Tras lecturas sobre genocidios…

Tras lecturas sobre genocidios…

He leído diversos testimonios acerca de personas que han sido acusadas por delitos de lesa humanidad, también en torno a quienes son calificados como idealistas que participaron en atentados en distintas circunstancias.

Leo en el diccionario de la Real Academia Española que “genocidio” es palabra que deriva del griego, cuya raíz significa “estirpe”.

genocidio… m. Exterminio o eliminación sistemática de un grupo social por motivos de raza, de religión o de política”.

Sigo conmovida por los exterminios resultantes de sucesivos enfrentamientos armados entre diferentes pueblos en distintas latitudes.

Sigo conmovida por la eliminación sistemática de personas como consecuencia de los escasos recursos disponibles para su alimentación.

Sigo conmovida por las señales que perduran en mi memoria tras múltiples lecturas -no sólo de relatos en revistas y libros-, en torno al aniquilamiento de la voluntad hasta el límite de la desesperación…

Tal estado de ánimo provoca íntimas reflexiones. Una y otra vez, evoco mi niñez y el momento de la primera mudanza, el de la segunda y las experiencias durante el año 1936, jugando con mi hermano José Manuel durante la primavera cuando estaba ensayando sus primeros desplazamientos…

Yo ignoraba en ese tiempo, que mis abuelos soportaban un intenso dolor porque en España sus familiares padecían el horror de la guerra entre republicanos y falangistas siendo eran escasas las noticias.

Ignoraba yo, que no celebraríamos el nacimiento de Manuchito el 30 de diciembre de ese año, porque durante la Navidad se aceleraría su Último Desprendimiento…

Ignoraba que después de otra mudanza, la segunda guerra mundial sería otra espantosa realidad y que tiempo después intentaría indagar acerca de atroces genocidios.

Lento ha sido el proceso de entender algunas causas que han provocado determinados desenlaces.

Sigo alerta descifrando las claves que pulsan en mi memoria y creo que como el escritor y pintor Ernesto Jorge Sábato:

“Escribo para no morirme de tristeza en este país desventurado”

                                                                                                                  Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

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1936: como nacen los brotes… se generó la guerra civil española.

Desde diferentes puntos de vista, en la Literatura y en la Historia hay diversos testimonios acerca de las causas que provocaron la sangrienta lucha entre republicanos y falangistas. También se advierten distintas calificaciones según sea la persona que ha recopilado antecedentes de la lucha armada en distintos continentes, con calificaciones diferentes tras ataques a religiosos y a templos o en el momento de juzgar las violentas acciones de grupos civiles y las reacciones de algunos militares.

Así fue como se ha reiterado lo sucedido entre el español José Millán-Astray (1879-1954) y el filósofo Miguel de Unamuno, rector de la Universidad de Salamanca en 1936, comienzo de la guerra civil española que terminó en 1939 al ser aniquiladas las fuerzas de “los republicanos”.

Millán-Astray, “bohemio del patriotismo y del heroísmo.

Han escrito que el general Millán-Astray “era un bohemio del patriotismo y del heroísmo, a quien le venían de familia su agudeza, su fantasía creadora y sus profundas dotes de psicólogo, favorecidas por la profesión del padre -jefe de prisiones de Madrid, poeta, articulista y autor de libretos de zarzuela- y la de su hermana Pilar, ilustre novelista y comediógrafa. Tenía 19 años en 1889 cuando ingresó en la Escuela de Guerra con brillante hoja de servicios, llegó a ser profesor de ocho asignaturas distintas en la Academia de Toledo y, ya oficial de Estado Mayor, fue agregado al Ejército francés. En 1922 publicó un manifiesto exaltando la disciplina contra la intervención del Ejército en la política nacional; más tarde un libro sobre el Tercio y varios folletos. Le entusiasmó El Bushido, código espiritual de los samurais, escrito por el profesor tonkinés Inazo Nitobe y lo tradujo y publicó en 1941, cuando ya había apoyado gran parte de sus lecciones morales a los cadetes y el esquema de su Credo legionario, un idealismo lleno de fantasías románticas con la muerte como novia y reflexiones de corte modernista. [i]

  Fue Millán-Astray conferenciante pródigo y admirado en España, Francia, Italia y América, donde su palabra encendía los ánimos con figuras hirientes, llenas de crudeza, vida y poesía. Sobre una idea suya de 1897, al volver de Filipinas, había creado una legión llena de paradojas y contradicción en su misma esencia, como Unamuno; de descarnado realismo celtibérico, como Baroja; de sobriedad de frase, como Azorín; de desenfado y aventura, como Valle-Inclán; de poesía solanesca más que machadina; pero sobre todo, de altísima idealidad senequista, de amor a la Patria y a la muerte en perfecta superación espiritual, tan comprensible como aquel su ¡muera la Inteligencia!, siendo un ruidoso intelectual, pese a que intentará disimularlo con simplistas imágenes románticas, muy apropiadas para desertores del hampa que convertiría en “caballeros”. Era uno de los seis militares intelectuales del 98, en cierto modo el lírico de esa generación”…

He leído también que “para muchos españoles, fruto de su enfrentamiento con Unamuno en la Salamanca de 1936, Millán Astray encarna el totalitarismo militarista de los vencedores de la Guerra Civil”.

(Debo expresar que en distintas latitudes suelen opinar que así ha sido.

Lo recordó el gobernador de la argentina provincia de Santa Fe Ing. Jorge Obeid, en su discurso en la Legislatura santafesina durante la inauguración de la exposición de fotografías titulada Instantáneas de un genocidio de Tomasz Wisniewski.

Hay más información en algunos párrafos de este documento.)

Millán-Astray, soldado profesional…

También leí que: “para otros, es un héroe, el fundador de la Legión Española, y el creador de su grito de guerra ‘¡Viva la Muerte!’. Pero el general Millán Astray, como suele ocurrir, era algo más que la imagen que suponen estos dos tópicos. Fue fundamentalmente un soldado profesional al que su larga vida le llevó a participar en los sucesos más importantes de finales del siglo XIX y de la primera mitad del siglo XX; recién salido de la academia de Toledo, con 17 años, combatió en Filipinas para someter la insurrección indígena del Katipunan, en los estertores del imperio español, durante el desastre del 98; participó a lo largo de dos décadas en el sangriento conflicto marroquí, al mando de las tropas moras -policía indígena y regulares–, y luego de sus legionarios; estuvo varias veces en misiones militares y políticas en el extranjero donde conoció a personalidades de su tiempo como Joffre, Pétain, Lyautey y Mussolini; se enfrentó a las Juntas de Defensa y a la II República azañista, por la que fue depurado; visitó varias veces América donde fue recibido por los presidentes de varias naciones, y trabajó como comentarista radiofónico; durante la Guerra Civil fue uno de los instigadores de la subida de Franco a la Jefatura del Estado y creador del mito Franco Caudillo; fundó Radio Nacional de España, la radio oficial de los nacionales, en colaboración con periodistas y escritores como Ruiz Albéniz, Aznar, Rato, Dionisio Ridruejo y Giménez Caballero.”

Millán Astray y “la mística de la muerte y del sacrificio”

En esa crónica también destacaron que “Millán Astray se convirtió en el máximo defensor de los valores tradicionales del guerrero, de la mística de la muerte y del sacrificio, inspirado en el Bushido -código de honor de los samurais-, y que vertió en el Credo Legionario, ideario que transformó a los legionarios en ‘novios de la muerte’.
Fue un actor secundario de la historia de España del siglo XX, sin el que difícilmente se puede comprender mucho de lo acaecido. Tuerto, manco, herido y mutilado en el alma y en el cuerpo, histriónico, adorado por unos, temido y despreciado por otros… nunca dejó a nadie indiferente. Era un superviviente de sí mismo. Cuando murió quiso que en su lápida sólo escribiesen ‘Millán Astray, legionario’.”

Unamuno desde la Universidad de Salamanca

En la ciudad de Buenos Aires, sur del continente americano, el 15 de agosto de 1936 desde el diario La Prensa informaron acerca de la adhesión de don Miguel de Unamuno al Alzamiento y destacaron que con “un donativo de cinco mil pesetas a la suscripción nacional” impulsaba la recaudación de fondos. Cinco días después, “en nombre del claustro de la universidad de Salamanca, que como Rector presidía, dirigió un comunicado a todas las del mundo, denunciando ‘los hechos criminosos llevados a cabo por los marxistas’. Opina García Escudero que fueron frecuentes sus relaciones con Franco, a partir del 1 de octubre en que éste fijó su residencia en Salamanca, con manifiesta simpatía del General hacia el rector. Pero se cansó pronto de su actitud uniforme.”

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“A los hechos hay que ponerlos en perspectiva”…

Llovizna; sobre la madreselva y el jazmín hay gotas transparentes…

Pulsan en la memoria traducciones de lo expresado por Ralph Waldo Emerson, “Quien eres habla tan fuerte que no escucho lo que dices”.

Recuerdo haber escuchado: “Dime de qué te alabas y te diré de qué careces”.

Lágrimas se resisten al casi inevitable desprendimiento.

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Estoy terminando un documento referido a “los 100 años de la presencia Institucional Judía en la Ciudad de Santa Fe” y convencida de que como lo expresó el canciller doctor Rafael Bielsa, “a los hechos hay que ponerlos en perspectiva”, necesité escribir estas referencias vinculadas con la guerra civil española y otras relacionadas con la guerra civil no declarada entre los argentinos, generada como nacen los brotes, en un persistente proceso que se hizo evidente a fines de la década del ’60.

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Como nacen los brotes… en la Argentina.

Sabido es que en el bosque siguen latentes insoslayables señales y sucesivas claves.

La apasionada María Eva Duarte de Perón, el 7 de mayo de 1947 celebró su 28º cumpleaños y el 31 de ese mes, refiriéndose a la justicia social advirtió que “se cumplirá inexorablemente, cueste lo que cueste y caiga quien caiga”.

A fines de la primera semana de junio de 1947, Eva Perón inició su viaje hacia España tras una invitación del General Francisco Franco al presidente de la Nación Argentina General Juan Domingo Perón.

El 8 de junio aproximadamente a las 20:25 el avión se aproximaba al aeropuerto de Barajas, “escoltado por una escuadrilla de cuarenta aviones de guerra. El recibimiento fue ¡apoteótico! Algo muy difícil de describir. Todo el aeropuerto engalanado, lleno de flores y de banderas argentinas y españolas”, escribió casi medio siglo después en su libro titulado “Y ahora… hablo yo”, la señora Lillian Lagomarsino de Guardo -esposa del entonces presidente de la Cámara de Diputados Dr. Ricardo Guardo-, integrante de la comitiva por decisión de “la Señora”.

Eva Perón regresó y el 27 de agosto de 1947 dijo:

“Yo llevé a Europa el mensaje espiritual de los trabajadores argentinos que labran la grandeza de la Patria y no luchan en contiendas fratricidas, sino por altos ideales. Ellos no quieren guerras”… [ii]

El 23 de septiembre de ese año, fue sancionada y promulgada la ley que reconoció el derecho al sufragio a las ciudadanas argentinas.

Eva Perón, el 23 de noviembre de 1948, insistió:

“La paz resultará una utopía mientras la injusticia, la miseria y la indignidad puedan cebarse en las comunidades humanas”.

En otra circunstancia, reiteró:

“…La victoria será nuestra. Tendremos que alcanzarla tarde o temprano, cueste lo que cueste y caiga quien caiga”.

Mientras tanto, en los diarios de sesiones del Congreso Nacional y de las legislaturas provinciales quedaban los testimonios de los “representantes del pueblo”.

Sabido es que desde mediados de la década del ’50, Roberto Baschetti recopiló documentos que revelan las mutaciones y las mudanzas que se produjeron entre 1955 y 1970, que fueron generando continuos enfrentamientos reflejados en la prensa: sucesivas huelgas con represión, muertos y heridos… diarios clausurados y responsables detenidos,

No ha sido por casualidad que en la primera página de su libro, el periodista Baschetti incluyera estas advertencias:

Muchacho el pueblo

recoge todas las botellas que se tiran al agua

con mensajes de naufragio.

El pueblo es una gran memoria colectiva

que recuerda todo lo que parece muerto en el olvido.

Hay que buscar esas botellas y refrescar esa memoria.

Raphsodia III. Asedio al Intendente.

LEOPOLDO MARECHAL

Muchos han despreciado el ingenio y el poder del pueblo, pero, a largo plazo, han pagado caro su error. Los pueblos siguen la táctica del agua; las oligarquías, la de los diques que la contienen, encauzan y explotan. El agua aprisionada se agita, acumula caudal y presión, pugna por desbordar; si no lo consigue, trabaja lentamente sobre la fundación minándola y buscando filtrase por debajo; si puede, rodea. Si nada de esto logra, termina en el tiempo por romper el dique y lanzarse en torrente. Son aluviones. Pero el agua pasa siempre; torrencial y tumultuosamente, cuando la compuerta es impotente para regularla.

                                                                                        JUAN D. PERÓN

Rememoró Roberto Baschetti que “Perón es derrocado el 16 de septiembre de 1955” y destacó que “cuando los viejos políticos partidarios no dieron más lucha, cuando la mayoría de los sindicalistas encumbraron hicieron punta con el ‘yo me borro’, cuando muchos militares gustosamente se dedicaron a perseguir al pueblo en vez de subordinarse a él, entonces, de la nada surgió esa rebeldía popular que duró 18 años.

G.R.M. eran las siglas que ‘comandos civiles’ encontraron garabateadas en un diminuto papelito, arrugado y escondido, dentro del saco raído de Víctor, compañero de Correos dejado cesante por ‘los de la libertadora’ y al que todos conocían cariñosamente por ‘Coco’. / Volaban las piñas y los palos, pero el hombre seguía mudo. No por nada pesaba más de 160 kg. y en su juventud había sido campeón de pesas. Aguantaba como podía… y no largaba un solo contacto.” /…/ “Pero G.R.M. (Generar Resistencia Masiva) eran simplemente las iniciales que a modo de contraseña iban de boca en boca, de barrio en barrio, de fábrica en fábrica, de casa en casa para organizarse y poder frenar la prepotencia gorila. / En el heroico silencio de ese compañero se gestaba un acto más de la larga Resistencia Peronista. / A la semana, comenzaron a verse las primeras pintadas con tiza o alquitrán. ¡Perón vuelve! decían y se iniciaba así, inexorablemente, la cuenta regresiva de los usurpadores.” [iii]

Desde entonces, siguió creciendo la Resistencia, ora activa, ora pasiva.

Muchedumbres silenciosas estaban arando, talando u orando.

Década del ’60…

Sabido es que en mayo de 1962, Arnaldo Oscar Lizaso -residente en Olivos, provincia de Buenos Aires-, se animó a entregar su carta abierta dirigida al Teniente General Pedro Eugenio Aramburu, comunicándole que era “hermano de aquel casi niño, desarmado e inerme que fue fusilado el día 10 de junio de 1956, en el basural de León Suárez de acuerdo con el decreto dictado por el gobierno ‘de facto’, tan cristianamente presidido por usted”.

Aludía al decreto-ley Nº 4161 del 5 de marzo de aquel año, cuyo décimo artículo establecía:

“Queda prohibida en todo el territorio de la Nación:

La utilización de propaganda peronista. Se considerará especialmente violatoria de esta disposición, la utilización de la fotografía, retrato o escultura de los funcionarios peronistas o de sus parientes, el escudo y la bandera peronista, el nombre propio del presidente depuesto, el de sus parientes, las expresiones ‘peronismo’, ‘peronista’, ‘justicialismo’, ‘justicialista’, ‘tercera posición’, la abreviatura ‘P.P.’, las fechas exaltadas por el régimen depuesto, las marchas ‘De los muchachos peronistas’ y ‘Evita capitana’, ‘La razón de mi vida’ y los discursos del presidente depuesto y su esposa.

