo interesados foráneos.

Ebrios de poder, sin un proyecto de gobierno tendiente a solucionar los problemas internos, “los libertadores” irán alimentando día a día mayores rechazos hasta culminar en un sentimiento de odio en algunos sectores.

(Aunque se pretenda una “civilización del “amor”, no será posible llegar a consolidarla mientras haya hambre y explotación del hombre por el hombre.

Sugiero seguir conversando cerca de la perfumada madreselva.   Será hermoso escuchar el canto de los gorriones y de las tacuaritas revoloteando en libertad…)

Con el viento también llega un eco persistente:

¡Noviembre florece en madreselvas!…

                                                                       ¡EVA PERÓN, es inmortal!

(Advierto que el viento inesperado, hizo volar la hoja amarillenta que contenía otro mensaje…

En algunas colecciones particulares quedan recortes de diarios y revistas de ese tiempo y algunos libros con testimonios realmente insólitos.

Todo eso, requiere comprensión y tolerancia, para que juntos lleguemos a conocer “el bosque”…)

* * * * * * * * *

LA PODA.

Siguen diciendo que la revolución ha comenzado su acción…

Marchas y comunicados se suceden, el tema es siempre el mismo: todo lo que a partir de ese momento queda prohibido, lo que no se puede pronunciar, lo que no hay que comentar, los libros que hay que hacer desaparecer, los objetos que hay que destruir, los cuadros… que hay que descolgar.

(¡Oh!… Reviso en el otoño de 2004. Me estremece una vez más que aquel ejemplo de los clavos a la vista y los cuadros descolgados se haya repetido, ahora durante un gobierno electo por aproximadamente el veintitrés por ciento de los votantes argentinos… [3]

Así estamos, casi como en el ’55… ¡Desunidos!… ¡Dependientes!…)

Rápidamente el miedo que algunas veces actúa como inhibidor, sacude a funcionarios que a su vez movilizan a los empleados, que también ponen en movimiento los mimeógrafos…

Las circulares se distribuyen desde casi todos los ministerios hasta los últimos rincones de nuestra amada Argentina:

Que se envíen nóminas de “colaboradores del régimen anterior”…

(Y se olvidaban que hasta unos días antes, muchos de ellos eran ocultos traidores que estaban subordinados y colaboraban al fin…)

Que se retiren los cuadros colocados a ambos lados del retrato del General San Martín…

(Que el Libertador vuelva a estar solo, como lo dejaron cuando propuso la formación de un nuevo ejército para continuar con la empresa de la liberación de América Hispánica…)

Que se rompan todos los utensilios de los numerosos Hogares para Niños, Estudiantes y Ancianos porque tienen grabado “Fundación Eva Perón” y en consecuencia “ya no sirven”…

(Mientras algunos de los firmantes de tales absurdas disposiciones o sus familiares, solían recorrer lejanos anticuarios para comprar los platos, cubiertos o copas que tuvieran inscripciones históricas…)

Que “se dé un nuevo destino al personal y se cierren esas instituciones”…

(Que los niños, los estudiantes y los ancianos, trabajen, si encuentran dónde trabajar y si no, que empiecen a mendigar.

Las universidades se tendrán que ir despoblando, porque en la mentalidad de estos revolucionarios, no se concibe que el pobre pueda acceder a esos claustros, creados para hijos de ganaderos, militares o financistas… ¿Lo lograrán?…)

Los envidiosos encontraban ámbito propicio para sembrar cizaña.   Los obsecuentes, el momento exacto para ascender en el escalafón.

Las empresas editoriales la oportunidad para imprimir nuevos textos de instrucción cívica o “educación democrática”…

Los cirujas, mayores posibilidades de un buen negocio con los objetos que se debían romper y tirar, con los papeles que se destruían.

Mientras algunos empiezan a ser “desocupados”, aparecen nuevos “oficios” para los que acepten perseguir, informar y detener a los honorables trabajadores, que siguen convencidos de que la MARCHA va a ser sentida; que “todos unidos triunfaremos” y que poco a poco seguiría la resistencia… ¡sin armas!

Los ordenanzas y encargados de compras, tendrán una actividad novedosa y urgente: sacar o remachar los clavos que han quedado luego de retirar las fotografías de Perón y Evita o cambiar las láminas por las de Rivadavia, Estrada, Mitre…

Sería otra oportunidad para los auténticos peronistas, que no dudaran.   Seguía generándose la historia verídica: la de millones de “habitantes del suelo argentino” que seguían siendo testigos sin temer a las frecuentes amenazas de “allanamientos”. En sus hogares, guardarán en lugares más seguros todas las fotos, las láminas y los libros que tenían en sus hogares como testimonios innegables de aquella revolución en marcha.

En 1947, el Líder insistía: “Latinoamérica, ahora o nunca”.

Ya se estaba avanzando hacia la independencia económica de la Argentina y en 1949, se firmó el acta pertinente en la histórica Casa de Tucumán donde se había reunido el Congreso que declaró la independencia política en 1816.

Una nueva epopeya sin cruentas batallas comenzaba a gestarse. Tal fue el motivo esencial por el que hubo “subversión” y no ha sido por casualidad que “los libertadores” en 1955 ordenaran descolgar todos los cuadros.

(Treinta años después, todavía se observan en algunos despachos escolares, aquellos clavos solitarios… porque no se encontraron figuras suficientes en el momento del recambio o quizás por una omisión no tan involuntaria…)

Más allá de las aulas, perduraría la urdimbre invisible generada con ejemplos de solidaridad y la trama de una doctrina que convoca a la unidad de concepción para que haya unidad de acción y así, la JUSTICIA SOCIAL ha de ser una realidad.

