Emancipación en el Río de la Plata

(Apoyo de catalanes y de otros inmigrantes.)

 

“El derrumbe ignominioso de la Corona española a los pies de Napoleón y después el alzamiento de la nación española contra el invasor produjeron en las Indias efectos muy complejos. Hay que distinguir entre el pueblo y las clases altas; y en éstas, entre el mundo oficial y el resto de la sociedad. Las autoridades españolas solían inclinarse al campo francés, a aceptar la autoridad de José Bonaparte, y a seguir gobernando como si no hubiera pasado nada en España más que un mero cambio de dinastía. No hay que condenar precipitadamente esta actitud por anti-patriótica. Ya hacía más de un siglo que en España se venía asociando la influencia francesa con el progreso, las luces del siglo, abajo la Inquisición, sentido común y nada de heroísmo, sonriente comprensión y nada de honor calderoniano en lo concerniente a la fidelidad femenina, mucha ciencia y poca fe -en una palabra, un conjunto de rasgos y tendencias que la gente culta de España había aprendido a gustar y a estimar”…

“Ya sabemos que las clases dirigentes de las Indias se hallaban unidas por lazos de amistad y de parentesco que entretejían a europeos y criollos por igual”…

                             Salvador de Madariaga (en Bolívar, 1951)

Ocaso del virreinato del Río de la Plata…

Desde las invasiones inglesas (1806-1807) en la ciudad y puerto de Buenos Aires se acentuó la tendencia monopolista, mientras algunos miembros del Consulado promovían el liberalismo. Es oportuno tener en cuenta que en 1806, en Buenos Aires se registraban aproximadamente 40.000 habitantes y que en el extraordinario Cabildo abierto del 14 de agosto de 1806 de los 96 asistentes, cincuenta -casi la mitad- eran miembros del clero, Real Audiencia, Consulado, Tribunal de Cuentas, estado militar, Cabildo, profesores de derecho y medicina… “los demás eran comerciantes, de la matrícula del Consulado, cuya intervención se explica, en virtud de constituir una clase numerosa, y especialmente por el concurso que se esperaba de ella en las apuradas circunstancias en que debían organizarse los cuerpos de defensa así como su manutención y provisiones”, tal como lo ha destacado el historiador argentino Ricardo Levene, quien a la vez advierte que:

“…son aquellos pocos de quienes el Cabildo espera ayuda: los que han obtenido cargos de justicia y guerra para repeler la indiada en 1674 los accioneros perjudicados por el impuesto, en el 1681; los comerciantes en 1806, para contar con su contribución pecuniaria. Con todo, el criterio que priva -para seleccionar a los vecinos que se invita- es de que hayan ejercido cargos en la administración… o lo van a desempeñar en breve”…

1806-1807: invasiones ingleses, defensa de los catalanes…

Los catalanes Felipe Sentenach y Gerardo Esteve y Llac propusieron la colocación de explosivos para derrotar a los invasores ingleses instalados en la ciudad de Buenos Aires. Una mina debía explotar debajo de la Casa de Comedias, sede del cuartel Número 71 y el ingeniero Sentenach aconsejó la construcción de una galería subterránea desde la manzana de Balcarce, Defensa, Moreno y Belgrano hasta la Fortaleza que estaba ocupada por los británicos al mando del vizconde Guillermo Carr Beresford.

Mientras tanto, otros jóvenes sugerían distintos ataques, entre ellos Juan Martín de Pueyrredón que confiaba en la hostilidad que se podía generar con la presencia de aproximadamente nueve mil hombres cercando la zona de la Fortaleza y dispuestos para el combate. El poderoso comerciante monopolista Martín de Álzaga perjudicado por el libre cambio establecido por los ingleses, alquiló una quinta en Pedriel para entrenar a las fuerzas de resistencia. Las iglesias también sirvieron como lugar de encuentro para deliberar y desde las torres podían observar los movimientos del enemigo, entre ellas la Iglesia de San Ignacio de Loyola.

(Construida con adobe en 1675; reformada según planos del jesuita Juan Krauss a partir de 1712 e inaugurada en 1722.

Un siglo después, el ingeniero catalán Felipe Senillosa dirigió la obra de construcción de la torre norte similar a la sur y le colocaron el reloj que había pertenecido al Cabildo.) [1]

Entre tantas sorprendentes reacciones durante la usurpación de los ingleses, también los esclavos manifestaron sus propósitos de emancipación pero el comandante inglés les recomendó que permanecieran junto a las familias.

La presencia de los ingleses resultó grata para algunos vecinos porteños: les compraban productos importados y organizaban agasajos en sus casas. El historiador Felipe Pigna ha destacado que fueron vistas “las Sarratea, las Marcó del Pont, las Escalada, paseando por la alameda (actual L. N. Alem), del brazo de los ‘herejes’…”

Se había cumplido otro sueño de dominación de los británicos porque durante cuarenta y seis días usurparon la colonia española del Río de la Plata.

Desde el principal diario de Londres –The Times– informaban:

“En este momento Buenos Aires forma parte del Imperio Británico, y cuando consideramos las consecuencias resultantes de tal situación y sus posibilidades comerciales, así como también de su influencia política, no sabemos cómo expresarnos en términos adecuados a nuestra idea de las ventajas que se derivarán para la nación a partir de esta conquista.”

El marino francés Santiago de Liniers era el jefe del Fuerte de la Ensenada de Barragán y se trasladó a Montevideo para organizar tropas para desalojar a los británicos.

(Santiago de Liniers y Bremond nació en 1753 en La Vendée, Francia. Estudio en Malta. Distinguido como Caballero de la Orden Soberana. En 1775 integró la flota española durante la guerra contra Argelia y terminada esa campaña acompañó a Pedro de Cevallos, nombrado virrey en el río de la Plata. Regresó a Europa y se incorporó a la marina española durante la guerra contra los ingleses. En 1788 lo destinaron al Río de la Plata y en Buenos Aires se casó con la hija del poderoso comerciante Martín de Sarratea.)

Desembarcó Liniers con sus tropas y fue apoyado por las milicias organizadas por Sarratea y Pueyrredón. En una semana lograron la rendición de los británicos y el general Guillermo Carr Beresford fue trasladado a Luján junto a otros prisioneros.

En consecuencia, desde Londres, en The Times reconocían que era “este desastre, quizás el más grande que ha sufrido el país desde el comienzo de la guerra revolucionaria”:

“El ataque sobre Buenos Aires ha fracasado y hace ya tiempo que no queda un solo soldado británico en la parte española de Sudamérica.”

El virrey de Sobremonte se había alejado de Buenos Aires y Santiago de Liniers fue el reemplazante en reconocimiento por su desempeño. Sabía que el enemigo podía sorprender en cualquier momento y autorizó a los vecinos a llevar las armas a su casa entregándoles las municiones necesarias. Así se organizaron el Cuerpo de Patricios integrado por jefe de familias de menores recursos, artesanos y jornaleros. Otros estaban agrupados en los Cuerpos de Andaluces, Catalanes, Cántabros, Gallegos, Montañeses.

El grupo integrado por valientes peones, indios y esclavos que habían llegado desde las provincias del norte, constituyó el Cuerpo de Arribeños. Otros formaron el Cuerpo de Pardos y Morenos. Eligieron sus jefes por mayoría de adhesiones y entre los criollos, se destacaron Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano, Martín Rodríguez, Hipólito Vieytes, Domingo French, Juan Martín de Pueyrredón y Antonio Luis Beruti.

Han reiterado lo expresado por el francés Liniers, tiempo después:

“¡Qué no trabajaría yo en los 11 meses después de echar a los ingleses de Buenos Aires para hacer guerrero a un pueblo de negociantes y ricos propietarios!… donde la suavidad del clima, la abundancia y la riqueza debilitan el alma y le quitan energía…

El dependiente era más apto que el patrón… Me fue preciso vencer todos esos obstáculos y una infinidad de otros… Aproveché de la confianza que me adquirieron mis servicios a los habitantes para hacerlos capaces de defenderse contra todos los esfuerzos que la Gran Bretaña hacía para vencerlos.”

Los hechos demostraron que algunos pobladores de Buenos Aires no sólo estaba dispuesto a ser un guerrero. Los grupos que se organizaron para desalojar a los ingleses también estaban dispuestos a participar en las decisiones políticas. No fue por casualidad que Saturnino Rodríguez Peña dialogara con el prisionero de Luján, interesándolo por el destino de los rioplatenses proponiéndole cooperar para su fuga si en vez de continuar con esa lucha armada estaba dispuesto a colaborar con el proyecto que él y sus amigos ya habían analizado. Beresford aceptó porque sabía que la voz de Saturnino era también el eco de las manifestaciones del alcalde Martín de Álzaga y del francés Santiago de Liniers porque creían que había llegado el momento de terminar con la dependencia del reino de España. Así fue como el 17 de febrero de 1807, el británico Beresford desapareció de Luján…

Evidentemente, esa primera invasión inglesa sirvió como germen para la organización de los primeros grupos políticos en Buenos Aires. El partido del virrey Liniers estaba alerta esperando el resultado de lo convenido porque en Montevideo, el general Beresford junto al general Auchmuty elaborarían la trama de futuras conspiraciones con apoyo del gobierno británico.

Meses después, en junio de 1807 reaparecieron los ingleses con cien barcos mercantes y productos suficientes como para entusiasmar otra vez a parte de la población. Doce mil hombres intentarían usurpar el poder por segunda vez aunque sabían que algunos cuerpos de milicianos se resistirían. Informes posteriores indican que Liniers -con apoyo de Álzaga- disponían de aproximadamente 8.500 milicianos y de oficiales suficientes para contraatacar. Tras algunas escaramuzas, los ingleses otra vez avanzaban por distintas calles de la ciudad de Buenos Aires.

10-04-1808: Fernando VII, de Madrid a Francia…

Mediante los tratados de Fontainebleau firmados el 16 de octubre de 1806, España y Francia decidieron desmembrar a Portugal con reserva de un territorio para canjear por Gibraltar y Trinidad. “Carlos IV sería Emperador de las dos Américas; invadirían a Portugal” y en consecuencia, “la familia real portuguesa había salido para el Brasil en barcos ingleses. Mientras Carlos IV y su hijo Fernando sacaban a la vergüenza pública sus desacuerdos y apelaban ambos a Napoleón, seguían invadiendo España los franceses”.

El 17 de marzo de 1808 se concretó el motín de Aranjuez y dos días después el rey Carlos IV abdicó, El 24 de marzo “mientras el pueblo se entregaba al regocijo” porque el día anterior habían ocupado Madrid, “entraba en la capital Fernando VII. El embajador francés, único de los diplomáticos, se negó a reconocerlo”. Intentaron que Carlos IV retirara la abdicación y “rivalizando en vileza, padre e hijos entregaron sus destinos en manos de Napoleón. El 10 de abril Fernando salía de Madrid hacia Francia, dejando un consejo de Gobierno presidido por su hermano el Infante Don Antonio. A pesar de la oposición tenaz del pueblo (que en Vitoria llegó hasta a cortar los enganches de los caballos del coche) Fernando cruzó la frontera y llego a Bayona, donde recibió órdenes imperiales de abdicar. Tanto Carlos como Fernando abdicaron a favor de Napoleón (5 y 10 de mayo de 1808). Ocultáronsele al pueblo de España estos vergonzosos sucesos; pero el Infante Don Antonio recibió una carta de Carlos IV mandándole que enviara a Bayona al hijo menor del rey, el infante Don Francisco de Paula. El 2 de mayo, fijado para la salida del niño Infante, el pueblo se amotinó, agolpado frente al Palacio, al ver las lágrimas del muchacho; pero al instante fue víctima de las descargas de fusil de un batallón francés. El pueblo, primero sin caudillos, acaudillado después por tres oficiales… luchó todo el día contra los franceses”. Dos de esos oficiales fueron derrotados y muertos; “el pueblo de Madrid sufrió entonces una represión sanguinaria, innecesariamente cruel en sí… Pero había comenzado la Guerra de la Independencia.

Independencia -¿de quién y de qué? El pueblo de España no abrigaba la menor duda: independencia del francés. España era entonces hondamente monárquica, idolatraba a Fernando VII, y no aspiraba a mayor felicidad que la de volver a verlo en el trono de sus mayores”…   [2]

Mayo de 1808: Juntas de Gobierno en España…

Sabido es que “la fórmula de las Juntas es hispánica. Desde el mes de mayo de 1808, los pueblos de la metrópoli constituyeron Juntas de Gobierno”.

Así como siglos antes se habían levantado contra los moros, en este tiempo lo hacían contra los franceses. Asturias aunque subsistía la Junta General del principado con funciones económicas, tras la insurrección del 9 de mayo de 1808 “tomó a su cargo la dirección política del movimiento. Galicia se insurreccionó el 30 de mayo, formándose Juntas con las más altas autoridades y diputados de las diferentes clases y corporaciones. El 27 del mismo mes se había instalado la de Sevilla erigiéndose en Suprema de España e Indias, acaso juzgando prudente ofrecer un centro común de resistencia contra el invasor”. Reunidos los integrantes de las Juntas en Lugo, se manifestaron las oposiciones entre las juntas de Galicia, Castilla y León y estalló la guerra civil cuando las Juntas de Sevilla intentaron someter a las Juntas de Granada. El 25 de septiembre de 1808 se estableció un acuerdo general en Aranjuez, constituyéndose la Junta Central gubernativa del Rey integrada por dos representantes por cada una de las juntas provinciales -aproximadamente 35 miembros-, siendo nombrado presidente el conde de Floridablanca y secretario Martín de Garay. En noviembre de 1808 llegaron los comisionados Joaquín Molina de la Junta Central de Sevilla y Pascual Ruiz Huidobro de la Junta de Galicia: “uno y otro son hombres de capacidad y adornados de los sentimientos del honor, y por consiguiente, se declararon contrarios a semejantes siniestras ideas”… [3]

El 1º de enero de 1809 se impuso la voluntad de constituir un gobierno representativo porque convocaron a elecciones reconociéndose el sufragio universal, a fin de que votaran por los electores que indirectamente elegirían a los diputados.

Ese día, en el extremo sur de América, en la ciudad de Buenos Aires capital del virreinato del Río de la Plata se puso en marcha la sublevación conducida por Martín de Álzaga -apoyada por un grupo de catalanes, entre otros inmigrantes europeos- con el propósito de destituir al virrey Santiago de Liniers…

No ha sido por casualidad que en sus Memorias, el catalán Domingo Matheu refiriéndose a ese tiempo expresara:

“No sé quien es mi monarca. Liniers es legislador, procura derechos, da empleos de todas clases, ascensos a las tropas veteranas, artillería, marina. Veo que soy vasallo de Liniers. Aquí está de administrador de la Aduana un pícaro francés, ahijado de Liniers, que obliga a pagar dobles derechos y alcabalas para el Potosí que ya los han pagado. Los contrabandos se hacen con tal escándalo, que hasta los niños de 5 años pueden dar testimonio. Se toleran con un despotismo que es preciso verlo para creer. A la luz del mediodía descargan y acarrean con escolta. Si Dios no pone remedio a esto no sé que será de nosotros”.

Por algo, Manuel Moreno -hermano del doctor Mariano Moreno-, refiriéndose a Santiago de Liniers, expresó que “sus vicios, su comportamiento y prodigalidad no podrán nunca libertar su memoria de la execración que le han merecido los actos públicos. No solo la disipación, el juego y la bajeza degradaba el carácter privado de este hombre”.

Enero 1809: acuerdo entre España y Gran Bretaña

El 14 de enero de 1809, firmaron un acuerdo entre España y Gran Bretaña reconociéndose mutuas facilidades para el comercio de sus vasallos. Lo firmaron el Ministro de Relaciones Exteriores sir George Canning y Juan Ruiz de Apodeca, embajador en Londres de la Suprema Junta Central. Decidieron enviar al Río de la Plata a Baltasar Hidalgo de Cisneros. Con algunas modificaciones en meses siguientes, a partir del 21 de marzo de ese año, prácticamente España abrió los puertos de las colonias y de la metrópoli a los comerciantes británicos. [4]

La Junta Central de Sevilla mediante una Real Orden “considera que los vastos y preciosos dominios que España posee en Indias no son propiamente colonias o factorías como las otras naciones, sino una parte esencial e integrante de la Monarquía Española”.

Era un significativo cambio porque “la Real Orden disponía la integración en cada virreinato y capitanía general de Indias a la Junta Central por medio de un diputado ‘natural o arraigado en cada reino’, elegido por sorteo entre una lista propuesta por los municipios que lo formaban. Si los virreinatos de América eran ‘parte integrante’ de la monarquía española, tendrían derecho a gobernarse a sí mismos y si se producía el colapso de la península.

No serían ‘colonias’ de España, pero sí de Inglaterra, como se establecería en el orden económico del 22 de marzo de 1809 por el adicional al tratado Apodeca-Canning.”   [5]

22-01-1809: decisión en la Corte española…

El 22 de enero de 1809, en la Corte española mediante un decreto habían reconocido que “las Provincias ultramarinas formaban parte integrante de la nación” y en uno de los considerandos, destacaban que “no eran colonias o factorías como las otras naciones”, por lo cual “se asignaba un diputado por cada Virreynato, Capitanía General o Provincia, que sería electo por los Cabildos, siguiendo un procedimiento previsto y sometiéndose a sorteo la lista integrada por los candidatos de los Cabildos”.

En España, el 22 de mayo de 1809 convocaron a Cortes Generales a los fines de que una Comisión especial propusiera la organización de la Asamblea a los fines de establecer los medios para sostener la guerra contra el invasor y suprimir la legislación que favorecía abusos de orden financiero y económico, incluyendo lo pertinente a la representación de América en la Corte.

En diciembre de 1808 se había firmado un armisticio reconociendo que el reino británico dejaba de ser enemigo en el Río de la Plata; rebajaron los derechos de aduana y continuó la tolerancia para el comercio clandestino –el contrabando-, hasta tanto se estableciera el tratado permanente con la Corte de Cádiz.

Hay que tener en cuenta que desde España, antes de la batalla de Bailén habían enviado delegados a Londres para pedir ayuda. En ese combate participó el adolescente José de San Martín en la infantería del ejército español y también lucharon “guerrilleros que cargaban trabucos… como fieras contra los intrusos”, como expresó el historiador José María Rosa. Tales esfuerzos fueron insuficientes porque entraron las tropas en Madrid, la Junta Central escapó hacia Sevilla y se reinstaló al rey José Bonaparte. “El 14 de diciembre de 1808 la Junta Suprema se instaló en Sevilla, es reconocida como la Central “para distinguirla de las varias ‘Supremas’ habidas antes, una en la misma ciudad, que nombró a Goyeneche y fue reconocida erróneamente por Liniers. La situación era difícil. Heroicamente resiste Gerona, en Cataluña, y subsisten núcleos de guerrilleros en el norte, pero la Junta controla solamente Andalucía”, momento en que reaccionaron contra Francia el emperador de Austria, el rey de Prusia y príncipes alemanes pero fueron derrotados y esos cuatrocientos mil hombres le sirvieron a Napoleón para su causa. En consecuencia, se acentuaba la dependencia de España del apoyo británico para seguir luchando contra Napoleón.”

(Es oportuno tener en cuenta que José de Goyeneche era primo de Juan Pío Tristán y Moscoso. Nacido en 1773 en Arequipa, Alto Perú. Condujo al ejército realista durante sucesivas campañas y falleció en 1860.)

Abril de 1809: el ocaso del virrey Liniers…

El 13 de abril de 1809, el virrey Liniers le escribió al almirante Sydney Smith: [6]

“Estamos perfectamente de acuerdo sobre esperar las determinaciones de nuestras cortes respectivas, sobre el punto de comercio, sintiendo sobremanera no hallarme facultado para poderme relajar sobre las leyes que rigen estos dominios para establecer una libre comunicación que verdaderamente debería existir entre dos naciones unidas por tantos otros vínculos”. [7]

En el Río de la Plata, desde Montevideo, el gobernador Francisco Javier de Elío aumentaba su oposición a la autoridad del virrey Liniers. El 30 de junio llegó hasta ese puerto oriental el designado virrey Hidalgo de Cisneros que debía reemplazarlo pero con intrigas, intentaron demorar que asumiera sus funciones.

Hacia un régimen monárquico constitucional…

El reino de España había soportado sucesivos conflictos y había perdido vastos territorios: los Países Bajos, Milanesado y Nápoles continuando los riesgos en torno a sus posesiones más allá del Atlántico. Se ha reiterado que “con los Borbones habíase producido un cambio fundamental: el Estado se hizo Nación, mientras que con los Austrias, la Nación se hacía Estado. La concepción populista persistió en las Indias”…

Es oportuno tener en cuenta que el rey Carlos IV había derogado la ley sálica francesa que impedía reinar a las mujeres, vigente en España desde el reinado de Felipe V. En 1808, tras la invasión napoleónica, Carlos IV y su hijo Fernando VII estaban prisioneros y fue coronado José I, hermano de Napoleón Bonaparte.

La primogénita Carlota Joaquina -hermana de Fernando VII-, estaba casada con el infante don Juan de Portugal, luego coronado con el nombre de Juan VI.   Inglaterra ante la situación en España, firmó un tratado con Portugal porque para aumentar el comercio británico era necesario seguir disponiendo de los puertos portugueses en América.

Carlota Joaquina con el apoyo de su esposo, en ese tiempo Regente en Brasil, el 19 de agosto de 1808 reclamó sus legítimos derechos como representante de la dinastía española de Borbón en las posesiones americanas y pidió ser reconocida Regente en todos tales dominios, algo semejante a lo sucedido cuando los Reyes Católicos consolidaron los vínculos de Castilla y Aragón.

La ambición de Rodríguez de Souza Coutinho -luego conde de Linhares, ministro de Guerra y de Relaciones exteriores del príncipe Juan, Regente en Brasil- lo impulsó a realizar distintas estrategias con el propósito de anexar el Río de la Plata al Brasil generando así un poderoso imperio gobernador por la dinastía portuguesa de Braganza. El almirante inglés Sydney Smith -comandante de la escuadra británica- había protegido a los Braganza al comenzar ese exilio, y custodiaba las costas brasileñas mientras promovía la coronación de la princesa Carlota Joaquina a fin de que les otorgara el libre comercio.

La influencia desde el virreinato del Río de la Plata en tal sentido, se apoyaba en tres latitudes: en Río de Janeiro actuaba Saturnino Rodríguez Peña, en Córdoba el deán Gregorio Funes y en Buenos Aires, Manuel Belgrano, Antonio Luis Berutti, Juan José Castelli, Nicolás Rodríguez Peña e Hipólito Vieytes.

Otoño de 1809: movimientos en el Perú…

Es oportuno reiterar lo expresado por el historiador Salvador de Madariaga acerca de cómo reaccionaron en hispanoamérica ante el desplazamiento de Fernando VII por los invasores franceses: “Aunque al parecer dirigidos contra España, y manejando palabras y obedeciendo pasiones ferozmente anti-españolas, los movimientos de secesión y emancipación se debían, pues, todos a una evolución histórica que no hubiera podido producirse de no haber fomentado España la cultura humanista de sus reinos de ultramar en un grado no igualado por ninguna otra nación europea.

En este otoño del régimen caen gobernadores y virreyes como hojas muertas. Pero el primero en caer no fue víctima de ningún viento revolucionario. El gobernador del Alto Perú fue depuesto por la Audiencia de La Plata después de larga querella sobre competencia y poderes, y al fin y al cabo, aunque bruscamente, no sin cierta regularidad. La Plata (o Chuquisaca o Charcas) era una ciudad universitaria, y los estudiantes tomaron parte activa en el movimiento. El espectáculo de un Gobernador español privado de su cargo, por muy legalmente que fuera, era en aquellos días cosa sensacional.”

“Dividiose el movimiento en varias corriente rivales que se trabaron en un verdadero nudo de guerras civiles y el virrey del Perú mandó a un jefe peruano, José Manuel Goyeneche, para restablecer el orden, contra un denodado y tenaz caudillo de la independencia: Don Juan Antonio Figueroa, español europeo. (sic) Nuevamente observamos cómo se entrenzan los europeos y los criollos en estas guerras civiles preliminares a la emancipación…

Vencida la rebelión de La Paz, el 25 de octubre de 1809, Goyeneche, el peruano, hizo fusilar a los caudillos.

Perú seguía siendo e iba a seguir siendo hasta el fin el reino más fiel al Rey en todo el Nuevo Mundo; y sus tropas tomarán parte importante en la represión del más dramático de los movimientos revolucionarios de aquella época, el de Quito. Aquí también comenzaron las cosas en la Universidad”…

El 10 de agosto de 1809, el jefe “de las dos únicas compañías de tropas de líneas que había en Quito, fue al cuartel, leyó a los soldados el acta constitutiva del nuevo gobierno, y habiendo obtenido su aprobación, se apoderó de la persona del Presidente Ruiz de Castilla” –el Conde-, “cuya guardia cedió con mucha facilidad. A la misma hora los conjurados arrestaron a los Oidores y demás empleados e individuos que consideraban podían oponerse. Así fue que, cuando amaneció, estaba ya mudado el Gobierno y hecha la revolución con el mayor orden, y sin haberse derramado una gota de sangre”.

“El 16 de agosto de 1809 el cabildo abierto de Quito anunció que se había aprobado la constitución (tomando así también poderes parlamentarios sobre todo el reino) y todos los principales fueron a la Catedral a prestar juramento ‘con mucha pompa, solemnidad y alegría’. Se juró: ‘Obediencia y fidelidad a Fernando VII como su rey y señor natural; de adherirse a los principios de la Junta Central; de conservar en su unidad y pureza la religión católica, apostólica romana’. Pero la Junta no consiguió conquistar la opinión pública; y, dándose cuenta de los movimientos contrarrevolucionarios que había provocado en provincias, creyó prudente reponer en el cargo de presidente a Ruiz de Castilla, a cambio de solemne promesa de interceder cerca del virrey de Lima y de la Corona para que no hubiera represalias. Pronto llegaron a Lima tropas, casi todas mestizas, y Castilla encarceló a los dirigentes de la revolución. Prolongáronse los trámites judiciales, y, al hacerse una tentativa para liberar a los presos a mano armada (2-VIII-10), fueron asesinados veintiocho de los reos en circunstancias que, aun no muy claras”… Han reiterado que “el más tenaz instigador de la contrarrevolución y de las represalias contra los criollos revolucionarios fue el criollo Don Pedro Calisto, regidor de Quito.

Estos sucesos produjeron honda impresión en toda la América española, enconando una situación política que quizá hubiera podido ir resolviéndose sin violencia”… [8]

Posición de Manuel Belgrano

Manuel Belgrano en su Autobiografía destaca que en junio de 1809 le propuso al Virrey “franquear el comercio a los ingleses en la costa del río de la Plata, así para debilitar a Montevideo, como para proporcionar fondos para el sostén de las tropas”. Hay que tener en cuenta que a fines del año anterior, el gobierno británico estaba preparando una escuadra naval y envió al agente secreto James F. Burke para que se vinculara con los jóvenes porteños que apoyaban el proyecto carlotista. La Princesa Carlota de Brasil, sólo estaba dispuesta a aceptar una corona sin concesiones. Mientras tanto, el jefe de la escuadra inglesa Almirante Sydney Smith intentaba neutralizar la tendencia democrática.

En ese tiempo, Martín Rodríguez Peña ya estaba organizando un partido apoyado por su hermano y por el deán Gregorio Funes, Hipólito Vieytes, Antonio Luis Beruti, Juan Martín y Juan Andrés de Pueyrredón, Alfredo Argerich, entre otros.

El embajador en Río de Janeiro Sydney Smith -Lord Strangford-, enterado de aquellas decisiones británicas se comunicó con el ministro de relaciones exteriores Jorge Canning quien manifestó que no había participado en acuerdos. Strangford, se opuso al avance de la escuadra porque podría generar mayores dificultades y pronto fue reemplazarlo por el Almirante De Councy.

30-06-1809: llegada del virrey Cisneros

El 30 de junio de 1809 llegó a Montevideo el designado virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros que debía reemplazar a Vértiz y algunas intrigas de los Carlotistas intentaban impedir que asumiera, recomendándole al virrey que no entregara el gobierno y al comandante de las fuerzas militares Coronel Cornelio Saavedra para que le negara apoyo”…

Después, necesitaron “reflexionar sobre la necesidad de promover la unión de todos los gobiernos provinciales para derrotar al enemigo exterior si se producía la tercera invasión. Con ese propósito desde Santa Fe viajó a Buenos Aires el Alcalde Francisco Antonio Candioti… -dueño de estancias a ambas orillas del río Paraná y de tropa de carretas que llegaban con mulas hasta el Alto Perú-, se entrevistó con su amigo, el Licenciado Manuel Belgrano y es probable que hayan analizado las dificultades existentes en las relaciones con Montevideo y con España, que en ese tiempo estaba bajo el dominio de los franceses. El Alcalde Candioti regresó y durante la primera reunión en el Cabildo, no informó sobre todo lo observado ni lo conversado con Belgrano, aunque los hechos posteriores indicaron que ya se había encendido la chispa de la revolución”…   [9]

(En ese tiempo, los hermanos John y William Parish Robertson estaban vinculándose con comerciantes y políticos y dos años después, salieron de Buenos Aires con una carta de recomendación para los Aldao de Santa Fe. Así fue como conocieron a Francisco Candioti y tiempo después, el inquieto e inquietante John Parish dialogó con San Martín…)

Agosto de 1809: eliminación de gravámenes…

En agosto de 1809, el virrey Cisneros dejó sin efecto “gran parte de los gravámenes de la Contribución Patriótica” vigentes desde julio del año anterior porque el fiscal Manuel Genaro de Villota le había informado que “los nuevos derechos aduaneros decretados por Liniers habían dado apreciable rendimiento”. Días después, “dos comerciantes ingleses (16 de agosto de 1809) le piden que en uso de sus omnímodas facultades, y de las consideraciones que merecen los vasallos de una nación amiga y aliada con la española permita bajo precauciones, reglas y derechos que estime juntos, el desembarco y venta de importantes efectos cargados en sus navíos”. En consecuencia, el virrey Cisneros envió esos antecedentes al Consulado y Cabildo “encareciéndoles el estudio de la petición”. [10]

El 4 de septiembre en la reunión del Consulado se generó un extenso debate y pocos entendían el propósito de conciliación que alentaba al virrey Cisneros mientras eran notables las distintas tendencias relativas a lo político y económico. Durante la reunión del 16 de septiembre también discutieron con vehemencia porque habían propuesto la invitación de comerciantes: “se opusieron a la convocatoria los partidarios del comercio inglés y pretendían reunirse los impugnadores de la franquicia comercial. El síndico tampoco dejó de protestar en esta oportunidad”. [11]

Dos meses después, el 4 de noviembre de 1809 se reunieron en el Consulado de la Ciudad de la Santísima Trinidad, Puerto de Santa María de los Buenos Aires para volver a leer “la Memoria de Belgrano, considerada el 16 de junio sobre comercio, y se trató de la petición de comercio con los ingleses”. En esas circunstancias, como expresa el historiador Levene: “no quedaba sino uno que otro monopolista: Juan Esteban Anchorena y el síndico”, Martín Gregorio Yañiz quien defendía su posición destacando que “es la plebe la que se interesa con vivos deseos de que se ejecute el plan indicado” siendo en realidad sólo los gremios de zapateros y herreros los que ya habían concertado alianzas con los comerciantes monopolistas. [12]

Levene completó aquella información: “Herreros y zapateros se habían asociado al conglomerado de comerciantes del Consultado que pedían junta general de los matriculados para tratar el petitorio de los ingleses y oponerse en consecuencia.

Moreno, en Representación de los Hacendados había expresado:

“Es muy vergonzoso el rastrero manejo que algunos comerciantes han exercido alarmando a nuestros Artesanos con abultados temores de un total abatimiento y ruina de sus obras”. Reitero otro párrafo escrito por Mariano Moreno (sólo reemplazando las abreviaturas y con ortografía actual para facilitar la lectura): “¿Quién creerá en los Mercaderes de Buenos Aires, sinceramente consagrados al bien de los Artistas del País? Cuando os digan que los ingleses traerán obras de todas clases, respondedles que hace tiempo se están introduciendo, innumerables clandestinamente y que si esto es un gran mal, ellos sólo han sido sus autores. Si os dicen que no podréis competir con los Artesanos Extranjeros, replicad que este es un mal a que siempre habéis estado expuestos, pues las Leyes los toleran y admiten francamente; si insisten en que traerán muebles hechos, decid que los deseáis para que os sirvan de regla, y adquirir por su imitación la perfección en el arte que de otro modo no podréis esperar, que aunque entonces valgan menos vuestras obras, haréis más con su producto, pues podréis proveeros fácilmente de los renglones que hoy no alcanzáis sino a costa de sacrificios; y últimamente respondedles que por lo que hace a la concurrencia de vuestras obras, os es indiferente que vengan de España o de un Reino extranjero, y después de recordarles la libre y abundante introducción de obras de mano que proveía la Metrópoli, conducidlos a sus propias Casas, y las encontraréis adornadas con muebles que no habéis trabajado”.

En aquella reunión del Consulado estuvo el catalán “D. Domingo Mateu” -apellido así escrito en el texto original y como también se reitera en otros documentos-; consideraron la memoria presentada por el Señor Prior Antonio Pirán explicando los motivos que impulsaban a otorgar el derecho a libre comercio de los buques y comerciantes ingleses y Matheu también aprobó esa iniciativa.

(El Apoderado del Consulado de Cádiz Miguel Fernández de Agüero advirtió sobre algunas posibles consecuencias de esa apertura al libre comercio con los británicos: “…el que van a sufrir muchas de nuestras Provincias Interiores que con la entrada de efectos ingentes en estos puertos van a experimentar una ruina inevitable, y a encenderse acaso entre ellas el fuego de la división y rivalidad… Y sino reflexiónese que será de la provincia de Cochabamba si se abarrotan estas ciudades de toda clase de efectos ingentes. Esta provincia de las más industriosas que tenemos cuya principal y acaso única riqueza, consiste en sus hilados y tejidos con los cuales abastecen este Reino y el de Chile. ¿Qué salida les darán, ó a que precio podrán venderlos a la par de las manufacturas Inglesas?… La misma suerte espera a las Provincias de Córdoba, Santiago del Estero y Salta de este Virreinato; Pugno, el Cuzco y otras del de Lima: sus Ponchos, Frazadas, Jergas, Picotes, Pañetes, Bayetas y Bayetones ordinarios de que hay tanto consumo en todas estas Provincias y Reinos, no habrá seguramente quien los compre, pues que serán siempre preferidas las manufacturas de lana ordinaria que los Ingleses saben traer”.

Tales conclusiones del Adelantado en defensa de las industrias locales también apuntaban a preservar el comercio español y no fueron equivocadas porque uno de los monopolistas, Pedro Baliño de Laya -o Baliña en algunos escritos-, en una carta a Su Majestad manifiesta que “se conmueve de los cochabambinos que vendían los lienzos de algodón a dos reales, dos y tres cuartillos la vara y que los ingleses lo ofrecían a un real y cuartillo; de los cordobeses, cuyos ponchos de siete pesos, ahora estaban a tres, por obra de los extranjeros… y así los demás”.   [13]

El Apoderado del comercio de Cádiz Fernández Agüero, le había propuesto al Virrey “que se eche mano de otros recursos para salvar la situación angustiosa del erario; por ejemplo: contraer un empréstito, moderadas contribuciones sobre la propiedad de tierras de campo, renta de fincas, rebaja de sueldos militares, civiles y eclesiásticos, establecimiento de una gran lotería”. También hizo un llamado de atención sobre otras graves consecuencias: “…es muy de temer que a la vuelta de pocos años veamos rotos los vínculos que nos unen con la Península Española y separados del suave Gobierno de nuestro legítimo Soberano estos ricos Dominios, a que tanto interés ha manifestado en estos últimos tiempos la Extranjera Codicia”. Luego advierte que “sufrirán necesariamente nuestra moral, nuestras costumbres y nuestra Religión Santa. El lujo pervertirá la virtud y siendo la religión de los ingleses en los puntos más substanciales tan diferente de la nuestra, ahuyentaría la fe”.

Para contestar tales argumentos, “los hacendados y labradores de la Banda oriental y occidental del río de la Plata, nombraron al doctor Mariano Moreno en carácter de representante” y con tales conclusiones, él escribió la Representación de los Hacendados y Labradores siendo en ese tiempo relator de la Audiencia y asesor del Cabildo.

Destaca el historiador Levene que “cuando el síndico Martín Gregorio de Yáñiz fue derrotado en la votación, agitó los intereses de los comerciantes matriculados y éstos peticionaron la Junta general para reconsiderar el punto”… [14]

(Más allá de la sugerencia de Fernández Agüero referida a “una gran lotería”, el juego ya entusiasmaba a diversos grupos en el río de la Plata. Han reiterado que en 1809, Don Calvimonte y Núñez introdujo el juego de la ruleta con el nombre de rueda de la fortuna.)

Servicios de San Martín en España

José Francisco de San Martín nació en Yapeyú (Misiones), el 25 de febrero de 1778. Sus padres fueron el teniente de gobernador de cuatro pueblos en ese departamento misionero, el capitán español Juan de San Martín Gómez y Gregoria Matorras también española, ambos nacidos en Castilla la Vieja. [15]

José Francisco tenía ocho años cuando sus padres decidieron regresar a España con los cinco hijos: María Elena, Manuel Tadeo y Juan F. ingresados el 23 de septiembre de 1788 en el Regimiento de Infantería de Valencia y en el Regimiento Húsares de Aguilar, respectivamente; Justo R. incorporado como guardia de corps en la compañía americana el 9 de enero de 1795; José Francisco primero estudiante en el Seminario de Nobles de Madrid, luego cadete de infantería.

Instalada la familia de San Martín en Málaga, a los 12 años José Francisco ya era Cadete en el Regimiento de Murcia.

Durante la guerra de África, estuvo 49 días en el destacamento de Melilla, 12 días como expedicionario en Mazalquivir; 33 días en el sitio de Orán impuesto por el Bey de Máscara Mohamed-Ben-Osmán (El Quebir) a partir de la madrugada del 5 de junio de 1791, cuando “se oyeron los primeros disparos y cayeron las primeras bombas sobre la plaza”.

Dirigía la compañía el capitán de Granaderos D. Antonio Córnide y estaba al mando del coronel José Eslava cooperando el sargento primero José Sallent.

El historiador Dr. Juan Manuel Zapatero -comandante de infantería del ejército español-, logró en abril de 1961 que en el Senado argentino aprobaran la edición de su ensayo titulado San Martín en Orán pero como suele suceder en la historia de los argentinos, recién fue editado en 1980 y es oportuno reiterar este párrafo referido al sitio de Orán: [16]

“En esta ocasión va a intervenir en defensa de las banderas de España, el jovencísimo cadete granadero del segundo batallón del Murcia, José de San Martín”, ingresado el 21 de julio de 1789 y cadete hasta el 19 de junio de 1793 cuando fue ascendido a “Segundo Subteniente”.

Tal participación, “tiene la rara preeminencia de ser la primera página bélica del futuro Emancipador” en América… [17]

El doctor Zapatero tras una minuciosa investigación en diversos archivos, en los párrafos finales del citado ensayo incluye conclusiones insoslayables acerca de “la impresión de desgarro” que habrían sentido aquellos soldados que “eran testigos en sus propias carnes de la primera manifestación material de la hecatombe del imperio español”.

“Aquello fue el precursor símbolo para el joven cadete José de San Martín, del debilitamiento de su gran patria.” [18]

Es oportuno tener en cuenta que José Francisco San Martín siguió en el Regimiento de Infantería de Murcia donde fue Segundo Subteniente desde mediados de 1793; Primer Subteniente el 28 de julio de 1794; Segundo Teniente el 8 de mayo de 1795; Segundo Ayudante en el Batallón de Voluntarios de Campo Mayor el 26 de diciembre de 1802 y Capitán Segundo el 2 de noviembre de 1804. Sirvió más de un año “en la guarnición de los presidios de África.” [19]

Hay que tener en cuenta que en las últimas tres décadas del siglo XVIII, España participó en guerras durante veinte años; en consecuencia dos tercios de ese período fueron soportados con enormes pérdidas materiales y espirituales.

“Desde 1779 a 1783 aliada con Francia en contra de Inglaterra; desde 1793 a 1796 aliada con Inglaterra en contra de Francia; desde 1796 a 1802 aliada con Francia en contra de Inglaterra; hubo dos años de sosiego; desde 1804 a 1808 nuevamente aliada a Francia contra Inglaterra y en 1808 comenzó su guerra de la independencia frente a la invasión napoleónica, en la que fue apoyada por Inglaterra hasta que, en 1813, quedó libre el territorio español.”

El 19 de julio de 1808, las fuerzas del ejército galo que defendían al emperador Bonaparte a las órdenes del general Pierre Dupont de l’Estang, habían soportado una notable derrota en la batalla de Bailén. El general Francisco Javier Castaños conducía al ejército español. José de San Martín luchó como oficial en el Regimiento Borbón a las órdenes del Marqués de Compigni. Luego fue ascendido por la Junta Superior de España y recibió la medalla de oro y esmalte otorgada a los Héroes de Bailén.

Las tropas francesas debieron alejarse hacia Madrid y abandonaron los sitios de Zaragoza y Gerona, replegándose hasta la frontera.

El vehemente Bonaparte aunque había ordenado fusilar a los jefes militares derrotados, cedió ante las protestas y fueron juzgados por un tribunal militar.

