2010 – Silvia ZIMMERMANN del CASTILLO – Embajadora de PAZ

Silvia Zimmermann del Castillo, argentina residente en Buenos Aires, nació el 9 de noviembre de 1950. Sigo releyendo y elaboro esta síntesis.

Maestra Normal y Higher Cambrigde, egresada del St. Catherine’School en 1968. Durante cuatro años fue discípula de Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo; con él estudió literaturas escandinavas y fue su colaboradora.

Idiomas inglés, italiano y francés. Continuó estudios de música con Salvador Ranieri y de canto con Susana Nidich.

Compuso la música para el Poema “Conjetural” de Jorge Luis Borges.

Desde 1969, relacionada con Eduardo Mallea, Victoria Ocampo y su hermana Silvina, también con su esposo Adolfo Bioy Casares.

Obtuvo una Beca del Mozarteum Argentino y durante ocho años estuvo en París. Allí conoció a André Malraux, luego participó en emisiones culturales incluyendo la difusión de su diálogo con ese destacado novelista francés (1901-1976).

Tras investigaciones sobre “cuestiones antropológicas en relación con la mujer y la infancia y en América Latina”, colaboró con la Embajada de México ante la UNESCO en la redacción de ponencias, artículos y discursos.

Estudió “Antropología Social y Cultural” en l’École Pratique des Hautes Études, La Sorbonne de París y completó la especialización en culturas mexicanas. (1973-76).

En aquel tiempo estuvo relacionada con el escritor Julio Cortázar y al talentoso Atahualpa Yupanqui “con quien entabla una amistad que dura hasta el fallecimiento del cantautor. Con él profundiza estudios sobre los folklores latinoamericanos.

Durante el año 1978 vivió en Perú y estudió sobe el Arte de las culturas precolombinas. Al año siguiente retornó definitivamente a Buenos Aires, cursó y completó los estudios de Filosofía en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad de Buenos Aires. Sus cuentos, poesías y ensayos fueron publicados en el diario “La Prensa”. Publicó en 1983 su primer poemario titulado “La otra orilla” y desde Radio Nacional presentó el ciclo “Pensamiento Vivo”, dedicado a la Historia del Pensamiento.

Incluida en el “Diccionario Biográfico de Mujeres Argentinas”, 1983, Plus Ultra.

Desde 1984 se destaca como periodista, ese año escribió para el diario “La Nueva Provincia de Bahía Blanca (prov. de Buenos Aires), al año siguiente comenzó a colaborar con la redacción del Diario “La Nación” con notas literarias, alusivas a cultura e importancia de la educación; “está a cargo de la página de Filosofía de la revista Cultura. A su cargo la sección de Pensamiento en el programa de televisión “Diálogos con la Cultura” (1985). A fines de esa década, retornó a Francia y pronunció una serie de conferencias. Nombrada Directora en la Argentina del organismo intergubernamental Unión Latina y allí desarrolló una intensa actividad en 1992. Participó en la organización de Muestras de Arte y Exposiciones, estuvo en la Universidad de parís en 1993, retornó a Buenos Aires y participó en el Congreso Internacional de Terminología. Ese año, presentó su libro “La dimensión de lo imposible” –obra poético-filosófica- y por Radio Cultura, dirigió el programa “Pensando en voz alta”.

Viajó a la República Dominicana en 1994 para sucesivas conferencias, invitada por la Universidad Pedro Henríquez Ureña y dictó el Seminario “El universo de Jorge Luis Borges”, retornó a principios de la década siguiente.

En 1995, fundó y presidió la asociación civil “Espacio Latino de Integración”.

En 1996, invitó a Ilya Prigogine (Moscú, 25-01-1917/Bruselas, 28-05-2003), precursor de la Teoría del Caos y Premio Nobel de Química, para participar en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires.

Invitada por la Cancillería de Ecuador pronunció conferencias sobre América Latina en esa sede y en la Universidad “Simón Bolívar”. Continúa sus relaciones con destacadas personalidades de distintos países, invitó a la Argentina a los “teóricos canadienses Eric Marshall Mc Luhan y Derrick de Kerckhove.

En Bruselas, invitada por la Universidad Libre, en 1997 participó como reconocida filósofa argentina, en el Seminario bianual Ilya Prigogine de Ciencia y Filosofía.

En 1998, Directora de Relaciones Internacionales de la Universidad de Palermo. Invitó a Humberto Maturana a participar en la Feria Exposición Internacional del Libro de Buenos Aires. Convocada por la Organización de Estados Iberoamericanos (OEI), viajó a Madrid e integró el “equipo de desarrollo de la política de educación bilingüe en la región; documento presentado en la Cumbre Iberoamericana (Isla Margarita) y aprobado por todos los presidentes presentes.

Comienzo del siglo XXI. Nombrada Coordinadora de Extensión Académica y Cultural del Instituto Superior de Carreras Empresarias y Ambientales (ISCEA”.

Pronunció conferencias en la República Dominicana, invitada por ese gobierno y retornó en el 2002 para investigar sobre la vida del poeta Manuel del Cabral, invitada por el Banco Popular. Cuatro años después, invitada por el gobierno dominicano participó en la Feria del Libro de aquel país. Dictó el Seminario “Jorge Luis Borges: Lo lúdico de lo incierto”.

Algunos trabajos son publicados en la página “Opinión” del diario “La Nación” editado en la ciudad de Buenos Aires.

2006: Fundó el Capítulo Argentino del Club de Roma y es miembro de su Consejo Directivo y Directora Ejecutiva. i

Desde su reapertura, el Capítulo Argentino se dedica a organizar eventos, encuentros, publicaciones y a promover y sostener iniciativas en torno a cuestiones críticas de la actualidad en lo que respecta al desenvolvimiento pacífico de la sociedad y su desarrollo sostenible en todos los aspectos. Se ocupa ininterrumpidamente del cambio climático, las energías sostenibles, el desarrollo económico, la geo-ingeniería, la educación, la integración regional, con la participación de los más prestigiosos científicos, intelectuales, expertos y personalidades de nuestro país y del mundo, y de jóvenes dedicados y sobresalientes

Silvia Zimmermann del Castillo, participó en la Feria del Libro de Santo Domingo, República Dominicana (2006) y dos años después en la Comisión de la Unión Europea, Bruselas.

2010: Pronunció conferencias sobre Literatura y Pensamiento Latinoamericano en la Universidad de Bath, Reino Unido de Gran Bretaña.

Ese año, distinguida con el nombramiento de “Embajadora de Paz”.

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2006 – “Todo es agua”.