Durante años, en distintos recintos se celebraron reuniones con los más inverosímiles objetivos. Cargando una invisible cruz, algunos asistentes orientaban la mirada hacia el espacio donde alguna vez se admiraron aquellos cuadros.   Siendo imaginativos y preocupados por reconocer la Historia Argentina, se supo que en alguna circunstancia, les parecía estar viendo a San Martín acusando por tanto egoísmo y falta de patriotismo.

Se agotaba otro siglo y aún no se había logrado la unidad latinoamericana, la libertad definitiva y la soberanía indiscutida en todo el territorio de América.

(A través de los cristales de la ventana, descubro los brotes nuevos del naranjo.

Más allá, luce sus grandes hojas un gomero, y un ombú, desafía a las verticales de cemento, en esta Santa Fe de la Vera Cruz que duerme su siesta, mientras yo sigo empecinada en que lleguemos juntos hasta el bosque… ¡Vamos!…)


La poda… aunque mutila en el primer momento, genera una vivificante reacción que transforma a los ejemplares podados mientras nacen más ramas con brillantes hojas.

Casi siempre… después de la poda… ¡hay un rebrote vigoroso! [4]

Los aportes los industriales para el CONET

Buenos Aires, 19 (NA). El Consejo Nacional de Educación Técnica (CONET) redactará en un lazo de quince días las normas internas que le permitirán percibir regularmente los aportes de la industria en beneficio de la educación técnica según señaló el titular del organismo, Valentín Jaime.

Añadió que “si bien el decreto reglamentario del sistema tributario que reemplazará al impuesto para la educación técnica, nos otorga un mes para la confección del reglamento interno, nosotros somos conscientes de las dificultades que enfrentan más de un setenta escuelas que se mantienen con esos recursos”

Jaime se refirió de esta manera al plazo que el otorga al CONET, el decreto 988 del 14 de este mes para que se elaboren las normas internas que han de permitir que el aporte del ocho por mil de la suma total de los sueldos, salarios y remuneraciones de las empresas “tengan una rápida y útil aplicación en el sector de la educación técnica.

El presidente del CONET señaló asimismo, que “ya están impresos los certificados que podrán utilizar los empresarios para este nuevo sistema tributario que se pondrá en marcha bajo el control de este organismo educativo”. Dicho sistema tributario fue establecido por ley hace nueve meses y recién en la semana pasada se decretó su reglamentación, por lo que las escuelas que dependen de ese tributo enfrentan serias dificultades.

El referido sistema se dictó para suplantar el ex impuesto para la educación técnica, que después de una vigencia que superó los treinta años, fue anulado cuando se impuso en el sistema económico argentino el Impuesto al Valor Agregado.

  El ministro de Educación

y Cultura,

Carlos Burundarena,

anunció que

 

en el mes de setiembre pondrá a disposición

de la comunidad

el primer anteproyecto completo

de la Ley Federal

de Educación,

que demandó

más de tres años

de trabajo

a un grupo

de expertos

de la Secretaría

de Planeamiento.

 

Burundarena,

que convocó

a la prensa

para hablar

de lo realizado

por su gestión

hasta la fecha,

concedió

importancia

a este hecho

y puntualizó

que

dispondrán

de ese anteproyecto

“todas

las entidades

y personas

que

lo solicitaren”.

* * * * * * * * * *

LA SELVA.

(No se asuste. No hemos equivocado el camino.

Simplemente haremos un viaje imaginario por ese peligroso territorio, que suele estar tan descuidado como el de nuestras fronteras; parte de la Patagonia y las islas del Atlántico Sur…

Y lo haremos sin necesidad de usar tarjetas de crédito ni firmar sofisticados compromisos.

Lo haremos con la absoluta libertad que se puede tener cuando a pesar de las dificultades cotidianas, dejamos crecer alas a nuestro espíritu y buscamos acercarnos a la verdad y a la Verdad…)

Sería posible culpar también a los insomnios, por todo lo escrito en estas páginas. Creo sin embargo, que son el resultado de los años de violencia, dolor y desesperación vividos en una Argentina en la que mucho se reclama la vigencia de los “valores morales”, pero pocos aceptan el desafío de inculcarlos.

Por distintos medios de comunicación, se suele hacer apología del crimen y del sexo, porque tales producciones de algunos países “desarrollados”, después de ser                                 consumidos en los centros urbanos de determinadas regiones, tienen que seguir produciendo ganancias y para eso, Latinoamérica sigue siendo un mercado favorable.

En la mayoría de los continentes, siguen opinando que cerca del río de la Plata, importan más los “dólares” que los “dolores”… que aparentemente, hay continuos cambios de planes y se proyecta una educación disparatada.

Paulatinamente, las anécdotas de algunas películas se van convirtiendo en una trágica realidad.   Poco a poco se produce una penetración ideológica; se alteran algunos patrones de conducta.   Extiende cada vez más sus dominios, aquello que al principio parece ser más placentero: alcohol y droga, sexo y ruido…

Poco a poco, las evasiones impedirán que se asuman oportunas responsabilidades y la violencia exigirá mayor dedicación para evitar los problemas relacionados con la convivencia.

El terrorismo azotará a las poblaciones más vulnerables y pocos serán capaces de comprender que todo eso, es el resultado de una indiferencia total por la cultura del pueblo.

Con hambre y opresión, con una carencia absoluta de participación democrática y correcto ejercicio de las libertades individuales, no es posible esperar que como por arte de magia surja una fraternal COMUNIDAD ORGANIZADA…

(Estoy convencida de que ya mismo quisiéramos salir de esta selva, pero no será fácil.

