CONCIERTO y DESCONCIERTO

Todos los días recibo mediante correo electrónico desde el DIARIO “LA NACIÓN” de Buenos Aires, toda la información impresa en las secciones Cultura – Política y Turismo.

Leo casi todas las notas elaboradas por SANTIAGO KOVADLOFF.

EL DIARIO EN LA ESCUELA… es una eficaz herramienta para el aprendizaje, porque al leer y releer, al entender y comprender es posible comparar y elaborar conclusiones, reelaborar hipótesis…

VERANO – “El discurso de la esperanza”

Santiago Kovadloff

Para LA NACION

Viernes 13 de marzo de 2009

sabatAlfredo Sabat

La orientación seguida por la discusión interpartidaria en curso ¿asentada desde hace tiempo en la descalificación del adversario y no en el debate de propuestas? pone de manifiesto un entendimiento conceptualmente raquítico del país.

Junto con ello, una incomprensión (que sería sorprendente si no fuera ofensiva) de las necesidades de la ciudadanía; una ciudadanía que, en todos sus niveles, exige mucho más de lo que se le ofrece.

Hemos perdido el olfato capaz de orientarnos hacia la contemporaneidad, aturdidos por la fuerza paralizante de una fragmentación interna que, con muy contados intervalos, ejerce su intendencia sobre nosotros desde los días de la lucha por la emancipación.

Lo he dicho en otra oportunidad: los problemas de la Argentina son graves, pero no son interesantes. Los problemas que revisten interés, sin dejar de ser acuciantes, son hijos del desarrollo, de la capacidad constante para renovar el horizonte temático de una sociedad, de la aptitud para modernizar el repertorio de sus preocupaciones. ¿Qué otra cosa es el progreso sino el resultado de una incesante innovación problemática?

No es éste el caso de nuestro país. Los problemas aún irresueltos de la Argentina se remontan al siglo XIX, y su efecto empobrecedor se hace sentir en la precariedad con que nos planteamos los desafíos del siglo XXI. Subrayados y cursiva aquí

Quienes en su carácter de representantes de las distintas fuerzas políticas se disputan hoy la atención de la ciudadanía no lo hacen, salvo muy contados casos, sino para mantenerla cautiva en las redes de un abordaje siempre menor de cuestiones trascendentes: la justicia social, la educación, la seguridad, la salud, la muy requerida consistencia de nuestras instituciones.

La modalidad discursiva dominante privilegiada por esas dirigencias parecería agotarse en dos procedimientos preferenciales. Uno, como dije, es la descalificación perpetua del adversario, vocero irremediable del error y la mentira. El otro es un internismo asfixiante: pactos, alianzas, asociaciones, cuyos promotores e integrantes no se dirigen a la ciudadanía para explicarle qué buscan juntos, qué proyectos nacionales se proponen llevar a cabo mediante esos acuerdos que practican, qué ideas e ideales refuerzan al acoplarse. No, nada de eso. Prefieren referirse a la distribución de cargos eventuales, al lugar que quiere ocupar cada socio en el escalafón estelar, al capital generoso aportado por cada uno de ellos al fondo común.

La concepción del ciudadano implícita en cualquiera de estos dos procedimientos lo retrata como alguien que nada parece requerir más allá de lo que se le ofrece. Y se presume que se lo podrá conquistar haciéndole saber con quién se negocia y no qué se aspira a lograr para el país mediante esa negociación. Se lo quiere entretener, no se lo quiere educar.

Es cierto que los altos índices de pobreza, la escasa capacitación, la desocupación y la marginalidad social promueven el debilitamiento de los recursos subjetivos de buena parte del electorado. Pero aprovecharse de esa tragedia para prosperar en el consenso colectivo es un acto de miserabilidad moral. Acentúa brutalmente el atraso cívico en que vivimos.

Se incurre, no obstante, en un error de cálculo al presumir que la mayoría de la gente afectada por estos procedimientos está resignada a soportarlos. La subestimación del discernimiento ajeno es un acto de jactancia y de ceguera.

Es más que improbable que se logre remontar el desinterés público por lo que dicen los políticos sin tener en cuenta al menos tres de los factores que, en la Argentina de hoy, debilitan la esperanza cívica. El primero de esos factores es el hartazgo que ya despiertan las confrontaciones maniqueas, el menoscabo del disidente, la imposibilidad escandalosa de escucharse que manifiestan quienes, presuntamente, se reúnen para hablar.

El segundo de esos factores es el hecho de que aún sigue viva en la gente la sospecha de que la dirigencia política es una corporación de profesionales exclusivamente abocada a sus intereses sectoriales.

El tercer factor es una evidencia al alcance de todos. Muy buena parte de la opinión pública tiende a expresar su adhesión a figuras extrapartidarias, pero muy comprometidas con ideales éticos y cívicos capaces de suscitar entusiasmo, promover la emoción comunitaria y devolver credibilidad a la palabra. Son auténticos referentes sociales en los que la comunidad, huérfana de convicciones partidarias, busca realimentar su identidad. Dicho esto, es preciso advertir que este pronunciado vacío de expectativas con respecto a los partidos políticos daña en profundidad el sistema democrático.

Las constantes referencias a izquierdas y derechas en un marco conceptual y doctrinariamente tan empobrecido, errático y contradictorio como el actual, son realmente abusivas, por no decir patéticas. Mucho falta todavía para que en el país contemos con dos fuerzas partidarias sólidas, bien perfiladas, dignas de llamarse centroizquierda y centroderecha y capaces de alternarse en el poder sobre una base de políticas de Estado consensuadas y estables.

Los puntos señalados sugieren que el mensaje esperanzador que deben ser capaces de transmitir las agrupaciones políticas en un país renuente al compromiso partidario sólo resultará aceptable si tales agrupaciones empiezan por comprender por qué su orientación discursiva debilita fatalmente su credibilidad pública. La gente sólo se aparta de lo que escucha cuando no se le dice lo que necesita oír. Es que el frenesí “internista” y la degradación sistemática del adversario han terminado por hartar a una sociedad hambrienta de proyectos consistentes, de moderación expresiva, de políticas de Estado capaces de resolver los problemas que la abruman, como la seguridad y la equidad social; bienes, todos estos, que la retórica vigente opaca con su mediocridad, por más que insista en nombrarlos hasta el cansancio.

Para que una visión esperanzada del porvenir argentino gane los corazones hoy renuentes del electorado será preciso saber subrayar no sólo ni ante todo lo que debería hacerse, sino lo que se puede seguir haciendo porque ya se lo ha empezado a hacer. Hay que remitir a recursos ya existentes. En otros términos: el optimismo resulta plausible con respecto al porvenir cuando los hechos que lo inspiran se descubren como valores activos en el presente. O bien cuando en el presente resultan discernibles los indicios que anticipan y prefiguran ese futuro. Esa es, a mi ver, la gran tarea comunicativa que aguarda a quienes sean capaces de advertir cuál es la demanda social dominante formulada a la dirigencia política.

El discurso esperanzado sólo resulta verosímil si se hace eco de aptitudes espirituales y creadoras que, aún en forma latente, están vivas y resultan palpables en la sociedad; si se las subraya, si se las enfatiza, si se promueve su expansión y su creciente discernimiento. A diferencia del discurso demagógico que promete hacer realidad lo que aún no la tiene, el discurso esperanzado extrae su potencia persuasiva del reconocimiento que efectúa de energías reconocibles en la comunidad. El discurso esperanzado se inspira en lo existente, lo preserva, lo resguarda e invita a su desarrollo. Jamás se postula como demiurgo de lo que aún no hay.

En otros términos: hay en la Argentina un espacio político vacante. Lo ocuparán quienes sepan convocar a la convivencia y no a la exclusión. Lo ocuparán quienes sepan proceder como la mayoría de la gente quiere y necesita que proceda una auténtica dirigencia democrática: lejos del encono, con espíritu conciliador, en el indeclinable apego a la ley y el orden institucional, alejada del extremismo de quienes aspiran a hacer carrera mediante la siembra incesante de la confrontación, la apología del pensamiento propio en desmedro de toda disidencia y a favor de la idealización patológica del propio y presunto saber.

No conviene creer que es temprano para tratar de ocupar ese espacio político vacante. La semilla del fruto que deberá mostrarse maduro en tres años no puede sino empezar a sembrarse desde ya.

OTOÑO – “Nuestro oscuro país”

Santiago Kovadloff

Para LA NACION

Viernes 5 de junio de 2009

arg

Un vicepresidente que no se identifica con el gobierno al que representa.

Un gobernador e intendentes municipales que, sin renunciar a sus funciones, se postulan como candidatos a legisladores, lo que da a entender que, si llegaran a ser elegidos, tal vez no asumirían sus bancas.

Un ex presidente que, en los hechos, concentra poco menos que la suma del poder público, pero que advierte con énfasis profético sobre los males que destruirían la democracia si la oposición ganara más espacio parlamentario.

Una presidenta que ha delegado la médula de sus atribuciones en quien no fue elegido para encarnarlas y que, sin embargo, no vacila en acusar a sus adversarios de empeñarse en quebrantar el orden constitucional.

