Largo camino hacia la organización y la independencia en la Nación Argentina…

“Para poder apreciar el presente de una Nación o una región, para estudiar las mejoras o establecerse; las tendencias, las modalidades; su adaptabilidad a ciertas y determinadas formas de gobierno; el porvenir que la espera, nada mejor, que el conocer su pasado.”

Dr. MANUEL M. CERVERA

Historia de la Ciudad y Provincia

de Santa Fe 1573-1853

“Bajo nuestro régimen de gobierno todos los partidos tienen un derecho virtual al ejercicio del poder, y ese derecho se hace efectivo por la práctica de la vida cívica, por la participación real en las luchas del comicio, y por el concurso de opinión que llevan en uno u otro sentido en las contiendas democráticas.”

“Las abstenciones prolongadas de los unos, si bien no arrojan culpa sobre los que ejercitan su derecho, constituyen en la realidad un peligro y un daño que es un deber conjurar, mientras la educación no señale a todos el único camino legítimo hacia la conquista del gobierno; y esos males se evitan por la coparticipación de los distintos núcleos.”

Dr. JOAQUÍN VÍCTOR GONZÁLEZ

“Cultura social en la política interna”

Discurso en un banquete por la transmisión

del mando gubernativo en la Provincia de la Rioja.

24 de junio de 1907

Largo camino hacia la organización

y la independencia en la Nación Argentina

Las Provincias Unidas del Río de la Plata en 1810

Mediante “la Real Ordenanza de Intendentes, de 1782 (adicionada en 1803 por la Ordenanza General) dictada por el Rey Carlos III de España”, el territorio estaba dividido en “ocho gobiernos con el nombre de Intendencias, que fueron las siguientes:

1ª. Buenos Aires, que comprendía el territorio de esta provincia, y las de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, Banda Oriental, y ‘los diez y siete pueblos de las Misiones del Uruguay’.

2ª. Córdoba del Tucumán, comprendía Córdoba, Mendoza, San Juan, San Luis y La Rioja con sus respectivos distritos.

3ª. Salta, abarcaba esta Intendencia la provincia de su nombre, y las de Jujuy, Catamarca, Tucumán y Santiago del Estero.

Las otras cinco eran las del Paraguay, La Plata, Potosí, La Paz y Puno.

Cada una de esas intendencias era gobernada por un gobernador intendente con jurisdicción política y administrativa sobre todo el territorio” y “en cada jurisdicción de Cabildo, en ciudad donde no residía el gobernador, desempeñaba sus veces un teniente de gobernador.”

Extinción de los Cabildos y nueva geografía política

Buenos Aires fue la primera en suprimirlo y las otras provincias lo concretaron apenas comenzaron su organización. Las decisiones de la Asamblea Constituyente, crearon nuevas entidades orgánicas a partir del 29 de noviembre de 1813:

La intendencia de Córdoba dividida “en dos, dando ese título a las tres pro­vincias de Cuyo, con la capital en Mendoza.

La subintendencia de La Rioja erigióse en Provincia aparte en 1816 por inicia­tiva de su Cabildo, pero el Congreso Constituyente resolvió en 1817 ‘declarar restituida al antiguo orden de dependencia la ciudad de La Rioja’.

El Director Supremo, mediante sucesivos decretos modifica la geografía polí­tica: el 7 de marzo de 1814 creó la Provincia Oriental del Río de la Plata; el 10 de setiembre las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Misiones; el 8 de octubre la antigua Intendencia de Salta se divide en dos, formándose la Provincia de Tucumán con las jurisdicciones de las ciudades de Tucumán, Santiago del Estero y Catamarca, y quedando subsistente la Provincia de Salta, con las ciudades de Salta, Jujuy, Orán, Tarija y Santa María.”

En 1820 “quedan definitivamente separadas, con sus autoridades y leyes pro­pias, Santa Fe, Santiago, San Luis, San Juan, Catamarca y La Rioja. En 1834: Jujuy.”

“Fuentes históricas – Ensayos Constitucionales”

Reglamento Provisorio del 22 de octubre de 1811

El Dr. Joaquín V. González al referirse a las “fuentes históricas” y “ensayos constitucionales” reconoció “como fundamento y origen de la autoridad ‘entre las ciu­dades de nuestra confederación política’, la voluntad y la acción de ellas mismas, y como base de la organización, la división en tres poderes, Legislativo, Ejecutivo y Judicial”; advirtiendo que “la Junta determina sus facultades y funciones. El poder le­gislador tenía la facultad de declarar la guerra, la paz, la tregua, los tratados, de crear los impuestos, tribunales y empleos, y de nombrar los funcionarios del Poder Ejecutivo en los casos de muerte o renuncia”. [1]

Decreto del 26 de octubre de 1811

Al ser reconocido el “derecho a publicar las ideas por la prensa sin censura previa”, se confió al jurado popular denominado Junta Protectora, la responsabilidad de “clasificar los delitos de imprenta”, considerando que era “el único camino para co­municar las luces, formar la opinión pública y consolidar la unidad de sentimientos, que es la verdadera fuerza de los Estados”.

Estatuto del 22 de noviembre de 1811

Derogó el Estatuto Provisorio y “volvía a las fuentes originarias de la sobera­nía, disponiendo que el nombramiento de cada miembro del Poder Ejecutivo, se hicie­se por una asamblea general”, con representantes de los pueblos y ciudadanos elegi­dos por la Capital. Se le incorporó el decreto del día siguiente, “estableciendo que nin­gún ciudadano puede ser penado sin forma ni proceso y sentencia legal; ni arrestado sin prueba -al menos semiplena” indicándose el procedimiento pertinente. [2]

Asamblea Constituyente de 1813

“Son de tal importancia los actos emanados de la Asamblea General Constituyente de 1813, que su período puede considerarse de formación constitucio­nal”. [3]

“Con plenos poderes para dictar leyes en todo el territorio de la Nación, repre­sentada por los diputados elegidos por todas las Provincias, la Asamblea, que fue a la vez constituyente y legislativa, sancionó dos clases de leyes: 1º orgánicas, en cuanto se proponía dar existencia, forma y facultades propias a los poderes del gobierno; y 2º generales o de doctrina, en cuanto establecía los derechos, aseguraba las libertades y fundaba las prerrogativas de los individuos de la Nación.”

9 de Julio de 1816: Declaración de la Independencia

El Congreso reunido en Tucumán, al declarar la independencia no sólo de España sino de cualquier otro poder extranjero, ratificó lo establecido por la Asamblea del año XIII e “invocando al Eterno que preside el Universo”, “resolvió llevar al cono­cimiento de las demás naciones”, “su resolución solemne de fundar una Nación distin­ta. Desde entonces comienza el período constituyente propiamente dicho…” [4]

Reglamento Provisorio de 1817

“Tomando como base el texto del Estatuto Provisorio formulado por la Junta de Observación, que no alcanzó a tener vigencia en las Provincias, el Congreso, tras­ladado ya a Buenos Aires, dictó el 3 de diciembre de 1817 el Reglamento Provisorio para la dirección y administración del Estado, mientras no se sancionase la Constitución permanente. Las entidades orgánicas que el Reglamento reconoce, son: la Nación, las Provincias y los Ayuntamientos de las ciudades y villas que constituyen las unidades electorales del poder general de Provincia”. [5]

Constitución de 1819

Todos los intentos para lograr la pacificación del país eran vanos porque per­duraban “dos principios contradictorios”: “el que se denominó federal, que deseaba un gobierno que mantuviese la autonomía local de cada Provincia, y el unitario, que ten­día a concentrar todos los poderes gubernativos en una sola autoridad nacional. Este último sistema fue el adoptado en la Constitución del 22 de abril de 1819, la cual ape­nas alcanzó a ser puesta en vigencia”. “Su espíritu es altamente conservador, con ten­dencia aristocrática en la composición del Senado, y contiene gran acopio de buena doctrina y práctica política, de la que mucha parte ha pasado a la Constitución vigen­te”, la sancionada en 1853. [6]

Santa Fe y el Estatuto del 26 de agosto de 1819.

En la provincia de Santa Fe, el destacado Estanislao López -nacido el 22 de noviembre de 1786, soldado del general Manuel Belgrano en la expedición al Paraguay-, en 1818 “adopta una imprevista determinación ante un hecho consumado: la acefalía del poder jecutivo, provocada por la renuncia de Mariano Vera y después por la cesación del Cabildo gobernador” -tal como lo ha expresado el historiador Andrés Atilio Roverano-, y asumió en junio de ese año. [7]

Sabido es que el gobernador Estanislao López, mereció el “voto popular” ratificado por Junta Electoral y continuó como titular del Poder Ejecutivo asumiendo ese mandato el 8 de julio de 1819. Avanzó con su política de defensa de la autonomía provincial y tras rechazar el proyecto de Estatuto que le enviara aquella Junta porque desde su punto de vista sería “el origen de de las convulsiones intestinas, el germen de los partidos y la disposición más favorable a la anarquía”, presentó un proyecto de Reglamento que fue aprobado por el Cabildo en la sesión del 26 de agosto de ese año; luego promulgado y vigente como Estatuto de la Provincia de Santa Fe, se aplicó hasta la sanción de la Constitución de 1841, tres años después del fallecimiento del Brigadier General don Estanislao López (15 de junio de 1838 a las 16:30).

23-02-1822: Convención o Tratado del Pilar

El 1º de febrero de 1820, los soldados que combatieron a las órdenes del General José Rondeau, Director Supremo del Río de la Plata y del General Juan Ramón Balcarce en la Cañada de Cepeda, tras breve combate con las fuerzas que conducían el santafesino Estanislao López, el entrerriano Francisco Ramírez y el correntino José Miguel Carreras, pudieron retirarse porque estos vencedores eran conscientes de los riesgos de invasión en el Río de la Plata y evitaron “privar a la Patria de brazos útiles para su defensa contra enemigos exteriores”.

Es oportuno tener en cuenta lo destacado por el Prof. Armando Alonso Piñeiro refiriéndose a estos antecedentes: “En 1819 Viamonte -Juan José- inspiró el primer pacto interprovincial argentino, que no fue el Tratado del Pilar -como equivocadamente comenzó a decirlo Ricardo Levene, siendo puntualmente repetido por todos los historiadores posteriores, sino el armisticio de Santo Tomé, ratificado por el pacto de San Lorenzo, oficialmente rubricado por Estanislao López e Ignacio Álvarez Thomas”, documento “que vino a gestar ‘nuestro derecho político e institucionalizar los fundamentos de la vida comunitaria nacional. Su celebración implica el primer intento serio por recurrir al derecho como medio de suspender las hostilidades; supone la existencia de una conciencia social y significa la naturaleza de una civilidad activa y prometedora para el arreglo pacífico de las diferencias internas. Como un hito de la idea federalista, el pacto de Santo Tomé consagraba el principio sagrado e irrenunciable del respeto a las voluntades provinciales, pero también establecía el reconocimiento provincial de la autoridad central, es decir, de la autoridad porteña’.” [8]

El Tratado del Pilar se celebró el 23 de febrero de 1820, entre los gobernadores y a su vez jefes militares de Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe, “en el cual el principio federativo, como una aspiración nacional, y especialmente en las Provincias contratantes, fue reconocido formalmente”. [9]

“Al hablar de la Convención del Pilar, es preciso hacer distinción entre el con­venio público y el tratado secreto. La única importancia del convenio público residía en el propósito íntimo que revelaban los pueblos disidentes de reconstruir su preciosa na­cionalidad. Ninguno renegaba de ser argentino, ninguno pretendía formar repu­bliqueta, sino que miraban como una gloriosa herencia de todos, la comunidad de la patria y la unidad del carácter nacional”.   [10]

Acordaron que “cada provincia contratante nombrase un   diputado; que se re­uniesen los tres en San Lorenzo dentro de dos meses, y que se invitase a las otras provincias a que llenasen el deseo que todas tenían de formar un gobierno central: es decir, común. Así convenido, las fuerzas invasoras debían retirarse de la provincia de Buenos Aires a sus respectivos territorios. Pero se esperaba del patriotismo y de la generosidad de la heroica provincia de Buenos Aires, cuna de la libertad de la nación, que reflexionase acerca de los medios con que debía contribuir a arrojar a los portugueses del territorio oriental del Uruguay, y a poner en plena defensa la de Entre Ríos, que tan expuesta se hallaba al peligro de ser invadida. En la convención secreta, Sarratea tuvo que acceder a la iniciativa de Francisco Ramírez, y a los miembros de la anterior administración, ‘se les abriría causa de alta traición, porque los jefes del ejército federal querían quedar justificados de los podero­sos motivos que les habían impedido hacer la guerra que acababa de terminar.”   [11]

25-01-1822: Tratado del Cuadrilátero

Después de la derrota a las fuerzas invasoras en la provincia Santa Fe -en la primera batalla de Cepeda-, el gobernador de Santa Fe Gral. Estanislao López promovió una reunión con los gobernadores de Buenos Aires, Entre Ríos y Corrientes a los fines de lograr “orden, paz y beneficio del país”. El Dr. Juan Francisco Seguí -secretario de Gobierno de Santa Fe- dialogó con Francisco de la Cruz, Casiano Calderón y el Padre Juan Nepomuceno de Goytía, respectivamente en representación de aquellas provincias y coincidieron en la necesidad de “asegurar la paz, su recíproca independencia, libertad comercial y de libre navegación y ante la falta de una constitución general, acordaron que ante cualquier invasión extranjera, juntarían sus fuerzas para expulsarla, reconociendo en el Congreso que se reuniría después, la facultad de fijar los límites definitivos de las Provincias” mientras Buenos Aires asumió el compromiso de subvencionar a las tres, “en cuanto lo permita su estado y recursos”.

El gobernador Estanislao López creó la Bandera de Santa Fe

En el mensaje que el gobernador Estanislao López leyó ante la Junta de Representantes el 1º de agosto de 1822 y refiriéndose a “la adopción de Armas y Pabellón”, destacó: “…Considerable tiempo hace que excité a V. H. a este objeto pasándole varios diseños tricolores…” y después de rememorar algunos hechos históricos manifestó que había “meditado” que “sea cuatricolor nuestro pabellón Provincial colorado, blanco, en el medio, celeste a la derecha y en el centro un óvalo orlado con una faja amarilla donde se note: Provincia Invencible de Santa Fe. En lo interior las armas con un sol naciente…”, según el diseño están represenadas una lanza vertical y dos flechas con las puntas hacia abajo. Esa iniciativa fue aprobada sin modificaciones en la sesión del 3 de agosto de 1822 y es la bandera santafesina que estuvo al frente de los batallones que lucharon por la Causa Federal, por las autonomías provinciales y la organización nacional.

