Voces y ecos de trinos.

Voces y ecos de trinos…

Pájaros en la poesía precolombina…

Otoño de 1970. Aún estaban dispersos los misteriosos personajes que cerca de la mujer tallada, integraron la Cofradía de los Duendes.

Ella junto a Eduardo, su amado amante, leía: i

La literatura indígena americana, oculta y rechazada durante los primeros siglos de la conquista española, se conserva en forma fragmentaria gracias a la tarea libre de prejuicios que unos pocos sacerdotes españoles llevaron a cabo en el nuevo continente, pero sobre todo, gracias al desesperado esfuerzo de los indígenas, empeñados en conservar los testimonios de un pasado memorable. Si bien los pueblos americanos no lograron un sistema de escritura fonética, se valieron de otras formas representativas que, aunque imperfectas, sirvieron, junto con la tradición oral, para conservar y transmitir su cultura.”

Canto a Hutzilopochtli

Haciendo círculos de jade está tendida la ciudad,

Irradiando rayos de luz cual pluma de quetzal está aquí México;

Junto a ella son llevados en barcas los príncipes;

Sobre ellos se extiende una florida niebla.

¡Es tu casa, Dador de la vida, reinas tú aquí:

en Anáhuac se oyen tus cantos:

sobre los hombres se extienden!

Aquí están en México los sauces blancos,

aquí las blancas espadañas:

tú, cual garza azul extiende tus alas volando,

tú las abres y embelleces a tus siervos.

Él revuelve la hoguera,

de su palabra de mando

hacia los cuatro rumbos del universo.

¡Hay aurora de guerra en la ciudad!

(Ms. Cantares Mexicanos) p. 11-12

Atavíos a Huitzilopochtli

Huitzilopochtli, Guerrero,

Colibrí a la izquierda,

Tus insignias y atavíos:

casco de plumas amarillas

y penacho de quetzales.

Orejeras de pájaro azul,

soplo de sangre en la frente,

a rayas la faz,

a la espalda armas y divisas

de enemigos vencidos.

Huitzilopochtli, Guerrero,

Colibrí a la izquierda,

las caderas atadas con mallas azules,

las piernas color azul claro,

campanillas, cascabeles en las piernas.

Sandalias de príncipe,

serpiente turquesa por ynahual,

rodeada por escudo, el Tehuehuelli,

haz de flechas sobre el escudo,

bastón de serpientes erguido en la diestra,

y en la izquierda, bandera de plumas de quetzal. p. 12-13

Cantos de cosas chichimecas

(Fragmento)

En la florida estera de los Águilas,

con manojos de flores divinamente labradas,

hace brotar su bello canto mi príncipe Moteuczoma el chichimeca.

……………………………………………………………………………………………………

Tu morada está hecha de pétalos de esmeralda,

cuyo follaje son plumas de Quetzal y que abren sus corolas de oro,

oh mi príncipe chichimeca Moteuczomatzin.

……………………………………………………………………………………………………

Se elevan como el Águila blanca se entreveran como el ave Quetzal,

con las aves color de fuego se han matizado

dentro del cielo Tlacahuepantzin e Ixtilcuechahuac.

……………………………………………………………………………………………………

Descansa aún, oh vecino mío, modelo de príncipes,

Moteuczoma,

entre los árboles del cacao, donde se yergue la Flor de nuestra carne:

aves doradas y sonrosadas revuelan sobre el licor florido.

Canta aún, oh Moteuczoma, fija tus ojos en el templo,

al ir subiendo, fija los ojos en el lugar donde penden ricas plumas.

Donde los hombres nacen, convertidos en aves enfloradas de oro,

Canta el otomí es que te llora a ti, o chichimeca…

Esta él, junto a mí, entre montañas de plumas de quetzal:

fijad la mirada, vecinos tlaxcaltecas: allí está vuestro padre.

En estera de pitadas flores reina:

el ámbito interior del cielo es su morada.

Mi muerte florida: las flores de mi lanza abren su corola.

Canta porque se ha ido el otomí, águila de collar,

nadie puede entender ni comprender su lenguaje que imitamos.

Oh, jamás acabará el plumaje de quetzal del rey Axayácatl:

se hacen cañas de piedras preciosas, se hermosean sus joyeles de collar:

nadie puede entender ni comprender su lenguaje, que imitamos.

Aun cuando en mi canto sufro, sin embargo, alzo mi canto:

hacer otro tanto en vuestros corazones,

pero en verdad yo soy ciertamente otomí.

¿Dónde se ha posado ahora? Puede elevar su bello canto,

puede aquí tomar sus flores y su sonaja:

Gozad, yo por mi parte soy otomí.

Yo desprecio las flores, nada es mi canto;

soy musaraña de las montañas, felices vosotros amigos míos,

cuyo corazón al parecer está matizado de multicolores gemas.

Yo ambiciono los cantos que ofrecen los hombres de las juncias,

cuyo corazón al parecer está matizado de multicolores gemas.

Se aparecen las flores, se hermosean las flores del blanco otomí:

Dentro de la cabaña está el otomí, cual zacuán.

Con vuestras orejeras multicolores os habéis hecho gloriosos,

Oh mexicanos, dentro de la cabaña del zacuán otomí.

Poesía azteca.

En “Antología precolombina”

Buenos Aires, CEAL, mayo de 1970.

Popol Vuh

(Fragmento – 2ª Parte, Capítulo V)

“Humbatz y Hunchouén eran grandes músicos y cantores, habían crecido en medio de muchos trabajos y necesidades y pasaron por muchas penas, pero llegaron a ser muy sabios. Eran a un a tiempo flautistas, cantores, pintores y talladores, todo lo sabían hacer.”

“Sin embargo, no demostraban su sabiduría por la envidia que les tenían pues sus corazones estaban llenos de mala voluntad para ellos, sin que Hunahpú e Ixbalanqué los hubieran ofendido en nada.

Estos últimos se ocupaban solamente de tirar con cerbatana todos los días, no eran amados de la abuela ni de Hunbatz, ni de Hunchouén. No les daban de comer, solamente cuando ya estaba terminada la comida y habían comido Hunbatz y Hunchouén, entonces llegaban ellos. Pero no se enojaban y sufrían calladamente, porque sabían su condición y comprendían todo con claridad. Traían unos pájaros cuando venían cada día, y Hunbatz y Hunchouén se los comían, sin darle nada a ninguno de los dos, Hunahpú e Ixbalanque.

La única ocupación de Hunbatz y Hunchouén era tocar la flauta y cantar.

Y una vez que Hunahpú e Ixbalanqué llegaron sin traer ninguna clase de pájaros, entraron (en la casa) y se enfureció la abuela:

-¿Por qué no raséis pájaros?, les dijo a Hunahpú e Ixbalanqué.

Y ellos contestaron: -Lo que sucede, abuela nuestra, es que nuestros pájaros se han quedado trabados en el árbol y nosotros no podemos subir a tomarlos, querida abuela. Si nuestros hermanos mayores así lo quieren, que vengan con nosotros y que vayan a bajar los pájaros, dijeron.

-Está bien, dijeron los hermanos mayores, contestando, iremos con vosotros al amanecer.

………………………………………………………………………………………………………

Iban acompañados de sus hermanos mayores y tirando con la cerbatana. No era posible contar los pájaros que cantaban sobre el árbol y sus hermanos mayores se admiraban de ver tantos pájaros. Había pájaros pero ni uno solo caía al pie del árbol.

-Nuestros pájaros no caen al suelo. Id a bajarlos, dijeron a sus hermanos mayores.

Muy bien, contestaron éstos. Y en seguida subieron al árbol, pero el árbol aumentó de tamaño y su tronco se hinchó. Luego quisieron bajar Hunbatz y Hunchouén, pero ya no pudieron descender de la cima del árbol. p. 47-48

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Por algo, aún se percibe la resonancia de “cantos marroquíes antiguos”, según la leyenda, expresados en el quinto cántico, por “un tal Sidi Hammu”

“Al que tiene el corazón roto, quién se lo sanará

sino la sonrisa del amigo o su palabra.