Fantasmagóricos ministros y secretarios de Estado que no tienen responsabilidad propia en el ejercicio de sus funciones.

Una política exterior que no parece conocer otro desvelo que el de afianzar sus vínculos con Venezuela.

Una política interior que ha hecho del federalismo un mercado de prebendas.

Un vicepresidente que no se identifica con el gobierno al que representa.

Un gobernador e intendentes municipales que, sin renunciar a sus funciones, se postulan como candidatos a legisladores, lo que da a entender que, si llegaran a ser elegidos, tal vez no asumirían sus bancas.

Un ex presidente que, en los hechos, concentra poco menos que la suma del poder público, pero que advierte con énfasis profético sobre los males que destruirían la democracia si la oposición ganara más espacio parlamentario.

Una presidenta que ha delegado la médula de sus atribuciones en quien no fue elegido para encarnarlas y que, sin embargo, no vacila en acusar a sus adversarios de empeñarse en quebrantar el orden constitucional.

Fantasmagóricos ministros y secretarios de Estado que no tienen responsabilidad propia en el ejercicio de sus funciones.

Una política exterior que no parece conocer otro desvelo que el de afianzar sus vínculos con Venezuela.

Una política interior que ha hecho del federalismo un mercado de prebendas.

Un Gobierno que arrastra, desde hace ya más de un año, un conflicto con los productores del campo, sin dar muestras de querer solucionarlo.

Protestas agropecuarias que rebasan el cauce legal, como la muy reciente de Lobería, en la que algunos chacareros se comportaron como marginales ante un gobernador que, para probar su popularidad, se presentó en el lugar, custodiado por trescientos agentes de policía.

Una Argentina que, mientras se acerca a sus dos siglos de vida, acentúa, para celebrarlos, la posibilidad de terminar importando trigo y carne, en lugar de exportarlos.

Una Argentina, en suma, que habiendo sido ejemplar en el orden educativo, hoy cuenta con maestros maniatados por salarios indignos, mientras que se los priva de la indispensable capacitación. Y con maestras amenazadas y golpeadas por sus alumnos que, para poder enseñar, reclaman protección a la Justicia.

Tal es la trama de este laberinto de pesares que hacen del nuestro un oscuro país. A semejante decadencia han contribuido generaciones sucesivas de dirigentes que, a la luz de nuestras desgracias, parecen hermanados por una misma incultura republicana; ineptas, todas ellas, para dar sustento perdurable a un ideal de crecimiento y equidad social capaz de traducirse en políticas públicas de veras progresistas.

De este escenario de arbitrariedades, bajezas de toda laya y pobrezas discursivas con las que podría componerse una antología mayor del desatino, sólo se empezará a salir de la mano de quienes, desde un Parlamento razonablemente renovado, contribuyan a hacer de la ley un axioma no negociable.

La ley son esas columnas de Hércules que acotan la desmesura, las arbitrariedades de un poder que se quiere ilimitado. Y lo hacen mediante un señalamiento formulado en nombre de la prudencia que requiere el bien común: nec plus ultra (“no más allá”). Cuando se desconoce el límite que la ley fija a la intención despótica, se cae en la incivilidad, que es la configuración social que asume el desenfreno. Es el turno, entonces, de las conductas que degradan la convivencia y convierten lo político en obligado vasallaje a las imposiciones del transgresor más hábil y más fuerte.

Hacia ese horizonte sombrío de creciente ilegalidad se ha ido deslizando nuestro país. Allí lo tenemos hoy, chapoteando en su inoperancia, en su inconsistencia jurídica, en su descrédito internacional y en su desorientación interna.

No hay nada más lamentable en las gestiones desplegadas por los dos últimos gobiernos que el hecho de que se hayan sumado, con inocultable vehemencia, a las filas de quienes, antes que ellos, se convirtieron en sepultureros de la ley.

Pero, aun así, en este escenario convulsionado por las descalificaciones y los enconos en los que parece encontrar su deleite más intenso la dirigencia política, la gente de a pie, la ciudadanía, hace saber, invariablemente, a quien esté dispuesto a oírlo, que el ideal de una vida regida por la Constitución nacional está en el centro de sus aspiraciones cívicas.

Nadie en sus cabales adhiere ya, en esta aleccionada Argentina de comienzos del siglo XXI, a la arcaica expectativa de ver quebrantado el orden constitucional. Y por eso, las distorsiones que desde el poder se introducen en ese orden indispensable inquietan a un pueblo que sabe que no tiene porvenir innovador fuera de la ley.

En esta democracia, tan necesaria como desvaída y turbulenta, el cumplimiento íntegro de su mandato, por parte de la presidenta de la República, constituye una esperanza unánime de los argentinos y por él velamos todos, incluso, y ante todo, los que no coincidimos con el curso impreso a su gestión.

Mientras tanto, el Gobierno debe prepararse para aceptar la valla que, en el marco parlamentario, pueda imponer a sus pretensiones el espíritu de la ley. Tendrá que aprender la más ardua de las lecciones a las que podría verse enfrentada su natural propensión a la autosuficiencia y la soberbia: a escuchar, a debatir, a concertar.

Para el Parlamento, a su vez, ello podría significar el inicio de un ciclo de rehabilitación moral, no sólo operativa.

Muchos son aún los que sostienen que la Argentina debe tocar fondo para empezar a recuperarse. Desconfío de la fecundidad de los procesos históricos que demandan un apocalipsis para que se produzca luego un venturoso resurgimiento.

Esta creencia se inspira en una lógica vetusta y varias veces remozada por los sucesivos seudoprogresismos. Lejos de ello, de lo que se trata, a mi entender, es de evitar que el mal siga profundizándose. Y para que así ocurra lo requerido hoy, a lo que todo indica, es la rápida reconstrucción de los partidos políticos. De ellos, de lo que no supieron ser cuando tanta falta hacía que lo fueran, de su penosa descomposición ulterior, resulta, en gran medida, esta declinación dramática de los espacios participativos apropiados para contrarrestar la errancia social. Errancia que, con frecuencia, pasa de la protesta a la violencia para descubrir, más tarde o más temprano, que ella de nada sirve como cauce transformador de su disconformidad. La democracia directa, el disenso ejercido y manifestado con prescindencia de las mediaciones e investiduras correspondientes, culmina siempre en eso que tanto abunda hoy: la preeminencia del garrote sobre la palabra. Y es innegable que la fragilidad institucional de la Argentina alienta el descrédito de los mecanismos representativos. Por eso, lo que el país pide a sus gobernantes es que no sigan homologando su tarea al empecinamiento con que tratan de sostener sus ambiciones personales. Y se lo está pidiendo porque de ese reduccionismo, y no de otra parte, es de donde puede brotar la prenunciada catástrofe con la que el oficialismo amenaza en caso de perder la mayoría parlamentaria. Dígase, de paso, por si no se lo ha advertido, que identificar la salud del sistema democrático con la hegemonía siempre invicta de los criterios propios ya es estar fuera del sistema democrático.

Estamos, en fin, ante una Argentina que no deja de mostrarse a merced de las jaurías hambrientas que se disputan el monopolio de los recursos del Estado y los aportes privados. Para reorientarse, para refortalecerse, tendrá que optar por un marco institucional más sólido y sano. Sólo entonces nuestro país empezará a dejar de ser un celebrante del pasado, un devoto de la repetición y de la obsecuencia con el delito.

INVIERNO – De lo partido a los partidos

Santiago Kovadloff

Para LA NACION

Viernes 13 de marzo de 2009

sabat3 Foto: LA NACION  

Alfredo Sabat

Hay una reflexión de Molière que viene muy a cuento de nuestra clase política. Puede leérsela en El avaro , compuesto en 1668. Rústicamente glosada por mi memoria, asegura lo siguiente: “Todos los hombres dicen más o menos lo mismo. Sólo sus acciones permiten ver en qué difieren”. Pues bien, tras una campaña electoral signada por la grisura discursiva, llegó la hora de los hechos. Veremos quién difiere de quién, más allá de la retórica.

¿Qué espera la mayoría por parte de aquellos a quienes consagró como vencedores, el pasado 28 de junio? Negritas aquí

En sus frecuentes declaraciones públicas, tras renunciar a su cargo como jefe de gabinete, Alberto Fernández suele repetir que el Gobierno nunca entendió el mensaje que la sociedad le envió al impugnar la resolución 125. Y parece dudar, aunque más discretamente, de que Kirchner se avenga a comprender lo que le quiso demostrar la gente con la orientación que le imprimió a su voto en las referidas elecciones legislativas. Cabe, complementariamente, preguntarse si los opositores pertenecen o no a otra estirpe de oyentes y lectores de los hechos sociales relevantes. ¿Sabrán proceder como se les ha pedido que lo hagan?

La distribución del voto de esa mayoría es elocuente acerca de lo que se quiso expresar con ella: se demanda acuerdo, convergencia, entendimiento y transparencia. Todos los que ganaron han pasado a ser parte de un elenco indispensable, pero ninguno de ellos fue ungido como figura estelar. Se terminó el tiempo de los hombres fuertes y las instituciones débiles. Se acabó la soberanía indiscutida del monólogo.