Hay que empezar por buscar la brújula, que nos fue dejada como legado…

Luego, UNIDOS solidariamente, será posible llegar a la espesura del bosque y descubrirlo en toda su belleza).

Hacia 1970, el país se ha convertido en un territorio enmarañado.

Los hombres -varones y varonas-, suelen ser los animales más desprotegidos.

En el extremo sur de América, en la argentina tierra, la mayoría de los ciudadanos insistía en que era imprescindible la presencia del león herbívoro: ¡el retorno del LÍDER!

Pocos ya habían despertado del prolongado letargo, mientras los poderosos agazapados seguían esperando la presa fácil.

Otros, como reptiles e insectos ponzoñosos, seguían contaminando y matando…

(¿Y su memoria?…

En aquel tiempo, hermano-compañero… ¿usted estaba?…

Sigamos juntos…

                                 Ya falta poco para llegar al bosque.)

* * * * * * * * * *

LA PRENSA.

Creo que este título es realmente muy sugerente. Lo elegí durante una siesta silenciosa, luego de leer algunos diarios y antes de que comenzaran a sonar los timbres del teléfono y de la calle.

Mis duendes se habían cansado de dar vueltas y vueltas jugando como los enanitos con Blanca Nieves, y estaban impresionados por la travesura de Caperucita que facilitó al Lobo que se comiera a su amadísima Abuelita.   Todo aquello ocurrió en lejanos bosques y no es por casualidad que tiene alguna relación con lo que ocurre en la Argentina en la década del 70.

(Los audaces rumores de mis duendes pueden compararse con los delirios de algunos uniformados que pasaron años jugando con una inocente Argentina, a la que explotaban para que los sirviera generosamente…)

La última travesura de una interminable lista de incoherencias, permitió que los imperialismos se afirmaran en el cono sur de América, y metafóricamente es posible decir que fue un “bocado” fácil y muy bien presentado en una delicada bandeja.   Nunca se sabrá cómo, los orfebres -que podrían ser calificados como apátridas- la habían elaborado con fino metal, con el metal preferido por la “nobleza”.

(¿Usted cree que fue mal elegido el título?

¿Está poco claro el mensaje?

Si avanzamos más, al llegar al bosque, se verá con más claridad…).

Antes de desarrollar la idea principal, necesito decirle que la primera vez que utilicé una prensa, fue cuando tenía que copiar cartas por el procedimiento transportigráfico, que quizás todavía sea utilizado para controlar cronológicamente algunos documentos.

Para utilizarla hay que desarrollar cierta habilidad, porque una presión excesiva puede deteriorar al libro copiador y el exceso de humedad, impedirá la nitidez para la posterior lectura.

(En cualquiera circunstancia, lo mejor es evitar las “presiones” excesivas…

Lamentablemente no se ha avanzado lo suficiente como para desterrarlas…)

Con el transcurso del tiempo, tuve en mi hogar una prensa similar a la que usaba en aquellos trabajos, pero mi hijo me enseñó que podía tener un uso mucho más interesante.

Para él, era un práctico aparato para hacer ejercicios físicos y desarrollar una fuerte musculatura.

(Él alternaba esas actividades con sucesivas horas de su estudio, frecuente lectura de distintos libros, revistas y periódicos.

Sabía disfrutar mientras contemplaba la armonía de Naturaleza…)

Aunque nunca hablamos sobre estos temas, pienso que todo eso lo hacía para no dejarse dominar por las “presiones” de un mundo conflictivo.

(Hermano compañero… ¿se acuerda de su adolescencia?…)

Seis meses después de fundado el diario “La Nación” en Buenos Aires, nació “La Prensa”, casi con idéntico propósito. Fundado por José C. Paz en 1869, La Prensa también constituyó otro puesto de combate.

Después de esta anotación, percibo otra orientación para analizar las influencias de “la prensa”.   En determinados momentos de nuestra Historia, algunos periodistas parecen estar atacando desde una invencible barricada.   Se empieza por una oposición desordenada, se continúa por la crítica exacerbada y poco a poco la palabra va tomando la forma de un fusil.

(Sigue preguntando uno de los duendes:

                                             -¿Eso no es subversión?…)

Para tener un espacio en la “prensa” hay que ser amigo del jefe de redacción o la amiga del director, o tener suficiente dinero como para pagar una SOLICITADA.

El hombre común, la mayoría de los escritores tiene pocas posibilidades de concretar publicaciones periodísticas.   Menos aún, si pretender revelar algunos datos que pueden aproximar a la verdad y a la Verdad.

(Sabido es que ¡hay excepciones!…

Se suele exigir y proclamar la “libertad de prensa”, pero pocas veces se procede en la misma dirección.

                     ¿Se mutilan algunas notas?…)

Hay ciudades donde editan un solo diario y otras, que ni periódicos tienen.

(Cuando lleguemos al bosque…

¿Podremos estar seguros de que la prensa expresa “la verdad” y que no hubieron “intereses creados” que alteraron la información?…)

Hay que esperar.   Todo tiene su tiempo. Así está señalado en el Eclesiastés…

Mientras tanto, sigamos juntos, avanzando sin prisa…

Una voz interior sugiere “un re-creo”…

Es interesante leer -o releer-, algunas publicaciones de la Universidad Nacional del Litoral durante el Gobierno del General Juan Domingo Perón, militar que accedió al gobierno tras obtener la mayoría de los votos de ciudadanos argentinos.

(¡Felizmente, TODO… no pudo ser destruido!).