El corazón que no tiene a quien hablar,

mejor es que se revuelque en el exilio o en la misma muerte.

No podrá decir jamás, aquél que no tiene amigo: yo fui feliz;

porque la vida, sólo los amigos la hace soportable.”

¡Oh, Gastón y Charito… amigos a perpetuidad!…

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2003: memoria necesaria…

No ha sido por casualidad que nuestro amigo, el poeta Jorge Muñoz de San Genaro, haya sentido el impulso de escribir…

Otoño melancólico

(A Gastón Gori)

Tarde abril, nostalgia provinciana

en las calles soleadas de mi pueblo.

Agonía en la lluvia amarillenta

de las hojas marchitas de los fresnos.

Sensación de ociosa pesadumbre,

a través de la ventana miro el cielo

azul brillante, sin pájaros, sin nubes,

se pierde tras los árboles de huerto.

A ratos rompe la quietud callada

el vendedor ambulante y pregonero,

y se ríe sobre el poste de energía

atusando su pico, algún hornero.

Que se puede decir sobre las tardes

que nos deja el otoño aquí en mi pueblo,

perfumes de naranjos y humaredas

y esta sed de vivir mirando el cielo.

Jorge Raúl Muñoz.

De “Por los antiguos ríos”.

San Genaro (Prov. Santa Fe).

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En la subsecretaría de Cultura de la provincia de Santa Fe, durante la gestión del doctor Jorge Alberto Guillén iniciada el 12 de diciembre de 1983 siendo ministro de Educación el Dr. Domingo José Colasurdo y subsecretario de Educación el destacado maestro Horacio Colombero, en concordancia con lo anunciado por el gobernador CPN José María Vernet, se puso en marcha un proyecto de integración de las áreas de Educación y Cultura desarrollado en el lapso 1984-1986 con los programas y subprogramas elaborados por la coordinadora Nidia Orbea de Fontanini, evaluados por el subsecretario y mediante sucesivas Disposiciones establecidos los organismos de Cultura encargados de la ejecución. Falleció Jorge Guillén en las primeras horas del 2 de septiembre de 1985 en su despacho, en el sector suroeste del Museo Rosa Galisteo de Rodríguez.

Ya había autorizado la edición de Desde Santa Fe… para los niños” de acuerdo a una propuesta de escritores relacionados con el “CEL – Círculo de Escritores del Litoral” que participaban en el programa Encuentros con escritores en las escuelas, quienes aportaban el papel necesario y las obras éditas e inéditas que servirían para promover la lectura en la etapa previa a la presencia del autor en las aulas. Sucesivas causas demoraron el trámite de impresión y por ello, en la tapa del libro que incluye un dibujo de Guillermo Hoyos-85 (reproducción de la ilustración en la página 22 del “Plan Trienal de Cultura – período 1985-87 – Provincia de Santa Fe, editado en septiembre de 1985).

En el citado plan de la Subsecretaría de Cultura, al enunciar los proyectos y programas, en el punto 8 “Otros programas varios.” (sic) consta:

“c) Movimiento Provincial Ecologista.

…avanzar en la realización de las actividades del Movimiento de Jardineros y Horticultores y el Movimiento de Consumidores Racionales, a los fines de generar el Movimiento Provincial Ecologista.”

En parte inferior de la tapa de Desde Santa Fe para los niños está impreso “Literatura – Plan Cultural Año 1987 (Aprobado por R. M. Nº 129 del 16-03-87)”, impulsado desde el Equipo de Cultura de la Confederación General del Trabajo Seccional Santa Fe, en co-operación con asociaciones intermedias (Cooperadoras, grupos de escritores, artesanos…); con el Centromultimedios “Biblioteca de la Legislatura” de Santa Fe y empresas privadas.

En aquel tiempo, ya se promovía la defensa de los árboles, el consumo racional de los bienes naturales mediante sucesivos subprogramas…

En las páginas de aquel libro, estas obras de autores santafesinos de distintos departamentos:

15. Piquiriquitraque

Allá va Copete

con traje y corbata…

saldrá de paseo

con un Bicho Feo

-Martín Pescador,

¿se podrá pasar?…

Copete no mira y pasa igual.

-Piquriqui traque

Piquiriquitri…

Bicho Feo ¿juego?

-Preguntan los pájaros que lo ven pasar…

Copete salud

su amigo también,

el río los mira

y quiere correr.

Piquiriqu traque

Piquriqui tri…

-¿Saben lo que hacen?

Se suben a un tren

que va muy cargado

para Santa Fe.

-¡Qué lindo es viajar

cuando los chañares

cambian de lugar…!

-¡Piiiiiííííí piíííí…! Piííí…!

Copete y su amigo

son muy distraídos…

-¿Nos hacen lugar? dicen los amigos

que los ven pasar.

Suben bichos feos,

cuatro cardenales

y un lindo chajá.

¡Pííí…! ¡Pííí…! ¡Pííí…!

El tren va ligero

y en cada estación

Copete cambia de vagón.

Piquiriquitraque,

piquiriqui tri…

¡Pííí…! ¡Pííí…! ¡Pííí…! p.22

María del Carmen Villaverde de Nessier.

Jefa Departamento de Literatura Infantil

de la Subsecretaría de Cultura de Santa Fe.

18. A dormir la siesta

A dormir la siesta,

mi niño,

ya es tiempo.

Mira, afuera

se pone rojo el ceibo

avergonzado de bostezos.

Siente,

la paloma

adormece a sus pequeños

con la monotonía de sus cuentos.

A dormir la siesta,

niño,

ya es tiempo.

Oye, las abejas cansadas

detienen su zumbido inquieto

buscando el sosiego

dentro de los dulces cuencos.

¿Sabes?

por el río

en una canoa blanca

está llegando el sueño.

Vamos, duerme,

que también para los pájaros

mece cunas de sauce el viento. p. 25

Teresa Guzzonato.

19. El barrilete

Sopla, sopla viento

un poquito más

que mi barrilete

pronto va a allegar.

Hasta aquella nube

que acaricia el sol,

o hasta la más lejos

de oscuro color.

Mira qué bonito

como se adelanta,

si parece un pájaro

de alas muy anchas.

Sube otro poquito,

me vas a contar,

qué hay sobre las nubes,

que hay más allá.

Alba Yobe de Ábalo.

* * * * *

Después de leer este poema

¡qué ganas de hacer volar un barrilete! p. 26

22. Donde un quijote azul me sonreía

Cuando el desconcierto del mundo

me encierra en sus paredes,

regreso a vos,

casa con higueras y naranjos.

El pensamiento llega hasta tu patio

cercado de malvones

donde el sol y la lluvia

disputaban su reino.

El mármol del umbral,

el sillón hamaca del abuelo,

los cuartos

con sábanas fantasmas

me esperan

con su almidón fragante.

¡Qué gusto daba

quedarse dormido en esa paz

mirando la humedad del cielorraso

donde un quijote azul me sonreía!

De sus bolsillos,

desvaídas palomas

partían

a despertar rosadas albas.

Cuando camino solo,

los pasos retornan a tu calle

donde las luces

deshilan sus vestiduras cándidas

en el follaje

de los antiguos plátanos.

Las veredas estallan

con las grandes raíces

que asoman sus ojos

para verme. p. 29

Ana Hilda Quinodoz de Villanueva.

23. Bajo un cielo de ojos.

Eras un cementerio de hierro

con trinar de pájaros

olvidados tus servicios.

Hasta que no sé que funcionario

te envolvió de magitravesuras

sobre rieles del universo niño,

asomando tu pasado

en esa pintura nueva.

Y supongo

las manos obreras que te armaron con su anonimato,

tu vientre palpitante, al rojo vivo,

marchando rieles,

exhausta de carga,

herida en el esfuerzo.

Y supongo los foguistas,

gringos, tal vez, en tus comienzos,

con su piel curtida,

sus ojos sufridos de adentro.