Nada resultaría más auspicioso para este país abrumado por las arbitrariedades que un programa de trabajo explícito y público que así lo corroborara, asumido por los dirigentes favorecidos por el respaldo popular. Hablo de los opositores, porque el oficialismo, a lo que todo indica, no aspira a cambiar, sino a camuflar su resistencia al cambio. Y así será mientras busque el desquite y no la negociación. Mientras exija ser oído sin estar dispuesto a dejarse afectar por lo que oye. Es que cede en lo irrelevante, pero no en lo fundamental. Subrayados aquí

El acuerdo entre opositores debería cerrarse en torno a un repertorio de medidas imperiosas para el corto plazo y otro insoslayable para los plazos mediano y largo. Todas ellas, en conjunto, deberían asegurar el rumbo del país en los próximos diez años. Mientras ello no suceda, la oposición se reducirá a un conglomerado de disidentes con más sustancia temperamental que doctrinaria.

La Argentina, desfigurada por la pobreza, el desempleo, la inseguridad, la recesión económica y la crisis educativa, necesita ese acuerdo programático mayor por parte de quienes habrán de liderar la vida parlamentaria. Sólo así el futuro dejará de ser una previsible repetición del presente o, peor todavía, un agravamiento aún más pronunciado de lo que hoy ocurre. Como bien ha dicho Alberto Abad, ‘la política debe ser una máquina de generar esperanza’. Y ya sabemos que si no genera esperanza, genera desesperación.

En estos próximos días y luego, en el venidero diciembre, el Congreso puede empezar a transformar la significación social de la política. No hay otra manera de que se inicie el saneamiento institucional de la Argentina. Se trata de recuperar la política como práctica probatoria de un proyecto democrático que, entre nosotros, sigue sin haber consumado su transición desde el autoritarismo a la vida republicana. Y conste que, hoy, vida republicana significa, a mi entender, firmeza institucional en el marco de una alianza entre la clase media y aquellos otros sectores populares arrinconados en la exclusión, el hambre, la desocupación y la ignorancia. De esa transición incumplida no sólo es responsable, claro está, el oficialismo. También lo es la oposición. Esa oposición que, convertida en gobierno en la figura emblemática del radicalismo, terminó de hacerse pedazos durante la anémica gestión de Fernando de la Rúa.

Hay radicales, pero no hay aún radicalismo. De igual modo, hay justicialistas pero no hay aún justicialismo. De la misma manera que hay centenas de agrupaciones más sin auténtica identidad partidaria en un plano nacional.

La gente ha votado contra la fragmentación y, en esa medida, contra la ausencia de partidos reales. ¿Habrán aprendido los que hoy vuelven a ser depositarios de la confianza temerosa de un pueblo marcado por tantas decepciones? ¿Se harán cargo los elegidos? Si no se recupera la confianza en el Poder Ejecutivo y en la estructura jurídica del país, si no hay reactivación económica ni se termina con el hambre, no va a ser posible detener el drenaje de fe en la democracia en el que tanto se deleitan los totalitarios y demagogos. La discusión y las resoluciones parlamentarias orientadas hacia el logro de esos fines van a rehabilitar el enmohecido engranaje que debe regular el vínculo entre los poderes fundamentales de la Nación. La oposición triunfante tendrá que reinstalar la evidencia de que es posible dejar de mentir para gobernar y que el ejercicio perverso del poder no es una fatalidad. Así constituida, la oposición será promotora de un renacimiento decisivo: el de la convicción popular de que la función pública, desde su investidura más modesta hasta la más alta, puede estar al servicio del bien común. Ninguna dificultad será insuperable si hay acuerdo acerca de lo que es fundamental para el país.

Superar la fragmentación sectorial equivale a superar la incomprensión de la República. Lo necesario, en este orden de cosas, siempre es arduo. Pero lo arduo no es irrealizable. Para decidirse a enfrentar lo que sin duda es difícil y de lento desenlace basta con entender adónde nos han llevado los facilismos y la falta de escrúpulos. Y el Congreso debe ser el escenario propicio para alentar las convergencias que inspiren esa búsqueda. Lo prioritario sólo puede resultar indiscernible a quien no lo quiera ver. En este marco, la pregunta de fondo no es quién cuenta con mejores posibilidades de quedarse con la presidencia de la nación en el año 2011, sino qué debe aportarle a la Argentina el resultado de esa todavía lejana competencia electoral. Y si fuera el país el que entonces resultara vencedor, ello se deberá a que las condiciones de posibilidad de ese triunfo habrán empezado a ser forjadas desde ya. ¿Cómo? Promoviendo el tránsito del escenario dividido de los opositores al escenario unánime de la oposición, de lo extraparlamentario a lo parlamentario, de la periferia al centro, del desacuerdo al acuerdo, de lo partido a los partidos.

Si todavía es demasiado temprano para hablar de un auténtico bipartidismo, es demasiado tarde para seguir sin buscarlo. Hay una clase media paralizada y millones de argentinos empobrecidos por la ineptitud y la crueldad de la demagogia. Sin bipartidismo estaremos, como estamos ahora, más cerca del pasado que del porvenir. Y conste que hablo de partidos y no de movimientos. El único movimiento que me parece indispensable, de aquí en más, es el de la alternancia en el poder entre quienes, coincidiendo en el centro, lo aborden desde proveniencias distintas mediante legítimos matices diferenciales. En el país que cabe desplegar, desde el año del Bicentenario en adelante, el centro es el que debe expresar esa voluntad de reconstrucción, esa capacidad de transformar en logros razonables las enseñanzas nacidas de los padecimientos acumulados, la lucidez requerida para concebir lo necesario y la resolución ejecutiva que evidencie la fortaleza moral basada en convicciones democráticamente consensuadas.

Ya nadie consciente de los dilemas que la Argentina debe resolver se atreve a reclamar el liderazgo de un hombre providencial. Tal vez el pluralismo nos quede grande todavía. Pero el caudillismo ya nos queda chico. Es muy posible, por eso, que la Argentina de hoy esté mejor preparada que ayer para enfrentar la crisis que vive. Votó para probar que sabe lo que no la convence. Votó para que su exigencia de cambio se convierta en realidad.

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PRIMAVERA – “Rumbo al país del silencio”

Santiago Kovadloff

Para LA NACION

Viernes 25 de septiembre de 2009

 sabat4

Dígase lo que se diga, el hecho es irrefutable: en términos de liderazgo, la oposición sigue siendo un cuerpo sin cabeza. Retazos y más retazos.

Dígase lo que se diga, el hecho es irrefutable: en términos de liderazgo, la oposición sigue siendo un cuerpo sin cabeza. Retazos y más retazos. La atmósfera envenenada del desencuentro y la sospecha puede, entre sus partes, más que cualquier acuerdo tendiente a desbaratar las astucias e impudicias del oficialismo. Es el reino de la autosuficiencia, de la ineptitud para oír y hacerse oír.

La centroizquierda le cree al sapo cuando el sapo asegura que es un príncipe circunstancialmente hechizado. Fascinada, le regala sus obsecuencias a cambio de la promesa de un futuro redentor. Y, mansamente, se encolumna detrás del oficialismo. Contra toda evidencia histórica, esa izquierda obcecada sigue creyendo que el estatismo es la llave maestra de la acción progresista. Subrayados aquí

La historia muchas veces no alecciona, y éste es uno de esos casos.

¿Delitos? ¿Tergiversaciones de la verdad? ¿Cifras envilecidas por la mentira? ¿Valijas misteriosas repletas de dinero mal habido? ¿Consensos públicos desoídos? ¿Multiplicación de la pobreza? ¿Amenazas telefónicas? ¿Espionaje de correos? No caigamos -se nos sugiere- en la tentación de sobredimensionar su relieve.

Atónito ante el respaldo que le brindaba a Adolf Hitler, Karl Jaspers le preguntó a Martin Heidegger cómo podía proceder de esa manera. El autor de El ser y el tiempo se limitó a responder: “¿Ha visto usted qué hermosas manos tiene?”. Años después de viajar a Rusia, Jean-Paul Sartre sostuvo que, al volver a Francia, no había querido denunciar las atrocidades del estalinismo para no favorecer a la derecha. Así es. Usualmente, los espejismos revelan que lo son cuando ya es demasiado tarde para quien les ha conferido estatuto de realidad.

Hay dos personas, en la oposición, que se muestran empeñadas en alentar una embestida abierta contra tanto maniqueísmo y desmembramiento enconado: Julio Cobos y Eduardo Duhalde, dos políticos que, en algún momento de sus vidas, vieron o quisieron ver en Néstor Kirchner, como ahora lo hace la izquierda, una alternativa plausible para la reconstrucción de la República. Hoy, esos dos políticos confluyen. Uno está acusado de traición por el mismo hombre por el que el otro se siente traicionado. Ambos tejen, por lo que puede presumirse, un proyecto coincidente.