Reconocimiento de la Villa de Rosario…

Sabido es que no hay antecedentes ni acta acerca de la fundación de la actual ciudad de Rosario, reconocida el 29 de octubre de 1823 como “iluste y fiel Villa” por el gobernador Estanislao López al aceptar la solicitud del Cura Silva Braga de la Parroquia de Nuestra Señora del Rosario y de un grupo de vecinos, resolución que fue aprobada por la Junta de Representantes.

“Leyes fundamentales de 1824 a 1826”

Sabido es que “la necesidad de fortalecer al país para el caso de una guerra con el Brasil y las aspiraciones por la organización definitiva, decidieron al gobierno de Buenos Aires a procurar la reunión de un nuevo Congreso, después de frustrada una tentativa ante­rior de reunirlo en Córdoba”. Por ley del 27 de febrero de 1824 se “facultaba al Poder Ejecutivo ‘para invitar a los pueblos de la Unión a fin de reunir lo más pronto posible la Representación Nacional’, sobre las bases del Reglamento de 1817, y en el lugar que todos ellos designasen por decisión de sus respectivos gobiernos, suficientemente au­torizados, los cuales eligieron la ciudad de Buenos Aires.” [12]

Congreso Constituyente de 1824 a 1826

Reunido el Congreso, empezó “su trabajo de reconstrucción nacional, con este doble fin político, tendiente a restablecer el régimen unitario, y defensivo contra el Brasil y su primer acto fue renovar ‘el pacto con que se ligaron las Provincias Unidas del Río de la Plata’ al independizarse de España.”

“Confió provisoriamente el gobierno de Buenos Aires al Poder Ejecutivo de la Nación: la constitución sería sometida a la aceptación de las Provincias, sin cuyo re­quisito no sería promulgada”.

Constitución de 1826

La Constitución dictada el 24 de diciembre, “reproduce en gran parte las cláu­sulas de las de 1817 y 1819, pero se distingue de ellas en que definió con más preci­sión el gobierno unitario, diciendo que adopta ‘la forma representativa republicana, consolidada en unidad de régimen’.   Organizó un Poder Legislativo menos aristocrá­tico que el de la Constitución de 1819, reconociendo sólo senadores por las Provincias., elegidos por juntas de electores designados por sufragio directo, y esta­bleciendo un sistema representativo, propiamente tal, sólo en la Cámara de Diputados.” Esta Constitución no fue aceptada. [13]

Rechazo desde Santa Fe

El historiador Dr. Manuel M. Cervera, reprodujo este documento:

“En la Capital de la provincia de Santa Fe, á dieciocho días del mes de Enero de 1827. Reunidos los señores de la Junta de Representantes de ella, tuvieron presente una comunicación del Congeso General Constituente, en que incluye copia legalizada de la Constitución que acaba de sancionar el Cuerpo Nacional, y que en fuerza de la ley está sujeta al examen y aceptación de los pueblos. Y los señores en su vista, dijeron, que en concepto a la gravedad del asunto exije dilatada meditación, solamente se contste, por ahora, avisando recibo de dicha Constitución, prometiéndose que á la mayor posible brevedad comunica esa provincia su parecer, en orden a todas las disposiciones que abraza. Con lo que se cerró la presente acta y la firmaron, de que doy fe.- Iriondo, Presidente – Echagüe – Quintana- Echagüe – Larrechea – Crespo – Juan Manuel Sitim secretario.” [14]

Tratado del 4 de enero de 1831

Desde 1829 y hasta 1831, diversas provincias celebraron convenios “unas veces para procurarse la paz, la unión comercial o política, la ayuda mutua con­tra otras, armadas en guerra civil, otras veces para poder contrarrestar el poder de la Liga del Litoral, pero siempre con la declaración de pertenecer a la Nación Argentina y de trabajar porque se reuniera la Convención Constituyente”. [15]

Diferentes lecturas indican que mientras algunos sectores se enfrentaban por el poder político, la mayoría de la población seguía con sus precarios trabajos en una continua lucha para disponer de los recursos necesarios para la subsistencia.

El pacto del 4 de enero de 1831, suscrito por Buenos Aires, Entre Ríos y Santa Fe, confirmaba los acuerdos anteriores y destacaba “que la mayor parte de los pueblos de la República han proclamado la forma de gobierno federal”.

Sabido es que Urquiza estaba convencido de que ese pacto “representaba una base firme del derecho federal naciente, por su origen legítimo, por las causas de las que nació, por la resistencia que supo ejercer el dictador a su aplicación hasta esterilizarlo, por la coherencia lograda para animarlo con nueva vitalidad y por la campaña militar hecha en su nombre para que fuese punto de partida de la organización del país.”

Tales expresiones del historiador Diego Abad de Santillán, revelan su posición ante el análisis de aquellos acontecimientos, porque alude al brigadier general don Juan Manuel de Rosas como “el dictador” y así es posible comprobar una vez más que la historia de la Historia de los argentinos ha sido escrita sobre la base de algunos documentos y testimonios, frecuentemente con excesiva subjetividad y emotividad.

(El Pacto Federal de 1831, fue ratificado por los gobernadores de las otras provincias en 1852 y sirvió de punto de partida para la definitiva organización de la Nación.) [16]

Hechos insoslayables

No había sido por casualidad que desde su cuartel general, el 12 de marzo de 1829, el gobernador Estanislao López enviara una carta a Juan Lavalle, en la que expresaba: [17]

“Desde que el actual gobierno de Buenos Aies, después de inferir a las provincias del interior los más sangrientos ultrajes, resondió invadiendo las de Entre Ríos y Sana Fe á la reclamación racional que la última le dirijió, pidiendo por sí satisfacciones de tales insultos; ya no quedó al infrascripto, como gobernador y capitán genral de Santa Fe, otro recurso, que el de disponerse a repeler la fuerza con la fuerza. Esta triste guerra civil era justificada. El gobierno actual de Buenos Aires, pisó todos los derechos, holló todos los respetos, se burló de antiguos pactos, cerró los oídos á toda discusión, en la alternativa, de consentir de que dispusiera de su suerte, quien adquiriese poder en Buenos Aires, ó tomar las armas para rechazar las de un enemigo injusto. Santa Fe adoptó con dolor pero sinvacilar, este último partido Su gobierno ansiaba por una ocasión, en abrir de nuevo negociaciones d epag, á mas su dignidad se lo impedía. Un nuevo ultraje había sido el resultado de su primera tentativa, y ningún motivo había en esperar mejores efectos de otro ensayo. Tal era el estado de las cosas cuando la soberana representación de las provincias de la Unión, nombró al infrascripto, general en geje del ejército de las mismas, destinado á sostener su causa y sus derechos. Investido ya de este carácter, cree un deber suyo, representar al actual gobierno de Buenos Aires, que las provincias de la Unión toman muy á pesar las armas en la presente guerra: la conducta llena de injusticia y de violencias que se ha observado á su respecto, los pone en la mortificante necesidad de hacer uso de ellas. No han dado ellas el motivo de la guerra, y sin embargo, ellas son las primeras y serán las últimas que harán oír la voz de paz, y estarán siempre dispuestas a firmarla, estipulando la satisfacción y reparación e las injurias que se les han hecho, y la seguridad de que no se repetirán en adelante. Si el gobierno de Buenos Aires no quiere aceptar concidicones tan equitativas, en vano procuraría después arrojar sobre las provincias lo odioso de la agresión: nadie puede equivocarse sobre la naturaleza y las causas de esta guerra, y á nadie sinó al gobierno de Buenos Aires se imputará la sangre Argentina que se derrame, y los incalculables males que serán las ñconsecuencias. Del gobierno actual de Buenos Aires depende que la república arda en una guerra cruel y bárbara, ó goce de las ventajas de la paz. Permita el cielo que la voz de la justicia se haga oír por fin en sus consejos. El infrascripto espera una respuesta del señor gobernador de Buenos Aires y entre tanto le saluda con atención.”

Luego el historiador Cervera reitera el texto de la carta que Lavalle envió a López, el 26 de marzo de 1829. En un párrafo Lavalle expresó: “…El gobiernod e Buenos Aires aún con la certeza del triunfo, no haría la guerra sin estar obligado á ello, porque nada pruede producirle ni para la provincia que preside ni para sí. En las querellas domésticas la verdadera gloria es de aquellos que han podido terminarla sin sangre, y de esto no resulta jamás ganancia alguna, ni á los vencedores ni a los vencidos. Yo no he extrañado que V. E. haya propalado, que el gobierno provisorio de Buenos Aires, es el que ha promovido esta guerra. Eso es muy común en semejantes casos, y V. E. habrá tenido en ello su mira política. Pero esa aserción es injuta. La única queja razonable con que V.E. podría justificar las hostilidades que nos ha hecho, está en su frase del manifiesto del gobierno provisio, y en aquella fecha V. E. había dado ya la cara, y había clasificado á su antojo el movimiento del 1º de Diciembre, cambio en que sólo los porteños, ó los ciudadanos de la provincia de Buenos Aires, tenían derecho a intervenir. Posteriormente V. E. ha sido el primero que ha roto las hostilidades en la línea del Arroyo del Medio, manando invadir parcialmente el territorio de Buenos Aires, y pero, para que me he de fatigar en probar á V. E. lo que conoce como yo?…”

El historiador santafesino Manuel M. Cervera, acerca de aquel tiempo rememoró que a fines de 1830 continuaban las hostilidades en distinas provincias, en Entre Ríos había movimientos para derrocar al gobernador y “los unitarios perdieron ocasión, pero reaccionaron inmediatamente, y preparando nuevos elementos, á principios de 1831, invaden de nuevo Entre Ríos. Ya en 4 de enero de este año, el ministro de R. E. de Buenos Aires, escribía al Gobierno Oriental, denunciando ‘que el pueblo de Soriano era el cuartel gneral, de todos los elementos de guerra que hostilizaban á las provincias argentinas; que habían tomado una ballenera argentina con armas; que el infame Leonardo Rosales, desertó de la bandera de su país y robó un buque de guerra, cargado ricamente de propiedades públicas y privadas, acogiéndose allí, con sus cómplices y el robo, sin castigo, y pasó á Soriano, donde armaba buques para piratear; que recibió armas por tierra y mantenía á sus órdenes como tenientes, a los compiles del robo; denunciábanse otros sucesos, como el que los unitarios tenían en sus filas a extranjeros.’ El gobierno de la Banda Oriental, dirijido por Fructuoso Rivera, protejía estos movimientos subersivos de los unitarios y nada contestaba á las quejas del gobierno de Buenos Aires.” [18]

Destacó Cervera que “esta nueva expedición contra Entre Ríos, de la que dábase cuenta al general Paz, para que éste activara su invasión á Santa Fe, contaba con los mismos jefes entrerrianos López Jordán, Felipe Rodríguez, Hereñú, Crispín Veláquez y otros”. [19]

Luego expresó que el gobernador entrerriano “Barrenechea, el 7 de enero de 1831, había pasado á Santa Fe para conferenciar con López y dejó nombrado el diputado que debía firmar el tratado del litoral. E inmediatamente regresó al Entre Ríos, para ponerse al frente de las tropas y atacar á López Jordán que hallábase en el arroyo del Clé, esperando la reunión del general Lavalle y otros gefes unitarios que iban a pasar el Uruguay para incorporársele.

El 8 de marzo de 1831 escribía Barrenechea al general López, dando cuenta de la batalla…”

Tales eran las circunstancias en que sobre la tierra esangrentada por las luchas fratricidas, se intentaba avanzar hacia la Constitución Nacional

Enero de 1852: batalla de Caseros y derrota de Rosas…

Hay otros párrafos de la Historia Argentina, escrita por Abad de Santillán, que aluden a la batalla de Monte Caseros, a principios de enero de 1852, cuando las milicias de Urquiza apoyadas también por fuerzas portuguesas enfrentaron al gobernador Rosas: “Desbandada la caballería rosista, como lo había previsto Urquiza, mientras los escuadrones victoriosos perseguían a los fugitivos en todas las direcciones, el grueso de la caballería aliada quedaba todavía intacta para operar sobre el flanco y la retaguardia de la infantería de Rosas, que no contaba con reservas generales para establecer el equilibrio perdido. /…/ Mientras tanto la división brasileña al mando del brigadier Márquez de Souza apareció frente a los reductos formados por la casa, el torreón y El Palomar y cooperó en el asalto final a esos puntos apoderándose de la artillería que los guarnecía y de tres baterías situadas más a la izquierda; la brigada argentina del coronel Rivero chocó con los batallones de la división de Costa y Hernández, arrollándolos y penetrando en el interior de su posición, con lo cual quedó destruída toda la derecha de la línea defensiva de Rosas”.

Destacó el historiado Abad de Santillán que “propiamente no se combatió en Caseros como se había luchado en los últimos veinte años entre federales y unitarios. Hubo un desmoronamiento de las defensas de Rosas, por falta de fe en el triunfo, por desconfianza en la lealtad de los propios mandos, no justificada, y por incapacidad militar del gobernador de Buenos Aires”. Desde el punto de vista del historiador Bartolomé Mitre, “la batalla de Caseros ofrece el singular fenómeno fisiológico de otras de su género; estaba ganada antes de darse y vencidos y vencedores tenían esta evidencia anticipada, desde los generales hasta el último soldado de ambos ejércitos, como la tenía el mudo entero. De cualquier modo que se hubiese dado, se habría ganado por los aliados y en las condiciones en que la presentó Rosas, se hubiera perdido cien veces.” /…/ “La verdad es que en la batalla de Caseros nadie peleó verdaderamente al lado de Rosas, exceptuando el coronel Chilavert. Sus batallones no tuvieron ocasión ni nervio para empeñar combate formal, y varios de ellos, los que no se sublevaron matando a su jefe o se desbandaron, al rendirse en forma pasiva, ponían las baquetas de los cañones de los fusiles limpios, para mostrar que no habían descargado sus armas. Fue más que una dispersión, una disolución de su propia fuerza de inercia.”

03-02-1852: renuncia del brigadier general Rosas.

El 3 de febrero de 1852, el brigadier general Rosas redactó y firmó su renuncia, “que esta vez no fue aceptada ni discutida, porque no había necesidad de hacerlo.

‘Febrero 3 de 1852. Señores representantes: es llegado el caso de devolveros la investidura de gobernador de la provincia y la suma del poder público con que os dignasteis honrarme.

Creo haber llenado mi deber con todos los señores representantes, nuestros conciudadanos, los verdaderos federales y mis compatriotas y compañeros de armas.

Si más no hemos hecho en el sostén sagrado de nuestra independencia, de nuestra integridad y nuestro honor, es porque más no hemos podido.