La utilización de imágenes, símbolos y signos ‘creados o por crearse’, que pudieran ser tenidos por alguien con los fines establecidos en el inciso anterior. /     ARAMBURU – ROJAS – ALZOGARAY.”   [iv]

En 1963, los militares que detentaban el poder proscribieron el “Frente Nacional y Popular” que impulsaba las candidaturas del doctor Vicente Solano Lima -conservador- y del doctor Carlos Sylvestre Begnis, desarrollista. La disconformidad de los ciudadanos se expresó con votos en blanco y el doctor Arturo Umberto Illia residente en Cruz del Eje, Córdoba, impulsado por la Unión Cívica Radical, con el 25,2 % de los votos positivos, asumió la presidencia de la Nación.

(Es oportuno tener en cuenta que diez años después, triunfó la fórmula presidencial Héctor José Cámpora-Vicente Solano Lima y asumieron el 25 de mayo de 1973…)

Para la mayoría de los peronistas, 1964 sería el Año del retorno.

A fines de enero, el urólogo catalán Antonio Puigvert -médico que atendía al estadista francés Charles De Gaulle-, operó a Juan Domingo Perón extirpándole un tumor benigno de próstata y no se concretó su esperado regreso.

En los años siguientes, más diarios, más periódicos y revistas seguían expresando protestas y propuestas; nombraban más detenidos y anunciaban más clausuras… hasta que en 1966 la “Juventud Peronista” –la Jotapé-, imprimió en mimeógrafo la primera edición de Trinchera: “su mentor era Gustavo Rearte y colaboran en la misma Jorge Rulli, Héctor ‘El Petizo’ Spina y Envar el Kadri”, quien fue detenido después de la publicación del quinto número.

Los muchachos insistieron con “dos o tres números más” y apareció como editor responsable Carlos Caride. En una de esas ediciones, expresaban con título destacado:

                   “…estamos en pie de guerra junto a Perón”.

Es oportuno tener en cuenta que los hermanos Fernando y Juan Abal Medina habían estudiado en el Colegio Nacional de Buenos Aires, y que el primero nombrado fue compañero de curso de Mario Eduardo Firmenich y de Carlos Gustavo Ramus, quienes después de integrar la UNES (Unión de Estudiantes Secundarios) se incorporaron a la JEC (Juventud Estudiantil Católica) donde empezaron a vincularse con el Padre Carlos Mugica, predicador del Evangelio en la capilla de Cristo Obrero que había instalado en la villa miseria de Retiro, asistiendo en el dispensario contiguo a miles de argentinos e inmigrantes paraguayos y bolivianos. Ese trabajo del padre Mugica también lo realizaron otros sacerdotes tercermundistas en barrios periféricos de distintas ciudades, entre ellas Santa Fe de la Vera Cruz donde el Padre Osvaldo Catena -destacado músico-, trabajó junto a la comunidad de Villa del Parque, cercana al Parque Juan del Garay.

Sabido es que el Padre Carlos Mugica organizó una misión con integrantes de la Juventud Estudiantil Católica con el propósito de que advirtieran cómo vivían los hacheros que trabajaban para la Compañía “La Forestal” que tuvo ferrocarril propio y acuñó moneda y que en ese tiempo, retribuía con vales el trabajo de sol a sol de quienes derribaban los centenarios quebrachos en la cuña boscosa santafesina.

La proveeduría y otros servicios también pertenecían a la Compañía y hasta la lujosa residencia que era sede de la administración, también llegaban cónsules ingleses y algunos políticos santafesinos, entre ellos legisladores que destacaban su importancia en el desarrollo regional mientras eran indiferentes ante el aniquilamiento de los hacheros, ya que por aprobación o silencio como consta en los diarios de sesiones, resolvían a favor de los ingleses las sucesivas denuncias por “la explotación desmesurada” tanto de los recursos naturales como de los hacheros y de sus familias, porque todos contribuían con su trabajo para el bienestar de los contratistas y del personal jerárquico de esa empresa inglesa que llegó a ser como “un país dentro de otro país”. [v]

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Hay abundante bibliografía acerca de la prédica de los sacerdotes tercermundistas y también en torno a los militantes políticos mencionados.

Un relato de Miguel Bonasso referido a la presencia de estudiantes católicos en el norte santafesino acompañados por el padre Carlos Mugica, destaca que en ese momento se enteró de “la muerte del sacerdote Camilo Torres en la guerrilla colombiana y el cura exclamó: ‘la solución está en la metralleta’. Aunque después, como si se arrepintiese del exabrupto, acuñó una frase que repetiría muchas veces: ‘yo estoy dispuesto a que me maten, pero no estoy dispuesto a matar’.”

Esa anécdota con otros protagonistas también es rememorada entre los santafesinos porque fueron varios los grupos armados que apoyados por sacerdotes tercermundistas comenzaron “la lucha armada” y participaron en distintos atentados. Hay testimonios insoslayables en diarios y revistas de aquella década y en las siguientes.

En tales circunstancias, esos muchachos católicos decidieron incorporarse a grupos que militaban en el Peronismo, que mejor sería reconocer como el Justicialismo ya que así lo expresaba el coronel Perón quien insistía en que esa Doctrina ya la había predicado Cristo al predicar “Amáos los unos a los otros”. Hablar del Justicialismo implica previamente tener en cuenta el concepto de justicia: “una de las cuatro virtudes cardinales, que inclina a dar a cada uno lo que le corresponde o pertenece”.

En el seno del Peronismo, algunos hechos revelaron sucesivas divergencias y se generaron antagonismos que rozaron los límites de la tolerancia, como cuando Eva Perón dijo que “no quedará ni un solo ladrillo que no sea peronista” o cuando “el General” expresó: “…por cada uno de los nuestros caerán cinco de los de ellos”.

Sabido es que en ese tiempo estaban organizados distintos grupos de la democracia cristiana y es oportuno releer otra rememoración de Miguel Bonasso:

“Una instructiva paradoja hizo que el gobierno de Cristo Rey, el Opus Dei y los Cursillos de Cristiandad, encontrase su primera resistencia en el estudiantado católico. Especialmente en Córdoba, que volvía a ser epicentro de la rebeldía estudiantil. En la noche del 7 de setiembre” -de 1966-, “después de una manifestación violentamente reprimida fue baleado por la policía el estudiante de ingeniería Santiago Pampillón, que pertenecía al movimiento cristiano ‘integralista’. Pampillón murió cinco días más tarde. La primera víctima del onganiato había trabajado en la planta de IKA, dnde tenía buenas relaciones con activistas del peronismo combativo. / En respuesta, los estudiantes ocuparon cuarenta manzanas del barrio Clínicas, que empezaba a ser el ghetto revolucionario de la ciudad. Pero la mayor parte de la sociedad estaba, todavía, en la siesta de diez años que anunciaba el ministro del Interior; esperando el maná de las inversiones extranjeras. / En esos días, el ex seminarista Juan García Elorrio fundó la revista Cristianismo y Revolución, que se convertiría en espacio de encuentro de las organizaciones armadas. García Elorrio explicó -desde su propia experiencia-, el sentimiento que había llevado a tantos jóvenes a la militancia revolucionaria: ‘Tuve que luchar junto con los esclavos, junto con la gente, tal como ellos luchaban; no como un profesor elitista que dice a sus discípulos lo que es bueno y lo que es malo, para volver luego a su estudio y ponerse a leer a San Agustín’.”

Todo es historia de la Historia de los argentinos,

no sólo la memoria con evocaciones subjetivas…

A fines de septiembre de 1966 estuvo en Buenos Aires el príncipe Felipe de Edimburgo y el 28 de ese mes, Dardo Cabo –el Flaco- puso en marcha el Operativo Cóndor que había organizado con dieciocho compañeros: desviaron un avión hacia las Islas Malvinas como reafirmación de soberanía en ese territorio del Atlántico Sur, usurpado el 3 de enero de 1833 por el Reino Unido de Gran Bretaña. Era “el primer secuestro de un avión en la historia mundial” casi como rehén viajaba el fotógrafo Héctor Ricardo García, fundador del diario Crónica de Buenos Aires. Viajaban con Cabo, Alejandro Giovenco y María Cristina Verrier, “autora teatral, hija de un juez y sobrina de Roberto Verrier, uno de los ministros de Economía de la ‘Revolución Libertadora’. No es de extrañar que la prensa amarilla resaltara su romance con Dardo Cabo, hijo de un dirigente metalúrgico.” Fueron detenidos y condenados a varios años de prisión en la Cárcel de Ushuaia, en el territorio de Tierra del Fuego. [vi]

Mientras tanto, el doctor Ernesto Guevara de la Serna más conocido como “Ramón” o “el Che”, avanzaba con su plan y en noviembre de 1966 llegó a Bolivia con un pasaporte a nombre de Adolfo Mena González. Había comenzado a vincularse con distintos militantes que apoyarían su iniciativa de establecer “dos, o tres Vietnam” en Sudamérica: primero en Santa Cruz de la Sierra en territorio boliviano, luego en el Perú y en el noroeste argentino. El periodista Miguel Bonasso relató parte de lo sucedido en aquella época y destacó que “en Buenos Aires, los contactos de “Ramón” (el Che) se daban cita en la casa de Gregorio (Goyo) Levenson (un ex PC que había entrado con Puiggrós al primer peronismo. Por allí desfilaban los compañeros de su hijo Alejo: “el Negro” Roberto Quieto, un abogado que pelearía por el Sindicato de Periodistas”… En párrafos siguientes, nombró al “poeta Juan Gelman, que había roto con el PC moscovita de Codovilla para acercarse primero a China y luego al Comandante, a quien había conocido en La Habana, durante la crisis de los misiles”. Luego Bonasso aludió a Norma Arrostito, de veintisiete años, quien “pronto se convirtió en la compañera de Fernando Abal Medina, que apenas había cumplido los veinte” quienes ingresaron a la “Acción Revolucionaria Peronista” creada por John William Cooke -primer delegado de Perón también conocido como “el Delfín”- y su mujer Alicia Eguren. “Norma y Fernando emprendieron el mitológico viaje a Cuba (que pasaba entonces por Madrid, Zurich y Praga)… empuñaron por primera vez el FAL y la Uzi en un campo militar que olía a pasto calcinado, donde aprendieron tiro todos los revolucionarios latinoamericanos, incluyendo a un poeta aún atrapado por la charla y las libaciones inacabables en el Ramos, que era Francisco Urondo”.

Siguió su relato Bonasso: “A caballo entre la ‘generación del Che’ (a la que pertenecía Urondo) y la del imberbe Abal Medina, Fernando Pino Solanas también había cambiado la árida caligrafía del comunismo argentino”…

Sabido es que el 9 de octubre de 1967, Ernesto Guevara fue asesinado en la escuela de La Higuera.

Fue entonces cuando el padre Carlos Mugica -de aproximadamente 38 años, ordenado sacerdote en 1959-, viajó a Bolivia con el propósito de rescatar el cadáver y después, Juan Domingo Perón desde Madrid dirigió una carta al Movimiento Nacional Justicialista expresando: “…Su muerte me desgarra el alma porque era uno de los nuestros, quizás el mejor”.

Hay más datos insoslayables: durante el gobierno de facto del General Juan Carlos Onganía –el Onganiato-, “una docena de ingenios azucareros cerraron sus puertas, provocando una escalada de movilizaciones y represión. En una de esas manifestaciones, en enero de 1967, la policía asesinó a Hilda Guerrero de Molina, la esposa de un obrero cesanteado”. En noviembre de ese año, asumió el ministro de Economía doctor Adalbert Krieger Vasena y como destacó el escritor Rodolfo Baschetti, “procedía de una dinastía con resonancias tétricas para el movimiento obrero argentino: en los talleres metalúrgicos de los Vasena se produjo, en enero de 1919, la Semana trágica, en la que decenas de activistas fueron asesinados por la policía y el Ejército… Empezó pegando fuerte, con una devaluación del peso del 40 por ciento… la liberación de los precios de los productos básicos, el congelamiento de los salarios por dos años y una drástica reducción del crédito que llevaría a la quiebra a miles de pequeños y medianos empresarios.”   [vii]

Miguel Bonasso en aquel tiempo estaba cerca de “Jorge Rulli, con sus torturas y su indudable anarquismo a cuestas… Carlos Caride, la Negra Amanda Peralta, Envar El Kadri, engrasando las armas”, como lo ha relatado en el libro titulado “El presidente que no fue…” Entre ellos era frecuente nombrar a “el Tio” refiriéndose al doctor Héctor José Cámpora, porque así se acostumbraron tras escuchar a sus sobrinos Pedro Daniel –Pedrito- y Mario Cámpora –Marito- hijos de su hermano Pedro Lindolfo Cámpera Demestre”, más conocido como el Chino Pedro. [viii]

No fue por casualidad que desde la “CGT de los Argentinos”, el 1º de mayo de 1968 difundieran un “Mensaje a los trabajadores y al pueblo argentino” y que en el tercer párrafo aludieran a los forjadores, héroes y mártires de la clase trabajadora:

“…en todos los países del mundo ellos han señalado el camino de la liberación. Fueron masacrados en oscuros calabozos como Felipe Vallese, cayeron asesinados en los ingenios tucumanos como Hilda Guerrera. (sic) Padecen todavía en injustas cárceles”. /…/

“Un millón de personas se apiñan alrededor de Buenos Aires en condiciones infrahumanas, sometidas a un tratamiento de ghetto y a las razzias nocturnas que nunca afectan las zonas residenciales donde algunos ‘correctos’ funcionarios ultiman la venta del país y donde jueces ‘impecables’ exigen coimas de cuarenta millones de pesos”… [ix]

Desde Madrid, el 2 de agosto de 1968, el impulsor y líder del Justicialismo Juan Domingo Perón, desde el año anterior residiendo en Puerta de Hierro, envió una carta a Ricardo Rojo, autor de “Mi amigo el Che” para agradecerle ese envío y en el segundo párrafo le comenta que “no sería fácil de comprender que un hombre ya fogueado y experimentado en la guerra de guerrillas se haya encontrado en Bolivia en una situación tan precaria de medios y preparación. La ‘guerra de guerrillas’ al contrario de lo que algunos creen, es más vieja que ‘mear en los portones’, pues se practicaba ya en gran escala en la época de Darío II. Desde entonces hasta la segunda Guerra Mundial de 1939-1945, no ha dejado de ser en algunos sectores y circunstancias, la forma de luchar. Pero, como forma de guerra, tiene sus exigencias originales, según sean las condiciones que la situación presenta. La empresa de Ernesto Guevara era, a la vez que temeraria, casi suicida.” /…/ Pero pese a todo, yo creo como Usted, que el sacrificio del Comandante ‘Che Guevara’ no ha sido en vano: su figura legendaria ha llegado con su ejemplo a todos los rincones del mundo y muchos anhelarán emularlo. Es que esta clase de sacrificios no sólo valen por lo que hacen, sino también como ejemplo que dejan para los demás. Hasta su muerte, por la forma miserable en que se ha producido, ha tenido la virtud de mostrar claramente con la clase de bárbaros que ha tenido que vérselas.

Yo soy de los que piensan que, así como no nace hombre que escape a su destino, no debiera nacer el que no tenga una causa para servir, que justifique su pasaje por la vida. Guevara ha sido el hombre de una causa y eso es suficiente para colocarlo en la Historia con valores propios e imborrables. Por otra pare, combatir con éxito o sin él contra el imperialismo, ha sido en todos los tiempos un sello de honor para los hombres libres y eso nadie lo podrá borrar del epitafio que Guevara tiene sobre su tumba incierta en el espacio, pero tremendamente verdadera en el tiempo”. [x]

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Sabido es que en marzo de 1969, mientras científicos estadounidenses estaban terminando los controles en sus cohetes y aparatos para poder llegar a la Luna, desde Madrid donde estaba exiliado, Juan Domingo Perón envió una carta a los Sacerdotes del Tercer Mundo y en el tercer párrafo expresaba:

“O la Iglesia vuelve a Cristo o estará en grave peligro en el futuro que se aproxima a velocidades supersónicas”.