Tres años después, el 6 de septiembre de 1811, San Martín pidió la baja en el Regimiento de Sagunto y le otorgaron un permiso para viajar a Lima, pero primero se dirigió hacia Inglaterra para encontrarse con algunos amigos que ya habían decidido apoyar la causa de la libertad americana.

El doctor Zapatero, finaliza su ensayo sobre San Martín en Orán con este párrafo:

“Tal vez en el viaje de retorno, en la evacuación, el alma del futuro Emancipador vislumbrara en medio de la bruma del confucionismo político, la desmembración de una gran monarquía que perdía la majestad. Allí, al Oeste, muy al Oeste del mar que navegaba, todavía la gran España del otro lado del Atlántico podía y debería salvarse…

¡Él era su predestinado!”

La Logia Lautaro…

Sobre la urdimbre de la historia de los argentinos se han superpuesto las tramas elaboradas por distintos narradores e historiadores en distintas circunstancias.

Con diferentes matices, pertenece a comienzos de la segunda década del siglo diecinueve, esta reseña:

“El Teniente Coronel José de San Martín había decidido alejarse del ejército español con el pretexto de ‘pasar a Lima’ aunque ‘se embarca subrepticiamente a Londres, donde un amigo -el noble escocés Lord Mac Duff, que combatía voluntariamente para España- le había conseguido pasaporte y recomendaciones’.

Allí, ‘se reunieron con el venezolano Andrés Bello, el mejicano Servando Teresa Mier y los argentinos Manuel Moreno -hermano de Mariano- y Tomás Guido, iniciados en la entidad secreta fundada por Miranda en 1797, llamada Logia Lautaro o ‘Gran Reunión Americana’ -en realidad era una sólo una logia controlada por masones- y San Martín fue admitido con el grado superior”. [20]

Sabido es que “San Martín, Alvear y, posiblemente, todos los viajeros de la George Canning eran masones. Discutirlo es ocioso. San Martín, Alvear y Zapiola, como anteriormente Pueyrredón, fueron iniciados en la masonería hallándose en España. Las logias proliferaban en el ejército y un joven sin parientes ni relaciones tenía necesariamente que iniciarse para salvar obstáculos y encontrar apoyos, si no ingresaba por los propósitos de fraternidad universal y liberalismo, o por la ambición -como debió ser el caso de Alvear- de valerse de la logia para una brillante carrera militar y política.” [21]

(Han reiterado que desde 1808, Juan Martín de Pueyrredón, era Hermano.)

En la Logia Lautaro se integraron algunos masones organizados en Buenos Aires ya en 1804 -Manuel Arroyo y Pinedo, Juan Ángel Vallejos; Gregorio Gómez, luego corresponsal de San Martín, José Tabares -donde funcionada un taller de rituales-; miembros de la Sociedad Patriótica, entre ellos Gervasio Antonio Posadas, Juan y Ramón Larrea, Hipólito Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña, Bernardo Monteagudo, el padre José de Amenábar y otros sacerdotes; Manuel Dorrego, Antonio y Juan Ramón Balcarce -vinculados a Alvear-; más cerca de San Martín: Vicente López y Planes, Manuel Moreno, Manuel M. Pinto y pocos más. [22]

Es oportuno tener en cuenta lo escrito por el historiador Salvador de Madariaga: “Está en duda si Miranda fue o no fundador de la Logia Lautaro, aunque O’Higgins lo asegura y aporta el detalle significativo al que atribuye el origen de su nombre. Al encontrarse con Miranda, O’Higgins le echó los brazos al cuello y exclamó: “Mirad en mí, señor, tristes restos de mi compaisano Lautaro; arde en mi pecho ese mismo espíritu que libertó entonces a Arauco, mi patria, de sus opresores’. La misma extravagancia de esas palabras prueba su autenticidad. ¿Cómo era posible que un español de origen irlandés, hijo de un virrey, se considerara como la reencarnación de un indio araucano que había acaudillado a sus hermanos indios contra el cristianismo y la civilización a los que O’Higgins debía su lengua y sus pensamientos? Hecho tan anómalo y tan general en aquella época sólo puede explicarse de una manera: la tierra conquistada había conquistado a los conquistadores. O’Higgins era Lautaro y Miranda quería ser Inca.

La Logia Lautaro, de los Caballeros Racionales o Gran Reunión Americana, fundada quizá por Miranda, prestó al movimiento de independencia cierta coordinación, si no unidad. Pero las actividades de los masones en las Indias eran de inspiración a veces británica, a veces francesa. El corresponsal más asiduo de Miranda en Buenos Aires, pertenecía a la Estrella del Sur, logia fundada por los ingleses (a cuyo sueldo estaba Peña) durante su breve ocupación del río de la Plata. El centro de estas actividades masónicas inglesas era Cádiz, que también lo era del comercio lícito e ilícito que los ingleses hacían con las Indias. En Cádiz fue donde O’Higgins conoció a un puñado de hombres que iban a figurar en los anales de la emancipación de sus respectivos países” y entre otros, menciona al canónigo chileno José Cortés Madariaga.

Destaca luego que “por obra de la organización oculta que Miranda manejaba desde Londres, para decirlo con palabras de Humboldt, ‘movimientos que han estallado desde el Río de la Plata hasta Nuevo Méjico en un frente de 1.400 leguas, han dividido a hombres de origen común’.”   [23]

(El historiador cita a Alexander de Humboldt reiterando lo publicado en 1814, en París con el título Voyage aux régions equinocciales du Nouveau Continent, en 1799, 1800 et 1804; relatos tras el “viaje a las regiones equinocciales del Nuevo Continente en 1799, 1800 y 1804”.)

19-05-1810: carta de Liniers al virrey Cisneros…

El capitán de navío Santiago de Liniers y Beaumont, francés y virrey interino a partir del 24 de diciembre de 1807, -reemplazado el 8 de febrero de 1809 por la Junta Central de Sevilla al designar al Virrey Tte. Gral. Antonio Escaño, quien declinó inmediatamente ese nombramiento-, cesó en sus funciones en 1809 al asumir el virrey Teniente Gral. Baltasar Hidalgo de Cisneros y Latorre.

Liniers se alejó de Buenos Aires y estaba en Córdoba el 19 de mayo de 1810 cuando le escribió una carta a su sucesor:

“Mi amado Cisneros, esto está endiablado, yo daría un dedo de la mano por tener una hora de conversación contigo. Estás rodeado de pícaros. Varios más de los que más te están engañando”.

Liniers le ofreció su apoyo y le comentó que sólo podrían ayudarlo desde el Perú, aludió a “Nieto con sus achaques” y a José de Goyeneche.

Otras conclusiones…

El historiador Salvador de Madariaga al analizar acontecimientos semejantes en todo el territorio hispanoamericano, advierte que “producíanse todos esos movimientos al parecer con objeto de defender la independencia de los reinos respectivos contra un invasor eventual – el Emperador de Francia. Pero hubo uno de los reinos americanos a quien tocó hacer experiencia efectiva de la invasión y vencerla. Desaparecido el peligro de la invasión inglesa que habían rechazado victoriosamente gracias a la unión entre el francés Liniers, los criollos y los españoles europeos, desapareció también la unión en Buenos Aires; Liniers, ya virrey, era objeto de sospecha como francés, es decir compatriota del nuevo invasor que se temía; y el elemento hispano-europeo, inquieto, organizó formaciones militares – desde luego no de españoles, sino de gallegos, catalanes, vizcaínos, las tres nacionalidades españolas predominantes” (sic). “Don Cornelio Saavedra, coronel de patricios, con un espíritu de guerra civil más que de patriotismo argentino republicano, democrático e independiente, que sería anacrónico imaginar en él, disolvió estas formaciones peninsulares. Eran demasiados coroneles en la ciudad para él. Álzaga, el europeo español que había sido alma de la resistencia contra los ingleses, trató más tarde de deshacerse de Liniers, pero sólo para verse él desterrado a Patagonia, de lo que le salvó el general español Elío, que regía Montevideo con mano firme. Mandó entretanto la Junta General a Buenos Aires otro virrey, Don Baltasar Hidalgo de Cisneros, al que los patriotas presentaron una demanda de cabildo abierto. De aquí nació desde luego la consabida Junta Gubernativa Provincial del Río de la Plata, organizada el 25 de mayo de 1810”.

Movimiento de mayo de 1810…

El historiador Ricardo Levene ha expresado que “Buenos Aires tenía alrededor de 45.000 habitantes, de los cuales eran ‘vecinos’ aproximadamente 4.000, pero los de ‘distinción y nombre’ no pasarían de 3.000, según el informe del virrey”. Destacó que en mayo de 1810 “se habían repartido 450 esquelas” -prácticamente la nómina de un padrón electoral- y que “de los 251 presentes al acto no votaron sino 225” aclarando que por el acta surge que en realidad estuvieron 249 y luego se agregaron “Saturnino Sarasa y José Santos Inchaurregui, quienes votaron sin figurar en la enumeración del primer momento. Total 251.”   Veintiséis de esos vecinos presente no votaron.

“Agrega Juan Canter la circunstancia de que la Imprenta de Niños Expósitos, que hizo las esquelas, estaba a cargo del revolucionario Donado, quien ha podido imprimir un número mayor que el indicado y recuerda el hecho de que Miguel Fernández Agüero, recibió dos esquelas concluyendo en que “no cabe duda de que hubo una tirada subrepticia”.

“Cisneros en su informe al Rey, refiere la parcialidad de la tropa apostada en al boca-calle de la Plaza que negaba el paso de los invitados y permitía el de los confabuladores, proveyéndoles de ‘copia de esquelas de convite sin nombre” y explica que “en una ciudad de 3.000 vecinos de distinción y nombre… solamente concurrieron 200 de éstos, muchos pulperos, algunos urbanos y otros hijos de familia…” También la Audiencia expresó luego que se había notado la ausencia “de muchos vecinos, cuerpos de distinción y cabezas de familia al paso que era mucho mayor la concurrencia de los patricios y entre ellos un considerable número de oficiales de este cuerpo e hijos de familia que aún no tenían la calidad de vecinos”. [24]

Algunas ausencias pudieron ser la consecuencia de las dudas que la población tenía en aquellas circunstancias, acerca de los propósitos concretos de los sectores que impulsaban tales reuniones.

Juan José Castelli fue el orador e insistió en el enunciado de teorías que habían sido analizadas dos meses antes, “en su carácter de abogado de Paroissien y de los Rodríguez Peña”, en el proceso reservado seguido contra ellos por las gestiones realizadas a fin de establecer el gobierno de la Infanta Carlota en el Río de la Plata.

Es oportuno destacar que James Paroissien más conocido como Diego Paroissien, nació en Harking, Essex, Inglaterra, descendía de franceses, se destacaba por su educación y formación como médico cirujano. En 1803 llegó a Buenos Aires y luego retornó a su patria. Regresó en 1806 sin saber que habían sido derrotados los invasores ingleses, estuvo en 1807 en Montevideo y al año siguiente pasó a Río de Janeiro, siendo acusado de conspirar junto a Martín Rodríguez Peña y a favor de la Infanta Carlota. Estuvo detenido durante dieciocho meses y ejerció su defensa el doctor Juan José Castelli. El cambio de gobierno a partir de mayo de 1810 lo favoreció porque recuperó la libertad, se sumó a la causa revolucionaria. Fue el primer extranjero que obtuvo la ciudadanía en 1812. Junto a Castelli acompañó al ejército de Balcarce en la expedición hacia el Alto Perú atendiendo a enfermos y heridos. En Potosí apoyó al general Juan Martín de Pueyrredón. Se destacó como director de la fábrica de pólvora de Córdoba hasta que se produjo la explosión en 1815 y regresó a Buenos Aires. Tras la batalla de Maipú (5 de mayo de 1818, cuando San Martín avisó a Buenos Aires que “ya no hay enemigos en Chile”, Paroissien ascendió a Coronel y recibió una medalla de Oro. En agosto de 1820 partió hacia Perú. Estuvo vinculado a la compañía inglesa minera La Potosí y al año siguiente regresó a Europa. El 7 de abril de 1825 estuvo a cargo de la Asociación de Minería de Potosí, regresó a Buenos Aires y Pasó a Bolivia. Se incorporó al ejército de Granaderos comandado por el general José de San Martín (1826) y fue edecán del general Miguel Estanislao Soler. Falleció en 1871.

Expulsión del virrey Cisneros

Sabido es que la caída de la Junta de Sevilla sirvió para acelerar la destitución del virrey Baltasar Hidalgo de Cisneros. Interesaba más la defensa de los intereses económicos que los cambios en la forma de gobierno y han reiterado que veinticuatro comerciantes ingleses relacionados con el doctor Mariano Moreno, disponían de aproximadamente un millón de libras esterlinas.

Aunque ha sido extenso el camino hasta lograr el reconocimiento de los derechos cívicos de las mujeres, es evidente que desde aquel tiempo, quienes estuvieran relacionadas con militares y gobernantes pudieron ejercer notable influencia. El 18 de mayo de 1810, Casilda Igarzábal esposa de Nicolás Rodríguez Peña con algunas amigas, le pidieron al comandante del Cuerpo de Patricios coronel Cornelio Saavedra que se opusiera a Baltasar Hidalgo de Cisneros. En la sesión del 22 de mayo, votaron contra el virrey Cisneros: Cornelio Saavedra, el doctor Juan José Castelli y el comerciante José Santos Inchaurregui, español.

Al día siguiente, mediante un Bando, “los Señores del Excmo. Cabildo, á saber D. Juan José Léxica y D. Martín Gregorio Yániz, Alcaldes de primero y segunto Voto, y Regidores D. Manuel Mansilla Alguacil Mayor; D. Manuel José de Ocampo Alférez Real de turno, D. Juan de Llano, D. Jayme Nadal y Guarda, D. Andrés Domínguez Juez Diputado de Policía, D. Tomás Manuel de Anchorena Defensor General de Pobres y Fiel Executor, D. Santiago Gutiérrez Defensor General de Menores, y el Caballero Síndico Procurador General Dr. D. Julian de Leyva” -certificado por Mariano García de Echavurru, Escribano Público-, informaron “al Público” que en el “Congreso General celebrado ayer 22 del corriente Mayo ha resultado á pluralidad de votos deber subrogarse el mando Superior de estas Provincias que exercía el Excmo. Sr. D. Baltasar Hidalgo de Cisneros” y en consecuencia, anunciaban:

“…este Excmo. Cabildo procederá inmediatamente á la erección de la Junta que haya de encargarse del mando Superior hasta que se congreguen los Diputados que se convocarán de las Provincias interiores para establecer la forma de Gobierno más conveniente”.

24 de mayo de 1810: decisiones e incertidumbre…

El 24 de mayo a las 9 comenzó la reunión del Cabildo y el síndico procurador Julián de Leyva -o Leiva-, informó sobre la constitución de la Junta presidida por Cisneros e integrada por cuatro vocales que debía actuar conforme a un reglamento que abarcaba 13 artículos y que cesaría cuando llegaran los diputados del interior. Se reconocían los derechos de Cisneros, debían jurar comprometiéndose a defender la integridad territorial para Fernando VII y sus sucesores y con el propósito de preservar la paz, en el reglamento estaba prevista una amnistía general. En el quinto artículo, se reservaba al Cabildo el derecho a la remoción de los miembros de la Junta si no cumplieran con sus obligaciones.

Era tal la inseguridad que antes de difundir ese documento necesitaron convocar otra vez a los jefes militares y así fue como se reunieron el coronel Saavedra, el catalán Gerardo Esteve y Llach, Florencio Terrada, Antonio Ortiz de Ocampo, Pedro Andrés García, Martín Rodríguez y José Merelo, quienes aceptaron la propuesta y comprometieron su apoyo.

A media tarde, ya los integrantes de la Junta se estaban dirigiendo hacia la Fortaleza donde los acompañarían todas las autoridades para la instalación del nuevo gobierno provisional pero algunos grupos de vecinos y también la mayoría de las tropas no estaban de acuerdo y fue necesario obrar con prudencia. Saavedra decidió dialogar con Cisneros para explicarle que los Patricios respondían a su mando pero se advertía un “estado de conmoción”.

Esa noche, en la casa de Saturnino Rodríguez Peña, a las ocho se realizó una reunión y con vehemencia insistieron en que era necesario convocar a otra elección excluyendo a Cisneros. Una hora y media después, presentaron sus renuncias todos los miembros de la Junta provisional y empezaron a deliberar para concretar quiénes integrarían la nueva lista.

El historiador Ricardo Levene destacó:

“Una delegación del club se encargó de conferenciar con el doctor Leiva, en su casa, a las doce de la noche. El Síndico procurador saltando de su cama acudió a los golpes dados a la ventana de su habitación, y abriéndola oyó la notificación de la voluntad e los patriotas, hecha en el lenguaje de una intimación perentoria, según un testito presencial. Al principio, Leiva negóse a la solicitud, pero al fin accedió a que se convocase nuevamente al pueblo.”

Sabido es que cuando mencionaban al Club aludían a Mariano Moreno y a sus compañeros de causa que acostumbraban a reunirse en la librería de Marco…

Uno de los protagonistas de aquellas jornadas, Manuel Moreno -hermano del doctor Mariano-, en su Colección de arengas, expresó que esa misma noche, el núcleo de jóvenes dirigentes redactó la representación que presentarían ante el Cabildo; la difundieron “por toda la ciudad” y al mismo tiempo iban acumulando las adhesiones, con un “inmenso número de firmas”. Hay coincidencia acerca de que Luis Berutti y Domingo French fueron los impulsores de esa rápida campaña.

Madrugada del 25 de mayo de 1810…

Durante la madrugada del 25 de mayo de 1810, se agruparon los patriotas en la Recova y por iniciativa de Domingo French que había comprado varias piezas de cintas celestes y blancas en una de las tiendas de ese lugar, acompañado por Antonio Luis Berutti -ambos destacados “tribunos de la plebe”-, fueron colocándolas en los sombreros o en el ojal de los sacos.

Esos colores, como lo ha destacado Cornelio Saavedra en sus Memorias, distinguía a los soldados del cuerpo de Patricios desde las invasiones inglesas y también algunas damas que se habían acercado el 19 de mayo a ese cuartel para expresar solidaridad, habían lucido “rebozos celestes ribeteados de blanco, adoptando los tonos del penacho de los Patricios”.[25]

Antes de las nueve se reunió el Cabildo y media hora después en la Sala Capitular dialogaron los Comandantes: “Jefes de los Regimientos Españoles, Francisco Orduña, de artillería Bernardo Lecoq, de Ingenieros y José Ignacio de la Quintana, de dragones, nada dijeron”. Algunos grupos ya estaban en los corredores, golpeaban la puerta de la Sala porque querían saber de qué se trata… Adentro seguían deliberando aunque en realidad, desde la noche del 24 estaba escrita la lista con los nombres de las personas que formarían el gobierno, entre ellos el vocal Domingo Matheu.

Presidente Cornelio Saavedra; Secretarios Juan José Paso y Mariano Moreno; Vocales Juan José Castelli, Manuel Belgrano, Miguel de Azcuénaga, Manuel Alberti, los catalanes Juan Larrea -que había estado ausente en el Cabildo del 22- y Domingo Matheu, que ese día votó como Saavedra.

Mientras tanto “los diputados del pueblo expresaban oralmente el contenido del petitorio escrito del 24, que seguía circulando a los fines de recabar más adherentes”.

Es oportuno reiterar lo expresado por el historiador Levene:

“Los firmantes son 411 (algunos repetidos). Los primeros nombres corresponden a los jefes de cuerpos, Martín Rodríguez, Ortiz de Ocampo, Florencio Terrada, Juan José Viamont, Estevan Romero, Esteve y Llac, José Merelo, Pedro Andrés García, Pedro Ramón Núñez, Eustaquio Díaz Vélez. Enseguida dos firmas se consignan con esta sugestiva advertencia: ‘Por mí y a nombre de seiscientos, Domingo French’. Domingo French que ya había signado por él -además de hacerlo por seiscientos- vuelve a firmar. La firma de Juan Ramón Urien también esta repetida. Se lee en el documento: ‘Yo el cacique don José Mino’. Y más adelante: ‘Yo, el cacique don José Minosqui’. En el documento faltan las firmas de civiles. Hallamos las de Miguel Irigoyen (quien vuelve a firmar ‘a ruego de mi hermano don Mathías’), Manuel Alberti, Hipólito Vieytes, Nicolás Rodríguez Peña, Tomás Guido y algún otro. En la página final firman los miembros del clero dejando constancia que lo hacen en virtud y accediendo a la representación del comandante y vecindario de esta capital. Debe notarse asimismo la circunstancia de que sólo un número reducido de los asistentes al Congreso general del 22 de mayo firman el petitorio. Tales observaciones demuestran que las fuerzas más enérgicas y pujantes de la Revolución nutríanse en fuentes populares y en los cuerpos de milicia ciudadana”.

Luego, la Junta siguió reuniéndose todos los días en la Fortaleza y el 28 de mayo aprobaron el decreto que mediante diez artículos, establecía las instrucciones para el despacho y ceremonial en actos públicos. En esas circunstancias, acordaron la retribución de los miembros de la Junta, a los vocales y secretarios les asignaron 3.000 pesos a cada uno. Inmediatamente Manuel Belgrano y los catalanes Domingo Matheu y Juan Larrea renunciaron formalmente a tal retribución “sin que por ello entendieran eximirse de la responsabilidad de sus cargos”. [26]

En las jornadas siguientes, “los patriotas no abandonaron sus generosos propósitos de llevar adelante la Revolución sin derramar una gota de sangre” y el 7 de junio, “Moreno incita a los circunspectos oidores, aquella expectante adhesión desaparece y tórnase recelosa y activa fuerza de oposición”.

En consecuencia, pronto “apartaron con energía los obstáculos que obstruían el necesario avance, desterrando al ex Virrey y Oidores el 22 de junio; conminaron al Obispo para que se abstuviera de concurrir a su Iglesia; apresuraron la organización del ejército que debía salir para el interior; rompieron con decisión las ligaduras absurdas que mantenían supeditada la Junta al Cabildo conspirador… establecieron a partir de aquel momento, la ‘dictadura’ de la Junta, no en el sentido del ejercicio de funciones monstruosas, sino en cuanto desconoció la preeminencia de autoridades e instituciones del pasado, alteró la organización jurídica y política hispana llevando a cabo precisamente la ‘revolución’.”

El obispo Lué y Riega -o Riera en algunos escritos- se manifestaba como el más absolutista de todos los españoles. Estuvo en el Cabildo el 22 de mayo insistiendo en que “las Colonias de América pertenecen a los españoles” y que mientras existiera un solo español “debía mandar a los americanos, pudiendo sólo estar, en mando a los hijos del país cuando ya no hubiese un solo español en él”. [27]

(Por lo documentado, los gastos de esa revolución fueron de $ 521; tres relojes y la iluminación en galerías y canceles.)

24-07-1810: sentencia a favor de Álzaga, Sentenach

Tras la revolución del 1º de enero de 1809 impulsada por Martín de Álzaga con apoyo de Saturnino Rodríguez Peña, el inglés James Diego Paroissien -entre otros- comenzaron las actuaciones judiciales sin resolución ni sentencia hasta mayo del año siguiente.

El virrey Cisneros, el 7 de mayo de 1810 firmó el último trámite en la “Causa reservada” pertinente a los dos mencionados, “mandando dar cuenta a su majestad, para su resolución. Pero el 11 de junio, un decreto de letra de Moreno concede a Paroissien la libertad bajo fianza que solicitaba”.

El 10 de mayo de 1810, los Fiscales entregaron al Virrey el expediente de “la causa criminal de Álzaga y Sentenach, y se les ordena que dicten sentencia definitiva.

Mientras ésta se preparaba, prodúcese la revolución. El proceso terminaba por crear una situación original: la junta de gobierno patrio debía hacer sentenciar a los supuestos reos de independencia. El juez fiscal y acompañado devuelven el expediente a la junta, pretextando que eran miembros de la jurisdicción de marina y estaban sujetos a las órdenes del comandante general.

En nombre la de junta, Moreno les expresa, en un enérgico oficio, que ‘el servicio público no debe resentirse por las particulares variaciones de los que velan sobre su desempeño’ y que constituyendo la junta el poder superior de las provincias ‘no se descubre el impedimento que retraiga a usted de asistir a la terminación de una causa…

Moreno hacía tan terminante afirmación pretendiendo persuadirles de que el nuevo gobierno, como el antiguo, perseguiría por igual a los que intentasen la independencia… Pero los jueces no se convencieron de que se podía ajusticiar por delitos políticos una vez instalado el gobierno revolucionario, y fue necesario constituir otro tribunal.”   [28]

El historiador Ricardo Levene anotó que “el voluminoso expediente de este proceso consta de tres cuadernos. El primero de 170 hojas útiles; el segundo de 86 y el tercero de 322. Este último comprendía un agregado de 129 hojas. Tal constancia que figura en el expediente no coincide con el legajo existente en el Archivo General de la Nación. Al final figuran las extensas defensas de los reos. Los jueces fiscales de la causa fueron primero Juan de Bargas y Francisco Agustín; luego Cisneros nombró a Domingo Navarro y Joaquín de Sagasti hasta que la Junta hizo los nuevos nombramientos.”

“El 24 de julio dictóse la sentencia, por la que se declaraban inocentes a los reos sindicados en la Causa. Martín de Álzaga recobraba la plenitud de su reputación, bajo el nuevo gobierno.

Protagonismo de los catalanes…

En la historia de los pueblos, naciones, imperios… han mencionado a determinadas personas mientras no hay señales acerca de legiones de colaboradores. Aquí, algunos datos sobre co-operadores durante el período final del virreinato y el principio de organización del gobierno de las Provincias Unidas del Río de la Plata.

El movimiento de independencia anunciado el 25 de mayo de 1810 frente al Cabildo en la Plaza de la Victoria de la ciudad de la Santísima Trinidad y puerto de Santa María de los Buenos Ayres fue apoyado por la mayoría de los habitantes, incluso por españoles y otros inmigrantes europeos.

Entre los españoles, se destacaron Felipe de Senillosa, Gerardo Esteve y Llac, Felipe Sentenach, en algunos documentos escrito Centenak o Sentenac…   [29]

Setiembre 1810: Sentenach en la Escuela Militar de Matemáticas.

Manuel Belgrano en 1799 había logrado que el Consulado creara la Academia de Náutica que luego fue clausurada por el rey de España.

Es oportuno tener en cuenta que en noviembre de 1808, el Deán Gregorio Funes asumió el rectorado de la Universidad de Córdoba y redactó un plan para estudios de Matemáticas -aprobado en 1815-, abarcando estudios teóricos y experimentales de aritmética, geometría, trigonometría y física. [30]

Al asumir como Vocal en la primera Junta, Manuel Belgrano pudo concretar otro proyecto educativo al ser aceptada su iniciativa disponiéndose la creación de Escuela Militar de Matemáticas para mejorar la formación de los oficiales.

Decidieron que funcionaría en el mismo local donde estuvo la anterior de Dibujo y Náutica. Nombraron director al entusiasta catalán Coronel de ingenieros Felipe Sentenach quien elaboró el plan de estudios y el reglamento. El curso con una duración de dos años y ocho meses, se desarrollaría entre las diez y las doce y los estudiantes debían rendir una prueba de destreza en escritura.

El plan de estudios abarcaba conocimientos de aritmética, álgebra, geometría plana y trigonometría; principios de mecánica y estática; nociones de geografía y construcción de fortificaciones. El acto de inauguración se realizó el 12 de septiembre de 1810 con la presencia de autoridades del nuevo gobierno, miembros de la Audiencia, del Cabildo y militares. El director Sentenach destacó la importancia de los conocimientos sobre matemáticas en la formación básica y específicamente para los militares.

El ingeniero Sentenach había entregado oportunamente a la Junta su proyecto de Reglamento y lo habían aprobado:

“1° Todo individuo concurrente a la Academia deberá antes ser examinado por los jefes de su Cuerpo, de su regular destreza y perfección en escribir.

2° Como la conducta y buen manejo de los hombres es proporcionado a su educación y sentimientos, deberán todos los alumnos obtener de sus jefes un informe de su honradez, aplicación, celo, aptitud y demás apreciables circunstancias que deben distinguir a un militar; porque si no le acompañan estas calidades, poco o nada de bueno puede prometerse, ni V.E. ni la patria, de su asistencia a la Academia.

3° Observadas las prevenciones expuestas en los dos artículos precedentes, conoce bien V.E. que probablemente el Estado podrá prometerse de los alumnos de la Escuela, el fruto que espera de su aplicación, y así será también del caso que V.E. les dispense todas aquellas fatigas que puedan causarles algún atraso en los estudios.

4° Para que los Oficiales que de esta guarnición hayan de concurrir a la Escuela militar, lo consigan sin perjuicio de las demás ocupaciones propias de su oficio, según me previene V.E., me ha parecido, para conciliar estas dos atenciones, algo incompatibles entre sí, que V.E. les ordene que precisamente concurran a la Clase, que les den lugar las demás atenciones del servicio del Rey; que por lo que respecta a remediar algún tanto el atraso, que indispensablemente habrán tenido de no haber asistido a ella continuamente; se procurará conseguirlo por medio de los repasos semanales, y otras disposiciones que podrán tomarse arregladas a la aplicación y talentos de cada uno.

5° Las horas, que en toda estación, me parecen más propias para asistir a la Academia, atendidas todas las circunstancias, son de las diez a las doce de la mañana. Y siendo todo lo que comprenden estos artículos, conforme a la recta voluntad de V.E. podrá impartir las correspondientes órdenes para el cumplimiento de cuanto en ellos se previene.

Los exámenes deberán dividirse en dos partes. El 1º comprenderá los asuntos indicados en los cuatro primeros capítulos, y será de Aritmética, Geometría especulativa y práctica. Trigonometría rectilínea y Fortificación de Campaña; señalándose para poder sufrirlos con el rigor que corresponde doce meses de continuado estudio.
El segundo deberá componerse de lo apuntado desde el capítulo quinto al octavo; esto es, de principios de Álgebra inferior y superior, con sus aplicaciones a la Aritmética y Geometría, de Secciones Cónicas, de Mecánica y de las principales nociones de Geografía. Para adquirir el conocimiento de todas estas materias, con disposición de un examen, es preciso concederles dieciocho meses de contracción al estudio.”

Intrigas y trágico final…

Dos años después, Felipe de Sentenach seguía trabajando con entusiasmo en ese desarrollo educativo y un rumor generó confusas reacciones.

El 1º de julio de 1812 el gobierno anunció que Martín de Álzaga había organizado un complot basándose en el vago comentario de una vecina de Barracas, ama del negro Ventura, cortador de juncos quien había relatado lo que a su esclavo le habría dicho el español Francisco Lacar. Le encomendaron a Feliciano Chiclana una rápida investigación e inmediatamente obrar en consecuencia. Cuando concretó el primer asesinato reaccionaron algunos vecinos de Buenos Aires y nombraron para acompañarlo en la investigación al fabricante de jabón Hipólito Vieytes, a Pedro José Agrelo, Miguel Irigoyen y Bernardo de Monteagudo, el perseverante instigador contra los españoles, desde la Sociedad Patriótica.

Con sucesivas presiones lograron las mínimas declaraciones que servirían para justificar sus fallos: destierro del cura Nicolás Calvo de la parroquia de la Concepción tras confesar dónde estaba Álzaga; condena a muerte para Martín de Álzaga y su yerno Matías de la Cámara -fusilados el 5 y 6 de julio de 1812-; detención de fray José de las Ánimas, betlehemita que servía en el Hospital Militar, ahorcado el 13 de ese mes, y luego, asesinatos de 31 personas, entre ellas el destacado director y profesor Ingeniero Felipe de Sentenach.

Juan Larrea: de Mataró al Consulado del Río de la Plata…

Juan Larrea nació en Mataró (Cataluña, España), el 24 de julio de 1782. Cuando llegó al Río de la Plata estaba sitiada la zona por las naves brasileñas y quedó en Montevideo hasta que terminó el bloqueo. Residente en Buenos Aires, era dueño de una flota naviera y de un “importante almacén mayorista en la calle de la Merced, a pocos metros de la Plaza Mayor”. [31]

Trabajó en el Consulado. Pertenecía al denominado Partido Republicano conducido por Martín de Álzaga y otros españoles de la zona que prácticamente controlaban el Cabildo.

Colaboró durante las invasiones inglesas y han reiterado una anécdota acerca del momento en que era necesario redactar la capitulación de los invasores:

“…trajo de su casa un libro sobre arte militar y adoptan el texto del modelo de capitulación agregando ‘todos los honores’…”

Luego, el comandante Guillermo Carr Beresford llegó a la Fortaleza, los milicianos ya habían roto sus fusiles y se retiraban.

En 1807, junto a Mariano Moreno y Julián de Leiva colaboró en las acciones que determinaron el derrocamiento del virrey Rafael de Sobremonte.

Manuel Belgrano impulsaba un proyecto de canalización del río Salado y han reiterado que en 1808, Juan Larrea le contestó “que ‘si bien el proyecto será, a su debido tiempo de grande utilidad para los libres y el comercio, sin embargo todo esto debería realizarse en tiempos de mayor tranquilidad”.

El historiador argentino -santafesino- Atilio Andrés Roverano en su ensayo titulado El río Salado en la Historia, destaca que ese río era conocido en el primer tramo como río Pasaje porque era el camino obligado para llegar a Tucumán y Salta, nace en esta provincia a 5950 metros sobre el nivel del mar y sabido es que cruza el territorio de Santiago del Estero hacia el sureste; sigue por la llanura santafesina hasta llegar al suroeste de la capital santafesina, lugar de su desembocadura. [32]

Juan Larrea estaba vinculado con Manuel Belgrano y juntos participaron en algunas reuniones secretas previas al cabildo convocado para el primer día de enero de 1809 y en el que participaría la “parte principal y más sana de la población”.

Se ha reiterado que en esos días habían organizado un movimiento opositor al virrey Liniers impulsado por Martín de Álzaga y miembros del Cabildo, apoyados por los regimientos de Catalanes, Gallegos y Vizcaínos. El creciente contrabando y las dificultades para el libre comercio fueron las causas que generaron ese levantamiento…

Juan Larrea integraba el grupo de catalanes que apoyaron esa sublevación de Álzaga contra el virrey Santiago de Liniers y otras autoridades: “oidores de la Audiencia, asesor del Virreinato, comandancia de Marina”, como lo destacado el historiador Ricardo Levene.

Han reiterado que en aquellas circunstancias, Mariano y Manuel Moreno con Joaquín Correa, “pasaron por la casa de Felipe Sentenach, de doce y media a una, con motivo de la alarma producida por el toque de campana. Llegaron a la plaza, donde advirtieron la presencia de 150 hombres aproximadamente, y Juan Larrea les informó que había oído que el pueblo exigía el establecimiento de Junta de gobierno a imitación de las de España.” [33]

Ese motín fracasó porque enseguida se movilizaron las fuerzas del Cuerpo de Patricios al mando del Coronel Cornelio Saavedra y apoyado por otros batallones defendieron al virrey.

Al mes siguiente, en febrero de 1809 en la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz “algunos vecinos, excitados por los hechos más recientes, se dieron a la tarea de hacer conocer por medio de papeles, las inquietantes novedades, que subrepticiamente llenaban los oídos ansiosos de los provincianos”, expresó el historiador Atilio Andrés Roverano.

Es oportuno tener en cuenta lo sucedido al año siguiente y que Roverano describió así: “El 1º de octubre de 1810, en el paso de Santo Tomé sobre el río Salado, la quietud del lugar se vio quebrada por un rumoreo y una actividad extraña a esa mansedumbre. Escasas y animosas tropas se aprestaban a vadearlo. Las órdenes precisas de su general eran acatadas de inmediato y cumplidas con toda premura. La voz de don Manuel Belgrano resonaba firme sobre el río… En la noche del 1º terminó Belgrano de cruzar el río. No bien hubo alcanzado la otra orilla, en la persona del teniente de gobernador, coronel Manuel Ruiz, se hizo presente para saludarlo y testimoniarle su decidido apoyo. Algunos santafesinos de prominente situación formaban la comitiva. Allí, junto al río, les agradeció la bienvenida y, en uno de sus tantos nobles gestos, declinó los ofrecimientos de hospedaje, manifestando que se alojaría en el Convento de Santo Domingo, de que era devoto, a fin de no irrogar ningún desembolso a los vecinos. Aproximadamente dos semanas antes, las tropas que componían el ejército que se dirigía al Alto Perú, al mando del teniente coronel Antonio González Balcarce, había cruzado el río Pasaje, rumbo a la ciudad de Salta, en su marcha al norte, en busca de la primer victoria argentina que alcanzaría en Suipacha. En el término de quince días, las dos expediciones que enviara la Junta de Mayo al interior, habían cruzado el Salado, tras la conquista de los pueblos hermanos que estaban bajo el dominio de las fuerzas españolas.”[34]

Allá, en una de las postas salteñas, otro catalán acompañó a Belgrano y estuvo con San Martín, colaborando para vencer a los realistas.

Era cuñado de los Gorriti: don José Manuel Torrens.

Larrea, catalán y vocal de la Primera Junta de gobierno…

Juan Larrea, en la jornada del 25 de mayo de 1810 fue nombrado Vocal de la Primera Junta, siendo el miembro con mayor patrimonio económico y financiero.

El historiador argentino Ricardo Levene reiteró lo expresado en la Carta de los ministros de la Real Audiencia (Las Palmas, 17 de septiembre de 1810; documento del Archivo de Indias de Sevilla):

“…dicen los oidores que la Junta estaba compuesta de ‘vocales que no tenían concepto ni confianza pública, tres de ellos hijos de extranjeros y algunos cuyas ideas eran sospechosas por sus relaciones, travesuras y poco afecto con que han mirado la causa de la nación’. Los sospechosos eran Castelli y Belgrano que habían actuado en primer término con motivo de proyectarse la coronación de la princesa Carlota. La inclusión de los nombres de Alberti, Matéu y Larrea, evidencia el espíritu de conciliación que animaba a los autores de la lista”…   [35]

La Junta se reunía diariamente en la Fortaleza que “será la posada del Sr. Presidente” -de 9 a 12 y de 17 a 20-; para la aprobación de los asuntos era necesaria la firma del presidente y de cuatro vocales y “por decreto del 5 de junio se señalaron los sueldos del Presidente y vocales”. Al presidente le asignaron 8.000 pesos por año y a los vocales y secretarios vocales $ 3.000 anuales.

“Manuel Belgrano, Domingo Matheu y Juan Larrea expresaron que renunciaban formalmente al goce del sueldo que les correspondía sin que por ello entendieran eximirse de la responsabilidad de sus cargos.” [36]

Días después, “el 16 de junio firmaron las ‘Instrucciones reservadas para la expedición a las provincias interiores’… de puño y letra de Mariano Moreno… tachado el párrafo primero, por el que se mandaba guardar especial cuidado en remitir con toda seguridad la persona de Santiago Liniers”.

Destaca Ricardo Levene que “los hechos subsiguientes modificaron en buena parte estas instrucciones, por otras más decisivas” porque el 27 de junio en el seno de la Junta se comentó “la actitud hostil de las autoridades de Córdoba… La actividad de Moreno no tuvo tregua” y el 13 de julio, escribía “a la Junta de comisión del ejército, indicándole que debía enviar presos a Buenos Aires a Liniers, Concha y otros conspiradores”…

El 27 de julio de 1810, la Junta insistía en que debían ser enviados a la Capital todos los cabecillas y al día siguiente decidieron la ejecución. Luego analizaron esa orden y según lo escrito por Tomás Guido que desde el punto del historiador Pablo Groussac es “una simple leyenda”, en el seno de la Junta “Castelli, Matheu y ambos secretarios se pronunciaron por la ratificación, y en contra, Saavedra, Belgrano y Azcuénaga, decidiéndose en el primer sentido por el voto de Larrea.” [37]

El 17 de diciembre de 1810, la Junta encomendó a Larrea y a Manuel de Sarratea la redacción de un proyecto de Reglamento de comercio porque “el tráfico comercial extranjero había aumentado considerablemente. No tardaron en producirse algunos excesos, promovidos por negociantes ingleses contrabandistas” y los comandantes de las naves seguían amenazando con tirar los productos en el río de la Plata si no disminuían los aforos. Al día siguiente, se realizó la reunión plena de miembros de la Junta y nueve diputados que invocaban el “derecho para incorporarse a la Junta”.

Los nueve diputados votaron por su incorporación a la Junta. El único vocal que se pronunció lisa y llanamente por la incorporación fue Juan Larrea. Saavedra, Azcuénaga, Alberti, Matheu consideraron que la incorporación ‘no era según derecho’, como dijo el primero, o ‘contra derecho y origen de muchos males’, como afirmaron los últimos; pero accedieron a la pretensión ‘por conveniencia pública’, dijo el Presidente, ‘en obsequio a la unidad y de la política’ fundó el segundo, ‘por conveniencia política’ expresaron Alberti y Matheu.”

(En tales circunstancias, Moreno al presentar su renuncia “reiteraba su fe en la honda sentencia política que ya había escrito casi dos meses antes en la Gaceta ‘Es justo que los pueblos esperen todo bueno de sus dignos representantes; pero también es conveniente que aprendan por sí mismos lo que es debido a sus intereses y derechos’.”) [38]

Juan Larrea fue un enérgico defensor de las ideas de Moreno y en consecuencia, tuvo tenaces opositores en el seno del primer gobierno. Participó con Miguel de Azcuénaga, Hipólito Vieytes y Nicolás Rodríguez Peña en la asonada del 5 y 6 de abril de 1811 y todos fueron separados de la Junta Grande. Ordenada la persecución, fue alcanzado en Luján junto a otros compañeros y debió emigrar a la provincia de San Juan. Le confiscaron los bienes y pudo regresar recién en octubre de 1812 cuando sus amigos Nicolás Rodríguez Peña (1775-1853) y Antonio Álvarez Jonte (1784-1820) integraron el segundo Triunvirato. Juan Larrea fue nombrado en la Secretaría de Hacienda por sus conocimientos sobre economía y contabilidad.