Y supongo el “novamás”,

y el abandono.

Hasta que ese funcionario,

locomotora,

te puso bajo un cielo de ojos,

allá en la costanera.

Oscar Ángel Agú.

24. Siesta

De espaldas al cielo

confundiendo la mezcla fresca

de arcilla y arena,

con la arcilla tibia

de su piel morena.

Los ojos,

bandurrias diminutas,

iniciaron vuelo

hacia una orilla infinita

bordeada de espinillos tiernos.

Vuela ya tan alto…

El río salpica para verlo.

Viaja en una canoíta roja

-florcita del ceibo-

apretada entre los dedos.

El viento se aquieta,

le ofrece un silencio

y un puñado de nubes

dispersando los lamentos.

Los pájaros se callan,

no quieren sorprenderlo…

Sólo

una cardenilla se acerca,

fingiendo un distraído picoteo,

a sacarle hilachas

-para tejer el nido-

de su pantalón viejo;

mientras él sigue

de espaldas al cielo

tejiendo sus sueños.

La siesta es camino

para irse lejos…

Teresa Guzzonato.

28. Junio melancólico

Día de pájaros muertos y rosales marchitos.

La soledad helada

vaga por las calles desiertas.

Perfumes de chimeneas

y humos que se espantan por la brisa.

Lacio sosiego en el alma

que se adormila en el olvido

en las largas horas de la noche.

Las garras del invierno

deshilachan los últimos ropajes de los árboles

que lloran a ratos por la llovizna.

¿Quién anda por este silencio

que parece paralizar la vida?

¿Acaso el alma de las flores

que vaga por los marchitos jardines?

De momentos, la niebla

pone un tinte fantasmagórico en los álamos

que se presienten irreales.

¡Qué deseos de dormir junto al fuego

y que el pensamiento vuele en busca del sol y de las flores!

Jorge Raúl Muñoz.

San Genaro

30. La tapera gringa

Perdida entre los campos de trigal amarillo

como un pequeño oasis entre el cereal desierto,

cubierta de malezas y frutales desechos

duerme la tapera de los abuelos muertos.

Igual que la del gaucho que destruyera el tiempo,

Ésta de hechura gringa es tinta del recuerdo.

Su larga galería de nidos se ha cubierto

de ratonas saltonas y gorriones inquietos.

Albergó las fatigas del sembrador primero

que anduvo tras la yunta partiendo el duro suelo

quemado de sequías y azotado de vientos,

entre parvas de trigo y altos arrendamientos.

Supo de las langostas que todo destruyeron

dejando tras su paso soledades de invierno

y el labrador descalzo masticando la pipa

volvía sobre el surco a sementar de nuevo.

Cobijó en un tiempo de rurales faenas

los baúles de Europa, la rústica panera,

y en su patio de tierra y fragua bullanguera

descansaba el arado perfumado de gleba.

Cuando la tarde cae se puebla de misterios,

el horno derrumbado, el pozo de agua seco.

Es como un olvido que dejara el pasado,

como una sombra triste soñando en el recuerdo.

Jorge Raúl Muñoz.

San Genaro

36. A José Pedroni

Naciste junto con la primavera

allá por mil ocho noventa y nueve,

con perfume de tilos,

de aromos

y azahares,

en tu Gálvez y su poblado callado.

Fuiste un canto al amor y a la vida,

al hombre honrado y trabajador,

a la tierra,

al pájaro

y al nido.

Sorprendido un verano, en tu último día,

con los ecos del mar en el mes de febrero

enmudeció de pronto, ése, tu dulce trino,

cual si fuera el de un pájaro herido.

Mas no ha muerto tu canto. Dios lo ha redimido.

Y se ha vuelto alado junto al hermano viento,

Perfumado cual tierra humedecida por la lluvia,

y luego, hecho luz, ¡hermano luminoso!

¡Sol! Eteno sol,

sobre las almas melancólicas,

los rostros bruñidos del herrero,

del carpintero, del labrador,

de tu hermano escritor.

José Pedroni, simple y perenne como el malvón,

Profundo como el mar, que te arrulló

con lúgubre canción.

Bello y eterno, como el océano y la flor.

Siempre habrá alguien que te haga revivir,

cuando las nueve lunas sean otro milagro,

en tu lunario eterno… hasta el fin.

Nidia Orbea de Fontanini.

(Del libro “Prosa y Poesía” 1981)

Edición “Nosotras” de Rosario.

En la segunda parte, narrativa…

  1. Cleo, el payaso

Había una vez un circo y en ese circo, un payaso, sí señor, un payaso con nariz redonda, redonda, enorme boca colorada que parecía una tajada de sandía, saco a cuadros y dos inmensos zapatones, verde uno, el otro azul.

¿Quién era este payaso? Pues señor, era el personaje más simpático y divertido que haya pisado este planeta. Era el más dulce, sí señor, más dulce que los caramelos de dulce de leche, que los chocolatines y la jalea de membrillo.

Cuando salía a escena, siempre haciendo piruetas, los chicos festejaban sus gracias con ruidoso aplausos, con gritos e alegría, con sonrisas de oreja a oreja.

¿Cómo se llamaba el payaso? Pues se llamaba Cleo.

¿Quién le había puesto ese nombre tan bonito? A lo mejor una vecina o tal vez su tía Lía -no importa quién- a él le gustaba y a los chicos también y los días se sucedían felices en ese circo lleno de banderitas y banderines de mil colores. Pero una siesta, a la hora de la primera función ¡Cleo no apareció! ¿Qué pasó? Pues señor, ATENCIÓN, que voy a contar lo que ocurrió…

Cuando Cleo se levantó, después de soñar durante diez horas con viajes a Venus, Júpiter y Mercurio, encontró ¡Oh sorpresa!, que en su zapatón azul, una e las palomas que siempre salía de la galera del mago Tung, había armado su nido. Había puesto tres huevitos, tres futuros pichones! ¡Y no podía retar, ni echar, ni siquiera reprochar a tan amorosa mamá! Pero tampoco podía salir con el zapatón verde en un pie y con el otro pie descalzo. ¿Qué hacer, qué hacer? Cleo daba vueltas y revueltas mientras la paloma calentaba sus huevitos.

Preocupado pensó, pensó y repensó y sin encontrar solución se sentó y apoyó la cara pintada sobre sus grandes manos blancas.

Apareció don Gerundio, el domador de leones, inquieto porque Cleo no salía a escena y cuando se enteró de la novedad, caramba, ni don Gerundio ni Cleo supieron qué hacer. Se rascaban la cabeza mirando la tranquila paloma que empollaba sus huevos en ese vistoso zapatón.

Desde allí se escuchaban las risas y aplausos de los chicos y los chillidos de los chimpancés que brincaban sobre bicicletas.

Y como el tiempo pasaba y el payaso preferido no aparecía, los chicos reclamaron su presencia con cantos y cantitos recién inventados, como éste.

A la lata, al latero

Que venga el payaso Cleo.

Preocupados, llegaron al camarín de Cleo los acróbatas y trapecistas y después de enterarse de la novedad, trataron de convencerlo para que saliera a actuar con un solo zapatón. Pero no, no señor, así no.

Enseguida aparecieron los otros payasos, el iluminador, los dos osos. Todos querían saber qué ocurría, hasta el elefante metió su trompita, pero nadie resolvió la cuestión y aunque todos trataron de convencerlo, él resolvió que con un solo zapatón ¡No! Pero en medio de esa desorganización ¡también llegó el mago Tung, quién le dio rápida solución. Escuchen, así pasó:

Corrió a buscar su galera negra y con palabras que nadie entendió: Sun, tan, non, con, gon, aparezca un zapatón azul para el buen caminador -y de la galera ¡oh magia!, salió un zapatón casi idéntico al que estaba usando como nido la paloma.

Cleo, contento, enseguida se lo calzó y corrió hacia los chicos, quienes lo recibieron con besos y los aplausos más fuertes que se hayan escuchado en este planeta.