En el siguiente, expresaba “la admiración y el cariño” que sentía por los sacerdotes del tercer mundo:

“…a los que deseo llegar con mi palabra de aliento y encomio porque ellos representan la Iglesia con que siempre he soñado”.

En mayo de ese año, treinta y tres sacerdotes de varias Diócesis del nordeste argentino, integrantes del Movimiento “Sacerdotes para el Tercer Mundo”, declararon que no participarían en los actos conmemorativos del 25 de Mayo de 1810.

Mientras tanto, el ENR (Ejército Nacional Revolucionario” estaba organizando el “Operativo Judas” que pusieron en marcha el 30 de junio de 1969. Un grupo comando llegó hasta el local de la Unión Obrera Metalúrgica en Buenos Aires y asesinaron al gremialista Augusto Timoteo Vandor. Entre los veintisiete cargos que habían escrito y difundieron, aludieron a su pasividad cuando asesinaron a Felipe Vallese, a su adhesión a la fórmula Solano Lima-Sylvestre Begnis en junio de 1963, “por haber participado activamente en el asesinato de los compañeros Domingo Blajaquis y Juan Salazar, el 13 de junio de 1966”…

Septiembre de 1969: Fuerzas Armadas Peronistas en Taco Ralo.

El 19 de septiembre de 1969, en Taco Ralo en la provincia de Tucumán fueron detenidos integrantes de las Fuerzas Armadas Peronistas y luego destinados a distintas unidades carcelarias. Un año después, desde el “Destacamento Montonero ’17 de octubre’ de las Fuerzas Armadas Peronistas (FAP)”, en la cárcel Nº 9 de La Plata, c.c. 65; en la cárcel Nº 3 de San Nicolás, c.c. 77 y en la cárcel Nº 1 de Villa Devoto, Bermúdez 1651, capital federal”, difundieron un documento con críticas acerca de la política económico-social, extensos análisis sobre asuntos gremiales y partidos políticos… finalmente algunas conclusiones referidas a “la lucha popular”.

“Y cuando el Pueblo, cansado de esta burla e ignominia que se cometen invocando su ‘defensa y bienestar’, sale a la calle a reclamar sus legítimos derechos, ahí están las FF.AA. para emplear toda su técnica y poderío en la represión y el asesinato, convirtiendo esas manifestaciones en verdaderos plebiscitos de sangre, que demuestran toda la frustración y toda la terrible esperanza de generaciones condenadas al subdesarrollo y al marginamiento por los agentes nativos de la plutocracia internacional.

Desde una madre de cinco hijos, Hilda Guerrero de Molina, en Tucumán, hasta una niña de cuatro años, Elba Gutiérrez, en Taif Viejo, pasando por Santiago Pampillón, Blanco, Bello, Cabral, Máximo Mena y Emilio Jáuregui, ahí están los nombres de decenas de ciudadanos inermes asesinados por los que dicen actuar en defensa del pueblo”. /…/

“…Pese a las rejas que nos apartan físicamente, estuvimos presentes, peleando en las calles y barrios de Córdoba; levantando los rieles de Taif Viejo y las barricadas de Tucumán y Villa Quinteros; ganando los caminos de Villa Ocampo y Cañada de Gómez; enfrentando a la Policía de Buenos Aires y Rosario, combatiendo en Corrientes, luchando en Santa Fe. Nosotros estuvimos junto a los heroicos petroleros que defendieron la soberanía en más de dos meses de huelga; junto a los gráficos de Fabril que enfrentaron a la patronal imperialista; al lado de cada uno de los millones de Trabajadores Argentinos que el 30 de mayo, el 1º de julio y el 27 de agosto expresaron clamorosamente su repudio al régimen, marcando la absoluta orfandad de éste y su necesaria agonía”.

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“No es hora ni momento de estériles disputas; es hora sí de que respetando nuestras diferencias, nos pongamos codo a codo a pelear para cumplir con el deseo, seguramente compartido, de derribar viejas estructuras que, como destructivos engranajes, trituran a nuestro pueblo en beneficio de una oligarquía explotadora y de un avasallante imperialismo”.

Es oportuno tener en cuenta que Dardo Cabo, mediante cartas enviadas desde la Cárcel de Ushuaia concretó un reportaje a esos guerrilleros que estuvieron alojados en la unidad de La Plata, capital de la provincia de Buenos Aires y luego en los pabellones 43 y 45 de Devoto en la ciudad de Buenos Aires.

Sus declaraciones fueron difundidas dos años después y la respuesta a la cuarta pregunta: “¿Por qué eligieron Tucumán”, es contundente:

“Por sus condiciones geopolíticas. Su particular estado de miseria de la población trabajadora, y que, en una permanente gimnasia de lucha revolucionaria, ha ido adquiriendo una notable conciencia de lucha; y porque el Tucumán tucumano, es peronista”.   [xi]

El interrogante siguiente: “¿Piensan que la guerrilla es la única solución para los problemas nacionales?”

Aquí, la reiteración de los dos párrafos de la respuesta, para leer y evaluar en función de las consecuencias de la lucha armada a mediados de la década del ’70:

“Nosotros no decimos que la guerrilla sea la única solución, simplemente creemos que es la única posibilidad, la única forma de lucha, protesta o expresión que les queda a los militarmente débiles.   Las circunstancias actuales, con las demás puertas cerradas, la convierte en el solitario método de lucha. Todos los caminos se han probado en nuestro país: llámense golpes, cuartelazos, huelgas insurreccionales, terrorismo, elecciones con proscriptos: han sido 14 años de experimentos. Se ha ametrallado al pueblo desde los aviones militares; se ha fusilado, encarcelado, perseguido a sus dirigentes; se lo ha proscripto con la prepotencia y el fraude legalizado, hoy mismo no tiene ningún medio de expresión. Negritas aquí.

La guerrilla no es la única solución política, pero puede ser que sea el único camino que quede; ‘el problema argentino no se resolverá con un cuartelazo ni un golpe palaciego’ cuando los militares experimentan con planteos y enfrentamientos, poniendo en pie de lucha a los jóvenes que visten uniformes de soldados, el castigo consiste en los pases a retiro y alguna otra sanción que se levanta con el tiempo (si es que el triunfo no glorifica a los rebeldes) todo tiene perdón, menos alzarse en defensa de los derechos populares, como le ocurrió al general Valle. Pero cuando es la juventud que busca caminos por sí sola, entonces se la tilda de ‘delincuente’, se la tortura y encarcela, se la castiga ‘con el máximo rigor de la ley’; además, se la estigmatiza cuando pretende –mediante la guerrilla- dar sentido a la lucha sindical, política y estudiantil.

La edad promedio del grupo de Taco Ralo oscila en los 30 años (‘qué viejos estamos’ decía El Kadri en una carta); casualmente ninguno de ellos es porteño por nacimiento, se reparten el origen de sus pagos chicos entre las provincias de Santa Fe, Córdoba, Buenos Aires, Corrientes, Misiones, Santa Cruz y Tucumán; el benjamín del elenco (en edad, ya que anda por los dos metros de altura) es Benicio ‘Orangután’ Pérez con 23 años y el más ‘viejo’ con 42 es el ex-uturunco José ‘Zupay’ Rojas. / Nueve de ellos han sufrido prisiones anteriores, siempre por cuestiones relacionadas con sus ideas políticas; por su parte, Juan ‘Solano’ Lucero se salvó raspando de los fusilamientos ordenados por Aramburu y Rojas en 1956, era uno de los revolucionarios y estaba ya en ‘capilla’ cuando llegó el provindencial levantamiento de la Ley Marcial.” [xii]

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Secuestro y asesinato del General Pedro Eugenio Aramburu

En mayo de 1970, Fernando Abal Medina ya había logrado que aprobaran su propuesta y los comandos que dirigía se reconocían como Montoneros. A mediados de ese mes, en una estanzuela de Timote, provincia de Buenos Aires, ya estaba casi todo previsto para la primera y sorprendente operación.

El 27 de ese mes, durante un diálogo con militares, el presidente de facto Juan Carlos Onganía había expresado que “la Revolución Argentina debía permanecer veinte años más en el poder”.

Dos días después, conmemoraban el Día del Ejército. Era casi ineludible recordar que el año anterior, al mediodía, había comenzado el Cordobazo cuando se encontraron siete mil obreros de la empresa IKA-Renault con la policía. Habían tirado a matar y cayó herido un joven militante del radicalismo, Máximo Mena, trabajador en la sección tapicería. Los obreros con sus hondas arrojaron piedras y bulones o pesadas piezas metálicas y así obligaron a la policía a retroceder. En 1970, continuaban los conflictos y todos estaban alertas.   Con absoluta reserva, los Montoneros habían organizado la Operación Pindapoy con el propósito de ingresar al departamento donde vivía el Tte. Gral. (R) Pedro Eugenio Aramburu. Llegaron con uniformes militares para comunicarle con firmeza que debía acompañarlos. Logrado el primer objetivo, mientras lo trasladaban le inyectaron cloroformo y reaccionó cuando ya estaba en la estancia de Timote donde sería juzgado por sus captores. El jefe de ese operativo, Fernando Abal Medina, el 1º de junio le comunicó que “el tribunal lo ha sentenciado a la pena de muerte” y que sería ejecutado en media hora. Cuando pidió un confesor le contestaron que no era posible. Interesado por saber qué pasaría con su familia, le respondieron que después le entregarían sus pertenencias y que no habría reacciones contra ellos.

Como ha reiterado Miguel Bonasso, “en los días siguientes, Emilio Maza y Norma Arrostito redactaron cinco comunicados en una máquina destartalada que pertenecía al padre Alberto Carbone, un cura tercermundista que ignoraba todo el asunto.”

Durante el sepelio de Aramburu, en teniente general Agustín Lanusse pidió que “la vindicta pública” también abarcara a los Sacerdotes para el Tercer Mundo que apoyaban a “la nueva delincuencia que azota al país… traicionando las más sagradas investiduras”.

Después, encapuchados, los secuestradores informaron por televisión cómo se había desarrollado el breve juicio y la ejecución. Destacaron que Aramburu esperó ese último momento afeitado y pidió que le ataran los cordones del calzado.

Sabido es que “Abal Medina tomó sobre sí la tarea de ejecutarlo. A Firmenich lo mandó arriba, a golpear sobre una morsa con una llave, para disimular el ruido de los disparos”.

Releo en el diccionario de la Real Academia Española:

Asesinar: “Matar a una persona con premeditación, alevosía, etc. ║2. fig. Causar viva aflicción o grandes disgustos. ║ 3. fig. Engañar en un asunto grave una persona en quien se confía.”

Asesino, na: adj. Que asesina, homicida; gente, mano ASESINA”…

                                                       (¿Cuántos genocidios?… ¡Cuántos asesinos!))

En la laberíntica historia de los argentinos hay más señales.

En 1970, transformada la “Juventud Revolucionaria Peronista” en Movimiento Revolucionario 17 de Octubre (MR17), con formato de revista comienza la distribución de En lucha, dirigida por Eduardo Gurucharri.

El 7 de septiembre de 1970, en un suburbio de Buenos Aires, tras un tiroteo murieron Fernando Abal Medina y Carlos Gustavo Ramus; en el velatorio colocaron una corona con el nombre de Juan Perón y luego el Padre Carlos Mujica junto al jesuita Hernán Benítez celebraron una misa. Roberto Baschetti, tiempo después escribió:

“Lívido, con un cigarrillo tembloroso entre los dedos, el abogado Juan Manuel Abal Medina se acercó a las tumbas y sacó un papel del bolsillo. Tenía veinticinco años y ya era padre de tres hijos. El último había nacido quince días antes y le puso Fernando Luis, en homenaje a ese hermano que estaba enterrando. Luego leyó el discurso que acababa de escribir, donde aún no aparecía el peronismo y sí ‘los cánticos marciales’ de la prosa nacionalista. Era una pieza emotiva, que no escamoteó la contundencia de la muerte, ‘con un florón literario’.

‘Frente a la Argentina melancólica –concluyó-, estos cuerpos -montoneros de la ciudad terrena que han alcanzado ya la Ciudad Celeste- representan la Argentina prometida, que Dios quiso que naciera al amor de su coraje y su silencio’.

Poco después, una noche en que Abal Medina y su mujer, Cristina, habían salido a cenar con el abogado Mario Hernández y esposa, una bomba provocó grandes destrozos en su casa de la calle Moreno. Adentro estaban los padres y los hijos de Abal, que no sufrieron ninguna herida. La casa quedó inhabitable”…   [xiii]

El 16 de septiembre de 1970, la conmemoración de los cinco lustros de la autodenominada revolución libertadora movilizó a distintos grupos de las “formaciones especiales” y de acuerdo a la información por distintos medios, realizaron veinte atentados con explosivos.   Continuaban los conflictos entre empresarios y obreros, insistían con la organización del retorno de Perón y su delegado Jorge Daniel Paladino fue reemplazado.

Década del ’70

Desde los diarios, las revistas y la televisión, siguen conmoviendo las noticias referidas a distintos agrupamientos políticos.

Los ecos del asesinato de Augusto Timoteo Vandor –el Lobo-, destacado dirigente metalúrgico, el Ejército Nacional Revolucionario desde Buenos Aires, el 7 de febrero de 1971 difundió un comunicado y en los últimos párrafos expresaron:

“V. -Cumplimos en reiterar la apreciación del General Juan Domingo Perón, sobre el traidor Augusto Timoteo Vandor, en los años 1965/66. Por su acción de ‘engaño, doblez, defección, satisfacción de intereses personales y de círculo, desviación, incumplimiento de deberes, componendas, acomodos inconfesables, manejo discrecional de fondos, putrefacción, traición, trenza. Por eso yo no podré perdonar nunca, como algunos creen, tan funesta gestión. En política no se puede herir, hay que matar, porque un tipo con una pata rota hay que ver el daño que puede hacer’. En coincidencia con esta opinión, el Ejército Nacional Revolucionario, procedió a su ejecución.

  1. –Observamos atenamente a las conducciones sindicales. Nuestro puño es hoy más fuerte que cuando ajusticiamos a los traidores Augusto Timoteo Vandor y José Alonso. Para los Judas no habrá perdón. Elijan libremente todos los dirigentes sindicales su destino. ¡Viva la Patria!”

Todo es historia, aunque no todo lo expresado sea certeza ni veracidad.

Otros muchachos, estaban ocupados en la elaboración de distintas estrategias relacionadas con el retorno de Perón.

El 15 de marzo de 1971, la picaresca popular bautizó con el nombre de “el viborazo” al alzamiento de los cordobeses tras el nombramiento de José Camilo Uriburu como gobernador de esa provincia, porque era un reconocido nacionalista muy reaccionario. Esa imprevisión del presidente provisional Marcelo Levingston derivó en la presentación de su renuncia y fue reemplazado por el teniente general Alejandro Agustín Lanusse.

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22-08-1972: Fuga de guerrilleros y fusilamientos en Base “Zar” – Trelew.