El 21 de marzo de 2006, en el diario “La Nación de Buenos Aires, publicaron otra interesante nota elaborada por la escritora y filósofa Silva Zimmermann del Castillo, recientemente refundadora del Club de Roma, Capítulo Argentino.

Releo, reitero y subrayo para facilitar posteriores consultas:

Lo dijo el sabio Tales en los albores de Occidente: ‘Todo es agua’. Al menos, la vida lo es, lo que ya es bastante, a pesar del desprecio al que, de manera sostenida, la someten los hombres.

En su Mileto, el filósofo habrá mirado largamente las aguas del Meandro derramándose en el Egeo y habrá observado con enamorada atención el río alzándose en vapores, los vapores haciéndose nubes, las nubes, lluvia, y la lluvia, tierra viviente. Éstas habrán sido, acaso, las inspiraciones de su concluyente aseveración, y es oportuno señalar que el agua, elemento precioso que nutrió los pensamientos míticos más primordiales, signaba ahora el nacimiento de un nuevo modo de pensar: el racional. La filosofía, la ciencia.

A veintisiete siglos de ese hito extraordinario, son propicios nuestros tiempos y sus circunstancias para recuperarlo del olvido y rendirle honores, aunque será inevitable celebrar la memoria con larga nostalgia y honda inquietud, ante la constatación de que muchos de esos ríos tumultuosos que despertaron la veneración de antiguos hombres y la certeza de nuestro sabio de Mileto hoy se desvanecen mucho antes de alcanzar sus destinos de mar; ante la confirmación incontestable de que, en vastas extensiones del planeta, el agua dulce que sacia la sed y determina la vida es ya un tesoro pretérito.

O lo será mañana.

Hace 13 años, la Asamblea General de las Naciones Unidas acordó instituir el 22 de marzo de cada año, como Día Mundial del Agua. La resolución no fue el resultado de un capricho, como tampoco es un eufemismo de la ociosidad, el que el 22 de marzo de 2005, se haya dado inicio a la Década Internacional de las Naciones Unidas para la Acción ‘Agua fuente de vida’.

Antes bien, serían estos indicios esperanzadores de que los hombres son, a pesar de todo, capaces de altas políticas.

La flagrante iniquidad en la distribución de los recursos hídricos, la contaminación tenaz de las fuentes, los saneamientos inadecuados, la creciente escasez de agua y, como la otra cara de la injusticia, su uso irracional, prefiguran el futuro escenario sociopolítico de la globalización.

El agua es el gran tema del siglo, y, dependiendo de la estatura humanística con que se lo aborde, será el gran riesgo de los próximos años o la gran oportunidad de los pueblos. El hombre termina siendo siempre la medida de la calidad del mundo en el que vive. Ciertamente, ambas resoluciones de las Naciones Unidas suenan como una apelación a la conciencia, un llamamiento a actuar y a actuar mancomunadamente cuando todavía es tiempo, cuando la crisis aún no alcanza el desafuero.

El drama está instalado y el conflicto, en ciernes. Basta hacer referencia a algunas cifras: 1100 millones de seres humanos carecen de agua potable; 2400 millones sufren la falta de saneamientos adecuados de las aguas; dos millones de personas -la mayoría, niños- mueren cada año de enfermedades asociadas con la falta de agua sana.

Meros números. Mediciones siempre frías, siempre abstractas. Basta con pensar en que, hacia 2025, se prevé que la demanda de agua será un 56 por ciento superior a la capacidad de suministro. Un 56 por ciento en el que no nos sentimos implicados, al menos nosotros, tesoreros, como somos, de una de las mayores reservas de agua potable del planeta. El mal parece ser algo que aqueja siempre al otro que no tiene rostro. Sin embargo, ésa es la realidad y una hipótesis de desenlace -no improbable, a la luz de las concepciones vigentes- es la guerra, con su capacidad de transformar ese 56 por ciento en un ciento por ciento de tragedia global.

Pero aún queda otra opción: que los hombres decidan transitar de una vez por todas, el camino hacia una convivencia pacífica. En ese caso, el agua es una gran oportunidad. Recuperar el apotegma del milesio significa mucho más que un aristocrático ejercicio de la memoria. ‘Toda novedad es sólo olvido’, sentenció otro sabio, Salomón, y a veces peregrinar a las fuentes permite ir más adelante y más lejos. Se trata de poner el agua, nuevamente, en el origen de todas las cosas, porque, acaso, su carácter de elemento primordial, su status de principio de todo lo que tiene vida, su condición de derecho inalienable de todo ser vivo, ilumine las inteligencias de los hombres para pensar y actuar en consecuencia, con la estatura que amerita la cuestión.

Acaso el agua, el origen de todo, pueda ser también, en este siglo que apenas comienza, el origen de una práctica de políticas de paz que trasciendan los miedos y las mezquindades con el alto propósito de honrar la vida.

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2007: CAOS – “La Argentina es para ser amada”…

Desde el diario “La Nación”, el miércoles 8 de agosto de 2007, difundieron lo expresado por la escritora y poeta Silvia Zimmermann del Castillo, con el título “Las delicias del caos”.

Releo, reitero y subrayo para facilitar sucesivas consultas.

Aquel otoño de 1997, Bruselas nos recibió luciendo un despliegue inaudito de ocres y dorados. Invitados por la Universidad Libre de Bruselas, éramos un grupo de amigos de Ilya Prigogine que llegábamos desde los más diversos rincones del mundo para asistir al homenaje que se le rendía al cumplirse 20 años del Premio Nobel que le fuera otorgado en Química por sus investigaciones sobre estructuras disipativas.

Es así como matemáticos, físicos, químicos, psicoanalistas y filósofos de la India, Japón, Canadá, Alemania, Rusia, Francia, España, Estados Unidos y la Argentina nos encontramos inmersos en un intenso seminario sobre el caos y sus leyes, que Ilya Prigogine presidió con apasionada inteligencia.

Llegó el momento del homenaje público en el vasto auditorio de la universidad.

Prigogine estaba visiblemente conmovido: la revisión de toda su vida, las palabras calurosas del rector, el discurso de su amiga Isabelle Stengers, la filósofa que lo acompañó en tantas aventuras intelectuales y publicaciones intrépidas, el telegrama de salutación de Boris Yeltsin, entonces presidente de Rusia, su país natal y, en el final, un regalo de la Universidad Libre de Bruselas, tan inesperado como sorpresivo.
Inesperado porque Prigogine no esperaba recibir regalo alguno, y sorpresivo, por consistir en lo que consistió: un antiguo mortero argentino. De más está describir la emoción que sintió quien esto escribe, aumentada al escuchar las razones por las que la universidad había elegido tan insólita pieza:

Hemos tenido en cuenta el amor que todos sabemos siente usted por la Argentina’.