Dos años después, apaciguados los ánimos, Juan Larrea fue electo Diputado y participó en la Asamblea de 1813. Presidió la sesión del 7 de mayo de 1813 cuando se consideró el “Reglamento para fomentar la minería” y el historiador Bernardo González Arrilli destacó:

“…alguna de cuyas sesiones presidió con simpática ecuanimidad, firmando, entre otras, las leyes que declaran fiesta cívica el 25 de Mayo, la que abolió los títulos de nobleza y la que sancionó la Canción Nacional que escribiera López y musicara Parera”.

El Director Gervasio Antonio de Posadas, en 1814 lo nombró Ministro del Tesoro y entre otros proyectos, fue el autor de la ley de Aduana, liberando la introducción de instrumentos científicos, maquinarias, imprenta y material de guerra. Ese año también se impuso el papel sellado para los escribanos.

Era necesario desalojar a los realistas del río de la Plata y Juan Larrea decidió prestar su dinero para la creación de la Escuadra Naval que comandó el Almirante Guillermo Brown. Decidieron comprar los buques mercantes que estaban anclados en la rada, hacerles troneras e instalar cañones. En menos de dos meses estaba organizada la escuadra integrada por la FragataHércules”, cuatro corbetas, un bergantín y naves menores.

El 8 de marzo de 1814, izaron la insignia y levaron anclas.

Juan Larrea para concretar tal propósito, estableció relaciones con el norteamericano Guillermo Pío White -espía inglés durante las invasiones inglesas-, quien “lo perjudicó en uno de los primeros negociados que registra la historia argentina comprando a precios exorbitantes”.   [39]

(Sabido es que el comerciante estadounidense Guillermo Pío White estuvo relacionado con el coronel James F. Burke -irlandés que luchó contra Inglaterra, quien desde 1803 estuvo destinado a Buenos Aires, pasó a Chile para elaborar planos de las costas y puertos, siguió hasta Perú donde se dedicó a la botánica recogiendo especies autóctonas en las cercanías de Lima. Fue apresado en 1805 acusado de espionaje y el virrey Sobremonte le permitió que abandonara el país. Dos años después volvió a Buenos Aires con Whitelocke como coronel efectivo y fue el encargado de señalar el lugar del desembarco más adecuado para entrar en la ciudad. “Se batirá con valentía, porque era tan buen guerrero como espía”. En 1809 intentó entrar por tercera vez a Buenos Aires pero el virrey Santiago de Liniers lo había conocido como “un francés en Madrid” y ordenó que reembarcara porque sabían que desempeñaba misiones de espionaje en Europa y América y también que había usado distintos disfraces mientras estuvo en París. El estadounidense Guillermo P. White con el irlandés Edmundo O’Gorman -sobrino del protomédico- y el portugués Juan Silva Cordeiro -entre otros-, habían creado una logia masónica en la Posada de los Tres Reyes, calle de Santo Cristo -actual 25 de mayo- espacio reconocido por algunos historiadores como “un reducto de contrabandistas”…)

El 13 de marzo de 1814 se desarrolló la batalla de Martín García y el irlandés Brown comandaba el buque insignia Hércules. Durante las primeras acciones contra los realistas, al retirar un cañón se fracturó una pierna y desde entonces quedó rengo.

En un informe, Brown expresó:

“…tienen buques de guerra que nos hicieron un fuego incesante por largo tiempo… Apenas pudimos usar contra aquellos las tres piezas de proa y la batería de la costa, que solo constaba de dos cañones que obligaban a cambiar tres veces de posición durante el último día de fuego. Sus buques estoy seguro han sufrido mucho, pues los han desguarnecido en parte y aproximado a la costa”…   [40]

El 17 de mayo de 1814, tras el triunfo de la escuadra al mando de Brown, se concretó la rendición de Montevideo.

Cuando terminó de sesionar la Asamblea y habiendo caído el Directorio, Juan Larrea soportó sucesivas intrigas y se acentuó la enemistad con Carlos de Alvear y miembros de la Logia Lautaro. Le iniciaron otro proceso y volvió a la prisión hasta que lo desterraron.

Carlos de Alvear en enero de 1815 era Director Supremo y en abril, Álvarez Thomas convocó al Congreso de Tucumán que empezó a sesionar en marzo de 1816, declaró la independencia el 9 de julio de ese año y fue disuelto en febrero de 1820.

Juan Larrea también era socio en una empresa comercial con casa central en Francia. En 1815, disponiendo aún de recursos aunque había invertido bastante en actividades políticas, pudo continuar sus negocios en Burdeos -Francia- y logró inaugurar el servicio de “navegación postal entre el Río de la Plata y Europa”.

Tras la ley de olvido de 1822, Larrea regresó a Buenos Aires y trabajó en la industria y comercialización del tasajo.

En Europa conoció al talentoso Carlos Enrique Pellegrini, nacido en Charribery, 1800 e ingeniero desde 1825. Rivadavia insistía en que era necesario disponer de personas especializadas para ejecutar algunos proyectos y Larrea logró que Pellegrini llegara a Buenos Aires en 1828 desempeñándose en el Departamento de Ingeniería Hidráulica hasta que los suprimió el general Juan José Viamont (o Viamonte).

Carlos Enrique Pellegrini se dedicó a dibujar y pintar, hasta 1837 especialmente retratos; dirigió la construcción del primer “Teatro Colón” de Buenos Aires. Su hijo, Carlos Pellegrini (1846-1916) fue presidente de la Nación en el período 1890-1892 y su hijo Ernesto, abogado, legislador…)

Juan Larrea representó a la Argentina como Cónsul en Burdeos, Francia. Durante el gobierno del estanciero D. Juan Manuel de Rosas, su actitud intransigente le generó más conflictos y la continua disminución de su patrimonio. En 1839, durante el bloqueo francés soportó acciones de sabotaje que finalmente determinaron su quiebra.

Perseverante y responsable, siguió intentando trabajar en Buenos Aires para poder cumplir con sus compromisos.

Agobiado por el vencimiento de un pagaré que no podría cumplir, el 29 de junio de 1847 decidió degollarse con una navaja de afeitar. [41]

Gervasio Antonio de Posadas, en sus Memorias escribió: [42]

“Entró en la revolución rico y considerado, y no obstante su consagración al servicio público, con toda honradez, fue perseguido, engrillado, arruinado y expatriado.”

“La envidia lo calumnió, la Historia le hará justicia.”

Domingo Bartolomé Matheu, comerciante catalán…

En Mataró, a once leguas de Barcelona, el 4 de agosto de 1766 nació Domingo Bartolomé Matheu. Socio de su hermano en una empresa comercial, se separó en 1793, decidió viajar a Buenos Aires instalándose en su negocio mayorista -en la actual calle Perón entre San Martín y Reconquista- y así logró acumular “una fortuna”.

Domingo Matheu era un excelente tirador; estudió hasta ser piloto de mar; se dedicó a las Matemáticas y Náutica. A los cuarenta años de edad, en 1806-1807 participó en la defensa de la ciudad durante las invasiones inglesas: aportó dinero y siendo Teniente 1º de la Primera Compañía de Miñones participó en los combates del Riachuelo y Miserere.

El 4 de septiembre de 1809 en el Consulado de Buenos Aires releyeron la Memoria de Belgrano referida al comercio y que había sido considerada el 16 de ese mes. Reunidos el Prior y los cónsules, entre ellos Don Domingo Matheu, también los conciliarios, síndico, contador, tesorero y secretario, analizaron la petición de comercio con los ingleses.

Consta en el acta pertinente que el Prior manifestó que “se debe abrir la Puerta al Comercio para socorrer las necesidades del estado, aquí y en la Madre España, y se pasó a conferenciar en la materia”…

“El Sr Mateu se conformó con lo expuesto en la Memoria del Sr Prior.”

El síndico manifestó que en defensa de la libertad, estaban “repeliendo a viva fuerza la vil esclavitud y opresión a que nos quiere sujetar la Francia, soy de sentir qe por una consecuencia forzosa se ha de surtir la nación entera, para su consumo de ropas de la nación británica; se informe al Exmo. Sr Virrey en la forma siguiente por ser el único medio para subvenir a las presentes urgencias.

1º Que los Ingleses qe han solicitado permiso y los demás buques de la propia Nación surtos en el Amarradero, presenten los manifiestos fieles de sus cargamentos de lícito comercio qe contienen.

2º Que nombren Apoderados Españoles, individuos matriculados por este Real Consulado, para qe con relación a éstos negocios se entiendan con el Sr Gobierno e igualmente qe con el recibo de ropas, ventas, cobranzas y embarque del producido, mediante a qué los extranjeros no deben tratar ni contratar en estos Dominios.” /…/

“14. Debiendo ser de preferente condición los españoles: que se conceda á estos poder ir en derechura a los Puertos de Inglaterra y sujetándose a las condiciones establecidas exceptuandose aquellas qe impiden al Apoderado su venta y tráfico cuyo dro. goza sólo el propietario español.

Es conveniente el qe se exponga a S. Exa quan útil será que se procure evitar la existencia de los extranjeros en ésta Capital, que no tengan carga de naturaleza y se alexen los motivos de que puedan entrar a fixar domicilio, cuyos males hemos experimentado muy a nra. costa de algunos que existen.

El Sr. Síndico protextó solemnemte contra el acuerdo en general” y también consta otra protesta del “Sr Contador”…   [43]

El 22 de mayo de 1810, el catalán Domingo Matheu votó contra el virrey Cisneros. Fue nombrado Director de la Fábrica de Fusiles y de Vestuarios. Participó en la expedición del ejército que en 1810 partió hacia el Alto Perú para informar sobre la constitución de la primera Junta de gobierno.

El 28 de julio de 1810 se ordenó la ejecución de los rebeldes de Córdoba y en la votación fue uno de quienes pidieron la ratificación junto a Juan José Castelli y los secretarios Mariano Moreno y Martín Rodríguez Peña, en contra Cornelio Saavedra, Manuel Belgrano y Miguel de Azcuénaga. El voto del catalán Juan Larrea decidió que se concretara la ejecución y encomendaron esa misión al vocal Castelli y al secretario Rodríguez Peña. Excepto el Obispo Orellana, los rebeldes fueron ejecutados en Córdoba, durante la tarde del 26 de agosto. [44]

Casi cinco meses después, a mediados de diciembre de 1810, la Junta había encomendado a Juan Larrea y a Manuel de Sarratea la redacción de un proyecto de Reglamento de comercio para controlar los excesos promovidos por contrabandistas y negociantes ingleses.

El 17 de diciembre de 1810, el gobernador de Salta Feliciano Antonio Chiclana tras cuatro meses de desempeño en esas funciones, escribió diecinueve instrucciones con el propósito de orientar a su sucesor y en una de ellas, alude al catalán Domingo Matheu:

“7º… El Puente del Río del Pasaje se debe formar a la mor. brevedad. Su construcción deve ser de sogas como el de Auprimac. De esta obra queda encargado D. Antonio Cornejo; y al Sr Vocal D. Domingo Mateu, tengo pedidas sogas; qe se le satisfarán según su cuenta. Esta obra se deberá proteger, así pr ser de grande importancia pa el Público, pa el comercio, y pa nro. Exto., como pr qe con su producto se ha de aumentar de Ramo de Propios de esta ciudad.”

El 18 de diciembre de 1810 debía realizarse una reunión plenaria de los miembros de la Junta y se presentaron los nueve diputados que habían llegado tras la votación en sus provincias de acuerdo con la circular del 27 de mayo anunciando la constitución de un Congreso Constituyente. En esas circunstancias, el Deán Gregorio Funes -que prácticamente era un asesor de la Junta-, habló en nombre de ellos destacando el propósito de participar en la labor legislativa.

Hay que tener en cuenta que hasta ese momento, todos los poderes de los diputados aludían a sus funciones de congresales. No estuvieron en esa reunión plenaria Marcelino Poblet de San Luis y José Ignacio Maradona de San Juan aunque ellos sí tenían constancia del derecho a incorporarse a la Junta en las actas firmadas en sus provincias.

Cuando los diputados insistieron con vehemencia en el “derecho para incorporarse a la Junta”, Juan Larrea fue el único que los apoyó “lisa y llanamente” mientras Manuel Alberti y Domingo Matheu manifestaron que los aceptaban “por conveniencia política”… [45]

Tal conveniencia política está revelada en hechos posteriores y así prácticamente quedó postergado el Congreso constituyente que había sido la causa invocada para la elección de los diputados.

Carta de Saavedra a Feliciano Chiclana, en Potosí…

Desde Buenos Aires, el 15 de enero de 1811, el Coronel Cornelio Saavedra envió una carta al ex-gobernador de Salta Feliciano Chiclana, expresándole: “…Te supongo a esta fecha lleno de atenciones más molestas y considerables que en Salta. Como ha se ser? Preciso era que una mano diestra como la tuya se encargase de las riendas del gobierno de un pueblo tan interesante como Potosí”…

Luego destaca que sobre la tendencia morenista se había impuesto otro modelo y que “sólo gobiernan las mismas máximas en que has hecho consistir el nervio de tus instrucciones comunicadas a tu Sucesor en Salta, que han tenido el aplauso y aprobación de esta junta, y se han mandado no perder de vista por aquel Jefe. Los Pueblos deben ya comprender que la Ley y la Justicia son únicamente las reglas que dominan; que las pasiones los odios y particulares intereses eran monedas reservadas a los tiempos de la corrupción e intrigas, y por consiguiente diametralmente opuestos a los del ejercicio de las virtudes”. Luego Cornelio Saavedra le comentaba a su estimado Feliciano, algunas disidencias con el doctor Mariano Moreno:

“…El Dr. Don Mariano Moreno desplegó su emulación y envidia contra mí, y quiso vengarse bajamente de la burla que le hice el 1º de Enero de 1809. Este hombre de baja esfera, revolucionario por temperamento soberbio y helado hasta el extremo se figuró que la benevolencia que el Pueblo me manifestaba, era solo debida a él, y entró en celos y recelos; para esto su lengua maldiciente y alma intrigante empezó a buscar los medios de indisponer los ánimos de algunos de la Junta, y poco a poco fue ganando terreno. Él era el que vociferaba todo lo que decía en la Junta y me lo atribuía, él no me nombraba sino por la 2ª parte de Liniers… él finalmente valiendo del brindis del borrachón del Cuartel la noche que nos convidaron en celebridad de nuestras armas, y de un obsequio que le hicieron a Saturnina de una corona de dulce que guarnecía una de las fuentes, y ella me la pasó a mí y yo se la devolví, armó el alboroto de mi pretendida coronación y proclamación en el Cuartel, y en la noche del 5 de diciembre trató se me prendiese, y aún se me asesinase, y si no hizo fue porque no halló apoyo en ninguno”… [46]

Es oportuno tener en cuenta que Moreno no había participado en las reuniones secretas previas al movimiento de mayo de 1810 y fue nombrado secretario de la Junta con el apoyo de vecinos “de distinción y nombre”, entre ellos comerciantes ingleses instalados en esa ciudad puerto en décadas anteriores.

Tal como se ha reiterado, Cornelio Saavedra siendo el jefe del Cuerpo de Patricios venía demostrando el poder acumulado…

Saavedra siguió refiriéndose a lo sucedido el 1º de enero de 1809 y relató otros asuntos referidos a Mariano Moreno:

“En efecto, conseguí lo que me propuse: El Pueblo todo (el sensato digo) elogió mi modo de obrar, y ha mirado con execración a este Demonio del Infierno: De aquí resultó la incorporación de los Diputados de las Ciudades interiores, y por conocer se le acababa el preponderante influjo que tenía en la Junta, hizo dimisión de su cargo; Yo fui el 1º en no admitirlo, y entonces me llamó aparte y me pidió por favor se le mandase de Diputado a Londres; se lo ofrecí bajo mi palabra; lo conseguí de todos; se le han designado 8000 pesos al año mientras esté allí, se le han dado 20000 pesos para que lleve para gastos; se le ha concedido el llevar a su hermano y a Guido tan buenos como él, con dos años adelantados de sueldo y 500 pesos de sobre sueldo, en fin cuanto me ha pedido tanto le he servido, y el pago ha sido hacer un partido en mi contra, concitar a French, Beruti, y estos actualmente a algunos Alcaldes de barrio para qué se yo que ideas, todas terminadas a que se me separe de la Comandancia de Armas. Donado es uno de los Nuncios de esta empresa. Yo me río de todos ellos porque sé que sería Otra tan bien gobernada como la de 1º de Enero de 1809. Pero lo que sería sensible no es más que el escándalo y lo que suena a lo lejos cualquier cosa.”

En el párrafo siguiente, Cornelio Saavedra escribió: “Hoy ha salido el secretario interino Dr. Pérez (sin duda aconsejado de él, con la propuesta de que a Azcuénaga se le dé la inspección de las Tropas, y esto fue en un momento que yo me separé de la Sala; El Dr. Funes se opuso y quedó reservado para la noche. Mateu es uno de los secuaces de este bárbaro por lo cruel y sanguinario. Alberdi ídem, y Azcuénaga se deja ir.

Todo esto pasa por mí y de un momento u otro estoy expuesto a echarlos a pasear y mandarme mudar a mi casa, o a mi Cuartel. Esperan a Vieytes como al Ángel Tutelar para la secretaría yo lo deseo porque parece que este hombre me conoce y se persuadirá hay ambición de mí, y que sólo el espíritu del bien de la Patria es el que me gobierna.

Dios quiera que se haga el congreso cuanto antes y me dejen ir libre a mi descanso, o a pedir limosna. Mi comadre está siempre incomodada de sus dolamas; hoy se ha ido Saturnina a comer con ella; Te recomiendo a mis hijos, a mi Primo Arévalo a quien le dirás no le escribo por falta de tiempo, que le doy gracias por lo que favorece a mis hijos. Si ves a Castelli dile lo que pasa, y que procure venirse cuanto las circunstancias lo permiten.

Si tienes lugar comprame hechos o manda hacer cuatro docenas de cubiertos en Plata, y avísame su importe que lo satisfaré luego. Dios te guarde y de toda la felicidad que yo deseo. Recibe memorias de todo & (sic)   Tu affmo. Cornelio de Saavedra”   [47]

(Es oportuno tener en cuenta que Cornelio Saavedra estaba casado con Saturnina de Tárola y que uno de sus hijos, Cornelio Judas Tadeo había nacido en la hacienda de Fombera, hoy territorio boliviano.

Juan Larrea era padrino de otro hijo de Saavedra, de Mariano Eusebio, nacido en el Fuerte de Buenos Aires el 15 de agosto de 1810 y bautizado por el cura rector de San Nicolás Dr. Manuel Alberti.

Cornelio Saavedra escribió que “Azcuénaga se deja ir”… pero los hechos demostraron que estaba alerta ante sucesivos movimientos, ya que en 1819 fue gobernador de Buenos Aires y constituyente.)

Domingo Bartolomé Matheu, en 1817 decidió abandonar su actividad política.

Las continuas migraciones acentuadas desde fines del siglo XV han generado sucesivos intercambios culturales.

Sabido es que un hermano de Domingo Matheu vivió en Guatemala, otro en Manila (Filipinas) mientras uno quedó en Barcelona…

Así se entiende cómo se fueron estableciendo diferentes vínculos y en distintas latitudes, así se ha comprendido que la Tierra es aldea de la humanidad, es “la aldea global”

Domingo Matheu falleció el 28 de marzo de 1831.

(Han destacado que su sobrino político Nicomedes Reynal nacido en 1830, médico desde 1851, trabajó en el Hospital de Hombres y participó en expediciones militares, también en la defensa de las fronteras contra los ataques de los indígenas.

Ventura Barros Matheu -nieta de Domingo Bartolomé- se casó en primeras nupcias con Pedro C. Molina y luego con Ernesto Gallardo, propietario de la estancia La Ventura -así nombrada en homenaje a ella-. Ernesto Gallardo fue el fundador de Almafuerte, en la provincia de Córdoba.)

Apoyo de inmigrantes europeos al nuevo gobierno…

Tras la constitución de la primera junta de Gobierno encabezada por el Coronel Cornelio Saavedra -jefe del Cuerpo de Patricios- comunicaron esa decisión a todas las provincias y pidieron que designaran un representante para ser incorporado como miembro de la Junta.

Colaboración del hacendado Vicente Toledo

Después del movimiento de mayo de 1810 comenzaron a movilizar a milicianos para lograr mayor apoyo. Así fue como el gobernador de Salta, el 13 de setiembre de 1810 informaba a las autoridades de Buenos Aires:

“Todos a porfía se empeñan en auxiliar al ejército, especialmente el mayor hacendado D. Vicente Toledo, que ha franqueado sus muchas haciendas, que están al tránsito del ejército por lo que respecta a carne, caballos, etc.”

En las instrucciones que el 17 de diciembre de 1810 envía Feliciano Antonio Chiclana desde Salta, destacó: [48]

“1º… El fomento y auxilio de nro. Exto. es de suma importancia: pr tanto cuidará de protegerlo, y auxiliarlo pr todos los medios posibles, sin omitir fatiga, ni incomodidad qe conduzca a este intento.” /…/

10º… Deverá tener toda consideración a los vecinos qe han servido en el transporte de nro. Exto. procurando alentar su patriotismo pa igual les o mayores empresas. (sic)

11º… Especialmte tendrá consideración a los qe se han distingdo en dihos servicios, como son D. Antonino Cornejo, y su hermano D. Juan José. Todos los Caballeros Saravias, inclusive el Coronel; y especialmte D. Saturnino Daravia, qe a su costa y a su gente ha hecho servos muy distinguidos. D. Gerónimo López ha servido, y sirve con toda eficacia en la Comisión de acopios y remisión de mulas que le está encargada. Los Caballeros Figueroas, son también grandes Patriotas, y han servido bien, particularmte el capn D. Apolinario; igualmente D. Vicente Toledo, D. Domingo Puche, y D. Lorenzo Mollinedo qe no solo han puesto sus caballos a centenares pa el transporte de las Tropas, sino también la carne qe han necesitado y todo ello graciosamente”…

12º… Hay también algunos en esta ciudad, qe si no obran mal, es por qe no pueden, y están contenidos pr qe la pluralidad de los vecinos, y los buenos sucesos de nras. armas, no les permiten obrar conforme a sus intenciones. Estos generalmente son los Europeos, y su corifeo D. Juan Nadal acerca del qual verá V. la orn, qe acompaño a esta instrucción, sin haverle dado cumplimto pr consideración a su numerosa familia, y pr qe creí qe en las presentes circunstancias de necesitar valernos de todos, devía usar de medios suaves; y me parece qe en algún modo he conseguido el efecto que deseaba; pero sin embargo con este y los demás sus amigos se deve tener gran cuidado sin dejar de tratarles con política y urbanidad.

13º… Aunque la prudencia dicta que los que mandan no se lleven de chismes, y cuentos, en esta ciudad y Prova es necesario tener esta máxima mucho mas presente qe en otras y por lo tanto, pa venir en conocimiento”…

En la citada carta de Feliciano Antonio Chiclana, hay datos insoslayables:

Promoverá las obras públicas y que en esta ciudad de Salta, se debe principiar el empedrado… El Puente del Río del Pasaje se debe formar a la mayor brevedad. Su construcción debe ser de sogas como el de Apurimac. De esta obra queda encargado D. Antonio Cornejo; y al Señor Vocal D. Domingo Mateu, tengo pedidas sogas, que se le satisfarán según su cuenta. Esta obra se deberá proteger, así por ser de grande importancia para el Público, para el comercio, y para nuestro Ejército, como porque con su producto se ha de aumentar de Ramo de Propios de esta ciudad.

…Conviene sobre todo, que se apaguen del todo los bandos y partidos que ha habido, y por ahora están sofocados entre estos vecinos. Mientras el Gobierno no se incline a uno, u otro de los Partidos, estoy cierto que no han de tomar cuerpo. La imparcialidad, y no hacer distinción, ni aceptación de personaza de mantener al Pueblo en quietud y sosiego, pues los celos y etiquetas que nacen de un favor especial del jefe, es lo que disgusta a los menos protegidos y causa entre estos, y los otros, la división y las funestas consecuencias de esto.”

En los dos párrafos finales de su carta, Feliciano Chiclana expresa:

18º… Para que los indios vengan y se dediquen al trabajo sin violencia se les deberá ofrecer y dar Mulas, Bueyes, ganado, Tierras de sembradío… y se les formará Población en lugar aparente lo más cercano a la serranía que se proporcione, para que con facilidad se apliquen al trabajo.

19º… Con este mismo fin se deberán trasplantar los Indios de las Reducciones de Miraflores, Ortega, y Balbuena, vendiendo las Haciendas de campo que poseen, y formando las poblaciones en lugares aparentes para que se dediquen al laboreo de las Minas, y para que no se profuguen, e internen al Chaco como lo hacen frecuentemente.

A fines de 1810, estaba en marcha la campaña hacia el Perú y el hacendado Toledo y Pimentel aportó 1.300 caballos, “sin premio ni gratificación alguna”; también en diciembre de aquel año está incluido en “una lista de donativos… con cien pesos plata y cien caballos apostados en su estancia de Yatasto con la respectiva carne para el auxilio de las tropas que pasan en las postas de su territorio”. [49]

(Ese lugar apto para el ganado por “la excelencia de sus campos de invernada”, en la primera época de la Colonia era reconocido como paraje Ayatasto y era un punto de referencia para la exportación del ganado en pie hacia Potosí o hacia el sur, con envíos hasta Buenos Aires. A fines del siglo XVI era nombrado Llatasto y luego Yatasto.)

   Se han reiterado más datos referidos a los aportes de aquel hacendado:

“Los capataces y criados de D. Vicente Toledo, han servido desde su hacienda de Yatasto, con cincuenta y un caballos hasta la posta de Algarrobos, y de ésta a la de la Ciénaga con treinta, y para que se tenga presente este servicio recomendable, sin contar lo que su celo y patriotismo ha proporcionado a la expedición de mi mando, doy el presente en la posta de la Ciénaga a 17 de noviembre de 1810. Ortiz de Ocampo”.

Sabido es que el 6 de febrero de 1811, Vicente Toledo y Pimentel “se dirigió a la junta subalterna provincial haciendo notar que a él se le extendía el título de capitán de las milicias urbanas, al tiempo que a sus tres sobrinos Figueroa y a otros vecinos el de teniente coronel de ejército. Pedía que si se le quería distinguir se hiciera en sus tres hijos legítimos: D. José Tomás, de 10 años, D. José Florencio de 8 y D. Pedro José de 6.

La Junta de Buenos Aires intervino en el asunto y el 2 de marzo de 1811 decretaba: ‘Considere a los tres hijos del suplicante la gracia de cadetes, a efectos de que dirijidos a esta capital, y cursando las matemáticas, continúen la carrera de las armas llegando a la competente edad’.” [50]

(Es oportuno tener en cuenta que la Junta ordenó el 7 de agosto de 1810 un censo de “vecinos, habitantes y extranjeros”. De acuerdo al cálculo realizado por el historiador Emilio Ravignani “sobre la base de padrones existentes en el Archivo General de la Nación, donde faltan los de los cuarteles 3, 7 y 9, cuya población ha tomado del censo de 1806, y el del 16, cuya cifra ha estimado fundándose en el promedio de densidad de los cuarteles circunvecinos”, que en ese tiempo, “arroja un total de 41.642 según los mejores cálculos”.)   [51]

1810: elección de diputados para Congreso Constituyente.

Las provincias respondieron a la orden de la primera Junta designando al diputado que las representaría y fueron llegando a Buenos Aires tras soportar sucesivas dificultades.

04-09-1810: acta de elección de Gorriti en Jujuy…

Es oportuno reiterar el comienzo del acta pertinente a la elección del diputado por Jujuy, canónigo Dr. Juan Ignacio Gorriti:

“En esta muy leal y constante Ciudad de San Salvador de Jujuy, a quatro de septiembre de mil ochocientos diez”…

En el último párrafo:

“…impuesto dicho Señor Diputado de haver recaido en el la elección rindió las gracias al Ilustre Ayuntamiento y nobles vecinos que lo han elegido, dándole todo honor, protestando y prometiendo que aunque para desempeñar el cargo se considera insuficiente, y su mucha gravedad sobrepuja sus conosimientos talentos y demás calidades necesarias, sin embargo como se precia, de constante y buen Patriota empleará toda su contracción, luses, y actividad sacrificándose enteramente por el amor del Rey y de la Patria.” /…/

Franco Anto Llanos

Escno Púbco Cabdo     [52]

09-11-1810: carta del canónigo Juan Ignacio Gorriti

El electo diputado Canónigo Juan Ignacio Gorriti, envió el 9 de septiembre de 1810 un oficio al presidente de la primera Junta Coronel Cornelio Saavedra, aludiendo “al estado de opinión en Jujuy”: [53]

“Exmo. Sor:

Después de la suspensión en qe ha estado esta ciudad, fluctuando en dudas y temores, pore la impostura y el engaño nada omitían conducente a degradar la verdad, llegó al fin a conocerla; por uniforme aclamación de el pueblo y vecindario se ha reunido estrechamente a las ideas de V. E. ha prestado su obediencia, y procedió a elegir su diputado todo en un mismo acto; como lo acreditan las diligencias obradas con qe dará cuenta este Iltre. Ayuntamiento por el conducto del Sor Inte.

La elección recaio en mi y sin duda ha sido efecto de la decidida adeción al sistema, que manifesté desde el instante en qe me hice capaz de los graves y ejecutivos motivos qe dieron causa a la gloriosa instalación de V. E.

Con la mayor franqueza, sostuve siempre la legitimidad de aql acto, a mi honor, y seguridad se vieron comprometidos mas de una vez, pero arrostre con firmeza los peligros convencido de qto importaba a la causa pública, forman la opinión del pueblo.

Me apresto á caminar, y lo verificaré a la mayor brevedad si V. E. honrándome con su confianza no tiene a bien ordenarme otra cosa. Dios gue. la importante Vida de V. E. Jujuy 9 de Septiembre de 1810.

Exmo. Sor:

L. M. de V. E. su mas atento Servidor y Capn

                                                                                                           Juan Igno Gorriti

Vº Bº   Biedma.

(Los Poderes de los Diputados de las provincias para el Congreso General fueron incluidos en una foja con constancia de las siguientes jurisdicciones: Tucumán, Santiago del Estero, Santa Fe, Corrientes, Córdoba, Salta, Mendoza, Jujuy, Catamarca, Tarija, Rioja, San Juan y San Luis.)   [54]

22-09-1810: Diputado Gorriti, “su Poder amplio”

En acta del 22 de septiembre de 1810, el “Ilustre Cavildo, Justicia y Regimiento” y vecinos, con asistencia del Síndico Procurador don Alejandro Torres reiteraron el resultado de la elección del doctor Juan Ignacio Gorriti: [55]

“…y debiendo facultarlo expresamente para todos los casos que puedan ocurrir en obserbancia de lo dispuesto por dichas Superiores órdenes; de unánime conformidad otorgan por la presente, que dán y confieren todo su Poder amplio, general, y cumplido al contenido Señor Doctor para que en nombre de esta dicha Ciudad pueda tratar, arbitrar, representar, dictar y promover quanto sea conducente, y favorable al bien universal de el Reyno y al particular de ella sobre lo qual le comunican por escrito las instrucciones convenientes, firmadas de los otorgantes sin perjuicio de las que en adelante se le comunicaren: con cuyo concepto, y sin que por falta de cláusula, requisito, circunstancia, o caso aquí no expresado, ni en dichas instrucciones, omita diligencia o acto alguno pues quantas en las materias indicadas se requieren las dán por incertas é incorporadas de verbo ad verbum, sin limitación alguna con el más bastante Poder libre, franca y general administración y facultad de sobstituirlo en quanto pueda: y en su conseguencia se obligan á obserbar todo quanto en su virtud hiciere, y practicare, pues desde ahora lo aprueban, confirman y ratifican; y hallándose presente a este otorgamiento el predicho Señor Doctor Don Juan Ignacio Gorriti, dijo: que lo aceptaba en todas sus partes, y poniendo sus manos en forma de cruz sobre el pecho, juró inverbo sacerdotis, de cumplir fiel y legalmente, con el cargo de Diputado que se le ha constituido; empeñar todos sus conocimientos, eficacia y zelo en obsequio, y utilidad del Estado y de la Patria”…

Últimos días de Mariano Moreno…

Tras la conferencia del 18 de diciembre de 1810, siguió Moreno en su cargo de Secretario de la Junta y firmó la circular a las provincias, hechos que demuestran su capacidad “de elevarse por encima de sus propios dolores y acaso de sus ideas, en tributo a una ilusión superior. Y prefirió la unidad de todos los esfuerzos, la causa de la unión y la independencia del Estado, a la división política interna; la caída sin resonancia, a la lucha de partidos que debilitaría el ser naciente, el silencio al escándalo.

Y pidió irse a Londres, con el pretexto de realizar una misión, con fines complementarios a las desempeñadas antes que él. Se fue sin balbucear una protesta, con un rictus en los labios, que más semejaba una mueca; con el corazón empequeñecido y descubierto en su prístina ingenuidad. Pero luminoso el rostro, con la esperanza de que algún día el pueblo enmendaría sus errores, arrepintiéndose, como lo dejó dicho en su renuncia, ‘de haber correspondido mal a unos hombres que han defendido con intenciones puras sus derechos’.”

El coronel Cornelio Saavedra respondió a tal pedido y al mismo tiempo, logró despejar aún más su camino cuando Mariano Moreno “se fue de la ciudad natal, a cuyo pueblo él llamara ‘siempre grande, siempre generoso, siempre justo en sus resoluciones’…”[56]

No había sido por casualidad lo expresado por el coronel Saavedra en su carta del 15 de enero de 1811 enviada desde Buenos Aires a su amigo, el ex-gobernador de Salta Feliciano Chiclana. Es pertinente reiterar este párrafo:

“…El Dr. Don Mariano Moreno desplegó su emulación y envidia contra mí, y quiso vengarse bajamente de la burla que le hice el 1º de Enero de 1809. Este hombre de baja esfera, revolucionario por temperamento soberbio y helado hasta el extremo se figuró que la benevolencia que el Pueblo me manifestaba, era solo debida a él, y entró en celos y recelos; para esto su lengua maldiciente y alma intrigante empezó a buscar los medios de indisponer los ánimos de algunos de la Junta, y poco a poco fue ganando terreno”… [57]

El 24 de enero de 1811, el doctor Mariano Moreno y sus acompañantes se embarcaron en el puerto de Buenos Aires. El secretario de gobierno llevaba las credenciales e instrucciones necesarias para la misión diplomática en Brasil e Inglaterra y como destacó el historiador Ricardo Levene, “en el salvo conducto especial, dirigido al Almirante de las fuerzas británicas en Río de Janeiro, se advierte que Moreno no bajaría en la capital del Brasil si no se obtenía ‘garantía segura de la indemnidad de su persona’ y ‘habiendo emprendido el viaje bajo la salvaguardia del pabellón inglés espera esta Junta qe V. E. continuará la misma garantía proporcionándole pasaje a Londres en un Buque inglés y salvando la seguridad de la persona con los respetos de la Gran Bretaña.

Mariano Moreno murió el 4 de marzo de 1811, en altamar.

Algunos enemigos le habían enviado a su esposa María Guadalupe Cuenca de Moreno varios mensajes anónimos, entre ellos el “paquete sellado con el velo negro, el abanico de luto y el billete que anunciaba su pronta viudez y la razón del regalo de tales artículos.

‘No sé qué cosa funesta se me anuncia en mi viaje’, habría dicho Moreno varias veces antes de partir. Viaje alucinado, solamente con la compañía de su hermano y de Tomás Guido, dos adolescentes en realidad”…

Su amigo Manuel de Sarratea estaba cumpliendo una misión en Río de Janeiro y sin estar informado sobre tal desenlace, el 1º de mayo de 1811 le envió una extensa carta informándole sobre diversos trámites, algunas reflexiones sobre los sucesos en España y sus conclusiones sobre los acontecimientos en América y particularmente en Buenos Aires.

Mayo de 1811: incertidumbre en Paraguay y en Buenos Aires.

El gobernador del Paraguay Bernardo de Velazco -español que había intentado equilibrar los intereses de los terratenientes y comerciantes- prefería no adoptar decisiones que perturbaran esa aparente tranquilidad mientras se promovía el proyecto de Confederación. A pesar de sus esfuerzos declinaba su poder y su caída, “era cuestión de tiempo; la expedición de Belgrano entre enero y marzo de 1811 no había hecho más que retardarla… Sólo estuvo con Belgrano una minoría de porteñistas”, destacó el historiador José María Rosa.

El 14 de mayo se puso en marcha el movimiento que logró imponer dos diputados: Juan Valeriano Velazco, español que adhería a la revolución y el joven doctor José Gaspar Rodríguez de Francia, quienes “apoyados por el comandante Fulgencio Yegros, que había tomado la jefatura militar, depusieron a Velazco de su cargo nominal de presidente”.   [58]

Manuel Belgrano tras la expedición al Paraguay se trasladó a la Banda Oriental y debió soportar un juicio. Decidió entregar “toda su correspondencia” y en una carta expresó: “Fío mi defensa a estos papeles, pues tengo conciencia de haber procedido según mis obligaciones”.

Una semana después, “los alcaldes de barrio, dejaron constancia de haberse ‘conducido con un valor, celo y constancia dignos del reconocimiento de la patria’.”   [59]

El cambio de autoridades en el Paraguay influyó también en la Junta Grande y decidieron que Belgrano sería la persona capacitada para “firmar la alianza y confederación ‘de igual a igual’.”

“El 1 de agosto fue nombrado Belgrano, asociándole al Dr. Vicente Anastasio Echevarría. Según Mitre esta ‘misión conjunta era bien calculada: Belgrano representaba el candor, la buena fe, la altura de carácter; Echevarría la habilidad, el conocimiento de los hombres y las cosas’.”

Mitre también destacó que cuando llegaron a Asunción a fines de septiembre, “toda la perseverancia, la habilidad y las ventajas estuvieron de parte del astuto diplomático paraguayo”…

En ese tiempo, en Buenos Aires se formó el Tribunal de Seguridad Pública con la misión de “velar contra los adversarios del sistema político”. Los “alcaldes de arrabales” fueron autorizados para “hacer dos rondas en la noche” y debían llevar un registro con datos de los habitantes en cada manzana procurando que “no se formasen corrillos sospechosos”. Luego, “Gorriti escribió que uno de los hechos que alentaron la reacción de septiembre contra la Junta Grande fue el proceder del Tribunal, ‘monumento de oprobio’.”

Eran continuas las intrigas en torno al apoyo a Cornelio Saavedra y las adhesiones a “los carlotistas” que seguían expandiéndose desde Brasil.

Invierno de 1811: latencia de nuevos brotes…

Durante el sitio de Montevideo, Elío no quiso negociar con los diputados del interior pertenecientes a la Junta Grande de Buenos Aires: deán Gregorio Funes, Juan José Paso, García de Cosio y Juan José Pérez. En aquellas circunstancias, los vecinos de aquel lugar sólo esperaban el reconocimiento de Elío como el Virrey de la Banda Oriental.

En Buenos Aires estaba ausente Cornelio Saavedra y la oposición reaccionó cuando aún no se habían elegido los representantes de la provincia para integrar la Junta Grande, ya que hasta entonces habían estado muy ocupados en otros asuntos y consideraban suficiente representación con los nueve miembros que habían constituido la primera Junta del 25 de mayo del año anterior.

Ecos del tormentoso otoño…

Sabido es que a Joaquín Campana lo consideraban “culpable máximo de la política tomada desde abril, a quien se atribuye la jefatura de la plebe. Había sido el letrado de la pueblada de la noche del 5, el autor de las ‘compadradas’ ante Stranford y el saboteador de las posiciones de Elío”.

En las calles y cafés de Buenos Aires estaban algunos “jóvenes que llevan la cucarda celeste y blanca. Pero no serán los morenistas… Es Chiclana, hasta ayer amigo de Saavedra y propuesto para una de las vocalías el 6 de abril, es Bernardino Rivadavia, lo más representativo de la ‘clase de posibles’ y de vieja enemistad con Moreno… que habla contra la chusma de los suburbios y la necesidad de hacer la paz con Montevideo si no se quería destruir a Buenos Aires. Estaban apoyados por “muchos oficiales de Patricios” y la mayoría del Cabildo, entre ellos los vocales de la Junta Domingo Matheu; el sacerdote Juan Ignacio Gorriti. El mayor de “Arribeños” Juan Bautista Bustos, apresó y desterró a Chiclana y a Rivadavia, exiliado desde el 2 de agosto a la guardia de Salto, por “su positiva oposición a nuestro sistema de gobierno, y a las desconfianzas que presenta la calidad de ser cohermano político de Juan Ángel Michelena”, un aparente castigo que terminó siendo un lanzamiento hacia el poder, porque tras esa persecución fueron otros quienes el 19 de septiembre lo eligieron “diputado del pueblo”; el 23 lo designaron secretario del Triunvirato y luego, fue uno de los triunviros.   [60]

Joaquín Campana “por carácter irascible, ínfulas de jefe de gobierno y porque les llenaba la Fortaleza con su clientela política, que vestía chaqueta y usaba trencilla”, por haberse animado a organizar tales sabotajes, estaba preso en el fortín de Areco y estuvo confinado en Chascomús, provincia de Buenos Aires hasta 1820 debilitándose su estado físico aunque mejoró al trasladarse a la Banda Oriental donde siguió desempeñando diversas funciones. [61]

Tras seis días de continuas manifestaciones en las calles porteñas a partir del 11 de septiembre de 1811, las autoridades decidieron establecer una custodia en el Cabildo y el comandante Romero cuarteló a los Patricios: “Por lo tanto la plaza queda libre a los decentes”. Al día siguiente siguieron los corrillos y algunos jóvenes y señoras “se refugian en el Cabildo que tiene ‘fueros’ y no puede ser violado. Los disturbios siguen el 13, el 14 y el domingo 15. Se ha creado el clima propicio, pues la plaza ha sido ganada por los opositores”.