A mediados de agosto de 1972 un grupo de guerrilleros de distintas tendencias políticas, en la Cárcel de Rawson se pusieron de acuerdo para operar conjuntamente en la fuga que les permitiría llegar hasta Trelew y allí embarcarse en el avión que los trasladaría a Chile. Era la primera vez que el ERP –ejército revolucionario del pueblo- se unía a los Montoneros e integrantes de FAR -fuerzas armadas revolucionarias-, aparentemente en un intento de lograr la unidad para avanzar hacia nuevos objetivos. En ese tiempo, seguían siendo destacados jefes de comandos: Enrique Haroldo Gorriarán Merlo y Roberto Mario Santucho, más conocido como Robi, con ánimo para bailar chacareras; el Negro Roberto Quieto, el Pelado Claudio como nombraban a Marcos Osatinsky, el Turco Ricardo René Haidar; Fernando Vaca Narvaja… El 15 de agosto -día de la Asunción de María Santísima entre los católicos-, en la unidad de Rawson casi todo estaba organizado: cómo sorprenderían al personal del penal y qué vehículos los apoyarían en el exterior para una rápida fuga. Recibida la señal acerca de la oportunidad del comienzo de las acciones, el vehemente Haidar con su grupo comenzó a someter al personal del Penal mientras se sumaban otros guerrilleros, prácticamente sin encontrar resistencia hasta que se produjo un tiroteo y murió el guardiacárcel Juan Gregorio Valenzuela. Cuando salieron sólo estaba esperándolos Carlos Goldenberg en un auto y subieron tres del ERP: Gorriarán Merlo, Roberto Santucho y Domingo Mena, el montonero Fernando Vaca Narvaja y los miembros de FAR: Roberto Quieto y Osatinsky. Rápidamente avanzaron hacia Trelew y cuando llegaron a la pista, el avión ya estaba carreteando. Los noventa y seis pasajeros fueron sorprendidos tanto como la tripulación al escuchar que les habían colocado explosivos, ya que entre ellos estaban tres guerrilleros. Detenido el avión, subieron los fugitivos mientras diecinueve combatientes viajaban desde Rawson en otros contingentes y no pudieron embarcarse. Mientras el avión se dirigía a Puerto Montt empezaron a celebrar porque ya se imaginaban en Santiago de Chile donde estaba el presidente Salvador Allende, socialista que los apoyaría. En ese tiempo, ya habían informado a las autoridades policiales y militares argentinas acerca de la fuga y cuando llegaron a la pista de Trelew vieron a “el Turco Haidar” intentando detener a otro avión para continuar la fuga junto a Ana María Villarreal -mujer del Robi Santucho-; a Susana Graciela Lesgart, mujer de Vaca Narvaja -segundas en llegar cuando el avión ya estaba en vuelo- y a quienes también armados, habían llegado más tarde. El presidente de facto Teniente Gral. Alejandro Agustín Lanusse se comunicó telefónicamente con el presidente Allende y horas después, comenzaron las manifestaciones del MIR y de fuerzas socialistas chilenas, pidiendo que no concretaran la extradición. También en Francia repercutió ese movimiento porque Jean Paul-Sartre y Simoine de Beauvoir promovieron la firma de un documento, apoyándolos junto a otras destacadas personalidades artísticas y políticas de aquel país.

El miércoles 16 de agosto de 1972, el doctor Cámpora regresaba de Madrid anunciando que ese año retornaría Perón. Cinco días después, ya estaba concluido el informe del Contralmirante Hermes Quijada, jefe del Estado Mayor Conjunto acerca de lo sucedido en Trelew y dialogó al mediodía con el ministro de Relaciones Exteriores Brigadier Eduardo McLoughlin. Durante la tarde, en el Hotel Savoy, el doctor Cámpora se reunió con representantes de todas las ramas del Movimiento y ratificaron la voluntad de impulsar la candidatura de Perón a la presidencia de la Nación después de un “acuerdo” que probablemente incluiría a las autoridades militares.

Mientras tanto, en Trelew los fugitivos de Rawson que habían sido capturados, estaban en una doble hilera de calabozos vigilados por jóvenes soldados, temblorosos y por custodios especializados, armados con armas automáticas. Desnudos, sin ser torturados, estuvieron descansando sobre el piso y luego declararon ante el juez de la Cámara Federal en lo Penal, doctor Jorge Quiroga. Después, comenzó el acoso y el hostigamiento porque los interrogaban, prendían y apagaban luces, disparaban tiros… El lunes 21 de agosto, antes de la medianoche, la mayoría ya estaba durmiendo y a las tres, del martes 22, se despertaron al oír los gritos del Teniente Roberto Bravo y del cabo Marchán anunciándoles que desde ese momento percibirían cómo era “el terror antiguerrillero”. Les ordenaron salir de las celdas y formar doble fila mirando hacia el piso. El cabo hizo los primeros disparos de ametralladora e inmediatamente apretaron el gatillo de sus armas todos los suboficiales y oficiales que estaba rodeándolos. Empezaron a caer heridos y muertos. [xiv]

El teniente Bravo indiferente a los quejidos, les exigía que declararan y si no respondían, los disparos de armas cortas aceleraban el desenlace mortal. Algunos, parecían muertos pero estaban resistiendo. Intervinieron otras personas y una ambulancia trasladó a los heridos. Algunos, sanaron y tiempo después fueron trasladados a la Cárcel de Villa Devoto, donde al asumir el presidente Héctor José Campera, siendo ministro del Interior el joven abogado Esteban Bebe Righi, esperaron el momento de la firma de la amnistía y la inmediata liberación.

(Al atardecer de la víspera de ese tumultuoso día de mayo, el multifacético Francisco Paco Urondo ya había logrado comunicarse con María Antonia Berger, Alberto Camps y el turco Ricardo René Haidar para rememorar aquella tenebrosa madrugada en la Base Naval “Almirante Zar” de Trelew.

Bonasso ha destacado que “empezaron la grabación a las nueve de la noche del 24 y la concluyeron a las cuatro de la madrugada del 25” y meses después, con esos testimonios, el multifacético Paco Urondo logró editar su impactante libro titulado La patria fusilada”.

 

Un eco casi imperceptible son las expresiones de Juan Domingo Perón cuando estaba en el exilio en Madrid y que han sido reiteradas en distintas circunstancias. Imponen otra pausa para reflexionar:

...En política no se puede herir, hay que matar, porque un tipo con una pata rota hay que ver el daño que puede hacer’…

Es otra parte de la laberíntica Historia de los argentinos

1972: El regreso de Perón…

El 7 de noviembre de 1972, terminadas las deliberaciones en el plena­rio integrado por miembros del Movimiento y del Partido, reunidos con los integrantes de la Comisión del Regreso, el Dr. Cámpora in­formó que se había proclamado en forma irre­versible al General Perón para la Presiden­cia de la Nación y que su llegada al país sería el día 17 de noviembre; decisiones que serían comunicadas al gobierno nacional y a los comandantes de las tres armas. De inmediato los medios de comunicación difun­dieron las noticias y Cámpora leyó el mensa­je de Perón “a los compañeros peronistas: Antes que las noticias mal intencionadas puedan llegar al pueblo argentino, deseo ser yo quien les informe la verdad sobre mi proyectado viaje a la Patria. Me cuesta comprender las causas por las cuales los argentinos no pueden llegar, con un objeti­vo común, a las soluciones que el país y el pueblo reclaman. La normalización institucional de que se ha hablado, no puede tener inconvenientes, si se la trata y establece de buena fe con la suficiente grandeza y sin intereses bastardos que la interfieran. Si todos deseamos, dentro de esta regla, el bien de la patria, no me explico las razones que puedan existir para impedirla. El gobierno ha manifestado, por boca de su presidente, que está dispuesto al diálogo y que yo puedo regresar al país cuando y como lo desee, con todas las garan­tías. Ello me ha impulsado a retornar a la Patria, después de dieciocho años de ostra­cismo, por si mi presencia allí puede ser prenda de paz y entendimiento, factores que según veo, no existen en la actualidad. Pienso que la situación del país, bien impo­ne cualquier sacrificio de sus ciudadanos, si con ello se crea el más leve resquicio de soluciones. Ya van a ser casi treinta años que me encuentro empeñado en alcanzar tales soluciones y anhelo, si ello es posible, prestar quizá mi último servicio a la pa­tria, a mis conciudadanos. Por eso a pesar de mis años, un mandato interior de mi con­ciencia, me impulsa a tomar la decisión de volver, con la más buena voluntad, sin ren­cores ‑que en mí no han sido nunca habitua­les y con la firme decisión de servir. Si ello es posible. Por todo ello, pido a mis compañeros que, interpretando mi regreso den­tro de tales sentimientos y designios, cola­boren y cooperen, para que mi misión pueda ser cumplida en las mejores condiciones, en una atmósfera de paz y tranquilidad, indis­pensables para todo lo que deseamos cons­tructivo. Espero que nuestros adversarios lo entiendan de la misma manera si es que, como nosotros, anhelan terminar con los odios inexplicables y las violencias incon­cebibles. Espero Dios mediante, estar con ustedes el día 17 de noviembre próximo. Hasta entonces un gran abrazo sobre mi corazón. Juan D. Perón.”

La voz de Lanusse

A las 22,30 del mismo día, habló Lanusse. Es interesante tener en cuenta algunos párra­fos: “Sin entrar a prejuzgar sus intenciones, ya sea por convencimiento de que nuestra decisión es inapelable, o porque todos los otros callejones están cerrados, el ex presidente Juan Perón ha anunciado hoy al país que regresará el l7 de este mes. No niego que alguna vez dudé de que este hecho pudiera producirse. Pero ahora advierto que la etapa esencial de la reconciliación nacional a que convocaron las Fuerzas Arma­das es tan poderosa, que aquellos que voluntariamente se marginen, no sobrevivirán históricamente a este tiempo. El pueblo es consciente ‑porque lo hemos reiterado en innumerables oportunidades‑ que nadie será excluido ni tendrá limitadas sus posibilidades para contribuir con su esfuerzo al mejor desarrollo del proceso en marcha. Tampoco nadie podrá decir que su ausencia se debe a la coacción o aplicación de medidas para cercenar su voluntad de participación. En este proceso ‑ya se ha dicho‑ no participa quien no quiere”.

El párrafo final impone una reflexión, máxime considerando los acontecimientos de los últimos años de esa década. Aseguró Lanusse: “El pueblo argentino ha dicho basta a los enfrentamientos sin sentido y está dispuesto a entregarse a la causa de la unión nacional. Porque las Fuerzas Armadas son parte de ese pueblo, también han elegido el mismo camino”. [xv]

Retorno emocionante…

Se aceleraron los proyectos para lograr su regreso definitivo de Perón al país y la muchachada de la JP -varones y mujeres- que habían resistido con la consigna Luche y vuelve, cuidaban sus respectivas posiciones: Juan Carlos Dante Gullo -regional de Buenos Aires-; Jorge Obeid -regional 2 con asiento en Santa Fe y Entre Ríos- y en las otras Regionales: Miguel Ángel Mozé, Guillermo Amarilla, Ismael Salame, Raúl Orellana y Hernán Osorio.

Estaban evaluando los preparativos para el regreso de Perón cuando Norma Brunilda Kennedy decidió adelantarse y pocos advirtieron su rápida partida. Ya habían elaborado el borrador de la lista con los nombres y apellidos de quiénes integrarían la delegación que viajaría especialmente a España para retornar en un vuelo especial con el líder del justicialismo, cuando se también se adelantó el teniente coronel Jorge Manuel Osinde (R). Un día antes de lo previsto decidieron viajar los jóvenes Rodolfo Galimberti y Jorge Obeid.

Uno de los integrantes de comitiva oficial, sería el periodista radiofónico Miguel Ángel Barrau quien tiempo después comenzó su libro Historia del regreso con una sentencia bíblica:

“En esto conocerán todos que sois mis discípulos si os amáis los unos a los otros.” Ju.13:35

Madrid-Roma-Ezeiza…

Casi todo estaba previsto para el retorno del Líder a la Argentina.

Desde Madrid hacia Roma, el martes 14 de noviembre de 1972 viajó Juan Domingo Perón probablemente con más interrogantes que certezas porque como han reiterado, era evidente la “absoluta posesión de sus cualidades mentales”. Cerca estaban su esposa María Estela Martínez de Perón -frecuentemente nombrada Isabel o Isabelita– y el “asistente” del conductor del Justicialismo: José López Rega. Fábulas y confabulaciones también convergían en esos hechos, insoslayables en la historia de los Argentinos y que han servido como argumentos para novelas y sucesivos ensayos.

En ese tan esperado regreso, lo acompañaría una heterogénea comitiva registrada después de varias tachaduras y nuevas incorporaciones en la lista inicial. La integraban actores, escritores, deportistas, dramaturgos, gremialistas, historiadores… el poeta José María Castiñeira de Dios; el defensor de guerrilleros y de detenidos doctor Eduardo Luis Duhalde; jóvenes militantes y entre ellos, tres inquietantes mujeres: Marilina Ross, Nilda Garré de Copello y la actriz Chunchuna Villafañe, casada en segundas nupcias con el cineasta Fernando Pino Solanas que filmaría el documental sobre el retorno

En la ciudad de Buenos Aires seguían analizando cómo controlar a la muchedumbre que lo esperaba con desbordante entusiasmo. No es necesario reiterar aquí las disímiles interpretaciones de diversos sectores del Justicialismo, tampoco las previsiones del gobierno y sus estrategias. Los jefes de las Regionales eran identificados con sus brazaletes y miembros de la Jotapé insistían: ¡Perón o Muerte! Diferentes sectores repartían las pancartas y los pertinentes distintivos mientras aumentaban los rumores acerca de una posible rebelión. A cargo de la seguridad de Buenos Aires estaba el Tte. Cnel. (R) Jorge Manuel Osinde y Perón había asignado al coronel retirado Horacio Ballester, funciones de jefe militar en el caso de concretarse imprevistas “operaciones”. Como suele suceder antes de las grandes concentraciones, hasta la madrugaba distintas agrupaciones pintaron consignas en las paredes y pegaron carteles. Aunque estaba lloviznando, los vendedores ambulantes prepararon “banderitas” e “insignias”, otros gaseosas, café y “facturas”…

Desde la provincia de Santa Fe partieron ómnibus desde distintos departamentos y desde la ciudad capital se trasladaron miles de jóvenes militantes, entre ellos los que había convocado el diamantino Jorge Obeid, jefe de la regional 2 con asiento en Entre Ríos y Santa Fe.

Es probable que ninguno supiera que veintinueve años antes -gobierno de facto tras la revolución del 4 de junio de 1943-, en la provincia de Santa Fe, el 17 de noviembre de ese año el interventor Capitán de Navío (R) Julio Cárrega fue reemplazado por un civil, el interventor Ingeniero Manuel Argüelles. Pocos sabrían que Obeid estaba trabajando con el propósito de ser legislador y terminar la carrera de ingeniería…

Ninguno supondría que treinta años después, el ingeniero Jorge Obeid en noviembre de 2003 estaría convocando a quienes integrarían su gabinete durante su segundo período de gobierno en la provincia de Santa Fe.

                              ¡Todo es historia de la Historia!…

En lugares estratégicos habían instalado ambulancias y la policía orientaba a las columnas que avanzaban rumbo a Ezeiza. Cerca del Puente 12 estaban las filas de policías armados cubiertos con negros capotes para protegerse de la lluvia que observaban el avance de los civiles con estandartes, unos golpeando los bombos con entusiasmo y otros hablando o gritando. Periodistas de canales de televisión y de radios, entrevistaban a dirigentes y personas que respondían con breve palabras, emocionadas.

No han detectado quien disparó el primer tiro y las horrendas imágenes proyectadas desde la televisión revelaron el odio que impulsaba a levantar por los cabellos a un joven hasta la altura del palco oficial; la desesperación de los jóvenes desarmados que se arrojaban cuerpo a tierra para evitar ser heridos; la sorprendente actitud de quien se desplazaba en un sillón de ruedas que ocultaba armas…

La matanza de Ezeiza sigue siendo una parte de la historia de los argentinos que aparentemente no terminarán de explicar y menos aun podrán justificarla.

En Ezeiza confluían el fervor de los proscriptos y el rechazo entre adversarios mientras en el “DC-8 de Alitalia, vuelo regular 3584” continuaban las comunicaciones para evaluar la conveniencia de aterrizar en Ezeiza o en un aeropuerto uruguayo.

Distintos medios informaron que a las diez y media, cerca de la legendaria Ciudad Evita, aproximadamente cuatro mil manifestantes fueron reprimidos por la policía y minutos después, anunciaron que el aterrizaje se concretaría sin inconvenientes porque habían mejorados las condiciones climáticas. Los helicópteros sobrevolaban en la zona de Ezeiza y el avión donde llegaba Perón pasó tres veces reconociendo las pistas. Aterrizó casi al mediodía, a las 11:08, seguía lloviendo.