Prigogine recibió el mortero con honda gratitud y se explayó largamente sobre el extraño encanto de Buenos Aires, la pampa infinita, la cordialidad de los argentinos, las bellísimas mujeres, los paisajes andinos silentes e intensos, los Suplicantes, esas figuras de piedra de la cultura alamito de nuestro Noroeste que habrían fascinado a Picasso. Sí, la Argentina es para ser amada.

En ese momento, y sin otro porqué más que el declarado amor de Prigogine y el de ser yo la única argentina presente, concentré las miradas y una pregunta:

¿qué misteriosa fuerza hay en su país que embruja de tal manera a nuestro profesor?

Miré sorprendida a quien me interrogaba y respondí:

El caos’. La risa de la señora Prigogine rompió el silencio circundante.

Por cierto, la Argentina es un país especialmente complejo, difícil de comprender. Un fenómeno fascinante’, observó el filósofo Mike Sandbothe. Cuando relaté el episodio a Prigogine, él exclamó: ‘Pero ¡claro que sí, el caos! Por eso es pura posibilidad’.

Así lo testimonian las más antiguas cosmogonías: en el principio fue el caos, y desde el caos emerge el orden.

El caos es una fuente inagotable de creatividad, la posibilidad siempre abierta de novedades y de creación.

Sin embargo, solemos calificar al caos con un signo negativo, contraponiéndolo al orden, e identificándolo con el desorden. Pero una lectura fina de la teoría del caos, esa rama de las matemáticas y la física que trata los comportamientos impredecibles de los sistemas dinámicos, nos lleva a considerarlo de manera más benigna.

Por empezar, el caos no es desorden.

Antes bien: el desorden sería casi opuesto al caos.

Mientras que el caos está en el principio de toda creación, el desorden, en su grado máximo, está en el final.

El caos es pura materia prima, pura energía que se ordena y reordena.


Lo propio del desorden, en cambio, es la disipación, la pérdida de energía.

El caos es algo así como un orden implícito que escapa a la comprensión y que evoluciona en impredecibles organizaciones.

El desorden, por su lado, sólo engendra más desorden.

No crea nada, sino que gasta la energía disponible, la disipa hasta alcanzar el punto de entropía en que ya no queda nada por gastar.

Gasta y malgasta.

No hay vuelta atrás, porque los procesos temporales son siempre irreversibles; tampoco hay avances, porque ese desorden más allá del cual nada puede gestarse, queda empantanado en sí mismo, confuso y estéril, o muere. Contrariamente, lo propio del caos es la capacidad de cambio y la adaptabilidad al cambio, la sensibilidad, la creatividad, la libertad en acción, lo novedoso.

De esta manera, el desorden, en su grado último, no aniquila al orden, sino al caos en su dinámica.

Por otra parte, así como el caos es más bueno que malo por ser pura posibilidad, el orden puede no ser bueno: pensemos en el orden de un régimen dictatorial.

El intelectual estadounidense Henry Adams escribió allá en el siglo XIX: ‘El caos engendra vida; el orden crea hábitos’.

Hablamos, por ejemplo, de la inseguridad creciente, la criminalidad en desafuero, la corrupción instalada, la pobreza profundizada, la televisión sostenidamente pervertida.

¿Caos o desorden?

Desde la teoría del caos, se puede decir que las condiciones iniciales que provocaron esta situación bien podrían identificarse en la apología del individualismo, el imperio de la libertad, la cultura del consumo. De acuerdo con las leyes de esta matemática de lo complicado, los sistemas caóticos crecen en complejidad, y puesto que la mayoría de los sistemas vitales son caóticos por impredecibles, el desorden será siempre más probable que el orden.

Por lo tanto, no debe sorprendernos que el individualismo exacerbado crezca en el desorden de la corrupción por codicia; que la libertad de expresión se desordene en procacidad; la cultura de consumo, en deseo incontenible; el deseo en crimen.

Y todo, en pobreza estructural.

Pero hay una buena noticia: la energía disponible del caos puede producir las novedades que rectifiquen el desorden, autoorganizándose en un nuevo orden.

El peligro radica en que ese alarmante segundo principio de la termodinámica, según el cual en el universo la energía no tiene más destino que su disminución, la entropía, alcance su punto de equilibrio y ya no quede lugar para el caos, para lo nuevo.

El hábito es una especie de rendición, y un mal indicio de entropía. Nos hemos habituado ya a que la corrupción es moneda corriente en los ámbitos empresariales y políticos, que la televisión está en manos de mercaderes codiciosos e inescrupulosos que guerrean por el rating con el arma barata de la procacidad en nombre de la libertad y que hay quienes patrocinan la procacidad en nombre del consumo, y que el crimen espera a la vuelta de cualquier esquina.

Corremos el riesgo de que el desorden malgaste los últimos recursos del sistema hasta alcanzar el punto máximo de entropía, incontestable medida del desorden como fin.

Corremos el riesgo de quemar la energía de la libertad en la tóxica combustión del libertinaje, que ahoguemos las sorpresas del caos en la parálisis de un desorden denso y mediocre. Existe el peligro de que, habituándose a lo peor, esta Argentina que enamoraba a Prigogine ya no sepa dar lugar a la inteligencia, al saber, a la justicia, a la belleza.
¿Y entonces qué? Me atrevo a imaginar lo que hubiera respondido el científico del tiempo y de la libertad: entonces, el trabajo y la esperanza, la que, pensándolo desde esta matemática de lo no lineal, tiene más que ver con el caos que con el orden.

Han transcurrido diez años desde aquel otoño; Ilya Prigogine murió en 2003.

De pronto, siento una infinita añoranza por el caos y sus delicias.”

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2010 Marzo. Avance británico en el Atlántico Sur…

El lunes 1º de marzo de 2010, desde el diario “La Nación” difundieron lo expresado por la poeta y escritora argentina Silvia Zimmermann del Castillo en torno al avance británico en el Atlántico Sur. Releo, reitero y subrayo para siguientes consultas:

Hablando de las Malvinas

El pasado mes de octubre asistí a la tradicional asamblea mundial del Club de Roma.

El encuentro fue en Amsterdam. La ciudad lucía una dorada transparencia otoñal, y una serenidad que ahondaban las bicicletas, con su tránsito rítmico y silencioso.

El segundo día fue el turno de mi exposición en representación del Capítulo Argentino. Pero no es éste el tema de estas líneas, sino lo que ocurrió esa noche.
La comida de gala se ofrecía en una austera iglesia del siglo XVII que atesoraba un milagro: la mayoría de sus vitrales habían sobrevivido a los bombardeos de la Segunda Guerra Mundial.