Sospechaban que un malón de orilleros, podría llegar hasta ese lugar el martes 17 pero los hechos demostraron que no fueron los orilleros quienes llegaron el miércoles hasta la plaza. Resulta insoslayable un testimonio de Juan José de Echevarría porque “dejó en su Diario una nota pintoresca de la agitación política e intervención de las señoras de la clase vecinal en los corrillos públicos.

Miércoles 18 de septiembre… son las 4 y acabo de pasar por la plaza… se dice que el objeto principal es quitar a Saavedra y hacer Presidente a Chiclana con otra clase de gobierno que aseguran ha de ser muy bueno, compuesto de Passo y Sarratea con el dicho Chiclana; y que los diputados se vayan si quieren, o se queden acá para el Congreso… Andan fijando carteles citando para mañana a la elección de diputados y demás.

Vaya algo de lo mucho ocurrido esta mañana: peroró la Mármol, lo mismo hizo la Angelita, también la Chepa (alias) la Guinda: ésta lloró en la exhortación; también una de las Beruti; fueron concurrentes las Posadas, las de Endara; hubo palmoteos, vivas, bravos’…” [62]

Diez días antes, ya Echevarría en su diario aludía a un informe sobre el plan, “reducido a que Chiclana, Passo y Sarratea sean los gobernantes, mientras los diputados se dirigirán a un punto donde no haya tropas a hacer su deber”.

El 17 de septiembre de 1811, la Junta formalmente es informada del sorpresivo secuestro del doctor Joaquín Campana y de su detención, junto a Tomás Grigera, Domingo Martínez y Andrés Hidalgo, “por hallarse enteramente rendidos a los intereses de aquel”. En la secretaría, el doctor Campana es reemplazado por “el inicuo Juan Alagón y como se encuentra fuera de la ciudad, lo hace interinamente el presbítero Gorriti”.

23-09-1811: Primer Triunvirato

El historiador Abad de Santillán destaca que “desde el punto de vista político parece que se hubiera seguido en cierto modo la trayectoria de España; primero la Junta central de 35 miembros, luego su reducción al Consejo de Regencia de 5 y finalmente de 3, es decir un triunvirato”.

En Buenos Aires, el 23 de septiembre de 1811 decidieron la integración del Triunvirato: Manuel de Sarratea, Juan José Paso y Feliciano Chiclana y tres secretarios: José Julián Pérez oriundo de Tarija y los porteños Vicente López y Planes y Bernardino Rivadavia, hijo de Benito González Rivadavia quien que generalmente en la historia de los argentinos es reconocido por el segundo apellido paterno.

No habrá sido por casualidad que Juan Manuel Berutti en sus Memorias curiosas anotara:

“El 23 de septiembre, día más memorable que el 25 de mayo de 1810, por haberse libertado a la patria de un yugo más cruel que el que entonces oprimía, y de unas cadenas tan fuertes que se le preparaban, que en buenos siglos no las hubieran rompido”.

Ese día festejaron la caída de los orilleros y el cambio de autoridades en la Plaza de la Victoria, con repique de campanas, salvas de artillería y fuegos artificiales. Luego organizaron corridas de todos y firmaron la amnistía para los expatriados el 6 de abril, excepto el doctor Campana que quedó en la prisión del Fortín de Areco -como sus más leales colaboradores- y el coronel Cornelio Saavedra acusado de comunicarse con la infanta Carlota Joaquina del Brasil y separado de todo mando militar.

Los diputados del pueblo -incluidos 16 elegidos por Buenos Aires el 19 de septiembre-, designaron a fin de representar a esa provincia en el próximo Congreso, al doctor José Francisco de Ugarteche -abogado- y al fraile dominico Ignacio Grela.

El historiador José María Rosa ha destacado que “la Junta Grande había caído sin pena ni gloria, enredada en una intriga de los provincianos para desprenderse de Campana y de la influencia de Saavedra y los orilleros. Ni Funes, con su astucia de canónigo cordobés, atinó a darse cuenta que la maniobra porteña arrastraría a los provincianos, y en el momento culminante de las jornadas de setiembre se quedó en Montevideo. La Junta era un cadáver el 18, como lo dice Echevarría en su Diario; el 23, en el momento de crearse el Triunvirato, anota Berutti en sus Memorias Curiosas que los diputados del interior se irían a sus casas ‘a ejercer sus empleos políticos o militares los que los tenían, o a descansar como buenos ciudadanos… y no tendrán por consiguiente intervención ninguna en el gobierno sino en las cosas que se les pregunten concernientes a sus provincias que representan’.   La revolución porteña prescindía de los provincianos”…

La disolución de la Junta Grande determinó el cese de las juntas provinciales y subalternas que se habían creado, “reemplazándolas por el antiguo sistema de un gobernador-intendente y tenientes gobernadores”.

En el Cabildo de Jujuy habían expresado las primeras objeciones a las juntas provinciales y al canónigo Juan Ignacio Gorriti le encomendaron que planteara tal disidencia ante la Junta Grande. “Gorriti acumuló pruebas históricas y razones jurídicas sobre el principio de absoluta igualdad de derechos de todos los pueblos”- Reiteró esa reclamación un mes después, destacando que “la Junta de Mayo no se dirigió a las ciudades capitales, sino a todos los cabildos, como entidades emancipadas que eran para deliberar sobre su futuro destino”.

En consecuencia, planteó que “si entonces se consideró a las ciudades capaces de resolver sobre el asunto de mayor trascendencia para una sociedad política, ¿por qué no se les ha de dejar manejar los negocios económicos de su suelo?”   [63]

El deán Gregorio Funes también insistía con otros propósitos: “…quería la división del territorio en provincias, de las provincias en ciudades y en lugares subalternos”.

Los diputados de los Pueblos “desde el día siguiente a la creación del Triunvirato se consideraron Junta Conservadora de la soberanía del Señor D. Fernando VII y de las leyes nacionales, en cuanto no se opusieran al derecho supremo de la libertad civil de los pueblos hispanoamericanos que menudearon en notas al Triunvirato y al Cabildo sin que éstos tomasen en cuenta, ni perturbaran la acción del Gobierno Superior. Sin local ni secretarios ni ordenanzas ni gastos de oficina ni -desde luego- sueldos pagados por Buenos Aires, siguieron reuniéndose los diputados durante los primeros días de octubre. Una suerte de existencia fantasmal, que a nadie molestaba y se consentía para no agraviar innecesariamente a las provincias”, destacó el historiador José María Rosa.   [64]

Rivadavia: “laborioso secretario”…

“Vicente López y Planes renunció pronto a su condición de secretario y lo mismo hizo José Julián Pérez, pretextando éste último razones de salud”.

En ese tiempo, Rivadavia se distinguía por su “extraordinaria laboriosidad” y fue el encargado de la redacción de los documentos del Triunvirato mientras la enemistad entre Chiclana y Paso sirvió para que demostrara sus habilidades para imponerse ya que “el carácter autoritario de Rivadavia se manifestaba en cada uno de sus pasos y no toleraba la divergencia.”

Al mes siguiente de la asunción de los triunviros, ordenaron que el 14 de octubre fuera celebrada “una misa en conmemoración del aniversario del nacimiento de Fernando VII” y seis días después, “se concertó el tratado de paz con Francisco Xavier de Elío, en el que no sólo se le da el tratamiento de virrey, sino que las partes contratantes afirman solemnemente que ‘no reconocerán jamás otro soberano que al señor don Fernando VI y sus legítimos sucesores y descendientes’, y Buenos Aires se obliga a remitir a España socorros pecuniarios para ayudarle en la guerra y a enviar representantes a las Cortes peninsulares para explicar las causas que obligaron a suspender el nombramiento de diputados hasta la reunión del congreso general.”

“De los doce gobernadores y tenientes designados por el Triunvirato, nueve eran porteños y todos íntimamente vinculados a los hombres del Triunvirato a quienes estaban dispuestos a respetar y obedecer”, dice Luis V. Varela. [65]

Los nombrados en tales circunstancias “permanecieron a duras penas” en sus cargos mientras en San Juan, se rebelaron contra el teniente gobernador Saturnino Saraza.

Opinión de Pueyrredón sobre las juntas provinciales…

En sus comunicados al Triunvirato y a Feliciano Chiclana, Juan Martín de Pueyrredón “mostraba su decepción ante las exigencias y el comportamiento de las juntas provinciales, que entorpecían la acción necesaria y desmoralizaban la autoridad.

Hacía partícipe al gobierno del triste estado de las tropas, escasas, sin armamentos, sin disciplina: hacía falta un nuevo molde de organización.” [66]

Estado del Ejército del Norte

En 1811 era evidente la anarquía en la zona cercana al Alto Perú y en octubre de ese año, del ejército regular sólo quedaba la división al mando de Eustaquio Díaz Vélez con tropas “famélicas, sin armas ni municiones” que habían llegado hasta Tupiza apoyadas por la caballería al mando de Martín Miguel de Güemes, gauchos valientes que acompañaron a Juan Martín de Pueyrredón a través de su marcha por Orán (en la provincia de Salta), con el tesoro de Potosí.

(Pueyrredón se había destacado desde 1806 y luego viajó a España y a Río de Janeiro, encontrándose lejos de Buenos Aires durante la semana de mayo de 1810. Fue designado gobernador de Córdoba y Charcas y tras su fuga de Potosí “con una aureola espectacular por los ‘remitidos’ publicados en la Gaceta”. Algunos historiadores han expresado que siendo jefe del ejército del Perú “no sabía entenderse con sus inferiores” y en consecuencia, los conflictos con Díaz Vélez y el coronel salteño José Moldes lo impulsaron a pedir su relevo el 19 de octubre de 1811.

Desde su punto de vista, era conveniente “reconocer y apoyar la independencia de las colonias españolas, sirviéndose de Estados Unidos, enemiga de Inglaterra”.

El 9 de diciembre, Pueyrredón insistió ante Chiclana para que enviaran a Francia a “Manuelito Sarratea o Belgrano o alguno que tenga sus cualidades y posea su idioma, pues los franceses estiman en mucho cuanto concuerda con su modalidad y cultura”.

“Pueyrredón insistió ante el gobierno de Buenos Aires en su renuncia; no era militar profesional y se requería un jefe que fuese capaz de reorganizar fuerzas contra la ofensiva realista inminente”. [67]

En febrero de 1813 fue aceptada la renuncia y el 27 de ese mes, ordenaron a Manuel Belgrano asumir la jefatura del Ejército del Norte.

El 4 de abril se reunió la Asamblea en el Cabildo y el primer asunto a tratar era el nombramiento de un vocal para integrar el Triunvirato en reemplazo de Paso y por mayoría fue electo Pueyrredón.

Eligieron como suplente a José Miguel Díaz Vélez y al ser objeto por el gobierno tal nombramiento, se generó una inmediata reacción y la Asamblea se declaró con autoridad “suprema sobre toda otra constituida en las Provincias del Río de la Plata”.   [68]

El historiador Abad de Santillán ha destacado que Córdoba -entre otras provincias-, se oponía a la aprobación del Estatuto elaborado por Rivadavia y remitido por el Triunvirato. Cuando llegó a Buenos Aires la comisión encargada de pedir la libertad del doctor Gregorio Funes que estaba detenido por orden de Rivadavia y enseguida el secretario decidió que regresaran inmediatamente a la Universidad por “no ser regular pierdan el tiempo que deben emplear en la carrera de sus estudios”.

El Cabildo de Córdoba “señaló en un documento sus quejas: [69]

‘El querer dirigirlo todo, el empeñarse en saber y mandarlo todo, es un manantial de desórdenes no menos funesto que el omitirlo o despreciarlo todo’.

Con la afirmación del principio de autoridad, Rivadavia sembraba la semilla de la hostilidad de las provincias, por un lado, y la oposición de los que entendían la obra revolucionaria de otro modo y con otras directivas.”

Es oportuno tener en cuenta que “además de la acción dominante en la secretaría de gobierno que le dieron su energía y voluntad, Rivadavia ocuparía permanentemente desde el 26 de febrero de 1812 uno de los sitiales del gobierno triple: por renuncia de Chiclana, en febrero, seguida del cese de Passo en mayo, ausencia de Pueyrredón (5 de abril) y continuada por la ausencia de Sarratea en la Banda Oriental (1 de mayo) hasta la caída del gobierno el 8 de octubre de 1812.”

Diciembre de 1811: rebelión y fusilamientos.

Cornelio Saavedra seguía desterrado en San Juan. Juan Martín de Pueyrredón opinaba que para avanzar hacia la independencia era necesario tener el apoyo de “Estados Unidos, enemiga de Inglaterra” y que meses después le declaró la guerra. Él insistía ante Feliciano Chiclana para que enviaran un agente secreto a Francia: “Manuelito Sarratea o Belgrano o alguno que tenga sus cualidades y posea su idioma, pues los franceses estiman en mucho cuando concuerda con su modalidad y cultura”.

El 13 de noviembre de 1811, el Triunvirato nombró a Manuel Belgrano comandante del Cuerpo de Patricios aunque “no era querido por su vieja enemistad con Saavedra”.

En ese cuerpo, desde la época del virrey don Pedro de Cevallos, los soldados lucían la coleta -trenza tradicional de Carlos III, preferida en los suburbios porteños- mientras en el centro eran pelones y también en las otras fuerzas, en cumplimiento de las ordenanzas vigentes, “a la manera de Fernando VII o Napoleón”.

Belgrano ordenó el corte de la coleta y se generó una reacción entre los Patricios que ya estaban alertas por el avance de los del centro, tanto en las calles como en el poder.

El 5 de diciembre, Bernardino Rivadavia firmó una proclama pidiendo a las tropas “sobriedad, disciplina, orden y subordinación” pero al día siguiente estalló la revolución y con las armas de artillería en las calles, los suboficiales y la mayoría de la tropa exigieron la expulsión de los oficiales del cuartel y el cambio de gobierno. Sabían que los Arribeños y los Húsares de Pueyrredón iban a apoyarlos aunque hasta entonces no se habían movilizado. El Triunvirato sólo podría disponer de los Dragones y de “los ganchos” de la Patria, disciplinados morenos y pardos del cuerpo de caballería. Los recién liberados obispos de Buenos Aires y de Córdoba intervinieron para que los Patricios “se rindieran a las fuerzas del orden prometiéndoles ‘paz y olvido’. Algunos lo acataron, pero la mayoría prefirió caer con su cuartel, porque la victoria era imposible.”

Al mediodía comenzó el combate, “con un avance de caballería contra los destacamentos de las bocacalles y el fusilamiento desde las torres y azoteas vecinas al patio del cuartel. El combate duró poco -un cuarto de hora-, pero costó cincuenta muertos”.

La promesa de paz y olvido, no se cumplió porque Bernardino Rivadavia pidió un escarmiento “ejemplar”: fusilaron a once sargentos, cabos y soldados y durante varios días exhibieron sus cadáveres: “Juan Ángel Colares, Domingo Acosta, Manuel Alfonso y José Enríquez, sargentos; Manuel Pintos y Agustín Quiñónez, cabos; Agustín Castillo, Juan Herrera, Mariano Carmen y Ricardo Nonfres, soldados”. Veinte fueron condenados al presidio en la isla Martín García -entre cuatro y diez años-, “los restantes cabos y sargentos fueron rebajados a soldados rasos, recargándoles seis años de servicios, se disolvieron dos compañías de granaderos y una de artilleros y al regimiento se le cambió de nombre y numeración”.

“En muestra de regocijo se ordenó iluminar la ciudad por tres días”. Bernardino Rivadavia habló acerca de las intrigas que habían provocado aquella sublevación. Excepto Gorriti, Pérez y Ocampo, los diputados de las provincias fueron “acusados sin motivo como cómplices de los patricios y los expulsaron. En deán Gregorio Funes protestó pero quedó encarcelado. [70]

Marzo de 1812: llegada de San Martín y reacciones…

Es oportuno tener en cuenta que en marzo de 1812, Manuel Belgrano estaba a cargo del Ejército del Norte y con el propósito de mejorar la formación de los oficiales, en Tucumán ordenó la apertura de la Academia de Matemática

El 9 de marzo de 1812 había llegado la fragata inglesa George Canning procedente de Londres y el 18 informaron que a su bordo venían el teniente coronel de caballería José de San Martín, el alférez de navío José Zapiola, el alférez de carabineros reales Carlos de Alvear, entre otros.

Tras desembarcar en Buenos Aires lograron vincularse con gobernantes y comerciantes. El 16 de marzo de 1812 a San Martín lo nombraron “Teniente Coronel de Caballería” y “Comandante del Escuadrón de Granaderos a Caballo” asumiendo la responsabilidad de organizar ese ejército. Carlos María de Alvear y Balbastro fue designado Sargento Mayor y José Zapiola, capitán de milicias.

Monteagudo y sus críticas en el Consulado

En mayo de 1812, Bernardo de Monteagudo era presidente de la Sociedad Patriótica -en su tercera etapa y con apoyo de la Logia Lautaro– y desde el Consulado arengaba a los asistentes refiriéndose a las decisiones del gobierno:

“El principal delincuente que resulta de esta causa es el gobierno, que por su vergonzosa debilidad, por su falta de sistema, por su poca energía, por su apática conducta, por su mal entendida tolerancia, por su fanática lenidad, consiente, permite y en cierto modo ordena los crímenes, autoriza los delitos y provoca a los delincuentes ofreciéndoles la salvaguardia de su impunidad. Es preciso tener un alma más tímida que la de un esclavo para no comprender todos los días que hay una evolución que atenta contra la libertad de la patria”…

“…Porque el obstinado europeo, el desnaturalizado americano, son de mejor condición y disfrutan más ventajas que el honrado ciudadano… Convengamos en un principio que la indulgencia con los europeos y con los americanos enemigos del sistema es la causa radical de nuestras desgracias”. [71]

(Bernardo de Monteagudo había nacido en Tucumán en 1789, estudió Sagrados Cánones y Teología, participó en la revolución de 1809 y fue incorporado como subteniente al ejército revolucionario; luego estuvo preso y fue liberado tras la batalla de Suipacha. Desarrolló una intensa actividad periodística desde la Gaceta y se destacó como orador. Fue secretario de Juan José Castelli, primo de Manuel Belgrano. El historiador José María Rosa expresó: “Lo hemos visto en la iglesia de Laja predicando sermones sobre ‘la muerte es un largo sueño’ revestido grotescamente de hábitos sacerdotales. La culpa no era tanto suya, pues apenas tenía 22 años, sino de Castelli, cuya indolencia y bonhomía toleraban esos desmanes”.) [72]

Mayo de 1812: armisticio con los portugueses e intrigas…

En el segundo aniversario de la constitución de la primera Junta en mayo de 1810, estaba culminando la misión encomendada sigilosamente por Lord Strangford al coronel portugués Juan Rademaker para lograr la firma de un armisticio a fin de terminar con las hostilidades y retirar ambos ejércitos hasta los límites establecidos en el convenio del 20 de octubre: el río Uruguay y los tres puertos sobre la margen occidental.

El 26 de mayo de 1812, el coronel Rademaker llegó a Buenos Aires y fue recibido “con los honores correspondientes a un representante personal de regente portugués”.

Los hechos demostraron que esa misión había sido la culminación de acuerdos anteriores y que prácticamente el Triunvirato ya se había jugado la carta de la independencia ante el embajador inglés, porque esa misma noche firmaron el armisticio y ordenaron a Manuel de Sarratea que entregara una copia al general Diego de Souza.

Rumores y persecución contra Álzaga y sus amigos…

Sabido es que el comerciante Martín de Álzaga no participaba activamente en los asuntos políticos tras el proceso judicial que soportó por su manifestación independentista el 1º de enero de 1809, aunque seguía vinculado a determinados grupos que habían colaborado en el rechazo a los invasores ingleses (1806-1807) mientras algunas familias los habían agasajado en sus hogares y celebraban el poder comprar los productos desembarcados.

También es sabido que Álzaga no participó en el cabildo abierto del 22 de mayo del año siguiente porque aún no habían dictado sentencia en el citado juicio y tampoco estuvo el catalán Felipe de Sentenach, quienes semanas después fueron absueltos.

El 26 de mayo de 1812, llegó el coronel portugués Juan Rademaker a Buenos Aires, y difundieron rumores de conspiración tras el desembarco de marinos de Montevideo que eran apoyados por comerciantes locales y por Martín de Álzaga junto a los integrantes del partido de los sarracenos.

Junio de 1812: noticias sobre la Constitución española…

El 19 de marzo de 1812, celebración de San José entre los católicos, en las Cortes de Cádiz juraron la Constitución española tras un año de debate. En el primer artículo, la Nación era definida como “la reunión de todos los españoles de ambos hemisferios” y en el décimo, se mencionaba a las provincias distribuidas en Europa, África, América y Asia que formaban las Españas y en concordancia con el segundo capítulo, esas provincias serían gobernadas por un Jefe Superior nombrado por el rey y una Diputación Provincial elegida por sus habitantes; reconocía la autonomía de los municipios que serían gobernados por un Ayuntamiento.

En los primeros días de junio llegaron tales noticias a Montevideo y enterados del texto constitucional, allí y en Lima celebraron esa unidad de la familia española ya que poderosos grupos desde 1810 se habían resistido a la formación de nuevas formas de gobierno en el Río de la Plata…

En Buenos Aires, también se conmovieron los vecinos que estaban interesados por el rumbo del movimiento emancipador. Además de analizar el texto de la Constitución española que fue difundido por distintos medios y las posibles consecuencias en América, en esos momentos no podían eludir el seguimiento de las mutuas hostilidades entre los portugueses y rioplatenses en torno a la determinación de límites territoriales en la Banda Oriental.

Julio de 1812: investigación sobre Álzaga y sus amigos…

Desde fines de mayo de 1812 siguió difundiéndose el rumor acerca de la segunda conspiración que habría organizado Martín de Álzaga con apoyo de sus amigos, algunos hasta un lustro antes, destacados defensores de Buenos Aires durante las dos invasiones inglesas. Por distintos medios comentaban que con su “inmensa fortuna”, Álzaga podría corromper a los funcionarios para que sirvieran a la causa española.

Recién el 1º de julio se concretó la denuncia incluyendo a Álzaga en otro movimiento conspirativo mientras insistían en que el negro Ventura, un cortador de juncos en la ribera, habría contado a su ama, una vecina de Barracas, lo que habría escuchado del español Francisco Lacar acerca del complot que estaba organizando su amigo Álzaga quien hasta habría sacado “un molde de la llave del Fuerte”. Esa intriga develó desconfianzas y rencores y el gobierno ordenó a Feliciano Chiclana que comprobara personalmente quiénes eran los responsables de tan repudiable trama. Chiclana interrogó a vecinos y valiéndose de declaraciones del esclavo y del hijo de Lacar de diez años, condenó a muerte al español Francisco Lacar, por “el crimen de conspiración y coalición”. Inmediatamente ordenaron la captura de Álzaga y de las personas que estaban comprometidas por las declaraciones del junquero Ventura.

Se generó la reacción en las calles porteñas, jóvenes de la Sociedad Patriótica colgaron fajas celestes y blancas en las Iglesias, en el Fuerte le pidieron a Bernardino Rivadavia que entregara armas para hacer justicia con sus manos. Llegan hasta la casa de Pueyrredón y “se dejan pasquines amenazadores”; una multitud insultó frente a la casa de Chiclana y rompieron todos los vidrios.

Para calmar los ánimos, Rivadavia amplió la orden de investigación y junto a Chiclana intervendrían Bernardo de Monteagudo, Pedro José Agrelo, Hipólito Vieytes y Miguel Irigoyen.

Era necesario buscar las pruebas para dictar las sentencias. Matías de la Cámara, yerno de Álzaga manifiesta que no sabe dónde está su suegro y cuando le advierten que será tratado “como ocultor de reos delincuentes”, reitera que sólo sabe que Álzaga se alejó para ocultarse. El 4 de julio llegaron hasta la casa de doña Petrona González y ya no estaba ahí porque según comentó ella, se había retirado con el Padre Nicolás Calvo, cura de la Concepción. Detenido el cura durante la noche del 5, se amparó en sus fueros pero el vicario Zavaleta le allana y entonces informó sobre el lugar donde estaba oculto. Aunque el cura se salvó de la muerte por su confesión, fue condenado a destierro perpetuo.

Martín de Álzaga fue detenido aquella misma noche y fue fusilado durante la mañana del día siguiente: 6 de julio de 1812. Luego como solían hacer para escarmiento, colgaron su cadáver en la horca de la Plaza de la Victoria y exaltados vecinos “lo apedreaba y profería mil insultos”. Ahorcaron al joven yerno de Álzaga, Matías de la Cámara y apresado Fray José de las Ánimas en la quinta de Caseros, aunque negó el complot fue “allanada su condición de sacerdote”, lo condenaron a muerte y lo ahorcaron el 13 de julio en mencionada Plaza. [73]

Fusilamiento de Sentenach y otros treinta acusados…

Entre la primera y segunda semana de julio de 1812, también fueron fusilados el poderoso comerciante Francisco de Tell Echea -o Telechea– (regidor en 1809, padre de hija única que se casó con el triunviro Juan Martín de Pueyrredón); Francisco de Neyra y Arellano (ex regidor que había soportado una ridícula venganza de Liniers en la mañana del 3 de enero de 1810 y ex-diputado); el coronel Ingeniero Felipe de Sentenach (colaborador de Manuel Belgrano, designado en septiembre de 1810 director y profesor de la Escuela de Matemáticas y en funciones hasta ese cruel desenlace) y veintiocho acusados más.

Como sucedió con el Padre Nicolás Calvo, otros sospechosos fueron desterrados. El único procesado que se salvó de la muerte fue José Martínez de Hoz, dueño de la imprenta lindante con la casa donde se reunían Álzaga, con Esteve y Llach, José Fornagueras -o Fornaguera o Forneguera– cuando desarrollaban el plan de mina para defender la ciudad de Buenos Aires frente a los invasores ingleses. Martínez de Hoz fue uno de los tantos que en la votación del 10 de febrero de 1807, firmaron por el cese del virrey Marqués de Sobremonte y en la del 23 de mayo de 1810, dejó constancia de que “en ningún caso se innove el sistema político sin acuerdo de los pueblos del virreynato”. [74]

Sabido es por un relato de Rivadavia a Florencio Varela, que Juan Martín de Pueyrredón insistía en la falsedad del complot y que habría expresado su intención de renunciar.

Tardías manifestaciones…

Bernardino González Rivadavia según opinión del historiador José María Rosa, “al saber que Álzaga corrompía a los portugueses y no pudiendo acusarlo directamente, habría creado la leyenda del negro Ventura”.

Lo que no es conjetura sino un acto comprobado, es que Bernardino Rivadavia mediante un bando, el 24 de julio de 1812 expresaba: ¡Basta de sangre!

Una vez más, el inquieto e inquietante Rivadavia había necesitado demasiado tiempo para comprobar las nefastas consecuencias del estricto cumplimiento de sus órdenes.

Lógicamente, tras aquella “semana de sangre” -al decir de varios historiadores-, también se habrán manifestado diferentes grupos, los familiares y amigos de las víctimas.

No habrá sido por casualidad el alejamiento del coronel portugués Juan Rademaker a fines de agosto de 1812, ya que partió desde Buenos Aires cuando no habían concluido las negociaciones ni habían ratificado el tratado.

El Vicente G. Quesada en su Historia diplomática latinoamericana expresó que tal decisión habría sido para evitar la posible represalia de los denunciados que no fueron condenados a muerte y estaban en condiciones de organizar una venganza.

Vicente Fidel López en su Historia de la República Argentina aportó otra versión acerca de aquella denuncia contra Álzaga porque la princesa Carlota Joaquina le habría enviado los nombres de los conjurados en una carta dirigida al coronel Rademaker, quien la habría entregado al gobierno aunque lo más probable es que la haya guardado y sólo denunciara verbalmente tal conspiración.

El historiador José María Rosa planteó algunas dudas:

“¿Qué es lo que movió a Rademaker a denunciar la tentativa de soborno? ¿Fue realmente tentativa? Porque la conducta del agente portugués es sospechosa en el retiro de las tropas de Souza, que pudo apresurar y no lo hizo hasta después de la muerte de Álzaga. ¿Habría recibido realmente el millón de pesos como recibieron otras sumas Souza y das Galveas con el compromiso de dar marcha atrás en el convenio del 26 de mayo, y después, sabiendo la imposibilidad de convencer a Strangford o contrarrestar su influencia, denunció a Álzaga y los suyos para desembarazarse del compromiso y quedarse con el dinero? Su inesperada marcha, que equivale a una fuga, y su caída en desgracia con la Corte portuguesa, dan asidero a esta suposición.”

Lo que resultó evidente: “La ‘semana de sangre’ dio al gobierno el apoyo de Monteagudo y la Sociedad Patriótica -que significaba el de los periódicos hasta entonces de la oposición- e hizo que muchos españoles partidarios de la causa patriótica regularizaran su situación con cartas de ciudadanía. Entre ellos Domingo Matheu, que se había olvidado de hacerlo pese a su vocalía en la Primera Junta, y Benito González Rivadavia, padre de Bernardino.” [75]

8-10-1812: Segundo Triunvirato, influencia de los masones.

Los miembros del Triunvirato soportaron conspiraciones y frecuentes intrigas hasta que el 8 de octubre de 1812 asumió el segundo Triunvirato integrado por Nicolás Rodríguez Peña, Antonio Álvarez Jonte y Juan José Paso.

José María Rosa reiteró que “la Logia Lautaro no era una logia masónica; era una ‘logia controlada por masones’ atraídos por los propósitos de liberalismo y fraternidad, y las ventajas de una protección en la carrera militar o política, podían iniciarse quienes libremente lo quisieran y fuesen desde luego, admitidos por el Consejo Supremo. Pero la dirección la tuvieron exclusivamente los masones”. En Buenos Aires se estableció entre mayo y junio de 1812 y “era la ley primera ‘ayudarse mutuamente, sostener la Logia aun a riesgo de la vida, dar cuenta a los Venerables de todo lo importante y acatar sumisamente las órdenes impartidas’.” [76]

Bartolomé Mitre aludió a una “profunda divergencia entre San Martín y Alvear” y en consecuencia San Martín dejó de ser Venerable alejándose de la entidad sin renuncia. “Alvear lo reemplazó al tiempo de incorporarse varios miembros -Manuel José García, Vicente López y Planes y Bernardino González Rivadavia- que habían pertenecido al gobierno depuesto. José María Rosa destaca que “el cisma ocurrió entre quienes ponían los intereses de la logia sobre los de la patria (Alvear) y quienes pusieron la patria sobre la logia (San Martín)”.

Luego reitera que con Alvear estuvieron Valentín Gómez, Gervasio Posadas, Juan Larrea, Hipólito Vieytes, Bernardo Monteagudo, Pedro J. Agrelo, Miguel de Azcuénaga, Martín Rodríguez Peña, José Julián Pérez, Nicolás Herrera y los recientes conversos; con San Martín, Bonifacio Zapiola, Agustín José Donado, Manuel Moreno “y pocos más”… [77]

En aquel tiempo, el Triunvirato había intentado resolver los problemas de los ganaderos de la provincia de Buenos Aires:

“A mediados de setiembre de 1812, declaró libres de derechos todos los artículos extranjeros que se introdujeran al país para el fomento de los saladeros; constituye este decreto el antecedente más remoto de las medidas proteccionistas directas, destinado a fomentar el establecimiento de las industrias nacionales”. [78]

El 8 de octubre de 1812 como consecuencia de un golpe militar cesaron los integrantes del primer Triunvirato que hasta entonces habían estado preservando el territorio como dependencia de Fernando VII mientras diversos grupos estaban movilizándose para la declaración de la independencia.

1813: Asamblea General Constituyente

El 24 de octubre de 1812, Juan José Paso, Antonio Álvarez Jonte y Francisco Belgrano mediante un manifiesto, prácticamente declararon la independencia y convocaron a la Asamblea General Constituyente.

Es oportuno tener en cuenta que Francisco Belgrano era suplente de Rodríguez Peña y no era miembro de la Logia.

Juan José Paso tampoco pertenecía y había expresado su oposición a las exigencias de Gran Bretaña para que se acordara el libre comercio, porque desde su punto de vista pretendían “seguir la guerra con Napoleón” y más que estar dispuestos a ayudar a las colonias rebeladas, resultaba evidente que pretendían imponer sus criterios, establecer una continua dominación.

En uno de los párrafos, el Triunvirato expresó la voluntad de la mayoría de los vecinos a quienes representaba:   [79]

“…después de sostener por el espacio de tres años una lucha de ferocidad y barbarie peninsular de una parte, y de virtud y constancia americana por la otra… cuando el eterno cautiverio del Señor Don Fernando VII ha hecho desaparecer sus últimos derechos con los postreros deberes y esperanzas las más ingenuas, cuando el estado de nulidad e incertidumbre política no nos ha ofrecido ni prepara sino terribles contrastes… cuando una serie desgraciadamente necesaria de movimientos nos ha precisado a flotar de un gobierno en otro provisorios… ¿qué otro tiempo puede expresarse para reunir en un punto de majestad y fuerza nacional? Ésta sin duda debe ser la memorable época en que el pueblo de las Provincias Unidas del Río de la Plata, abriendo con dignidad el sagrado libro de sus eternos derechos por medio de libres y legítimos representantes, vote y decrete la figura con que debe aparecer en el gran teatro de las naciones. Elevados los diputados a la altura de su noble ministerio y elevada la Patria a su brillante destino saldrán entonces las grandes medidas, la energía y la fortuna. La Constitución… la dignidad de una Nación legítimamente constituida… proveer a la común defensa, procurar la seguridad general y asegurar las bendiciones de la libertad para la edad presente y futura”.

31-01-1813: instalación de la Asamblea.

(Llegaron antes de la instalación de la Asamblea los diputados de Buenos Aires, Luján, Corrientes, Santiago del Estero, Córdoba, Catamarca, San Juan Tucumán, La Rioja, Jujuy, Mendoza, San Luis y Salta. Más tarde se incorporaron: por Santa Fe el padre Dr. José Amenábar -párroco de la Catedral santafesina-; más diputados por Buenos Aires, los designados en Entre Ríos; Corrientes, Córdoba, La Rioja, Potosí y Charcas.)   [80]

El 31 de enero de 1813 a las 9, aunque no habían llegado todos los diputados, en la Catedral comenzaron las ceremonias previstas. El historiador José María Rosa relató así tales acontecimientos:

“El juramento se hizo en la catedral, omitiéndose la fórmula de lealtad a Fernando VII, inmediatamente los elegidos se trasladaron a su local en el edificio del Consulado, donde había funcionado la Sociedad Patriótica. Allí se concretó a su vez el juramento de lealtad de los triunviros (pues la Asamblea de había declarado Soberana), los empleados civiles y militares, jerarquías eclesiásticas y Cámaras de Apelaciones”. [81]

Tras el petitorio de octubre del año anterior, la Asamblea General Constituyente dispuso la residencia de las personas que habían gobernado entre el 25 de mayo de 1810 y el 20 de febrero de 1813.

Esa fecha es significativa porque el 20 de febrero de 1813 se había desarrollado la batalla de Salta de acuerdo a la estrategia señalada por Belgrano, con un ataque simulado por la vanguardia y un recorrido bordeando la quebrada de Cachapota orientándose luego en dirección a las Lomas de San Lorenzo. Las fuerzas realistas al mando de Pío Tristán estaban apostadas desde las proximidades de la zanja de Sosa -en el camino a Cobos- hasta la zona de Barranco. [82]

El resultado a favor del ejército de Belgrano era la consecuencia de casi un año de trabajo continuo para lograr confianza y disciplina en todos los combatientes. Los cuerpos de los seiscientos patriotas caídos durante el combate fueron depositados en una fosa común y Belgrano puso una cruz de madera en ese lugar.

(Décadas después hicieron un homenaje y colocaron una de mármol.)

El historiador Emilio Ravignani aludió a lo expresado por José Matías Zapiola acerca de las cinco facciones que confluían en la Asamblea y Diego Abad de Santillán elaboró esta clasificación:

“…seis alvearistas, movidos por intereses pequeños y que nunca presentaban soluciones definidas; cinco pertenecientes a la tendencia de San Martín, que exigían el mantenimiento de los principios de la revolución de 1812 -independencia y constitución-, trece acomodaticios, que se inclinaban hacia donde más calentaba el sol; tres teocráticos, adversarios de la libertad, y cinco independientes que resultaban por su indefinición, un peso muerto en toda decisión importante. Pero las dos fuerzas netamente características son las que responden a Alvear por un lado, y a San Martín, por otro, cuyos representantes pertenecían a la logia Lautaro, aunque divergentes en cuanto a la táctica inmediata que habían de seguir.” [83]

Fue electo presidente Carlos de Alvear con mandato durante un mes; secretarios el eclesiástico José Valentín Gómez e Hipólito Vieytes.

“Ese día fijaron una dieta de 1.500 pesos. Alvear propuso que los diputados de los pueblos se consideraran diputados de la Nación y que su representación fuese la de las Provincias Unidas colectivamente; la mención de la Nación implicaba de hecho una concepción de la independencia. Se aprobó: ‘Los diputados de las Provincias Unidas son diputados de la nación en general’.”

Ese día también aprobaron el tratamiento de Soberano Señor para los integrantes y establecieron que “no pueden ser aprehendidos ni juzgados sino en los casos y términos que la misma Soberana Corporación determinará”, aprobándose que el poder ejecutivo continuara a cargo de las mismas personas “hasta tanto tenga bien determinarse otra cosa”.

El gobierno había propuesto a la Asamblea diversos temas a tratar y entre los primeros, el reconocimiento a la independencia de Venezuela tras la declaración del 5 de julio de 1811 promovida por la Sociedad Patriótica, integrada por entusiastas americanistas que acompañaban al perseverante Simón Bolívar, reconocido por algunos como un “hombre de inteligencia aguda… de feliz espontaneidad” y por otros, como una persona de acción más que como un pensador.

(El historiador Salvador de Madariaga ha reiterado que el joven Simón Bolívar “era mestizo… de equilibrio inestable, pronto a caer a un lado o a otro, ya por la vertiente blanca, ya por la india de su ser”.

“Era Bolívar de temperamento demasiado rápido, por vocación demasiado hombre de campo… era además muy español, y como tal, iba directamente a la naturaleza en busca de ideas, sin fiarse de ningún cerebro que el suyo para procurárselas. Son los pueblos españoles como bosques en los cuales cada árbol se yergue sobre su propio terreno y se nutre de la tierra por sus raíces propias; no como otras naciones, que más parecen ríos en que la tradición fluye suavemente de generación en generación. El español, por tanto, toma la vida desde abajo más que desde atrás, en su propio ser profundo más que en la tradición de los seres de antaño; de modo que en ideas y cultura todo español comienza por el principio”.

Si se tiene en cuenta “que el estilo es el hombre” es razonable advertir que “en Bolívar había una riqueza humana maravillosa, basta que se deje ir para lo que escribe sea maravilla. No quiero por prueba más que esta perla entre mil: ‘El baile, que es poesía del movimiento’…”) [84]

Primeras decisiones de la Asamblea de 1813…

Las primeras decisiones de la Asamblea General Constituyente -que en realidad no logró sancionar una Constitución- establecieron el núcleo del reconocimiento a los derechos humanos y el rechazo a las discriminaciones en función de nuevas formas de organización social y política; reconocieron la legitimidad de los símbolos adoptados a partir del Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810.

Una decisión significativa fue la reiteración de lo expresado en los Estados Unidos de Norteamérica en tiempos de su independencia, porque en la ciudad de Buenos Aires “se imprimió la traducción que había hecho Manuel Belgrano de la despedida de Washington al pueblo de los Estados Unidos, a fin de que sirviese de modelo al pueblo y al gobierno para constituir una nación libre e independiente, según los deseos del traductor”. [85]

El presidente George Washington cumplió el doble mandato y el 17 de septiembre de 1796, en su discurso de despedida expresó que “el intercambio armónico y liberal de todas las naciones, es recomendado por política y hermandad”…

Decisiones en 1812…

A comienzos de 1812, el gobierno publicaba sus asuntos en la Gaceta Ministerial redactada por Bernardo de Monteagudo y después de instalada la Asamblea, una síntesis de los debates y las resoluciones, fueron difundidas desde el órgano oficial: El Redactor de la Asamblea a la vez que se imprimían en la Gazeta de Buenos Ayres y en El Independiente, también un periódico oficial dirigido por Manuel Moreno con la colaboración de Bernardo de Monteagudo y Pedro J. Agrelo.