¡Qué alivio para don Gerundio, para los trapecistas, para los chimpancés, para los señores de la orquesta, para los leones, para el mago Tung y para todos los que formaban el circo! Y como el espectáculo pudo continuar; porque los chicos pudieron ver a su payaso preferido, la alegría, la felicidad volvieron a reinar y se puede decir, sí señor que el cuento de Cleo, el de la nariz redonda y dos inmensos zapatones, verde uno, el otro azul, acaba de terminar. p. 45-46

Idilia Vouillóz

9. Escuela “Espinillo”

Catalina era una niña a quien le encanta correr y correr por el campo, aspirar la brisa de otoño que le hace brotar un rosario de lágrimas en sus ojos caramelos. Anda siempre por los naranjales, por la quinta de cebollas, de lechugas y papas…

Le gusta asomarse al borde hambriento del aljibe con su balde zumbón y espiar el pan que se cuece lento en el horno de barro.

Catalina es alegre, chacotona, como un animalito salvaje.

Un día su padre la llama y de la una gran noticia:

-Catalina, llegó carta de los tíos de Buenos Aires y dicen que vendrán a visitarnos, ¡ya vas a ver qué buenos son! Te traerán un regalo.

Ella se pregunta: “¿Acaso es Navidad?…” y se va con la cabecita llena de ilusiones que le bailotean haciendo rondas “¿Qué me traerán? ¿Qué será? ¿Qué será?, y el chistido de la tacuaritas burbujea en sus oídos y la hace más feliz todavía.

Los días parecen más lentos que nunca; los amaneceres con su gallo gritón y altanero; las siestas con el susurro soñador de la solapa; las tardes con la canción de cuna de los grillos y las noches con su abanico brillante como una laguna de plata.

Hoy las pestañas petróleo de Catalina chispean mirando al cielo; unos teros danzan sobre la casa agitando alas y gritando ¡teru-teru!… yendo y viniendo, surcando el espacio y llenándolo con su impaciencia. La niña desborda de alegría al escucharlos y corre enloquecida.

-¡Mamá! ¡Mamá!… ¡Los teros! ¡Los teros anuncian visita!

-Pero hija, -le regaña- no pienses en zonceras.

Se aleja Catalina con sus propios pensamientos.

-Ya sé, llegarán los tíos… ¿qué me traerán?…

Al otro día el presagio se cumple. Los tíos capitalinos llegaron. Gritos, besos, saludos y charlas apresuradas por contarse todo al mismo tiempo. Vibra la casa. La cocina a leña es más rápida, el dulce de leche es más marrón y brilla más; los tallarines están amasados…

Los perros ladran y menean la cola husmeando las piernas de los recién llegados.

Un orgulloso limonero se ríe desde el jardín estirando sus ramas y el ligustro que está al costado del sendero, desde la cancel hasta la casa, pincha menos.

Catalina y sus hermanos se quedan observando hasta el último movimiento de los tíos, escuchando su tonada y sintiendo ese extraño olorcito a ciudad.

Llega el momento de entregar los regalos. ¡Qué emoción! ¿Acaso es Navidad? ¿Llegó el Niño Dios?

-Catalina -dice su tío- a vos te traje una cartera.

La niña abre grande los ojos, la toma y la lleva contra su corazón que golpea fuerte. Apenas escucha un tímido gracias y sale corriendo como un pichón de pájaro buscando su nido en el rincón favorito. Allí muestra la cartera a su viejo caballo, o a la flor y a la muñeca de palo y lana. Siente su aroma a nuevo y le despierta un juego distinto. Sin esperar más sale a la calle. Camina y se detiene aquí y allá. Muy cerca de la cancel de su casa elige un grupo de espinillos como escuela, un tronco chueco es el mástil de la bandera las ramas cortas, los bancos y los frutos danzarines de los mburucuyáes, la campana.

Desde entonces, con su cartera nueva va todos los días a clase. La espera su maestra doña Naturaleza quien, con el suave murmullo de la brisa le dicta, y ella anota todo, todo pero todo: el trinar de los pájaros, el bocinar de una locomotora rugiente que avanza por las vías vecinas, el ¡muuu! De una vaca pinta negra, pinta blanca, el picoteo voraz del pájaro carpintero y el perfume embriagador de los azahares que la distraen de vez en cuando. Los mburucuyáes llaman a recreo y Catalina juega con los conejitos al arroz con leche, a la farolera y al don Pirulero. Cuando tienen hambre se sientan a comer los sabrosos pisingallos que buscan entre las plantas.

El sol está muy arriba y es hora de volver a casa entre saltos y corridas. Llega justo para despedirse de sus tíos, que volverán al año siguiente. Se queda allí parada, sin decirles lo feliz que es y aprieta más contra su pecho ese regalo tan preciado, la cartera traviesa como ella.

Pasa el tiempo, el invierno con su frac de escarcha y rocío saca de su galera las lluvias y las lloviznas; del bastón, las tormentas briosas que se llevan el techo del galpón. Ya no puede ir a su escuela espinillo. Imposible. La lluvia vuelve la tierra barrosa y triste como está ahora ella, que se acurruca en los rincones de la casa con su cartera, callada, a esperar que calme el cielo su llanto. Mientras tanto, mira nostálgica cómo su hermano modela el barro, haciendo un sulky con un caballo. Y mira y mira y se cansa, cierra los ojos.

No sabe cuánto tiempo pasó. Siente que alguien la toca y le habla.

-¡Catalina! –Es el caballo de barro que ha cobrado vida.

-¡Catalina! ¡Vamos! ¡Vamos! Te llevaré en el sulky a tu escuela. ¡Vamos! ¡Vamos!

Sorprendida se levanta, toma su cartera y sube.

Con mucho esfuerzo, entre el barrial, llegan a la escuela. Todo está igual, pero sus troncos y ramas tienen el brillo del diamante. Los conejitos contentos acarician sus manos y gritan ¡cui! ¡cui! ¡cui! Y corretean de aquí para allá.

-¡Ha llegado Catalina! -se comentan- y toda ella se siente perfumada.

Los mburucuyáes repiquetean despidiendo luces de color anaranjado.

-Catalina vino a visitarnos. ¡Viva! ¡Viva! Gritan los conejitos. Y continúan corriendo a su alrededor Las nubes grises brincan como corderos. Las ranas croan como un tambor anunciando más lluvia. La tierra abre su boca para beber toda el agua del cielo.

Para sorpresa de Catalina, los conejitos le regalan una canasta pequeña de yuyos secos. La abre y tres gotas de nácar iluminan su rostro.

-¡Gracias, amiguitos! ¡Gracias!

De pronto, un rayo olvidado cruza rápido y tras él un trueno fuerte le recuerda que debe volver a su casa.

-¡Adiós! ¡Adiós amiguitos! ¡Vamos! ¡Vamos sulky de barro! ¡Apura caballo con alas, que vuele la lluvia fuerte! ¡Vamos! ¡Vamos!

Llega a su casa contenta sintiendo que crece como un árbol, al recordar lo vivido con sus amigos. Y como si fuera un tesoro de perlas, toma las tres gotas de nácar y mirándolas sabe que podrá volver a su escuela espinillos todas las veces que quiera, en el sulky de barro con su caballo alado. p. 64-67

Marta Poloni Russo.

10. La casa blanca

Una mañana iba yo paseando por el campo, cuando encontré un camino que nunca había visto antes. Era tan angosto que parecía dibujado con un pincel. Sin pensarlo dos veces, lo seguí.

El camino entró por un bosquecito de palos borrachos llenos de flores rosadas. Después se abrió paso entre unas margaritas, dio vueltas alrededor de un nogal… y me dejó justo, justito, frente a una casita blanca.

La casa estaba sobre una pequeña colina verde. En sus paredes blancas, blanquísimas, dormía una madreselva. En la puerta, unas flores de zapallos abrían sus ojos amarillos.