Permitidme, honorables representantes, que al despedirme de vosotros, os reitere el profundo reconocimiento con que os abrazo tiernamente, y ruego a Dios por la gloria de vuestra honorabilidad, de todos y cada uno de vosotros.

Herido en la mano derecha y en el campo, perdonad que os escriba con lápiz esta nota de una letra trabajosa.

Dios guarde a V. H. muchos años. Juan Manuel de Rosas.’ [20]

Ya estaba despejado el camino que necesitaba recorrer Justo José de Urquiza con el propósito de conquistar más adeptos a los fines de lograr la Constitución.

Como sucedió en aquel tiempo y sigue sucediendo a principios del siglo veintiuno, en esas circunstancias convocaron a las personas de mayor reconocimiento por su trayectoria coherente. “Vicente López y Planes, el autor del himno nacional, patriota de la primera hora, cuyo prestigio personal no había sufrido a pesar de sus muchos años de actuación en la administración oficial de la dictadura,” -escribió Diego Abad de Santillán-, “era un hombre trozo de historia viva y se le respetaba en ambos bandos rivales. Fue una elección feliz la suya para simbolizar la transición de la tiranía a la concordia y a la labor común con las demás provincias, aunque tenía ya 67 años”. Al comunicarle la designación, Urquiza le decía: “…el general en jefe del ejército aliado, habiendo hecho desaparecer de la escena pública a don Juan Manuel de Rosas, quiere dejar al pueblo que oprimía en completa libertad para disponer de sus destinos… Un decreto del gobierno provisional fijó para el 19 de febrero la entrada triunfal del ejército libertador en Buenos Aires, que había acampado allí en Palermo. Como el 19 llovió torrencialmente, el acto fue diferido para el día 20. Fue aquél un día de júbilo popular; las calles se colmaron al paso de las tropas a lo largo de la calle Perú (hoy Florida)…

El desfile comenzó al mediodía; iniciaban la marcha los clarines de la escolta entrerriana; detrás de ellos el general Urquiza, con el uniforme de Caseros, galera y cintillo punzó, montado en un brioso caballo moro, en compañía de un brillante estdo mayor…” Urquiza sabía que en el puerto de Buenos Aires estaba prácticamente centralizada la comunicación con el exterior, que era el lugar de anclaje de la mayoría de las naves que llegaban desde otros continentes y allí la Aduana registraba y acumulaba las recaudaciones por importaciones y exportaciones.

Como nacen los brotes -día y día hasta que sorprenden por su vigor-, se fue concibiendo el antagonismo que aún suele ser evidente entre los porteños -bonaerenses- y los provincianos de otras localidades, a quienes se acostumbraron a reconocer como los hombres del interior por lo cual, lógicamente habría que deducir que aquellos -los del puerto en el río de la Plata, serían casi los hombres del exterior…

Hay coincidencia acerca de que a partir del 3 de febrero de 1852 y como consecuencia de la batalla de Caseros, se produce un punto de inflexión en la historia de los argentinos. Hasta entonces, el puerto de Buenos Aires había concentrado la mayoría de la actividad económica y durante el gobierno del brigadier don Juan Manuel de Rosas se acentuó la defensa de la soberanía territorial. En tal sentido, la alternativa entre unitarios y federales no resultaba entonces demasiado evidente y sangrientas batallas, provocaron un prolongado atraso en el desarrollo armónico de la cultura nacional.

Sucesivos combates fueron modificando las relaciones entre la provincia de Buenos Aires y las restantes que integraban la Confederación de Provincias Unidas del Río de la Plata, donde se imponían caudillos de diferentes tendencias.

Destacó la licenciada Ana María Cecchini de Dallo que después de Caseros, “en el primer momento, ante la euforia triunfalista, se alinearon junto a Urquiza todas las facciones: federales y unitarios, rosistas y emigrados; prueba evidente de esta instancia ‘conciliadora’ fue el gabinete que acompañó a Vicente López y Planes en el gobierno de la provincia de Buenos Aires”. [21]

Enseguida empezaron las discusiones acerca de la convocatoria del Congreso que se reuniría en Santa Fe y que estaría integrado con dos diputados en representación de cada provincia. Sancionada la constitución, el encargado de relaciones exteriores nombraría al “primer presidente constitucional de la República” (art.12 del Acuerdo de San Nicolás celebrado el 31 de mayo de 1852). El 8 de septiembre Urquiza se embarcó hacia Santa Fe y dejó a cargo del gobierno de Buenos Aires al Gral. José M. Galán, sin imaginarse que tres días después, esa jurisdicción sería ocupada por las tropas del general Pirán: “inicio del largo conflicto que mantuvo separadas a la confederación del Estado de Buenos Aires durante la década.”

Retorno de emigrados y “reacomodamiento” de algunos políticos…

Está demostrado que los comportamientos humanos suelen ser semejantes en sucesivas etapas de la historia de la humanidad. Tras la renuncia de Rosas aumentaron las personas que expresaban haberse sentido oprimidas y regresaron con entusiasmo y expectativas quienes se reconocían como exiliados porque habían emigrado y desde países limítrofes estuvieron combatiendo sólo con palabras.

Advirtió el historiador Abad de Santillán que “si después de Caseros Urquiza hubiese llevado una guerra frontal contra las provincias federales, seguramente habría provocado la resistencia de los caudillos, se habría derramado mucha sangre y se habría retardado la organización. Conocedor del terreno y de los hombres que habían sido sus compañeros de filas federales, creyó más prudente recurrir a otros métodos, confiar en el sentimiento corporativo, de vinculación nacional, alentado y orientado por él.   El triunfo de Caseros produjo por su simple irradiación movimientos locales que depusieron a los gobernadores rosistas en Mendoza, San Juan, Córdoba, Tucumán, Santa Fe, Salta, y Jujuy antes de la promulgación de 1853.”

Sabido es que “de la emigración volvió Sarmiento con el ejército aliado y al frente de una imprenta; Mitre fue en la proscripción periodista, artillero en diversos países suramericanos; Alberdi en lugar de acudir al pronunciamiento de Urquiza, se puso a elaborar el libro Bases, que fue hazaña por su oportunidad y su clara visión del porvenir; Valentín Alsina, José Mármol, Juan María Gutiérrez, Francisco Pico, Salvador María del Carril, Carlos Tejedor, Irineo Portela, Luis J. Domínguez y muchos otros corrieron a Buenos Aires liberado con su bandera de lucha, con sus impaciencias y sus pasiones combatientes.

Se salvaron de las persecuciones y no emigraron, hombres que estaban más con los proscriptos que con los federales en el poder: Vicente López y Planes, aunque abundan los testimonios de su reverencia ante Rosas; Dalmacio Vélez Sarsfield, Esteves Saguí, Marcelo Gamboa y muchos otros, y entraron inmediatamente en la pelea.   Adictos fieles a la tiranía, salieron del retiro con la garantía de una nueva situación, y participaron en la acción política. Renacieron los viejos partidos con las alteraciones que imponían las circunstancias nuevas y algunos de los rosistas de ayer o ambiguos y complacientes se inclinaron a los unitarios; otros emigrados y rosistas se manifestaron por la tendencia federal.” [22]

Abril de 1852: Comicios en la provincia de Buenos Aires.

El 11 de abril de 1852 se realizaron los comicios en la provincia de Buenos Aires y siguiendo lo expresado por el historiador Abad de Santillán, “la libertad de sufragio fue completa; antiguos federales y unitarios midieron sus fuerzas, triunfaron los últimos, pero también los primeros obtuvieron represtenación en el curso legislativo. Se acusó de parcialidad a Urquiza, pero ninguno de sus presuntos favorecidos salió elegido, lo cual quita valor a la incriminación. La legislatura se dividió en el orden local entre las dos tendencias históricas, pero con más fondo personal que doctrinario”, como sigue sucediendo a principios del siglo veintiuno. Tres días después, Urquiza organizó una reunión y han reiterado que Vélez Sarsfield no estaba entre los invitados pero al presentarse en el lugar y en la hora señalada, “Urquiza lo recibió con urbanidad… luego se dirigieron a una casa vecina donde se había preparado un almuerzo. Por inadvertencia, Vélez Sarsfiel tampoco fue invitado a la comida y volvió solo a la capital.

En la mesa hubo brindis de toda clase, por la elevación de Urquiza a la primera magistratura de la Confederación, por el congreso nacional, por la organización del país. Urquiza respondió: ‘Cuando el 1º de mayo desenvainé la espada, proclamando la libertad y la constitución de la Repúblia, fue para no volverla a la vaina hasta dejarla establecida bajo bases sólidas e inamovibles’.

Manuel Leiva, antiguo ministro y amigo de Urquiza, expresó este voto: ‘Porque la elección de gobernador que haga la próxima legislatura, sea tan acertada, como acertada y noble fue la que hizo el general Urquiza, al depositar su confianza para desempeñar ese destino en la persona del venerable patriota don Vicente López’.

Urquiza respondió: ‘El venerable patriota don Vicente López es acreedor por sus virtudes a continuar ocupando la primea magistratura de la provincia, y puede contar con las simpatías del ejército libertador, como creo que cuenta con el aprecio general de sus conciudadanos’.

Casi todos aplaudieron esa declaración a favor del futuro gobernador de la provincia, pero seguramente no lo hizo Valentín Alsina, que se creía candidato seguro a la elección. Había conocido persecuciones y prisiones, era hijo político de Manuel Vicente Maza, asesinado por la mazorca; cuñado de Ramón Maza, ejecutado por orden de Rosas; amigo íntimo y compañero de Florencio Varela, apuñaleado por un sicario de los federales. Por eso se comprende que no estuviese por encima de ciertos recuerdos y que no le fuese fácil echarlo todo en el olvido y perdonar.

Por un lado, Valentín Alsina, por otro Vélez Sarsfield, los dos salieron descontentos de la reunión de Caseros y no tiene nada de extraño que en su regreso a la capital madurasen la idea del desquite por los desaires sufridos”…

El 1º de mayo de 1852 fundaron el Club del Progreso siendo presidente Diego de Alvear; vicepresidente Felipe Lavallol y Rufino de Elizalde, secretario. Allí realizaron las reuniones, banquetes y bailes. Luego se revelaron las divergencias entre los porteños y Urquiza. Una de las decisiones de Urquiza después de la batalla de Caseros había provocado inquietudes y confusiones: “los fusilamientos después de la victoria, como el de Martiniano Chilavert, el de los soldados que dio muerte en El Espinillo al coronel Aquino, aparte de las ejecuciones sumarias de los saqueadores sin forma de proceso alguno. Fueron enviados a Entre Ríos fuerzas y armamentos de los que Buenos Aires se sintió despojada; y se restituyeron a Rosas por orden de Urquiza los bienes que había confiscado el gobierno provisional de Buenos Aires.

Pero lo que se convirtió en conmoción y alarma fue el restablecimiento del ‘cintillo punzó’, el símbolo visible de la tiranía depuesta, aunque sin la leyenda contra los salvajes unitarios. Urquiza no había recibido en la provincia de Buenos Aires muestras de adhesión cuando penetró en su territorio al frente del ejército aliado; temió que en las otras provincias de le juzgase antifederal y que resistieran a sus aspiraciones. En una proclama hizo ostentación de sus sentimientos federales y atacó a los ‘salvajes unitarios’, haciendo una apología del cintillo punzó y restableciendo su uso. Quiso así congraciarse con la masa federal predominante y respetar sus sentimientos. Juzgó que el cintillo punzó ‘no debía su origen al dictador Rosas” -destacó el historiador Abad de Santillán-, “sino a la espontánea adhesión de los pueblos de la república, y que, significando la gran alianza y confraternidad para los que lo llevan, y que no ha mucho los bravos del ejército coaligados ostentaban en Caseros.”

Grupos políticos y hechos en Santa Fe…

Sabido es que en julio de 1819, la Junta Electoral proclamó a Estanislao López gobernador de la provincia de Santa Fe, confirmándose así su prestigio militar y político. El 3 de agosto de 1822, la Junta de Representantes aprobó el proyecto presentado por el gobernador y sin modificaciones se adoptó el diseño que sin modificaciones ostenta en la actualidad. El Brigadier Estanislao López fue gobernador reelecto y como titular del Poder Ejecutivo firmó veintitrés pactos y tratados tendientes a avanzar hacia la organización nacional; en tales funciones falleció durante la tarde del 15 de junio de 1838.

Después del fallecimiento del gobernador santafesino Brigadier Estanislao López, resultó evidente que en Santa Fe se habían establecido dos grupos políticos: uno considerado heredero de López, conducido por Domingo Cullen, apoyado por sus hijos José María y Patricio -quienes después de su fallecimiento, “rompió rápidamente con el gobierno de Rosas” y posteriormente influyeron en los procesos de inmigración y formación de colonias agrícolas.

Juan Pablo López –Mascarilla– integraba el otro grupo; también ellos se alejaron de Rosas y recién después de la batalla de Caseros volvieron a participar activamente intentando acceder al gobierno para ejercer el poder. Así fue como tras sucesivas confabulaciones, en vísperas de la nochebuena de 1852, el Cabildo santafesino fue ocupado por los leales al gobernador delegado don Urbano de Iriondo y por fuerzas entrerrianas enviadas por Antonio Crespo -entonces gobernador delegado en esa provincia-y quien había prometido esa ayuda a su hermano Domingo. En consecuencia, de Iriondo decidió convocar “al vecindario en su propia casa para decidir los problemas más urgentes” y antes del mediodía de la Navidad, ya había sido nombrado gobernador interino don Domingo Crespo, “un político embanderado en la causa del orden y de la tranquilidad, también un profundo conocedor de la realidad que dirigía y de la sociedad de aquel tiempo”.

Se inició así, la “etapa de la conciliación” aunque en documentación existente en el Archivo del gobierno, consta lo expresado un año después por “un soldado de Caseros”:

“…que consideraban ilegal al gobierno porque un tercio de la población, que estuvo en Montes Caseros exponiendo su pecho a las balas, no asistió a la elección de representantes y no comprendía la necesidad de elegir gobernador con tanta prisa”.   [23]

31-05-1852: Acuerdo de San Nicolás

El destacado historiador santafesino Andrés Atilio Roverano, ha expresado que al observar el original del Acuerdo que se conserva en el Archivo General de Santa Fe, “y si bien el tiempo va amarillando sus fojas, surgen de su texto una especie de luz, una luz que habrá de ser el faro eterno colocado entre el Pacto Federal y la Constitución Nacional. Y como testigos y avales, allí están las firmas de Justo J. de Urquiza, Vicente López, Benjamín Virasoro, Pablo Lucero, Nazario Benavídez, Celedonio Gutiérrez, Pedro P. Segura, Manuel Taboada, Manuel Vicente Bustos y Domingo Crespo. Suscrito el importante documento, sus autores regresan. Una nueva etapa comienza en el suelo argentino. La Constitución está cercana. La paz, todavía no.” [24]

El historiador Dr. José María Rosa afirmó que: “ni Urquiza ni los gobernado­res se arriesgaban a estar mucho tiempo fuera de sus sedes. No hubo debates. Todos querían firmar y volverse cuanto antes, no se hacían problemas con cosas ajenas a sus provincias”. En estudio la redacción del acuerdo, se formó una comisión de minis­tros, con algunos ministros ad hoc -entre ellos dos sanjuaninos que habían llegado al pue­blo.