Quedan algunos testimonios del desarrollo cultural impulsado no sólo desde la Universidad, sino fundamentalmente desde las empresas comerciales, defendiendo las ediciones argentinas de autores argentinos.

(¿Usted leyó afirmaciones contrarias?

Y sí… han quedado varios escritos…

Intuyo sus conclusiones… pero hay que tener en cuenta que tales señales suelen ser insuficientes…)

* * * * * * * * * * *

LOS BROTES.

Era hermoso caminar debajo de los árboles, en el Parque Garay, recientemente remodelado.

Hacía ese paseo, acompañada generalmente por mis tías y algunas amigas. Nuestro entretenimiento giraba alrededor de una rayuela, en las hamacas o en el sube y baja. Cuando veía que los chicos estaban paseando con las bolsitas cargadas con bolitas de barro y la horqueta de madera de los bolsillos, me parecía ver un desfile de guerrilleros. Eso ocurría aproximadamente en 1940. Treinta años después, cada vez que escuchaba la palabra “guerrillero”, temblaba. No sólo imaginaba la muerte rondando, imaginaba situaciones más atroces. Imaginaba las torturas.

Pensándolo profundamente, la muerte es el fin, pero también es el Comienzo. Termina la vida terrenal, pero se inicia una nueva Vida. Es preciso morir para ser, recién entonces, inmortal.   En cambio, ser un mutilado en un escondite, o ser un prisionero, es como estar muerto en vida, sin PAZ posible.

Poco a poco, se descuidaron nuestras tierras, y la espesura de la selva fue convirtiéndose en refugio para traficantes de armas o “idealistas” totalmente alejados de la realidad. Comenzó la destrucción.

Las urgencias del pueblo, sus necesidades: el hambre y la preservación de la salud, no podían seguir esperando. El gobierno militar estaba agotado. La única posibilidad de salvación estaba apoyada en un retorno a una DOCTRINA, que su creador insistía en inculcar, desde Madrid, en la Puerta de Hierro, su residencia.

Como ocurre generalmente, la soberbia era avasallante, y el desafío a la voluntad del pueblo era constante. ¡Eran tantos todavía los enanos, que aceptaban con cierto temor a otros hombres y que se oponían al regreso del GIGANTE!

Llegó 1972, hubo elecciones, por supuesto, con proscripciones personales, resultantes de normas legales antidemocráticas.

1973 sirvió para demostrar que se había cumplido la profecía de EVA PERÓN: “Volveré y seré millones!”

(Cuando llueve, en la selva todos se movilizan buscando un refugio seguro.

Rugidos roncos rivalizan con aullidos y chillan los monos.

Reptan veloces las víboras.

…¿Quién no ha visto una selva en las películas?

Así, resulta fácil recorrerla.

Pero… ¿quién lo haría como sereno caminante?… salvo ¡ junto a un león “amigo”!

Hermano… lo invito a que sigamos avanzando hacia el bosque.)

* * * * * * * * *

EL LÍMITE.

            Cuando en un país se trabaja durante más de quince años para alimentar odios, una incontenible tempestad termina por sumir al pueblo en el dolor y la tragedia.

            Poco sirven las teorías, y la democracia se convierte en una palabra vacía.

            La independencia económica que fue posible declarar ante el mundo en 1949, durante este lapso fue convertida en una dependencia global. Hasta nuestra cultura poco a poco fue respondiendo a los patrones importados, para que los convenios internacionales tuvieran más fácil solución, los dólares ingresaran y las deudas de la Nación crecieran.

            Perón en el Gobierno, no era lo mismo que el real asegurar, que Perón estaba en el Poder. No es ésta una apreciación sutil, sino la realidad vergonzante. Perón dejó una Argentina floreciente, sin hambre, sin mendigos, con viviendas dignas para los trabajadores, con gremios organizados para prestar importante servicio social. Le fue entregado un país desgastado, sin esperanza. Los sindicatos intervenidos y las obras sociales agotadas en sus disponibilidades, ni los niños, ni los ancianos, podían pensar en ser “privilegiados”, porque vivían de la mendicidad en amplios sectores.

Prosperaron las villas miserias y no había recursos para construir nuevas casas. La oposición, era consciente de tales dificultades. Los enemigos también, pero estaban dispuestos a utilizar distintos métodos.

            Mientras los partidos políticos llegaban a importantes acuerdos para preservar la paz social, los sectores antinacionales comenzaba su trabajo demoledor.

            El invierno de 1974 dejó caer un arma mortal. El 1º de Julio el pueblo argentino se enteró de la desaparición física del General. No hace falta comentar este hecho, cuando apenas ha transcurrido una década. Quedó en Isabel Perón la responsabilidad de gobernar.

(¿De gobernar?…)

            Poco a poco, los “enemigos” fueron cerrando el cerco. Brindaron con ella un 9 de Julio de 1975, por la Patria. Ya la traición estaba nuevamente a punto de consumarse, y sin embargo, en los discursos ratificaban la voluntad de preservar la democracia.

            Tucumán, parecía una “selva” incontrolable. Se dispuso el Operativo Independencia, y finalizó 1975 con una sombra de dolor que se proyectó desde el Aconquija.

         (Tucumán… Independencia…

         Dos palabras que aunque deberían tener un mismo significado, en nuestra Historia representan conceptos totalmente contrastantes.

         ¡Tucumán!… ¿Independencia?…

         ¡¿……………………………………..?!

         ¿Pudo encerrar en una línea su propio pensamiento?

         No sufra más .

         ¡Defendamos la PAZ con JUSTICIA!