El 4 de noviembre de 1812, el Triunvirato nombró a la Comisión Oficial encargada de redactar el proyecto de declaración de la independencia y una constitución. Integraron esa comisión Pedro Agrelo; Manuel José García (integrante de la Logia Lautaro como Vicente López y Planes -antes presidente de la Sociedad Patriótica, quien en octubre del año anterior había expresado que “era necesario entrar en el rango de Nación”- y Bernardino González Rivadavia, también de la Logia y persona que desempeñó diversas funciones en la década siguiente; Valentín Gómez, Nicolás Herrera, Gervasio Antonio de Posadas, Nicolás Somellera e Hipólito Vieytes. El Triunvirato encargó otro proyecto a la opositora “Sociedad Patriótica” y fue elaborado por Monteagudo, Larrea, Francisco Planes, Tomás Valle y Cosme Argerich, luego reemplazado por Antonio Sáenz.   [86]

Aquí, algunas de las primeras decisiones de la Asamblea:

24-03-1813: Declarada la supresión de la Inquisición que en realidad no existía en jurisdicción de la Asamblea, ya que el Tribunal funcionaba en Lima y ya se había extinguido por ley de las Cortes de Cádiz del 22 de febrero de ese año de acuerdo al proyecto presentado y publicado el 8 de diciembre de 1812.

13-03-1813: Autorización al Poder Ejecutivo: “…usar el mismo sello de este cuerpo soberano con la sola diferencia de que la inscripción del círculo sea Supremo Poder Ejecutivo de las Provincias Unidas del Río de la Plata”. (Ese sello era circular con el distintivo de “las manos cruzadas, pica, gorro frigio, laureles y sol naciente sobre un campo inferior de plata y superior de azur” -según la heráldica, es decir blanco y celeste– desde entonces el escudo argentino.) [87]

13-04-1813: Autorización para acuñar monedas de oro y de plata.

(Fueron acuñadas en Potosí con el sello de la Asamblea modificado porque en los patacones de plata, el anverso no tiene sol, sólo la leyenda “En unión y libertad”, en el reverso está el sol pleno con la orla: “Provincias Unidas del Río de la Plata”.)

05-05-1813: Se dictó la ley que declaró el 25 de mayo como día de fiesta cívica y se expresaba que debía “celebrarse en todo el territorio de las Provincias Unidas cierta clase de fiestas que deberán llamarse fiestas mayas”.

(Sabido es que en 1811, la Junta Grande había celebrado el primer aniversario del movimiento de mayo con te-deum, iluminación y paseo del real estandarte; al año siguiente con te-deum sin paseo del estandarte, entregando donaciones a viudas y huérfanos de las víctimas caídas en guerra. En ambas circunstancias se realizaron funciones de gala en la Casa de Comedias. En el año de la Asamblea, durante la noche del 24 aumentaron las iluminaciones; hubo fuegos artificiales; al día siguiente te-deum y en la plaza de la Victoria los vecinos participaron en bailes populares y juegos de sortijas.)

21-05-1813: Abolición de los títulos de nobleza y de los escudos de familia. (Destaca el historiador José María Rosa que “por una curiosa contradicción, a poco se ordenaba que la calificación español, que distinguía en los actos de familia a los blancos por contraposición a Indios, castas, etc. fuera reemplazada por noble.”)   [88]

21-05-1813: Ley que prohibía “el detestable uso de los tormentos adoptados por la tiránica legislación española para el esclarecimiento de la verdad e investigación de los crímenes”. Como está escrito en el Redactor -el órgano de la Asamblea-, ordenaron que en la plaza de la Victoria quemaran “los instrumentos destinados a ese efecto” -reproduciendo la decisión adoptada por las Cortes de Cádiz el 22 de abril de 1811 que había sancionado la eliminación “para siempre de los tormentos en todos los dominios españoles” mencionando esposas, calabozos extraordinarios, perrillos -bozales para mantener cerrada la boca-, pero en realidad en la Plaza de Buenos Aires, sólo quemaron simbólicamente una silla porque “a sillas se amarraban los reos sometidos a la extraordinaria cuestión por orden judicial”.

(Al recibir la comunicación en las provincias, contestaron que no podían cumplir esa orden porque tales elementos de tortura no existían. Al no estar nombrados los cepos ni los azotes, siguieron imponiendo esos castigos…)

04-06-1813: Resolvieron que la iglesia de las Provincias Unidas no dependiese de autoridad eclesiástica de fuera de su territorio, “bien sea de nombramiento o de presentación real”.

(Destaca el historiador Rosa que “no se trataba de una desvinculación con el Pontífice, sino de una situación de hecho mientras el problema eclesiástico causado por la revolución y la incomunicación con España y el Nuncio allí residente, no se solucionase con el reconocimiento de la Iglesia Argentina. Solamente se la desvinculaba de la Iglesia española”.)

13-08-1813: Abolición de los mayorazgos y vinculados.

(“Vinculado era en el derecho español el bien de familia con prohibición de enajenarse; si la prohibición era de todos los bienes y al patrimonio lo administraba el primogénito, recibía el nombre de mayorazgo.”) [89]

09-08-1813: Supresión del juramento en juicio -moción de Bernardo Monteagudo que no fue tomada de las Cortes de Cádiz- porque “así se evitarán las más sacrílegas profanaciones, no será ya un vínculo de iniquidad y no se invocará más al Omnipotente sino para asegurar la salud del pueblo y la autoridad de la Ley”.

El historiador José María Rosa ha destacado que “la Logia eligió a la casi totalidad de los diputados. Debió discutir con anterioridad el programa de la Asamblea, y de allí partir la postergación de la independencia. Se darían al pueblo exterioridades para contentarlo: una canción patriótica, un día ‘cívico’, un sello ‘de la Asamblea’. Todo menos la declaración formal de la independencia.” [90]

Escarapela y Bandera celeste y blanca…

Sabido es que Manuel Belgrano promovió la aprobación de la escarapela nacional con los colores celeste y blanco y que el primer Triunvirato así lo dispuso el 18 de febrero de 1812.

Esa decisión del primer Triunvirato impulsó a Belgrano a ordenar el 27 de febrero de 1812 la formación de las baterías Libertad e Independencia a orillas del río Paraná, en la villa del Rosario -provincia de Santa Fe- y mientras Cosme Maciel sostenía la bandera celeste y blanca, todos los soldados juraron su fidelidad. [91]

Enterado el gobierno, le comunicó que debía “guardarla”, pero cuando llegó esa nota, Belgrano ya estaba en marcha y no fue informado.

Tal circunstancia, ha sido rememorada por distintos historiadores como “una desobediencia de Belgrano”…

13-02-1813: única bandera blanca con escudo…

Era el día del primer aniversario de la propuesta de Belgrano referida al uso de la escarapela celeste y blanca. Con esos colores hicieron la bandera que flameó a orillas del río Paraná durante la ceremonia de juramento, también la que luego llevaron al frente del ejército de Jujuy; pero la que Belgrano encargó para la jura del 13 de febrero de 1813 mientras estaba sesionando la Asamblea General en Buenos Aires, era una bandera de seda blanca con el escudo que habían aprobado en una de las sesiones.   [92]

Por iniciativa de Rivadavia, la Asamblea usó “un sello cuyos símbolos no hay constancia de que hayan sido discutidos… burilado por Juan de Dios Rivera, por encargo de Agustín J. Donado, y lo realizó en brevísimo plazo. Muestra el laurel americano de hoja breve, pica, gorro frigio, brazos desnudos con las manos entrelazadas, un sol con cara plena, rayos flamígeros y rectos alternados y la divisa de mayo al pie anudando las ramas de laurel”. [93]

Belgrano después de vadear el ejército a su mando el río Pasaje –el Salado nacido en el nevado de Acay-, ordenó que Eustoquio Díaz Vélez sostuviera la blanca bandera con el escudo; toda la tropa juró lealtad a la Asamblea y luego avanzando en fila, uno tras otro la besaron. Previsto que sería sólo para esa oportunidad, luego Belgrano la donó al Cabildo de Jujuy.

(El historiador José María Rosa aclaró que equivocadamente algunos autores expresaron que habían jurado fidelidad a la Bandera, siendo en realidad “a la Asamblea”.

También Rosa destaca que “no hay constancia de la aceptación oficial de la bandera. Pero la Asamblea consintió que se usase el pabellón de dos listas azules y una blanca en el centro. Aunque no la izó en el salón de sus sesiones, ni tampoco en lo alto de la Fortaleza”.

“Tampoco se conoce la aprobación del Himno… se sabe que la Asamblea encargó a su diputado Vicente López y Planes el 6 de marzo que ‘trabajara su canción’; y el 14 de mayo el secretario Vélez de la Gobernación-Intendencia comunica la letra de la Marcha Patriótica’ aprobada por decreto soberano del 11 del corriente… para que se cantase al empezar los espectáculos públicos”. [94]

A principios del siglo XX, el presidente Julio Argentino Roca, considerando que en aquellos años “se han producido manifestaciones que han llamado la atención del gobierno general, pidiendo que se conserve la música actual y se modifique el texto de algunas estrofas”, mediante un decreto estableció: “Artículo 1º En las fiestas oficiales o públicas, así como en los colegios y escuelas del Estado, sólo se cantará la primera y última cuarteta y el coro de la canción sancionada por la Asamblea General del 11 de mayo de 1813”.

Han señalado que como el 11 de mayo no fue día de sesión de la Asamblea, el decreto debió ser del Triunvirato.” [95]

Autores del Himno Nacional…

Vicente López y Planes nació en Buenos Aires el 13 de mayo de 1785 y falleció en la misma habitación, el 10 de octubre de 1856. Hijo de Domingo López, español de Asturias y de la porteña Catalina Planes. Con el grado de Capitán integró el cuerpo de Patricios. Autor de la canción Triunfo Argentino difundida después la Reconquista de Buenos Aires al ser desalojados los invasores ingleses (1807). Abogado egresado de la universidad de Chuquisaca en el Alto Perú. Regresó a su país natal y participó en el Cabildo Abierto del 22 de mayo de 1810. Se desempeñó como secretario durante la expedición que partió de Buenos Aires para informar a las provincias sobre la constitución de la Primera Junta de Gobierno. Escribió los versos del Himno durante la noche del 8 de mayo de 1811. Fue secretario del Primer Triunvirato; síndico procurador del Cabildo; diputado en la Asamblea de 1813; secretario de gobierno del Directorio acompañando primero a Balcarce y luego a Pueyrredón. Catedrático de Economía Política en la Universidad. Diputado al Congreso de 1824. Presidente interino de la Nación al retirarse Bernardino Rivadavia; renunció en 1827: “En esta situación cuando ya está hecho lo que se debía a la provincia de Buenos Aires, cuando no puede hacerse lo que se debe a la República… espero que se servirá el Congreso relevarme cuanto ante de presidente provisorio, cuyas responsabilidades pesan sobre mi persona sin medios para satisfacerlas.” Ministro de Manuel Dorrego. Presidente del Superior Tribunal de Justicia en 1843 designado por el gobernador de Buenos Aires Brigadier Juan Manuel Ortiz de Rozas. Procesado y encarcelado (abril de 1851). Se manifestó “antirrosista” el 16 de marzo de 1852. Después de la batalla de Caseros, el General Urquiza lo nombró gobernador interino de Buenos Aires.

Blas Parera, catalán talentoso…

La música del Himno Nacional fue escrita por el catalán Blas Parera nacido en Barcelona en 1777 y residente en Buenos Aires desde los veinte años aproximadamente. Destacado músico y compositor de obras para teatro. Participó en la defensa de la ciudad de Buenos Aires durante las invasiones inglesas (1806-1807).

Un documento firmado por Nicolás Rodríguez Peña aporta más datos: “Con la posible preferencia entregarán Uds. a don ‘Blas Parera’ la cantidad de doscientos pesos que importó la música y ensayos de los niños que han puesto en estudio en la fiestas Mayas la Canción Patriótica Nacional mandada formar por la Soberana Asamblea General Constituyente”… Ese documento, también lo firmaron José Julián Pérez y dos personas más; luego la constancia de intervención del Tribunal de Cuentas con la firma de Luis P. Linche y en el renglón siguiente:

“He recibido de los señores ministros del Estado los doscientos pesos que se expresan en esta relación. / Buenos Aires, 5 de mayo de 1813 / Son 200 $ / Blas Parera”

Siendo profesor de Música, el 6 de julio de 1813 pidió permiso al gobierno para trasladarse a Río de Janeiro -Brasil- “donde existe el inmortal Marcos Antonio Portugal, de cuya instrucción espera poder extender sus conocimientos en un arte que puede ser útil a esta capital” y se ignora si realizó el viaje. En 1815 fue revisor de la música de instrumentos adquiridos para el Batallón Nº 7 de Libertos.

Regresó a España en 1817 y en un documento del 2 de agosto de 1818 consta: “…acaban de llegar a esa ciudad Blas Parera y Esteban Fernández. Les he permitido residir en esta ciudad encargando a los respectivos comisarios de los barrios a que pertenecen las casas en que viven, vigilen sus conductas, y estén a la mira de sus operaciones…”

Blas Parera, en una parroquia de Barcelona fue maestro de solfeo y de canto. Disponía de escasos recursos económicos, falleció en 1840 (en algunos escritos: “hacia 1835”…)

Sabido es que en 1860 el maestro Juan P. Esnaola completó la modificación en la versión musical del Himno Nacional Argentino.

En el Expte. 19.974 –F-1943 del Ministerio del Interior se acumularon antecedentes y reproducciones auténticas de los símbolos nacionales.

En 1944, mediante un decreto dispusieron lo pertinente a la Bandera oficial; la banda que distingue al jefe de Estado, autorizada por la Asamblea Constituyente en la reforma del estatuto provisional del gobierno del 29 de enero de 1814; lo relativo a sello, al Himno Argentino…

Conflictos en la Banda Oriental…

Mientras en Buenos Aires continuaban las sesiones de la Asamblea, en la Banda Oriental soportaban amenazas de una poderosa escuadra naval.

José Gervasio Artigas era el Jefe de los Orientales, lograba imponerse y así aumentaba su influencia hacia el este del río Uruguay. El 26 de enero 1813, “con los suyos, que llegan a cinco mil guerrilleros, sube al Cerrito en medio del entusiasmo de todos”. Saludó a Rondeau, reemplazante de Manuel de Sarratea quien lo reconocía como “general del ejército auxiliar” y optó por ponerse a sus órdenes para lograr efectivos resultados en la acción. [96]

Acerca del encuentro de Belgrano y San Martín…

Distintos historiadores se han referido al encuentro de San Martín y Bolívar en Guayaquil, sin que se haya logrado saber qué asuntos decidieron realmente esos hispanoamericanos que habían imaginado una Patria Grande, con la unión de todas las naciones.

También ha interesado el proceso que determinó el encuentro de los generales Belgrano y San Martín en el noroeste de las Provincias Unidas del Río de la Plata en momentos en que se estaba intentando evitar el avance de los realistas y el desmembramiento de ese territorio.

En ese contexto, en 1950 -Año del Libertador General San Martín en la República Argentina-, el historiador Alfredo Gárgaro difundió lo que había escuchado y aparentemente, sin la pertinente base documental: que San Martín y Belgrano se habían encontrado en la Posta de Yatasto. [97]

Posteriores investigaciones determinaron diferentes conclusiones: [98]

“La llamada posta de Yatasto nunca existió ni menos que en ella se dieran en 1814 el histórico abrazo del encuentro de San Martín y Belgrano”.

Sabido es que en Yatasto estuvo el cuartel general del Ejército Auxiliar del Perú en marzo de 1812 comandado por Juan Martín de Pueyrredón.

El historiador Benencia explica que en su retirada, “archivos, caudales y equipajes fueron transportados desde Jujuy en tres carretillas conjuntamente con los efectos del general, por el teniente y oficial primero de la secretaría militar D. José Manuel de la Baquera, el cual en sus cuentas fechadas el 30 de marzo de 1812 considera a Yatasto como una posta. Lo era. Automáticamente, las necesidades del ejército la convirtieron en una posta de tropas, nombre genérico de la época, caracterizada especialmente por los correos que llegaban y salían de la hacienda.”

Destaca ese historiador que “San Martín y Belgrano se conocieron el 17 de enero de 1814 a la salida de la posta de Algarrobos, sobre el camino al Juramento.

“La tradición forjada en la casa de la hacienda de D. Vicente Toledo y Pimentel, situada a unos 72 kms. al sur de la posta del río Pasaje o Juramento, trasmitida por sus descendientes, arraigada por el tiempo en el lugar y aceptada sin reparos por la historia oficial, es una creación ilusoria del pasado”.

(Durante la Gesta de la Independencia eran tantas las dificultades para las comunicaciones que aún no habían trascendido suficientemente, los hechos protagonizados por Manuel Belgrano -el creador de la Bandera Nacional- y hasta después de la declaración de la independencia en Tucumán -el 9 de julio de 1816-, el responsable y entusiasta militar José de San Martín era casi un desconocido en algunas ciudades.)

1813-1814: Juicio de residencia…

Para intervenir en el juicio de residencia, la Asamblea nombró a una comisión integrada por Tomás Valle -presidente-, Toribio Luzuriaga, Sarmiento, José Francisco de Ugarteche, Pedro J. Agrelo, Gómez y Vicente López.

Entre los inculpados estaba el presidente de la primera junta de gobierno Cornelio Saavedra que había emigrado hacia la zona de Cuyo donde gobernaba José de San Martín. Lo autorizó para que se instalara en la villa de San José de Jáchal, en jurisdicción de San Juan de la Frontera y luego pasó a Chile hasta octubre de 1814. En ese tiempo, Gervasio de Posadas debió insistir en el cumplimiento de aquella misión.

Otro de los exiliados desde 1813 fue Juan Martín de Pueyrredón, quien nombró a un apoderado.

En 1818, Saavedra fue declarado inocente. Pueyrredón lo ascendió a Brigadier General del Ejército Nacional con retroactividad al 14 de enero de 1811 y fue nombrado Jefe del Estado Mayor. Decidió retirarse durante el gobierno de Martín Rodríguez.

(Empezaban a acumularse los antecedentes de una tradición en la historia de los argentinos: unos desde el gobierno perseguían, otros desde la oposición criticaban esas actitudes y cuando obtenían el poder, se hacían cargo de los daños provocados por aquellas detenciones o pérdidas de cargos, indemnizaban con los recursos del Estado que eran las recaudaciones por los aportes cobrados a los contribuyentes del país.)

El coronel Manuel Dorrego comandaba las tropas que operaron en la guerrilla de Salta y a sus órdenes, en la retaguardia estaba el capitán José María Paz.

El 23 de septiembre de 1813, la Asamblea creó la Comisión Directiva del Interior con la finalidad de estructurar la administración pública en las provincias y nombró a sus integrantes: Dr. Antonio Álvarez Jonte -uno de los miembros de la Logia, amigo de San Martín-, Francisco de Ugarteche y secretario Justo José Núñez.

Estas miradas en distintas direcciones permiten advertir que en el vasto territorio de las provincias unidas, había desorientación y las dificultades que se generaban en diferentes localidades por las acciones de ejércitos opositores, provocaban inmediatos cambios de estrategias y demoras en lo fundamental, que era acordar una forma de gobierno y sancionar una constitución.

Belgrano y la derrota en Vilcapugio…

El 1º de octubre de 1813, las fuerzas comandadas por Belgrano se enfrentaron al norte del río Pilcomayo, en los campos de Vilcapugio con las tropas conducidas por el hábil general Joaquín de la Pezuela que habían descendido por la angosta senda de una pendiente.

Los realistas disponían de 4.000 combatientes y 12 cañones; el ejército patriota tenía 14 piezas de artillería, 3.500 soldados y entre ellos mil reclutas, montados en mulas. Valientes mujeres colaboraban con los patriotas aun en la atención de los heridos. Manuel Asencio Padilla y su mujer Juana Azurduy participaron en sucesivas batallas.

“Entre empinadas montañas, los Padilla ayudados por su tropa aborigen tuvieron que transportar pesados cañones y eligieron los colores celeste y blanco en vestimenta e insignias para distinguirse de los realistas que usaban el amarillo y gualda, demostrando al mismo tiempo la adhesión a Belgrano que había sido censurado por el Triunvirato de Buenos Aires por haber enarbolado una bandera argentina que había bendecido el Padre Juan Ignacio Gorriti, dado que esa decisión podía ser desagradable para el embajador británico Lord Strangford.” [99]

En aquellas circunstancias, Manuel Padilla y su esposa Juana, estaban convencidos de que sólo con el poder de la fuerza era posible “derrotar-y expulsar al godo”.

En Vilcapugio fueron testigos de otro fracaso, atribuido por algunos militares -entre ellos José María Paz- a la equivocada estrategia elaborada por Belgrano. Después, el matrimonio pudo proteger al general Díaz Vélez en su retirada hacia Potosí.

Han reiterado que las tropas de Juana Azurduy de Padilla estaban formadas con mujeres reconocidas como “las Leales”, jóvenes valientes que “sabían utilizar hondas y macanas en la lucha cuerpo a cuerpo con los realistas que usan armas de fuego.

Belgrano, decidió entregar su espada a esa extraordinaria mujer y ella supo corresponder a esa distinción usándola hasta en la última batalla, en aquella región que se extendía desde “Chuquisaca hasta las selvas de Santa Cruz, territorio que integraba las Provincias Unidas del Río de la Plata hasta 1825”… [100]

Distintos historiadores coinciden al expresar que en Vilcapugio, al principio parecía que dominaban los patriotas pero un toque de llamada generó confusión. Desde ese momento se invirtió el resultado porque Belgrano con otro llamado intentó en vano reunir a sus hombres y sólo pudo ordenar a Eustoquio Díaz Vélez que avanzara hacia Potosí con los dispersos, “mientras él aprovechando la noche iría por una senda de montaña a Macha, cerca de Cochabamba”.

En tales circunstancias, de acuerdo a lo escrito por el historiador Bartolomé Mitre, Belgrano expresó otra proclama para alentar a sus soldados:

“Hemos perdido la batalla después de tanto pelear; la victoria nos ha traicionado pasándose al enemigo en medio de nuestro triunfo. ¡No importa! Aún flamea en nuestras manos la bandera la Patria.”

El ejército de Belgrano después de esa batalla quedó con mil hombres casi sin armas y mientras iban hacia Macha recibían el aporte de otros contingentes, entre ellos “los indios de Chayanta”, quienes además de incorporarse a las tropas, aportaron algunos bienes necesarios para la campaña. Con valentía y esperanza, Belgrano se animó a escribir:

“Aún hay sol en las bardas y un Dios que nos protege”.

03-10-1813: frustrada conspiración en Tacna y Arequipa

Francisco Antonio de Zela había fracasado al pronunciarse en contra de los realistas en 1811 proclamándose “Comandante de las Fuerzas Unidas de América.

Al año siguiente, el caudillo Juan José Crespo y Castilla con aborígenes de la zona intentaron otra sublevación.

El 3 de octubre de 1813, los hermanos Juan, Antonio y Enrique Paillardelle organizaron otra rebelión con acciones simultáneas en Tacna y Arequipa; fueron delatados y se impuso el general español Joaquín de la Pezuela.

Cuatro meses después, Enrique Paillardelle estaba en comunicación con José de San Martín, nuevo jefe del ejército tras el relevo de Belgrano en tales funciones…

24-10-1813: sorpresa y rendición en “Tambo Nuevo”

Durante la noche del 24 de octubre de 1813, el joven capitán Gregorio Aráoz de Lamadrid estaba cumpliendo la misión encomendada por Belgrano, alerta ante los posibles movimientos de los enemigos. Observó que tres sargentos -el tucumano Mariano Gómez y los cordobeses Santiago Albarracín y Juan Salazar- se retiraron de la compañía situada en Tambo Nuevo –aproximadamente cincuenta soldados- y aprovechando las sombras llegaron hasta el lugar donde cuarenta españoles estaban dormidos: “mientras uno desarmaba y rendía al incauto centinela, otro se apoderó de las armas, y el tercero se plantó en medio de los durmientes apuntándoles con su arma les intimó rendición”.   [101]

Luego Belgrano los premió porque eran un “ejemplo de coraje y astucia”.

Sabido es que en ese tiempo, el sargento Juan Felipe Romano -del Regimiento de Caballería en línea del Perú-, fue “promovido a Alférez en Macha el 1º de noviembre de 1813, por su valor, y designado jefe de la corta escolta de Belgrano, que lo acompaña hasta Tucumán”, en ese tiempo dependiente de la gobernación de Salta. [102]

Durante la segunda semana de noviembre de 1813, el general Joaquín de la Pezuela tenía preparadas sus tropas para otro descenso por la ladera de un cerro y cuando comenzaron los primeros movimientos, de acuerdo a lo expresado por Lamadrid en sus Memorias, Belgrano ordenó que “dejen que bajen todos para que no se escape ninguno”, sin imaginarse que bajarían por dos flancos provocando inmediata confusión entre los hábiles jinetes criollos que disponían de armas de menor potencia. En ese escenario, el 14 de noviembre de 1813 lucharon durante tres horas: del ejército patriota quedaron en el campo de Ayohuma aproximadamente quinientos muertos y heridos, quinientos prisioneros y parte del armamento. Los circunstanciales vencedores también soportaron pérdidas irreparables porque murieron quinientos soldados disciplinados y valientes. Inmediatamente Belgrano ordenó que trabajaran en la reparación y fabricación de fusiles encargando a Díaz Vélez esa responsabilidad, consciente de que en esos momentos fabricar armas era la evidencia de “una proeza de ingenio y de voluntad”. [103]

Belgrano luego debió replegarse hacia Jujuy y tales derrotas prácticamente determinaron la pérdida del Alto Perú.

(El 9 de mayo del año siguiente, en la provincia de Santa Fe, “tras el gobierno de Montes de Oca, brevemente asumió tales funciones el coronel Ignacio Álvarez Thomas y a principios de mayo Eustoquio Díaz Vélez, quien también tuvo que seguir alerta porque allí actuaban dos frentes que operaban con distintos propósitos: los indígenas que “sorprendían con sus invasiones cuando sentían necesidad de defender sus territorios y los políticos que insistían con sus exigencias de retornar a la autonomía provincial.” [104]

En 1816, otros sucesos en la provincia de Santa Fe revelarían la actitud de Díaz Vélez contra el tolerante Manuel Belgrano… [105]

(Otra tradición en la historia de los argentinos: luchar por el poder y cambiar de posiciones según las conveniencias políticas, traicionar… hasta el límite de no ser conscientes de la destrucción y de la autodestrucción.)

Décadas después, en las Memorias póstumas del general José María Paz hay conclusiones insoslayables:

“Estábamos en el aprendizaje de la guerra y que, así como era, el general Belgrano era el mejor general que tenía entonces la República”.

(El historiador José María Rosa, refiriéndose a aquella época, destacó que “Monteagudo había proclamado, hacía tiempo, la necesidad de una dictadura. Alvear tomó la idea con miras personales, tal vez tuviese sueños napoleónicos y pensase ir del Primer Consulado al Imperio”, aunque para eso era necesaria “la gloria militar”.

No fue por casualidad que Carlos María de Alvear –“sobrino y servidor de Gervasio de Posadas”- acompañara a San Martín entre el 18 y el 20 de diciembre de 1813, cuando salía para reemplazar a Belgrano porque evidentemente, así estaba más despejado el camino para avanzar hacia su objetivo.

Por algo, después de despedirlo dijo en portugués:

                                                                            “Ya cayó el hombre”

Alvear tenía 24 años de edad y el 27 de diciembre de 1813, lo designaron “general en jefe de las fuerzas de la capital y comandante de armas, el cargo que se había venido rehusando a San Martín, que tenía en su haber un cuarto de experiencia militar”.)   [106]

Disciplinada tropa del coronel San Martín

“El 18 de agosto de 1812, el Gobierno por pedido de San Martín, exhorta a los hijos de Yapeyú a combatir por la causa americana”.

Cuatro días después, “Rivadavia solicitaba por nota a los subdelegados de Yapeyú, Candelaria y Concepción, que colaboraran con el comisionado Don Francisco Doblas para el reclutamiento de 300 guaraníes “de talla y robustez que S. E. destina al Regimiento de Granaderos a Caballo al mando del Teniente Coronel Don José de San Martín, oriundo de aquel territorio”.

Esa misión no se cumplió porque cuando Doblas se presentó para recibir los tres mil pesos fuertes necesarios “tanto para la recluta como para la manutención”, le exigieron una fianza. Respondió enseguida: “…no pudiendo satisfacer con otra que con la de su honor y vida, lo avisa a V. E. para que determine lo que mejor parezca”.

“Y es Rivadavia el que, con su letra nerviosa y expandida… asienta definitivamente: ‘Comuníquese que esta Superioridad ha suspendido la comisión que había dado al suplicante’.

A pesar de este fracaso inicial, ante la probable insistencia de San Martín, Celedonio del Castillo, con la eficaz colaboración del Capitán Antonio Morales, hábil lenguaraz y conocedor como pocos del indio guaraní, efectuó un reclutamiento importante, enviando con este último 283 naturales del Departamento de Concepción, que partieron a fines de enero de 1813 llegando a Buenos Aires en los primeros días de mayo, con algunas deserciones y muertes ocurridas a lo largo del peregrinaje hasta la capital del Plata, alcanzando a un total de 261 reclutas, siendo sus jefes, además del Capitán Morales, el Teniente Matías Abucú y los Alféreces Miguel Aybí, Andrés Guayaré y Juan de Dios Abayá, los que fueron debidamente gratificados por su patriótico comportamiento.” [107]

Integraban ese contingente entusiastas misioneros que tenían entre 25 y 35 años de edad y por el testimonio del Coronel Manuel A. Pueyrredón, en sus ‘Memorias inéditas’, publicadas en Buenos Aires en el año 1947”, sabido es que formaron la mayor parte del primero y el segundo escuadrón y que eran “soldados que el Comandante San Martín quería mucho, tanto por lo subordinados y humildes cuanto por ser excelentes nadadores.”

El 3 de diciembre de 1813, el Triunvirato -Supremo Poder Ejecutivo Nacional-, ordenó a San Martín cumplir otra misión: debía conducir una “expedición auxiliadora” tras la derrota del ejército del norte en la batalla de Ayohuma.

Debía recorrer con sus tropas 324 leguas para llegar a Tucumán por el camino de las “56 postas”, situadas a distancias de 4 a 9 leguas en caminos de tierra que generalmente estaban en malas condiciones. Desde la primera en Puerto de Marques (Morón) pasando por las instaladas en las provincias de Santa Fe, Córdoba y Santiago del Estero hasta las últimas de Talacocha y Tucumán. [108]

Algunos Granaderos habían participado en el combate de San Lorenzo -en el patio del convento de San Carlos, en la provincia de Santa Fe, el 3 de febrero de 1813-, donde con eficaces escaramuzas habían logrado alejar al general español Zavala y a sus tropas recién desembarcadas.

(Es oportuno describir parte de aquellos hechos:

Desde octubre de 1812 se había reiniciado el sitio de Montevideo y “marinos españoles asaltaban y saqueaban San Nicolás y San Pedro en la costa del río Paraná”. Tres meses después, en Buenos Aires se enteran de los preparativos del corsario Rafael Ruiz con algunos colaboradores, organizando una escuadrilla de embarcaciones de guerra en el puerto de Montevideo, con el propósito de apoderarse de los buques mercantes que realizaban tráfico con el Paraguay. A mediados de enero entraron por la boca del Guazú y el 28, San Martín con cientoveinticinco Granaderos seleccionados, “vestido de poncho y sombrero campesino, vigilaba personalmente las costas. La marcha de los españoles fue lenta por los recodos del río y vientos contrarios. El 30 de enero estaban ante Rosario.”

Al día siguiente, “anclaron cerca del pueblo de San Lorenzo (en el lugar donde hoy está puerto San Martín, donde había una cortadura en la barranca que permitía el desembarco. Una partida cien hombres va al convento franciscano de San Carlos en busca de víveres; sólo encontraron algunas gallinas y melones, pues el ganado había sido retirado previsoramente al interior.”

En esas circunstancias, se acercaba la milicia conducida desde Rosario por el comandante Celedonio Escalada -“apenas 22 hombres de infantería con fusiles y un pequeño cañoncito, y 30 jinetes armados con chuzas”- pero al observar los enemigos tales movimientos prefirieron volver a embarcarse.

“Al amanecer del 3 de febrero, desembarcaron 250 españoles con dos piezas de artillería y mientras estaban armando sus cañones en menos de tres minutos fueron controlados mediante un operativo de pinzas, por la izquierda los milicianos al mando de San Martín y por la derecha los dirigidos por el capitán Justo Bermúdez.

Durante ese primer combate de los Granaderos, cuando cayó el caballo blanco montado por San Martín, inmediatamente fue socorrido por el Sargento Juan Bautista Cabral, uno de los tantos correntinos que lucharon con firmeza. Minutos después de salvar a su jefe, Cabral murió en ese acto y según la tradición oral, habría expresado: “Muero contento, hemos batido al enemigo”.

Minutos antes del combate, San Martín observó que un extranjero, John Parish Robertson estaba en su coche junto al convento y dialogando con él, supo que llevaba unas petacas con mercaderías para Santa Fe. Creyendo que era un comerciante inglés lo invitó a que presenciara el combate y han reiterado que confiado habló sobre algunos asuntos políticos. Era el hermano de William -también conocido como Guillermo Robertson- quienes aparecen en ensayos históricos y en relatos sobre viajeros o anécdotas sobre la vida en la época colonial. Son minoría los textos que aluden a sus servicios de espionaje y a la intermediación en los negocios impulsados por Bernardino González Rivadavia -más conocido como Bernardino Rivadavia-, a principios de la década siguiente y durante el trámite del primer empréstito de la banca inglesa Baring Brothers: un crédito que se redujo a un tercio porque primero descontaron comisiones y servicios. Fueron insuficientes los fondos para realizar las obras previstas y el proceso de cancelación de ese compromiso financiero significó un siglo de endeudamiento… [109]

Destaca el historiador José María Rosa acerca de los hermanos Parish Robertson, que “los hombres más representativos -San Martín, Artigas, Bolívar, Rivadavia, Pueyrredón… se abrieron fácilmente ante estos jóvenes afables y simpáticos. Sólo uno, Gaspar Rodríguez de Francia, les tomó desconfianza y expulsó del Paraguay”.

Juan Parish Robertson “regresa a Inglaterra, residiendo en Liverpool hasta 1820, pero teniendo noticias de los triunfos de San Martín en Chile y de su campaña en el Perú, decide retornar a América con el propósito de instalar una casa de negocios en Chile. Así lo hace y en pocos años enriquece, retornando a su patria en barco propio”.

A pesar de los enriquecimientos “con el tráfico comercial y con negociaciones no muy claras”, en 1826 acordaron un negocio de colonias escocesas en Santa Catalina y perdieron tal fortuna.

Juan se rehizo con un matrimonio ventajoso y luego, ambos hermanos se dedicaron a la literatura.

Han anotado que Juan Parish Robertson ingresó en la Universidad de Cambridge en 1830 y se retiró a la isla de Wight donde comenzó a escribir cartas y memorias. En aquel tiempo, la venganza fue editar el libro Francia’s reign of terror –Reino del terror de Francia- con los recuerdos de la residencia, detención y expulsión del Paraguay, texto “que contribuyó mucho a la mala fama póstuma del Supremo paraguayo”, aunque ni una línea escribieron sobre sus servicios como agentes secretos, dato confirmado al difundirse los documentos reservados del Foreign Office, ya que el enlace era su abuelo John Parish, residente en Bath. No ha sido aquel autor, “Juan Robertson – comerciante y aventurero inglés” como han escrito en algunas páginas literarias, sino John Parish Robertson.

Esos inquietos e inquietantes hermanos John y William, estuvieron también en la ciudad de Santa Fe, en la casa del estanciero Francisco Antonio Candioti, el Príncipe de los Gauchos”, el primer gobernador santafesino; el hombre que había realizado su primer viaje hacia el Perú, el 10 de noviembre de 1764 y que regresó “con sus veinte arrieros y otras tantas bestias de carga, en cuyos lomos trae más de diez mil pesos en oro y plata”. Así fue como inauguró la ruta de Candioti, que “tan sorpresiva e inesperadamente conquistada, permitirá la intensificación de un comercio hasta entonces raquítico, y enriquecerá a quien por ella se aventuró primeramente, para librarla al tránsito común”.

Es oportuno tener en cuenta que los jesuitas fueron expulsados en 1767 y quedaron abandonadas las Reducciones, también las estancias en distintas localidades, algunos indígenas se dispersaron, otros se incorporaron al ejército… [110]

“Allí empieza la verdadera historia de este hombre extraordinario: Francisco Antonio Candioti, en cuya vida se resume una época. Seis meses del año los pasa viajando: hacia el Perú, con arreos de mulas; de ese lugar, con cargamentos de plata y oro. Los otros seis meses los dedica a organizar sus estancias -algunas en Entre Ríos-; a conquistar desiertos.” [111]

En 1780 el príncipe de los gauchos, emprendió ‘su decimoséptimo viaje, es ya el Señor de la Pampa’ y todos reconocían la ruta de Candioti’ y se sabe que ‘las caravanas que organiza semejan verdaderos ejércitos; parecen pueblos en continua marcha.’ Candioti era amigo del general Manuel Belgrano -secretario del Consulado- y era hombre predicador: el primero en levantarse y el último en acostarse para controlar que todo estuviera en orden, ‘tolera errores, hasta algún atrevimiento, si quien lo tiene sabe pedir disculpa como corresponde. Alguna vez excusa al que juega cuando él prohíbe que lo hagan. Lo único que no perdona jamás es que un hombre se duerma cuando está de guardia’…”) [112]

16-12-1813: ascenso de San Martín…

José de San Martín fue nombrado “Mayor General” y designado “2º Jefe del Ejército” el 16 de diciembre de 1813.

En ese tiempo, debía reemplazar a Eustoquio Díaz Vélez que estaba a cargo de la fábrica de fusiles, siendo aún una persona con influencia sobre soldados y oficiales, también de arraigo en la zona porque era hijo de Cayetana Aráoz y en consecuencia, podía tener el apoyo de sus parientes poderosos. [113]

Al día siguiente, Belgrano desconociendo aquellas decisiones del gobierno instalado en Buenos Aires, contestó el oficio del Supremo Poder Ejecutivo enviado el 4 de ese mes cuando se le anunciaba la partida de la Expedición Auxiliar:

“…El auxilio que V. E. envía es parte de ellos y más que todo el Jefe, a quien pedí desde Tucumán y no se me quiso enviar. Todavía quisiera más, hablo con la franqueza que acostumbro, que V. E. le diese el mando en jefe, quedando yo en el ejército con mi regimiento o de soldado.”

Desde Buenos Aires, el 18 de diciembre de 1814, San Martín salió rumbo a Tucumán y durante tres semanas debieron cruzar ríos y montañas.

La ruta desde Buenos Aires hacia el Alto Perú era conocida como el camino de las carretas y estaban ubicadas sucesivas postas.

Al comenzar el verano seguía aumentando la temperatura y no fue por casualidad que el 21 de diciembre de 1814 decidieron suspender a Belgrano en las funciones de “capitán general de las provincias” manteniendo el generalato en circunstancias en que realmente en Salta, había una superposición de poderes porque estaba actuando el teniente de gobernador Antonio Luis Beruti y la recientemente creada Comisión Directiva del Interior conducida por el doctor Antonio Álvarez Jonte.

Sabido es que a partir del 5 de diciembre de 1812, el coronel Beruti durante seis meses, prácticamente debió concentrar las fuerzas para defender las fronteras de la capital y decidió organizar una Guardia Cívica con ciento cincuenta hombres, porque eran los disponibles en ese momento.

(Antonio Luis Beruti, nacido el 2 de septiembre de 1772, era hijo de María del Carmen González Alderete y Olmos de Aguilera y del genovés Pablo Berutti, tal su apellido.

Pablo Berutti estuvo casado desde 1733 con Juana Quintela y tras su fallecimiento, conoció a Domingo Belgrano quien le propuso que viajaran juntos hacia Buenos Aires. Así fue y en esa ciudad concretó su segundo matrimonio.

Antonio Luis Beruti inició sus estudios en Buenos Aires y los completó en España. En Buenos Aires fue empleado en la Administración de Correos y es reconocido como el primer cartero.

Sabido es que durante la mañana del 21 de mayo de 1810, conducidos por Antonio Luis Beruti y su compañero Domingo French -también empleado en la Administración de Correos-, frente al Cabildo de Buenos Aires se reunieron aproximadamente seiscientos hombres armados con cuchillos y pistolas, algunos con sombreros con la imagen de Fernando VII. El entusiasta Domingo French encabezó con su firma el documento que presentaron ante el Cabildo, donde había escrito: “Por mí, y en nombre de 600…” Luego, expresó: “Este mundo, es nuestro mundo; este país, es nuestro país; esta sociedad, es nuestra sociedad: ¿Quién tomará la palabra si no la tomamos nosotros?”

(Antonio Luis Beruti en 1812 fue designado gobernador interino en Santa Fe y luego en Salta.)

Domingo French también había nacido en Buenos Aires, el 21 de noviembre de 1774, en el barrio de San Telmo. Por su participación en los acontecimientos de mayo de 1810, la Junta lo nombró Coronel. Cumplió junto a Juan José Castelli con el mandato del doctor Mariano Moreno: comunicar la orden de fusilamiento al opositor Santiago de Liniers y Bremond, penúltimo virrey desde 1807 hasta el 2 de agosto de 1809 (reemplazado por el Almirante Baltasar Hidalgo de Cisneros).

(El Cnel. Antonio González Balcarce fusiló a Liniers en el monte de los Papagayos, cerca de Cabeza de Tigre, el 26 de agosto de 1810.   [114]

En 1862, en España destacaron que fue “el primer mártir de la revolución de mayo” y lograron el traslado de sus restos para rendirle honores…)

Domingo French estuvo al mando del Regimiento 3 de Línea y lo consagró a la Virgen del Luján. Por disidencias con el gobierno fue desterrado a la Patagonia en abril de 1812 y regresó al año siguiente, reincorporándose al ejército.