“Después de discutir un día y una noche con citas de Agüero, Moreno y Rivadavia, como no había acuerdo Urquiza sugirió achicar la comisión” eliminando a los “bullangueros sanjuaninos -Tadeo Rojo, representante de San Juan y su hermano Tomás, representante de San Luis- (entusiastas de la capitalización, pero opuestos a dar a Urquiza facultades nacionales) y al silencioso Dr. Vega -tucumano- cuya opinión es un misterio.

Vino a quedar de árbitro Manuel Leiva que propuso dejar la di­fícil capitalización para más adelante y constreñirse al llamado a constituyentes a nú­mero igual por provincia y formación de un gobierno nacional provisorio con suficientes facultades.”

“Así se llegó a un acuerdo” y el 31 de mayo de 1852, los gobernadores de las provincias aprobaron los tratados existentes y la realización de un Congreso que debía sancionar la Constitución política de la Nación y establecer los Poderes.

“A Urquiza se le daban atribuciones jamás tenidas por Rosas, ni cuando se le otorgó en los estertores de su gobierno la suma de poderes nacionales”. “Se le resuci­taba un nombre de antigua resonancia aristocrática: Director de la República Argentina” (art.18).

“Fue un injerto de Vicente Fidel López, según Sarmiento, para darle más respetabilidad a Urquiza. Debió ser de última hora porque no se corrigió el texto y Urquiza es denominado en varios artículos sólo Encargado de las Relaciones Exteriores”, representante del Poder Ejecutivo Nacional y comprometido en el resta­blecimiento de la paz interior. [25]

Otras miradas sobre aquellas circunstancias…

Es oportuno tener en cuenta más señales del historiador Rosa, acerca de los hechos durante el Sitio en el Río de la Plata ya que son necesarios para poder abarcar una parte más amplia de aquellos acontecimientos: “…las emisiones de papel moneda de la plaza sitiada tomaban una proporción vertiginosa… Con esa montaña de papel se compraban armas, reclutaban mercenarios y se adquiría, en el mismo puerto, una escuadra con todos sus implementos, almirante, oficiales y marinería… Se contrató para mandarla un marino polaco, Floriano Zurowski.”

Urquiza había manifestado a “los representantes extranjeros que la guerra recomenzaba por culpa exclusiva de Buenos Aires alzada ‘contra el congreso nacional y Director Provisorio’. Para hacer más respetable su posición, le hacía falta defender una constitución. Pediría a Santa Fe que se la redactaran cuanto antes”… [26]

Demoras tras la revolución de septiembre de 1852

Una vez más, es oportuno rememorar lo expresado por el historiador Rosa acerca de la revolución de setiembre 1852 que “pareció por un momento, dar al traste con el Congreso. Urquiza tuvo que irse a San Nicolás el 15 y demoró la inauguración; Barros Pazos y Diego Alvear se solidarizaron con los revolucionarios del 11 y se fueron de Santa Fe; Carril y Lahitte, ‘individuos que llevan el nombre de diputados de Buenos Aires”, fueron cesanteados por la legislatura porteña restablecida. Como el Director no tardó en comprender que no vencería a los sublevados y el incendio amenazaba propalarse a toda la Confederación, dejó San Nicolás. Pero no volvió a Santa Fe, cruzó el Paraná a meditar la República de la Mesopotamia, abandonando a los constituyentes santafesinos a quienes dejó de pagar sus dietas.” Vetada en octubre la proyectada segregación de la Mesopotamia, Urquiza siguió bregando por el congreso argentino: “En noviembre puso al día los sueldos y llenó los claros haciendo elegir a Derqui, que cumplía su misión en Paraguay, en la vacante de Barros Pazos, y a Regis Martínez en la de Alvear, mientras Carril obtenía de Benavídez una banca por San Juan. Ya las cosas más o menos encarriladas, fijó la inauguración para el día 20.” [27]

Se calmaron los ánimos después que Urquiza pagó “una ‘indemnización por los sitiados” y reincorporaron a algunos oficiales.

Hacia la Constitución Nacional…

Sabido es que “el 1 de mayo de 1852 Alberdi editaba en Chile su libro Bases y puntos de partida para la organización de la República Argentina derivados de la ley que preside el desarrollo de la civilización en la América del Sur (y el Tratado del 4 de enero de 1831, le agregó para agrupar más imágenes en la 2ª edición), destinado a ser el evangelio político de la nueva Argentina”, destacó el historiador José María Rosa.

En ese tiempo, “Alberdi acepta las constituciones escritas. También Sarmiento, que en Facundo no creía en las constituciones, se había entusiasmado con el Evangelio perfecto de Filadelfia al pasar por Norteamérica en 1850, y en Argirópolis la quería para regir a ‘los Estados del Plata’. Pero Alberdi era más lógico: aceptaba el ‘constitucionalismo’ como idea triunfante en Caseros, pero seguía creyendo, como en 1837, que las instituciones son ‘la manera de ser de los pueblos’ y no pueden plagiarse ni importarse. Le parecía absurdo aclimatar en el pueblo argentino los principios políticos del constitucionalismo anglosajón” y así lo expresó en sus Bases, en los capítulos XXX y XXXII. Aludió el historiador Rosa a que “no bastaba ‘educar al soberano’; no era un problema de educación, sino de raza”, teniendo en cuenta que Alberdi en el capítulo XVI expresaba: “En Chiloé y en el Paraguay saben leer todos los hombres del pueblo y, sin embargo, son incultos y selváticos al lado de un obrero inglés o francés que muchas veces no conoce ni la O’… ‘Haced pasar al roto, el gaucho, el cholo, unidad elemental de nuestras masas populares por todas las transformaciones del mejor sistema de educación: en cien años no haréis de él un obrero inglés que trabaja, consume, vive digna y confortablemente’.” [28]

En aquel tiempo, aumentaba la agitación del pueblo porteño. Sabido es que “los caudillos querían la organización nacional e insistían en ella, sobre bases federativas y Urquiza se propuso aplicar el pacto integralmente para constituir la república sobre esos fundamentos legales”, escribió el historiador Diego Abad de Santillán.

Desde Buenos Aires presionaban para lograr la capitalización y Urquiza apeló a “una reunión de notables” que se concretó durante la noche del 5 de mayo de 1852 ”en una sala reservada de Palermo” y sabido es que “hubo coincidencia en la necesidad y la ventaja de ligar a los gobernadores por un acuerdo que obligase a concurrir al congreso constituyente”.

En el Río de la Plata soportaron el sitio mientras en Montevideo continuaban las disputas, revoluciones que “las fomentaba directamente Brasil para convertir Uruguay en un caos, y anexarlo”, como ha expresado el historiador Rosa.

En tales circunstancias estuvo convocado el Congreso Constituyente que movilizó a algunos ciudadanos en distinas provincias, aquellos que participaban en las luchas por el

Como nacen los brotes, en distintos espacios se reveló la potencia de las raíces y al comenzar la primavera fue evidente quiénes representarían a las distintas provincias para opinar y votar los artículos que integrarían la Constitución Nacional.

A la casi aldea que era la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz, empezaron a llegar los hombres que venían desde las zonas de la precordillera de los Andes hacia esa orilla del bravío río Paraná y también quienes ya conocían esa vasta llanura donde se habían desarrollado tantas batallas entre federales y unitarios.

15-11-1852: sesión preparatoria en el Cabildo de Santa Fe…

Es oportuno aportar más señales acerca del lugar y las circuntancias en que los Convencionales debieron deliberar y donde sancionaron la Constituicón Nacional de 1853.

“El viejo Cabildo apenas sí contaba con unos desvencijados muebles, un par de alfombras y unos pocos candelabros. Fue necesario contratar -para asear el local- los servicios de Amadeo Gras, destacado pintor francés para que retocara frisos y aberturas y pasara ‘una mano’ al salón principal. Y por orden del propio Urquiza, los muebles que se habían usado en el histórico acuerdo de San Nicolás pasaron al Cabildo santafesino.” [29]

“Nos, los representantes del pueblo de la Nación Argentina…”

El Congreso Gral. Constituyente de la Confederación Argentina se reunió en sesión preparatoria el 15 de noviembre de 1852 con la presencia de los delegados que representaban a diversos sectores de la población nacional.

Una mirada sobre algu­nas actas cuyos originales completos se conservan en el Archivo del Senado de la Nación, permite comprobar que asistieron Facundo Zuviría, Manuel Leiva, Blanco, Agustín Delgado, Fray Manuel Pérez -representante de Tucumán, el de mayor edad y en consecuencia electo presidente provisorio, siendo secretario interino el Dr. Delfín B. Huergo, Salustiano Zavalía, Dr. Juan del Campillo, Clemente José Villada, Dr. José Adeodato de Gondra (tucumano, representante de San Luis), Pedro Alcántara Díaz Colodrero, Luciano Torrent, Juan María Gutiérrez, Sacerdote Pedro Alejandrino Zenteno, José de la Quintana, Dr. Manuel Padilla y el Sacerdote Benjamín Juan Lavaysse. Evidentemente, varios delegados habían demorado su llegada y en consecuencia, no se habían integrado. [30]

Ha de servir para interpretar las dificultades existentes en esa época, la aseve­ración del historiador Dr. José María Rosa: “San Luis y La Rioja mandaron a Urquiza las actas en blanco… llenó la primera con Delfín Huergo, codirector de Progreso y a J. Adeodato de Gondra, antiguo ministro de Ibarra en Santiago del Estero y de Gutiérrez en Tucumán, que encontró en Buenos Aires de ‘plenipotenciario’ a la asam­blea de Rosas”, quien anteriormente se había manifestado su adversario.

“Poco repa­ró que ni uno ni otro conocían la provincia donde fueron votados en irreprochables comicios. A las bancas riojanas mandó a Ángel Elías, uno de sus escribientes y Diego Alvear, el otro codirector de Progreso, que tampoco podían ubicar a conciencia su provincia comitente en el mapa de la república.” [31]

Por su estado de salud no participó en el Congreso el General Rudecindo Alvarado, electo para representar a Salta y durante la sesión preparatoria del 16 de noviembre de 1852, Facundo Zuviría manifestó: “que a consecuencia de la enfermedad que había detenido en su marcha a este destino al Sr. Diputado de Salta”, “le haga saber que confía en su patriotismo para que luego que mejore el estado de su salud, y aún sobreponiéndose a las dolencias de su enfermedad, prosiga su marcha; y que la pro­vincia de Salta, está resuelta, concurran o no sus diputados al Congreso, una vez insta­lado en mayoría, a acatar y obedecer religiosamente sus disposiciones.” [32]

Santa Fe confió esa responsabilidad a Manuel Leiva y a Juan Francisco Seguí, personalidades de reconocida actuación política. Leiva había desempeñado distintas funciones de gobierno y cumplió misiones confidenciales del Gobernador Estanislao López. Seguí estuvo directamente vinculado al Gral. Justo José de Urquiza, fue su secretario y ejercía el periodismo.

Manuel Leiva observó que debían revisarse los diplomas y la Comisión estuvo compuesta por Dr. Juan del Campillo, Zavalía, Agustín Delgado, Sacerdote Benjamín Juan Lavaysse y José Adeodato Gondra y otra integrada por Quintana, Padilla y Villada para que examinasen los cinco que integraban la primera comisión.

Al día siguiente comenzaron las observaciones a los poderes, entre ellos la situación del diputado su­plente por Córdoba Dr. Clemente José Villada, comprobándose en la manifestación del sacerdote Benjamín J. Lavaysse la disposición favorable de los convencionales para subsanar algunas deficiencias mediante gestiones inmediatas ante los respectivos gobiernos.

Se designó la comisión encargada de redactar la fórmula de juramento, inte­grada por Juan del Campillo, José Adeodato Gondra y Benjamín Lavaysse y tras pedir autorización para el uso de la palabra, Facundo Zuviría dijo:

“Hoy más que nunca -en los momentos solemnes en que se halla la República, y cuando una Provincia había dado el escándalo de la desunión-, convenía que el juramento no fuese una vana fórmula repetida. Que el diputado, al tomar posesión del cargo, debía jurar sostener a toda costa la integridad del territorio contra toda usurpación, sostener la unión y la nacionalidad argentina, desprenderse de todo sentimiento mezquino de localidad, y al tomar posesión de su cargo, dejar de ser representante de una Provincia para ser representante de la Nación…” [33]

Santa Fe de la Vera Cruz en 1853…

“La Constitución, la ciudad y los hombres”

Estaba terminada síntesis acerca de los pactos preexistentes, la Constitución Nacional Nacional y reformas… cuando con el título “La Constitución, la ciudad y los hombres”, en el diario “El Litoral” de la capital santafesina, publicaron en doble página central lo expresado por el doctor Horacio Rosatti, uno de los Convencionales intervinientes en la Reforma de la Constitución de 1853, concretada a partir del 30 de mayo de 1994, inaugurada en el Paraninfo de la Universidad Nacional del Litoral, desarrolladas las sesiones en las ciudades de Santa Fe de la Vera Cruz y en Paraná, capital entrerriana donde se celebró el acto de clausura.

El periodista Emerio Egretti, escribió en el copete de la citada nota:

“El 1º de mayo de 1853 se sancionó en Santa Fe la Constitución Nacional. Pero para eso, un grupo de hombres convivió durante meses con los lugareños, compartiendo costumbres sencillas e incertidumbre. Y protagonizando una historia que, aferrada a testimonios fragmentarios y huidizos, busca trascender los nombres de las calles y recordar a los santafesinos algunas de sus marcas de identidad.”