         Sigamos caminando con esperanza,

                                 debemos estar un poco más cerca del bosque.

         Allí, desplegaremos nuestras alas.)

            Pocos fueron los capaces de captar en su magnífico significado las palabras con que “un viejo adversario… despide a un amigo”.

Pocos comprendieron lo que implicaba como desafío:

“El año 2000 nos encontrará unidos o dominados”.

Unidad que no implica singularidad, porque entonces estaríamos en un camino errático.

(Cuando lleguemos al bosque, nos tomaremos de la mano -no para jugar al Martín Pescador… y decir pasará, pasará, pero el último se quedará…- ¡será para rezar juntos el Padrenuestro!

Usted leyó algunas historias de la Historia… pero JUNTOS SEREMOS PROTAGONISTAS DE LA HISTORIA.

Será preciso re-crear lo vivido con juicios más objetivos -si hubo errores- y… ¡con trabajo fecundo!

Ante la concepción de que “la política es el arte de lo posible”, asumir que “la política es el arte del obrar por el bien común”, siguiendo la racional conclusión del escritor Fermín Chávez.)

* * * * * * * * * *

LOS SECUESTRADORES.

Decir Verano de 1975-76, puede sugerir la evocación de un lento caminar entre frutillas rastreras o el retirar higos resquebrajados o el contemplar racimos de jugosas uvas.

Todo será consecuencia de las imágenes que acudan a la mente, convocadas por los misteriosos duendes. Casi todo dependerá de las vivencias.

En las quebradas de los macizos precordilleranos, en el Alto Paraná, en distantes y sombríos rincones de nuestra amada Argentina, ese verano estuvo saturado en rojo, seguía siendo elocuente el silencio, crecían las sombras y conmovían más muertes.

Se despoblaban las universidades, eran menos obreros en algunas fábricas; continuaba el operativo. No eran sueños, tampoco pesadillas…

Conmovían algunas imágenes: huyen las madres con su embarazo palpitante y la Itaka sigue aumentando sus victorias. De uno y otro signo, los que dicen estar por la vida, los que sólo pretenden ganar un territorio para enarbolar otra bandera, aportan noticias espeluznantes para los periódicos sensacionalistas.

(Quienes rechazamos las armas, casi no dormimos.

Es agobiante la vigilia.)

Una vez más, el caos amenaza a la Nación-Pueblo.

ISABEL PERÓN, tiene la responsabilidad de gobernar. Sin embargo, el poder ya se desplazaba hacia otros sectores. Volvían las aparentes autonomías. Aunque sucesivas acciones eran “subterráneas”, igual que cuando ocurre en terremoto, muchos percibían los temblores.

(¿Qué se cometieron muchos errores?…

Siempre que se hace algo, está la posibilidad de equivocarse.

Creo que la equivocación mayor puede ser justamente, la de no hacer, la de no participar, la de no comprometerse.

Pero, sigamos…)

Otra vez durante las reuniones secretas entre militares y civiles, estaban planificando minuciosamente la destitución de la Presidencia de la Nación.

Hubo una acción aislada en Morón, pero como aún no estaban de acuerdo todos los “interesados”, ese intento se vio frustrado. El rapto fue demorado.

Había que esperar que pasara el verano, y a tres días de comenzado el otoño, talaron cruelmente aquellos árboles que podían dar “mejores frutos”.

Vencedores en las tinieblas de la noche, otra vez los revolucionarios se adueñaban de las cadenas radiales y televisivas para hacer difundir sus proclamas.

Después de tantos descreídos comentarios sobre esas periódicas “revoluciones” que nada modificaban, se eligió un nombre diferente y la vez, se anunció un compromiso mayor.

Lo rotularon: “Proceso de Reorganización Nacional”…

(Es tan reciente la historia, que no merece ser comentada en estas páginas.

Mejor… hagamos una reflexión hasta tanto lleguemos al bosque.

Allí, tendremos tiempo para todo; hasta para recordar a los “monos sabios”, que eran tres, según cuentan los que saben.

Esos monos ¿veían, oían y callaban?

¿Qué usted un día los soñó en un circo, con uniformes y gorras enormes?   ¡Qué gracioso!…)

Isabel Perón estuvo detenida durante más de un lustro. La Nación después, tuvo que indemnizarla. Los secuestradores mantuvieron sus cuentas y sus bienes intactos. En suma, el pueblo tuvo que indemnizarla. Gran parte de ese pueblo que la comprendió en sus dificultades, gran parte del pueblo que había alentado una solución democrática desde comienzos del año 1976…

(¿Qué usted conoció y conoce a militares dignos?

Los hubo y los hay.

Conciben a la lucha armada como la última y la más dolorosa alternativa…)

* * * * * * * * *

LOS CLAVOS.

Conocí a una niña que contaba interesantes cuentos… Algunos aseguraban eran historias verídicas. Su padre -ferretero-, trabajó desde los catorce años. Vivió hasta los treinta y seis. Tal vez por eso, o porque era muy curiosa, estaba enterada de que existían diferentes tipos de “clavos”. Sabía también que cada uno, tenía un destino diferente.

Cuando observaba al carpintero en su trabajo, comprobaba que a los clavos sin cabeza, se los introducía en la madera hasta que fuera posible “enmascararlos” con masilla, de modo que nadie descubriera el escondite.