French en 1814 participó en el sitio de Montevideo; con Manuel Dorrego se opusieron al Directorio y en 1817 debieron embarcarse hacia Estados Unidos. Regresó en 1819 y murió el 4 de junio de 1825.)

22-12-1813: Carta de San Martín a Rodríguez Peña.

José de San Martín, el 22 de diciembre de 1813 envió una carta a Nicolás Rodríguez Peña expresándole que desde su punto de vista, su nombramiento a cargo del Ejército del Perú generaría reacciones no deseadas.

Leídas tales conclusiones, cinco días después, Rodríguez Peña le contestó:

“Mi amado amigo y paisano: no estoy por la opinión que V. manifiesta en carta del 22 en orden al disgusto, que ocasionará en el esqueleto del ejército del Perú su nombramiento de Mayor General”…

(El 23 de diciembre de 1813, San Martín estuvo en la posta de Desmochados en la provincia de Santa Fe después de pasar por catorce postas en un continuo avance de 87 leguas. Al comenzar el nuevo año, después de detenerse en otras 22 postas y recorrer 107 leguas más, llegó hasta la Posta de Macha. Cerca de ese lugar, San Martín recibió un correo enviado por Belgrano, indicándole que avanzara con algún escuadrón hasta Cobos.)

Desde Jujuy, en el día de la Natividad de Jesús, Belgrano envió otra carta a San Martín, con expresiones que revelan su desánimo:

“Empéñese V. en volar si es posible, con el auxilio, y venir a ser no sólo amigo, sino maestro mío, mi compañero y mi jefe si quiere”…

El 2 de enero y el día de Epifanía envió otras cartas porque evidentemente no se sentía seguro: “…sin tratar con V. a nada me decido”…

Diciembre de 1813: decisión de juzgar a Belgrano…

El 27 de diciembre de 1813, Nicolás Rodríguez Peña escribió a su amigo José de San Martín:

“…nos compromete mucho la conservación de Belgrano. Él ha perdido la cabeza y en sus últimas comunicaciones ataca de un modo atroz a todos sus subalternos incluso a Días Vélez, de quien dice que para cuidar de la recomposición de las armas será bastante activo y a eso lo ha destinado”…

Ese día, la Asamblea había decidido acordar facultades a la Comisión Directiva del Interior integrada por Antonio Álvarez Jonte, Francisco de Ugarteche y el secretario Justo José Núñez a los fines de juzgar la conducta de Belgrano.

El 10 de enero de 1814, Gervasio de Posadas había insistido advirtiéndose a San Martín que “cargase con esa cruz” y así fue, en el momento que creyó más conveniente. [115]

Desde Macha, los Granaderos siguieron avanzando hasta llegar a la posta de Santiago del Estero, distante 89 leguas y con un tramo de 28 leguas entre la Posta de Remanso o Ambargasta y la siguiente Posta de Noria.

En Santiago del Estero, San Martín ordenó que Luzuriaga -a cargo del Batallón 7 de Libertos- se quedara para proteger las carretas y carretillas mientras él con sus tropas seguiría el camino hacia Tucumán. Sólo faltaba cruzar cuarenta leguas pasando por cinco postas.

El 8 de enero de 1814 llegó a Tucumán el primer escuadrón de Granaderos y al día siguiente continuaron el viaje hacia Cobos, como le había pedido el general Belgrano.

Al amanecer del 11 de enero llegó el coronel San Martín con otra compañía y al día siguiente, informó al Supremo Poder Ejecutivo:

“A mi arribo había ya mandado hacia Cobos el 1er. Escuadrón por orden del señor General verificándolo hoy mismo el segundo conmigo”.

(Como suele suceder, en esa comunicación no se aludía a las dificultades soportadas durante la campaña tampoco a las deserciones. Distintas fuentes indican que el 16 de febrero de 1814, ya habían desertado 44 hombres del Regimiento de Artillería de la Patria, al mando del capitán Laureano Anzoátegui.)

17-01-1814: hacia el encuentro de Belgrano y San Martín

Diversas circunstancias confluyeron en la decisión de enviar aquella “expedición auxiliadora” que en realidad se puso en marcha a los fines de reemplazar a Belgrano por San Martín, quien debió avanzar hacia Tucumán con escasa tropa y municiones.

Mientras completaban ese recorrido, se incorporaron a las tropas de San Martín más soldados y según varios testimonios, logró reunir aproximadamente a 3.500 hombres.

Una vez más, en las orillas del río Salado o Juramento -nacido en el nevado de Acay-, se encontraron nativos y españoles para impulsar el movimiento independentista, mientras en Buenos Aires -la ciudad puerto- con otros recursos y diferentes riesgos, continuaban las disputas territoriales y políticas.

El historiador general Bartolomé Mitre, aludió al encuentro de Manuel Belgrano y José de San Martín en el camino hacia Jujuy en su Historia de Belgrano (edición 1859):

“Antes que tubiere lugar la rendición de Montevideo… se habían encontrado en las Juntas (camino de Jujuy a Tucumán) el General Belgrano y el Coronel San Martín.”

Como suele suceder, en la edición de 1884 modificó ese texto:

“…se habían encontrado en Yatasto el general Belgrano y el coronel San Martín”. [116]

También el historiador José María Rosa refiriéndose a la expedición conducida por San Martín, escribió:

“Poco después se encontraba con Belgrano en la posta de Yatasto, entre Salta y Tucumán. San Martín se presentó como subordinado, y ni siquiera quiso asumir la jefatura del Estado Mayor que le ofreció Belgrano, para no lastimar a los meritorios oficiales vencidos.”   [117]

En una edición de fines del siglo XX, indican en la provincia de Salta: “Yatasto (27 km) Monumento y museo histórico, sede de la célebre entrevista de San Martín, Belgrano y Güemes en 1814.” [118]

En otro párrafo -referido a la distancia de 14 km. de Metán”-, está escrito: “La Posta de Yatasto es su célebre monumento histórico porque fue el lugar de la trascendental entrevista de la cual una placa conmemorativa ubicada en el lugar dice: ‘San Martín y Belgrano se encontraron por primera vez en esta casa en enero de 1814, concordando el genio militar y la abnegación del verbo de la emancipación americana-.” [119]

Otros escritos indican que Belgrano y San Martín se encontraron cerca de la posta de Algarrobos a cinco leguas del río Pasaje, rebautizado Juramento.

La tesis elaborada por el Licenciado en Historia Dr. Antonio Jorge Pérez Amuchástegui incluye esta secuencia: [120]

“El 17 de enero de 1814 llega Belgrano a la margen izquierda del Río Juramento, desde donde anuncia a San Martín que cruzará el río, al mismo tiempo, dispone que en caso de hallarse próximo se sirva San Martín esperarlo con la tropa.

El 18 está aún en el Río Juramento, desde donde fecha una comunicación a Díaz Vélez; si bien no aporta ningún elemento que permita determinar en cuál de las dos márgenes se halla, y no hay más noticias hasta el 21.

El 21 de enero de 1814 Belgrano se encuentra en un lugar que según fecha Belgrano distintos documentos, se llama indistintamente ‘Juntas’, ‘Estancia de las Juntas’ y ‘Estancia de las Juntas enfrente de Yatasto’.”

Estancia de Las Juntas: lugar de encuentros…

Es oportuno tener en cuenta que a principios del siglo diecinueve, los Gorriti eran propietarios de las estancias Los Horcones, Las Juntas, Balbuena, entre otras.

El historiador Benencia destaca que el doctor Tomás de Anchorena, escribió una carta desde la Estancia de las Juntas indicando que estaba ubicada “enfrente de Yatasto, dos leguas al oeste”. [121]

“…había que cruzar el río de las Juntas para trasladarse de la casa y estancia a la hacienda de Concha; y los antiguos límites de la reducción de Miraflores nos permiten circunscribir el paraje de Las Juntas entre los ríos Yatasto, Metán (o Solorzano o de las Juntas) y el río de las Cañas que forma el Medina, el cual desemboca en el Pasaje en las cercanías de Balbuena. Concretando, ubicamos la casa y estancia en las proximidades de la horqueta formada por la junta del río Metán con el río Yatasto.”

Un expediente de 1814 registra el domicilio de un vecino del Paraje de Las Juntas, dependiente de la alcaidía de Cañas, en el lugar de Aragón”.

“Un recibo de postas extendido el 20 de abril de 1814 por D. Juan Francisco Sevilla ayuda a fijarlo: Recibí del maestro de postas de la Encrucijada de las Juntas, que dista tres leguas, tres caballos de auxilio en virtud de la orden del señor general.”

Don José Manuel Torrens, propietario de la Estancia…

Es pertinente reiterar otro párrafo escrito por el historiador Julio Arturo Benencia acerca de la Estancia de Las Juntas:

“El propietario era el señor D. José Manuel Torrens. La circunstancia de ser peninsular (catalán) no le impidió actuar como un ferviente partidario de la Revolución de Mayo, desde que en compañía del doctor Gorriti, el capitán Mollinedo y el cura Estévez, conociera la formación del nuevo gobierno, comunicada por D. Elías Villada.” [122]

……………………………………………………………………………………………………

“Torrens fue un hombre desinteresado; no percibió un centavo cuando servía como una especie de auxiliar de informaciones de Belgrano (1812-1814); por consiguiente existen pocos antecedentes suyos.

Su casa y estancia de las Juntas, cuya exacta situación catastral actual no se conoce, tuvo el honor de la presencia de Belgrano y San Martín en enero de 1814.

La heredad perteneció a la familia Gorriti y por casamiento pasó a poder de Torrens” porque estaba casado con Isabel Gorriti, también colaboradora en la lucha por la independencia al apoyar a los bravíos gauchos que conducía el general Martín Miguel de Güemes. [123]

Es oportuno tener en cuenta lo expresado por Feliciano Antonio Chiclana en su carta del 17 de diciembre de 1810 con instrucciones al sucesor en el gobierno de Salta. [124]

En el primer punto, destaca la importancia de proteger y auxiliar a nuestro ejército “por todos los medios posibles, sin omitir fatiga ni incomodidad que conduzca a este intento”.

En el segundo punto señala que “deberá aprovecharse el influjo, y mediación de los muchos buenos patriotas que hay en la provincia; y para que esto sea más fácil se propondrá amistarlos entre sí, cortando pleitos, y apagando resentimientos que entre ellos haya, pues sin estos obstáculos se contraerán con más eficacia que se los ocupe”.

En el tercero, Chiclana recomienda: “Del mismo modo se propondrá aprovecharse de los Europeos que aunque no todos son Patriotas, todos sirven en su caso; y para esto confiará de ellos, desconfiando, pero de un modo que no lo entiendan, pues en todo caso los ha de distinguir aunque aparentemente, visitando sus casas y familias… pues el asunto es, que cuando de enemigos no se hagan amigos, al menos se pongan en estado que no vivan descontentos, ni nos incomoden, como sucedería si se les tratare con el desprecio que ellos generalmente merecen”.

Traslado de heridos…

En el lugar donde en 1582 estaba la ermita dedicada a San Bernardo Abad -tercer Patrono de Salta-, luego se instaló el Convento de San Fernando. En 1692 soportó un sismo y casi un siglo después, en el bienio 1782-84 agregaron algunas habitaciones y allí funcionó el Hospital de San Andrés, inaugurado el 20 de agosto de 1806, a cargo de frailes de la Congregación Bethlemita.

El doctor José Ignacio Gorriti, el 17 de enero de 1814 estaba en el río de Las Piedras -también nombrado río de la Patria– y con apoyo del general Belgrano, pudo disponer de los recursos necesarios para “los auxilios de movilidad para el hospital militar”. [125]

En esas circunstancias, era necesario trasladar al Coronel graduado Carlos Forest, el valiente francés nacido en 1787 quien siendo un joven de veinte años luchó en Buenos Aires contra los ingleses durante la segunda invasión -en 1807- con el grado de Capitán del Cuerpo de Voluntarios. También combatió en las batallas de Tucumán y Salta. [126]

Carlos Forest había intervenido a principios de octubre de 1813 en el combate de Vilcapugio y necesitaba continuo tratamiento porque tenía heridas de gravedad. [127]

El 4 de febrero de 1814, Fray Antonio Severino necesitó enviarle una comunicación a San Martín, nuevo general en Jefe:

“…Hacen nueve meses vino de Buenos Aires por orden del Supremo Gobierno destinado a la curación de guerreros heridos que en Salta se hallaban después de la acción y concluido que fue aquella comisión, pasó en calidad de cirujano practicante al Ejército del Perú, hasta que siguiendo su retirada llegó a esta ciudad conduciendo al comandante D. Carlos Forest.”

Enseguida, San Martín respondió:

“La urgencia del estado no permite auxiliar al benemérito religioso como deseo y por ahora lo socorrerá el comisario con veinte pesos a buena cuenta. San Martín.”

(Sin suficiente apoyo de Martín Rodríguez, los frailes de la Congregación Bethlemita abandonaron ese lugar y casi en ruinas, fue cerrado en 1819.)   [128]

21-01-1814: distintas latitudes y diferentes actitudes

El 21 de enero de 1814, en Buenos Aires se habían reanudado las sesiones de la Asamblea y “sorpresivamente, el Triunvirato pidió la concentración de poderes en una persona”. Después de un entusiasta debate, se creó el Directorio. El 26 de enero votaron el Estatuto del Poder Ejecutivo que reglamentaba las funciones del Director y creaba el Consejo de Estado.

Mientras en Buenos Aires estaban ocupados en tales relaciones políticas, el mismo día 21 de enero de 1814, al norte de la ciudad de Salta, se encontraron en las Lomas de San Lorenzo las fuerzas realistas con los soldados que estaban a las órdenes del Capitán chileno Juan Miguel del Río integrando la Primera Compañía del primer Escuadrón: “aproximadamente la mitad eran guaraníes de las Misiones, como Siyá, Pindó, Yparabá, Ybayú, Pachoa, Mboatí Perivera, etc. El Coronel Don Manuel Dorrego, en el parte datado en Carvajal, entre otras cosas dice: [129]

‘El escuadrón de granaderos montados a cargo de su comandante Don Juan Miguel del Río ha demostrado ser cortos todos los elogios que se hacían de ellos; pues en medio del más vivo fuego sin usar de sus armas permanecían con la mayor serenidad; lo mismo que varios de sus oficiales que destiné ocurriendo con toda prontitud y orden.”

El mismo día 21 de enero de 1814, Manuel Belgrano desde la Estancia de Las Juntas, envió una carta a San Martín pidiéndole que avanzara hasta Tucumán para reorganizar el ejército. En esos momentos también envió una comunicación al Superior Poder Ejecutivo:

“…Luego que llegue al Tucumán tomaré exactos conocimientos de todo lo que falta además de lo que tengo pedido anteriormente, y daré parte a V. E.; pues los continuos movimientos del ejército desde la retirada de Ayohuma, el apuro de las circunstancias y el hallarme actualmente enfermo de terciana me han impedido para haber principiado a organizarlo todo; y así es que habiendo venido a encontrarme el coronel don José de San Martín he dispuesto hoy que regrese al Tucumán para que reconociéndole como segundo jefe del ejército proceda inmediatamente al arreglo y disciplina de tropa”…

22-01-1814: Belgrano salió de la Estancia de Las Juntas…

En el “Extracto que forma Manuel José Torrens de los méritos y servicios que tengo contraídos a favor de la causa general de América”, extendido en Tucumán el 8 de julio de 1814 -dos años antes de la declaración de la independencia-, hay constancia del mandato del General Belgrano mientras estaba en Tucumán, antes de salir el 22 de enero desde la estancia de Las Juntas:

“…dos comisiones; una para solicitar la familia de los Maurines que se hallaban ocultas, y confinarlas en Santiago del Estero; la otra para reunir los matacos que se hallaban dispersos, y tanto perjuicio habían hecho el año anterior quemando y matando; los que reuní en número de sesenta y cuatro familias y traje a mi costa a esta ciudad donde se halla parte de ellos alistada en los ejércitos de la patria.”

(Es oportuno tener en cuenta lo expresado por el historiador Atilio Andrés Roverano acerca de aquella familia, porque reitera la advertencia de Concolorcorvo en su Lazarillo de Ciegos Caminantes: “También se informarán del estado en que se halla el vado del caudaloso río nombrado Pasaje, para esperar en las casas de Maurín hasta el tiempo de su tránsito por no exponerse a las incomodidades que se experimentan en el rodeo, que está media legua antes del Pasaje, cuyas aguas corren siempre muy turbias sobre arena”.

“La casa de Maurín, que cita, era una posta o ‘tambo, al decir de ese tiempo, que suministraba víveres a los viajeros y tenía caballos especialmente adiestrados para vadear el río”.)   [130]

El historiador Benencia destaca que “las comisiones fueron cumplidas”, teniendo en cuenta que Casilda y María Maurin, propietarias de la hacienda en la Posta de Concha, fueron “tomadas en la Aguada Grande y conducidas a Santiago.

En cuanto a los matacos, los llevados por Torrens a Tucumán deben ser los que se emplean en los trabajos de la Ciudadela.” [131]

Tal hipótesis se podría apoyar en la comunicación de San Martín dirigida al “Ingeniero D. Enrique Paillardelle” dos meses después, el 1º de marzo:

“…Con esta fecha se pasa orden al señor coronel D. Antonino Cornejo para que nombre un oficial de confianza que se encargue de recibir por la mañana del oficial director de día las herramientas que se reparten entre los matacos para los trabajos del campo retrincherado.”

(Antonino Cornejo -en algunos textos Antonio…- había nacido en Arequipa y era hijo de Juan Adrián Cornejo y Rendón, Corregidor de los Pueblos del Tucumán. Fue nombrado Teniente Coronel por la Primera Junta de Buenos Aires (1810). Comandante de Armas en 1815. Gobernador de Salta en 1821. Murió en el combate de Villacuri según han reiterado, “asfixiado en su armadura”…)

29-01-1814: San Martín asumió el mando del Ejército…

El 29 de enero de 1814, San Martín asumió el mando del Ejército como le habían indicado Rodríguez Peña en su carta del 27 de diciembre de 1813 y también Gervasio de Posadas el 10 de enero.

Un día después, San Martín envió este aviso:

“Me encargo de un ejército que ha apurado sus sacrificios en el espacio de cuatro años, que ha perdido su fuerza física y sólo conserva la moral”.

El 18 de febrero de 1814 -el mes siguiente a la entrada de San Martín en Tucumán-, llegó hasta esa ciudad Toribio Luzuriaga con el 7 de Infantería: “fuerte de 700 plazas” y los libertos que habían obedecido todas sus órdenes, tenían en adecuadas condiciones de uso a las carretas y carretillas. Ninguno había desertado y satisfecho Luzuriaga con esos logros, envió una comunicación al gobierno:

“Fue inmenso el público que acompañó a la entrada a esta tropa, y a sus primeros movimientos de formación y manejo de armas en la plaza, para esperar las órdenes del general.”

En esos momentos, San Martín había ascendido a General, era el jefe del Ejército Auxiliar del Perú y entre sus hábiles y leales compañeros estaba el comisario interino D. Manuel Ruperto Orozco, a quien le reconoció sus significativos aportes proponiéndolo el 8 de abril para el ascenso a capitán y así fue nombrado a partir del 23 de ese mes.

Servicios del catalán Manuel José Torrens…

Documentos que se conservan en el Archivo General de la Nación, indican que el catalán Manuel José Torrens colaboró con el ejército patriota en distintas circunstancias.

El 21 de enero de 1814 había entregado ochenta caballos, dos postillones y dos reses para el 2ª Escuadrón de Granaderos y dos días después, colaboró en el servicio de postas en una distancia de seis leguas, con diez caballos “para el Coronel de Granaderos”.

08-07-1814: Torrens con Belgrano y San Martín…

Manuel J. Torrens, el 8 de julio de 1814 escribió desde su estancia de las Juntas:

“El gobierno de Salta me comisionó para traer confinadas varias personas, entre ellas la madre de Castro. Enseguida pasé a Jujuy conduciendo pliegos al señor general, y al día siguiente me vine en su compañía, y en la del caballero San Martín, a quien hallamos en los Algarrobos”… [132]

En el siguiente párrafo, el historiador Benencia destacó que:

“En estos tiempos de lucha por la libertad aparecen hombres que en un plano subalterno, sin haber nacido en el país, siguieron la causa de la revolución, creyendo sin sombra de duda en su destino histórico. Realizaron acciones generosas que pasaron desapercibidas, sin recibir mayores recompensas, mirándose en menos su persona y sus hechos por ser peninsulares”…

“De tal cuño es el catalán Torrens. Hombre que en la mala fortuna sigue al capitán ilustre y desgraciado, al cual ha servido de informante desde 1812 y no vacila en ofrendar los restos de su patrimonio a la causa por la cual combate”…

José Ignacio de Gorriti, representante en el Congreso de Tucumán

José Ignacio Gorriti nació en 1770. Era reconocido por su formación en Derecho y por la colaboración en la causa de mayo de 1810 auxiliando al ejército de gauchos que comandaba Güemes. En 1816 fue nombrado representante de la provincia en el Congreso que reunido en Tucumán declaró la independencia y firmó el acta pertinente.

(En 1831 fueron confiscados los bienes de la familia Gorriti y emigraron a Bolivia. José Ignacio falleció el 9 de noviembre de 1835.)

Los Gorriti: cooperación con Martín de Güemes…

Con el propósito de avanzar hacia la independencia, en la guerra de guerrillas organizada por el general Martín de Güemes colaboraron varios caudillos salteños. [133]

“Entre ellos se destacaban el doctor José Ignacio de Gorriti y el coronel Pedro José Saravia, quienes contribuyeron a desarrollar el plan conjunto previsto por Güemes y San Martín realizando operaciones estratégicas en Salta y en Jujuy, formando entre ellos una sólida unidad provinciana apta para combatir en cualquier terreno.

Colaboraron también con Güemes ‘varones ilustres’ como Alvarado, Arenales, Moldes”… [134]

Tales varones ilustres eran:

Rudecindo Alvarado, al mando de los cazadores que integraban un batallón de infantería y el coronel salteño Antonio José Moldes.

Antonio Álvarez de Arenales, el 25 de mayo de 1809 había conducido al grupo de aborígenes que se levantó contra la opresión de los españoles y al ser derrotado, se salvó de la ejecución por sus antecedentes. Estuvo preso en el Callao hasta que se escapó y regresó a Salta para apoyar el movimiento impulsado en mayo de 1810 desde Buenos Aires. Arenales se incorporó al ejército de Belgrano y luchó en la batalla de Salta. Pidió a la Asamblea de 1813 que lo designaran ciudadano de las Provincias Unidas del Río de la Plata. Fue nombrado gobernador de Chuquisaca y quedó aislado después de las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma. Luchó por la incorporación del Alto Perú a la revolución y después se retiró a Tucumán. Decidió cruzar los Andes para integrar el ejército de San Martín y estuvo al mando de una división. Siendo gobernador de Salta en 1823, envió tropas para apoyar la guerra contra Brasil.

En 1827, la sublevación encabezada por José Francisco –Pachi– Gorriti depuso al gobernador Arenales.

1827: el poder de Pachi Gorriti

José Francisco Gorriti más conocido como Pachi, había nacido el 20 de abril de 1780 y era hijo de “una dama norteña”, Feliciana Cueto -o Coeto– y del vasco Ignacio de Gorriti; matrimonio que poseía bienes y ganadería en la estancia de Horcones, al sur de Salta. Eran diez hermanos, entre ellos Pachi, el doctor José Ignacio, el eclesiástico Juan Ignacio -residente en Jujuy- y la solidaria Isabel, casada con el catalán José Manuel Torrens, quienes también participaron en sucesivas luchas políticas.

Es oportuno tener en cuenta que Pachi Gorriti desde la niñez acompañó a su tío Francisco de Gorriti que había sido soldado del rey hasta que se dispuso su traslado a Buenos Aires como capitán y colaborador del virrey Salcedo en 1739. Luego pasó a Montevideo y han reiterado que durante cincuenta y seis años estuvo al servicio del rey.

José Francisco Gorriti en 1806, estaba en el puerto de Montevideo cumpliendo la guardia en una garita cuando el viento huracanado lo arrojó al agua.

Joven de Fe, pidió a San Francisco de Asís que lo ayudara y al ver que cerca estaba flotando un caballo, se acercó para sostenerse y así evitó ahogarse. En esas circunstancias, prometió vestir el hábito franciscano durante el resto de su vida. Cumplió esa promesa y viajó hasta Permambuco con el propósito de dedicarse a diversos negocios -junto a José Gervasio de Artigas-, pero su madre angustiada por el bloqueo en la Banda Oriental y los bombardeos sobre el puerto de Buenos Aires, le pidió que regresara a la provincia de Salta que en ese tiempo abarcaba Tucumán y Jujuy.

Pachi Gorriti era federal, como otros miembros de la familia. Vistió el hábito franciscano aún para los combates. Era temido por su habilidad al usar el sable. Colaboró con el general Martín de Güemes y estuvo al mando de los Lanceros de la Frontera del Rosario. Así fue como en 1825 ascendió a Coronel general. Sabido es que dos años después derrocó a Álvarez de Arenales, gobernador de Salta.

José Francisco Gorriti falleció en Salta, el 1º de octubre de 1830 y fue sepultado en la Iglesia de San Francisco.

1829: influencias de José Ignacio y Juan Ignacio Gorriti…

Sabido es que en 1829, “la revolución unitaria de Buenos Aires había producido la unificación federal: Córdoba, Mendoza y Corrientes reconocieron la Convención Nacional -ahora soberana– como defensa ante el enemigo común. En el litoral, el dominio de los federales quedaba inexpugnable: López era dueño de Santa Fe desde 1818, el coronel León Sola se mantenía en Entre Ríos, y en Corrientes Pedro Dionisio Cabral acababa de sustituir a Ferré -por renuncia voluntaria de éste- en diciembre de 1828. En Córdoba y Santiago del Estero estaban Bustos e Ibarra; en Mendoza gobernaba Juan Corvalán bajo la influencia del fraile José Félix Aldao, llegado de la campaña del Perú con el grado de coronel; en San Juan, San Luis, La Rioja y Catamarca -regidas respectivamente por Timoteo Maradona, el Dr. José Santos Ortiz, José Patricio del Moral y Marcos Antonio Figueroa -el apoyo estaba en Facundo Quiroga desde su finca de Atiles en los Llanos. En Tucumán, Javier López había tomado el gobierno en reemplazo de Nicolás Laguna”… [135]

En Salta “mantenía su autoridad el general José Ignacio Gorriti, al que sustituirá el 1º de marzo de 1829 su hermano el canónigo Juan Ignacio Gorriti, que acababa de cesar como diputado en el Congreso Nacional. Solamente estos dos simpatizaban con la revolución unitaria”, destacó el historiador José María Rosa y desde su punto de vista, “los hermanos Gorriti se mantenían en el gobierno de Salta validos de su actuación de los tiempos de Güemes; aunque pertenecían al partido unitario, no se los consideraba presidenciales.”

A principios de la década siguiente confiscaron sus bienes y debieron emigrar a Bolivia. Allá murieron y fueron sepultados en Sucre, en el convento San Miguel.

En 1927, la Legislatura de Jujuy sancionó la ley 783 disponiendo la repatriación de los restos de José Ignacio y Juan Ignacio Gorriti, pero como suele suceder en la historia de los argentinos, ese acto se concretó 77 años después, en julio de 2004…

(Es oportuno tener en cuenta, que más demoraron en cumplir con lo dispuesto por el general Manuel Belgrano cuando le otorgaron un premio de $ 40.000.- por el triunfo en la batalla de Salta y él pidió que lo destinaran a la construcción de aulas. Acerca de ese propósito y de las obras pendientes de ejecución, seguían hablando a comienzos del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional iniciado el 24 de marzo de 1976 cuando destituyeron a la presidenta María Isabel Martínez de Perón…)

Juana Manuela Gorriti: vocación y misión…

En Salta, el 15 de junio de 1818 nació Juana Manuela Gorriti, hija del general José Ignacio Gorriti y de Felicita de Zuviría. Pasó su infancia en Miraflores, a orillas del río Pasaje. [136]

Su tía Isabel Gorriti -esposa del catalán José Manuel Torrens-, fue su maestra de primeras letras y era reconocida como una de las “mujeres admirables” que acompañaron al general Martín Miguel de Güemes y a sus soldados, alentadas por su hermana Magdalena Güemes de Tejada más conocida como Macacha Güemes. [137]

Juana Manuela completó los estudios primarios en el convento de las monjas Salesas. En 1831, la familia Gorriti debió emigrar al territorio boliviano después de ser confiscados sus bienes. En La Paz, siendo una adolescente de trece años pudo comprobar una vez más, las dificultades que se imponen tras los enfrentamientos por cuestiones políticas. Se casó con el conspirador Manuel Isidoro Belzú y tuvieron dos hijos.

Manuel Belzú fue presidente de Bolivia en el período 1848-1855. [138]

Ella decidió la separación y con sus hijos se retiró al Perú, donde fundó una escuela. Estuvo vinculada con profesionales y artistas.

Juana Manuela Gorriti, en 1848 publicó su primer libro titulado La Quena y es reconocida como “la primera novelista argentina” y en su casa había instalado un Salón Literario.

Casi sexagenaria, en 1884 se trasladó a Buenos Aires. Cuatro años después, publicó Un oasis de vida incluyendo un análisis del “sustrato económico de la escritura moderna”. Falleció el 6 de noviembre de 1892.)   [139]

No ha sido por casualidad lo escrito acerca de su trayectoria:

“Juana Manuela Gorriti… puede ser considerada como la precursora del movimiento espiritual de la mujer argentina, como la gran estrella orientadora en el cielo de la emancipación”.

El catalán Felipe Senillosa en la Academia de Matemáticas.

En Barcelona (Cataluña, España), el 26 de mayo de 1783 nació Felipe Senillosa. Cursó estudios de Matemática en la Universidad de Alcalá de Henares. Participó en la defensa de Zaragoza durante la invasión de las tropas napoleónicas y luego estuvo prisionero desde 1809 a 1813. Al recuperar la libertad logró un ascenso y emigró a Francia. Sirvió como Topógrafo en mediciones pertinentes al ejército francés y pronto se trasladó a Inglaterra. Algunos historiadores por tales actitudes lo han calificado como traidor a su patria aunque tal vez habría que considerar, cómo pudo influir en su estado de ánimo, el desmembramiento que se generaba en el reino español tras sucesivas guerras y alianzas con otras monarquías.

El ingeniero Felipe Senillosa en 1815, en Londres conoció a Manuel Belgrano y a Bernardino Rivadavia quienes estaban cumpliendo una misión oficial.

Belgrano desde el Consultado, años antes había impulsado proyectos educativos y lo entusiasmaron a Senillosa para que viajara a Buenos Aires, donde también aportaron sus conocimientos el médico italiano Pedro Carta Molina, el científico Carlos Ferraris, el astrónomo Octavio Mosotti, el naturalista Aimé Bonpland, el historiador Pedro de Angelis y otros…

Senillosa llegó a Buenos Aires en 1815 y siendo un entusiasta promotor de la cultura, el 18 de noviembre de ese año publicó el periódico mensual Los amigos de la patria y de la juventud; incluyó temas relacionados con la instrucción pública y destacó la importancia del aprendizaje de las ciencias.

En 1817, Senillosa publicó una Gramática española. Un año después, dio a conocer un Tratado de Aritmética Elemental, fruto de su labor en la Academia. Mientras tanto, encabezó la Cátedra de Geometría en el departamento de Ciencias Exactas de la Universidad y publicó Programa de un curso de Geometría, un apunte que fue reconocido como “un importante aporte para esos estudios”.

En aquel tiempo algunas familias porteñas tenían quintas para pasar la temporada de verano. La de Felipe Senillosa se ubicaba en la calle larga de Barracas donde estaban instaladas las casi legendarias pulperías –la Santa Lucía, la Paloma…- y lindaba con la del doctor Vicente López y Planes. Han reiterado que el plano de la casa de Senillosa sirvió para la construcción del Palacio Miró.

En 1821 Senillosa observó un eclipse y ese año, por primera vez en Buenos Aires, logró hacer el cálculo de la órbita de un cometa.

En 1822, fue designado miembro de la Comisión Topográfica y electo presidente (transformándose luego en Departamento Topográfico).

Declarada la guerra contra Brasil el 10 de diciembre de 1825, fue necesario aumentar el control en los límites fronterizos y Felipe Senillosa junto al coronel Juan Manuel de Rozas y a Juan Lavalle, el 16 de enero de 1826 estuvieron en las Lomas de Zamora, siguieron hacia el sur de la provincia de Buenos Aires a fin de reconocer con mayor precisión esa línea de frontera. En ese tiempo, tras el aviso de Antonio Lynch acerca de los doscientos alemanes emigrantes en viaje hacia Buenos Aires, el 9 de mayo de 1826 el gobierno dispuso que se instalaran en la Chacarita de los Colegiales en terrenos del Estado y conforme a planos elaborados por Senillosa les entregaron las tierras el 11 de marzo de 1827, algunos se quedaron y la mayoría se dispersaron.

Senillosa en el citado departamento topográfico, elaboró planos de varios pueblos, entre ellos “Luis José Chorrarín (1829) y por falta de apoyo fracasó el proyecto del “Parque Chas”.

Junto al italiano Octavio Mossotti, “realizó la equivalencia entre la vara y el metro”. Escribió un breve tratado titulado Memoria sobre los pesos y medidas que anunciaron en la Gaceta Mercantil, dedicado al gobernador de Buenos Aires Don Juan Manuel Ortiz de Rozas y editado en 1835.

En 1836, Felipe Senillosa elaboró el proyecto para la construcción de la residencia de la familia del gobernador.

Cuando el doctor Dalmacio Vélez Sársfield por sus manifestaciones antirrosistas fue sometido a proceso y embargaron sus bienes, debió emigrar solo a Montevideo. Su familia quedó en Buenos Aires y su amigo Felipe Senillosa logró “el desembargo de bienes” aunque las propiedades estaban en estado lamentable por saqueos de enseres y hacienda.

Luego Vélez Sársfield regresó a su patria y asistió a “los Salones organizados por Manuelita”, la hija del Brigadier don Juan Manuel.

Eran otros los aires, en la ciudad bonaerense

Casi a los setenta y cinco años de edad, el 20 de abril de 1958, falleció el perseverante catalán Felipe Senillosa.

Sabido es que en 1885, Felipe -uno de sus hijos-, reconocido como “un poderoso hacendado”, era vicepresidente de la Sociedad “Constancia”. Ese año, los hermanos Pastor y Felipe Senillosa compraron en un remate 11.500 hectáreas sobre el río Limay, aunque no conocían ese territorio ni tampoco llegaron luego.

A fines de esa década, Felipe Senillosa integró un grupo político junto a Hipólito Yrigoyen, Bernardo de Irigoyen, Lisandro de la Torre… y en 1891 constituyeron la Unión Cívica Radical siguiendo las orientaciones de Leandro Nicéforo Alem, quien insistía:

“Yo no acepto el acuerdo; soy radical contra el acuerdo, soy radical intransigente”…

En Temperley -provincia de Buenos Aires-, el 30 de julio de 1893, Felipe Senillosa participó en la lucha revolucionaria de los radicales apoyando a Juan Carlos Belgrano -sobrino de Manuel Belgrano- quien presidía la Junta Revolucionaria. Atacaron la comisaría y asaltaron estación para poder avanzar hacia La Plata, capital bonaerense.

(Aquellas once mil quinientas hectáreas que los hijos del catalán Felipe Senillosa habían comprado sin conocer ese lugar a orillas del río Limay, luego fueron vendidas y recién en 1949 los nuevos dueños, hermanos Pascual y José Rosa, promovieron la venta en lotes…)

Organización de la Academia de Matemáticas…

El 20 de enero de 1816, el Director Supremo Álvarez Thomas ordenó la organización de la Academia de Matemáticas cuya creación se había impulsado en 1813.

En distintos textos se destaca que tal fue el origen de la enseñanza de Matemáticas a cargo del Estado.

Es oportuno tener en cuenta lo expresado en el decreto de creación:

“El estudio de las matemáticas se ha considerado siempre como el primero y único elemento sólido de la ilustración y jamás podrá esperarse el progreso de los conocimientos, en ninguno de los ramos útiles al hombre en particular y a la sociedad en general, sin la aplicación de los axiomas que hacen al alma de aquella ciencia. Sobre la evidencia de este principio y siendo uno de los principales objetos del Gobierno facilitar los medios que mejoren la educación y formen ciudadanos vigorosos e ilustrados, ha resuelto en esta fecha se abra, por cuenta del Estado, una academia en la que se enseñen las matemáticas y el arte militar, debiendo los alumnos ser cadetes oficiales voluntarios o individuos particulares.”

El plan de estudios abarcaba dos años, en el primero incluía el aprendizaje de Aritmética, Geometría, Álgebra y Trigonometría plana y esférica con sus aplicaciones; en el segundo: principios de Cálculo diferencial e integral, Economía, Astronomía, Mecánica y Navegación. Los jóvenes entre 12 y 16 años inscriptos, debían aprobar el examen de ingreso sobre lectoescritura y las cuatro operaciones fundamentales de aritmética. Las clases comenzaban el primero de marzo y el año escolar finalizaba el último día de diciembre. Los alumnos con mayor capacidad cooperaban en el repaso de diversos temas. El seleccionado por buena conducta y aplicación era nombrado Repetidor y orientaba a sus compañeros en “la copia de las lecciones”.

Reglamento de la Academia…

El Reglamento elaborado por el director José Lanz abarcaba quince artículos:

Artículo I. El curso de esta Academia durará dos años. En el primero se enseñarán los elementos de Aritmética, Álgebra, Geometría, Geometría descriptiva, y las dos Trigonometrías plana y esférica con sus aplicaciones al modo de levantar los planos y a la nivelación. En el segundo año se darán algunos principios del cálculo diferencial o integral, de Mecánica, de Astronomía, y de Navegación.

  1. El Director dará a estos ramos de enseñanza toda la extensión que permita el tiempo y las circunstancias, agregando, si fuese posible, otros conocimientos análogos al objeto de este establecimiento.

III. El curso empezará todos los años el primero de Marzo y concluirá el último de Diciembre.

  1. Todos los días, no feriados de rigor, se juntarán los jóvenes en la Academia a las nueve de la mañana, estudiarán hasta las diez, de diez a once los ejercitará el director en los objetos ya estudiados y particularmente en la lección última; entre once y doce profesará.
  2. Los lunes, miércoles y viernes; asistirán igualmente a una de las piezas de la Academia las que siguen el curso del segundo año, para estudiar, repasar, trazar planos, y efectuar las operaciones que el director les haya encargado; todo bajo la inspección de uno de los jóvenes más adelantados de la clase, nombrado Repetidor por el director en premio de su aplicación, buena conducta y aprovechamiento.
  3. En caso de no llenar el Repetidor sus funciones a satisfacción del director nombrará éste otro en su lugar.

VII. Lo mismo en los otros días, respecto a los que siguen el otro curso.

VIII. El director aprovechará el tiempo que juzgue más oportuno para ejercitar a los jóvenes en la práctica de sus estudios, ya sea levantando planos, haciendo nivelaciones, etc.

  1. Mientras la falta de libros obligue a los jóvenes a copiar las lecciones, se juntarán por la tarde en la Academia, para copiar lo que se haya dado el mismo día.
  2. No podrán ser admitidos a seguir los cursos de la Academia sino los jóvenes de edad de 12 años a la de 16. Deberán saber leer, escribir y al menos las cuatro primeras reglas de Aritmética.
  3. Los padres, los parientes, o las personas encargadas por éstos en esta ciudad del cuidado del joven que desea ser admitido a seguir los cursos de la Academia, dirigirán su solicitud al Consulado, antes del primero de Febrero, con los documentos que acrediten la edad del joven. El Consulado dispondrá el examen correspondiente, y tomará los informes que crea convenientes y si resuelve la admisión, lo hará saber al interesado y prevendrá el director de la Academia.

XII. Los que sean admitidos deberán proveerse de un estuche de matemática, y demás que sea necesario para trazar planos, máquinas, etc., etc.

XIII. A últimos de Diciembre o principios de Enero habrá exámenes públicos, a los que el Consulado convidará todas las personas que guste. Los que hayan seguido el curso del primer año, y no se hallen en estado de poder pasar a los del segundo, volverán a empezar el primero; pero si al cabo del segundo año, no se les juzgase aun capaces, se retirarán, y lo mismo se extenderá a los del segundo curso.

Acerca de la disciplina

Es oportuno reiterar los últimos artículos que aludían al comportamiento de los alumnos:

“XIV -El Director podrá suspender la entrada de la Academia por uno, dos o tres días a cuantos turben el buen orden o den motivo para ello, pero si creyese necesario mayor rigor, informará de ello inmediatamente al Consulado, que tomará las disposiciones que crea más convenientes.

XV -La incapacidad absoluta o la falta constante de aplicación, representada por el Director al Consulado, serán consideradas causas suficientes para la exclusión de la Academia.”

Sabido es que La Academia de Matemáticas funcionó en una casa particular de la ciudad de Buenos Aires, “actual calle Humberto I entre Defensa y Balcarce” con un grupo de alumnos entre quienes se destacó Avelino Díaz, luego destacado catedrático de Ciencias Físico-matemáticas. Nombraron director al mejicano José Lanz, profesional formado en Europa, especializado en matemática y mecánica; por sus méritos destacado en Francia y luego en Londres donde conoció a Bernardino Rivadavia, quien le propuso el viaje hacia Buenos Aires.