Sabido es que el historiador Dr. Manuel M. Cervera destacó que “Santa Fe, en 1853 sólo ocupaba y policiaba 24.100 Km2. de tierra…”

El entrevistado doctor Horacio Rosatti Piedra Buena, cuando el periodista le preguntó “-¿Qué encontraron los convencionales de 1853 cuando llegaron a Santa Fe?, respondió:

“-Una comunidad de unos 6 mil habitantes, con calles de arena, mucha vegetación y algunos animales. Poco urbanizada, salvo en la zona de la plaza matriz y las cuadrículas que rodean a las iglesias. Casas de adob e crudo, la mayoría sin blanquear. Unos pocos lugares para tomar algo, como el local de Merengo, que era una especie de almacén de ramos generales, donde vendían confituas y ervían caña y aguardiante.”

El doctor Horacio Rosatti es un perseverante lector y ha sido un destacado estudiante; integrado al movimiento nacional justicialista ha sido intendente de la Municipalidad de Santa Fe de la Vera Cruz, fue Convencional Constituyente en 1994, desempeñó luego distintas funciones durante la presidencia provisoria del doctor Eduardo Duhalde y fue incorporado al gabinete del presidente doctor Néstor Carlos Kircher, desempeñándose durante breve tiempo porque optó por presentar la renuncia para seguir viviendo en la capital santafesina, donde se dedica a la actividad académica.

Siendo uno de los propósitos de este servicio de educación por el arte de vivir y convivir lograr la difusión y promoción cultural por distintos medios, es relevante incluir preferentemente los documentos las referencias y declaraciones de destacados santafesinos y por ello, aquí siguiendo el orden que el periodista Emerio Agretti fue estableciendo con sus preguntas, está reiteradas literalmente el diálogo cuyas descripciones son como pinceladas que completan el cuadro de situación semanas antes del comienzo de los debates en noviembre de 1952 e iluminan algunos espacios donde las interrelaciones humanas van generando sucesivos cambios, cuya evolución eclosina y sorprende como cuando nacen los brotes…

Acerca del almacén de “Merengo”…

Cuando el periodista le preguntó si “tuvo un papel importante en esta historia”, aquella “especie de almacén de ramos generales”…, el doctor Horacio Rosatti contestó:

“Claro. Los convencionales empezaron a llegar durante el el segundo semestre de 1852. La comitiva en la que vino Urquiza y los representantes que tuvieron mayor protagonismo -fundamentalmente Juan María Gutiérrez y José Benjamín Gorostiaga- viajaron en vapor, remontando el río Paraná. Llegaron el 12 de setiembre, desembarcaron y después fueron en un lanchón a lo que hoy sería Puerto Piojo, que en ese momento era nada más que una barranca. Urquiza esa noche la pasó en lo que hoy es el Archivo Histórico, donde estuvo la casa del brigadier López. Y Gorostiaga y Gutiérrez durmieron en los altos de Merengo, que era en la esquina frente a Tribunales y Casa de Gobierno, donde hoy hay un café.”

Periodista Agretti: -“No había lugares especiales de alojamiento…”

“-No, no había. En el caso de Merengo, en la planta baja estaba el negocio y la parte donde él vivía. Y la planta alta se las alquiló a Gorostiaga y a Gutiérrez. Otros convencionales pararon con los jesuitas, en el Colegio Inmaculada, y algún otro en el Convento de San Francisco. Algunos dicen que como Gorostiaga era una persona con ideas más seculares, no quiso parar en un convento. Además, uno de los temas que más se discutió es si debía haber una religión del Estado o libertad de cultos, y él era partidario de esto último.”

Periodista: “-Gorostiaga fue una de las figuras más destacadas de este proceso.”

-Es la persona que más trabajó en el texto de la Constitución, la persona más concentrada. Porque, como en ese momento se produjo el enfrentamiento con Buenos Aires, Urquiza tuvo que volver ahí. Y acá quedó una especie de tiempo muerto, desde septiembre hasta casi diciembre de 1852, en que los convencionales todavía no constituyeron el congreso. Es decir que trabajaban poco y estaban expectantes de lo que pasaba en Buenos Aires. Porque si la Confederación no triunfaba, todo el proyecto se desmoronaba.”

Periodista: “-¿Y qué hacían en todo ese tiempo?”

“-Dormir la siesta, por empezar. Bañarse en el río, hacer visitas. Algunos, relaciones sociales. Y ahí vinieron los noviazgos, Juan María Gutiérrez conoce a Geromita Cullen, con quien después se va a casar, lo mismo que Salustiano Zavalía con Emilia López y Luciano Torrent, con Severa Zavalla. Gorostiaga no. El escribía, leía, y fue el que redactó el proyecto constitucional. Es a quien Urquiza confió la cuestión técnica. Y el texto constitucional fue volcado en el molde de la Constitución de Estados Unidos, que era el único modelo de federalismo y presidencialismo que había.”

Periodista:     “-De ahí viene lo de ‘el molde y la receta’.”

“-Claro, porque mientras Gorostiaga plasmaba esto en la planta alta de Merengo, en la planta baja se construía algo también muy importante para los argentinos, que es el alfajor con dulce de leche. Donde también se aplica lo del molde y la receta porque, a estar de los dichos de López Rosas y otros historiadores, el molde del alfajor es de Merengo, que es como llamaban a Hermenegildo Zubiría -no se sabe si porque tenía el delantal blanco, o porque se disfrazaba de oso blanco en los carnavales, como dicen otros. Pero la receta del dulce de leche es de unas viejas Piedrabuena que, según pude averiguar, resultaron ser tías abuelas de mi bisabuelo Joaquín.”

Periodista:      “-No son muchos los testimonios que quedaron de la época.”

“-Es que, como Urquiza se fue a Buenos Aires, todo el foco de la atención de los cronistas se desplazó allá. Y como no quedaron muchos testimonios materiales, hay que reconstruir todo a partir de retazos, de pequeños objetos. Y algunas cosas que uno ha escuchado de gente mayor, que a su vez ha escuchado de sus abuelos y así. En esa época hay una anécdota, que saqué de un libro de Aldao -y algo me contó Reynoso Aldao-, que me pareció muy interesante, porque aparentemente involucra a los dos convencionales por Santa Fe, Manuel Leiva y Seguí. Y fue que una noche, cuando Gorostiaga fue a subir a su dormitorio, se encontró con que le habían embardunado la baranda con materia fecal. Entonces, algunos dicen que pudo haber sido Seguí, porque era muy bromista -solía llevar lagartijas en el bolsillo para cuando le daba la mano a alguien, por ejemplo. Era una persona muy capaz, incluso con una intervención muy importante en la sesión donde se decidió sancionar la constitución, pero muy bromista. Otros dicen que podría ser Leiva, porque estaba en favor de un estado confesional. Pero no da el tipo, porque Leiva era muy serio. Así que uno tenía el motivo, pero no la personalidad; y otro la personalidad, pero aparentemente no el motivo. Pero los dos conocían la escalera.”

Periodista: “-Y les quedaba tiempo para ese tipo de cosas!

“-Hay un texto muy crítico de José María Rosa que dice que se trabajó muy poco, y que fueron muy pocos los que trabajaron, que copiaron y demás. Lo cierto es que las actas de la convención son muy escuetas. Solamente registran discusiones en cuatro o cinco temas: si debía o no sancionarse la Constitución, la cuestión religiosa, la cuestión tributaria. Se aprobó el 30 de abril y esa noche, hasta el 1° de mayo, Juan del Campillo la pasó a mano, en un libro de contabilidad, que ahora está en exhibición en el Senado. Yo encontré sus anteojos -con los que probablemente caligrafió la Constitución- en la casa de Pedro Frías, en Córdoba, cuando los estaba usando para buscar un número en la guía; porque su mujer es tataranieta de Juan del Campillo. Le insistí tanto que al final me los dio, así que le mandé otro par para reponerlos. Es uno de los pocos objetos que han quedado.”

Periodista: “-Que tuvieron que ser rastreados por los investigadores.”

“-Claro, porque el Cabildo fue demolido en 1907. Gracias a Clementino Paredes, por ejemplo, tenemos en el Museo Histórico el escudo que estaba en el Cabildo. También quedó el sello que se usó para lacrar el texto final, la mesa que -según se cree- fue la utilizada, aunque le cortaron una parte y le agregaron un cajón. Hoy está en el Arzobispado y se puede ver que tiene bordes redondeados. Pero, por ejemplo, cuando Antonio Alice pintó el cuadro, que le llevó 12 años de trabajo e investigación, no sabía cómo era. Por eso la pintó cubierta.”

Periodista: “-¿No había más muebles en el Cabildo?”

“-Es que estaba decorado con muebles prestados por algunas familias, y otros enviados por Urquiza desde San Nicolás, que se usaron cuando se firmó el Acuerdo. De todos modos era una ciudad pobre, muy austera en esa época. Así que mucho no había. Y el Cabildo fue sede del Pacto Federal, después de la reforma del ’60.

Es decir, acontecimientos históricos importantísimos. Pero lamentablemente en 1907 fue demolido para dar paso a la Casa de Gobierno.”

Periodista: “-¿Qué aspecto tenía esa plaza matriz, con el Cabildo?”

“-Bueno, el Cabildo era un edificio más pequeño que la actual Casa de Gobierno, más bajo. Ocupaba la mitad de la calle, en el centro. Y a los costados había otras construcciones, casas de familia. Al frente estaban los naranjos, que tanto llamaron la atención de los visitantes y algunos de cuyos parientes hoy están en el patio de la Inmaculada. En la acuarela de Matthis se ve cómo era la plaza en ese momento. De arena, dominada por estas construcciones, la iglesia de los jesuitas, la construcción un poco derruida de la Inmaculada -porque los jesuitas habían sido echados-, bastante derruido el Convento de San Francisco, la iglesia matriz y los dominicos. Y dicen que se veía el Paraná, enfrente.”

Periodista: “-Volvamos a la vida cotidiana. Se dice que el calor produjo un impacto importante en los visitantes.”

“-Sí, y no sólo el calor, por lo que se cuenta. Por un lado, es cierto, venían con levita, frac, zapatos cerrados y tuvieron que desprenderse de todo eso, para adaptarse al clima. Pero también parece que quedaron muy impresionados con las chicas santafesinas, que se ve que, según se comenta, eran muy lindas. Por ejemplo, lo dice Juan María Gutiérrez y menciona como un atractivo particular la forma de caminar, muy ondulante, aparentemente producto de caminar descalzas en la arena.”

Periodista: “-¿Cuáles eran las actividades cotidianas de hombres y mujeres?”

-Los roles estaban bien divididos. Los hombres explotaban la leña, el carbón, actividades portuarias. Las mujeres se ocupaban de los quehaceres domésticos, misa por la mañana, preparación de la comida. Y por la tarde, baño en el río, visitas. Las mujeres viejas fumaban cigarros artesanales. Y como entretenimiento, carreras cuadreras, riñas de gallos, pesca. A veces bailes, pero todo en un marco de mucha austeridad. Y así fue con los convencionales, también, al punto que algunos tuvieron que ser mantenidos por familias de aquí, porque no siempre les llegaba dinero. Algo muy digno y muy destacable, si uno toma en cuenta mucho de lo que vino después.”

“Alquilones” y ex rosistas

Periodista: “-¿Qué podemos decir de los convencionales? ¿Eran todas personas con algún desarrollo intelectual o algunos eran meros figurones?

-Había de todo. Lo que critica José María Rosa es que, en general, no hay mucha coincidencia entre el lugar de nacimiento o radicación del convencional y la provincia a la que representa. Y esto es cierto. Él habla de los convencionales ‘alquilones’, porque se alquilaban para una provincia siendo de otra. Urquiza tuvo una incidencia importantísima en la designación de muchos. Pero estaba gente valiosa, como Pedro Ferré, Pedro Díaz Colodrero, Juan del Campillo, Manuel Leiva, Seguí, Lavaisse. Había clérigos, militares, gente con mucha experiencia política, literatos como Juan María Gutiérrez, estudiosos como Gorostiaga. Yo diría que era un nivel muy bueno.”

Periodista: “-Podría decirse que eran representativos.”

“-En general, se seguía el esquema de conformación del poder tradicional de Argentina después de la Revolución de Mayo. Y el choque más importante se dio entre un pensamiento más tradicional y otro más reformador. Pero creo que fue una convención en la que los convencionales estuvieron a la altura de las circunstancias. Con problemas de comunicación, incertidumbre política y un remarcable marco de austeridad.”

Periodista: “-¿También jugaron intereses personales?”

“-Se dice que algunos tenían aspiraciones, que después concretaron; que otros habían sido rosistas. Pero, bueno, todo eso es legítimo y es muy difícil encontrar ejemplos en la historia de la humanidad en que no haya sido así. Y yo creo que fue un acto que, lamentablemente, por la desaparición de los testimonios físicos, no tiene la relevancia que debería tener. Uno tiene el Cabildo de Buenos Aires, la Casa de Tucumán. Pero acá no quedó nada.” [34]

Primeros contratos de colonización

Inmediatamente después de promulgada la Constitución, se firmaron los primeros contratos de colonización. “El 15 de junio de 1853, Aarón Castellanos firmó el contrato de colonización e inmigración con el gobierno de la provincia de Santa Fe, quien quería ‘promover y desarrollar, en la provincia que manda, los elementos de riqueza y prosperidad que encierra su territorio, y dar impulso al comercio y a la industria de todo género, preferentemente a la industria agrícola, fuente principal de riqueza y de fuerza.”

“Menos de un mes antes de que se celebrara el contrato con Castellanos -el 23 de mayo de 1853- fue facultado el poder ejecutivo para dar en enfiteusis los terrenos de pastoreo ‘y toda otra clase que sean de propiedad pública’…”   [35]

En consecuencia, “en 1867 ocupó y protegió 57.000 Km2., 131.582 en 1887, duplicándose y triplicándose en población, debido a los colonos extranjeros y al comercio que toma auge”.


Delegados en el Congreso Constituyente 1852 – 1853

Las provincias designaron a sus delegados, representantes de diversos sectores de la población nacional. Santa Fe confió esa responsabilidad a Manuel Leiva y a Juan Francisco Seguí, personalidades de reconocida actuación política.

Leiva había desempeñado distintas funciones de gobierno y cumplió misiones confidenciales del Gobernador Estanislao López.

Seguí estuvo directamente vinculado al Gral. Justo José de Urquiza, fue su secretario y ejercía el periodismo.

Conservación de la integridad del territorio…

Al ser considerada la fórmula del juramento, Leiva propuso tener en cuenta que los Diputados debían “propender a la conservación de la integridad del terri­torio” y destacó que “no solamente se defiende a la Patria con las armas, sino también con la fuerza moral, con la energía de las resoluciones…”   [36]

Elección de autoridades del Congreso

Al día siguiente “para calmar susceptibilidades que pudiera haber sobre la admisión”, se resolvió que quedara constancia de ello en acta y se aprobó la incorpo­ración del representante cordobés al tenerse constancia de su nombramiento oficial. Se aprobó la fórmula del juramento.