Entré sin llamar. No sé por qué. Cuando abrí la puerta… una nube de mariposas salió para recibirme. Moví mis brazos y logré alejarlas. Pero no a todas. Una siguió aleteando en la punta de mi nariz.

La casa era tibia como un nido y había olor a naranjas y a limones.

-¿Le gustan las mariposas? ¿Y los soles rojos del atardecer? ¿Y el jugo de naranja con jazmín?

¿Quién había hablado? ¿De quién era esa voz tan finita como un hilo?

Un poco asustada, me di vuelta rápidamente y la vi.

Era una viejecita muy risueña y vivaracha. Tenía ojos color miel, cabellos blancos y un delantal almidonado.

-¿Quiere un buñuelo? ¿Le gusta hamacarse en un sillón de mimbre? ¿Y masticar tronquitos de hinojo? ¿Le gusta también hablar con los títeres?

-Claro, claro –respondí sorprendida de tantas preguntas.

-Ya me parecía, ya me parecía -agregó mientras me alcanzaba una taza de té. Como sus manos temblaban un poco, la tacita hacía clin-clin-clin sobre el plato, como si fuera una música china.

-Me llamo Azalea. ¿Quiere dejar su cartera?

-Este… sí, por supuesto.

-Désela al perchero. Está tan solo el pobre.

-¿Se la doy?

-Claro, él no se la pide porque no sabe hablar. Es muy tímido.

Extendí mi cartera hacia un perchero, que tenía puesto en lo alto un sombrero de paja. Ante mi asombro cada vez más grande, el perchero movió sus brazos levantando el sombrero como saludándome, y luego extendió uno de ellos y me tomó la cartera con toda delicadeza.

Yo estaba muda del susto cuando doña Azalea preguntó:

-¿Ya conoce a mi gata Portulaca? Es muy elegante y flaca. Es la novia de Jazmín, el gato que toca el violín.

Como creí que se trataba de una broma, acerqué mi mano a la hermosa gata de color gris que me miraba diciendo “y vos de dónde saliste”, y sonriendo, expresé un “encantada, señorita”.

Ante mi asombro ya mayúsculo, la gata extendió una de sus patas hasta tocar mi mano y saludó con una cortés inclinación de cabeza.

Allí me senté y pensé “o aquí estamos todos locos o esta casa es mágica”.

-Esta casa es mágica -explicó la viejita como si leyera mis pensamientos. Hay que poner imaginación y todo solucionado. ¿Le gustó mi té de rosas? Desde que le agrego gotas de luna, sale riquísimo.

Me pareció maravilloso encontrar una casa mágica y un perchero “vivo”, una gata educada y una ancianita con nombre de flor. Así que decidí disfrutar de ese juego y quedarme todo lo que pudiera.

Así fue como conocí a Solcito, el canario que vivía en un pequeño arbolito al lado del piano. También a Petunia, la tortuga que dormía bajo la sombra de un malvón.

Mientras comíamos unos higos dulcísimos, doña Azalea me contó que por la casa blanca habían pasado muchos escritores y poetas. Y cada uno le había regalado algo. Algunos habían escrito sobre las paredes, otros colgaron papeles en las puertas y las ventanas. Alguien había escondido un poema dentro de una tetera. Otra había dejado una adivinanza sobre un vidrio empañado. Por toda la casa había palabras hermosas.

-¿Se va a quedar? –me preguntó- Usted también puede escribir lo que quiera.

-¡Sí! –le conté entusiasmada, mientras me comía un buñuelo.

-Bueno, bueno. Así me va a ayudar a resolver el problema.

-¿Problema? ¿Cuál problema?

-Es que… hace un tiempo… no sé… están desapareciendo cosas.

-¿Qué cosas?

-Y… palabras.

-¿Cómo palabras?

-Sí. Faltan palabras de los cuentos, de los poemas. Y las palabras más lindas. Alguien se las lleva.

Pensé que a lo mejor se borraban con el tiempo, pero después recordé que allí todo era mágico y dije:

-Sí. Alguien se las lleva.

-Y lo peor, lo peor de todo es que anoche también desapareció la muñequita.

-¿Qué muñequita?

-¿Y cual va a ser? La del cuadro.

-¡¿Vivía dentro del cuadro?!

-Y claro, pues, dónde iba a ser. Estaba sentada lo más tranquila siempre, con su carita hermosa, su moño y sus zapatitos de charol. Todos los días cantábamos juntas “Pisa pisuela color de ciruela”. Y yo le daba agüita de azahar para que no tuviera sed. Ya a veces, sólo a veces, yo la sacaba a pasear por el jardín, cuidándola del viento, usted sabe, como es de papel, se la puede llevar de un soplón. Pero después ella volvía solita al cuadro y se sentaba en su sillita sin decir ni pío.

A doña Azalea se le cayeron dos lágrimas grandotas sobre su carita arrugada y a mí me llenó el corazón de tristeza.

-¿Y si llueve? ¡Y si llueve! –se lamentó sacando su pañuelito con puntillas. –¿Por qué se habrá ido Portulaca? –dijo mirando a la gata que ponía cara de “a mí que me interesan esas cosas”.

-Yo la voy a ayudar -expresé con énfasis- no se aflija tanto.

Así fue como esa noche, escondidas detrás del piano, esperábamos que apareciera el ladrón.

De pronto… sentimos un ruido. Cruqui-criqui-cruqui. Criqui-criqui- Cruqui… criqui…

-¿No te fije yo? –susurró doña Azalea y su voz, en el silencio de la noche, se oyó en toda la casa.

-Shhh… –le indiqué- silencio… Me parece que alguien abrió la puerta.

Miramos esperanzadas para ver si descubríamos algo, pero sólo un rayo de luna había entrado por una rendija. Algo oscuro se movía cerca de allí. Y otra vez el ruido. Cruqui-criqui… cruqui… cric. Después… nada. Silencio.

-¿Quién anda por ahí? –preguntó doña Azalea, pero le temblaba tanto la voz, que sólo se oyó un: “Qui… en… ¡¡¡¡… ¡¡…”

La gata estaba inquieta y cuando gritó ¡Miau uuuu uuuu!… a todos se nos erizaron los pelos de la nuca.

Después otra vez el silencio. Y Entonces lo vi. Era algo pequeño que había quedado sobre el piso de madera. Me acerqué despacito, despacito y lo tomé entre mis manos.

-¿Qué es? ¿Qué es?

-Es… es… un pequeño violín.

-Ah… un vio… ¡Ajá! ¡Un violín! ¡Vamos al jardín! –exclamó presurosa mi compañera. Yo creía saber quién era el sospechoso.

Y allá fuimos. Doña Azalea casi corría delante de mí. Legamos así al pie del ciruelo y allí estaba. Sí, sí, allí estaba el ladrón. Ustedes pensarán que era el gato Jazmín. No nada de eso, pobre inocente. Roncaba como un santo.

¿Y quién era entonces el ladrón? ¡Pues nada más ni nada menos que un grillo!

Doña Azalea comenzó a decirle un montón de cosas al animalito, quien se tapaba la cara con un trébol.

-¿Y las palabras que sacaste de mi casa? ¿Y la muñequita de papel?

Mientras la viejita hablaba, el grillo, avergonzado abrió la puerta de su casa, que estaba al pie del árbol y apareció la muñeca con su carita rosada, su moño y sus zapatitos de charol.

Entonces el grillo habló y dijo:

-Las palabras eran para ella… yo la quiero mucho… con esas palabras y mi música yo compuse unas canciones de li-lirín, lira-lirón, y se las canto debajo del limonero, a la luz de la luna, carita de tuna. A ella le gustan mucho.

La muñeca de papel se puso toda colorada y se escondió detrás de una matita de hierba.

El resultado fue que al romántico ladrón se le perdonaron todos sus robos, porque se casó con la muñequita; quedaba mal que a un novio, el día de la boda, se lo llevaran preso.