¿El desencanto habrá impartido aquí alguna lección? ¿La habrá impartido el afán de un porvenir y no sólo el apego sórdido al pasado? Ellos parecen acariciar juntos la gestación de un pacto de férrea interdependencia; un sostén mutuo entre los dos viejos y maltrechos partidos mayoritarios del país.

¿Tendrá descendencia democrática y republicana el abrazo memorable de Perón y Balbín? ¿Y quiénes serán los dos que, investidos de suficiente representatividad, se extenderán las manos uno al otro para fortalecer aquella inolvidable señal de anhelada convivencia? Parece mentira, pero el país arrastra impaga, desde el siglo XIX, una vieja deuda de unidad nacional ¿Servirá para algo innovador semejante capital de frustraciones? ¿Sabremos desoír alguna vez el canto de las sirenas de la repetición?

Muchas cosas enmohecidas siguen incidiendo en la política argentina. Los nuevos promotores de la transversalidad necesaria -esa que el matrimonio gobernante abandonó a favor de un verticalismo intransigente- tendrán que probar, entre tantas otras cosas, que el sindicalismo también puede modernizarse y democratizarse; dejar de ser lo que hoy entienden por él los que ejercen su arcaica jefatura.

Mientras tanto, el escenario político ofrece a quien quiera verlo un paisaje convaleciente. Ganar por separado para perder en conjunto parece ser, por ahora, lo que mejor saben hacer los que triunfaron el pasado 28 de junio. De modo que un Parlamento con mayoría no oficialista, a partir del próximo 10 de diciembre, no necesariamente será un Parlamento con mayoría opositora capaz de proceder como un cuerpo cohesionado por la conciencia de aquello que no admite más dilación. Demasiadas cabezas y escasa inteligencia común caracterizan el repertorio de quienes reducen la realidad a lo que cada cual puede ver por su lado.

Muchas son, en política, las formas del onanismo contemporáneo. Una de ellas es la autocomplacencia en el monólogo. Ese en el que el oficialismo también se deleita. Incapaz de producir hechos socialmente significativos y dignos de ganar estatuto de noticia, su conductor se empeña en amordazar la información difundida por quienes le recuerdan sus incumplimientos. Gobernar para controlar el pensamiento disidente y promover información sumisa es muy diferente de gobernar para producir transformaciones estructurales que merezcan divulgación y celebración colectiva.

Reducir la realidad al tamaño de los propios deseos siempre ha sido un sueño omnipotente de previsible desenlace catastrófico. En muchas cosas, seguramente, puede estar equivocada Elisa Carrió, pero no en la caracterización de Néstor Kirchner. El éxito logrado por el oficialismo en la manipulación del Consejo de la Magistratura invita a una expansión tentadora. El Gobierno ya hizo con la designación de los jueces lo que ahora busca hacer con los medios de comunicación. Es penoso. El país se extravía en la compulsión del corto plazo, en la afición a un oportunismo irresponsable y cruento.

Si exceptuamos los procedimientos dictatoriales, nadie, en democracia, se atrevió a llegar tan lejos como Néstor Kirchner en el afán de aniquilar el pensamiento crítico. Nadie ha puesto tanto empeño en hacer oír su voz para acallar las de los demás.

Tratemos, pese a todo, de entender a este amante sin igual del monólogo y el pensamiento único. Hay que imaginarse la contrariedad y aun el padecimiento que, en estos últimos seis años, debe de haber soportado una sensibilidad como la suya. Habituado a un entorno de silencio complaciente, sembrado con inclemencia y cosechado con deleite, ¿qué otra cosa que furia puede haber despertado en él el aluvión de disconformidades que promovieron sus conductas desde que, afincado en Buenos Aires, aspiró a convertir el país en un reflejo de la provincia que había gobernado? Ese torbellino ascendente de opiniones discordantes con la suya tiene que haberlo agobiado; agobiado y cargado de rencor.

En el remoto sur donde ejerció su implacable intendencia durante cuatro períodos consecutivos, Néstor Kirchner se acostumbró a homologar su palabra a la única existente. Convertido en presidente de la Nación, dio vida a un gabinete tallado en la obediencia al principio del mutismo y la incomunicación entre sus áreas. El acatamiento al mandato del silencio sin fisuras fue el primer juramento exigido a todos sus ministros y secretarios de Estado. Paralelamente, homologó y ordenó homologar toda voz disidente a la reacción, la oligarquía y el golpismo. Cada vez más, tendió a ejercer así su magistratura, y así es como sigue haciéndolo, disponiendo del poder que sólo en apariencia ha delegado. El descontento mayoritario, sin embargo, no ha cesado de crecer y manifestarse. De allí la urgencia de acallar cuanto antes la difusión de lo que las urnas probaron.

La hora del desquite sobre esa insolencia popular parece próxima tras la sanción parcial concedida por la Cámara de Diputados al proyecto de ley de medios de comunicación. Quizá pronto Néstor Kirchner vea habilitada por el Congreso su imperiosa necesidad de volatilizar el periodismo disidente. Podrá celebrar, de ese modo, los frutos de un trabajoso empeño en favor de la restauración del silencio insular que tanto provecho le reportó en el pasado. Acaso entonces el vacío crítico impuesto a ese sur enmudecido pueda empezar a extenderse sobre todo el territorio nacional y, por fin, reine con unanimidad donde hoy impera la vocinglería reaccionaria que los perversos liberales, incurables reaccionarios y golpistas de siempre reivindican como pluralismo, democracia y libertad de expresión

Atónito ante el respaldo que le brindaba a Adolf Hitler, Karl Jaspers le preguntó a Martin Heidegger cómo podía proceder de esa manera. El autor de El ser y el tiempo se limitó a responder: “¿Ha visto usted qué hermosas manos tiene?”. Años después de viajar a Rusia, Jean-Paul Sartre sostuvo que, al volver a Francia, no había querido denunciar las atrocidades del estalinismo para no favorecer a la derecha. Así es. Usualmente, los espejismos revelan que lo son cuando ya es demasiado tarde para quien les ha conferido estatuto de realidad.

Hay dos personas, en la oposición, que se muestran empeñadas en alentar una embestida abierta contra tanto maniqueísmo y desmembramiento enconado: Julio Cobos y Eduardo Duhalde, dos políticos que, en algún momento de sus vidas, vieron o quisieron ver en Néstor Kirchner, como ahora lo hace la izquierda, una alternativa plausible para la reconstrucción de la República. Hoy, esos dos políticos confluyen. Uno está acusado de traición por el mismo hombre por el que el otro se siente traicionado. Ambos tejen, por lo que puede presumirse, un proyecto coincidente.

¿El desencanto habrá impartido aquí alguna lección? ¿La habrá impartido el afán de un porvenir y no sólo el apego sórdido al pasado? Ellos parecen acariciar juntos la gestación de un pacto de férrea interdependencia; un sostén mutuo entre los dos viejos y maltrechos partidos mayoritarios del país.

¿Tendrá descendencia democrática y republicana el abrazo memorable de Perón y Balbín? ¿Y quiénes serán los dos que, investidos de suficiente representatividad, se extenderán las manos uno al otro para fortalecer aquella inolvidable señal de anhelada convivencia? Parece mentira, pero el país arrastra impaga, desde el siglo XIX, una vieja deuda de unidad nacional ¿Servirá para algo innovador semejante capital de frustraciones? ¿Sabremos desoír alguna vez el canto de las sirenas de la repetición?

Muchas cosas enmohecidas siguen incidiendo en la política argentina. Los nuevos promotores de la transversalidad necesaria -esa que el matrimonio gobernante abandonó a favor de un verticalismo intransigente- tendrán que probar, entre tantas otras cosas, que el sindicalismo también puede modernizarse y democratizarse; dejar de ser lo que hoy entienden por él los que ejercen su arcaica jefatura.

Mientras tanto, el escenario político ofrece a quien quiera verlo un paisaje convaleciente. Ganar por separado para perder en conjunto parece ser, por ahora, lo que mejor saben hacer los que triunfaron el pasado 28 de junio. De modo que un Parlamento con mayoría no oficialista, a partir del próximo 10 de diciembre, no necesariamente será un Parlamento con mayoría opositora capaz de proceder como un cuerpo cohesionado por la conciencia de aquello que no admite más dilación. Demasiadas cabezas y escasa inteligencia común caracterizan el repertorio de quienes reducen la realidad a lo que cada cual puede ver por su lado.

Muchas son, en política, las formas del onanismo contemporáneo. Una de ellas es la autocomplacencia en el monólogo. Ese en el que el oficialismo también se deleita. Incapaz de producir hechos socialmente significativos y dignos de ganar estatuto de noticia, su conductor se empeña en amordazar la información difundida por quienes le recuerdan sus incumplimientos. Gobernar para controlar el pensamiento disidente y promover información sumisa es muy diferente de gobernar para producir transformaciones estructurales que merezcan divulgación y celebración colectiva.