Se procedió enseguida a la elección de Presidente y el Diputado Facundo Zuviría, resultó electo por unanimidad.” El Dr. Leiva “obtuvo catorce votos, tres el R.P. Fray Manuel Pérez” y “uno el Sr. Quintana”.

En la elección de secretarios Francisco Seguí obtuvo 16 votos y Zavalía dos; en la segunda votación Huergo obtuvo diez votos y Zavalía ocho.

En consecuencia, fueron proclamados secretarios Juan Francisco Seguí y Delfín Huergo. Continuaba su trabajo la Comisión de Poderes y el 19 se aprobó la incorporación del Dip. José Ruperto Pérez, entrerriano.

Instalación del Congreso

Durante la quinta sesión preparatoria, la presidencia comunicó que se “había recibido una nota del Gobernador de Santa Fe” –D. Domingo Crespo-, “en que le par­ticipaba haber sido autorizado por el Directorio Provisorio de la Confederación para hacer al día siguiente la solemne instalación del Congreso”, fijando para este acto la hora de las 10 de la mañana.

Hubo un breve debate acerca de “lo prescripto en el Acuerdo de San Nicolás de los Arroyos que era una ley de la República”; y el Dip. Leiva destacó que “en su concepto, la reunión de los Sres. Diputados no era aún Congreso careciendo de la condición esencial”, “cual era su instalación por el Sr. Director o su Delegado”.

Reafirmó el Dip. Díaz Colodrero “que el Congreso no era virtualmente tal por su insta­lación, sino por la plenipotencia de sus miembros. Que el Ejecutivo Nacional no hace más que declarar sin crear la ley, y que la esencia de este cuerpo constituyente consiste en la soberanía de los poderes conferidos a los mandatarios que lo forman, por los pueblos a quienes representan.”

El Sr. Presidente dijo “que esperaba que los señores Diputados concurrirían al día siguiente a las 10 y media al salón del Congreso para prestar el juramento acorda­do, recibir al Sr. Delegado, y concurrir con él enseguida, después de la instalación, al solemne Tedeum que debía celebrarse.”

Grave situación interna…

La revolución del 11 de septiembre de 1852 creó una grave situación interna. “Urquiza tuvo que irse a San Nicolás el 15 y demoró la inauguración”. “Como el Director no tardó en comprender que no vencería a los sublevados y el incendio amenazaba propalarse a toda la Confederación, dejó San Nicolás, pero no volvió a Santa Fe; cruzó a Paraná a meditar la República de la Mesopotamia, abandonando los Constituyentes santafesinos a quienes dejó de pagar sus dietas”, dificultad que solucionó a mediados de noviembre “ya las cosas más o menos encarriladas, fijó la inauguración para el día 20.” [37]

Declaraciones insoslayables…

El destacado riojano Joaquín V. González, afirmó que,

la Constitución

“es uno de los instrumentos de gobierno más completos, más or­gánicos, más jurídicos, sin ser por eso estrecho ni inmóvil, que hayan con­sumado los legisladores de cualquier país y época”…

“No debe olvidarse que es la Constitución un legado de sacrifi­cios y de glorias, consagrado por nuestros mayores a nosotros y a los siglos por venir; que ella dio cuerpo y espíritu a nuestra patria hasta entonces informe, y que como se ama la tierra nativa y el hogar de las virtudes tradicionales, debe amarse la Carta que nos engrande­ce y que nos convierte en fortaleza inaccesible a la anarquía y al des­potismo”.

Sesión del 20 de noviembre de 1852

Urquiza, “no fue a Santa Fe porque debió quedar en Paraná atento a la anun­ciada invasión”, que “se produjo a mediados de noviembre, y el 18 Urquiza salió a reprimirla. Delegó la misión de abrir el Congreso a su Ministro Luis José de la Peña”.

Abierta la sesión se procedió a prestar juramento y las comisiones respectivas recibieron al Sr. Delegado acompañado por el Sr. Ministro de Relaciones Exteriores de la Confederación, quien leyó el discurso inaugural a propuesta del Delegado aceptada por la Asamblea. Luego contestó el Presidente Dip. Zuviría, expresando en la parte final de su discurso:

“Los pueblos jamás abusan de su razón y fuerza si no son arrastrados a ello. ¿Y por qué lo será nuestra hermana la provincia de Buenos Aires de los errores, extravíos o exageraciones de algunos de sus hijos? No. Pero… basta. Vamos al templo a poner nuestros actos bajo los auspicios de la religión: ella proteja nuestras puras intenciones”.

Finalmente el Ministro de Relaciones Exteriores entregó una nota del Director Provisorio que fue leída en la sesión del día siguiente, indicando los motivos que le im­pedían estar personalmente y remitiendo “adjuntos todos los documentos justificativos; y que si algunos faltaban, era porque el archivo de relaciones exteriores había queda­do en Buenos Aires.”   [38]

Las complejas circunstancias que rodearon a la Asamblea Constituyente, ge­neraron la realización de varias reuniones secretas, la primera el 30 de noviembre de 1852. El santiagueño Dip. José Gorostiaga hizo moción para que no se considerara ningún asunto hasta no terminar con “el examen de la minuta de comunicación al Directorio provisorio y el proyecto de ley adjunto”.

El Presidente Dip. Zuviría expresó su “moción para pedir se invitase a la Provincia de Buenos Aires a venir a ocupar su lugar en el Congreso Constituyente” y fue interrumpido por Gorostiaga, “lo llamó al or­den” y en consecuencia del Diputado salteño manifestó que “él no podía dirigir la discusión, porque se le había inferido un desaire amargo. Que había sido un plan combinado de antemano, y que todo el objeto de la Sesión secreta, había sido impedir la moción indicada de invitar a Buenos Aires a venir por medio de sus Diputados al Congreso”. “Que el complot había sido estudiado de antema­no en las galerías: que sin saberlo el presidente, ya los oficiales de sala sabían que tendría lugar una sesión secreta, antes de que el Congreso la acordase.”

Destacó que “si no la admitía el Congreso, la admitiría el público, porque la haría imprimir y circular”. La lectura de las actas permite comprobar que la mayoría de los diputados estaba de acuerdo con la iniciativa, aunque algunos -entre ellos Gorostiaga– “suplicaron a su autor que la aplazase para mejor oportunidad.”

Esa primera sesión fue presidida por el Dip. Manuel Leiva –quien “en confe­rencia particular con su autor y con franqueza se pronunció contra ella, pidiéndole que la suspendiera por dos o tres días, para saber si era, o no oportuna”. Fue secretario el Dip. Juan P. Seguí y en esa oportunidad el Dip. Juan María Gutiérrez reconoció que “Zuviría como diputado de Salta, era un principio político y como Sr. Zuviría tenía un mérito indisputable, que sus talentos, experiencia, honradez y patriotismo eran dignos de todo elogio”.

(No habrán sido tantos, quienes aquel 20 de noviembre de 1852 estuvieran recordando que ese día y durante el gobierno de Juan Manuel de Rosas, en 1845 y tras el Combate en la Vuelta de Obligado, debió retirarse la escuadra anglofrancesa que pretendía avanzar por el Paraná sin tener en cuenta la soberanía territorial. Los diputados que habían llegado a la capital santafesina, debían adaptarse al clima y a las costumbres del litoral.)

Sesión del 21 de abril de 1853

“Puesto sucesivamente en discusión y votación, su preámbulo resultó aproba­do por unanimidad, así como su art. 1º.” De inmediato se leyó:

Art.2º. La Religión Católica, Apostólica Romana, como única y sola verdadera, es exclusivamente la del Estado. El Gobierno Federal la acata, sostie­ne y protege, particularmente para el libre ejercicio de su Culto público. Y todos los habitantes de la Confederación le tributan respeto, sumisión y obediencia”.

Inmediatamente el Dip. Fray Manuel Pérez observó la redacción porque “en los Estados Federales no había una religión que pudiera llamarse del Estado” y Leiva propuso una modificación.

El sacerdote Benjamín J. Lavaysse “fundó su oposición a las adiciones” destacando que “la Constitución no podía intervenir en las conciencias, sino reglar solo el culto exterior.

Que el Gobierno Federal estaba obligado a sostenerlo, y esto era lo bastante.

Que la Religión como creencia no necesitaba de más protec­ción que la de Dios para recorrer el mundo, sin que hubiese podido nunca la tenaz oposición de los Gobiernos detener un momento su marcha progresiva”.

El Dip. Pedro Alejandrino Zenteno, sacerdote catamarqueño, insistió “en que dicho artículo sea más explícito y se declara en él la Religión Católica Apostólica Romana como única y verdadera, puesto que se reconocía que ella era el único y solo senti­miento dominante en la mayoría de los habitantes de la Confederación”. Hubo in­teresantes debates sobre dogma y culto. [39]

Quedó sancionado definitivamente el art. 2º, disponiéndose que “el Gobierno Federal sostiene el culto católico apostólico romano.”

Posteriormente, al ser aprobado el art. 14 y enunciados los derechos de “todos los habitantes de la Nación”, se incluyó la “de profesar libremente su culto”.

Ineludible consideración de acuerdos anteriores…

En la sesión preparatoria del 17 de noviembre de 1852, se leyó la nota oficial puesta a consideración por Facundo Zuviría.

A continuación el Dip. Manuel Leiva “manifestó conformidad en las doctrinas emitidas por Salta en cuanto a la preexisten­cia de pactos que deben tenerse presentes por el actual Congreso”.

Acerca de la libertad de cultos…

Entre esos pactos, era imprescindible tener en cuenta la vigencia del Tratado del 2 de febrero de 1825, celebrado con Inglaterra a fin de garantizar la libertad de culto, por cuanto en el art. 12 establecía que “los súbditos de S.M Británica resi­dentes en las Provincias Unidas del Río de la Plata, no serán inquietados, persegui­dos ni molestados por razón de su religión; pero gozarán en ellas de una perfecta liber­tad de conciencia, celebrando el oficio divino, ya dentro de sus casas, o en sus propias iglesias o capillas, que tendrán facultad de edificar y sostener en sitios conve­nientes que apruebe el Gobierno de las Provincias Unidas…”   [40]

Sesión extraordinaria del 1º de Mayo de 1853

A las diez de la mañana comenzó la sesión extraordinaria, presidida por el Dip. Facundo Zuviría y actuó como secretario don José María Zuviría.

El Presidente ordenó “la lectura de diez actas pendientes de las Sesiones anteriores y aplazada por resolución del Soberano Congreso”. Hubo algunas observaciones y correcciones. Pasaron a un cuarto intermedio.

Justificadas ausencias de un convencional…

Al reanudarse la sesión, Fray Manuel Pérez dijo “que durante la discusión y sanción de más de las tres cuartas partes de la Carta Constitucional había estado fuera del Congreso como era notorio.

Que muy al principio de las sesiones anunció al Soberano Congreso que se retiraba de su seno por las razones que adujo entonces en una exposición; que sometida ésta a una Comisión especial y pendiente aún la resolución del Soberano Congreso a este respecto, no había podido saber si era o no Diputado.

Que sin embargo, ci­tado por el Sr. Presidente para concurrir a firmar la Constitución sancionada ya en su totalidad, no sabía si su firma podría legalmente tener lugar al pie de la Carta que iba a suscribirse.

Que sometía esto al fallo del Soberano Congreso y si lo que acababa de exponer no invalidaba su firma, él la prestaría sujetándose a su soberana decisión”. Su integración fue aprobada por unanimidad.   [41]

Una mirada sobre el facsímil de la sesión del 8 de mayo de 1853, permite comprobar el tratamiento de “la nota del señor Pérez (Fray Manuel)”.

“El señor Campillo manifestó: que el señor Pérez en su nota se reducía a poner en conoci­miento del Soberano Congreso su retiro.

Dado el punto por suficientemente discutido y puesto a votación el proyecto de la Comisión, resultó aprobado por unanimidad”. Fray Manuel Pérez firmó el acta correspondiente. [42]

01-05-1853: Firmaron el Acta de sanción de la Constitución…

Diputados De su trayectoria… Representantes de:
Brig. Gral. Pedro Ferré

 

(n. Corrientes, 1788-1867)

Presidente de la Legislatura y Gobernador de Corrientes (reelecto)

Senador Nacional.

Presidente Cámara de Justicia de Santa Fe.

Catamarca.
Sacerdote Pedro Alejandrino

Zenteno

 

(n. Catamarca, 1794-1853)

Cura Párroco.

Ministro.

Diputado provincial.

Gobernador propietario (1834)

Catamarca
Dr. Juan del Campillo

 

(n. Córdoba 1812-1866)

Profesor Univ. de Córdoba.

Ministro. Diputado. Senador.

Mtro. Plenipotenciario ante la Santa Sede.

Ministro en Santa Fe-Gobierno de Nicasio Oroño.

Córdoba
Dr. Santiago Derqui

(n. Córdoba 1809-1867)

Asesor del gobierno de Corrientes.

Diplomático de la Conf. en el Paraguay.

Ministro de Interior (Gobierno de Urquiza)

Interventor en San Juan.

Segundo Presidente de la Confederación Argentina.

Córdoba
Dr. Pedro Díaz Colodrero

 

(n. Corrientes 1787-1859)

Juez de Pobres y Menores.

Diputado provincial. Ministro.

Fiscal de Estado (1854)

Gobernador delegado (1856)

Corrientes
Dr. Luciano Torrent

 

(n. Corrientes 1819-1896)

Ministro en su provincia. Diputado Prov.

Ejerció la medicina en Santa Fe.

Diputado Nacional por esta provincia.

Electo gobernador de Corrientes.

Convencional Reformas 1860/1866.

Corrientes
Juan María Gutiérrez

(n. Buenos Aires, 1809-1878)

Periodista, poeta, bibliófilo, historiador. Trabajó como Agrimensor. Residente en Paraná, fundó “El Nacional Argentino” – Ministro (de López y Planes y de Urquiza)

Casado en Santa Fe con Jerónima Cullen.

Ministro Relac. Exteriores de la Confederación.

1861: Rector de la Univ. de Buenos Aires.

Entre Ríos
Dr. Manuel Padilla

 

(n. Jujuy 1821-1862)

Ministro Superior Tribunal Justicia.

Diputado Provincial. Presidente Cámara.

Fiscal General. Electo Diputado Nacional (falleció cuando se dirigía para asumir.)

Jujuy

 

Dr. José de la Quintana

(n. Jujuy 1820- s/d.)

Administración Rentas en Rosario.

Gobernador de Jujuy.

Ministro General. Diputado Nacional.