Antes de pasar a la mesa, los miembros aprovechamos la distensión del momento para intercambiar ideas, charlar, conocernos mejor. Fue entonces cuando conocí a Crispin Tickell. Ese hombre, que se dirigía a mí en un flemático acento británico, me pareció un personaje surgido de alguna página de Virginia Woolf.

La buscaba especialmente a usted -me dijo- porque escuché con sumo interés su exposición de esta mañana. Permítame presentarme.Es así como supe que se trataba de quien había sido el inspirador, defensor y negociador del restablecimiento de las relaciones entre nuestro país y el Reino Unido, después de la guerra de Malvinas.
La abrupta irrupción de un tema demasiado sensible para mí me tomó de sorpresa, por lo que sólo atiné a decir: ‘¡Qué inesperada emoción!, Malvinas es un tema muy doloroso para nosotros’.

Lo sé -repuso- y créame que lo comprendo porque siento por los argentinos un sincero afecto.’

Seguidamente, me habló del entonces canciller Dante Caputo, a quien elogió por su inteligencia y sólida formación en cuestiones internacionales, y de su visita a nuestro país, que guardaba entre sus más gratos recuerdos.

Vaciló unos instantes y agregó: ‘Hace unos años, estuve en las islas y me acerqué al cementerio de sus caídos para rendirle mi respetuoso homenaje’, y se inclinó ante mí replicando el recuerdo. Una súbita congoja me apretó la garganta.

El embajador Tickell hablaba de nuestros caídos, yo no podía dejar de pensar en que eran adolescentes; el me refería el llanto de algunos de nuestros jóvenes soldados al ser tomados prisioneros, yo no dejaba de pensar que eran nuestros hijos, inexpertos, casi niños frente a gurkas cuyo negocio es la guerra. El hablaba del orgullo británico mancillado por el desatino de un beodo, yo sentía la punción de un pasaje triste de nuestra historia y el intenso dolor de un amor.

Ahora que Gran Bretaña avanza sobre las aguas del Sur en su prepotente exploración petrolera, me vienen estas imágenes a la memoria, y me hago la pregunta que hice entonces a mi interlocutor: ‘Y ahora qué’.

La situación es compleja’, me respondió entonces.

Las realidades siempre son complejas, aunque sean simples las verdades; la complejidad es un ingrediente que saben agregar los hombres.

No dudo de la simple, diáfana y justa legitimidad de nuestros reclamos, y es mi convicción que una nación no debe resignarlos. Se trata de compromisos históricos con lo profundo de nuestro ser enraizado en la heredad, en el suelo, en las glorias, los fracasos, la grandeza y los errores.

Mis inquietudes surgen, en cambio, cuando me detengo a reflexionar sobre la salud espiritual e intelectual de los argentinos, en la cual sustentarnos para hacer valer nuestros derechos.

Es entonces que me pregunto: ¿en qué estuvimos ocupados todo este tiempo mientras Gran Bretaña incluía en la Unión Europea las islas como territorios británicos de ultramar, acrecentaba su presencia armada en las islas y preparaba esta maniobra artera que hoy nos ofende y nos provoca.

Las conclusiones me afligen: estuvimos retrotraídos a los años 70, exhumando rencores, denostando instituciones republicanas, envileciéndonos en una cotidianidad de recriminaciones e improperios públicos, degradándonos en nuestro diario vivir.

El Bicentenario encuentra un país debilitado en increíbles enfrentamientos internos, postergado, sumido en la procacidad, y ahora humillado por una iniciativa inglesa frente a la cual nuestra indignación no hace más que develarnos nuestra intemperie interior.
Y no porque deseemos ir a una guerra, como tan obstinadamente insiste Inglaterra en hacer creer, sino porque, a fuerza de reproches sostenidos hasta el hartazgo y de odios realimentados, hemos descuidado la tarea que nos correspondía encarar: la consolidación de la Argentina que debemos a los padres de esta patria, a nuestros hijos, digna y apta para la defensa de lo que ya es hoy antes que mañana, el más preciado tesoro de los tiempos y que nos ha sido dado en abundancia: nuestros recursos naturales.

Les cabe a nuestros gobernantes la responsabilidad de esta negligencia, pero también a la sociedad en su conjunto, porque los representantes que tenemos o padecemos no son sino la cara visible de una gangrena moral. Testimonio de ello son nuestro lenguaje soez y los contenidos de las declaraciones públicas tan groseras como ignaras. Efectivamente, nuestra realidad es compleja en vulgaridad, indolencia y liviandad.
Vez pasada, me detuve a escuchar los comentarios de un diputado nacional cuyo nombre ofrendo al olvido. De acuerdo con su visión, es absurdo hablar de crisis cuando la gente se va de vacaciones y no se priva de gastar. Quedé atónita ante esa insólita estadística ad hoc que hacía de la parte el todo, pero mucho más me alarmó sospechar que su concepción bien podía representar la miopía de una gran mayoría de ciudadanos.
En la urgencia por responder a la flagrante afrenta británica, hemos logrado el apoyo de las naciones latinoamericanas y caribeñas a nuestros reclamos y el reconocimiento de nuestra soberanía sobre las islas Malvinas, Georgias y Sandwich del Sur, y los mares circundantes. En este siglo que estará signado por la pugna por el manejo de los recursos naturales, este hecho que debemos honrar reviste una significancia esperanzadora, porque un hemisferio que se pronuncia en unidad es una fuerza moral cuya contundencia se fortalecerá ciertamente en el tiempo, si la Argentina se pone a la altura de las circunstancias.

Tenemos por delante una ardua tarea de reconstrucción a realizar en todos los ámbitos, comenzando por el de la calidad de nuestras interrelaciones, porque el lodo en que se han convertido nos invalida espiritualmente ante nosotros mismos para luchar las contiendas internacionales. Mi padre solía decir que no sólo hay que ser, sino también parecer lo que se es: ser digno y también parecerlo, porque a fuerza de malentender la libertad, hemos invertido los valores, sin advertir que, de tanto confundir obscenidad con veracidad, hemos corrompido nuestros pensamientos.

Para esta labor patria, habrá necesidad de lo increíble: la poesía retornando a la televisión y a los colegios, la literatura como ocupación social, los filósofos presentes en los debates sobre estrategias nacionales, la buena música en las calles, dar a los jóvenes de los barrios marginales no sólo las herramientas para sobrevivir, sino las herramientas para pensar de la manera más elevada. Abrir los horizontes que hoy nuestros hijos sienten clausurados no es una tarea de finanzas cuyas ecuaciones suelen cerrar siempre en detrimento de los necesitados, es una tarea de mentes y de espíritus para derivar muros y traspasar lo imposible.