Las palabras volvieron a su lugar y yo… bueno… yo me pasé unas vacaciones lindísimas con doña Azalea, con su perchero “vivo”, con el canto de Solcito, y con Jazmín, el gato. ¿Y Portulaca, la gata flaca? Ah, no. Con ella no. Siempre me miraba con cara de “ésta que está haciendo aquí”. Pero no es nada porque yo le contestaba con otra mirada que decía “a mí no me importa”.

Y todos estábamos en paz. p. 68-72

María Guadalupe Alassia.

11. La leyenda del palo borracho

Hola, qué tal, yo me llamo José y soy jardinero. Quisiera contarles muchas historias, pero sólo comenzaré con una. Por ser jardinero conozco mucho de árboles, porque mi oficio es cuidarlos, lo mismo que a las plantas y a las flores. Voy a hablarles del Palo Borracho, todos ustedes lo han de conocer, es ese árbol alto que tiene el tronco abultado como si estuviese hinchado o lo hubieran inflado. Voy a contarles la leyenda de ese árbol. Pero, ¿saben ustedes chicos lo que es una leyenda? Una leyenda es una historia que se cuenta sobre algo, un relato que viene de lejos, que lo han narrado los viejos habitantes de la tierra y que ha seguido de padres a hijos, de abuelos a nietos. Nadie sabe si es cierto, ni tampoco preocupa que sea verdad, porque en las leyendas hay una mezcla de realidad y fantasía, en las que no se sabe dónde termina la una y dónde comienza la otra. En nuestro país existen muchas leyendas, sobre todo en folclore, que cuentan historias de flores y pájaros. Bueno, comencemos la leyenda.

En una época, hace mucho tiempo, el palo borracho era distinto. El cambio se produjo después. Dios quiso que fuéramos aprendiendo día a día y que con ese conocimiento la vida pudiera ser mejor. Lo hizo con los hombres y también con los animales y las plantas. Ellas también tuvieron que aprender a evolucionar.

El caso es que en el bosque, junto a los demás árboles vivía el palo borracho, que era como cualquiera de ellos, sin ninguna diferencia importante. Quizás más alto o más bajo que algunos, con las hojas más grandes, pero nada más que eso. Una vez llegó al lugar un grupo de niños que pasaba el día corriendo, jugando y realizando numerosas travesuras. Uno de ellos, el más revoltoso dijo al esto del grupo:

-Yo les enseñaré cómo divertirnos. ¡Vengan conmigo! ¿Ven aquellos nidos en las ramas de los árboles?

-Sí, son muy lindos, me gusta mirarlos –respondió uno de los amigos.

-Más lindo es subir a los árboles y bajarlos –insistió el niño dañino mal intencionado.

-¿Sacar los nidos? –contestaron los otros afligidos- y los pájaros ¿qué harán después sin sus casitas?

-¡Bah! ¡Las vuelven a construir enseguida! ¿No lo hacen acaso cuando las voltea la tormenta?

-Sí claro, es cierto –respondieron los demás aunque no muy convencidos, y empezaron la tarea. Los pajaritos al ver que los niños se preparaban para subir hasta la rama donde se hallaban, comenzaron a desesperar. Las madres cubrían con sus alas a sus hijos, rogando a Dios que los protegiera.

Los niños empezaron a subir a los árboles, bajando de sus ramas a cuantos nidos encontraban. Consideraban que eso era una diversión, sin darse cuenta del daño que hacían.

-¡Aquí tengo uno y hay cuatro huevitos!

-¡El mío es mas lindo, fijate qué grande!

Y así continuaban con su maldad sin pensar en el castigo. Los pájaros piaban desesperados al ver destruidos sus hogares.

-¡Pobres hijitos míos! –decía una madre pájara- ¡se quedarán sin hogar, caerán en el suelo y morirán de frío y hambre!

En esos momentos, los niños descubrieron que entre las ramas del palo borracho, había también algo que les interesaba.

-¡Miren allá en aquel árbol, qué nido más hermoso! ¡Vamos hacia él!

-¡Y hay pichocitos adentro, la madre les está dando de comer!

-Yo subiré, -comentó el más audaz- para trepar a los árboles nadie me iguala.

Los pájaros continuaban sus ruegos angustiados: ¡Ayúdanos Dios mío! Esos niños traviesos matarán a nuestros hijos, ¡ayúdanos! –repetía una madre mientras extendía sus alas para cubrir a sus pichones.

Fue entonces, en el preciso momento en que uno de los niños se disponía a subir por el tronco del palo borracho, cuando sucedió lo inesperado.

-¡Ay! ¡No puedo subir! ¡El tronco se agranda! ¡Y también algo me pincha las piernas…! ¡No puedo! –gritaba desesperado, el travieso ladrón. ¿Qué había ocurrido? Pues, que el tronco del árbol se fue hinchando, hinchando como para que nadie pudiera trepar por él; y para que resultara todavía más difícil, se cubrió de gruesas espinas. El nido y sus pichones se salvaron porque nadie pudo llegar hasta ellos, mientras los niños escapaban asustados, prometiendo no robar más nidos.

Desde ese momento, el palo borracho es gordo, hinchado y esposo, pero no por eso es feo, al contrario, llama la atención y se cubre de hermosas flores que parecen grandes azucenas rosadas o blancas.

Yo, que les he contado la historia, y como jardinero que soy, me siento orgulloso de cuidarlo en la plaza.

Nelly Borroni Mac Donald.

—ooo—

(Es muy triste, pero debes saberlo.

Nelly desde el 1º de diciembre de 1985, es inmortal). p. 73-75

Nelly Borroni, alumna de la Escuela de Comercio a mediados del siglo veinte, amiga nuestra con quien dos décadas después caminábamos por las polvorientas calles del barrio “Las Delicias” de Sauce Viejo, junto a Coco mientras nuestros hijos seguían jugando entre los paraísos, con generosidad colaboró en la coordinación para la presentación del primer poemario que logré editar: Poemas para Tioco, el 24 de octubre de 1980 en la Sala “Leopoldo Marechal” del Teatro Municipal “1º de Mayo” de la capital santafesina. Desde el 24 de mayo de 1947, yo había empezado a conocer a Gastón Gori porque la bibliotecaria de aquella escuela situada en San Martín 1823, al celebrar mis quince años me regaló Se rinden los nardos

Durante aquel “mes de la familia”, empecé a conocer a Pedro Raúl Marangoni, y durante el invierno de 1983 ya había advertido “la estatura moral de Gastón Gori, un ejemplo”…

(Así termina mi ensayo breve Gastón Gori, escritor.

Edición Litar S. A. Santa Fe, septiembre de 1984.

Empresa de Armando Pavletich, en Rivadavia 2801. NOF)

* * * * * *

Desde Sauce Viejo: percepciones de Miriam Patricia Marsó…

No ha sido por casualidad que Miriam Marsó, sintiera el impulso de escribir este poema relacionado con la trayectoria de Gastón Gori:

Tal vez, tú, Gastón

lograste detener el Mundo

al escribir poemas a los pájaros.

Entonces, el tiempo

fue un reloj de arena

desquebrajado

y por un momento

ese mundo

fue

estupendamente distinto…

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Narraciones de… “el Patriarca de los Pájaros”…

La acrobacia de las aves abarca imaginarias tangentes que inevitablemente, rozan el vuelo de ingeniosos de escritores y poetas.

Es ineludible otra señal de la memoria. Gastón Gori -que además, era pecoso y además es académico-; al evocar a su amigo Jerónimo recordó que “alguna casa sobresalía con sus techos en medio de tupidos paraisales y llegaban a sus aleros bandadas de palomas domésticas retornando de los sembrados y aguaderos”…

Gastón Gori, al rememorar sus andanzas en la luminosa ciudad de Esperanza, contó:

Olvidados de maestros… sin ataduras, disfrutábamos de la magnífica libertad. Y me ocurrió que, apresurado, sin detenerme a mirarla mucho, herí a una palomita que empollaba sobre su nido. Apenas sobresalían de las pajitas del borde, su pecho y su cabeza. Con desesperado aletear describió una parábola y comenzó a elevarse alto, muy alto. Mal herida debía ir para que ascendiera tanto, y cayera después donde apenas mi vista pudo distinguir.