Presidente Conv. Const. 1866

Gerente Banco Nación (Jujuy)

Jujuy
Lic. en Leyes Regis Martínez

 

(n. Córdoba 1809-1862)

Político. Senador Nacional.

Primer Administrador e Inspector Gral. de Correos (1856-1861).

La Rioja
Agustín Delgado

 

(n. Mendoza 1790-1859)

Periodista. Político.

1824: Ministro en Mendoza.

Gobernador delegado (1854)

Mendoza
Dr. Martín Zapata

 

(n. Mendoza 1811-1861)

Senador Nacional.

Integró la Primera Corte de Justicia de la Confederación Argentina.

Mendoza
Dr. Facundo Zuviría

 

(n. Salta 1794-1861)

1820: Primer Presidente Junta Provincial de Salta

Autor Primera Constitución Salta.

Primer Presidente Suprema Corte Justicia Nacional en Paraná. Ministro.

Salta
Ruperto Godoy

 

(n. San Juan 1803-1873)

Diputado.

Senador.

Gobernador Delegado (dos períodos.)

San Juan
Dr. Salvador María del Carril

 

(n. San Juan 1798-1883)

Regidor del Cabildo de San Juan (1821) crea la Sala de Representantes.

Gobernador (1823/24) Reelecto en 1825.

Dictó la primera constitución de San Juan, promulgada en 1825.

Diputado. Ministro.

Durante la Presidencia de Urquiza, fue Vicepresidente -1854/1860

Ministro y Presidente Suprema Corte de Justicia de la Nación. (1870/1877)

San Juan

 

Dr. Delfín B. Huergo

 

(n. Salta 1824-1886)

Formó parte del gobierno de Urquiza en Paraná. Diplomático (1859) Subsecretario de Relaciones Exteriores en 1863. Representó al país en Bélgica.

Director del Banco Nacional (1873) Diputado Nacional.

San Luis
Dr. Juan Llerena

 

(n. San Luis 1823-1900)

Periodista.

Senador Nacional (1865-1878)

San Luis
Manuel Leiva

 

(n. Santa Fe 1794-1879)

Diputado. Ministro.

Radicado en Entre Ríos (1849).

Senador Nacional.

Consejero de Urquiza.

Santa Fe
Dr. Juan Francisco Seguí

 

(n. Santa Fe 1822-1863)

Redactó el pronunciamiento de Urquiza contra Rosas. Vicepresidente Cámara de Diputados de la Confederación. Ministro.

Gobernador provisional de Santa Fe.

Ministro Relac. Exteriores (Presidencia del Gral. Urquiza)

Santa Fe
Sacerdote Benjamín J. Lavaysse

 

(n. Sgo.del Estero 1822-54)

Párroco de Tulumba (Córdoba).

Cumplió misiones pacificadoras en el Norte. Falleció en esas circunstancias.

Sgo.del Estero
Dr. José Benjamín Gorostiaga

 

(n. Sgo.del Estero 1822-91)

Ministro. Integró el Consejo de Estado creado por Urquiza.

Ministro y Presidente de la Suprema Corte de Justicia. Diputado Nacional.

Sgo.del Estero
Fray José Manuel Pérez

 

(n. Tucumán 1787-1859)

Dominico. Catedrático.

Miembro en la Legislatura Provincia (1824-1851)

Vicario Provincial.

Tucumán
Dr. Salustiano Zavalía

 

(n. Tucumán 1809 – 1873)

Ministro. Juez.

Diputado provincial.

Gobernador (provincia 1856, propietario 1860)   Senador.

Autor de la primera ley munici­pal.

Tucumán

4 de mayo de 1853: Urquiza recibió la Carta Fundamental

El Director provisorio de la Confederación se encontraba en San José de Flores y recibió en audiencia pública “a la comisión del Soberano Congreso Constituyente, encargada de poner en sus manos la carta fundamental que acababa de sancionar.”   El convencional Salvador M. del Carril, que llevaba la voz de la co­misión le decía:

“…esta Constitución, aceptada francamente por V.E. y mandada ejecu­tar con la lealtad que el cuerpo Soberano ha reconocido en todos los altos he­chos de V.E., encierra asimismo los medios más eficaces para restablecer la paz en toda la República, para afianzar la unión y para hacer la ventura de la Confederación en una época muy próxima”.

La nota del Congreso de que era portadora la comisión, contenía análogos conceptos: “La Constitución de la Nación Argentina ha legitimado vuestra revo­lución. El Congreso os defiere la gloria de Washington. No podéis tampoco as­pirar a otra”.

“El General Urquiza escucharía conmovido tan honrosos conceptos… Dirá por eso, respondiendo a Del Carril, en medio del silencio expectante de los presentes, las palabras históricas:

‘Veo por lo que me decís que están colmados mis deseos, puesto que me presentáis la ley constitucional de la Confederación Argentina. Como mu­chos otros patriotas que me son queridos y que me honro en llamar mis ami­gos, he consagrado mi vida entera al triunfo del sistema federal proclamado por la gran mayoría de la Nación.

Hoy que ese sistema deponiendo sus banderas de partidos se ha hecho la ley de la República por medio del Congreso Constituyente que representáis aquí, podéis creer que a nada más aspiro que a verla religiosamente cumplida’.”

Promulgación…

“Horas después expedía el decreto memorable. La Constitución Federal san­cionada en Santa Fe debía tenerse por ley fundamental de la Nación y el pueblo debía jurarla en acto público.”   [43]

Al día siguiente, “un nuevo aniversario de la constitución del primer gobierno patrio, el General Urquiza se dirigía a los Gobernadores de las Provincias acompañándoles el decreto respectivo.

La circular contenía conceptos hermosos, que revelaban los altos y nobles ideales que animaban a su inspirador:

‘Los Representantes de la Nación han llenado su encargo, arreglando la forma en que debemos organizarnos: toca ahora a los argentinos todos desple­gar el patriotismo y las virtudes necesarias para dar a esta idea cuerpo y vida. La Constitución escrita sería una letra muerta y nada remediaría, si no nos em­peñásemos en cumplir con un celo perseverante y un respeto religioso los de­beres que ella nos impone. Sólo así podremos esperar que eche raíces y tenga duración esta obra por tan largo tiempo anhelada y tantas veces interrumpida’.

La nota, luego de patrióticas reflexiones sobre la carta fundamental de la República, tomaba disposiciones para que los pueblos procedieran a su juramento, que debía tener lugar en toda la Confederación el 9 de julio próximo.

‘En ese día -aclaraba- nos presentamos al mundo como un pueblo independiente, y en el mismo nos presentaremos como una Nación constituida. Así quedarán ligadas dos épocas de nuestra vida, encerrando un período de amargas pero útiles lec­ciones’.”

9 de julio de 1853: juramento de la Constitución Nacional

“El juramento debían practicarlo todos los argentinos que fueran hábiles para votar y cuyos nombres debían remitirse a la Secretaría del Directorio para que obraran en los archivos nacionales, como una prenda de adhesión a la ley fundamental y de honor para la generación que había arrancado a la patria del caos.

El acto debía ha­cerse con la mayor solemnidad, sería una prenda de concordia política.

Para lograrlo el General Urquiza recomendaba a los gobiernos de provincias que exhortaran al re­greso a sus hogares a los argentinos que se hallaban lejos de ellos por las pasadas discordias políticas.

‘La paz, la tolerancia a todos los partidos y la religiosa ob­servancia de los deberes públicos -terminaba diciendo- son los principios que pueden dar solidez a las instituciones que el Congreso ha sancionado y entre­gado al cuidado de los buenos argentinos’.”

Juramento en Santa Fe…

“Apenas recibió la nota de Urquiza, el Gobernador de la Provincia de Santa Fe, Don Domingo Crespo tomó las providencias del caso para cumplimentar las órde­nes del Director”.

“El 9 de julio tuvo lugar el juramento. Reunidos en las plazas de la Capital y las cabeceras departamentales los santafesinos escucharían en religioso silencio la lectura de la Constitución y el decreto del Directorio que concretaban un viejo anhelo del pueblo argentino. Luego vendría la ceremonia del juramento que cobró la mayor solemnidad”. [44]

En ese tiempo la provincia estaba dividida en cuatro Departamentos: Coronda, La Capital, Rosario y San José.

Julio de 1853 – Desacuerdo de Buenos Aires

La Legislatura de Buenos Aires “negó su aprobación al Acuerdo de San Nicolás y a los actos del gobierno de Santa Fe”. “El 14 de julio de 1853 las tropas confederadas levantaron el sitio de Buenos Aires”; “pero Buenos Aires llegó a recurrir a los más deleznables subterfugios: podía ser vencida pero llegaba a los extremos de utilizar la venalidad y la corrupción…”

El 5 de marzo de 1854 Urquiza prestaba juramento como Presidente de la Confederación, cargo para el cual había sido elegido el 20 de noviembre del año ante­rior; lo acompañaba como vicepresidente Salvador María del Carril, ungido en una elección muy reñida con oponentes tales como Mariano Fragueiro y Facundo Zuviría (71 votos reunieron sus contrincantes contra sólo 35 logrados por del Carril.)

Mitre, no obstante su derrota en manos de Urquiza, adquiriría pronta gravitación y llevaría adelante un plan que le permitiría prontamente trasladar el centro de poder a Buenos Aires, con el triunfo definitivo de esta Provincia sobre la Confederación”.

“La llegada de Valentín Alsina al poder, sin embargo, provocaría fricciones cada vez ma­yores. La fuerza oponente, liderada por Mitre, intentaba la vía del acuerdo”.

“La situa­ción se agravaría a punto de provocar la ruptura y, consecuentemente, la acción ar­mada en Cepeda, con el triunfo de Urquiza sobre Mitre.”   [45]

Carlos Beck, empresario colonizador…

Sabido es que tras la promulgación de la Constitución Nacional sancionada el 1º de mayo de 1853 en el Cabildo de Santa Fe de la Vera cruz, se aceleró el proceso de inmigración y se impulsó la colonización en distintas provincias.

En Santa Fe, junto a Aarón Castellanos trabajó Carlos Beck -nacido en Armsterdam el 15 de abril de 1819-, casado en Basilea con Amalia Lina Bernard (de Alsacia), el 10 de febrero de 1852.

Destacó Gastón Gori que allí Carlos Beck organizó la “Sociedad Suiza de Colonización”, el matrimonio se embarcó hacia el Río de la Plata y vivieron en la capital santafesina frente a la plaza principal, a metros del Cabildo.

(El empresario Carlos Beck-Bernard contribuyó al afianzamiento de la colonia EsperanzaK.

En 1858 se dedicó a la contratación y traslado de las primeras familias de inmigrantes que constituirían la colonia San Carlos.)

11 de noviembre de 1859

Es posible comprobar que con la revolución del 11 de setiembre de 1852, cuando los constituyentes empezaban a llegar a Santa Fe, no sólo se concretó una conspiración contra Urquiza sino que se comenzó la guerra civil que concluyó tras con la batalla de Cepeda el 23 de octubre de 1859.

“Buenos Aires mantenía su situación de privilegio y se aprestaba al logro de la unión bajo su directa influencia. La Confederación, con su capital en Paraná, en realidad se enfrentaba con múltiples difi­cultades, carecía de los medios necesarios y no poseía los aranceles del puerto de Buenos Aires.”

La firma del Pacto el 11 de noviembre de 1859, significó el tratado de paz en­tre Buenos Aires y las restantes provincias de la Confederación y la posterior aproba­ción de la Constitución sancionada en Santa Fe en 1853.

Reforma de la Constitución en 1860…

En cumplimiento del pacto firmado el 11 de noviembre de 1859, apenas siete años después de sancionada la Constitución Nacional, en virtud del decreto 234 de la Confederación se autorizó al Poder Ejecutivo “para dictar las medidas convenientes con el objeto de que la Convención ad hoc se reuniera lo antes posible con el propósito de estudiar las reformas propuestas por el gobierno de Buenos Aires y así lograr que esa provincia se incorporara a las demás que habían sancionado la Constitución 1853.

Sabido es que los convencionales llegaron a la ciudad de Santa Fe de la Vera Cruz en septiembre de 1860 y como lo ha destacado el historiador José María Rosa, “el 6 de enero se reunió la Convención. Fue manifiesto el propósito de los progresistas (a quienes empezaba a llamarse mitristas) de demorarla, pues mientras no hubiese reformas no habría conención nacional ad hoc y or lo tanto incorporación de Buenos Aires y ésta conservaría su ejército y su aduana. Cuanto más tiempo pasara, más se acumularían las rentas de aduana y remontaría el ejército, mientras el desconcierto por el pacto de noviembre cundía entre los federales”… [46]

comenzaron a sesionar el 6 de enero, finalizando sus trabajos el 12 de mayo del mismo año. Aprobó la incorporación de Buenos Aires a la Confederación y una “Convención Nacional ad hoc”, reunida en Santa Fe el 23 de setiembre del mismo año, aceptó las reformas sugeridas, incluyéndolas en el texto constitucional.

“Las reformas propuestas tendían a afirmar la autonomía provincial, rellenadas con aditamentos de prescindible importancia. Por una paradoja de la historia los antiguos unitarios se presentaban ultrafederales”.

Carlos Beck presidente del Club del Orden

El historiador López Rosas ha destacado que don Carlos Beck, “desde agosto de 1860 hasta febrero de 1861 fue presidente del Club del Orden, en cuyos salones dio diversos conciertos, dadas sus eximias condiciones de pianista. En setiembre de 1860 le tocó preparar los festejos que dicha institución dio en homenaje a los señores convencionales que arribaron a nuestra ciudad para reformar la Constitución de 1853”.

El Club “tiró la casa por la ventana”…

El Club -según consta en actas-, “aunque falto de ‘dinerario’ se endeudó y ‘tiró la casa por la ventana’, como vulgarmente se dice, para agasajar a tan ilustres visitantes. En las elecciones de marzo de 1861, con motivo del acto comicial para dejar instaladas las primeas autoridades municipales, nuestro personaje fue elegido en carácter de edil.”

Es oportuno tener en cuenta que el historiador José Luis Busaniche escribió: “1861: Pavón. Cambio absoluto en el escenario de la política nacional. Se eclipsa la estrella de Urquiza; surge la de Mitre. Homenajes a Mitre en Santa Fe. Baile en el Cabildo. La Sra. Beck-Bernard es presentada al general vencedor.”