Una nación es como una obra de arte en la que se trabaja de generación en generación, día a día, golpe a golpe, verso a verso.

Aquella noche, Tickell y yo hablamos de El Aleph, de Borges, de los sonetos de Shakespeare, de los ciegos de Sabato, del extraordinario género policial inglés. Ambos profesábamos por lo mejor de nuestros países una mutua admiración.

Él hablaba de las Falkland isles; yo, de las islas Malvinas. Pero al brindar por la paz entre nuestros pueblos, él dijo Falkand-Malvinas, y entonces sentí que acabábamos de escribir un poema.”

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2010 Julio: “Demasiado individualismo”…

Desde el diario “La Nación”, el martes 6 de julio de 2010 difundieron lo expresado por la escritora y poeta Silvia Zimmermann del Castillo, con el título “Demasiado individualismo”.

Releo, reitero y subrayo para facilitar sucesivas consultas.

Borges escribió en 1946 un ensayo titulado ‘Nuestro pobre individualismo’.

Está incluido en Otras inquisiciones.

En su brevedad, el escritor plantea básicamente que a diferencia de los norteamericanos y de casi todos los europeos, el argentino no se identifica con el Estado, por lo que ‘es un individuo, no un ciudadano’. El dato no es menor, si consideramos que, en virtud de este divorcio del individuo con el Estado, para el argentino, robar dineros públicos no es un crimen, lo que nos llevaría a dar con el humus metafísico de la corrupción.

En otro párrafo, nos dice que mientras que para el europeo el mundo es un cosmos en el que cada cual íntimamente corresponde a la función que ejerce, para el argentino es un caos, en el que, además, ‘el héroe popular es siempre el hombre solo que pelea con la partida’. Basta pensar en Martín Fierro, Juan Moreira o Segundo Sombra.

Lo curioso es que, aun siendo un acérrimo defensor del individualismo, Borges encuentra que el de los argentinos no deja de ser un individualismo pobre, por lo que se atreve a pensar en la posibilidad de un partido político que tuviera afinidad con nuestra peculiar idiosincrasia. Es decir, la posibilidad de que, sin resignar el individualismo, fuésemos capaces de ser también comunidad.

Los sucesos deportivos del mes me recordaron estas reflexiones.

Admito mi poco o ningún conocimiento sobre fútbol, no obstante lo cual no escapo al fervor que despierta la competencia argentina en un mundial. El sábado le até a mi gata una cinta albiceleste, preparé el mate y me acomodé frente al televisor para ver el partido de Argentina y Alemania. Desde su primera actuación, fui siguiendo el desempeño de nuestro seleccionado, con la actitud de una profana que no se priva por ello de sacar audaces conclusiones. Estábamos ante una instancia definitoria y me propuse seguir el derrotero de un partido que, desde el vamos, confirmaba mis sospechas. No me había atrevido a manifestarlo antes por exceso de pudor, pues, en realidad, no soy más que una escritora con vocación socrática. Si bien lejos estoy de considerarme pulpo o pitonisa, desde el tercer minuto de comenzado el juego supe que ya habíamos perdido, y a pesar de la esperanza que demanda el buen patriotismo, el aliento a rajatabla y el ‘no te des por vencido ni aun vencido’, desde ese instante intuí lo peor: una sucesión de goles sólo detenidos por el silbato final. No fue por eso menor la tristeza ante la derrota y, si bien no rompí en llanto, comulgué con el dolor de los muchachos que habían dejado en la cancha todos sus jóvenes esfuerzos y del resto de mis compatriotas que, enfundados en los colores argentinos, permanecían estáticos en las gradas del estadio o ante las enormes pantallas.

Así es el deporte: se gana y se pierde. Pero en esta ocasión, y en virtud de las proclamas y los alardes, el caudal de la derrota implicaba una suerte de humillación.

Al día siguiente llegaron nuestros hombres, y una multitud se agolpó en Ezeiza, para recibirlos con cantos de afecto. Gesto bueno de toda bondad, porque nadie duda de que esos 23 jugadores nuestros pusieron sus talentos, sus ganas, sus sudores y su amor. No caben los reproches, pero sí la reflexión crítica, valiente y sincera.

Es así como regresé a los pasajes de aquella aguda reflexión de nuestro poeta. Porque lo que pude percibir en el campo de juego fue la reiterada manifestación de nuestra debilidad. Lo que se hereda no se hurta, dice el adagio, y entonces pensé que nuestros jugadores, los técnicos, los comentaristas de fútbol, nosotros, no pudimos sustraernos de nuestro pobre individualismo, el cual, al enfrentarse con desafíos grupales, se manifiesta como culto al personalismo, al paternalismo y a la dificultad para trabajar en equipo.

Pocas manifestaciones lo muestran con tanta claridad como el fútbol. Algo me llamaba la atención: un deporte cuya fuerza radica en el conjunto parecía reducirse, en nuestro caso, a la suerte de un solo hombre contra la partida: Martín Fierro, don Segundo Sombra, Juan Moreira, pensé? Maradona, Messi? Del otro lado, el mundo. La responsabilidad no es de nadie en particular y es de cada uno de nosotros, como la patria: los argentinos no creemos en el conjunto. Y esta falta de fe se plasma en la imagen que se tiene de nosotros: una nación con brillantes individualidades que no logra, no obstante, triunfar como nación. Un seleccionado con un inquietante goleador que no atemoriza en lo grupal, según dijo el director técnico germano.

Hay algo más que deberíamos saber interpretar de esta experiencia.

Hipólito Taine fue un filósofo, historiador y crítico de arte francés del siglo XIX.

De 1865 es su obra Filosofía del arte. En uno de sus pasajes, Taine habla de las circunstancias que posibilitan el surgimiento del genio, y desarrolla un interesante paralelo con la naturaleza. Dice que la perfecta semilla de un naranjo puede sembrarse en distintos suelos y épocas, pero que serán la tierra y la temperatura más propicias las que harán prosperar esa semilla hasta convertirse en un naranjo excelso. De la misma manera, el genio y el cúmulo de talentos de una época o de un lugar necesitan de la temperatura moral favorable para florecer y desplegar su potencia.

Es decir: el genio es individual, pero su florecimiento y su esplendor son obra de una voluntad comunitaria que lo abriga, lo acompaña y lo complementa. Da Vinci fue su genio, pero fue también la temperatura moral de una época que hizo posible que Da Vinci llegara a ser Da Vinci y, sobre todo, que el mundo tuviera un Da Vinci.