Reducir la realidad al tamaño de los propios deseos siempre ha sido un sueño omnipotente de previsible desenlace catastrófico. En muchas cosas, seguramente, puede estar equivocada Elisa Carrió, pero no en la caracterización de Néstor Kirchner. El éxito logrado por el oficialismo en la manipulación del Consejo de la Magistratura invita a una expansión tentadora. El Gobierno ya hizo con la designación de los jueces lo que ahora busca hacer con los medios de comunicación. Es penoso. El país se extravía en la compulsión del corto plazo, en la afición a un oportunismo irresponsable y cruento.

Si exceptuamos los procedimientos dictatoriales, nadie, en democracia, se atrevió a llegar tan lejos como Néstor Kirchner en el afán de aniquilar el pensamiento crítico. Nadie ha puesto tanto empeño en hacer oír su voz para acallar las de los demás.

Tratemos, pese a todo, de entender a este amante sin igual del monólogo y el pensamiento único. Hay que imaginarse la contrariedad y aun el padecimiento que, en estos últimos seis años, debe de haber soportado una sensibilidad como la suya. Habituado a un entorno de silencio complaciente, sembrado con inclemencia y cosechado con deleite, ¿qué otra cosa que furia puede haber despertado en él el aluvión de disconformidades que promovieron sus conductas desde que, afincado en Buenos Aires, aspiró a convertir el país en un reflejo de la provincia que había gobernado? Ese torbellino ascendente de opiniones discordantes con la suya tiene que haberlo agobiado; agobiado y cargado de rencor.

En el remoto sur donde ejerció su implacable intendencia durante cuatro períodos consecutivos, Néstor Kirchner se acostumbró a homologar su palabra a la única existente. Convertido en presidente de la Nación, dio vida a un gabinete tallado en la obediencia al principio del mutismo y la incomunicación entre sus áreas. El acatamiento al mandato del silencio sin fisuras fue el primer juramento exigido a todos sus ministros y secretarios de Estado. Paralelamente, homologó y ordenó homologar toda voz disidente a la reacción, la oligarquía y el golpismo. Cada vez más, tendió a ejercer así su magistratura, y así es como sigue haciéndolo, disponiendo del poder que sólo en apariencia ha delegado. El descontento mayoritario, sin embargo, no ha cesado de crecer y manifestarse. De allí la urgencia de acallar cuanto antes la difusión de lo que las urnas probaron.

La hora del desquite sobre esa insolencia popular parece próxima tras la sanción parcial concedida por la Cámara de Diputados al proyecto de ley de medios de comunicación. Quizá pronto Néstor Kirchner vea habilitada por el Congreso su imperiosa necesidad de volatilizar el periodismo disidente. Podrá celebrar, de ese modo, los frutos de un trabajoso empeño en favor de la restauración del silencio insular que tanto provecho le reportó en el pasado. Acaso entonces el vacío crítico impuesto a ese sur enmudecido pueda empezar a extenderse sobre todo el territorio nacional y, por fin, reine con unanimidad donde hoy impera la vocinglería reaccionaria que los perversos liberales, incurables reaccionarios y golpistas de siempre reivindican como pluralismo, democracia y libertad de expresión.

* * * * * * * * *

LAS CUATRO ESTACIONES”…

PRIMAVERA – “Hay mucha pasión”…

En el diario Perfil de la ciudad de Buenos Aires, el domingo 7 de octubre de 2007 con el título “Este Gobierno sabe que puede mentir”, incluyeron el texto completo de un reportaje de la periodista Magadalena Ruiz Guiñazú i al distinguido poeta y filósofo Santiago KOVADLOFF, escritor y columnista en el diario “La Nación” de la ciudad de Bueno Aires, Doctor en Filosofía (Universidad Nacional de Buenos Aires), Profesor en la Universidad Autónoma de Madrid, Miembro de la Academia Argentina de Letras. Autor de Cinco Poemarios, La biografía de la lluviaEnsayos de intimidadSentido y riesgo de la vida cotidianaLa nueva ignoranciaEl silencio primordialii

Expresó la destacada periodista: “Hay mucha pasión en las palabras de Kovadloff. Un hombre que, según sus palabras, lleva una vida…

-…¡casi monástica! ¡Absolutamente ordenada! Me dedico a escribir, a leer y a estudiar cuatro días por semana: de viernes a lunes inclusive. Martes, miércoles y jueves doy clases y dicto conferencias. Tengo muchos grupos de estudio privados y un taller literario donde todavía enseño para bastante gente. Pero desde hace un tiempo desarrollo una intensa actividad como conferencista itinerante. Viajo por todo el país discutiendo estos temas, tratando de mostrar la relación entre el compromiso de un escritor con su tiempo y el valor significativo y poético que la propia experiencia de vida hace a la construcción de una identidad cultural.”

Ecos de aquel reportaje tienen repercusión en estas páginas y considero oportuno reiterar con subtítulos, más señales y claves en la trayectoria del talentoso y perseverante Santiago KOVADLOFF:

En torno a “la siembra”…

“…Si en el afán de reflexionar sobre lo que sucede, buscamos lo que estructuralmente es representativo de cuanto ocurre en la vida, le diría lo siguiente: creo que sí hubo una expectativa que compartieron el Proceso de Reorganización Nacional (estoy hablando de la dictadura) y la insurgencia armada, y que hoy podríamos considerar como su gran triunfo conjunto; esa expectativa fue el descrédito de la democracia. ¡En ambas vertientes, por razones distintas, preponderó la idea de que el sistema democrático había caducado! Y que era imprescindible volver a empezar, ya sea a través de una revolución, como en el caso de la insurgencia armada, o a través de una reorganización, como imaginó la dictadura. Ambas instancias aspiraron a un punto cero donde la democracia y el sistema político quedaban abolidos como alternativa posible para la Argentina. Y el efecto de ese descrédito de la democracia, que está en la raíz de esas dos iniciativas políticas, cunde hoy por nuestra sociedad. Recordemos que el descrédito de la democracia fue alentado en su época más virulenta por estas dos fuerzas que se enfrentaron a través del genocidio de la dictadura y la lucha armada -hay mucha tristeza en estas palabras-. Este fenómeno produjo una ‘siembra’… de desaliento frente al sistema democrático y, en consecuencia, cuando la civilidad se vuelve a hacer cargo de la vida política del país, a partir de 1983, no logra restablecer la fe en la democracia entendida como un sistema que debe ser construido.”

“Una catástrofe de desilusión”…

MRG: -Y frente a esta terrible “siembra” de la que usted habla, quizá puedan haber sido factores determinantes dos gobiernos constitucionales como el de Isabel Perón (preludio de la dictadura) y, más recientemente, el de la Alianza. Una catástrofe de desilusión que no parecía imaginable…

-Efectivamente. Nadie podía prever lo que ocurrió con la Alianza. Pero lo que puede advertirse con claridad es que tanto la convicción de la insurgencia armada como la de la dictadura militar acerca de la caducidad de la democracia vienen preparándose a través de fracasos previos. También pienso en el hecho de que el peronismo nunca alentó en la ciudadanía la convicción de que el Ejecutivo formaba parte de un sistema de poderes, sino que alentó un poder absorbente que capitalizaba los recursos de los demás. En consecuencia, me parece que la “atonía” que observamos hoy es un efecto de un proceso que no logró ser revertido.

-…Porque, insisto, consistió en la “siembra” de descrédito del republicanismo democrático. Ahora bien, si usted me pregunta si en este panorama hay matices que relativicen el carácter “terminal” que podría tener esta vivencia de lo democrático, le diría que los veo. Quizá no matices determinantes pero, repito, los veo. Por ejemplo, a mí me parece que el socialismo es un partido pequeño que nunca tuvo una función relevante en la construcción del sistema político argentino de los últimos cincuenta años; sin embargo, jugó siempre un papel muy interesante en lo que podríamos llamar un coro de voces significativas. Es uno de los partidos que no fue afectado por la destitución, el derrumbe espectacular, de los grandes partidos políticos del país. ¿Y por qué? Mire, en la crisis de 2001 no se sobrepuso con un alto protagonismo pero sí con una resistencia y una constancia que tuvo desde siempre.

-…Si actos son amores, el socialismo es uno de los pocos partidos que le restituye credibilidad al sistema democrático. Y para lograrlo, el socialismo despliega dos estrategias: una es, sin duda, el triunfo de Binner, y la otra, la alianza con la Coalición Cívica. Esta alianza muestra al socialismo dispuesto a transitar con paciencia el camino de la reconstrucción del tejido político en el marco de la sociedad argentina. Un ejemplo de versatilidad y pluralismo notables. Una buena gestión que permite ganar las elecciones en Santa Fe y disposición al diálogo en tanto el socialismo se acerca a la doctora Carrió para incorporar a ese esfuerzo de coalición un espíritu de gestión que es indiscutible.

MRG: -Y a través de su experiencia, doctor, ¿no lo desconcierta una fórmula presidencial justicialista con un hombre de un partido de cien años y que hoy es radical K?

-Yo no creo que el radicalismo haya entrado en una etapa terminal en 2001. Diría más bien que inicia ese camino de agonía, de pérdida de protagonismo, cuando aún en tiempos del alfonsinismo aspiraba a homologarse al peronismo como fuerza rectora que tendía a absorber todas las diferencias necesarias que le dan sentido al diálogo y al debate pluralista con matices. Hay una fascinación por el procedimiento peronista… que muestra hasta qué punto el radicalismo no supo privilegiar sus principios para aunarlos al sentido de la oportunidad. En cambio, ¡privilegió el sentido de la oportunidad “pese” a sus principios! Y esto, me parece, el radicalismo lo pagó caro.