(¡Oh, esos clavos sin cabeza!…

Impulsan a pensar en algunas personas que presionando, presionando, van ubicándose hasta sentirse seguras, sin importantes ese mediocre mundo “subterráneo”, en el que se condenan a vivir, del que es muy difícil elevarse, aunque se intente el uso de “máscaras” para ocultar la verdadera personalidad “enredadera”…)

Tiempo después, conocí a otra niña, a quien el ocio la había llevado a ocuparse de otros “clavos”. Era bastante frecuente que dijera:

-“¡Qué “clavo”…la película que vi anoche por televisión! ¡Idiotez! ¡Sólo violencia y drogas!

-“¡Qué “clavo” es el profesor de estenografía que enseña mirando los modelos del libro!…

(¡Humm…me parece bastante complicado poder eliminar a esos “clavos” del mercado!…)

………………………………………………………………………………………………………………………

Comentaba a su amigo un señor que viajaba en un colectivo:

-“Siento un clavo en el corazón… Me enteré del fracaso de la “revolución…”

(¿Cómo no sentirlo… si es una caída de “golpe” que siempre produce heridas profundas?)

-“¡Bah!…-agregó el amigo con todo español- Un clavo en el corazón, es nada. Yo tengo tantos en mi negocio, que si sigo así iré a la quiebra.

(¡Lo comprendo!… Es que no aciertan.

Viven remachando el “clavo” de la inflación.

Realmente, estos reorganizadores no saben trabajar.

Dan uno en el “clavo” y ciento en la herradura…)

Dos jóvenes que conversaban en el pasillo, estaban preocupados.

Comentaban:

– “¿Qué hacen allí todavía, esos caballos?

– ¿Las autoridades no dan en el clavo?

(Estos diálogos que parecen simples juegos con palabras, tienen una relación directa con la realidad.

¿Quién no ha visto -impotente- cómo se insertan “clavos” en los lugares más insólitos, disimulándolos y remachándolos aunque se sumen errores y atrocidades?

Con humor, respondía el jovencito:

-“Para sacar todos los “clavos” que se pusieron desde 1976, será necesario “un martillo hidráulico”.

-Shshshshsh… -dijo su compañero-, mejor no hablar de martillo, ni de hoz

(¡Qué peligro!

A la par del colectivo, una tropilla hacía sonar los cascos con seguras herraduras.

Una nube de polvo grisáceo impidió seguir contemplando las bellezas el paisaje.

No hubo palabras. Solo silencio.

¡Ánimo!

Vayamos hacia el bosque.

Nos esperan los pájaros con sus nidos y sus cantos… también algunos simios, colgando graciosamente de sus colas)

* * * * * * * * * *

EL BOSQUE.

Realmente, tuvimos que andar durante largo tiempo para llegar.

Muchos desertaron, incrédulos o cobardes.

Otros, resignadamente escalaron las laderas del Monte Eternidad y desde allí, nos contemplan y nos esperan.

Con piedras que millones de inconscientes fueron arrojando para dividir el vasto territorio -y en consecuencia, a sus habitantes-, poco a poco se levantó un gran muro, que necesariamente habrá que derribar para llegar al “bosque”.

Los impacientes “trepadores”, insistirán en que “hay que realizar el menor esfuerzo”.   Unidos, los más fuertes, “los de abajo”, tendrán que soportar el peso de los débiles sobre sus arqueadas espaldas, casi de cabeza al suelo, semejantes a troncos quebrados. Serán también los primeros en revelar “la verdad”.

Quizás a algunos, la visión los confundirá y preguntarán:

-“¿Qué bosque?”…

Llanura, ríos… a lo lejos cuchillas, cerros y montañas.

Una línea blanca insinúa las tierras más australes.

-¡El bosque fue un “cuento”, una falacia o una ilusión!

Los ignorantes trepadores se dispersarán.

Los haraganes, retardatarios, dormirán la siesta a la sombra del muro, mientras los idealistas trabajadores de todos los tiempos, habrán comenzado a demoler el muro.

Incansables, lograrán ese objetivo.

No sólo llegarán al bosque. Será posible convencer a los “incrédulos” de que hay una sola posibilidad: trabajar unidos, para que el “bosque” no sea sólo un sueño, sino una magnífica realidad.

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            Cuando el esfuerzo mancomunado logró convertir al alto muro en una “pirca” que era posible traspasar con facilidad -por todos…-, recién entonces los heroicos trabajadores resolvieron suspender la labor. Era necesario dejar ese cúmulo como testimonio silencioso y contundente.

Las generaciones futuras tendrían que observar todos los obstáculos que fue necesario “vencer”, para que en el tercer milenio llegaran a vivir “unidos, no dominados”.

            El bosque no había sido un cuento, ni una falacia, ni una ilusión.

            El bosque estaba allí, germinal, en los surcos abiertos hacía más de cuarenta años. Era necesario unir tesón y amor, para que él revelara todo su esplendor.

            El bosque, no tendría lobos sigilosos capaces de devorar a una “abuelita”, ni “enanitos”… ni gnomos… ni enredaderas… ni simios…

            El bosque tendría un arco iris inmenso, con los colores de la “cooperación”, luciendo su esplendor sobre una bandera celeste y blanca, de cielo y nube…

En el bosque se escucharía el canto del ruiseñor y el de la calandria… convocando a la armonía…

Fraternalmente unidos, los argentinos habrían hecho posible casi un milagro…

-¿Un bosque sin vegetación?…

– ¡Imposible!…

– ¡Un bosque en gestación!…

 

El bosque que cobijará bajo su fronda a todos los que amen y defiendan la libertad, la soberanía y la justicia social.

Un bosque con equilibrio de pasión, de razón y de amor.

Un bosque… ¡no una selva!… tampoco un precipicio.