De la misma manera, una temperatura moral inexistente o adversa es suficiente para que una sociedad y un tiempo se priven del brillo de sus más fulgurantes individualidades.

Borges es su genialidad y también su hogar, la revista Martín Fierro, Victoria Ocampo y Sur y Buenos Aires, con un grupo de Florida y un grupo de Boedo al que él personalmente nunca perteneció. El mismo Borges fue la culminación de una sociedad, de una suma de individuos que constituyeron un equipo silencioso pero comprometido en una estrategia de cultura, de valores literarios, de intereses estéticos. Me pregunto si de tener Borges 23 años hoy, con su Fervor de Buenos Aires recién aparecido, disfrutarían las generaciones futuras de la gloria de este Borges que acrecienta nuestra identidad. Mucho me temo que no. El individuo es el mismo, también el río de sueñera y de barro por donde vinieron los barcos a inventarnos la patria. Lo que ha variado es la temperatura moral. Y aunque parezca contradictorio, es esta temperatura moral la que nos lleva a fagocitar y a anular a los mismos valores que entronamos como ídolos.

Estos días de fútbol casi inexcusable me han hecho pensar que se necesita mucho más que la proclama del amor, mucho más que el héroe solitario. Se necesita la voluntad de individuos aunados en el objetivo de lo común, capaces de elaborar estrategias de conjunto, fortaleciendo todas las áreas, dando la importancia merecida a cada uno en su justo lugar.

Los goles infructuosamente esperados de Messi, la pasión de Maradona, desbordante pero insuficiente, el desconsuelo de nuestros deportistas, me llevaron a encadenar estas reflexiones que tienen en común la deliciosa pero ardua urdimbre de nuestro ser argentino, ese finísimo hilo de plata que reverbera en la luz de nuestras grandezas y trepida en la obstinación de nuestras frustraciones.”

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2011 – Estética – Ética

A fines de julio de 2011 desde una radioemisora, Ricardo Vanelli coordinador de “Clase Ejecutiva – Desde la Cultura”, destacó algo que han reiterado:

No se puede ser bueno si el entorno es una mugre”.

En aquellas circunstancias, cercanas de elecciones “primarias abiertas y obligatorias” que por primera vez se realizaban en la República Argentina por impulso del presidente Dr. Néstor Carlos Kirchner, prácticamente como sustitución de las votaciones internas en los partidos políticos a los fines de “elegir” precandidatos.

Ricardo Vanelli dialogaba con la escritora Silvia Zimmermann de Castillo en torno a que tipo de cultura tenemos desde lo emocional e intelectual.

Acerca de la Estética, la poeta rememoró que “para los griegos era casi sinónimo de bueno-bello. Destacó que…

La Ética es la Estética de la conducta, es una bella conducta”

Breve alusión a “Ariel”, obra del escritor uruguayo José Enrique Rodó que leí siendo adolescente. Comentó Silvia Zimmermann que fue “el primer best-seller”…

Releo el tercer párrafo del primer capítulo:

Ariel, genio del aire, representa, en el simbolismo de la obra de Shakespeare, la parte noble y alada del espíritu. Ariel es el imperio de la razón y el sentimiento sobre los bajos estímulos de la irracionalidad; es el entusiasmo generoso, el móvil alto y desinteresado en la acción, la espiritualidad de la cultura, la vivacidad y la gracia de la inteligencia, -el término ideal a que asciende la selección humana, rectificando en el hombre superior los tenaces vestigios de Calibán, símbolo de sensualidad y de torpeza, con el cincel perseverante de la vida.”

Intento de aproximación a lo digno

Ser más bellos a través de una conducta ética”.

La vulgaridad…

Tras escuchar lo expresado por Silvia Zimmermann durante aquella entrevista, elaboro esta síntesis:

Opuesto a lo bello es la vulgaridad como eje principal.

A la vulgaridad se la relaciona erróneamente con la libertad, con la apertura, con la amistad… Hay una valoración de un desvalor.

La vulgaridad es un desvalor que nos tira y nos iguala para abajo y… se hace creer al pueblo que una expresión vulgar… lo acerca más al pueblo, lo hace más amistoso con la gente de las distintas esferas sociales.

La cultura…

La cultura es todo, es lo compartido con una sociedad… por eso es tan importante que esa cultura tienda hacia lo más elevado, hacia lo superior.

La cultura tiene que ver con la capacidad del ser humano para discernir.

La democracia…

La democracia en sí es una oportunidad… para mejorar… con mayor libertad, equidad… y calidad de vida. Pero también la democracia puede degradarse y degenerar en oclocracia. Ya estaba visto por los griegos, por Platón.

La oclocracia…

Las democracias cuando no está asentadas en la virtud pueden degenerar en la oclocracia… que es el gobierno de los peores.

Me acerco a otro sitio y releo:

Polibio, historiador griego, en su obra Historiæ, VI, 3, 5-12; 4, 1-11, sobre el 200 a. C. llamó oclocracia al fruto de la acción demagógica y la definió como ‘la tiranía de las mayorías incultas y uso indebido de la fuerza para obligar a los gobernantes a adoptar políticas, decisiones o regulaciones desafortunadas’.

‘Cuando ésta (la democracia), a su vez, se mancha de ilegalidad y violencias, con el pasar del tiempo, se constituye la oclocracia“, Historiae, VI, 4. Según su teoría anacyclose -teoría cíclica de la sucesión de los sistemas políticos (a la que alude Maquiavelo)- la oclocracia se presenta como el peor de todos los sistemas políticos, el último estado de la degeneración del poder

Según El Contrato Social de Jean-Jacques Rousseau, se define oclocracia como la degeneración de la democracia. El origen de esta degeneración es una desnaturalización de la voluntad general, que deja de ser general tan pronto como comienza a presentar vicios en sí misma, encarnando los intereses de algunos y no de la población en general, pudiendo tratarse ésta, en última instancia, de una ‘voluntad de todos’ o ‘voluntad de la mayoría’, pero no de una voluntad general.”

“¿Cómo preservar la democracia de la oclocracia? Un fortalecimiento del poder político, por ejemplo del gobierno, pone un cierto límite a la oclocracia; ¿Pero en qué medida no se aparta también de la democracia que el poder pueda imponerse a cualquier decisión de la población?

¿Cuáles son los límites de este fortalecimiento de la autoridad? Podría considerarse un principio fundamental de la democracia tener un poder capaz de resistir a la muchedumbre; pero la cuestión es saber en cuales límites esto es posible sin pasar a una forma de tiranía mediante una alienación de la soberanía popular y un desprecio del gobierno con respecto al pueblo.”