José Lanz redactó el Reglamento y lo entregó a las autoridades para su evaluación y pertinente aprobación:

“En cumplimiento de mi obligación, tengo la honra de presentar a V. S. el adjunto proyecto de reglamento provisional de la Academia del consulado, para que si a V. S. le parece bien, se sirva elevarlo a la aprobación del Excmo. Sr. Supremo Director, haciendo antes en él cuantas variaciones le parezcan convenientes.

Notará V. S. que sólo lo presento como una cosa provisional, pues siendo las intenciones del Gobierno dar mayor extensión a los estudios de la Academia, cuando las circunstancias lo permitan, será necesario entonces modificar dicho reglamento, ya sea exigiendo (como sería mi dictamen) más conocimientos para la admisión de los candidatos, a fin de que los dos años bastasen para abrazar los nuevos ramos de enseñanza que se desean, ya aumentando el curso de otro año más, que es cuanto me parece bastaría para poder dar algunos principios de física y de química, tan necesarios, sobre todo en un país; donde las artes están aun en la infancia y donde el reino mineral ofrece tantas riquezas.

En el caso en que el reglamento sea adoptado, sería conveniente, se le diese toda la publicidad conveniente, para que llegue a noticia del pueblo y que el Consulado nombre uno o dos de sus vocales para que nos concertásemos acerca de la mejor disposición de las salas y de lo que se necesitará para que pueda llevarse a efecto.

Dios guarde a V. S, muchos años.

Buenos Aires, 11 de Octubre de 1816. José de Lanz

A los señores vocales del Tribunal del Consulado.”

Destacada labor educativa del catalán Senillosa…

El ingeniero catalán Felipe Senillosa, desde la inauguración desempeñaba la vicedirección y asumió la conducción de la Academia tras el alejamiento de José Lanz porque había sido convocado por sus amigos de Francia.

Luego, fueron incorporados los alumnos de una escuela que desde marzo de ese año dirigía el Sargento de artillería Manuel Herrera y que dejó de funcionar por falta de apoyo oficial.

Senillosa escribió el Tratado Elemental de Aritmética que se usó para el aprendizaje.

En 1820, tras la caída del gobierno central, se declaró autónoma la provincia de Córdoba; la Universidad pasó a depender del gobernador Gral. Juan Bautista Bustos y fue nombrado visitador de la Universidad el Canónigo Dr. Baigorri con autorización para proponer las reformas necesarias. Así fue como intensificaron los estudios de Matemáticas. Recién en 1836 fue nombrado catedrático por oposición el doctor Atanasio Vélez.

En 1821, creada la Universidad de Buenos Aires, la Academia de Matemática fue incorporada al Departamento de Ciencias Exactas, incluyendo la cátedra de Dibujo.

La cátedra de Geometría descriptiva siguió a cargo del catalán Felipe Senillosa.

En 1828, Felipe Senillosa siendo integrante de la Sociedad de Ciencias Físico-matemáticas presentó otro libro, un estudio metodológico que tituló Programa de curso de geometría.

                                   Nidia Orbea Álvarez de Fontanini. / Otoño 2005.

[1] Buenos Aires, diario “La Razón”, 29 de mayo de 2003. Título: Un bastión durante las invasiones inglesas.

[2] Madariaga, Salvador de Bolívar – Tomo I. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 4ª edición, 1975, p. 223-224

[3] Levene, Ricardo. Ensayo histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno Tomo II, p. 14-22. En nuestra biblioteca familiar, regalo de mi madre Francisca Álvarez Ramos de Orbea (1913-1999) en 1950 “Año del Libertador General San Martín”, celebración del 18º cumpleaños (nací el 24 de mayo de 1932).

[4] Ese día, 14 de enero de 1809, las tropas inglesas al mando del general John Moore fueron perseguidas por los franceses, el general murió durante un combate y fueron evacuadas de la Coruña con destino a Lisboa.

[5] Rosa, José María. Historia Argentina – Tomo 2, p. 112-113.

[6] Levene, Ricardo. Ob. cit. tomo I, p. 247-252.

[7] Ibídem. El autor cita: Museo Mitre, Documentos del Archivo de Belgrano, V, Pág. 265.

[8] Madariaga, Salvador de Bolívar. Ob. cit., p. 268-270.

[9] Orbea de Fontanini, Nidia A. G. Entre dos fronteras. (Apuntes sobre historias de la Historia -al norte Sunchales, al sur Villa Constitución; inédito.) Entre comillas, incluida información de: Vega, Julio César de la. Consultor de Historia Argentina. Buenos Aires, Delma, 1993, p. 320.

[10] Ídem, p. 248.

[11] Levene cita: Archivo General de la Nación, Actas del Consulado, t. V, 1805-1810.

[12] Íd., tomo I, p. 266-268.

[13] Pedro Ballina de Laya en esa carta a S. M. expresó ‘que los astutos Ingleses en el mismo momento que se dio el comercio libre despacharon dos bergantines de guerra, el uno a Londres y el otro al Cabo, y al crucero para que los barcos que salgan de la India vengan en derechura a ésta, por confesión de los mismos hablo, lo cierto es que salieron; y qué número de buques no se presentaran a nuestra vista bien provisto de gente con hacienda, con familia y cuanta arte tengan a la vista, está en las compras que hacen de fincas y quintas…”

[14] Íd., tomo I, p. 254-257. En esta reiteración con el propósito de facilitar la lectura sólo fueron reemplazadas las abreviaturas y actualizada la ortografía. El autor luego se refiere al cultivo de la viña que había adquirido desarrollo en Mendoza, San Juan, La Rioja y Catamarca, “a punto de que abastecía el consumo interno”. Hay que tener en cuenta que en 1803, los sanjuaninos habían expresado que el estado ruinoso de la industria vinícola era consecuencia del activo intercambio con el exterior tras la vigencia del reglamento de 1778, debido al excesivo precio del flete y a la imposibilidad de competir con los aguardientes extranjeros. En Córdoba, Catamarca y Corrientes se dedicaban a las manufacturas de lienzos y géneros de lana, ponchos y frazadas… En Tucumán, cultivaban el arroz y aprovechaban la abundancia de excelentes maderas para la construcción de carretas, “no tan grandes como las preparadas por los mendocinos”. En Corrientes y Paraguay, utilizaban sus maderas para construir embarcaciones. En Cochabamba, aproximadamente 40.000 arrobas de algodón eran utilizas para hilados y trabajo en telares. En Corrientes, después de las invasiones inglesas con la entrada de enormes cantidades de manufacturas, el centro de producción “que proveía a todo el Virreinato de cinchas y vergas, desapareció para siempre”. (Pág. 255.) // Anotó el doctor Levene que el original incluido en el expediente está firmado por el procurador José de la Rosa y no por Moreno debido a su situación personal por los cargos que ocupaba en la Audiencia y Cabildo.

[15] El historiador argentino Doctor José Ignacio García Hamilton -abogado y profesor en Universidades-, publicó su libro Don José –sobre la vida de San Martín” y planteó la hipótesis de que no era hijo de ese matrimonio sino de una indígena y de Diego de Alvear y lo habrían adoptado. Coincide con esa información el historiador Hugo Chumbita. Cuando García Hamilton presentó ese libro se generaron protestas desde el Instituto Nacional Sanmartiniano y distintos medios; debió suspender el acto de presentación en la ciudad de Rosario y en otras ciudades también soportó expresiones violentas. Si se intentara un estudio de ADN serían imprescindibles decisiones políticas porque habría que extraer muestras de los restos de él y de Gregoria Matorras. Creo que es un dato que ya no modificará la trayectoria de José Francisco…

[16] Zapatero, Juan M. San Martín en Orán. Buenos Aires, Círculo Militar, 1980, p. 12. En el prólogo escrito por el Gral. de Brigada (R.E) Héctor D’Andrea, consta que “el original fue entregado a la Embajada de la Argentina en Madrid a comienzos de 1961. Enviado de inmediato a consideración del Honorable Congreso de la Nación, por considerar el medio más expeditivo e idóneo para su impresión, tuvo una rápida aprobación”… Resultó evidente al leer la nota que el General D’Andrea reprodujo, firmada por el doctor José María Guido, “Presidente provisional del Senado de la Nación” dirigida al Sr. Embajador el 12 de abril de 1961, indicando que ese día se había aprobado el proyecto del Senador Turano disponiendo la edición de hasta 5.000 ejemplares de la obra”… En el penúltimo párrafo, el doctor Guido había expresado: “Este libro es historia; y de la mejor, por justa y esclarecedora. Por eso celebro esta sanción del Senado que me apresuro a hacérsela conocer, porque sé de sus nobles afanes al respecto”. Casi un año después, hay más datos insoslayables: el 29 de marzo de 1962 el doctor José María Guido debió asumir las funciones de presidente provisional tras el derrocamiento del presidente Dr. Arturo Frondizi por el movimiento militar autodenominado Revolución Argentina –impulsado por el general Juan Carlos Onganía, entre otros. Después de firmada un Acta secreta, el doctor Guido -presidente provisional del Senado-, juró ante la Corte Suprema de Justicia mientras el teniente general Raúl Alejandro Poggi ya estaba instalado en el despacho de la Casa Rosada, dispuesto a jurar como presidente. Mientras tanto, al doctor Frondizi lo habían trasladado detenido hasta la Isla Martín García y enseguida quien lo reemplazó debió enfrentar los conflictos resultantes de esa detención sin intervención de autoridades competentes… Tres días después, la arbitraria solución fue la firma del Decr. 2887 del 3 de abril de 1962 expresándose en el artículo 1º: “Queda detenido a disposición del Poder Ejecutivo el Doctor Frondizi”. Guido firmaba y otros movían los hilos en la intrincada trama de las decisiones políticas… El Partido Peronista que representaba a la mayoría de los ciudadanos según datos en sucesivas elecciones, seguía proscripto.

[17] Zapatero, Juan M. San Martín en Orán. Buenos Aires, Círculo Militar, 1980, p. 80; 89; 108; 60. El Comandante de Infantería (R) del Ejército Español Doctor Juan Manuel Zapatero y López Anaya, combatiente contra los republicanos durante la guerra civil española (1936-1939), en ese libro destaca que al comenzar aquel “último sitio a Orán”, la debilidad política de su rey decidía abrumado por sendos imperativos de enormes problemas, como correspondía a una poderosa nación, cuyo cetro exigía gigantescas condiciones de mando, inteligencia y virtud. En este ambiente oficial de latente debilidad, la Orán española se iba a debatir otra vez mostrando los altos valores de sus soldados, cuyas gestas encomia el juicio de la historia”.

[18] Ibídem, p. 176.

[19] Ídem, p. 202. “Regimientos donde ha servido. En el Murcia trece años cinco meses y cinco días, y lo restante en éste”. (Batallón de Infantería Ligera – Voluntarios de Campo Mayor; Exp. Pers., legajo Nº 1487. Archivo General Militar, Segovia.) “Campañas y acciones de guerra en que se ha hallado. Ha hecho un Destacamento de 49 días en Melilla: Se halló desde el 25 de junio de 1791, sufriendo el Fuego que hicieron los Moros en los 33 días de Ataques contra la Plaza de Orán, haciendo el Servicio de la Compañía de Granaderos; En el Ejército de Aragón Ocho meses de donde pasó al Rosellón, y concurrió a la toma de Torre Bateras y Cruz del Fierro; Ataque de las Alturas de Momboló y San Marzal y Baterías de Villalonga; en el de Bañuls, y en sus alturas, rechazó a los Enemigos por Segunda Vez; Hizo una Salida de la Ermita de San Lucas, estuvo, en el Ataque que dieron los Enemigos en Porveudre el día 3 de Mayo de 1794, en el que se dio a sus Baterías; el 16 Subsistiendo en la Defensa hasta la rendición de Coliubre el 28 del propio mes; Estuvo en la Fragata de la Real Armada la Dorotea un año y veinte y tres días, y con ella se halló en el combate que sostuvo el día 15 de julio de 1798, contra el Navío de Guerra Inglés, el León; En la Campaña contra Portugal desde el 29 de mayo de 1801 hasta la Paz, y en el Contagio que sufrió la Plaza de Cádiz en 1804. Rafael Menacho”.

[20] No hay datos acerca del origen de las logias masónicas en Buenos Aires. El historiador José María Rosa expresó que en 1804 funcionaba la de “San Juan de Jerusalem de la Felicidad de esta parte de América, en la casa del portugués Juan Silva Cordeiro (que habitaba con el coronel James F. Burke, destinado a Buenos Aires en 1803, un irlandés que luchó contra Inglaterra siendo joven y luego se pasó a los dominadores de su país. Sirvió en distintas misiones de espionaje, poseía “grandes recursos, excelente cultura y trato” y había recorrido Europa “variando los disfraces en cada capital”.) Santiago de Liniers lo había conocido como un francés en Madrid, pero Burke logró convencerlo de que estaba equivocado. Relacionados con el comerciante norteamericano Guillermo Pío White y con el irlandés Edmundo O’Gormann, sobrino del protomédico, junto al portugués Juan Silva Cordeiro crearon una logia masónica, en la Posada de los Tres Reyes, calle de Santo Cristo (25 de mayo) que algunos historiadores han reconocido como “un reducto de contrabandistas” donde se encontraban Manuel Arroyo Pinedo y Gregorio Gómez, empleados de la Aduana y de la Renta de Tabacos. El núcleo más importante fue la casa de la calle de la Merced –Cangallo-, donde vivía la familia O’Gormann “la bella esposa Ana Pericón de Vandeuil, subvencionada por Burke, resultó un excelente cebo para conseguir informaciones y manejar voluntades (andando el tiempo hará la conquista de un virrey): Burke trató a todo el mundo en Buenos Aires: los extranjeros de los Tres Reyes, los jóvenes de la Sociedad Patriótica Literaria fundada por Cabello y Mesa (Castelli, Azcuénaga), los iniciados masónicos de Silva Cordeiro (Gregorio Gómez, Arroyo y Pinedo), el mundillo intérlope que se movía en el salón de Madame Pericón, los concurrentes a la severa tertulia de don Félix Casamayor y hasta el círculo áulico del virrey Sobremonte.   Se dice que para descansar del clima argentino solía aislarse en su cuarto de la posada de los Tres Reyes y encender incienso que le recordaba la niebla londinense”. Después pasó a Chile, elaboró planos de las costas y puertos, siguió hasta Perú ya dedicándose a la botánica, recogiendo especies autóctonas en las cercanías de Lima. Fue apresado en 1805 acusado de espionaje y Sobremonte le permitió que abandonara el país. Dos años después volvió a Buenos Aires con Whitelocke como coronel efectivo y fue el encargado de señalar el lugar del desembarco más adecuado para entrar en la ciudad. “Se batirá con valentía, porque era tan buen guerrero como espía”. En 1809 intentó entrar por tercera vez pero Liniers ordenó que reembarcara. / En 1805 otro incidente casi determina el fin de la logia de la Posada de los Tres Reyes porque “una mucama descuidada puso a secar al sol las capas magnas y mandiles con signos cabalísticos y los vecinos las advirtieron. Fue informado el obispo, que lo hizo saber al virrey Sobremonte. Se encargó a la Audiencia de la investigación. Detenido Gregorio Gómez, denunció a los componentes; pero éstos, que pudieron enterarse a tiempo por otro iniciado empleado en la Audiencia… regalaron dos cajas de alhajas a la marquesa de Sobremonte con motivo de su santo, que era en esos días. La marquesa aceptó el obsequio, y el sumario no prosperó.”   Después, esa logia continuó con distintos nombres: Logia Independencia, Logia Hijos de Hiram… durante varios años cambiando de domicilio y de Venerables. (Rosa, José María Historia Argentina – Tomo 2. Ob. cit. p. 16-17.)

[21] Rosa, José María. Historia Argentina – Tomo 2 – Buenos Aires, Oriente, 1992, p. 364-369.

[22] Bernardo de Monteagudo, según varios biógrafos nació el 20 de agosto de 1785 en Charcas pero algunos autores indican que no hay datos precisos. José María Rosa escribió que era “nacido en Tucumán en 1789 (algunos discuten si fue en Charcas), estudiaba Sagrados Cánones ó Derecho en su universidad cuando se produjo la revolución de 1809”. (Ob. cit. Tomo II, p. 349.) En Chuquisaca expuso su tesis: “Sobre el origen de la sociedad y sus medios de mantenerla” en junio de 1825. Entusiasta lector, cambió su rumbo a partir de su participación en la asonada del 25 de mayo de 1809 cuando impulsó a los estudiantes a levantarse contra “la entrega a los portugueses” y luego fue enviado como delegado a Potosí mientras las noticias de los tumultos de Charcas llegaron a Buenos Aires. Fue detenido y encarcelado pero fue liberado después de la batalla de Suipacha. Tras os sucesos de mayo de 1810, Castelli -lo nombró su secretario y tras la batalla de Huaqui viajó a Buenos Aires, dirigió La Gazeta; luego fundó la Sociedad Patriótica e integró la Logia Lautaro. Hacia 1816 viajó a Europa. Acompañó a San Martín en su campaña, fue nombrado ministro de Guerra y Marina, después de Gobierno y Relaciones Exteriores. Estuvo vinculado a Simón Bolívar, regresó a Lima en 1824. Al ser herido por una puñalada, murió el 28 de enero de 1825.

[23] Madariaga, Salvador de Bolívar – Tomo I. Ob. cit., p. 229-230. Dos tomos entregados en acto público, con Diploma otorgado por el Centro de Estudios Hispanoamericanos de Rosario, por dos ensayos breves seleccionados por la Asociación Literaria “Nosotras” de Rosario (provincia de Santa Fe, República Argentina) para la edición Homenaje al Centenario del Club Español de esa ciudad: Orbea de Fontanini, Nidia A. G. Los ‘Postistas”, nuevos poetas de España (p. 161-173) y Los escritores Españoles desde hace cinco décadas y la presencia de Dios (p. 173-175). Tiempo del autodenominado “Proceso de Reorganización Nacional” iniciado el 24 de marzo de 1976 con la presidencia del Tte. Gral. Jorge Rafael Videla. Asistió a la inauguración de las Jornadas inauguradas el Intendente de la ciudad de Rosario Dr. Alberto Natale (perteneciente al Partido Demócrata Progresista), quien a partir de diciembre de 1983 siguió militando y fue diputado provincial, convencional en 1994 y luego diputado nacional.

[24] Ibídem, tomo II, p. 47-48. El autor cita Cartas de los ministros de la Real Audiencia, escrita desde Las Palmas el 17 de septiembre de 1810. Documento del Archivo de Indias.

[25] Ídem, p. 84-89.

[26] Íd., p. 130.

[27] El Obispo Lué y Riega falleció el 21 de marzo de 1812. El Triunvirato nombró Canónigo Magistral a D. Diego Estanislao Zavaleta, incorporándolo a la Junta y designado Deán la presidió, adquiriendo el carácter de gobernador del obispado vacante como Previsor. Los sacerdotes Gregorio Funes y Luis Aguirre fueron asesores de los organizadores del movimiento de mayo de 1810 y dictaminaron que el Patronato era una regalía que afectaba la soberanía, que la Junta debía ejerce ese derecho y era necesario proveer a la Canonjía. La Asamblea de 1813 estableció que el Superior Poder Ejecutivo presentara a los obispos y prebendas de todas las Iglesias del Estado.

[28] Levene, Ricardo. Ob. cit., Tomo I, p. 381-382.

[29] Levene, Ricardo. Ensayo histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno. Tomo III (Documentos) Buenos Aires, editorial Ateneo, Junio de 1949. “Felipe Sentenac” en documento de la Junta de Gobierno del 10-02-1807 sobre el cese del virrey Sobremonte (p. 17); Informe del Marqués de Sobre Monte del 16-02-1809 (p.145); “Centenak” en causa civil iniciada por Juan Trigo… (p.109); en Confesión del acusado don Martín de Álzaga, 6 al 9 de noviembre de 1809 (p. 147; 161-62).

[30] La Escuela de Matemática de esa Universidad fue dirigida por el profesor Carlos O’ Donnell, ex-profesor de la “Escuela de Náutica” creada por el Consulado por iniciativa de Belgrano y uno de sus alumnos fue José María Paz, el militar que participó en sucesivos combates y estuvo prisionero en la capital santafesina en tiempos del Brigadier General López, quien en tales circunstancias lo autorizó para que la ceremonia de matrimonio, en la cárcel… / En 1816, el Canónigo José María Bedoya, reemplazó al director y dos años después asumió las funciones de director de la Biblioteca de ese establecimiento.

[31] Guillén, Horacio Enrique. Los hombres y los días. Buenos Aires, Ediciones La Obra, 1ª edición, 1959. En la tercera edición, p. 124-125. Fecha de nacimiento 24 de julio en la mayoría de las fuentes consultadas, algunos indican 24 de junio de 1782. # Otra mirada hacia el rumbo de la Literatura, advierte la trayectoria del poeta vasco Juan Larrea exiliado durante la “guerra incivil española” que escribió en francés; autor de La visión de Guernica – “The vision of Guernica”-, residente en Buenos Aires…   // El 22 de septiembre de 1810, en el acta firmada en el Cabildo de Justicia y Regimiento de la Villa de Tarija -actual Bolivia- tras la elección del diputado que debía concurrir al Congreso General convocado por la Junta provisional de Buenos Aires. En el texto consta la autorización al “Doctor Don José Julián Pérez” para desempeñar “todas las funciones que le correspondan sancionando lo conveniente en los asuntos sujetos a su conocimiento y especialmente sobre la forma de Gobierno que se más adaptable en caso que desgraciadamente sea conquistada nuestra Metrópoli por los Franceses del mismo modo reconozca el Poder Soberano que se haya erigido legítimamente en la Península con arreglo a las instrucciones que este Cabildo le ha conferido”. (Levene, ob. cit., Tomo II, p. 291-292.)

[32] Roverano, Atilio Andrés. El río Salado en la Historia. Santa Fe de la Vera Cruz, Editorial Colmegna, enero de 1956, p. 10 y 13. En la página trece, nuestro amigo Coco Roverano expresó que ese río Pasaje, “el nombre de Juramento lo lleva desde el 13 de febrero de 1813, día en que el general Belgrano hizo jurar a su ejército fidelidad a la Asamblea Constituyente que estaba sesionando en Buenos Aires.”

[33] Levene, Ricardo. Ensayo Histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno Tomo I, p. 186.

[34] Roverano, Atilio Andrés. El río Salado en la Historia. Ob. cit. p. 114.

[35] Levene, Ricardo. Ensayo Histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno – Tomo II, p. 84. Termina ese párrafo destacando que “en cuanto al nombre de Moreno -aparte su reputación como letrado y autor de la Representación de los hacendados- existen documentos que permiten afirmar que los ingleses tuvieron intervención en los sucesos del 25 de Mayo, circunstancia que acaso haya incidido favorablemente con respecto a la personalidad de Moreno”.

[36] Ibídem, p. 130.

[37] Citado por Levene: Groussac, Pablo. Santiago de Liniers, p. 399. # Levene, Ricardo. Ensayo Histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno Tomo II, p. 186-189; 192-196 / El 6 de agosto en la Junta se informaron de la fuga recomendando la persecución y la ejecución aunque era una decisión rechazada por algunos grupos. El vocal Castelli con Rodríguez Peña como secretario, “salieron de Buenos Aires para dar cumplimiento a la orden. En la tarde del 26 de agosto fueron ejecutados los rebeldes de Córdoba, a excepción del obispo Orellana.”

[38] Levene, Ricardo. Ensayo Histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno Tomo II, p. 440-442; 444-445. El autor advierte que “los diputados no tenían razón pero los vocales se la daban. Es evidente que la agitación pública no era la promovida por algunos díscolos ‘que podían ser fácilmente contenidos -como declararon los vocales- sino desenvuelta por los diputados y miembros de la Junta. / Los secretarios Paso y Moreno, se pronunciaron en contra de la incorporación, el primero considerando que ‘no debía’ corresponderse a la pretensión, y el segundo, fundando breve, pero enérgicamente su voto. Esta exposición de los fundamentos de su renuncia, es el testamento político de Moreno.” Levene expresó estos interrogantes: ¿Semejantes problemas -de unidad o conveniencia pública o política- se resolvían con la incorporación de los diputados? ¿No era lógico, por el contrario, apurar la reunión del Congreso y en su seno plantearlos y resolverlos? // Moreno publicó ese párrafo en la Gazeta del 1º de noviembre de 1810. // Alude Levene a una carta del presidente de la Junta a Feliciano Chiclana comentando a mediados de enero de 1811 que “ya estaba formado un partido, a cuyo frente figuraban los jefes populares de la Revolución del 25 de mayo: French, Berutti, Donado, etcétera. ‘Yo me río de todos ellos’ dice Saavedra, pensando en otro motín como el del 1º de enero de 1809. Empero, tal hecho y las primeras desinteligencias con sus colegas de la Junta Grande, le hacen exclamar: ‘de un momento a otro estoy dispuesto a echarlos a pasear y mandarme mudar a mi casa o mi cuartel’. La renuncia del Secretario de gobierno no fue aceptada -así consta en el acta- y el acta de a Conferencia no se publicó. Se había producido una gran revolución en el seno de la intimidad”. Cuatro días después, el deán Gregorio Funes redactó el informe a los Ayuntamientos informando que “los diputados electos para el Congreso, de acuerdo con los términos de la circular del 27 de mayo, se habían incorporado a la Junta para tomar parte activa en el gobierno”… “La convulsión pública desapareció por arte de encantamiento”… Luego a Moreno le encomendaron la misión de difundir el cambio político impulsado desde mayo de 1810 en el exterior acompañado por su hermano Manuel y estaban en viaje cuando Mariano murió, “al amanecer del 4 de marzo de 1811, en alta mar, a los 28 y 27º Sur de la línea del Ecuador”. (Página 454.)

[39] Cagliani, Marta A. Curiosidades de próceres argentinos. (En internet.)

[40] Llambí, Armando H. Cap. de Fragata. La Isla Martín García.

[41] En diversas fuentes, hay coincidencia con los datos consignados en ese párrafo. En una biografía leí: 20 de junio de 1847; en otra, que murió en Francia; en otra que falleció al año siguiente: 29 de junio de 1848.

[42] Cita reiterada por Víctor O. García Costa en Juan Larrea, entre el olvido y el misterio.

[43] Levene, Ricardo. Ensayo Histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno Tomo III – Documentos, p. 45-51 – “Actas del Consulado de Buenos Aires, en el Archivo General de la Nación”.

[44] Ibídem, p. 194.

[45] Ídem, Tomo II, p. 441.

[46] Íd., Tomo III, p. 313-315.

[47] El doctor Levene, reprodujo literalmente esa carta perteneciente a la “colección de documentos pertenecientes al doctor Enrique Ruiz Guiñazú”. Aquí, para facilitar la lectura, se reemplazaron abreviaturas y está actualizada la ortografía.

[48] Levene, Ricardo. Ob. cit. Tomo II, p. 225-226. En los siguientes párrafos, “entre comillas” la transcripción del documento depositado en el “Archivo General de la Nación, Archivo de Gobierno de Buenos Aires, 1810, tomo 22, cap. LXXXVIII, parte 3ª”.

[49] Benencia, Julio Arturo. Cómo San Martín y Belgrano no se conocieron en Yatasto. Buenos Aires, Plus Ultra, 1973, p. 48-51. El autor explica en la página 52, que “Yatasto en 1810 era un pequeño poblado. Un informe de D. Pedro José Saravia, de 15 de abril de 1810, menciona los pagos de Conchas, Yatasto, Orcones y Cañas, que todos tienen capilla con funciones de viceparroquia” (sic).

[50] Ibídem, p. 57-58. En el párrafo siguiente, el autor destaca que este hacendado había comprado las estancias Higuerillas, Ovejería y Tacanas a don José Francisco Tineo, según constancia de impuesto pagado el 2 de enero de 1811 (Libro Auxiliar de Alcábalas de Salta). / La hacienda de Yatasto, “de marzo a mayo de 1812 fue cuartel general del Ejército Auxiliar del Perú bajo los comandos de Pueyrredón primero y de Belgrano después”; sirvió prácticamente como posta y lugar de auxilio al Ejército del Perú a partir de 1817.

[51] Ricardo Levene. Ensayo Histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno – Tomo II, p. 277. El autor destaca que el 15 de julio de 1810, “se permitió la exportación de metales preciosos, previo pago de derechos; el 19 se declaró libre la exportación de harinas… Tal espíritu liberal fue invariablemente aplicado por la Junta en numerosos casos particulares que reclamaban nuevas soluciones”. / Página 283, datos sobre el Censo.

[52] Ídem, p.263, 267.

[53] Levene, Ricardo. Ensayo histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno. Ob. cit, p. 204-205. Reproducción del documento: “Archivo General de la Nación, Archivo de Gobierno de Buenos Aires, 1810, tomo 23. documento 23.”

[54] Ibídem, p. 242. Tabla en tres columnas.

[55] Íd., p. 289-290.

[56] Levene, Ricardo. Ob. cit., Tomo II, p. 450-451.

[57] Levene, Ricardo. Ob. cit., Tomo III, p. 313-315.

[58] Ibídem. El historiador incluye estos datos sobre ese gobernante: “Surge la poderosa personalidad de Francia, que dominaría en forma excluyente la política paraguaya. Doctor en teología por Córdoba, de carácter dominante y áspero y vida austera y solitaria, habitaba su quinta de Ibiray cerca de Trinidad. Tenía 36 años y había pasado su tiempo dedicado a la lectura y al ejercicio de la abogacía donde se destacó su inteligencia e insobornable honestidad. Propuesto como diputado por su tío fray Fernando Caballero, los oficiales se opusieron por no ser Francia amigo de ninguno, pero acabaron por comprender que se necesitaba un civil, de capacidad notoria y alto prestigio moral”.

[59] Rosa, José María. Historia Argentina – Tomo 2, p. 290-295.

[60] Ibídem, p. 309-312.

[61] Benencia, Julio Arturo. Cómo San Martín y Belgrano no se conocieron en Yatasto, p. 37. Destaca el historiador Rosa: “El rencor contra Campana sería perdurable. Nunca le perdonó la clase decente el susto del 5 de abril y el gobierno del medio pelo. Permaneció confinado en Chascomús por todos los directorios y gobiernos que se sucedieron hasta 1820, a pesar que su quebrantada salud requería atención médica en Buenos Aires. En 1829, formaba la República Oriental del Uruguay, se lo llama desde Montevideo (donde había nacido) para ocupar cargos en el nuevo gobierno: será senador, juez en lo civil y después vocal del Superior Tribunal. En Montevideo iniciará los estudios filosóficos a los cuales se había aficionado en su largo exilio; fundó un aula de Filosofía y más tarde presidió la Academia de Jurisprudencia”. Falleció en Montevideo, el 12 de septiembre de 1847.

[62] Rosa, José María. Historia Argentina – Tomo 2, p. 310-313.

[63] Abad de Santillán, Diego. Historia Argentina – Tomo 1 – Buenos Aires, Tipográfica Editora Argentina, 1965, p. 452-453.

[64] Rosa, José María. Historia Argentina – Tomo 2. Buenos Aires, Oriente, 1992, p. 321-322.

[65] Ibídem, p. 330-331.

[66] Abad de Santillán, Diego. Historia Argentina – Tomo 1. Buenos Aires, TEA, 1965, p. 459.

[67] Ibídem, p. 466.

[68] Rosa, José María. Historia Argentina – Tomo 2, p. 345-346.

[69] Abad de Santillán, Diego. Historia Argentina – Tomo 1, p. 460.

[70] Rosa, José María. Historia Argentina Tomo 2, ob. cit., p. 346-348.

[71] Ibídem, p. 368-369.

[72] Ídem, p. 349-350.

[73] Íd., p. 371-377.

[74] Levene, Ricardo. Ensayo histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno. Ob. cit., Tomo I, p. 310; Tomo II, p. 17; 109; Tomo III, p. 16-17;

[75] Rosa, José María Historia Argentina Tomo II, p. 376-377.

[76] Ibídem, p. 362-363.

[77] En internet, en páginas referidas a la Masonería en la Argentina, está escrito: “Han sido masones: Filósofos como Voltaire, Goethe y Lessing; músicos como Beethoven, Haydin y Mozart; genios rectores como Federico el Grande, Napoleón, Garibaldi, Martí, Miranda, Cavour y Bolívar, poetas como Byron, Lamartine y Víctor Hugo; escritores como Castelar, Bacon, Mazzini y Kipling; científicos como Lalande, Condorcet y d´Alembert, etc. / También han pertenecido a la Orden Masónica algunos ilustres prelados católicos, entre otros: el cura Hidalgo, paladín de la libertad mejicana; el padre Calvo, fundador de la Masonería Centroamericana; el Doctor Ramón Ignacio Méndez, arzobispo de Venezuela, y, en la Argentina, Julián Segundo Agüero, Aurelio Herrero, Pedro Perdriel, Cayetano y Gregorio Rodríguez, Santiago Figueredo y muchos otros. / Masones ilustres en la República Argentina… He aquí algunos de nuestros antecesores ilustres que han honrado la Masonería Argentina, cuyos pasos tratamos de seguir. Sorprenderá a muchos comprobar que militaron en ella, al igual que ahora, las más destacadas figuras de la nacionalidad. José de San Martín, quien nos dio patria y libertad. Manuel Belgrano, creador de nuestro pabellón nacional. Vicente López y Planes quien nos legara el Himno Nacional.. En la nómina de los presentes en la Convención Nacional Constituyente de 1860 (reformadora de la Constitución de 1853) buena parte de los miembros firmantes del despacho, eran masones. Así Mariano Fragueiro (su presidente), Domingo F. Sarmiento, José Benjamín Gorostiaga, Nicasio Oroño, José María Gutiérrez, Irineo Portela, Salvador María del Carril, José Francisco Seguí, José Mármol, Benjamín Victorica, Wenceslao Paunero, Nicanor Albarellos y el de los actores directos: Bartolomé Mitre, Santiago Derqui y al Gral. Urquiza, también masones. / Formaron parte del máximo tribunal argentino, Suprema Corte de Justicia, Salvador María del Carril, José Barros Pazos, José Benjamín Gorostiaga, José Figueroa Alcorta, Benjamín Victorica, Antonio Bermejo, Roberto Repetto y Antonio Sagarna. / Masones fueron varios presidentes de la República Argentina: Rivadavia, López y Planes, Urquiza, Santiago Derqui, Bartolomé Mitre, Sarmiento, Juárez Celman, Pellegrini, Manuel Quintana, Figueroa Alcorta, R. -Roque- Sáenz Peña, Victorino de la Plaza, Hipólito Yrigoyen, Agustín P. Justo. / Prestigiaron nuestro Congreso Nacional: Leandro N. Alem (ex-Gran Maestre), Aristóbulo del Valle, Joaquín Castellanos, Emilio Gouchón (ex-Gran Maestre), Belisario Roldán, Luis María Drago, Valentín Alsina, Delfín Gallo, Juan Balestra, Carlos Conforti, Juan Luis Ferrarotti y Lisandro de la Torre, en unión de cientos de otros legisladores masones. / Fueron masones los bardos de nuestra poesía gauchesca: Hilario Ascasubi, Estanislao del Campo y José Hernández. / Dentro de la cultura, la literatura y el pensamiento argentino recordamos a: Eduardo Wilde, Olegario V. Andrade, Onésimo Leguizamón, José Mármol, José María Ramos Mejía, Eugenio Cambaceres, Joaquín V. González, Agustín Álvarez, Leopoldo Lugones, Alejandro Korn, José Ingenieros, Diego Fernández Espiro, Esteban Echeverría, Miguel Cané, Santiago Fitz Simón, Juan J. García Velloso, Eusebio Gómez. / En las ciencias y la educación, encontramos a hombres como: Florentino Ameghino, Nicanor Albarellos, Manuel Augusto Montes de Oca, José María Moreno, Martín Spuch, Lucio V. López, Manuel Ricardo Trelles, Antonio Zinny, Amancio y Diego Alcorta, Eugenio Bachmann, Samuel Gache, José María Gutiérrez, Ricardo Gutiérrez, Guillermo Rawson, Alejandro Rosa, Eduardo L. Holmberg, Cristóbal Hicken, Eliseo Cantón, Carlos Durand. José Penna, Cosme Argerich, Ignacio Pirovano, Telémaco Susini, Carlos F. Melo, Rodolfo Rivarola, Víctor Mercante, Rodolfo Senet, Pedro Scalabrini, Pablo Pizzurno, Manuel Hermenegildo Langenheim, Manuel José Langenheim y César S. Langenheim. / Entre los cultores de las artes plásticas y pictóricas debemos mencionar a: Prilidiano Pueyrredón, Ignacio Manzoni, Carlos F. Pellegrini, Martín Boneo, Rogelio Yrurtia, Ernesto de la Cárcova. / Entre los autores y actores del teatro rioplatense sólo citaremos los nombres de Florencio Sánchez, Emilio Onrubia, Roberto Casaux, Enrique García Velloso y Enrique Muiño. / Algunos de los militares y marinos que pertenecieron a la Masonería: Nicolás Vega, Juan Gelly y Obes, Wenceslao Paunero, Emilio Mitre, Félix Benavídez, Donato Álvarez, Bartolomé Cordero, Mariano Cordero, Luis Cabassa, Julio Fonrouge, Eduardo Broquen, Emilio Conesa, Rudecindo Roca, Nicolás Levalle, Eleodoro Damianovich, José María Galán, Pedro Mallo, Rosendo María Fraga, Teodoro García, José L. Garmendia, José M. Francia, Eduardo Racedo, Zacarías Supisiche, Guillermo Brown, Francisco J. Reynolds, Joaquín Viejobueno, Luis Piedrabuena, Erasmo Obligado, Clodomiro Urtubey, Martín Rivadavia, Santiago J. Albarracín, Enrique Howard, Juan A. Golfarini, José Murature, Carlos O´Donnell.”

[78] Dorfman, Adolfo. Historia de la industria argentina. Buenos Aires, Hyspamérica, 1986, p.228-229.

[79] Rosa, José María. Historia Argentina – Tomo 3. Buenos Aires, Editorial Oriente, 1992, p. 16-30.

[80] Orbea de Fontanini, Nidia A. G. Santa Fe, siglo XIX – Luchas por la autonomía y el federalismo (Inédito, 29 páginas.) Sea tenido en cuenta que el Padre José de Amenábar ejerció continua influencia en la política de la capital santafesina, colaborando con el Brigadier Estanislao López, gobernador electo y reelecto durante dos décadas (hasta su fallecimiento el 15 de junio de 1834). El Padre Amenábar fue presidente de la Junta de Representantes durante el gobierno de Juan Pablo López (1856-1858, Mascarilla López, hermano de Estanislao). El 28 de septiembre de 1858 fue el presidente de la Asamblea Legislativa hasta el 11 de noviembre, circunstancias en que por unos días retomó el gobierno Juan Pablo López. Ocho días después delegó nuevamente esas funciones asumiendo el Coronel Rosendo Fraga, vicepresidente primero de la Asamblea. El Padre José de Amenábar también fue asesor del gobernador Rosendo Fraga, distinguido estanciero que desempeñó esas funciones durante el bienio 1859-1860.

[81] Rosa, José María. Historia Argentina – Tomo 3, p. 16-19.

[82] Entre los apuntes biográficos, reitero parte del referido a un sobrino-nieto de Juan Pío Tristán y Moscoso: Paul Gaugin “descendiente de un Borgia de Aragón”. Paul Gauguin era nieto de Flora Tristán –Flore Célestine Thérese Henriette Tristán-, nacida en París el 7 de abril de 1803, hija de Ana Laisney y del aragonés Coronel Marino Tristán y Moscoso, perteneciente al ejército de Carlos IV y amigo de Simón Bolívar y de su maestro Simón Rodríguez. A los cuatro años falleció su padre y Flora fue criada por una familia inglesa. Varios biógrafos destacan que a los dieciséis empezó a trabajar como obrera en una litografía y al año siguiente, 1821, se sintió obligada a casarse con el propietario, André Chazal; tuvieron tres hijos. Se separaron en 1826. En ese tiempo decidió pedir la herencia de su padre y viajó al Perú. El padre de Flora, Marino Tristán y Moscoso fue el último virrey del Perú y tras la batalla de Ayacucho en 1825, fin del dominio español, no pudo asumir tales funciones. Flora, por oposición de su tío Pío Tristán y Moscoso, sólo logró que le otorgaran una pensión mensual. Mientras estuvo en Perú arengaba a los obreros para que defendieran sus derechos, como lo había hecho en Europa y mediante sus escritos. Era una mujer valiente y se animó a entrar en la Cámara de los Lores vestida como los hombres. En 1838 fue herida por André Chazal, el padre de sus hijos que fue procesado y condenado. En 1844, falleció en París como consecuencia del tifus. Flora Tristán insistía en que “la libertad no existe sino en libertad”.   Mientras evocaba sus vivencias, expresó: “Una voz interior me decía que una nueva desgracia iba a caer sobre mi cabeza. En todas las grandes circunstancias de mi vida he tenido presentimientos semejantes”. (Cita de Marta Rossich, “Las mil caras de Flora Tristán”, 2003 (Barcelona, 1979. Graduada en Humanidades en la Universidad Pompeu Fabra.). Algunas publicaciones de Flora Tristán: 1840: Paseos en Londres; Los obreros de las fábricas; Mujeres públicas; Las mujeres inglesas. 1843: A los obreros y obreras. En distintas circunstancias: Por qué menciono a las mujeres; Unión Obrera; Peregrinaciones de una Parisina… # Más descendientes de los Tristán y Moscoso: En enero de 1851 en Arequipa se generó un levantamiento acaudillado por Ramón Castilla y Marquezado, hijo del argentino Pedro Castilla y de Juana Marquezado de Romero. / Un nieto de Pío Tristán y Moscoso, José Rufino Echenique y Benaente era reconocido por su actuación política y fue electo presidente del Perú (20-04-1851). El 19 de octubre de 1852 se proclamó la Constitución del Perú. En enero de 1855 fue electo presidente provisorio. José Rufino Echenique falleció el 8 de mayo de 1903. Han reiterado que a su lado estaba su vecino Tioka, un anciano maorí, quien en ese momento expresó: “Ahora ya no hay más Hombre”.