(Usted ¿comprendió?… ¡SIGAMOS JUNTOS!…)

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Mientras tanto, lo invito a leer -o releer-,

algunas líneas de “informaciones”

publicadas en el diario “El Litoral” de la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, durante el autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” (1976-1983)…

¡Era imposible que quienes detentaban el poder pudieran controlar “todo” e insistir con las censuras!


“La permanencia de funcionarios de carrera en cargos de jerarquía –naturalmente que tratamos aquí

de aquellos de probada eficiencia

es un asunto

que preocupa a los ciudadanos

que desean lo mejor para el país;

quienes sólo están atentos

a medrar

con los periódicos cambios

de equipos gobernantes,

es seguro que tendrán solamente

en cuenta esta cuestión

nada más que

para ver

hasta dónde

puede avanzarse

sobre los imprecisos límites

entre los derechos

de los funcionarios de carrera

y el poder

(mal llamado político).

Lo cierto es que,

y ya refiriéndonos

al específico campo de la cultura,

la permanencia

de personal

idóneo y honesto

en los altos cargos

de asesoramiento

y ejecución,

resulta una garantía

para un normal desarrollo

de planes de trabajo

a largo plazo

e iniciativas de avanzada

de fines más mediatos

que inmediatos,

tantas veces

malogrados

por el capricho,

el deseo de figuración

o el afán destructivo

de gente que,

en última instancia,

poco tiene que ver

con la materia particular

del área en que,

por azares del destino,

ha sido designado.

Edgardo Pesante.”

Pág.10 – 18/11/80.

 

  “A partir de la última presidencia de Perón, inclusive, no se han aportado soluciones satisfactorias que respondan

a las aspiraciones

de vastos sectores sociales,

acarreando malestar,

crisis continuas y desajustes

atentatorios de la unidad nacional,

al poner en peligro

los valores de integración colectiva

sin cuya vigencia una sociedad moderna funciona con relativo peligro. Diezmando actualmente

el desarrollo industrial,

que tanto costó armar, hace que nuestro destino cambie, creando un industrialismo precario y de dependencia multinacional, quedando sin sindicalización gradual ante un gobierno de nítido corte autoritario.

Dispersada la masa del pueblo, sin industrias, inestabilidad económica, política y social, se corre el peligro de entrar en la amplia dependencia foránea quedando en descubierto lo que años de paz y abundancia ocultaron celosamente: la subordinación del país al imperialismo extranjero.

Entonces el pueblo, seguirá el mismo destino de L. N. Alem y L. de la Torre, en acción suicida y dirá ¡basta!

Estamos en la incertidumbre, porque el pueblo se siente impotente y amordazado ante la situación de la Argentina que es extremadamente grave.

Nos debatimos en medio

de una crisis sin precedentes,

ya que hubo crisis en el país

pero había también alternativas,

se podía discutir, pero ahora,

con discusión no se arregla nada.

El país está desintegrado

y la única posibilidad que se abre

es la propuesta civil.

Volver al régimen de la Constitución con la participación del pueblo, en su defecto,

se repetirá lo de Alem y

de la Torre, que por supuesto,

ahora será en masa,

porque el suicidio no sólo es físico,

sino también moral, anímico, económico y espiritual, que equivale a decir:

anulación total.

Alberto P. Francioni”.

   

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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“Ya que no podemos ser los mayores, hagamos lo posible por ser los mejores. R.A.”

Pág, 6 – 26-4-81

 

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Este artículo me permitió conocer personalmente al Dr. Cayetano Licciardo –Ministro de Educación de la Nación- y a él, conocer la bellísima obra de JUANCITO ARANCIO, en una tempera que reflejaba la realidad de los escolares de nuestra costa litoral.

…¿Liberación… o dependencia?…

Estas páginas simbolizan un homenaje a ROBERTO GASPARINI –EX – Agregado Obrero en el Servicio Experior, ex – periodista, ex – vocero del CONET 1973-1976, primer editor de “VIDA DE PERÓN” de Enrique Pavón Pereyra. Compañero sin claudicaciones, a pesar de las inútiles solicitadas y de las frustraciones compartidas, en una etapa en la que resultó -¿tal vez como hoy, en 1985?- realmente IMPOSIBLE romper con loso “nudos gordianos” de la burocracia. Hábilmente tejidos por los “tecnócratas” que poco saben de JUSTICIA y menos aún de JUSTICIA SOCIAL.

En el bosque… será imprescindible rescatar las coincidencias.

¿Intentará usted automarginarse?…


Expresó el físico, escritor, pintor Ernesto Roque Sábato:

                     “…Una artesanía, proporciona el goce de todo lo que se hace con la mente y las manos a la vez. Ese goce que el hombre de hoy ha perdido por esta civilización racionalista. Todo se ha separado: el cuerpo del alma, la emoción de la razón, el arte de la ciencia, el hombre del cosmos. Todo lo que tendía a unificar al hombre es positivo y forma parte de lo que será la síntesis futura, cuando algo deba reemplazar a este mundo catastrófico.”

Comparto este criterio de ERNESTO SÁBATO.

Las publicaciones que con frecuencia entrego

a los HERMANOS DE MI PUEBLO,

a mis HERMANOS-COMPAÑEROS…

¡HOMBRES NUEVOS!…

son “a r t e s a n í a s”.

¡Piense, comente y defienda

sus convicciones!

¡Trabaje por la JUSTICIA que es

TRABAJAR POR LA PAZ!

[1] Perón, Juan Domingo. Tres Revoluciones Militares. Buenos Aires, Editorial Síntesis, 1974, p. 86 y siguientes.