El comodoro René Salas cumplió la misión de ascender al Giuseppe Verdi para informarle al “señor Perón” que podía bajar con tres personas, dirigirse al Hotel Internacional sin dialogar con los periodistas; “permanecer en el avión o regresar”.

Descendieron de la aeronave Perón, después su esposa María Estela Martínez, el ex presidente Cámpora y “el asistente” López Rega. Aumentaban las expectativas en el centenar y medio de personas que quedaron en el avión esperando más indicaciones.

A las 11:27, en la habitación 113 situada frente a los ascensores, Juan Manuel Abal Medina dialogaba con Perón, que estaba bebiendo agua mineral. Después, el Líder recomendó a Cámpora que atendiera a los enviados por el gobierno porque él no los recibiría y tampoco habría conferencia de prensa.

“Occidental y cristiana”…

Después del regreso, el periodista Miguel Ángel Barrau escribió:

“Es razonable entender la democracia, entonces, como afirmación de la persona humana en los goces de la libertad natural, política, socioeconómica y cultural. La libertad efectiva del hombre solo puede ser fruto de su efectiva participación de los beneficios económicos, sociales y culturales que produce la comunidad.” /…/

“Siempre me ha llamado la atención eso de ‘occidental y cristiana’. Como si el cristianismo no pudiera darse en otra parte del mundo por razones de rigores climáticos, escasa fertilidad del suelo, falta o exceso de polución o alguna otra circunstancia que estuviera fuera del hombre; suponer lo contrario indicaría la presencia de un prejuicio racial que no me permito, ni me animo a endilgar, gratuitamente, a los autores de tal afirmación.”

Propone luego analizar “si la nuestra es una civilización cristiana”, sugiere basarse “en aquello de que ‘por sus hechos los conoceréis’…” Sostiene que ha de ser: “Una civilización en la que todos sus integrantes, sin distinción alguna, por ningún motivo, incluyendo situación social, familiar, convicciones políticas, creencias religiosas, color, raza, etc., viven con dignidad, disfrutan con libertad de los beneficios del progreso social y, voluntariamente, cada cual en la medida de su posibilidad contribuyen a él. Una civilización en la que el progreso social y el desarrollo material se fundamentan en el valor de la persona humana y en el respeto por la dignidad que emana de su existencia. Una civilización en la que el progreso social y el desarrollo material se fundamentan en el valor de la persona humana y en el respeto por la dignidad que emana de su existencia. Una civilización que, habiendo promovido al lugar que deben ocupar, en su seno, los derechos humanos y la justicia social, ha logrado erradicar toda forma de desigualdad y de explotación entre sus componentes, incluyendo el colonialismo interno, tomado éste como un aspecto del progreso unilateral por concentración de recurso en áreas predeterminadas… Una civilización en la cual, vigente el derecho de los pueblos a la libre determinación, esté garantizada la independencia de cada Nación; en la que no existen inferencias de otros en los asuntos internos de ningún país, donde las riquezas y los recursos naturales de los distintos países se ven respetados, al igual que su soberanía e integridad territorial; en la que cada nación determina en libertad los objetivos de desarrollo social que estime de conveniencia, dentro del orden de prioridades que ha establecido, y en la que la paz, la cooperación y las relaciones de amistad entre los distintos países mantienen su plena vigencia, sin menoscabo de las diferencias que existen entre sus sistemas políticos, económicos y sociales. Una civilización en la que la familia es ayudada y protegida porque se la considera unidad básica de la sociedad, porque se la sabe medio natural para la positiva evolución de sus miembros, y porque ella, al asumir, plenamente, sus responsabilidades en la comunidad, colabora a su cohesión. Una civilización en la que el despilfarro de talento no existe; en la que los recursos humanos son íntegramente aprovechados, porque se ha logrado un nivel apropiado de ilustración en la opinión pública y porque, en su seno, se han estimulado las iniciativas creadoras; porque existe en ella conciencia de los cambios que se producen y sus razones, porque al haber desaparecido los sectores marginados reina igualdad de oportunidad para el avance social, y porque el avance económico ha logrado una sociedad efectivamente integrada. Una civilización que ha obtenido lo expuesto merced al pleno vigor del derecho de trabajar, eligiendo, en libertad, la índole del trabajo en función a la capacitación, a la que todos tuvieron acceso; merced, también, al imperio de los principios de justicia y de función social de la propiedad, que garantizaron igual derecho a ella, para todos, y a modos de propiedad de la tierra y de los medios de producción que excluyeron todo tipo de explotación del hombre por el hombre”. Una civilización en la que, “sólo existen condiciones de trabajo justas para todos… que ha eliminado el analfabetismo… donde la economía está al servicio del hombre; donde el Gobierno está para servir al pueblo y no el pueblo para reverenciar gobiernos; donde han quedado eliminadas todas las formas de discriminación y explotación, nacional y extranjeras, también la practicada por los monopolios apátridas o multinacionales; donde la participación equitativa de los avances científicos y tecnológicos es un hecho tendiente al desarrollo social, y éste, un equilibrio entre lo material, lo científico, lo tecnológico y lo espiritual, cultural y moral. Una civilización en la que el hombre, principio y fin de su ordenamiento, como inherente a la persona humana, tiene derecho a la vida; en la que los apremios ilegales, tratos degradantes y torturas son desconocidos; donde la detención arbitraria no existe; donde las cárceles son para seguridad y no para castigo de los reos contenidos en ellas; donde en los regímenes penitenciarios la finalidad esencial es la reforma y readaptación social de los penados. Una civilización donde la libertad de pensamiento, conciencia y religión es una práctica efectiva; donde nadie es molestado por causa de sus opiniones, pudiendo expresarlas con entera libertad, ejercitándose, siempre, tal derecho dentro del marco del respeto mutuo y elementales normas de convivencia. Una civilización que, en síntesis, ha colocado al hombre por sobre todo aquello que es producto del hombre. Una civilización donde la razón prevalece sobre la fuerza. Una civilización donde la justicia se antepone a la caridad. [xvi]

11-03-1973: Cámpora, presidente electo…

Tras los comicios del 11 de marzo de 1973 la dirigencia de la Unión Cívica Radical decidió no participar en la segunda vuelta porque el Frejuli -Frente Justicialista de Liberación Nacional- había obtenido el 49,61% de los votos y la UCR menos de esa mitad: el 21,29%. Fue así como el viernes 30 de marzo, la Junta de Comandantes en jefe de las tres armas reconocieron el triunfo de la fórmula “Cámpora-Solano Lima”.

(Es oportuno tener en cuenta que décadas después, se realizaron los comicios para elegir presidente de la Nación después que el presidente provisorio doctor Eduardo Duhalde -senador por la provincia de Buenos Aires, Partido Justicialista- logró la aprobación de una norma electoral que autorizaba la presentación de “sublemas”.

Así fue como el doctor Carlos Saúl Menem del Partido Justicialista, obtuvo la mayoría de votos y decidió no presentarse en la segunda vuelta porque era evidente el acuerdo del “Frente para la Victoria” estructurado para la candidatura del doctor Néstor Carlos Kirchner que había promovido el presidente Duhalde, con otros dirigentes de otros partidos a los fines de evitar que Menem accediera al tercer período presidencial. El santacruceño Kirchner, 25 de mayo de 2003 asumió por el voto positivo de poco más del 20% del electorado nacional; integró el gabinete y se desempeñan en distintas áreas del gobierno, los muchachos que integraron Montoneros y otros grupos que militaban desde fines de la década del ’60, cuyos nombres están en los índices onomáticos incluidos en libros que reflejan aquella parte de la historia de los argentinos. Jóvenes de aquel tiempo pertenecientes a la tendencia y a la resistencia armada, también lograron ser gobernadores, intendentes y presidentes comunales desde la desde la última década del siglo XX, después de la renuncia de Alfonsín y de la asunción de Menem en 1989, reelecto y en funciones hasta el 10 de diciembre de 1999.)

Expectativas y más secuestros y muertes…

A mediados de marzo de 1973, reconocido el triunfo de la fórmula encabezada por el doctor Cámpora, comenzaron los intentos para convencer a Perón para que asistiera al acto de asunción del 25 de mayo y mientras tanto, otros muchachos continuaban con sus siniestros planes de terrorismo y muerte: en abril fueron ocupados los Tribunales de San Isidro y se apropiaron de documentos y de armas; el ERP secuestró al Contraalmirante (R) Francisco Alemán que se había desempeñado como jefe de la Inteligencia de la Marina y después, ese autodenominado ejército revolucionario del pueblo difundió una filmación mientras lo interrogaban, demostrando así que aún estaba “vivo”.

En Córdoba, los Montoneros mataron a otro Jefe de Inteligencia, al Cnel Héctor Alberto Iribarren, perteneciente al Tercer Cuerpo de Ejército. En distintas localidades, los guerrilleros seguían desarrollando sus planes y según lo escrito por el periodista Miguel Bonasso, Carlos Menem “se solidariza con las expresiones anteriores de Cámpora, afirmando que los guerrilleros son ciudadanos que luchan por la liberación con medios distintos de los que emplean los dirigentes políticos justicialistas, y que las ‘formaciones especiales deben llamarse a sosiego sin bajar la guardia porque la reacción nos e va a quedar quieta hasta que logremos derrotarla definitivamente’.”

Hacia la tercera presidencia de Perón

El 25 de mayo de 1973 asumieron el presidente electo doctor Héctor José Cámpora y el vicepresidente Vicente Solano Lima, renunciando meses después porque impulsaban la candidatura de Juan Domingo Perón, proscrito hasta entonces.

El Teniente General Perón asumió la tercera presidencia el 12 de octubre de 1973, cuando según sus declaraciones, era “un león herbívoro” y estaba “casi descarnado”…

Algunos muchachos empezaron a trabajar intensamente en la organización de otro medio de información y “el primer número de Noticias apareció el 20 de noviembre de 1973” como lo ha recordado Roberto Baschetti.

Todas las armas servían al propósito de defender los espacios políticos y movilizar hasta alcanzar los objetivos de cada sector…

1º de mayo de 1974: Perón y los gritos de los “imberbes”…

Era evidente la declinación en la salud del presidente Perón y los continuos enfrentamientos entre distintos grupos políticos juveniles y sectores sindicales.

El 1º de mayo de 1974, el teniente general Perón después de participar en la Asamblea Legislativa desde el balcón de la Casa de Gobierno habló a la muchedumbre que se había reunido para celebrar el día del Trabajo y de los Trabajadores.

Era interrumpido por estridentes ruidos y la reiteración de consignas agresivas, entre ellas: ¿Qué pasa, qué pasa, General que está lleno de gorilas el gobierno popular? Apesadumbrado, con firmeza los calificó: “Estúpidos, imberbes, mercenarios”… y fue entonces cuando varios grupos con pancartas de Montoneros se retiraron, incluso quienes tenían abundante barba. Con tales presiones resultó evidente que se había ensanchado la grieta. No fue por casualidad que el 10 de mayo de 1974, cerca de la puerta de la iglesia de San Francisco Solano esperaron la salida del Padre Carlos Mugica y después de ser interrogado por “un barbudo” que sería el comisario Rodolfo Almirón -jefe de operativos de la Triple A-, el sacerdote fue herido con disparos de ametralladora. En vano intentaron reanimarlo porque quince balas provocaron hemorragias que aceleraron su muerte. Después, las acusaciones a los Montoneros que conducía Mario Firmenich, a grupos de “la Tendencia” y el Padre Hernán Benítez que había sido confesor y asesor espiritual de Eva Perón, dijo que “la Iglesia” sabía que lo había matado Almirón, jefe de la custodia de José López Rega, ministro de Bienestar Soci…

El presidente Perón, adoptó una decisión contundente: el 25 de mayo de ese año mediante un decreto disolvió la Rama Juvenil del Movimiento Nacional Justicialista cuya organización había promovido. Había llegado el momento de la cirugía mayor.

Al mes siguiente, el 27 de junio cuando el presidente Perón había declinado aún más en su estado de salud, López Rega entregó su renuncia al ministro Alberto Juan Vignes.

Dos días después, era evidente que el General estaba soportando dolencias incontrolables y ante el escribano de gobierno Jorge Garrido y el hasta entonces ministro de Bienestar Social, firmó el traspaso del mando a su esposa, la vicepresidenta María Estela Martínez de Perón. Ese 29 de junio de 1974, el presidente Perón firmó el decreto Nº 1848 de aceptación de la renuncia del ministro López Rega.

Julio de 1974…

Han reiterado que el 1º de julio de 1974 a las diez, Perón era asistido por una enfermera y en ese momento le dijo: “Esto se acaba”. Aún debía soportar tres horas más con crecientes dificultades orgánicas.

Minutos después de las catorce, la señora María Estela Martínez de Perón a cargo del Poder Ejecutivo nacional, acompañada por todos los ministros y ante las cámaras de la televisión, anunció que a las 13:15 se había producido el tránsito a la inmortalidad de Juan Domingo Perón.

Rodolfo Walsh escribió la nota de tapa de la revista Noticias:

“El general Perón, figura central de la política argentina en los últimos treinta años, murió ayer a las trece y quince. En la conciencia de millones de hombres y mujeres la noticia tardará en volverse tolerable. Más allá del fragor de la lucha política que lo envolvió, la Argentina llora a un Líder excepcional.”

El 4 de julio, en el acto del sepelio en representación de los gobernadores habló el doctor Carlos Saúl Menem, de La Rioja.

Por la influencia que tienen los medios de comunicación en sucesivos procesos sociales, es oportuno tener en cuenta lo escrito por Roberto Baschetti:

“La sensación periodística será el diario montonero ‘Noticias’, dirigido por Miguel Bonasso, donde Gregorio ‘Goyo’ Levenson era su administrador general y que mostraba la particularidad de manejarse con una conducción colectiva. En 1974 llega a tirar 130.000 ejemplares”…

“El pico de tirada serán 185.000 ejemplares cuando sucede la muerte de Perón. Entre sus escritores-militantes figuran el ya mencionado Bonasso, Rodolfo Walsh a cargo de la sección ‘Policiales’ en donde también trabajaba su hija Patricia, Juan Gelman (Jefe de redacción) y su hijo Marcelo, Francisco ‘Paco’ Urondo (Secretario General de redacción), Horacio Verbitsky (Jefe de la sección dedicada a Política Nacional, sección en la que también colaboraba la otra hija de Walsh, Vicki, que por ejemplo acompañó y cubrió la visita del ministro Gelbard a Cuba, o también Ignacio González Jansen, que sufrió una paliza en el Círculo Militar en su afán por cubrir una nota, Alicia Raboi -compañera de Urondo- a cargo de ‘Gremiales’. /…/ “Un colaborador de fuste: Eduardo Galeano. Otro en la parte científica: Ignacio Ikonicoff. Y cómo olvidar en esta reseña al ‘Maestro’ Oesterheld”…

Durante aquel invierno, otros muchachos estaban trabajando con entusiasmo para diagramar la primera edición de la “La Causa Peronista” distribuida el 9 de julio de 1974 con un impactante informe acerca del “secuestro y posterior muerte del General Aramburu, ocurrido cuatro años atrás”. Destacó Roberto Banchetti que tras la novena edición “es cerrada por el gobierno”.

El 31 de julio de 1974, un comando de la AAA -alianza argentina anticomunista- asesinó al diputado peronista disidente Rodolfo Ortega Peña.

Durante ese invierno, no sólo se soportaron granizadas en los días tormentosos, porque en distintas circunstancias continuaron los atentados con granadas y conmovieron sucesivos enfrentamientos armados.

El 28 de agosto de 1974 fue la última edición de “Noticias”. El fundador de ese medio de comunicación Miguel Ángel Bonasso, rememoró aquellos momentos:

“…el comisario general Alberto Villar en persona clausuró violentamente la redacción del periódico (una semana antes habían puesto una bomba en la casa particular de su director) y prometió un cajón para cada uno de sus miembros, cosa que no pudo cumplir porque un atentado dinamitero lo hizo volar por los aires, cuando paseaba en su yate por el Tigre, el 1º de noviembre de ese mismo año.”