-…A través de las leyes de perdón, del pacto con el menemismo… Porque una cosa es sobrevivir y otra es hacerlo con la dignidad necesaria como para que quienes creímos en el radicalismo lo podamos identificar. Hemos perdido esa posibilidad y hoy el radicalismo no sólo está desfigurado por la absorción que el gobierno de Kirchner hace de muchas de sus figuras, sino que esa diáspora brutal se traduce también en la conducción formal que el partido tiene hoy”… iii

Luz, más LUZ…

Dijo Santiago KOVADLOFF: “…creo yo, hoy encontramos un mundo de posibilidades espectrales en el que la gente tiene que optar entre temperamento y figuras, pero no partidos. No hay partidos. Y una democracia sin partidos no sobrevive, no se reconstruye, no capitaliza sus padecimientos

MRG: -¿Usted cree que con el triunfo de la senadora Cristina Fernández podemos llegar a vivir en una democracia autoritaria?

-Yo diría que, actualmente, la democracia está desfigurada. Ya tenemos un simulacro de democracia y un simulacro de República. Después de la dictadura militar no se cumplió la transición a la vida democrática. No culminó. Quedó trunca.

Y le voy a dar algunos ejemplos del carácter trunco de nuestra democracia: a los desaparecidos, fruto del terrorismo de Estado, siguió la siembra de los excluidos por los gobiernos civiles.

A la inexistencia de tres fuerzas o de tres poderes institucionalmente representativos de la República sembrada por la dictadura militar siguió, en poco tiempo, después del inicio del alfonsinismo, la absorción del Poder Legislativo y del Poder Judicial por un Poder Ejecutivo que ha hecho del Estado una corporación más.

Y el tercer elemento, que me parece fundamental, es que estamos ante un gobierno que sabe que puede mentir con total omnipotencia porque frente a la mentira no hay credibilidad en la oposición.

-Esto genera algo sumamente desgraciado de lo cual van a valerse quienes actualmente están en el poder para seguir operando sobre este modelo, que yo caracterizaría de la siguiente manera: esta democracia nuestra es una democracia simulada que está al servicio de un caudillismo efectivo. Y le explico: éste es un caudillismo desde el que se ha logrado sembrar un orden alternativo al de la democracia. Ahora bien, el problema está en que si nuestra población logra ganar la autonomía de espíritu, educación y cultura, y capitalizar sus sufrimientos, pueda también hacer lo mismo que Toti Flores, un hombre que no aceptó la hipoteca de la prebenda estatal y, en cambio, optó por la alternativa de un trabajo que dignifica el sentido de la vida.

MRG: -Sin duda, el taller que ha armado Toti Flores, pero también la ayuda de Churba para coser delantales que hoy se exportan, es un ejemplo notable de solidaridad y talento.

-Tenemos entonces esta situación en la que la verdad del Estado es su condición corporativa y el mandato de la Presidencia es un mandato sin estructuras pluralistas que hayan sido convocadas. Debemos decir entonces que no sólo no existe la oposición, sino que tampoco hay oficialismo. Porque, fíjese, ¡el oficialismo se reduce aquí a una opinión dominante! Entonces, reconozcamos que no tenemos estructuras partidarias. El caudillismo tiene como finalidad substituirlas. ¡Pero esto es un retorno al siglo XIX, y ciertamente no un avance hacia el XXI!

-Yo diría que la Argentina no se preparó para ingresar en el siglo XXI. Hemos sabido transitar del XIX al XX porque tuvimos una dirigencia que provenía de un concepto del futuro hacia el presente. Estoy hablando de la generación del 80. Pero no hemos sabido transitar del siglo XX al XXI porque a mediados del XX preparamos la capitalización de la coyuntura y no de los desafíos del porvenir.

En consecuencia, el siglo XXI nos encuentra con dilemas irresueltos de cien años de antigüedad:

la desintegración territorial,

la ausencia de instituciones políticas creíbles,

la capacidad de brindarle al conocimiento el protagonismo que merece en la construcción de la identidad cívica.

Todas estas deudas han hecho de la Argentina un país que en los próximos cincuenta años, si no toma conciencia de su inactualidad, se va a extinguir en los modelos de esas naciones que están fatalmente condenadas a sobrevivir pero no a desarrollarse.

Necesitamos “ciudadanos-expertos”…

-Educarse hoy en la Argentina quiere decir, para mí, devolverles credibilidad a la democracia y a la República. Es infundirle a la educación especializada, a la capacitación profesional, sentido cívico. Es cierto: necesitamos expertos, pero ciudadanos-expertos, porque si el experto limita su formación a la capacitación profesional ingresa en un mercado que lo deglute como funcionario pero no como analista de la experiencia política y social que está viviendo. Es muy importante advertir que, en nuestro país, tenemos facultades pero no universidades.

-En las facultades se capacita a profesionales que, con mayor o menor fortuna, se desempeñan en un mercado laboral. Químicos, biólogos, profesores de Filosofía, psicólogos… Pero no tenemos universidades, porque la formación universitaria es la que permite comprender esto. ¿Cómo se inscribe aquello que uno sabe en el marco del quehacer colectivo que está orientado hacia la consolidación de la identidad nacional? Aquí, en Argentina, cada cual sale capacitado en su profesión, pero políticamente apático. Es decir, sin comprender que lo suyo debe “sonar” en un marco orquestal…

La crisis universitaria en la Argentina se inicia, creo, de manera notable durante el segundo gobierno de Perón y se acentúa brutalmente con el gobierno de Onganía. ¡Recordemos la Noche de los Bastones Largos! Onganía representa un momento en el cual la Universidad deja de protagonizar la construcción del país y aún hoy nos cuesta devolverle ese papel rector en la construcción de la ciudadanía. La descapitalización cultural y científica que esto representó no se puede recomponer por el solo hecho de traer de vuelta al país a los científicos que tuvieron que emigrar. Mi hipótesis es ésta: no hay verdadero desarrollo cultural sin democracia. Tampoco puede haber desarrollo científico, porque éste se basa en la capacidad de debatir, de preguntar y de cuestionar todo aquello que merece ser indagado. Sin libertad crítica no hay desarrollo científico. Por lo tanto, sin experiencia cívica, democrática y republicana, no florece la vocación por la ciencia. El Estado puede brindar recursos económicos para que los científicos trabajen, pero si el Estado no se convierte en el árbitro de la sociedad en vez de ser una corporación interesada en sus propios beneficios, fatalmente no tendremos la formación y la proyección deseables. Debemos tener muy en cuenta el ejemplo de Canadá: es un país que no llega a ser una potencia deslumbrante pero que, igual que Australia, Nueva Zelanda o Irlanda, se ha convertido en un país intermedio donde la cultura está llamada a desempeñar un papel de construcción de la democracia. La Argentina, en cambio, perdió contemporaneidad porque no tuvo políticas de Estado.

Magdalena Ruiz Guiñazú anunció la pausa…

Hay un silencio y luego Kovadloff añade, entristecido:

-Aprendió a durar pero no a crecer.

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VERANO – “Cooperación solidaria”…

Durante sucesivos diálogos por radio y televisión, han destacado que Héctor FLORES -más reconocido como Toty Flores­-, nació en la provincia de Entre Ríos.

“Fue vendedor de diarios”, llegó a Buenos Aires a principios de la década del ’70; “trabajó en el gremio gráfico primero y luego fue metalúrgico hasta la década del noventa. Es uno de los fundadores de los Movimientos de Trabajadores Desocupados (1995, generalmente nombrados “piqueros”) y es un referente del MTD – La Matanza, el Movimiento que rechazó los denominados Plan “Trabajar” (dádiva mensual del gobierno que no alcanzaba para los gastos de la canasta familiar y que algunos recibían sin trabajar con el compromiso de asistir y aplaudir en los actos).

Héctor FLORES prefirió promover el trabajo digno”, un derecho y un deber que aún no pueden ejercer los millones de desocupados registrados en este ocaso de la primera década del siglo XXI.

Fundador del Centro para la Educación y Formación de Cultura Comunitaria de Laferrère -el conocido CEFoCC– y fundador de la Cooperativa del “Barrio La Juanita” que en el año 2004 fue apoyada por Carlos March, director de “Poder Ciudadano”…

Desde esa organización autónoma, junto a Martín Churba comenzaron una campaña de difusión del original programa “Pongamos el trabajo de moda”, a los fines de “reactivar unas pocas máquinas que tenían los piqueteros y a las que no les encontraban la vuelta desde la producción ni desde la comercialización”.

Han rememorado Toty y Martín “casi a dúo… Surgió el guardapolvo como ícono transversal, que preserva la identidad, protege, iguala en las diferencias a médicos, maestros, chicos o mecánicos”.