[2] ¡Allí vamos!… y enseguida vemos un original collage: un enorme árbol junto al alto edificio que por las chimeneas parece ser una fábrica. Es razonable imaginar que invisibles y potentes raíces nutren al grueso tronco y al follaje asimétrico. Recortes de hojas del diario El Litoral de Santa Fe de la Vera Cruz –mi amada ciudad- y La Nación de la capital federal, son señales insoslayables en este casi mágico recorrido hacia EL BOSQUE. Veamos: “Me reconoce Ottalagano que “el pueblo en una dictadura, grita, aplaude, baila al compás del tambor” y agrega que: “Pero a condición de que le toque la música que le agrada, por haberla elegido”. / “No quiero comparara al pueblo con el uso del gitano que también baila al son de la pandereta ¿Pero le agradará al uno de veras esa música?” En materia de gustos musicales no hay nada escrito. Por ejemplo: en los tiempos de Juan Manuel -dignísimo precursor de Juan Domingo según los revisionistas amigos de Ottalagano- la mazorca, eficiente ella, tenía por instrumento el violín cuyo arco acariciaba no tan suavemente el cuello de los infames salvajes unitarios. Un siglo después, la orquesta de otra dictadura popular prefirió el bombo y el tambor con ritmo selvático. Convengamos en que hemos retrocedido en cuanto a gusto musical, al menos desde el punto de vista de nuestra preferencia un tanto vienesa y melódicamente aristocrática”. / / En una rama inferior, hacia la izquierda, es posible leer: “…saber si llegamos a destino…” y en la orientada hacia la derecha: “… ¿Será tan mezquino mi contrincante como para negarle a un anciano el derecho a tener también él su corazoncito? Luis Di Filippo, ciudad.” Los muros del alto edificio están limitados por una escritura de Marco Denevi, jefe de redacción en el diario La Nación de Buenos Aires con sede en la calle Florida, precisamente en la misma cuadra donde en la vereda de enfrente, en Florida 334 el 5 de diciembre de 1945 se inauguró el Centro Universitario Argentino –fundado según se ha dicho por sugerencia de Perón, presidido por Ricardo Guardo, esposo de Lillian Lagomarsino, luego el odontólogo que llegó a presidir la Cámara de Diputados durante la primera presidencia del fundador del Justicialismo. Comentado era en aquel tiempo que cuando se realizaban los actos proselitistas, el diario cerraba persianas y también ya se sabía que algunas damas porteñas eran discriminadas en sus clubes y sociedades de beneficencia porque adherían al nuevo movimiento. Dejando esas rememoraciones, ¡allí vamos!… a seguir el rumbo señalado por el talentoso Marco Denevi: “Puesto que en sufijo griego ‘eidos’ significa forma, aspecto, apariencia (como un humanoide y esquizoide), la cosa se aclara: el intelectualoide sólo tiene la cáscara del intelectual, el disfraz, el envase, pero no el contenido. / Como el oficio del intelectual consiste en una tarea de análisis crítico de la sociedad donde vive, y como toda sociedad humana está plagada de defectos, de vicios, de fallas, de injusticias, de absurdos y de arbitrariedades, el intelectual suele convertirse en un rebelde, en un inconformista, en un cuestionador. De ahí que los gobernantes lo miren con malos ojos. / El intelectualoide empieza por imitar ese inconformismo, pero en sus formas más visibles, más exteriores: cuida, de un modo deliberado, que su ropa, su pelo, su higiene personal y sus modales nos adviertan, a simple vista y desde lejos, que él no se somete a las convenciones sociales. Ésa es su tarjeta de presentación, a menudo maloliente. / Los anteojos (infaltables aunque no los necesite), un tremendo libro bajo el brazo y una expresión facial adusta y desdeñosa o sarcástica lo ayudan a diplomarse, cree él, de intelectual. Por poco que lo tratemos (si es que acepta algún trato con nosotros, nada intelectuales), nos daremos cuenta de que su carácter ha renunciado a la simpatía, a la indulgencia, a la curiosidad, al buen humor y a cualquier matiz de la afabilidad de un extremo a otro lo atraviesa el desprecio. / Pero todos sus análisis minuciosos todas sus críticas feroces son puro plagio, sin pica de originalidad. El intelectualoide es una máquina de repetición, un autómata mental que saca copias de lo que leyó. Todo en él es obra del préstamo. Eso sí, toma un solo préstamo por turno y devuelve los anteriores a medida que dejan de estar de moda. Sus teorías son adhesiones ciegas, fanáticas e irrebatibles a la última bibliografía que consultó. El resto no sirve. Un dogma por vez, pero ese dogma no admite otros. / Admirable habilidad del intelectualoide: aprenderse, de la noche a la mañana, la última jerga puesta en circulación. Se haría matar antes de dejar de usar ese vocabulario, a menudo hecho de barbarismos disparatados, de neologismos ridículos y de traducciones a la violeta, pero que para él son el santo y seña de la religión de los intelectuales. Hablar como todo el mundo, respetar las virtudes expresivas y comunicativas del lenguaje: un prejuicio burgués.”

[3] El Presidente Néstor Kirchner ex intendente de Río Gallegos, ex gobernador de la provincia de Santa Cruz y presidente de la Nación Argentina desde el 25 de mayo de 2003, en una acto público ordenó a la máxima autoridad del Ejército Gral. Bendini que en la galería de cuadros de autoridades, descolgara los pertinentes a los ex-presidentes del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional: Tte. Gral. Jorge Rafael Videla y Tte. Gral. Bignone.

[4] El ministro Ingeniero Juan Carlos Burundarena prometió lo que evidentemente no alcanzó a concretar…