“Mitre es una gallarda figura de militar, ‘de elevada estatura, de continente grave y noble, muy distinguido en sus modales’, tiene ojos expresivos ‘y lleva con seriedad muy digna la responsabilidad de su alta posición social’. Es fino y cortés, al mismo tiempo valeroso como que lleva en la frente la huella de un balazo recibido en una batalla. Habla francés, tiene vastos conocimientos. Lina Beck-Bernard queda encantada con aquel general de cuarenta y un años, mentalidad superior, en el apogeo de sus prestigios políticos y militares. La victoria de Mitre le halaga también por otros motivos. Ella se ha vinculado mucho a la familia Cullen, uno de cuyos miembros más conspicuos, don José María, se hallaba desterrado en Buenos Aires desde que lo depuso del gobierno el general Juan Pablo López. La familia vecina está de parabienes”…

Se aproximaba el año nuevo y como lo rememoró el historiador José Luis Busaniche, en “1861, el infortunio hiere al hogar extranjero ya en vías de asimilarse al ambiente vernáculo. Dos niñas pequeñas del matrimonio mueren a fin de ese año. La madre resuelve abandonar el país, temerosa del clima, para restituirse a Lausana con sus otros hijos. El marido queda en Santa Fe, aunque la realidad no responde a sus planes de colonización y a sus esperanzas de mejores éxitos; pronto la situación se agrava y se traduce en un desastre financiero.

Mitre permaneció en Santa Fe hasta el 11 de enero de 1862 y como queda demostrado por sus decisiones posteriores, supo valorar y comprender los impulsos que provocaron el alejamiento de aquella respetable familia.

Insólito hurto en el Club del Orden…

El ameno escritor José Rafael López Rosas en su libro De la discordia y la melancolía, difundió interesantes crónicas santafesinas y relató estando Bartolomé Mitre en Santa Fe de la Vera Cruz, “en esos días ocurre un hecho sin igual y pintoresco. No hubo quien no le hiciera recordar que en la ciudad existía un club, el del Orden, fundado en 1853”, cuando Santa Fe estaba esperando a los congresales que la hallaron tan pobre, como los que acababan de sancionar la reforma constitucional que parecía ser la culminación del conflicto con la provincia de Buenos Aires.

Sabido es que los socios de ese club, habían reconocido al Gral. Justo José de Urquiza como socio honorario y en consecuencia -como suele suceder aún-, habían colgado dos retratos: Urquiza y Santiago Derqui como evidentes testimonios del caudillismo y del mando. A Bartolomé Mitre prefirieron no invitarlo y tampoco agasajarlo. La noche anterior al nombramiento del gobernador Crespo, hubo otra confabulación que el escritor López Rosas relató así: “…en la noche del 26 de diciembre, dos socios partidarios del caudillo porteño, en una audaz operación comando, trepando por las ventanas del Club del Orden robaron los retratos de Urquiza y Derqui, los cuales aparecieron al otro día en la casa que ocupaba Mitre”. Comprobado el atentado -hurto o robo-, la comisión directiva resolvió expulsar a los dos socios y encomendar al presidente y al vice que “se apersonasen a la casa del gobernador de Buenos Aires y le solicitaren fuesen devueltos los mencionados retratos, pues sabían que era este señor quien los había hecho recoger’. Y así en la mañana de aquel 28 de diciembre, bajo el sol calcinante, los vecinos de Santa Fe habrán visto, tiesos y circunspectos, enfundados en sus levitas, pasar a don José María Echagüe y a don Tomás Puig, mientras cruzaban las arenosas calles de la ciudad, portando bajo el brazo los históricos retratos, rescatados del poder de don Bartolomé.” Negritas aquí

Aquella mañana, sábado, día de los Santos Inocentes cerca de la casa habitada por don Carlos Beck, se recuperaron los retratos. Durante aquel fin de semana, don Carlos Beck -ex presidente de ese club hasta febrero de ese año-, sólo durante un sueño o una pesadilla pudo haber experimentado lo que probablemente sintió cuando le contaron esa anécdota. Siendo un excelente pianista, quizás pudo disipar tanta incertidumbre interpretando alguna sonata mientras evocaba los recientes festejos en homenaje a los convencionales que llegaron en 1860 al corazón legal de la República –como destaca Gori- para reformar la Constitución que se había sancionado apenas siete años antes. [47]

Propuesta de Sarmiento acerca del destino de los muebles…

“En la última sesión Sarmiento propuso una reforma más: el nombre Provincias Unidas del Río de la Plata en vez de Confederación Argentina usada hasta entonces”. Fue aprobada. [48]

Sarmiento indicó que todos los muebles y objetos utilizados en esa oportunidad quedaran en propiedad de la provincia de Santa Fe para seguir decorando algunas salas del Cabildo mientras los sillones serían enviados a la Cámara de Diputados de la Nación. La réplica de Mármol, reconociendo que todo debía quedar en Santa Fe porque en el salón principal del Cabildo se había concretado la unión, fue aprobada por aclamación.

Tanta discusión fue inútil porque décadas después, la insuficiente valoración histórica resultó evidente al concretarse la demolición del histórico Cabildo.

El 13 de septiembre de 1867 se sancionó la ley que autorizaba al P.E. a recabar “de los gobiernos donde existan, los archivos de las Asambleas y Congresos Nacionales que desde la Revolución de Mayo han funcionado en la República hasta su definitiva organización.

(Ochenta años después, el 28 de agosto de 1947 el presidente de la Cámara de Diputados de la Nación Dr. Ricardo Guardo presentó un proyecto de creación del Museo Constitucional Legislativo donde se guardaría el manuscrito de la Constitución de 1853 y se conservarían “los sillones y demás objetos que pertenecieron “a las asambleas y congresos”.   Propuso el Dip. Guardo que en el itinerario del museo se incluiría “Salón de los Pasos Perdidos donde se exhiben el cuadro ‘Los Constituyentes del 53’ del pintor Antonio Alice y el del presidente Roca dando lectura a su mensaje ante la Asamblea Legislativa, ejecutado por Juan Manuel Blanes.”)

Reforma Constitucional de 1866

En 1866 el Congreso sancionó las leyes Nº 171 y 172, declarando la necesidad de la reforma y el procedimiento que debían adoptar los convencionales.

“Reunidos los Convencionales en Santa Fe el 10 de setiembre de 1866, pareció que los provincialistas estaban en mayoría. El gobierno nacional debió mover sus resortes para impedir una derrota de tanta trascendencia, y a duras penas consiguieron imponerse los nacionalistas en la votación del día 12, captando los sufragios de algunos representantes provinciales”.

“Por 22 votos contra 19, la Convención se limitó a suprimir la frase ‘hasta 1866, en cuya fecha cesarán como impuesto nacional no pudiendo serlo nacional’. Por lo tanto los recursos sobre la exportación -que eran la tercera parte del presupuesto nacional- siguieron en manos del poder central.” [49]

Reforma Constitucional de 1898

Mediante la ley Nº 3.507 se autorizó la reforma constitucional y se dispuso las condiciones de elección de los convencionales teniendo en cuenta el número de representantes que correspondía a cada provincia.

“La Constituyente duró quince días: el 1º de marzo eligió sus autoridades y aprobó los títulos. El 15 había dado fin a su cometido votando la reforma del art. 37º que aumentó a 33.000 o fracción que no bajase de 16.500 el cociente de cada distrito para elegir diputados, agregando que ‘después de la realización de cada censo, el Congreso también fijará la representación con arreglo al mismo, pudiendo aumentar pero no disminuir la base expresada’; y la del 87º que elevó de 5 a 8 la cantidad de ministros. Rechazó la reforma aduanera proyectada.” [50]

                       Lecturas y síntesis: Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

[1] González, Joaquín V. Dr. Manual de la Constitución Argentina. Estrada, Buenos Aires, 1897, p.54/55

[2] Ibídem, p. 56.

[3] Ídem, p. 57.

[4] Íd., p. 60.

[5] íd., p. 61.

[6] íd., p. 62.

[7] Roverano, Andrés Atilio. Estanislao López, Gobernador interino. Nuestro amigo a perpetuidad Coco Roverano nació el 25 de septiembre de 1925, fue Director del Archivo General de la Provincia hasta su fallecimiento en un accidente automovilístico en la ruta Santa Fe-Sauce Viejo, el 16 de abril de 1978. / Esa cita fue reiterada por Graciela N. González de Welschen – Jefa Sección Biblioteca del Archivo General de la Provincia, en su folleto titulado El Brigadier General Estanislao López a través de sus efemérides. Edición de la Comisión Honoraria de los Homenajes a Estanislao López en el Bicentenario de su Nacimiento (Decretos del Poder Ejecutivo de Santa Fe Nº 1443/85 y 1641/85; presidida por el gobernador de la Provincia CPN. José María Vernet, Imprenta oficial, 1986.)

[8] Alonso Piñeiro, Armando y otros. La Historia Argentina. Buenos Aires, Editorial de Belgrano, p. 57.

Conferencia en la Universidad de Belgrano, en la Capital Federal, el 22 de junio de 1977.

[9] González, Joaquín V. ob. cit. p. 72.

[10] López, Vicente F. Historia de la República Argentina; su origen, su revolución y su desarrollo político hasta 1852. 4a.ed. Buenos Aires, “La Facultad”, 1926, t.VIII, p. 121.

[11] López, Vicente F. ob. cit. t.VIII, p. 122.

[12] González, Joaquín V. ob. cit. p. 66.

[13] Ibídem, p. 67/68.

[14] Cervera, Manuel M. Dr. Historia de la Ciudad y Provincia de Santa Fe – Tomo II. Santa Fe de la Vera Cruz, Librería, Imprenta y Encuadernación “La Unión” de Ramón Ibáñez, 1907, Apéndice, p. 41.

[15] Ídem, p. 72

[16] Cervera, Manuel M. Dr. Historia de la CiudadTomo II. Ob. cit., p. 881-882.

[17] Ibidem, p. 645-646.

[18] Ibídem, p. 670-672. El autor anotó: “El mismo Lacasa en ‘Vida de Lavalle’ afirma esta protección, p. 113.”

[19] El doctor Cervera alude a “carta de Del Carril a Chilavert de 18 de Noviembre de 1830, en Apéndice de Historia Confederación, por Saldías, tomo II.”

[20] Abad de Santillán, Diego. Historia Argentina. Tomo 1. Buenos Aires, Tipográfica Editora Argentina, 1965,

  1. 496-498.

[21] Cecchini de Dallo, Ana María. (Historiadora que trabajó en el Archivo General de la Provincia; Directora de ese servicio y agrego ahora, mientras estoy releyendo y revisando títulos y ortografía de este trabajo, en marzo de 2006: ejerce las funciones de Subsecretaria de Cultura de la provincia, siendo Jorge Llonch el Secretario de Cultura.) Los grupos políticos en Santa Fe. Santa Fe, Ediciones Culturales Santafesinas, 1992, p. 13-14; 18; 22. El destacado abogado Manuel Leiva -que había colaborado con el Brigadier Estanislao López- fue designado titular del Ministerio General, conforme lo establecía la Constitución provincial.

[22] Ibídem, p. 504-508.

[23] Cecchini de Dallo, Ana María. Los grupos políticos en Santa Fe. La autora citó: A.G.P.S.F. Archivo del Gobierno. Tomo 12. 1853, F. 889/892.

[24] Santa Fe. Ministerio de Gobierno. Archivo General de la Provincia. Boletín Año X, Nº 10, 1978, p.19.

[25] Rosa, José María. Historia Argentina. Buenos Aires, Oriente, 1973, t.6, p. 34/35.

[26] Rosa, José María. Historia Argentina Tomo 6. Buenos Aires, Editorial Oriente, 1992, p. 87.

[27] Ídem, p. 108.

[28] Ibídem, p. 100; 94-95; 102-103.

[29] López Rosas, José Rafael. De la discordia y la melancolía. Santa Fe, Fondo Editorial de la Provincia 1986,

t.13, p. 199.

[30] Abad de Santillán, Diego Gran Enciclopedia Argentina. Ediar, Buenos Aires, 1956.

[31] Rosa, José María ob. cit. t. 6, p. 56.

[32] Ravignani, Emilio Dr. Asambleas Constituyentes Argentinas. Peuser, Buenos Aires, 1937, t.IV, p. 406.

[33] Ibídem, t. IV. p.403 y siguientes.

[34] El doctor Horacio Rosatti aportó algunas anécdotas… / El periodista Emerio Agretti concluyó esa nota aludiendo a “Otras celebridades. Urquiza y los representantes de las provincias no fueron las únicas figuras notables que se pudieron ver en Santa Fe por aquella época. De hecho, el propio Cabildo fue blanqueado por una impensada celebridad. Esa tarea que, según consigna Rosatti, bien pudo haber sido llevada a cabo por un preso -como era habitual en la época, máxime cuando había calabozos en el propio edificio- estuvo a cargo de Amadeo Gras, un concertista europeo que es también quien trajo al país la técnica del daguerrotipo. Y que, en años posteriores, se labró reputación retratando a toda la alta sociedad del virreinato. / También se recuerda a Bandurria Bustamante, quien fuera tambor de Belgrano en la batalla de Tucumán y aseguraba haber tomado parte en la resistencia a las Invasiones Inglesas. Bustamante solía tocar el tambor en el Cabildo y subsistía con una modesta pensión, consistente en cierta cantidad de carne por día. Murió en 1883, a los 92 años, casi ciego, enfermo y en la más completa miseria.

[35] Gori, Gastón Inmigración y colonización en la Argentina. Buenos Aires, EUDEBA, 1977, 3ª ed., p.52 y 53.

[36] Ídem, t. IV, p. 408.

[37] Rosa, José Ma. ob. cit. t. 6, p. 108.

[38] Ravignani, Emilio Dr. ob. cit. t. 6, p. 413/414.

[39] Ibídem, t. IV, p. 488/489.

[40] González, Joaquín V. ob. cit. p. 156.

[41] Ravignani, Emilio Dr. ob.cit. p. 536/537.

[42] Ibídem, Lámina LXXVII (entre páginas 560/561).

[43] Busaniche, José Carmelo. Hombres y Hechos de Santa Fe. Colmegna, Santa Fe, Colección Nuevo Mundo,

1946, p. 121/122.

[44] Ibídem, p. 122/124.

[45] Galletti, Alfredo. Historia Constitucional Argentina. La Plata, Platense, 1974, p. 535.

[46] Rosa, José Ma. Historia Argentina Tomo 6, p. 292.

[47] El matrimonio Carlos y Lina Beck-Bernard vivía en una casa con terraza, situada en la actual calle San Jerónimo casi esquina 3 de Febrero, al oeste de la Plaza principal, donde décadas después fue construido el edificio de los Tribunales de Santa Fe.

[48] Tosa, José María. Historia Argentina Tomo 6, p. 294.

[49] Ídem, Tomo 7, p. 62.

[50] Íd., Tomo 9, p. 20.

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[h1]En las transcripciones se utiliza la ortografía correcta en la actualidad.