Héctor FLORES participó también en el Departamento de Cooperación del Centro e integró el Consejo Asesor de la “Fundación Poder Ciudadano”; es socio honorario de la Asociación “Democracia Representativa” e integra el Consejo Asesor de Interrupción.

Toty FLORES es autor y compilador de dos libros impresos en “MTD Editora”.

De la culpa a la autogestión.

-Cuando con otros somos nosotros.

Desde El Tigre a Jujuy…

Han reiterado durante diversas entrevistas que el joven Martín CHURBA a fines de la década del ’90 comenzó a armar patrones para estampar sobre telas –textiles-, mediante imágenes fotográficas superpuestas hasta formar originales diseños.

Martín en aquel tiempo fue socio de Jessica Trosmann (nacida en Buenos Aires en 1966; estudiante de Diseño de Moda en Miami (Estados Unidos), con experiencia como consultora en empresas con marcas nacionales como “Ona Sáez” y “Kosiuko”.

Juntos lograron imponer la marca Trosmanchurba y obtuvieron el premio “Tijera de Plata” como revelación del diseño argentino, presentando la primera colección en Roma, luego en Nueva York durante dos temporadas consecutivas. Comienzos del siglo XXI, fueron los únicos diseñadores extranjeros invitados a la “San Pablo Fashion Week” de Brasil.

Al año siguiente se separan, ella crea su marca homónima…iv

A fines del siglo veinte, Churba realizó interesantes aportes en la cátedra de Diseño e Indumentaria Textil de Laura Novik en la Universidad Nacional de Buenos Aires, como lo destacan en la Fundación Costantini (Museo de Arte Latinoamericano de Buenos Aires).

En el 2002, imaginó Tramando mientras estaba en una isla del Tigre.

El 27 de mayo de 2005, la periodista María Eugenia Ludueña aludió al proyecto “Pongamos el trabajo de moda”, impulsado en el Puerto de Tigre por Martín Churba (34 años de edad en ese tiempo) y a los resultados de ese programa, organizado con un grupo de desocupados apoyados por empresas y asociaciones no gubernamentales. v

En su estudio situado en pleno centro de Recoleta -con secciones separadas “por biombos de gasa de bordes curvos”-, ha colocado un diploma que revela algo más acerca de su personalidad, recibido en el Taller de Costura del CEFoCC de Laferrère:

“El Movimiento de Trabajadores Desocupados de La Matanza

tiene el orgullo de reconocer a Martín Churba como una mano amiga,

cuya confianza nos sigue dando fuerzas para cambiar el mundo”.

OTOÑO – Señales globales…

Es oportuno rememorar algo de lo expresado por Martín Churba en mayo de 2007 -tiempo de la cercana candidatura de Toty FLORES para la renovación legislativa de diciembre-, mientras dialogaba con la periodista Laura Santillán, distinguida conductora del programa “Argentina para armar” del canal de cable “Todo Noticias”. vi

-¿Con Toti tuve la posibilidad de entender cómo está hecha la trama social y ver cómo somos capaces de relacionarnos y transformarla. Porque finalmente la transformás. Aprendí que lo que más valía de mi trabajo era mi capacidad de crear libremente. Y eso fue lo que traté de enseñar y transmitir. Cuando empezamos el proyecto de los guardapolvos, ellos, los piqueteros, me dijeron que también querían diseñar. ¿Por qué ellos no podrían vivir de esto, si yo lo hago? ¿Quién dijo que yo diseño y ellos confeccionan? Y hoy hay referentes de la cooperativa que trabajan en diseño. Se trata de generar posibilidades y cuando se generan, son para todos. Eso no me lo enseñó un cliente de Tramando, me lo enseñaron otros argentinos. Me fascina no estar en una burbuja.”

Martín Churba, respondió acerca de su “socio japonés”:

“…Tiene 60 años y una vitalidad que adoro. Siempre entendió que lo que él vendiera tenía que tener detrás una historia cultural, contar el lugar de dónde venía. Cuando conoció mi laburo en Nueva York, a los cinco días se tomó un avión y llegó a Argentina, se enamoró del país y dijo: ‘ahí está el futuro, esto es lo que hay que comunicar en Japón’. Y hoy generamos un puente muy fuerte con una cultura como es la japonesa.”

Luego breves preguntas y estimulantes respuestas de Martín Churba:

-Me enamoré de las provincias. Vos vas provincia por provincia y es como ir país por país, porque en cada lugar tenés relieves, costumbres, tonadas, hábitos, comidas diferentes. Tenemos la capacidad de generar identidad con pocos elementos. Hay toda una cultura de la artesanía textil, que perdura e incuba el futuro del lujo, lo que tiene aquello que no se puede pagar con dinero, pero que en el fondo es el verdadero lujo.

-¿Ahora estás trabajando en Jujuy?

-Fui contratado por la red de Organizaciones de Comunidades Kollas más importantes de la Puna y la Quebrada de Humahuaca. Me convocaron para optimizar la artesanía textil sobre patrones de calidad y de conceptos para el mercado. Mi trabajo tiene que ver con pensar cómo los productos pueden mejorar la calidad de vida de quienes los hacen, de quienes lo consumen.

-¿Qué significó la muestra en Japón del monte santiagueño?

-Hice una presentación con Mariana Baraj que cantó y llevamos como un pedazo de tierra santiagueña a Tokio para hablar de Tramando. Negritas aquí

Mi investigación termina siendo antropológica. Y eso es lo que más me gusta. El diseño no apunta a generar productos bellos ni que embellecen la vida solamente, sino que son procesos profundos, posibilidades de cambio. El diseño puede ser un agente de cambio social.”

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Sabido es que en agosto de 2007, Martín inauguró su innovadora propuesta artística y productiva “Tramando” imaginada dos años antes en “El Tigre” delta del río de la Plata…- y que incluía la puesta en marcha de una moderna TIENDA y LABORATORIOS para investigación sobre DISEÑOS y TEXTILES.

Los comentarios periodísticos indican que Martín es dinámico y entusiasta; participa en algunas reuniones en la Fundación Pro-Tejer y ejerce la docencia cuando es requerido para cooperar creativamente en áreas de Diseño Textil.

Mientras tanto, en la aldeana “Cofradía de los Duendes” situada casi a orillas del río Paraná, hay frecuentes alusiones a… El País de los Contrastes y no son pocas las crónicas que coinciden en tal caracterización.

Sabido es que exhiben en la TIENDA de Martín en la Recoleta porteña, remeras al precio de 180 pesos… vestidos de 1.200 pesos…

Venden también “guardapolvo piquetero. En un instante, se anudan dos extremos de la Argentina”, destacó María Eugenia Ludueña.

Lo más sorprendente es que como lo reiteran distintos periodistas, los guardapolvos piqueteros cosidos en Laferrère son adquiridos por algunas “elegantes damas” que suelen pasear por las calles de París para elegir diversas prendas para su guardarropa…

“Un sueño colectivo”…

Llega hasta la ciudad de la “Santa Fe”, el eco de lo expresado por Martín Churba referido a los diez años de convertibilidad cuando desde su punto de vista “se desactualizaron las fábricas y se empezaron a perder los oficios.

…Poner en marcha el sistema resulta más caro que pagar la prenda tres veces. Conclusión: hoy todo el mundo volvió a comprar en China. Pocos crecieron y evolucionaron. Se paga tres veces más que antes por importar lo mismo, y este costo, adivinen quién lo cubre… El último que compra”…

(Y así es porque en la Argentina está vigente tras sucesivas modificaciones, la ley que estableció el Impuesto al Valor Agregado, “el IVA” que de acuerdo al primer artículo, se aplica sobre “a) las ventas de cosas muebles situadas o colocadas en el territorio del país… b) Las obras, locaciones y prestaciones de servicios… c) Las importaciones definitivas de cosas muebles”… En el “Título II – Exenciones”, los artículos 7, 8 y 9 con sucesivos siete incisos… diversos puntos…)

La periodista María Eugenia Ludueña tras un diálogo con el diseñador Martín Churba, destacó fueron los trabajadores quienes diseñaron “los guardapolvos”…

Comentó que:

“Los guardapolvos desfilaron en Buenos Aires Fashion Week. Cuando Toty vio a Churba en la pasarela con el delantal, se le llenaron los ojos de lágrimas. La venta de los primeros 300 dio impulso al taller.

Churba tiró más leña al fuego: ‘Me pidieron unos guardapolvos para Japón, ¿se animan? Tenemos una semana’. Las prendas volaron puntualmente a la capital japonesa, con solapas triples y bolsillos diagonales, estampadas por los flamantes trabajadores. Hoy buscan crear su propia marca, asesorados por Churba. Y, desde aquel envío, las costureras no pararon. Confeccionaron cientos de delantales para otras empresas, miles de bolsos para un programa de alfabetización, y se animaron con remeras serigrafiadas y puffs para el jardín de infantes. Su apertura, dicen, fue posible porque tras el eco mediático de los guardapolvos llegaron las donaciones.”