El 6 de septiembre, los Montoneros pasaron a la clandestinidad difundiendo la noticia Mario Firmenich en una conferencia de prensa donde estuvo escoltado por Dante Gullo. El loco Galimba como solían nombrar a Roberto Gabriel Galimberti, seguía imaginando las estrategias para futuros secuestros.

Era previsible una primavera brumosa, ya que como relató Miguel Bonasso: “Trece días más tarde, Montoneros secuestró a los hermanos Juan y Jorge Born, máximos directivos de Bunge y Born, por cuyo rescate obtendría, varios meses después, 61 millones de dólares, la cifra más alta en la historia internacional de la guerrilla. Un éxito financiero que resultaría un fracaso político, al favorecer las tendencias elitistas, que ocultaban las derrotas profundas tras la aparente lozanía del aparato. Al frente de la veintena de guerrilleros que participó directamente en la captura de los Born, iba el antiguo líder de la JP, Roberto Galimberti, devenido secretario militar de la Columna Norte, la más temeraria de las columnas montoneras.” Terminó septiembre con más asesinatos de la AAA: Atilio López -sobreviviente en los fusilamientos de junio de 1955 en José León Suárez, en Buenos Aires; Silvio Frondizi, ex gobernador de Córdoba; el abogado Silvio Frondizi, hermano de Arturo, el ex-presidente argentino; “mataron con bombas al bebé de cuatro meses Pablo Laguzzi, hijo del ex-rector de la UBA, Raúl Laguzzi, y al general chileno Carlos Prats y a su esposa, en un atentado “realizado por la DINA chilena, con la cooperación del Departamento de Asuntos Extranjeros de la Policía Federal”. [xvii]

Ante tanta zozobra, varios artistas, periodistas y políticos optaron por el exilio.

Otra paradoja en la historia de los argentinos fue evidente a fines del siglo XX, cuando desde la televisión demostraron relación amistosa entre Jorge Born -el otrora secuestrado- y Roberto Galimberti –del grupo secuestrador- que terminaron siendo compañeros y socios en una renombrada empresa de comunicaciones, investigada por la justicia argentina por un conflicto de intereses, tras los resultados financieros de un programa donde era posible participar mediante llamadas telefónicas.)

1975: más diarios, más enfrentamientos…

En 1975 se concretó el lanzamiento y la clausura de “El Auténtico” como expresión del “Partido Peronista Auténtico que se aparta del justicialismo por entender que éste ha dejado de lado las banderas históricas de la soberanía política, independencia económica y justicia social que deben caracterizar toda gestión de gobierno partidaria”.

Miguel Zavala Rodríguez era el director y “cerraron su publicación el 7-1-76, pocos meses antes de la llegada de la más sanguinaria dictadura militar que padecimos”, escribió Roberto Baschetti. [xviii]

Sabido es que “en 1975, ‘En Lucha’, se transforma en el órgano de difusión del FR17, producto de la fusión del MR17 y el Frente Revolucionario Peronista, apareciendo como directora Alicia Rabinovich.

En 1976 deja de salir porque su directora es secuestrada y desaparecida.”

Es insoslayable que como nacen los brotes, se habían generado potentes eclosiones que durante el otoño de 1976 fueron provocando diferentes reacciones: asombro, caos, desconcierto, estupor…

En distintas latitudes, más revistas, más periódicos, más diarios generados por diferentes grupos políticos.

Grupos civiles y militares, el 24 de marzo de 1976 celebraron el comienzo del Proceso de Reorganización Nacional. Para comprobarlo es suficiente leer los nombres de los ministros, gobernadores de facto, autoridades municipales y comunales que cumplieron e hicieron cumplir las instrucciones de la Junta Militar presidida por el Teniente General Videla.   En ese tiempo se produjeron más heridas que aún no han empezado a cicatrizar.

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1983 – Testimonios de Monseñor Vicente Faustino Zazpe

Un pastor de almas… que bendijo la renovación de las promesas matrimoniales tras sucesivos Encuentros, dejó un legado insoslayable en sus lecciones sobre historia de los argentinos difundidas en sus Homilías.

No fue por casualidad que el cuarto domingo de octubre de 1983, el día veinticinco, Monseñor Vicente Faustino Zazpe destacado:

“La historia argentina ha transitado durante muchísimo tiempo por los caminos de la violencia. Son raras las etapas de convivencia nacional prolongada, pero la violencia del último decenio llegó no solo a ser destructora, sino inhumana.”

Parece ser que una vez más ¡octubre nos convoca!

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Los Duendes estaban alertas mientras la mujer tallada tantas veces talada, reiteraba sucesivos párrafos. Leía y releía; analizaba y comparaba.

Titilaban algunas señales en el final del tercer párrafo del discurso del Canciller Rafael Bielsa pronunciado el 7 de julio de 2005 en la Legislatura de la provincia de Santa Fe, cerca de su hermana Arquitecta María Eugenia Bielsa, primera “vicegobernadora” de la provincia y por ello, presidenta de la Cámara de Senadores de Santa Fe.

Destacó el abogado, poeta y Canciller Rafael Bielsa: [xix]

“Por lo tanto, a los hechos hay que darles sentido, explicarlos, situarlos, hacerlos inteligibles. La comprensión es uno de los modos que ha desarrollado el hombre para hacer tolerable lo que es inconcebible.

Hay que hacerlos humanos, darles un sentido histórico,

                                                                                                                …hay que ponerlos en perspectiva.”

 

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2005 – Alusiones del gobernador Obeid a la guerra civil española…

Por algo, el gobernador de la provincia de Santa Fe Ing. Jorge Alberto Obeid, militante a principios de la década del ’70 en la gloriosa Jotapé como suelen recordarla -jefe de la Regional que abarcaba Santa Fe y Entre Ríos, luego oportunamente exiliado-, antes de la inauguración de una muestra fotográfica titulada Instantáneas de un genocidio de Tomasz Wisniewski, en la Legislatura provincial, necesitó decir:

Hace casi 70 años, para ser más preciso el 12 de octubre de 1936, se conmemoraba un aniversario del descubrimiento de América en la Universidad de Salamanca. Su rector era una de las figuras más brillantes de la Lengua y del pensamiento español: don Miguel de Unamuno.

Comenzaba la Guerra Civil Española, se vivían momentos difíciles; y mientras se desarrollaban los actos de la conmemoración irrumpió en ellos un grupo de legionarios encabezado por el general Millán Astray, un falangista que había impuesto un grito con el cual entró en la Universidad de Salamanca. Ese grito era “¡Viva la muerte!”

Una vez que se ubicaron estos personajes, don Miguel de Unamuno, sin perder la calma, tomó la palabra y pronunció uno de los discursos más bellos que a mi juicio se puede haber pronunciado en toda la historia. Decía don Miguel de Unamuno, en respuesta a aquel grito de “¡Viva la muerte!”:

“Hay ocasiones en que permanecer callado equivale a mentir, porque el silencio puede ser interpretado como asentimiento.

Voy a comentar el discurso -de alguna manera hay que llamarlo- del General Millán Astray, que se encuentra entre nosotros. Pasemos por alto la afrenta personal que implica la repentina explosión de insultos contra vascos y catalanes, que también lo había hecho Millán de Astray, a los que ha llamado la antipatria de España.

Acabo de oír un grito necrofílico y sin sentido: ‘¡Viva la muerte!’. Y yo, que me he pasado la vida creando paradojas que han despertado iras incomprensibles, os debo decir en calidad de autoridad experta que esta grosera paradoja me resulta repelente’.

La respuesta de los legionarios de Millán Astray es que además de gritar ‘Viva la muerte’ comienzan a gritar:

“¡Viva la muerte, muera la inteligencia!’.

Entonces Miguel de Unamuno pierde la calma, los echa de la Universidad y les dice:

“Éste es el templo del intelecto y yo soy su sumo sacerdote. Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Vosotros venceréis, pues disponéis de la fuerza bruta más que suficiente, pero no convenceréis. No puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión. Para convencer necesitáis persuadir, y para persuadir necesitaréis aquello de lo que prácticamente carecéis: la razón y el derecho en la lucha”.

Conocido es cómo terminó la historia: Miguel de Unamuno fue detenido, puesto en prisión en su domicilio; falleció al poco tiempo. Y el huevo de la serpiente ya estaba incubado. Después de la Guerra Civil Española vino la II Guerra Mundial; al holocausto de un millón de españoles le siguió el de seis millones de judíos, que recién mencionaba y describía tan acertadamente el Canciller Bielsa. Después de los judíos vinieron los gitanos, los soviéticos; y todo ello producto, sin lugar a dudas, del mismo hecho que describía Unamuno: el culto de la muerte.

Aquí cabría que nos hagamos una pregunta: ¿podría haber existido el holocausto judío, si no hubiera habido nazismo, si no hubiera habido fascismo; si no hubiera habido falangismo, podría haber existido Millán Astray?

Yo estoy convencido de que los genocidios y los holocaustos son producto de los autoritarismos, y que el mejor antídoto que hay contra ellos es la democracia. Y creo que éste es un tema sobre el que tenemos que reflexionar profundamente, porque a veces no nos damos cuenta del valor que tiene vivir en el sistema democrático y en un estilo de vida democrático.

El coraje de Unamuno no alcanzó. La democracia misma a veces no alcanza, porque cuando hay democracia, pero esa democracia no garantiza justicia, también se corre peligro de genocidios.

Si no hay justicia, no hay tabla de valores; el bien parece que fuera igual que el mal. Entonces, democracia, coraje político en los hombres que componen la sociedad y justicia, son sin lugar a dudas, los valores éticos que garantizan que una sociedad nunca más vaya a repetir hechos como los que se vivieron durante la II Guerra Mundial y como los que, lamentablemente, pareciera que en algunos lugares del mundo todavía se están viviendo hoy.

Para terminar esta rápida reflexión, como empecé con una cita que tenía que ver con España, quiero hacerlo con algo que ya es más bien de índole personal; una pequeña anécdota, casi insignificante, pero que a mí me significó una enseñanza.

Hace algunos meses recorríamos la Real Academia de la Historia, en Madrid, haciendo trámites relacionados con la instalación del Instituto Cervantes en la ciudad de Rosario. Y nos guiaba por ese hermoso palacio que ocupa la Real Academia el Secretario General, un hombre grande, que lleva más de 30 años allí. Al llegar a la escalinata de acceso descubrimos una gran placa, en homenaje a dos sacerdotes muertos; y fíjense qué paradoja: un jesuita y un dominico. Y la fecha era 1937.

Entonces, a mí se me ocurrió preguntarle a este hombre, que era muy culto, muy mesurado y equilibrado -año 1937, dos curas muertos-:

“¿Los mataron los republicanos?”

Y él me respondió, sin un dejo de ironía y con mucha seriedad:

“No. Los mataron los asesinos”.

Los que matan son los asesinos. Al genocidio judío no lo produjo el pueblo alemán; lo produjeron los asesinos que había en Alemania. Y lo que hay son ideologías asesinas, ideologías que a partir de la proclamación del nihilismo proclaman el uso del terror como método político, justifican la violencia e incitan a la muerte, y provocan los genocidios.

Yo creo que no hay un genocidio “judío”; un genocidio “armenio”; un genocidio “palestino”, un genocidio “argentino”, como el que se produjo entre los años 1973 y 1983. Cada uno de estos genocidios es un genocidio “a la humanidad”; significan que toda la humanidad ha sido herida por esas fuerzas del mal a las que invitaba Millán Astray y ante las cuales, valientemente, se paraba para enfrentarlas don Miguel de Unamuno.

Creo que siempre estará presente en el hombre, o en algunos hombres, ese germen del mal. Y estoy convencido de que frente a la posibilidad de que llegaran a surgir cualesquiera de estas ideologías del nihilismo, del terrorismo, de la destrucción del otro, del odio, insisto en que para mí los grandes remedios son: en primer lugar, la democracia; en segundo lugar, la justicia, porque la impunidad, sin lugar a dudas, es el peor remedio para combatir estos males; y en tercer lugar, el coraje cívico de los hombres que conducen la sociedad.

Porque Miguel de Unamuno murió, pero yo estoy convencido de que su ejemplo ha cundido frente a la historia, como un ejemplo de que es posible que aunque el mal circunstancialmente pueda llegar a vencer, lo que nunca va a hacer es convencernos.

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Desde un lugar para el sosiego y el asombro

Si es conmovedor leer algunas crónicas acerca de la guerra civil española, puedo afirmar que tanto o más es ver los dibujos que hicieron los niños protegidos en distintos lugares, observar las fotografías de quienes necesitaban emigrar caminando desde Cataluña hacia Francia y saber que ancianos y los niños débiles murieron antes de llegar a la frontera porque carecían de alimentos y era intenso el frío.

En distintas circunstancias, he reiterado lo expresado por españoles desde distintas latitudes. Al elaborar algunos textos para los documentos incluidos en el disco compacto “Decíamos ayer, rememoré lo expresado por Miguel de Unamuno, en 1936 cuando había comenzado la guerra civil española, y él “había reaccionado ante la consigna “Viva la muerte, muera la inteligencia” reiterada por el Gral. José Millán Astray, expresándose con convicción republicana: ‘Venceréispero no convenceréis’. Sabido es que meses después, el 31 de diciembre conmovió la noticia de su Último Desprendimiento.”

Mientras escribía aquellos párrafos estaba convencida de que se reflejaba sólo una parte de aquella experiencia.

Acerca del filósofo español Miguel de Unamuno…

Entre los apuntes relacionados con aquellas atroces vivencias, hay más declaraciones y diversas opiniones.

Sabido es que Miguel de Unamuno, nació en Bilbao en 1864 en el seno de una familia católica. Fue educado en esa ciudad y realizó los estudios universitarios en Madrid a partir de 1880. En ese tiempo, se interesó por las obras editadas por Carlyle, Hegel, Marx, Spencer…

Terminó los estudios universitarios en 1883. Ocho años después, tras un concurso por oposición obtuvo la cátedra de Griego en la Universidad de Salamanca. Dedicado al periodismo, colaboró con el diario La Lucha de Clases, editado en su tierra natal. En 1895 publicó su primer libro En torno al casticismo -cinco ensayos- y dos años después, resultó evidente una crisis personal que se reflejó en su discurso y sus escritos.

Nombrado Rector de la Universidad de Salamanca en 1901.

Sus expresiones combativas contra el rey y Primo de Rivera provocaron una contundente reacción y estuvo confinado en 1924, logró evadirse a París y estuvo en Hendaya durante el quinquenio 1905-1930.

Ante el cambio político en España, fue diputado por Salamanca durante el gobierno de la República y lo reincorporaron al Rectorado, función que desempeñó hasta su renuncia en octubre de 1936.

Entre sus obras, se destacan: 1905: “Vida de don Quijote y Sancho”, 1913: “Del sentimiento trágico de la vida”, 1902: “Amor y pedagogía”, 1914: “Niebla”, 1917: “Abel Sánchez” y 1933: “San Manuel Bueno, mártir”.

Enfrentamientos y paradojas…

Es una tradición que aparentemente no tiende a desaparecer, la de repetir como verdaderos y casi irrefutables, algunos testimonios acumulados en libros de Literatura, de Historia, de Política, de Religión…

Acerca de aquella anécdota referida a don Miguel de Unamuno, también he leído otros párrafos y observo que ha sucedido casi como con El Ingenioso Hidalgo Don Quijote de la Mancha, en incontables versiones.