[83] Abad de Santillán, Diego. Historia Argentina Tomo 1, p. 504-505. El historiador reitera que “el ejército de Belgrano prestó juramento a la Asamblea el 13 de febrero a orillas del río Pasaje, ante la bandera que había enarbolado en las barrancas de Rosario y que había sido bendecida por Gorriti en Jujuy” siendo una bandera blanca con el sello de la Asamblea la que sostuvo Eustoquio Díaz Vélez mientras se concretó el juramento y luego, uno a uno fueron pasando para besarla.

[84] Madariaga, Salvador de Bolívar – Tomo I. Ob. cit., p. 174-176.

[85] Sabido es que en mayo de 1775, los representantes de las colonias habían nombrado a George Washington como general en jefe de las tropas revolucionarias y tras la reunión en Filadelfia debieron expulsar a Canadá a los colonos fieles a Gran Bretaña. Convocaron al II Congreso Intercontinental y el 7 de junio de 1775 integraron una comisión presidida por Thomas Jefferson con la misión de elaborar “una declaración solemne de los Estados Unidos de América del Norte”. Un año después, el 4 de julio de 1776 fue aprobado el documento en cuyo texto se justificaba el derecho del pueblo a pronunciarse contra la tiranía del rey Jorge III de Inglaterra que implicaba declarar la independencia de los estados unidos. Inmediatamente la diplomacia intentó que la mayoría de los países apoyara esa decisión y Francia fue la primera en aceptarlo y al proponer un tratado con la nueva Nación; prácticamente estaba declarando la guerra a Gran Bretaña. España enseguida contestó favorablemente, porque tenía la esperanza de ser apoyada en su propósito de recuperación de Gibraltar y también siendo una nación americana, podría contribuir a mejorar la posición española en América. Rusia influyó en el reconocimiento de otros países porque necesitaban obtener la libertad de navegación para incrementar el comercio internacional y suponían que así se podrían limitar las acciones de la invencible marina británica. Las tropas británicas que resistieron en Virginia fueron derrotadas tras el continuo asedio de las fuerzas de Washington y un ejército expedicionario francés al mando de La Fayette. Firmaron la capitulación el 19 de octubre de 1781, significó la liberación del centro y sur de Estados Unidos y en París, en 1783 se firmó el tratado por el cual Gran Bretaña reconocía la independencia estadounidense y la posesión de los territorios situados al oeste de los Apalaches. (Leer Historia Universal, Tomo 3, Barcelona, Editorial Océano, 1995, p. 804.

[86] Rosa, José María. Historia Argentina – Tomo 3, p. 31.

[87] Ibídem, p. 23. El historiador Rosa destaca que no hay datos acerca de quién elaboró el diseño del escudo, “se sabe que un grabador cuzqueño radicado en Buenos Aires, Juan de Dios Rivera, mestizo de alto linaje pues descendía del conquistador Alonso de Rivera y estaba emparentado con Tupac-Amaru, confeccionó el cuño de la Asamblea… Se han encontrado cartas de Antonio Isidro de Castro -artista peruano radicado en Chile-, que lo presentan trabajando en 1812 por encargo del Primer Triunvirato en el dibujo de un ‘sello de alegorías republicanas’ que posiblemente fue el adoptado por la Asamblea al año siguiente. El simbolismo es claro: las manos enlazadas son las Provincias Unidas, que por la fuerza (la pica) sostienen la libertad (el gorro frigio) orlado de laureles (la victoria) y coronado de un sol incaico naciente (la naciente independencia americana); los colores que sirven de fondo son los mismos del escudo de Buenos Aires (donde el plata representa al río epónimo y el azur al cielo donde está la paloma del Espíritu Santo). El artista -y eso hace dudosa la autoría del grabador Castro, peruano radicado fuera del país- tomó el escudo de Buenos Aires, quitó los símbolos de la ciudad y puerto (naves, ancla y paloma) y los cambió por otro que se refería a las nacientes Provincias Unidas.” En el rumbo de las suposiciones, también podría ser que al encomendarle el diseño le hubieran entregado una copia del escudo bonaerense…

[88] Ibídem, p. 22.

[89] Ídem, p. 22. Explica el historiador Rosa que “por extensión se los llamaba ‘mayorazgos’; es posible que el solo mayorazgo de las Provincias Unidas fuera el de la familia Brizuela y Doria de La Rioja. Pero como las Cortes de Cádiz habían abolido todos los privilegios señoriales el 6 de agosto de 1811, aquí no se podía hacer menos”. También se plantearon la necesidad de “echar abajo, sin consideraciones a los gustos estéticos o tradiciones de los propietarios, esas ‘distinciones de familia que aspiran a singularizarse de las demás’.”

[90] Rosa, José María. Historia Argentina – Tomo 3, p 13-14.

[91] Algunas crónicas indican que esa bandera fue confeccionada por la vasca Catalina de Etxebarria y también aluden al posterior juramento en Jujuy.

[92] Diego Abad de Santillán. Historia Argentina – Tomo 1. Ilustración incluida en la página 468: Óleo de Luis Servi con este texto: “Belgrano hace jurar a sus tropas obediencia a la Asamblea del año 13”. La bandera tiene dos franjas en color azul-celeste y la central blanca habiendo sido blanca y con el escudo, la sostenida frente a las tropas el 13 de febrero de 1813. El historiador argentino Atilio Andrés Roverano -Director del Archivo Histórico de la Provincia de Santa Fe-, describe ese acto en su libro El río Salado en la Historia (p. 117): “Terminado el cruce de las tropas, el 12 fue dedicado al descanso y disposición de las fuerzas… Al día siguiente, el 13, Belgrano ordenó una gran formación… Un ayudante dio lectura a la circular de la Asamblea Constituyente reunida en Buenos Aires por la que se disponía el juramento de obediencia a la autoridad que emanaba de ella. El Coronel Díaz Vélez, segundo jefe del ejército, presentó la bandera azul y blanca. Belgrano hizo el saludo de práctica y luego expresó: ‘Éste será el color de la nueva divisa con que marcharán al combate los defensores de la Patria’. Prestó el juramento correspondiente, lo tomó a los jefes de las unidades y, después, en forma conjunta, a toda la tropa… Frente a la cruz que con el asta y su espada formó Belgrano, desfilaron uno a uno los heroicos soldados, depositando sobre ella el beso con que refrendaban su juramento. Terminada la reunión, en un árbol de la costa, se grabó sobre un tronco el nuevo nombre del río: ‘Juramento’. Quedaba sellado así un acto al que atribuirían más tarde dos intenciones distintas: la obediencia a la bandera o a la Asamblea Constituyente.” / “Siguiendo la letra de los documentos históricos, no puede dudarse del objeto de esa formación, Belgrano dio cumplimiento a lo ordenado por la Asamblea, procediendo a efectuar el sometimiento a la misma de conformidad con las instrucciones recibidas, que prescribían la realización del acto con el protocolo impuesto para la jura de la bandera”. Luego, el historiador expresó distintas hipótesis… y destaca que “esa misma tarde del sábado 13, luego de finalizado el acto, a las 18 horas, el ejército comenzó a abandonar las costas del Salado, ahora Juramento, rumbo a Salta, en busca del derrotado Tristán, que se había posesionado de esa ciudad”…

[93] Ibídem, p. 558.

[94] Rosa, José María. Historia Argentina – Tomo 3, p. 28. Hay diversos relatos acerca del origen del Himno Nacional Argentino. El historiador Rosa explicó que “la historia del Himno es la siguiente: la noche del 24 de mayo de 1812 se representaba en la Casa de Comedias una pieza, El 25 de Mayo, que terminaba con un himno coreado por los actores, obra de Luis Ambrosio Morante. Vicente López y Planes se sintió inspirado y compuso esa noche la primera estrofa de un himno para reemplazar el de Morante, al que Blas Parera había puesto música” y otras fuentes indican que fue un año antes… Escribió Rosa: “Parece que se cantó en algunas funciones teatrales. El Triunvirato, que deseaba una canción para sustituir la de la Sociedad Patriótica, enemiga del gobierno (‘La América toda / se conmueve al fin…” a iniciativa de Pueyrredón se dirigió en julio al cabildo para que encontrase poeta y músico que compusiesen una marcha patriótica ‘que deban entonar los niños semanalmente y cantarse al principio de las representaciones teatrales para entonar el espíritu público’. Fue comisionado el regidor Manuel José García, que el 4 de agosto presentó una canción con letra de fray Cayetano Rodríguez, a la que el mismo García había puesto música con ayuda de Parera. Gustó más la canción de López y Parera que empezaba: ‘Oíd, mortales, el grito sagrado de libertad / oíd el ruido de las rotas cadenas…’ preparada para funciones teatrales. Pero se les pidió que mejorasen el trabajo. Lo concluyeron el 1º de noviembre, pues en esa fecha fue cantada en el Cabildo por los niños de las escuelas con asistencia del Triunvirato. No se conoce la letra de este arreglo, pero es de suponer mencionaba ‘la nueva y gloriosa Nación que se levanta a la faz de la tierra, como correspondía a los propósitos independentista de noviembre de 1812. El 6 de marzo la Asamblea ordenó un nuevo arreglo, tal vez para paliar el independentismo y hacer de la canción una Marcha de varias estrofas.   Se sabe que López aceptó la colaboración de Esteban de Luca y a su vez Parera dio ritmo de marcha a su música.   A pesar de los ‘arreglos la Marcha Patriótica siguió independentista, tal vez para no chocar a la opinión pública que la venía escuchando desde el 1 de noviembre. Y además monárquica… [‘ved en trono a la noble igualdad (¿propósito de coronar al duque de Orleáns?)’; ‘sobre alas de gloria alza el pueblo, trono digno a su Gran Majestad’; Ya su trono dignísimo alzaron, las provincias Unidas del Sur’] Como tantos otros símbolos patrios, (la bandera que de azul se hizo celeste, el escudo que quedó sin banderas ni armas), el Himno sufrió en 1860 un ‘arreglo encomendado a Juan Pablo Esnaola: de la marcha vibrante y guerrera se hizo un himno sacro y majestuoso conforme al nuevo tiempo que empezaba en la Argentina. Esta versión de Esnaola ha prevalecido a pesar de algún intento en 1927 de volver al ritmo de los tiempos heroicos. La letra fue abreviada durante la segunda presidencia de Roca, suprimiendo las estrofas denigrantes a España al cantarse en los actos oficiales”. # Luis Felipe de Borbón, el Duque de Orleáns, era mencionado como posible monarca en América. A fines de la década siguiente, tras la insurrección popular de julio de 1830, reemplazó a Carlos X, legítimo monarca de Francia.   El gobierno de Luis Felipe reconoció espontánea y gratuitamente las repúblicas españolas el 16 de diciembre de 1830, evidentemente a cambio de la firma de tratados que beneficiaran la navegación y el comercio francés. El gobernador de Buenos Aires Don Juan Manuel de Rosas rechazó el nombramiento del cónsul general M. de la Forest con funciones de encargado de negocios de Francia por su conducta como antiguo cónsul en Chile y su participación en la guerra peruana-boliviana. Tampoco recibió al reemplazante Marqués de Vins de Peyssac y “Tomás Manuel de Anchorena, a cargo de las relaciones exteriores, contestó con altura” invocando la capitulación del 25 de mayo de 1829 firmada por el comodoro vizconde de Venancourt con el gobierno ilegal de Juan Lavalle, al comprometerse a devolver los buques de los que se había apoderado mientras exigía “la libertad de los franceses obligados a servir las armas”, circunstancia en que “dejó en libertad a los presos políticos que había en ellos”… (Ver: Rosa, José María. Historia Argentina Tomo 1, p. 142-144 y 112.) Veinte años después del movimiento de mayo de 1810, los intereses económicos de los franceses e ingleses resultaron ser continuos generadores de conflictos y potentes como los españoles en la época de la Colonia…

[95] Rosa, José María. Historia Argentina – Tomo 3, p. 26.

[96] Íd., p. 43-44.

[97] Gárgaro, Alfredo. El itinerario de San Martín en el ejército del Norte y abrazo de Belgrano en Tucumán.. (Folleto) Santiago del Estero, 19 de enero de 1950.

[98] Benencia, Julio Arturo. Cómo San Martín y Belgrano no se conocieron en Yatasto, p. 23. Armando Alonso Piñeiro en el Prólogo (páginas 9-11), destaca que “el tema fue continuado por el mismo autor, quien en sucesivos estudios llegó a la misma conclusión inicial y tentó también a otros. Dejando de lado a algunos aprendices, es necesario citar a Manuel Lizondo Borda, hasta llegar al autor del presente libro quien analizó exhaustivamente el problema”. Julio Arturo Benencia: Estudiante de Derecho que en 1930 comenzó con sus investigaciones en archivos históricos; en 1973 “investigador del Departamento de Estudios Navales y de la Comisión de Publicaciones Históricas del Ministerio de Relaciones Exteriores y Culto. Tuvo a su cargo los cuatro tomos de Campañas Navales de la República Argentina, de Ángel Justiniano Carranza, la recopilación de antecedentes para nueve tomos de la Biblioteca de Mayo y la investigación, arreglo y notas del tomo 4 de la obra Diplomacia de la Revolución de Mayo, editada por la Cancillería”. Sus trabajos fueron publicados en revistas de Historia, “en la Revista de Administración y Logística Militar y en Historia Argentina, publicación dirigida por Roberto Levillier.”

[99] Orbea de Fontanini, Nidia A. G. Justicialismo – Un largo camino… (Inédito, 21 páginas.)

[100] Ibídem.

[101] Rosa, José María. Historia Argentina – Tomo 3, p. 53-54.

[102] Benencia, Julio Arturo. Cómo San Martín y Belgrano no se conocieron en Yatasto, p. 18.

[103] Abad de Santillán, Diego. Historia Argentina – Tomo 1, p. 463. Juan Francisco de Tarragona –vecino de Santa Fe-, a fines de 1810 fue el encargado de organizar la fábrica de fusiles en Buenos Aires y la dirigió hasta que lo reemplazó Domingo Matheu secundado por Eduardo Holmberg y Salvador Conret. El historiador destaca que “los pocos armeros que había en la capital fueron acrecentados por el personal formado en la misma fábrica y por especialistas ingleses contratados que llegaron al Plata en enero de 1813; en ese año trabajaban en la fábrica de armas 67 personas que fabricaban fusiles, tercerolas, carabinas, pistolas, bayonetas y baquetas. El teniente coronel Ángel Monasterio fue encargado en mayo de 1812 de la organización y dirección de una fundición de piezas de artillería, se habilitó para ello la iglesia destechada de la Residencia, en las actuales calles Defensa y Humberto 1º.”

[104] Orbea de Fontanini, Nidia A. G. Siglo XIX – Santa Fe, luchas por la autonomía y el federalismo. (Inédito, 29 páginas.) En Invierno de 2004 – Cerca del río. Inédito, 72 páginas, escribí:   Para ganar tiempo, debido al estado y desmoralización de sus tropas, autorizó al entonces coronel D. Eustoquio Díaz Vélez para tratar amigablemente con las defensas de Santa Fe. Este rasgo de Belgrano, propio de su patriotismo, era producto de una convicción: que el mayor número quería la destrucción del país para satisfacer sus pasiones indignas de hombres, y que era indispensable atajar el mal por todos los medios imaginables y con toda especie de sacrificios. / Díaz Vélez, haciendo uso de esta autorización, firmó en la Capilla de Santo Tomé, situado a las puertas de la ciudad” -hacia el oeste, tras el cruce del río Salado-, “el día 9 de abril, el Acuerdo que se conoce con el nombre de dicho lugar, con Don Cosme Maciel, ‘Comandante de las fuerzas de mar de Santa Fe’, según reza el documento, en el que acordaban: 1º) la separación de Belgrano y del Director Álvarez de sus respectivos cargos; 2º) la substitución del primero por el propio Díaz Vélez, y 3º) el compromiso de reunirse luego con éste, D. Cosme Maciel y D. Mariano Ezpeleta, comandante general de esta campaña, ambos en el territorio de Santa Fe, para ajustar tratados de paz y unión verdadera, que debían ser ratificados cuando las circunstancias lo permitieran por los gobiernos de Buenos Aires y Santa Fe y Artigas.” / Coinciden los historiadores al interpretar que la publicación de ese documento el número 34 de “El Censor”, por orden de la Junta de Observación y el Cabildo de Buenos Aires, indican que había “connivencias de Díaz Vélez con los hombres que en ésa venían preparando contra Álvarez Thomas un movimiento semejante al que produjo la caída de Alvear”. / Al enterarse los gobiernos provinciales de tal decisión, enviaron emisarios “para tratar de los medios que puedan reestablecer la concordia y terminar con las diferencias suscitadas en el territorio”. Mientras tanto, el 10 de mayo de 1816 eligieron gobernador a Don Mariano Vera, “prestó juramento ante el Cabildo, como lo habían hecho los alcaldes y regidores elegidos para el año” y en el acta escrita en la Sala Capitular, la segunda firma corresponde a “Maziel”.

[105] El historiador Manuel M. Cervera relató los sucesos de 1816 en la provincia de Santa Fe, texto reiterado en diversas publicaciones. En síntesis: Derrotado Viamonte en la provincia de Santa Fe y enteradas las autoridades de Buenos Aires aumentó el temor acerca del avance de Artigas con sus tropas cruzando el río Paraná y llegando así fácilmente a aquella ciudad-puerto. Para evitarlo el gobierno de Buenos Aires ordenó a Manuel Belgrano que asumiera el mando del ejército que estaba acantonado en San Nicolás a los fines de sofocar esa posible rebelión, logrando así que Santa Fe volviera a la dependencia de Buenos Aires.   El pacífico Belgrano interpretó que no era necesario un enfrentamiento armado y ordenó al jefe de la vanguardia, Eustoquio Díaz Vélez que se acercara, pero el audaz militar “se extralimitó en su cometido” y el 9 de abril de 1816 con Cosme Maciel estableció un convenio estipulando que: “a) se separaría a Manuel Belgrano del mando del ejército de Observación; b) se depondría al director supremo Álvarez Thomas; y c) se ajustarían tratados de paz que deberían ser ratificados por el gobierno de Buenos Aires, por Artigas y por Santa Fe. De hecho, Belgrano se retiró a Tucumán y Álvarez Thomas renunció. El 16 de abril la Junta de Observación y el Cabildo de Buenos Aires nombraban como nuevo director supremo a Antonio González Balcarce, en espera del nombramiento definitivo que correspondía al Congreso General que unos días antes había iniciado sus sesiones en Tucumán…

[106] Abad de Santillán, Diego. Historia Argentina Tomo 1, p. 486.

[107] La Gloria de Yapeyú. Buenos Aires, Instituto Nacional Sanmartiniano, Dirección de Publicaciones, Departamento de Artes Gráficas, “25 de febrero de 1978, a doscientos años del nacimiento del Libertador General Don José de San Martín”. Entre comillas, lo expresado por Antonio Monzón, autor de ese capítulo XXI titulado Los Granaderos a Caballo de las Misiones.

[108] En la citada obra de Benencia hay una lista de postas en las páginas 32-34.

[109] En el libro inédito Universo Vittoriano -aproximación a la obra del periodista y escritor José Luis Víttori -desde su primer libro editado en la década del ’40 hasta fines del siglo XX-, escribí el título: “Los renombrados Robertson”. Luego este párrafo: “La memoria se estimula cuando Víttori reitera algunos recorridos de viajeros que llegaron hasta las Provincias Unidas del Río de la Plata y señala algunos testimonios de ‘J. P. Robertson’; personaje que según referencias difundidas desde la comarca santafesina, ‘nació en Inglaterra en 1792’.” A principios del siglo veinte, el doctor Carlos Aldao tradujo el libro que escribieron los Parish Robertson -parientes del diplomático Woodbine Parish-, después que fueron expulsados del Paraguay porque detectaron sus actitudes conspirativas. El investigador Raúl Scalabrini Ortiz, en su libro titulado Política Británica en el Río de la Plata dedica más de un capítulo al trámite del primer empréstito acordado por el gobierno argentino con los banqueros Baring Brothers y explica las circunstancias en que los hermanos Parish Robertson intervinieron como agentes del gobierno del Río de la Plata y al mismo tiempo, como apoderados de esa empresa financiera británica.

[110] Orbea de Fontanini, Nidia A. G. Entre dos fronteras. (Apuntes sobre historias de la Historia -al norte Sunchales, al sur Villa Constitución; inédito.) Algunas referencias a descendientes de Francisco Antonio Candioti: don Urbano de Yriondo -contrajo matrimonio con su hija Petrona-; uno de los hijos de ese matrimonio Yriondo-Candioti, fue Simón de Yriondo (nacido en Santa Fe el 28 de octubre de 1836, abogado, gobernador delegado desde el 8 de abril de 1868 al 7 de abril de 1871, electo gobernador continuó en ese cargo hasta abril de 1874; reelecto en el período 1874-1882) y su nieto el Dr. Manuel María de Yriondo, nacido en el año 1873, también fue gobernador electo en la Provincia Invencible desempeñándose en el período 10 de abril de 1937 al 10 de abril de 1941.

[111] Newton, Jorge El príncipe de los gauchos. Francisco Antonio Candioti, p. 21-22 y p. 24.

[112] Ibídem, p. 24-30. Entre comillas el relato de Newton, con textos semejantes al libro traducido por Aldao, cuyas transcripciones son frecuentes en textos literarios referidos a los hermanos Parish Robertson, en algunos escritos nombrados hermanos Robertson omitiéndose el primer apellido. Eran parientes del cónsul británico Woodbine Parish…

[113] Francisco Aráoz intervino en la votación realizada en el Cabildo de Salta el 29-08-1810 para elección del diputado que integraría la Junta Grande, entre otros asuntos. El 27-06-1810, José Gregorio de Aráoz firma el acta redactada en el Cabildo de San Miguel de Tucumán referida a la elección de diputado. Bartolomé Aráoz y Pedro Miguel Aráoz con el mismo propósito en el Cabildo de Tucumán, el 09-11-1810, siendo José Gregorio de Aráoz “defensor general de menores y pobres” como consta en el acta. (Ver: Levene, Ricardo. Ensayo Histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno, tomo III, p. 258. # Acerca de la influencia de la familia Aráoz hay un testimonio insoslayable: el historiador José María Rosa efiriéndose a la situación de las provincias del interior en 1829, cuando “la revolución unitaria de Buenos Aires había producido la unidad federal”, destaca que “en Tucumán, Javier López había tomado el gobierno en reemplazo de Nicolás Laguna” y explica que “Javier López se apoyaba en el prestigio de la familia Aráoz a pesar de haber fusilado a Bernabé Aráoz, era casado con una sobrina de éste”. Como aún suele suceder, las ambiciones y los intereses creados imponían venganzas y muertes, destruían los lazos familiares…

[114] Cuando Castelli le informó que iban a fusilarlo, Liniers (nacido en 1753), empezó a describir sus percepciones y algunas conclusiones: “Yo, don Santiago de Liniers… Caballero de la Orden de San Juan, Caballero de la Orden de Malta, Capitán de Navío de la Real Armada, Gobernador de las Misiones; Comandante General de Armas de Buenos Ares; Virrey del Río de la Plata, seré absurda y tristemente fusilado”… / “Castelli en persona fue el encargado de darme la mala nueva”… y le había expresado que le acordaban “cuatro horas” para prepararse y enfrentar el instante final. / Miro ahora a Castelli, de pie sobre un costado, deslizando palabras sobre el atento oído del oficial al que todos llaman French”… / Después, Liniers, escribió: “Pero hay que decir que todo aquí es casual y sujeto al desmesurado antojo de la barbarie… Cuatro horas según la gracia de Castelli para Castelli” (que cumplía las órdenes de su jefe, el doctor Mariano Moreno, a quien Liniers censuró en una de sus últimas cartas. Liniers en otro párrafo, destacó: “Yo soy hijo del fuego. Combatí en Argel, en Menorca, en Gibraltar. Vencí en Buenos Aires a los grandes generales ingleses”… Antes de morir, necesitó escribir una carta a sus hijos menores: José, Santiago, Mariano, Dolores y Tomás, preguntándose y preguntando, quién los cuidaría…

[115] Ibídem, p. 41-50. El 31 de julio de 1748 hay registros del despacho inicial de correos desde Buenos Aires a Potosí y estuvo a cargo del “Primer Teniente de Correo Mayor de la Ciudad de Buenos Aires, D. Vicente de Vetoloza”. Hay datos de 1755 acerca del Derrotero de Postas, Caminos y leguas desde Buenos Aires a Potosí. Y otras noticias curiosas… y a partir de Tucumán, indican: a los Nogales 2 leguas; a Taficito, 3 leguas, a Tapia 4 leguas, a Río de los Bipos 6 leguas, a los Acequiones 6 leguas, a Paso del Pescado 4 leguas, a Río de Tala 2 leguas; a Arenal 8 leguas; a Río de los Sauces 3 leguas; a Rosario 4 leguas, a la Palata 3 leguas; a Río Blanco 3 leguas, a Yatasto 2 leguas, a Metán 2 leguas, a Río Solórzano 2 leguas, a Río de las Piedras 4 leguas, a Río Blanco 2 leguas, a Rodeo de Tala 2 leguas, a Portezuelo 2 leguas y a Paso del Río Pasaje 2 leguas. “El título de Teniente de Correo Mayor de Buenos Aires, se otorgó por cinco años a D. Mateo Ramón de Álzaga, el 31 de enero de 1767, teniendo la suerte de contar entre sus colaboradores a D. Domingo Basabilvaso -uno de sus tres apoderados- que desde 1748 bregaba por instalar el servicio en la gobernación. Basabilvaso continuó la obra de Vetolaza como administrador provisorio -julio de 1767- y propietario en 1768. El itinerario del Correo Mayor de Indias entre Buenos Aires y Lima, formado en 1767… mantenía a Yatasto como posta en el tramo Rosario-Río Pasaje”: desde Río de Rosario a Llatasto 8 leguas, de Llatasto a Río de las Piedras 14 leguas y hasta el Río Pasaje 16 leguas. “Al retornar a la corona el 13 de octubre de 1769, la merced de Correo Mayor de Indias, la concesión otorgada a Álzaga desapareció de hecho, pasando a las autoridades españolas la fiscalización de los correos marítimos, fluviales y terrestres en América, sin que el administrador de Buenos Aires fuera removido de su puesto”. El autor alude a “Las reflexiones que se forman para el establecimiento de Correos en los virreynatos del Perú y Santa Fe, obra del marqués de Grimaldi, de 5 de abril de 1769” con normas para el transporte de pasajeros, encomiendas y correspondencia”. Grimaldi fue designado visitador de Correos y Estafetas el 12 de enero de 1771 y llegó a Buenos Aires el 20 de junio de 1771. Tres días después, renunció Basabilbaso y lo reemplazó su hijo Manuel a partir del 8 de febrero de 1772. Alonso Carrió de la Bandera en noviembre de 1771 viajó al Perú, “siguiendo los itinerarios establecidos por contrata y con carácter oficial por D. Domingo Basabilvaso”. Comenta también el autor que El Lazarillo de Ciegos y Caminantes de Concolorcorvo, es en realidad el informe de la inspección practicada en el virreynato del Perú que incluía la gobernación de Buenos Aires, por el visitador D. Alonso Carrió de la Bandera” a fin de “verificar la aplicación de las Reflexiones que en su Nº 10 dividía la carrera de Lima a Buenos Aires en cuatro partes: Lima al Cuzco; desde el Cuzco a Potosí; desde Potosí a Salta y de Salta a Buenos Aires”. / “Creado el virreynato del Río de la Plata el 6 de agosto de 1776, D. Manuel Basabilvaso con el apoyo del nuevo gobernante, se dedica a estabilizar la ruta entre Buenos Aires, Salta y Jujuy. Ni los mismos funcionarios tenían una noción exacta de las postas”. El 28 de mayo de 1785, “se examinan en Salta las cuentas de la conducción a Córdoba del reo Pedro Arduos” y en ese documento están mencionadas las “postas estables: De Salta-Cobos 9 leguas; a la Ciénaga 7 leguas, al Pasaje 9 leguas, al Rosario 14 leguas. “Yatasto podía ser en 1785 un paradero no oficial mientras su propietario procuraba obtener la concesión”. / “Basabilvaso se preocupaba por mejorar los recorridos en territorio de la gobernación intendencia de Salta. Prestaba atención a los informes que suministraba el veedor, hacendado y coronel D. Francisco Gabino Arias, que con el encargado de la estafeta de Salta D. Cayetano Viniegra fiscalizaba el servicio de Tala a Jujuy. Los intereses del coronel estaban vinculados a su hacienda del Rosario y al parecer le interesaba fraccionar el largo recorrido del Rosario a Conchas (11 leguas) y proponía a Basabilvaso desde Salta el 24 de julio de 1789 establecer una parada en el paraje de Las Cañas, hacienda de D. Vicente Toledo”. Luego, “Vicente Toledo y Pimentel heredero de la mayoría de los bienes de D. Francisco Toledo, fue propuesto oficialmente por el administrador de la estafeta Salta D. Cayetano Viniegra, para establecer la posta en Cañas”. / “Desde la Encrucijada de Cañas, el 8 de setiembre de 1789, D. Vicente agradecía al administrador su nombramiento… el contrato debió durar hasta fines de 1802 en que la hacienda de Metán desplaza a sus vecinas de Concha y Encrucijada, instalándose la posta en la hacienda de D. Juan Manuel Sierra, deudo de Toledo y Pimentel, con el cual no estaba en muy buenas relaciones.

[116] Benencia, Julio Arturo. Cómo San Martín y Belgrano no se conocieron en Yatasto, p. 20-21.

[117] Rosa, José María. Historia Argentina. Tomo 3, p. 78.

[118] Por las rutas argentinas. Guía turística. Buenos Aires, Selecciones de Reader’s Digest, 199, p.258.

[119] Ibídem, p. 255. Sigue el texto: “Es una antigua construcción de las del tipo que, durante el siglo pasado, fueron lugar obligado de alojamiento para quienes recorrían el norte semidespoblado. Comprende dos habitaciones, con galería cubierta de tejas y alto balcón voladizo de aspecto señorial. Sede del museo donde se exhibe mobiliario y objetos de la época.”

[120] Instituto de San Felipe y Santiago de Estudios Históricos. Boletín Nº 18, citado por Benencia en la obra citada, p. 26.

[121] Benencia, Julio Arturo. Cómo San Martín y Belgrano… Ob. cit., p. 59. El autor reitera lo expresado por el doctor Tomás Anchorena en una carta. (“Colección del doctor Enrique Ruiz Guiñazú”.)

[122] En su carta del 27-12-1810, el gobernador de Salta Feliciano Chiclana mencionó a Lorenzo Mollinedo entre los vecinos que habían colaborado con el Ejército. En 1857 Agustina Mollinedo envió una carta destacando que su hijo estudiaba aunque en Salta no disponían de suficientes libros, un dato que ya se había registrado en 1820. Lo lamentable es que a principios del siglo XXI, todavía se insista en que hay localidades donde no hay librerías ni bibliotecas y que aún hay millones de niños y jóvenes que no disponen de los recursos necesarios para adquirir útiles escolares y libros. Mientras tanto, ya algunos personajes han aludido a la cercana celebración del bicentenario del movimiento de mayo de 1810… mientras crece la inseguridad por secuestros, robos y asesinatos limitándose así la libertad y seguimos en continua dependencia mientras hay Estados que operan a favor de organizaciones continentales y que hace cincuenta años están desarrollando proyectos globales y programas de interdependencia

[123] Martín Miguel de Güemes era el segundo hijo del matrimonio integrado por Gabriel de Güemes Montero – tesorero de la Real Hacienda- y de María Magdalena Goyechea y La Corte. En el acta de Bautismo del 9 de febrero de 1785 consta que tenía dos días, se considera que nació en las primeras horas del día 8. Fueron ocho hermanos, sólo dos mujeres, destacándose Magdalena –Macacha– por su entusiasta colaboración con el ejército patriota. Martín Miguel, interrumpido su noviazgo con Juana Manuela Saravia -han reiterado que por influencia de su hermana Macacha– se casó con Margarita del Carmen Puch, hija de Domigo Puch y de Dorotea Velarde, nacida en Salta el 25 de febrero de 1797. En 1815, Güemes era Gobernador de Intendencia. Tuvieron tres hijos: Martín del Milagro, José Luis e Ignacio que falleció al año de nacer. El general Güemes murió el 17 de junio de 1821 en Los Horcones. Margarita tenía veinticuatro años, desde entonces declinó en su estado de salud, expresaba que no quería vivir más y falleció meses después, el 3 de abril de 1822.

[124] Levene, Ricardo. Ensayo Histórico sobre la Revolución de Mayo y Mariano Moreno – Tomo III, p. 223-227. Para facilitar la lectura, en cursiva se reitera el texto evitando las abreviaturas, signos y grafías diferentes en el original.

[125] Benencia, Julio Arturo. Cómo San Martín y Belgrano… Ob. cit., p. 117-118.

[126] En la batalla de Salta combatieron 3700 patriotas -12 piezas de artillería- y 3.400 realistas con diez piezas de artillería. El ejército patriota registró 13 muertos y 433 heridos.

[127] El francés Carlos Forest -naturalizado argentino-, falleció el 16 de julio de 1823.

[128] En 1844, la propiedad pasó a la Orden de las Carmelitas Descalzas y la familia de Agustina de Cámara donó la puerta de algarrobo blanco, tallada por aborígenes en 1762. En 1941 ese edificio ha sido declarado Monumento Histórico y la fotografía del bello portal tallado se reproduce en postales y guías de turismo.

[129] La Gloria de Yapeyú. Buenos Aires, Instituto Nacional Sanmartiniano, 1978, p. 347-348. Antonio Monzón, autor de ese capítulo XXI titulado Los Granaderos a Caballo de las Misiones, anotó: “Tcnel. Camilo Anschütz. Historia del Regimiento de Granaderos a Caballo. Ed. Círculo Militar, Tomo I – Pág. 368”.

[130] Roverano, Atilio Andrés. El río Salado en la Historia. Ob. cit., p. 13.

[131] Benencia, Julio Arturo. Cómo San Martín y Belgrano… Ob. cit., p. 131-132.

[132] Ibídem, p. 87-88. Anotado: “Recibo de posta: 2º Escuadrón de Granaderos a Caballo. Vale por ochenta caballos inclusivos los de los que dos postillones y dos reses para dicha división a mi mando. Posta del Pozo del Pescado. Enero 21 de 1814. Manuel J. Soler / Recibo 67 – Exp. 112 – Diego Rodríguez y Manuel Arias. III, 62 – 4 – 4 A.G.N.” // El 29 de agosto de 1810, en un acta del Cabildo de Salta referida a la elección del Diputado, consta el voto de Santiago Castro y del canónigo Doctor José Miguel de Castro. El apellido Castro identificaba a varias personas vinculadas al Cabildo y al ejército en distintas provincias: Manuel Antonio Castro propuso la creación de la Academia de Jurisprudencia y lo logró en febrero de 1814; luego fue gobernador intendente de Córdoba; Pedro Ignacio Castro era vecino de San Francisco del Valle de Catamarca; Juan Francisco de Castro y Careaga vivía en San Juan de Vera de las Corrientes; Juan Bautista Castro y Gabriel de Castro en la Ciudad de la Santísima Trinidad Puerto de Santa María de Buenos Aires; José Domingo Castro y Pedro Ignacio Castro Barros en la ciudad de Todos los Santos de Nueva Rioja…

[133] Sugerencia: Leer Los Gorriti en la Gesta Güeminiana por Luis Antonio Torino, 1992.

[134] Orbea de Fontanini, Nidia A. G. 17-06-1821 Fallecimiento del General Martín Miguel de Güemes (Inédito, 13 páginas.)

[135] Rosa, José María. Historia Argentina – Tomo 4. Buenos Aires, Oriente, 1992, p. 119. Levene, Ricardo. Ensayo histórico sobre la Revolución… ob. cit, p. 73-75. Es oportuno tener en cuenta que Juan Bautista Bustos votó el 22 de mayo de 1810 en el Cabildo de Buenos Aires junto a Mariano Moreno, Bernardino de Rivadavia, Domingo Matheu, Francisco e Ildefonso Passo, Antonio Luis Berutti, Vicente López y Planes, Manuel Belgrano, el catalán Gerardo Esteve y Llac, -entre otros-, apoyando la fórmula de Saavedra a fin de que “la corporación o Junta que debe ejercer el gobierno, cuya formación debe ser en el modo y forma que se estime por el Cabildo y no quede duda de que el pueblo es el que confiere la autoridad o mando’, comprensiva de la de Castelli e incluyendo los que dieron el voto con el agregado favorable para el síndico procurador, 87 votos.” // Felipe Ibarra fue convocado a las reuniones en el Cabildo de la ciudad de Santiago del Estero a los fines de elegir Diputado y siendo Don José Manuel Terán el presidente de ese Congreso, consta en el acta del 15 de marzo de 1811 quienes no concurrieron, entre ellos “el Comandante del Partido del Salado Don Francisco Román Ibarra, El comisionado del mismo Partido, Don Felipe Ibarra”… (Levene, Ricardo. Ensayo histórico sobre la Revolución de Mayo, ob. cit. tomo III, p. 305-306.

[136] Algunos autores indican el 16 de julio de 1816 como fecha de nacimiento. Suele suceder que al estar consignada la fecha del bautismo en las actas pertinentes, sólo con indicación de los días desde el nacimiento, haya tal diferencia de un día en el cómputo.

[137] El general José María Paz en sus Memorias escribió que Macacha era una “mujer ambiciosa, inteligente”… con “garbo y hermosura”. Tenía dieciséis años cuando se casó en 1803, con Román Tejada perteneciente a una distinguida familia salteña. # El escritor jujeño Héctor Tizón, en una nota titulada Historia de la Vida Privada en la Argentina, publicada en el diario Clarín de Buenos Aires, el 10 de octubre de 1999, nombró a la jujeña Juana Moro que montaba su caballo para salir a seducir a los adversarios “sin perder la dignidad” y a quien “el virrey Pezuela -por mal nombre ‘la araña colorada’- la apresó y emparedó, pero se salvo por la bondad de una vecina que horadó el muro y según algunos historiadores, le pasaba alimentos por la medianera para evitar que muriera de hambre… #   Juana Robles inventaba historias para desalentar a los realistas y comentó que los patriotas habían vencido en Montevideo. Al ser descubierta la condenaron a muerte pero fingiendo que estaba embarazada logró evitarlo. En venganza, la pasearon por las calles montada en un asno, con el cuerpo semidesnudo y “emplumada” mientras algunos soldados la insultaban. / La salteña Martina Silva de Gurruchaga, en su casa reunió a una compañía de soldados para apoyar al general Belgrano, colaboró en la batalla de Salta y le entregó la bandera celeste y blanca que había bordado. / Loreto Sánchez de Peón de Frías -hija de un asturiano, nacida el 3 de enero de 1777-, se disfrazaba como vendedora de pan y de pastelitos. Se acercaba a los batallones de los enemigos llevando además en su canasto dos bolsitas y granos de maíz para ir separándolos mientras escuchaba el control de la asistencia y luego, informaba a los patriotas. Estuvo presa en el Cabildo. Fue Jefa de Intendencia de la Vanguardia del Ejército del Norte. Casada con el patriota Pedro José Frías. En aquel tiempo, las identificaban como “las bomberas” y han reiterado que organizaban fiestas para atraer a los soldados y así facilitaban que los atacaran los patriotas. / Juana Azurduy de Padilla, colaboró con el general Belgrano y después del fallecimiento de su esposo, con el general Martín de Güemes (1818-1821). / María Andrea Zenarruza y Palacios -esposa del coronel Francisco Pérez de Uriondo-, también colaboró con el ejército patriota (Fue bautizada el 3 de diciembre de 1799 y murió el 22 de febrero de 1820.) / Más mujeres cooperaron en el noroeste desde Tucumán hasta la zona de Tarija, acercando mensajes que ocultaban en el ruedo de sus faldas o depositaban en distintos lugares; entre ellas Juana Torino, María Petrona Arias –la China-; Doña Toribia, la linda y Celedonia Pacheco y Melo de Gómez, quien según datos reiterados en biografías, provocaba tanta admiración por su valentía como por el largo de sus orejas.

[138] El presidente Manuel Isidoro Belzú, aprobó el 5 de noviembre de 1851 la enseña nacional de Bolivia, una franja superior roja, símbolo de la sangre derramada en la lucha por la independencia; la central amarilla simbolizando la riqueza mineral de esa zona -sin escudo- y la inferior verde, por su vegetación. Después, incorporaron el escudo y así es. (La primera bandera fue aprobada por la Asamblea el 17 de agosto de 1825, tenía dos franjas horizontales verdes y una central roja, con cinco estrellas doradas cada una con una orla de laureles, representación de las provincias de Chuquisaca, Cochabamba, La Paz, Potosí y Santa Cruz. Después fue modificada…)

[139] El día del fallecimiento de Juana Manuela Gorriti, se conmemoraba el 12º aniversario de la muerte de Estanislao del Campo, el autor del poema gauchesco “Fausto”.