En distintas circunstancias, algunos canales de televisión han difundido imágenes pertinentes al trabajo en ese Taller de Costura

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La periodista Ludueña en su nota refiriéndose a Martín Churba, escribió:

“El trabajo es para él ‘diversión, juego, responsabilidad, vida, dinero, posibilidad’. Le apasionan el arte -trabaja con la artista Nicola Constantino y Kuitca lo convocó para un proyecto-, la actuación (estudió 7 años) y el canto. Lo inspiran la naturaleza, dibujar, juntar piedras en la playa.”

Finalmente, lo dicho por Martín:

En lo individual me siento realizado, pero no como ciudadano. Trabajo con un grupo de piqueteros para tramar un sueño. Ayudar a que un emprendimiento así tenga éxito económico puede generar un cambio en la percepción en este país. No es tan difícil si la gente entiende que capacitarse y asociarse a líderes honestos crea oportunidad, puede desarrollar una industria. Tengo un sueño colectivo: el diseño de un país generoso y del que podamos sentirnos orgullosos.

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INVIERNO – FLORES… en el Congreso Nacional.

Durante una entrevista con la periodista Laura Vales a comienzos de septiembre de 2007, Héctor Toty FLORES tras el interrogante…

¿Y el Congreso les pareció una buena institución para entrar?

Héctor respondió:

Yo sé que vamos a un lugar desprestigiado. Es cierto: no debe haber peor lugar. El tema es si los lugares cambian a los hombres o si los hombres hacen a los lugares. Y, además, tenemos la libertad de irnos, porque no estamos pensando en hacer carrera.” vii

Toty FLORES fue electo diputado nacional por la Coalición Cívica Provincia de Buenos Aires (2007-2011).

Es el Vicepresidente 2º del Bloque; autor de varios proyectos de ley referidos a distribución de la riqueza, cooperación solidaria Integra las Comisiones de Asuntos Cooperativos, Mutuales y ONG – Industria – Pequeñas y Medianas Industrias – Población y Desarrollo – Prevención de Adicciones y Control del Narcotráfico. (Correo electrónico: hflores@diputados.gov.ar )

“Indignación y temor”…

Héctor Toty FLORES dialogaba a mediados de agosto de 2009 con el periodista doctor Nelson Castro y necesitó opinar acerca de la actual situación socio-política en la Argentina. Expresó con firmeza algunas de sus percepciones:

Las declaraciones de la Presidenta me provocaron indignación y temor”.

No se puede jugar con la ilusión de los pobresno ver lo que pasa en el interior del país”.

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Casi colofón…

cfkkHermenegildo Sabat viii

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i Magdalena Ruiz Guiñazú pertenece al árbol genealógico del ex ministro de Relaciones Extriores designado el 13 de marzo de 1941, durante la presidencia del doctor Roberto M. Ortiz, vicepresidente Dr. Ramón S. Castillo.

ii Títulos de algunas obras de Santiago KOVADLOFF:

iii Sigue así: “…y en el apoyo que le brinda a Lavagna. Le aclaro que Lavagna es un candidato con una enorme capacidad de gestión, un buen piloto de tormenta. Un hombre que merece realmente nuestra gratitud constante. Como, por otra parte, también lo diría, en muchos aspectos, con respecto a Duhalde. Pero me parece que Lavagna, un candidato justamente con aptitud de gestión, se rodea de partidos espectrales sin capacidad de gestión. Quiero decir que el apoyo de la estructura partidaria que recibe no está avalado por una gestión equivalente. El caso inverso es el de la Coalición.”

iv Martín Churba junto a Jessica Trosmann lograron impactar con sus diseños y los críticos insisten en “revolucionaron la moda”, como pioneros en “Palermo Soho” y exportadores a Kuwait, Arabia y Estados Unidos. Tras la separación, Jessica en el 2003 obtuvo el Premio “Tijera de Plata” a la mejor colección pre a porter… Ese año firmó acuerdo de exclusividad para manufactura y distribución con Vía Bus Stop de Jaón y en el 2004 empezó a presentar sus creaciones en showroom MC2 de París (Francia) participando desde entonces en las principales exhibiciones internacionales. (Información del Grupo CENTROMODA en Agosto de 2007.)

v Diario La Nación. Buenos Aires. Difundido desde “Fundación Pro tejer”.

vi Diario Clarín. Buenos Aires, domingo 22 de mayo de 2007. Título: Martín Churba: “La ropa es la piel social”. Diálogo con la periodista María Laura Santillán. // Agrego tras posteriores lecturas: Desde el diario “Clarín” insisten en que el proyecto de ley con media sanción de la Cámara de Diputados actualmente en tratamiento en la Cámara de Senadores con nuevas normas para los Servicios de Medios Audiovisuales, expresamente determina que “los propietarios de licencias de televisión no podrían explotar canales de cable” y que cada empresa de cable sólo podrá tener “un canal de generación local”. Si el proyecto fuera sancionado sin las imprescindibles modificaciones en el Senado -como lo pretende el gobierno nacional pidiendo que sea en acotado tiempo-, en el plazo de un año el grupo Clarín ya no podía continuar con “el exitoso Canal Todo Noticias” que de acuerdo a datos publicados, es visto y escuchado por cinco millones de habitantes en todo el país. Restringida el área, lo verían sólo quinientos mil residentes en la Capital Federal. Comentarios periodístico destacan que por idénticas decisiones, tampoco continuarían los Canales 26 y América 24 de otros propietarios

vii Diario Página 12. Lunes 10 de septiembre de 2007. Título: Una decena de piqueteros se candidatea en octubre” por Laura VALES. Es oportuno tener en cuenta que son candidatos proclamados por agrupaciones y partidos políticos… “Flores va quinto en la lista de candidatos a diputados nacionales por la provincia de Buenos Aires. Margarita Stolbizer tendría que hacer una muy buena elección para que él pudiera entrar. Quedó metido, además, en la contradicción de estar en la misma fuerza que propone volver a poner en el Congreso a Patricia Bullrich, ex ministra de Trabajo que fue calificada como antipiquetera”. / Expreso convencida: Margarita obtuvo un notable triunfo porque los ciudadanos que le otorgaron el voto hicieron una muy buena elección. Patricia Bullrich descendiente de Juan Martín de Pueyrredón y Héctor Toty Flores -entre otros de distintas latitudes- lograron ingresar como diputados nacionales durante la primavera de 2007 y a comienzos del verano era posible observar los primeros frutos…

viii Agrego casi como colofón en estas notas alusivas a CONCIERTO y DESCONCIERTO… LAS CUATRO ESTACIONES… ese dibujo de Hermegildo Sabat inserto la crónica publicada en “Clarín de Buenos Aires , el domingo 1º de abril de 2008. Al día siguiente, sábado 2 de abril “46º Aniversario de la Gesta de las Malvinas” –desde el 02-04 al 14-05-1982-, en del diario “La Nación” con el título: “Cristina se enojó con un dibujo de Sábat”, destacaron: “La Presidenta calificó a la ilustración publicada en Clarín de ‘mensaje cuasimafioso’. / La presidenta Cristina Kirchner volvió a cuestionar a la prensa en su discurso de ayer en Plaza de Mayo y, concretamente, le apuntó a una ilustración del periodista y artista plástico Hermenegildo Sábat que Clarín publicó en su edición de ayer. Cristina calificó el dibujo de Sábat de “mensaje cuasimafioso”. Lo hizo tras comparar ‘estos días de marzo’, con los momentos previos al golpe de Estado de 1976 que derrocó al gobierno constitucional de María Estela Martínez de Perón. / Dijo la Presidenta ayer, textualmente, al introducir el tema: ‘En estos días de marzo, amigos y amigas, hermanos y hermanas donde he visto nuevamente el rostro de un pasado, que pareciera querer volver’. / ‘Tal vez muchos no lo recuerdan, pero un 24 de febrero de 1976 también hubo un lock out patronal, las mismas organizaciones que hoy se jactan de poder llevar adelante el desabastecimiento del pueblo llamaron también a un lock out patronal allá por febrero del 76. Un mes después, el golpe más terrible, la tragedia más terrible que hemos tenido los argentinos’, afirmó Cristina. / Acto seguido, la Presidenta agregó: ‘Esta vez no han venido acompañados de tanques, esta vez han sido acompañados por algunos generales multimediáticos que además de apoyar el lock out al pueblo, han hecho lock out a la información, cambiando, tergiversando, mostrando una sola cara. Son los mismos que hoy pude ver en un diario donde colocan mi caricatura, que no me molesta, a mí me divierten mucho las caricaturas y las propias son las que más me divierten, pero era una caricatura donde tenía una venda cruzada en la boca, en un mensaje cuasimafioso. ¿Qué me quieren decir, qué es lo que no puedo hablar, qué es lo que no puedo contarle al pueblo argentino?’, concluyó. / Sábat trabaja en Clarín desde 1973. Reconocido internacionalmente, en 2004 recibió de manos de Gabriel García Márquez el premio de la Fundación Nuevo Periodismo por su ‘conducta intachable ante el poder’. Ciudadano Ilustre de Buenos Aires, antes, había obtenido en Estados Unidos el premio María Moors Cabot por sus ya célebres dibujos durante la dictadura militar.”