Una vez más, intuyo que es oportuno repetir que “el día 26 de septiembre de 1936 don Miguel de Unamuno, en nombre de la Universidad de Salamanca, firma una proclama de protesta contra las atrocidades que se atribuyan a aquellos republicanos que pretendían exterminar a sus adversarios antes que ganar la guerra”. Fue semanas después cuando Unamuno, según lo expresado por otro escritor, “pronunció un apasionado discurso. ‘Se ha hablado aquí de guerra internacional  en defensa de la civilización cristiana; yo mismo lo hice otras veces. Pero, no, la nuestra es solo una guerra incivil (…) Vencer no es convencer, y hay que convencer, sobre todo, y no puede convencer el odio que no deja lugar para la compasión (…) Se ha hablado también de catalanes y vascos, llamándolos anti-España; pues bien, con la misma razón pueden ellos decir otro tanto. Y aquí está el señor obispo, catalán, para enseñaros la doctrina cristiana que no queréis conocer, y yo, que soy vasco, llevo toda mi vida enseñándoos la lengua española, que no sabéis…’

En ese punto, Millán Astray empezó a gritar: ‘¿Puedo hablar? ¿Puedo hablar?’

Su escolta presentó armas y alguien del público gritó: ‘¡Viva la muerte!’ Entonces Millán gritó: ‘¡Cataluña y el País Vasco, el País Vasco y Cataluña, son dos cánceres en el cuerpo de la nación! ¡El fascismo, remedio de España, viene a exterminarlos, cortando en la carne viva y sana como un frío bisturí!’ Se excitó sobremanera hasta tal punto que no pudo seguir hablando. Resollando se cuadró mientras se oían gritos de ‘¡Viva España!’ Se produjo un silencio mortal y unas miradas angustiadas se volvieron hacia Unamuno.

‘Acabo de oír el grito negrófilo de ¡Viva la muerte!’. Esto me suena lo mismo que ‘¡Muera la vida!’ Y yo, que he pasado toda la vida creando paradojas que provocaron el enojo de quienes no las comprendieron, he de deciros, con autoridad en la materia, que esta ridícula paradoja que me parece repelente. Puesto que fue proclamada en homenaje al último orador, entiendo que fue dirigida a él, si bien de una forma excesiva y tortuosa, como testimonio de que él mismo es un símbolo de la muerte. ¡Y otra cosa! El general Millán Astray es un inválido. No es preciso decirlo en un tono mas bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero los extremos no sirven como norma. Desgraciadamente hay hoy en día demasiados inválidos, Y pronto habrá más si Dios no nos ayuda. Me duele pensar que el general Millán Astray pueda dictar las normas de psicología de las masas. Un inválido que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, que era un hombre, no un superhombre, viril y completo a pesar de sus mutilaciones, un inválido, como dije, que carezca de esa superioridad de espíritu, suele sentirse aliviado viendo como aumenta el numero de mutilados alrededor de él (…) El general Millán Astray quisiera crear una España nueva, creación negativa sin duda, según su propia imagen. Y por ello desearía una España mutilada…’

Furioso, Millán grito: ‘¡Muera la inteligencia!’ A lo que  el poeta José María Pemán exclamó: ‘¡No! ¡Viva la inteligencia! ¡Mueran los malos intelectuales!’ Unamuno no se amilanó y concluyó: ‘¡Éste es el templo de la inteligencia! ¡Y yo soy su supremo sacerdote! Vosotros estáis profanando su sagrado recinto. Yo siempre he sido, diga lo que diga el proverbio, un profeta en mi propio país. Venceréis, pero no convenceréis, porque convencer significa persuadir, y para persuadir necesitáis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil pediros que penséis en España’. Millán se controló lo suficiente como para, señalando a la esposa de Franco, ordenarle: ‘¡Coja el brazo de la señora!’, cosa que Unamuno hizo, evitando así que el incidente acabara en tragedia.”

Así sucede con “la historia de la Historia” unos agregan, otros omiten…

También he leído que el veterano de Filipinas, el general Millán Astray era tuerto y manco, que tenía los dedos mutilados por heridas soportadas como soldado del ejército español…

Encontré otro relato en torno a aquella circunstancia:

“Millán Astray atacó violentamente a Cataluña y a las provincias vascas, describiéndolas como ‘cánceres en el cuerpo de la nación. El fascismo, que es el sanador de España, sabrá como exterminarlas, cortando en la carne viva, como un decidido cirujano libre de falsos sentimentalismos’. Desde el fondo del paraninfo, una voz gritó el lema de Millán Astray: ‘Viva la muerte’. Millán Astray dio a continuación los habituales gritos excitadores del pueblo: ‘¡España!’, gritó. Automáticamente, cierto número de personas contestaron: ‘Una’. ‘¡España!’, volvió a gritar Millán Astray. ‘¡Grande!’, replicó su auditorio, todavía algo remiso. Y al grito final de ‘¡España!’ de Millán Astray, contestaron sus seguidores ‘¡Libre!’. Algunos falangistas, con sus camisas azules, saludaron con el saludo fascista al inevitable retrato sepia de Franco que colgaba de la pared sobre la silla presidencial. Todos los ojos estaban fijos en Unamuno, que se levantó lentamente y dijo: ‘Estáis esperando mis palabras. Me conocéis bien, y sabéis que soy incapaz de permanecer en silencio.

A veces, quedarse callado equivale a mentir. Porque el silencio puede ser interpretado como aquiescencia. Quiero hacer algunos comentarios al discurso -por llamarlo de algún modo- del general Millán Astray que se encuentra entre nosotros. Dejaré de lado la ofensa personal que supone su repentina explosión contra vascos y catalanes. Yo mismo, como sabéis, nací en Bilbao. El obispo -y aquí Unamuno señaló al tembloroso prelado que se encontraba a su lado- lo quiera o no lo quiera, es catalán, nacido en Barcelona’. Se detuvo. En la sala se había extendido un temeroso silencio. Jamás se había pronunciado discurso similar en la España nacionalista. ¿Qué iría a decir a continuación el rector? ‘Pero ahora -continuó Unanumo- acabo de oír el necrófilo e insensato grito, ‘Viva la muerte’. Y yo, que he pasado mi vida componiendo paradojas que excitaban la ira de algunos que no las comprendían, he de deciros, como experto en la materia, que esta ridícula paradoja me parece repelente. El general Millán Astray es un inválido. No es preciso que digamos esto con un tono más bajo. Es un inválido de guerra. También lo fue Cervantes. Pero desgraciadamente en España hay actualmente demasiados mutilados. Y, si Dios no nos ayuda, pronto habrá muchísimos más. Me atormenta el pensar que el general Millán Astray pudiera dictar las normas de la psicología de la masa. Un mutilado que carezca de la grandeza espiritual de Cervantes, es de esperar que encuentre un terrible alivio viendo como se multiplican los mutilados a su alrededor.’ En este momento, Millán Astray no se pudo detener por más tiempo, y gritó: ‘¡Abajo la inteligencia! ¡Viva la muerte!’, clamoreado por los falangistas. Pero Unamuno continuó: ‘Este es el templo de la inteligencia. Y yo soy su sumo sacerdote. Estáis profanando su sagrado recinto. Venceréis porque tenéis sobrada fuerza bruta. Pero no convenceréis. Para convencer hay que persuadir. Y para persuadir necesitaréis algo que os falta: razón y derecho en la lucha. Me parece inútil el pediros que penséis en España. He dicho.’

Siguió una larga pausa. Luego con un valiente gesto, el catedrático de derecho canónico salió a un lado de Unamuno y la señora de Franco al otro. Pero ésta fue la última clase de Unamuno. En adelante, el rector permaneció arrestado en su domicilio. Sin duda hubiera sido encarcelado, si los nacionalistas no hubieran temido las consecuencias de tal hecho. Unamuno moría con el corazón roto de pena el último día de 1936.”   [xx]

Así sucede con distintas historias, repetidas por unos en fragmentos y por otros con agregados de palabras que nunca fueron pronunciadas por quienes son nombrados como protagonistas.

La anécdota relacionada con Unamuno se difundió más que otras obras de José Millán Astray y también han destacado que “eminentes intelectuales de la España anterior a la guerra”, cuando comenzó el alzamiento firmaron un Manifiesto pidiendo apoyo para la república, entre ellos el médico Dr. Marañón -biógrafo-; el embajador Pérez de Ayala, novelista; el talentoso historiador Menéndez Pidal y el filósofo José Ortega y Gasset. No es tan frecuente encontrar referencias a las actitudes de esas personalidades que cuando pudieron se alejaron de España mientras sus hermanos se desangraban defendiendo a la República que ellos tanto habían proclamado y que entonces, abandonaron.

Así suele suceder en la historia de la humanidad, en distintas latitudes…

En la agenda de la leyenda personal -con tapas color turquesa-, también anoté:

“Dudo mucho que el mundo vaya a recordar a Millán Astray en cien años por haber sido un gran poeta o pensador. Lo recordarán como un soldado en tiempo de dolor, crueldad y restricción para el pensamiento libre. Cuando se piensa sobre los grandes poetas e intelectuales en España en la primera parte del siglo XXI, recordarán a este Unamuno, Federico García Lorca, Juan Ramón Jiménez, Antonio Machado, quienes fueron asesinados o huyeron al extranjero para salvar sus vidas. Esperemos que esta tragedia no vuelva a repetirse en España, país que como Argentina tiene las mujeres más bonitas del mundo (en mi humilde opinión)”…

No sé si fue el sonido del timbre o el teléfono, la causa de la interrupción y la omisión de los datos del autor.

Por algo necesité insistir en esas conclusiones.

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Memoria desde la Argentina – Palabras del canciller Rafael Bielsa.

Después de reiterar lo que se ha dicho tantas veces, que “la Argentina tiene las mujeres más bonitas del mundo”… recordé también lo que se ha repetido acerca de lo dicho por don Jacinto Benavente en el momento de embarcarse para regresar a su España. Insistían preguntándole cómo le habían impresionado los argentinos y brevemente contestó que la respuesta la tenían al pronunciar la única palabra que puede formarse con esas letras. Un breve ejercicio demuestra que es: ignorante.

Y así parece ser todavía, al leer algunas estadísticas sobre analfabetismo o los resultados de las evaluaciones previas al ingreso en las universidades, o escuchando algunos relatos referidos a la historia de los argentinos en las últimas décadas del siglo veinte porque suelen quedar en la mitad de lo sucedido

Aquello sucedido entre los españoles durante la guerra civil tiene algunas semejanzas con acontecimientos en la argentina tierra.

Están latentes en la memoria algunos datos: …”en 1970, el 30 de julio, hacen su aparición pública las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) tomando la ciudad de Garín. Uno de los intervinientes era Urondo”.

Francisco Reynaldo Urondo nacido en Santa Fe de la Vera Cruz, el 10 de enero de 1930, primer director de Cultura en la provincia de Santa Fe (16-06-1958 al 30-07-1959), quien impulsó las Promociones Culturales en distintos departamentos -experiencia única en el país-, durante el primer gobierno del Dr. Carlos Silvestre Begnis (01-05-58 al 29-03-62).

Sabido es que Paco Urondo fue seguido cuando se trasladaba en su Renault 6 azul, con su esposa y con Ángela, la hija de seis meses.

Tras una emboscada lo mataron durante la tarde del 17 de junio de 1976, salvándose la niña porque la protegió una mujer que por allí pasaba.   No ha sido por casualidad que el político, periodista y escritor Rodolfo Walsh, su compañero en la planificación de diversas acciones durante la resistencia que significó una guerra civil no declarada-, al enterarse de su muerte haya necesitado expresar: “Tu problema fue saber para un tipo como vos, y en un tiempo como éste, que cuando más hondo se mira, y más callado se escucha, más se empieza a percibir el sufrimiento de la gente, y ya no basta con mirar; ya no basta con escuchar y ya no alcanza con escribir.”

Desde el diario “El Litoral” de Santa Fe, el miércoles 18 de mayo de 2005 informaron acerca del “homenaje por el aniversario de su muerte” con un título que abarca cuatro columnas: “Paco Urondo, poeta en su tierra” y casi al final de la primer columna está escrito:

“…El jueves 16 de junio de 2005, se realizarían “sesiones especiales de homenaje a Urondo en la Legislatura y en el Concejo Municipal. El viernes 17, día de su muerte, se impondrá el nombre de Francisco Paco Urondo al Centro Cultural Provincial.” [xxi]

Una herida que no cicatriza significó un llamado de atención y después de palabras, palabras, palabras… no se concretó la imposición de ese nombre al “Centro Cultural Provincial”, donde durante la primavera de 1985 por iniciativa de coordinadores de la subsecretaría de Cultura se había realizado otro acto con asistencia de autoridades provincias y colocaron una placa de bronce con el nombre del Dr. Jorge Alberto Guillén, subsecretario de Cultura desde el 10 de diciembre de 1983 hasta el 02 de septiembre de 1985, momento de su fallecimiento en su despacho.

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Llamados a la unidad nacional…

Tras otra lectura el 29 de noviembre de 2005, se impone otra advertencia del Padre Edgar Stoffel desde El Litoral, santafesino:

“Largo sería analizar el proceso que corre hasta el retorno de Perón a la Argentina, concretado el 20 de junio de 1973, ocasión en que las fracciones más radicalizadas del peronismo se enfrentaron brutalmente. El llamado a la unidad nacional y la superación de los viejos enconos que nos dividían hecho por Perón tuvo poco eco en una sociedad donde no sólo había que desarmar las manos, sino, sobre todo, los espíritus.

El anciano presidente convoca a la concreción de un ‘Proyecto nacional’, pero el 1ro. de julio de 1974 fallece en medio del dolor popular e, inmediatamente es reemplazado por su esposa, quien, sin su carisma, debe afrontar una serie de conflictos y una escalada de violencia superior a la padecida hasta entonces, lo que termina generando un estado tal que las Fuerzas Armadas -no sin cierto consenso frente a lo que se consideraba un verdadero ‘vacío de poder’ y la incapacidad del sistema político de encontrar una salida legítima y constitucional- el 24 de marzo de 1976 toman el poder.” [xxii]

En la memoria perduran las primeras señales del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional”, cuando el Teniente General Jorge Rafael Videla expresó “al pueblo de la Nación Argentina”:

El país transita por una de las etapas más difíciles de su historia. Colocado al borde de su disgregación, la intervención de las Fuerzas Armadas ha constituido la única alternativa posible, frente al deterioro provocado por el desgobierno, la corrupción y la complacencia. /…/ Este proceso de reorganización nacional demandará tiempo y esfuerzos; requerirá una amplia disposición para la convivencia; exigirá de cada uno, su personal cuota de sacrificio y necesitará contar con la sincera y efectiva confianza de los argentinos. El logro de esta confianza es, entre todas, la más difícil de las empresas que nos hemos impuesto. /…/ El uso indiscriminado de la violencia de uno y otro signo, sumió a los habitantes de la Nación en una atmósfera de inseguridad y de temor agobiantes. /…/ Las Fuerzas Armadas participaron con absoluta responsabilidad en el proceso institucional, asumiendo cabalmente su rol, sin perturbar en medida alguna la gestión del gobierno. Prueba irrefutable de ello, es que se empeñaron a lo largo y a lo ancho del país en una exitosa lucha contra la delincuencia subversiva. La sangre generosa de sus héroes y sus mártires, así lo asevera. /…/ Para nosotros el respeto de los Derechos Humanos, no nace sólo del mandato de la ley ni de las declaraciones internacionales, sino que es la resultante de nuestra cristiana y profunda convicción acerca de la preeminente dignidad del hombre como valor fundamental. Y es justamente para asegurar la debida protección de los derechos naturales del hombre, que asumimos el ejercicio pleno de la autoridad; no para conculcar la libertad sino para afirmarla, no para torcer la justicia, sino para imponerla. /…/ Utilizaremos esa fuerza cuantas veces haga falta para asegurar la plena vigencia de la paz social. Con ese objetivo combatiremos, sin tregua, a la delincuencia subversiva en cualquiera de sus manifestaciones, hasta su total aniquilamiento. Subrayado aquí.

“Nuestra generación vive una crisis de identidad, que se manifiesta en un permanente cuestionamiento de los valores tradicionales de nuestra cultura y asume, en muchos casos las concepciones nihilistas de la subversión internacional. /…/ Por todo ello, afirmamos que el proceso de reorganización nacional, no está dirigido contra ningún grupo social o partido político”… Pero hemos de recorrerlo con firmeza, firmeza que se expresa en nuestra decisión de llevar a cabo el proceso sin concesiones y con una profunda pasión nacional. /…/ Ha llegado la hora de la verdad. /…/ En la concreción de esta empresa que hoy iniciamos, quiera Dios Nuestro Señor concedernos:

Sabiduría para discernir el mejor camino

Firmeza para no abandonar el rumbo cierto

Prudencia para ser justos

Humildad para servir sin ser servidos.”