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Desigualdades…

Ha expresado Silvia Zimmermann que…

La ignorancia lleva a un grado de pereza, pereza intelectual, pereza espiritual.

Hablemos de espíritu, es oportuno hablar de espíritu y yo creo, a mi entender, que esa vulgaridad está ofrecida a una masa que ya de por sí es perezosa para la sabiduría, es perezosa para el pensamiento

Yo lo veo muy marcado en nuestro país, el uso que se hace de la vulgaridad justamente, para adormecer conciencias, para mantenerlas adormecidas…. A un pueblo al cual no se le dan a veces, las herramientas intelectuales, espirituales… necesarias para que salga de un estado de adormecimiento espiritual, de esa pereza.

El argentino es un pueblo notoriamente inteligente… yo creo que desde hace varias décadas está muy adormecido.

Hay una dinámica entre sociedad adormecida y medios de comunicación social que apuntan a la vulgaridad, que es un círculo vicioso difícil de romper porque hay espacios donde la gente pensante y la libremente pensantePorque no existe tanta liberad como creemos

Hay una enorme crisis de valores. Hay la instauración del desvalor como valor, constante, sostenida… y vivimos una sociedad en una crisis de valores; una crisis moral peligrosísima.

Libertad y libre albedrío…

La apología de la antiética prácticamente es una apología del actuar groseramente que ya de por sí, estéticamente la grosería es -puesto que pertenece al ámbito de la conducta-… es una cuestión ética, por lo tanto es una antiestética en la ética, en las costumbres y por supuesto, implementa e instaura una sociedad de desvalores que se creen… que además, comprende el desvalor de la libertad que es un valor supremo.

Se hace además una sobredimensión del libre albedrío que es otra cosa.

El libre albedrío es la esperanza que tenemos cada uno de nosotros; cómo individualmente elegir, podemos elegir bien, podemos elegir mal… lo que no significa que estemos celebrando la libertad del enorme valor.

Ignorancia y analfabetistmo: crimen de lesa humanidad…

La cultura es una calidad de vida en una sociedad.

La cultura se cultiva con EDUCACIÓN.

La calidad de vida de la sociedad va a depender justamente de esa EDUCACIÓN que permita que haya acceso a ésta positivamente y que no se tilde de “clasista” a quien de pronto, cultive la ELEVACIÓN.

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No ha sido por casualidad que terminada esta aproximación a la fecunda siembra de Silvia Zimmermann, al leer las notas que diariamente recibo mediante correo electrónico desde el diario “La Nación”, considere oportuno incluir estas señales del filósofo Santiago Kovadloff, quien anoche -día de la Natividad entre los católicos-, dialogó con el doctor Mariano Grondona durante el programa “Hora Clave” transmitido por el Canal 26.

En la edición del 26 de diciembre de 2011, publicado el análisis de Santiago Kovadloff en torno a “las tensiones en el Gobierno y la irrelevancia de la oposición”.

La actual crisis política -ética y estética- es más profunda de lo que parece, por eso necesité subrayar algunas conclusiones.

Es casi el colofón de lo expresado hasta aquí…

El laberinto político

Acaso resulte sorprendente, pero a esta altura de los hechos ya no es inverosímil.

Muchos estiman que, por el camino que vamos, una madre, en diciembre del año 2015, podría ungir a su hijo como presidente de la Nación. Los Kirchner no están solos en el afán de construir una dinastía familiar. Los Moyano, en ese sentido, no aspiran a menos aunque, por el momento, se los vea rezagados. La pronunciada agonía de los partidos encuentra, en esta primacía política de la sangre, su diagnóstico más sombrío. Si una hija puede proceder como lo hizo Florencia Kirchner el pasado 23 de octubre y si una viuda puede lo que pudo Cristina Fernández al homologar el nombre de su difunto esposo a los valores supremos del Estado por los cuales decidió jurar como mandataria, es porque ya estamos incursionando en una nueva (o muy vieja) concepción del poder.

También en este sentido el llamado cristinismo se quiere como una etapa superadora del justicialismo. Perón no vaciló en entregarle el poder a su inefable segunda esposa mientras consagraba al pueblo como su único heredero. Un cóctel ciertamente explosivo. Los Kirchner llegaron más lejos y, a lo que todo indica, aún más lejos quisieran llegar.

Ha comenzado por estos días una carrera que se extenderá por los próximos cuatro años. En ella compiten intereses contrapuestos. La oposición debe pelear para ganar protagonismo; el Gobierno, para no perderlo. Dígase lo que se diga, es dentro de sus filas donde el Gobierno encuentra los principales obstáculos que debe superar.

Es en sus propias filas donde la Presidenta sitúa los riesgos mayores, aun cuando así no se lo admita. Sobre ex aliados, nuevos aliados, gobernadores de esquivo perfil y subordinados de siempre de dudosa fidelidad, recae la mirada inclemente de su desconfianza crónica. El estrellato ofertado a sus hijos no indica otra cosa.

La estrategia, mientras tanto, pretende hacer creer que sus enemigos son externos. ‘Corporaciones conspirativas’ es una de sus flamantes designaciones.

La oposición no sabe cómo dejar atrás su irrelevancia. La fragmentación que la inhabilita debe su vigencia a un modo de interpretar las necesidades del país y el papel de los liderazgos que la arrinconan en la intrascendencia. Nadie, en ella, ha pensado todavía cuál ha sido el aporte efectuado por todos sus dirigentes al desastre común.

Al Gobierno, en cambio, lo amenaza su descomunal concentración de poder.

Si se embriaga con ella, si profundiza su aislamiento, liquidará una incomparable oportunidad de liderar un proceso de reconstrucción democrática que la República pide a gritos. Y creo, desgraciadamente, que no será otro su rumbo. A lo que todo indica, no estima que su propia suficiencia pueda depararle ninguna frustración. Más aun: la Presidenta, lejos de tener la última palabra, como cabe a su función específica, tiene la única palabra que circula en su entorno. Faltan, entonces, no sólo los aportes que podrían hacerle algunas voces opositoras. Faltan, igualmente, el discernimiento y la sensatez que deberían proveerle, si las oyera, algunas de sus voces más cercanas. Falta, en suma, el aporte invalorable del pensamiento alternativo.

Pareció, hasta hace algún tiempo, que buena parte de ese aporte lo tenía a su cargo Carta Abierta. Hoy se tiene la impresión de que sus redactores han optado por la defensa intransigente de la acción presidencial, lejos ya de aquel espíritu crítico que motivó su origen.