Me pareció oír un reproche, como si la voz de mi padre, grave y sentenciosa, me repitiera su común observación: -“No mates nunca un pájaro que tenga nido! Cada pájaro empollando, está cumpliendo un serio y dulce mandato de amor. Los pájaros se aman y luego construyen nidos. Cada brizna, cada pluma, es llevada con cariño; no sabemos si los pájaros tienen ensueños, aunque estamos seguros de que aman entrañablemente”… ii

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Relatos de José Luis Víttori…

José Luis Víttori confirma esa mágica relación, cuando en los originales espacios de sus cuentos, describe sucesivos movimientos: iii

“Sonrió mirando los gorriones bajo la lluvia de la fuente…

Los gorriones llenaban el plato de la fuente y gritaban contentos, sacudiendo las alas, pulverizando el agua.”

“Las gaviotas se dispersan, gritan, vuelan, se zambullen, flotan en la espuma.”

“En un charco se juntan las gaviotas, forman una mancha gris y quieta.”

“Las gaviotas vuelven, se agrupan en la playa y gritan como siempre”.

“El búho debió llegar de noche, arrastrado por el viento, y habrá caído en la arena al alba… iv

La presencia de los pájaros produce diferentes reacciones entre los humanos: algunas personas los observan en sus pausas e intentan preservarlos; otras escuchan sus silbos y en vano quieren imitarlos; los violentos apuran sus proyectos para aniquilarlos.

Víttori percibe esas particularidades y las transmite con espontaneidad:

“El búho… habrá caído en la arena al alba, cuando el viento ya no soplaba y heló… Me acerco y pienso que está muerto, pero al levantarlo noto ese poco de calor que las plumas conservan y lo llevo conmigo al bendito, junto al fuego. A la tarde sus ojos comienzan a ver en la sombra y me mira con miedo, con un brillo hostil y salvaje, mientras va a esconderse torpemente en el fondo. A la noche, clavo una rama seca en el fondo del bendito y el búho ya puede sostenerse. El búho no sale de su rama aunque yo me aleje. Si me demoro ulula fuerte, se calla si me ve y le doy comida…

Voló una noche en el aire tibio y pensé que se iría, pero a la madrugada volvió; y cada noche volaba sobre la playa para volver cada mañana al árbol gris, al árbol pulido, hasta que un día volvió con su hembra búho y allí quedaron, vigilando la oscuridad, llenándola de chistidos.”

“…Cerca había un árbol seco, desgajado y lleno de lechuzas que ululaban mirándolo a uno con un halo de crueldad. Bajo ese zumbido huraño alentaba el silencio de la costa, del agua, de la mañana sin pájaros, y aún parecía escucharse el roce de una pala que excavaba la tierra…” v

…“Esos pájaros oscuros bajan de los árboles vecinos, se posan en la costa amarilla, me rodean, se acercan a mirarme, se espantan si me muevo y gritan, pero vuelven despacio, despacio.”

“Y no me muevo. Me quedo a sentir mi respiración antes que los pájaros comiencen a cantar.”

“Cuando el pájaro cantó por allí Goyo se detuvo, sacó la gomera del cinto -la gomera regalada por Cristóbal frente a la mujer y que el muchacho llevaba siempre al cinto sin usarla-, esperó que el pájaro cantara y fue siguiendo su canto, agachado, elástico, la cabeza levantada hacia las ramas, liviano como si apenas rozara la tierra, todo lo sensible a la magia del canto y de la muerte; de pronto lo vi estirar los brazos y el sonido aquel, la única voz del otoño esa tarde, se rompió, se vino abajo, aleteando, y unas plumas dispersas cayeron como si el pájaro se deshojara…

A la noche lo vi en un rincón de la cocina, acurrucado junto al pájaro, sobre un montoncito de hierba, y el pájaro aún respiraba, los ojos muy abiertos -como el pecho- cuando acabó de morir…

Goyo lo puso en una caja y se lo llevó al río. Ya en la orilla, le encendió una vela y lo puso en la corriente…

En el claro del monte vi la gomera quemada…” vi

Alusiones de Juan José Saer…

En su novela La Pesquisa, Juan José Saer necesitó expresar una vez más diversas vivencias en torno a Colastiné, al río y a los hombres que viven o navegan en la zona

“…Como la distancia entre la ciudad y Rincón Norte no es demasiado grande, han navegado despacio y dando rodeos por islas y riachos, para no llegar antes de la hora fijada -las dos y media- con la hija de Washington. No han podido ver, en todo el cielo, hasta el horizonte visible, ni una sola nube, ninguna otra presencia aparte del sol árido, centelleante, rodeado de astillas y manchas en fusión, como si hubiese estado chorreando materia ígnea a lo largo de su desplazamiento. De tanto en tanto algún pájaro, un benteveo de panza amarilla, una cabeza colorada, un corbatita, un martín pescador, alborotándose en las orillas cercanas a causa del ronroneo del motor, han acompañado, sin proponérselo, saliendo bruscos de entre las ramas de los arbustos o de los árboles enanos, recubiertos de plantas trepadoras y saliendo disparados por aturdimiento y por pánico en su misma dirección, el desplazamiento de la lancha.” vii

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Ahora, la Tacuarita… les propone un atractivo recorrido.

Palabra tras palabra, distintas descripciones, diferentes sensaciones.

Avanzaremos sin prisa, hacia un lugar para el sosiego y el asombro

“Había llovido durante toda la noche.

“El campo parecía un patio recién lavado,

secándose al sol.

La mañana era una gran pajarera abierta,

con tantos jilgueros y

cabecitas negras piando a la vez”…

Elsa Isabel Bornemann.

Poeta, escritora argentina. viii

“Aventura de los destructores de nidos”…

Cada vez que estos malentretenidos chiquillos vienen a mi rincón suburbano, destrozan todos los nidos que encuentran y que pueden.

¿La industriosa tenacidad de los horneros amorosos no les toca el alma?

¿No se conmueven ante la desesperación de las aves, que pían, revolotean y se agitan inquietas, mientras piedra va y piedra viene, en el anhelo feroz de destruir, de deshacer, de hacer mal?

¿No los emociona esa insistencia de los constructores, que cinco metros más allá de donde se halla la ruina de su antigua fábrica, unos días más tarde, erigen -de nuevo- alegremente su refugio?

¿No se hacen idea de que una pareja de aves, que posee una pequeña casa aérea, en la cual verán la luz sus pichones, es una familia?

¿No han imaginado nunca el diálogo de los pájaros padres con sus hijos en el momento del bombardeo terrible de las pequeñas manos humanas, cuya destreza debía emplearse en más nobles, generosos y altruistas menesteres?

Dice el pequeño pájaro:

-Padre, he sentido una brutal conmoción en nuestra casa. ¿Qué sucede?

El interrogado, que intenta disimular para no asustar a su prole, trata de disfrazar la verdad:

-Es el viento, hijo.

-¿El viento?… No lo parece, padre. El viento con ser tan genio es un amigo nuestro. Cuando él corre solo, nos balancea como si estuviéramos en una cuna.

-Posiblemente hoy estará más enojado que de costumbre.

-¡Mira! ¡Otro golpe! ¿Con qué mano nos pega el viento? Quiero saberlo. ¿Me dejas ver qué es?

-¡No te asomes, pequeño, pudiera ser peligroso!

-Si temes un mal, ¿sabes, pues, lo que sucede?

-Sí, hijo; desgraciadamente tengo que informarte que nos están atacando nuestra casita.

-¿Por qué, padre? ¿Qué mal hemos hecho?

-Ninguno. Son los pichones de los hombres, que se divierten. Su falta de amor no les permite encontrar mejor entretenimiento.

Adolfo Montiel Ballesteros.