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Más señales en la memoria.

El 27 de agosto de 1974, la primera mujer responsable del Poder Ejecutivo Nacional, María Estela Martínez de Perón, dirigiéndose a los señores gobernadores expresó: “…Es necesario recordar que uno de los más importantes postulados de esta Revolución incruenta es la unión de todos los argentinos.” Luego, dijo: “Recuerdo que el General Perón decía con su natural sabiduría: ‘No hay país que pueda ser grande, si no tienen grandeza quienes lo forjan y acendran el temple y el alma de su juventud”. [xxiii]

En los párrafos finales de su discurso, la presidenta Martínez de Perón necesitó reiterar lo dicho por el Coronel veinte años antes, el 10 de junio de 1944 -día de la Reafirmación de los Derechos de la Argentina en las Islas Malvinas-, durante su conferencia en el Colegio Nacional de la Universidad de La Plata. En aquella circunstancia, el Coronel rememoró la proclama 22 de julio de 1820 del General José de San Martín desde el Cuartel General de Valparaíso, “a los habitantes de las Provincias del Río de la Plata”:

“En fin, a nombre de vuestros propios intereses, os ruego que aprendáis a distinguir los que trabajan por vuestra salud, de los que meditan vuestra ruina; no os expongáis a que los hombres de bien os abandonen al consejo de los ambiciosos; la firmeza de las almas virtuosas no llega hasta el extremo de sufrir que los malvados sean puestos a nivel con ellas; y desgraciado el pueblo, donde se forma impunemente tan escandaloso paralelo.”

Destacó inmediatamente: “Palabras eternas las del Gran Capitán. Hoy, como entonces, nuestra amada patria vive horas de transformación y de prueba. Asiste, además, a una verdadera lucha de generaciones, de la que debe resultar un provenir. Dios quiera sea luminoso y feliz”.   [xxiv]

Aún son advertencias relevantes, en estos primeros años del siglo veintiuno.

En 1976, el Arzobispo de Santa Fe Monseñor Vicente Faustino Zazpe -perseguido y amenazado…-, hizo otro llamado de atención:

“En 1976, estamos recorriendo un tramo espinoso y accidentado de nuestra historia nacional. Es necesario despertar nuestras reservas, encontrar el sentido histórico y descubrir los grandes valores ético-cristianos, como la justicia, la dignidad nacional, la fraternidad argentina, la libertad individual y colectiva y la religiosidad impregnante”.

Tres años después, el 11 de septiembre de 1979, la ex presidenta Isabel Martínez de Perón que había soportado su detención y traslado en helicóptero al comenzar el mencionado Proceso…, cuando le entrevistaron en San Vicente -provincia de Buenos Aires- un grupo de integrantes de la Comisión Interamericana por los Derechos Humanos, recordó lo expresado por el Papa Juan Pablo I: “… el principio de los Derechos del Hombre toca profundamente el sector de la Justicia Social y se convierte en medida para su verificación fundamental en la vida de los organismos políticos” (conf. Redemptor Hominis). Si con desapasionamiento se analiza la acción de nuestro gobierno sobre este tema, se verá que frente a todos los intereses de la violación de los Derechos Humanos se promovió la defensa de la Comunidad siguiente el principio del Tte. Gral. Perón: ‘Dentro de la ley, todo, fuera de la ley, nada’. Como cristiana y justicialista repudio la violencia y el crimen y nunca justificaré el avasallamiento de los derechos del Hombre y del Pueblo, sin importarme el signo ideológico que adopte. En esto, como en todo, el Justicialismo es la Tercera Posición. No es lícito responder al crimen, con el crimen.”   [xxv] Negritas aquí

Aún son advertencias relevantes a principios del siglo veintiuno.

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Por algo, el canciller Dr. Rafael Antonio Bielsa al evocar “el holocausto judío de la II Guerra Mundial”, necesitó expresar:

“Tampoco en nuestro país está cauterizada la pregunta acerca de en qué modo el argentino corriente consintió la masacre del gobierno de las Juntas Militares. Estamos hablando de la banalidad del mal, estamos hablando de la condición humana.

Hay un elemento central para comprender lo sucedido, más allá de la crisis de la República de Weimar, en medio de invocaciones germánicas, alternativas nacionalistas y conspiraciones de la alta burguesía. Ese elemento es el odio; el uso político del odio; el odio como elemento aglutinante; el odio como instrumento de vehiculización de frustraciones; el odio como síntoma de temor, de desprecio, de connotación peyorativa, de incapacidad para colocarse en el lugar del otro para comprender lo distinto, para concebir la alteralidad, la diferencia.” [xxvi]

El Canciller –perseverante lector y poeta-, luego dijo:

Miren lo que dice Etty Hillesum en una carta escrita en su campo de concentración, pronta a morir:

“Ni las palabras ni las imágenes me bastan para describir una noche como ésa, ya lo advertí a menudo, pero intentaré describiros algo.

Me siento testimonio privilegiado, y sutil de un capítulo de la historia judía, y experimento la necesidad de hacerme voz. Pero no podemos perder de vista los acontecimientos que se producen en todo el mundo.

Cada cual habrá de aportar su granito de arena, con el fin de que después de la guerra se recomponga el mosaico de nuestra convivencia.”

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Hay incontables páginas con alusiones acerca “de hablar y de callar”.

El 3 de septiembre de 2005, leí un mensaje que me enviaron por correo electrónico y es oportuno reiterarlo:

HABLAR oportunamente, es acierto.                        HABLAR frente el enemigo, es civismo.

HABLAR ante una injusticia es valentía.     HABLAR para rectificar, es un deber.

HABLAR para defender es compasión.         HABLAR ante un dolor, es consolar.

HABLAR para ayudar a otros, es caridad.  HABLAR con sinceridad, es rectitud.

HABLAR de sí mismo, es vanidad.                HABLAR restituyendo fama, es honradez.

HABLAR aclarando chismes, es estupidez.  HABLAR disipando falsos, es de conciencia.

HABLAR de defectos, es lastimar.                HABLAR debiendo callar, es necedad.

                                               HABLAR por hablar, es tontería.

CALLAR cuando acusan, es heroísmo.         CALLAR cuando insultan, es amor.

CALLAR las propias penas, es sacrificio.    CALLAR de sí mismo es humildad.

CALLAR miserias humanas, es caridad.      CALLAR a tiempo, es prudencia.

CALLAR en el dolor, es penitencia.              CALLAR palabras inútiles, es virtud.

CALLAR cuando hieren, es santidad.           CALLAR para defender, es nobleza.

CALLAR defectos ajenos, es benevolencia.  CALLAR debiendo hablar es cobardía.

 

Debemos aprender primero a CALLAR para poder HABLAR luego,

pero siempre con acierto y tino, porque: si HABLAR es plata, CALLAR es oro.

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¡Sí!… hemos vivido una guerra civil no declarada.

¡Sí!… “a los hechos… hay que ponerlos en perspectiva”.

¡Sí!… “La memoria se trama, se teje, se hereda, se aumenta; no hay manera de escapar a la cotidiana relevancia de los días previos.”

¡Sí!… “…Cada cual habrá de aportar su granito de arena, con el fin de que después de la guerra se recomponga el mosaico de nuestra convivencia.”

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¡Todo es historia de la Historia!…

¡Historia de la Humanidad!

                                               ¡Avancemos hacia el fraternal encuentro!

Nidia A. G. Orbea Álvarez de Fontanini.

Miércoles, 30 de Noviembre de 2005.

Hora: 16:08:45

[i] Garate Córdoba, José María. Los intelectuales y la milicia. Madrid, Servicio de Publicaciones del EME, Madrid, 1983. Texto difundido desde La Legión y en otra página, informan acerca de la organización de la Legión, integrada por la Brigada de la Legión “Rey Alfonso XIII” (BRILEG), encuadrada, enmarcada en la estructura orgánica del Ejercito español, tal como puede verse en el organigrama, cuenta en la actualidad con tres unidades independientes:  La Brigada de la Legión Rey Alfonso XIII” (BRILEG) encuadrada en la Fuerza de Acción Rápida; el Tercio “Gran Capitán” 1º de la Legión, dependiente de la Comandancia General de Melilla; el Tercio “Duque de Alba” 2º de la Legión dependiente de la Comandancia General de Ceuta…

[ii] La palabra, el pensamiento y la acción de Eva Perón. Buenos Aires, Presidencia de la Nación, Subsecretaría de Informaciones, 1950.

[iii] Baschetti, Roberto. Documentos de la Resistencia Peronista 1955-1970. Buenos Aires, Colección Campana de Palo, Ediciones de la Campana, octubre de 1997, P. 5, 18. / El libro está dedicado “A don Manuel Evaristo Reyno, que vivió esta época conflictiva. Con la caída de Perón en 1955, fue detenido, arrojado a las frías cárceles del sur del país, excarcelado, luego buscado con ‘captura recomendada’ y por último como gran parte del pueblo, proscripto. Aun así, desde la clandestinidad siguió luchando por el retorno incondicional de Perón a la Argentina. Hoy, ya fallecido, recibe el cariño y admiración del autor, que tantas cosas aprendió a su lado.”

[iv] Ibídem, p. 92-93.

[v] Leer: Gori, Gastón. La Forestal – La tragedia del quebracho colorado; Santa Fe de la Vera Cruz, Litar, 1983. y del mismo autor, La agonía del quebracho, Rosario, Ediciones Homo Sapiens, 1999.

[vi] Bonasso, Miguel. El presidente que no fue – Los archivos ocultos del peronismo. Buenos Aires, Editorial Planeta-Espejo del mundo, marzo de 1997, p. 131-132.

[vii] Ibídem, p 137.

[viii] Ídem, p. 132-135.

[ix] Baschetti, Roberto. Documentos de la Resistencia Peronista 1955-1970, p. 514-515-

[x] Ibídem, p. 512-513.

[xi] Ídem, p. 552-553.

[xii] Íd., p. 553-554.

[xiii] Bonasso, Miguel. El presidente que no fue. Ob. cit., p. 153-154.

[xiv] El 22 de agosto de 1972, en Trelew fueron asesinados quince guerrilleros, nueve tenían entre 21 y 25 años y la mayor de 36 años, mujer, casada y madre de tres hijos. Dos Montoneros: Susana Graciela Lesgardt, maestra de 22 años, mujer del Vasco Fernando Vaca Narvaja y Mariano Pujadas, estudiante que habían detenido en junio de 1971 cuando ya estaba por terminar la carrera de ingeniero agrónomo, de 24 años. Tres integrantes de FAR – Fuerzas Armadas Revolucionarias-: Carlos Humberto Astudillo, de 28 años, estudiante de medicina; Alfredo Elías Kohon de 27 años, estudiante de ingeniería que había trabajado como obrero metalúrgico y María Angélica Sabelli, de 23, empleada, estudiante de Matemáticas y profesora. Diez integrantes del ERP, ocho varones y dos mujeres: Rubén Pedro Bonet, obrero, de 30 años; Eduardo Adolfo Capello, de 24, empleado y estudiante de ciencias económicas; Mario Emilio Delfino, estudiante de ingeniería y obrero del frigorífico Swft de Rosario, de 29 años; Alberto Carlos Del Rey, estudiante de 23 años; José Ricardo Mena, obrero de la construcción de 21 años; Miguel Ángel Polti de 21 años, estudiante; Humberto Adrián Toschi de 25 años, estudiante y Jorge Alejandro Ulla, maestro, luego obrero metalúrgico, de 27 años y dos mujeres, Clarisa Rosa Lea Place, de 24 años, estudiante y Ana María Villarreal de Santucho, profesora, casada, de treinta y seis años y madre de tres hijos.

[xv] Orbea de Fontanini, Nidia A. G. El tiempo de Perón 1955-1972. (Inédito.)

[xvi] Barrau, Miguel Ángel. Historia del regreso. –Colección Sucesos Políticos- Buenos Aires, impreso en mayo de 1973 en los talleres de FA.VA_RO SACyF, Muñiz 1345; distribuido por Antonio Martino y Cía, Bolívar 547-, p. 7, 26, 28

[xvii] Bonasso, Miguel. El presidente que no fue. Archivos secretos del peronismo. Buenos Aires, Planeta – Espejo de la Argentina; 1997, p. 610. En 1991 distintos medios informaban acerca de la relación entre Rodolfo Gabriel Galimberti –el loco Galimba, casado en Punta del Este con una joven cuya edad doblaba- y uno de los invitados a la fiesta, un amigo de la infancia de ella: Jorge Born (III)… En consecuencia, se confirma que perdonar es posible y que secuestrados y familiares pueden llegar a ser amigos –y socios- de los secuestradores…

[xviii] Baschetti, Roberto. Documentos de la Resistencia Peronista 1955-1970. Ob. cit., p. 28-33.

[xix] El doctor Rafael Bielsa en las elecciones de 2005 fue electo diputado nacional y ante la propuesta del presidente de la Nación doctor Néstor Carlos Kirchner para designarlo embajador en Francia, optó por renunciar pero las reacciones de diversos grupos políticos generaron un nuevo análisis de su situación y decidió retirar la renuncia, cuando ya estaba preparándose para asumir quien lo reemplazaría como diputado nacional, el conocido “Morgado, hombre de la televisión”… En 1956 prohibieron escribir “P.P.” por aludir al Partido Peronista y medio siglo después, sabido es que tras sucesivas mutaciones hay un P.P que es el “Partido Partido” y otro P.P. que es el “Partido Personal”…

[xx] Hugh Thomas. La guerra civil española. España contemporánea. Ed. Ruedo Ibérico Libro IV, Ap. 42, p. 294-295. Por Gabriel Cortés. Febrero 2005.

[xxi] Integraron el grupo que impulsó los homenajes a Francisco Paco Urondo -por orden alfabético-: “ Juan Carlos Bettanín, Marcelo Brignoni, Estela Figueroa, Jorge Hoffman, Keka Koffman, Pilo Monzón, Jorge Pedraza, Luis Pfeiffer, Antonio, Riestra, Patricia Traba, Judith Vaschetto, y muchos otros santafesinos y santafesinas ‘preocupados por rescatar a los exponentes de la cultura y del compromiso social de nuestra provincia, injustamente olvidados por los homenajes oficiales’.”

[xxii] Leer: Monseñor Zazpe y los años ’70 – Pbro. Edgar Stoffel publicado en Diario “El Litoral” de Santa Fe de la Vera Cruz, martes 29 de noviembre de 2005, “Opinión”, p. 22. Las citas referidas a Mons. Zazpe están reiteradas en ese texto.

[xxiii] Argentina. Presidencia de la Nación. Secretaría de Prensa y Difusión. Discursos y mensajes de la Presidente de la Nación Señora María Estela Martínez de Perón – 8 de Julio al 12 de Septiembre de 1974. Buenos Aires, Editorial Codex, octubre de 1974, p. 63, 71 y 73.

[xxiv] Leer: El pueblo quiere saber…, p. 73-75.

[xxv] Páginas voladoras difundidas por “Ediciones Fe y Justicia” en septiembre de 1979. En la primera página fotografía de Isabel Perón en el balcón de la Casa de Gobierno en la capital federal, saludando a los manifestantes en un gesto que revelaba su propósito de besarlos…

[xxvi] Legislatura de la Provincia de Santa Fe. Instantáneas de un genocidio de Tomasz Wisniewski – Muestra Fotográfica en conmemoración de los 100 años de la presencia institucional judía en la ciudad de Santa Fe” –Santa Fe de la Vera Cruz-, capital de la provincia de Santa Fe, República Argentina. El título incluye palabras expresadas por el canciller argentino Dr. Rafael Bielsa.