La figura del disidente es una de las más odiadas por la Presidenta. Si se exceptúa la del traidor, no creo que haya otra que le inspire mayor rechazo. En la figura del disidente estalla la autocomplacencia oficial. En ella, encarna la disonancia que enfurece al Poder cuando ese poder lo quiere todo de un solo color. El hechizo del liderazgo hegemónico encuentra en el disidente su límite drástico. Es el lapsus de la lógica totalizadora, el ejercicio autónomo de la reflexión que atormenta al discurso excluyente o único. El poder autoritario necesita terminar con esa práctica para que el mundo vuelva a parecerse a lo que su sed de uniformidad le exige.

Si el fanatismo ha encontrado su lugar en el poder, ¿cómo no habría de encontrarlo la repugnancia al pensamiento crítico que aun subsiste fuera de él? Disentir de ese pensamiento cuando corresponde es el deber lógico del oficialismo y también de la oposición. Pretender silenciarlo, en cambio, buscar su ahogo, es estar decidido a sellar con la impronta de la intolerancia el triunfo del monólogo. Y, dígase de paso, la gran victoria del Gobierno en esta embestida contra el pensamiento crítico es, hasta ahora, la formidable apatía social que, en relación con este asunto, reina entre quienes integran el 46% de un electorado que no lo votó. Ninguno de sus representantes se hace oír al respecto con la contundencia necesaria.

Hay, además de la del disidente, otra figura que el poder no soporta. Es la que representa Moyano. Moyano no es un traidor ni es un disidente. Es el alter ego del oficialismo. Es otra voz del pensamiento único, pero enfrentada ahora a quien se dice su titular. Moyano fue ese aliado que ya no conviene tener. Útil hasta ayer; hoy, disfuncional. Ha llegado, pues, la hora de privarlo de legitimidad. El proceso histórico en marcha exige, al parecer, esas alianzas y estos enconos. Moyano, por supuesto, responde con la misma moneda con que le pagan. Pero, en la lucha por el poder, las palabras no suelen ser sino el preámbulo de los hechos. El Gobierno exige subordinación incondicional. Moyano no se muestra dispuesto a retroceder. La prensa es lo que Cristina más odia, pero Moyano representa el poder que más la desvela.

Ambos, la Presidenta y el sindicalista, se saben inflexibles en su ambición. Una vez más, el peronismo exhibe las tensiones que genera su división. Una vez más, el país parece depender del curso que tomen esas remotas beligerancias.

Si fuera posible pronunciarse con cierta objetividad, diría que, desde 2001, éste es uno de los momentos más inquietantes de la política argentina. Acaso porque estamos en el umbral de acontecimientos de infrecuente intensidad: un gobierno que se dice peronista enfrentado al sindicalismo; una distancia electoral entre el oficialismo y sus adversarios del 37%, vale decir, como nunca se ha visto; una predilección de la Argentina por el trato con los países políticamente menos evolucionados de América latina y una simultánea reserva en las relaciones con los países más avanzados del subcontinente; casi tres décadas ininterrumpidas de vida democrática y una fragilidad institucional indisimulable.

La Argentina se encuentra en un proceso de declinación muy pronunciado. Si hoy no puede extraer lecciones de un mundo convulsionado por sus contradicciones, podría al menos extraerlas de su propia historia. Pero no. Entre nosotros la proclividad a la repetición del error ejerce una fascinación sin mengua. Lo que se repite cambia de formato, no de contenido. La Constitución es pretextual. Lo es desde hace mucho.

La necesidad social de que así no fuera le permitió a Raúl Alfonsín ganar las elecciones de 1983. Pero la imposibilidad de dar sustento en el largo plazo a esa necesidad minó su gestión al poco tiempo de iniciada. Los gobiernos que siguieron al suyo ya concibieron la ley, abiertamente, como un instrumento servil del poder.

La declinación cívica de la Argentina se inició en el interior de los partidos políticos cuando empezaron a abandonar su prédica docente y su labor programática para dejarse ganar por un oportunismo perverso. Así es como hoy están pulverizados.

Profundizaron esa declinación, ni qué decirlo, los golpes militares. Y los dos últimos gobiernos, al que ahora se suma un tercero, supieron capitalizar los frutos amargos de ese deterioro. Ellos han fortalecido, como sostuvo Natalio Botana, ‘una democracia sui generis organizada en torno a la hegemonía del Poder Ejecutivo’.

Vuelve a cobrar vida de este modo un viejo proyecto de liderazgo político asentado en una figura dominante que se postula como equivalente al Estado.

Si supiéramos entender lo que quiso significar Guillermo Jaim Etcheverry con su obra La tragedia educativa, tal vez comprenderíamos que en ella no aspiró a pronunciarse ante todo un experto en la materia. Lo que allí ha hecho Jaim Etcheverry es mostrar, con inusual penetración, que la educación maltrecha que hoy abunda entre nosotros es un síntoma de la pobreza estructural y de la mezquindad ética que imperan en la concepción de la política; pobreza y mezquindad que nos extravían en un laberinto del que, todavía, no sabemos cómo salir.

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ELOCUENCIA del silencio…

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23-10-2011 La Presidenta reelecta Cristina Elisabet Fernández Wilhelm de Kirchner,

recibe la banda de manos de su hija Florencia. 

Segundo plano: Vicepresidente Ing. Julio Cleto Cobos (2007-2011)

Foto: LA NACIÓN / Fabián Marelli

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Nidia Orbea Álvarez de Fontanini. Ocaso del 2011…

i En 1968, se constituyó el “Club de Roma” por iniciativa del empresario italiano Aurelio Peccei y del científico escocés Alexander King, tras sucesivas reflexiones en torno al “concepto entonces imperante de crecimiento económico entendido como panacea de los males sociales”, conclusiones que interesaban a personalidades de distintos países y razón por la cual comenzaron a reunirse para evaluar los impactos del crecimiento infinito sobre el equilibrio ambiental y los riesgos para la vida de la humanidad. Dos años después, diecisiete investigadores del Massachussets Institute Of Technology por encargo del Club de Roma realizaron diagnósticos y estudios sobre tendencias, bajo la “dirección de Donnatella y Dennis Meadows, se realizó utilizando la técnica de dinámica de sistemas más avanzada del momento: el World 3. Los resultados se dieron a conocer, en marzo de 1972, bajo el título de ‘Los Límites del Crecimiento’…” // En 1990 se creó el “Capítulo Argentino” disuelto luego del fallecimiento de su presidente Dr. Saturnino Montero Ruiz. El Club de Roma concedió la autorización para refundar Capítulo Argentino en el 2006, tiempo de expansión de esa organización que ininterrumpidamente promueve estudios y acciones relacionadas con la Paz, el Agua como derecho humano, Alimentación -producción-, Educación, Energías Renovables y Desarrollo Sostenible