De “Cuentos para los niños de América”

Escritor uruguayo. Animador de Teatro. ix

2004: Ecos de trinos y bandadas…

Aquí, algunos poemas y cuentos relacionados con los pájaros que fueron recopilados en la “Cofradía de los Duendes” y difundidos tras la edición de “El día de los Pájaros” de Gastón Gori, a los fines de la celebración del 17 de noviembre – Día de los Pájaros.

Más allá, juntito al río…

……………………………………………………………………………

Más allá, juntito al río,

cruzando la gran cadena

otro campo es otro nido

donde los pájaros son libres

y concentrados viven los niños.

Más allá, juntito al río,

donde son seis los caminos…

uno sólo es el recorrido…

uno sólo es el destino.

……………………………………………………………………………..

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

Del poemario “Como nacen los brotes…” (1989)

Homenaje al Pueblo Español. 70º aniversario

del comienzo de la guerra civil española.

Íd., Audiovisual (DVD – 2006)

El nido

Los árboles que no dan flores

dan nidos;

y un nido es una flor con pétalos de plumas;

un nido es una flor color de pájaro,

cuyo perfume entra por los oídos.

Los árboles que no dan flores

dan nidos.

Fernán Silva Valdés.

El nido

Es porque un pajarito de la montaña ha hecho

en el hueco de un árbol su nido matinal,

que el árbol amanece con música en el pecho,

como si tuviera corazón musical.

Si el dulce pajarito por entre el muro asoma,

para beber rocío, para beber aroma,

el árbol de la sierra me da la sensación

de que se la ha salido, cantando, el corazón…

Alfredo Espino. x

El colibrí

¡El príncipe del jardín!

Por ti se visten las rosas con su traje carmesí.

Colibrí.

A todas besas y a todas

prometes tu corazón.

Rondaflor.

Pero ellas saben que no

te casarás, picaflor.

Fernando Luján. xi

Colibrí

Alado, diminuta escala,

virtuoso vuelo destellado

visitante de la flor.

Cromatismo singular,

primorosa aparición.

Etéreo colibrí;

semifusa de colores.

Ni el agua te salpica.

¿Dónde cuelgas tu nido?

¿Cuántos son tus días?

La magnolia que perfuma

la aurora ensangrentada

del día que no viniste,

lloró en sus pétalos

el dulce néctar de tus tragos.

La soledad que aquieta

la luz verde de los tallos,

y el crepúsculo abrazado

al horizonte te despiden

en tu día más corto colibrí.

Luis Rodolfo Mallarino.

Publicado en Publicado en

Edición 4” de Reconquista.

Incluido en su poemario

El viento me ata”.

Edición 1981, p. 13-14.

El benteveo

Benteveo, benteveo,

¡cómo delirante grita

mientas las alas agita

con su gozoso aleteo!

(Mas luego, cuando se posa,

ni te veo ni te vi:

su canto es sólo una i...

que se alarga quejumbrosa)

Vincha blanca y fina gola,

color de azufre el chaleco

y un chaquetón verde seco

que se aviva hacia la cola.

Vuela bajito, pausado,

y ondula con ritmo lento

y al suelo mira de lado

para buscar alimento.

Que a todo va su apetito:

larvas, insectos, gusanos,

trocitos de carne, granos,

frutas y algún pececito.”

Juan Burghi.

El cardenal

Entre los pájaros cantores

ninguno más salvaje, ni más bello,

ni más bravo, ni más altanero.

Eres lindo, lindo,

con tu pecho blanco,

con tu lomo gris,

y arquitectónico mechón colorado.

Cardenal:

yo te he visto volar con el alba crecida,

portador de la mecha

para encender el día.

Fernán Silva Valdés. xii

El jilguero

En la llama del verano,

que ondula con los trigales,

sus regocijos triunfales

canta el jilguerillo ufano.

Canta, y al son peregrino

de su garganta amarilla,

trigo nuevo de la trilla,

tritura el vidrio del trino.

Y con repentino vuelo,

que lo arrebata, canoro,

como una pavesa de oro,

cruza la gloria del cielo.

Leopoldo Lugones.

Nació en 1987, en Río Seco (provincia de Córdoba)

y murió en 1938 en una isla del Delta,

provincia de Buenos Aires). xiii

Colibrí

El colibrí,

aguja tornasol,

pespuntes de luz rosa

da en el tallo temblón,

con la hebra de azúcar

que saca de la flor.

Jorge Carrera Andrade. xiv

Palomita en la playa

A la orilla del mar

canta una paloma;

dulcemente canta,

tristemente llora,

dulcemente canta

la blanca paloma,

se van los pichones

y la dejan sola. xv

El pago de los cardenales

Ellos son los que trinan

y viven

esta palpable libertad.

Exactos constructores

De la casa, del vuelo y del amor

Hijos del Sol

Son

Los viandantes del aire

Hermanos del aroma

Herederos del arroyo

De la pizca de arroz

Del maíz, de la paja.

La vincha federal

Los luce para siempre.

Doctor Orlando Calgaro. xvi

Director de Cultura (Provincia Santa Fe)

27-06 al 17-12-1985, momento de su fallecimiento.

El benteveo

Benteveo, benteveo,

¡cómo delirante grita

mientas las alas agita

con su gozoso aleteo!

(Mas luego, cuando se posa,

ni te veo ni te vi:

su canto es sólo una i...

que se alarga quejumbrosa)

Vincha blanca y fina gola,

color de azufre el chaleco

y un chaquetón verde seco

que se aviva hacia la cola.

Vuela bajito, pausado,

y ondula con ritmo lento

y al suelo mira de lado

para buscar alimento.

Que a todo va su apetito:

larvas, insectos, gusanos,

trocitos de carne, granos,

frutas y algún pececito.

Doctor Orlando Calgaro.

Director de Cultura (Provincia de Santa Fe)

Cinco meses y días, desde el 27 de junio de 1985.

La gallareta

¿Dónde irá tan presurosa

la señora Gallareta,

con esas grandes zancadas

de sus pies, sólo con medias?

De los juncos inundados

en donde ella siempre mora,

salió así, tan aturdida,

que olvidóse hasta la cola.

Viste un traje verdinegro

que le ciñe bien el busto,

las patas y el pico verdes

como pedazos de junto.

Con la punta de sus alas

el agua, al volar, pellizca,

y al espejo blando y móvil

va arrancando húmedas chispas.

¿Dónde irá la gallareta

de prisa, en medias, sin cola,

y además de todo eso:

tac, tac, tac… hablando sola?

Juan Burghi.

Poeta uruguayo.

Pablo Guastavino, abogado, poeta, sintió el impulso de escribir:

Ver, dad con el pájaro

y ser el pájaro

volemos con él

viendo el río

andar creyendo ser río

regando

jardines adolescentes

que con el eco de sus colores

pintan nuestras almas

desatando los caballos del tiempo

que galopan en la luz

descubriendo que la claridad

es una de las mejores formas

de la belleza

si finca en la verdad

que es ver el pájaro…

Pablo Guastavino. xvii

Santa Fe de la Vera Cruz.

República Argentina.

El picaflor

Picaflor colibrí

coliflor picabrí

caminando

por un rayo de sol

picaflor

tú colgado

del cielo del estío

colibrí

picaflor colibrí

coliflor picabrí

que picas con tu pico

la flor

pícaro

que llora

pícara

picaflor colibrí

coliflor picabrí

picador

domador

besaflor.

Philippe Greffet (Francés)

En “Arrugas, canas y años verdes”.

Argentina, Santa Fe de la Vera Cruz

Ediciones Colmegna, julio de 1990, p. 39.

El tordo

Haragán y roba nidos

al Tordo suelen llamar,

y el Tordo escucha y se calla

porque sabe que es verdad.

………………………………………..

Desde que llegó al mundo sólo aprendió dos cosas: bailar y descansar. Nada más. Es incapaz de hacer un nido. Si lo necesita, cuando lo corren las lluvias, el viento o el frío, se adueña de un nido ajeno. Lo roba. Es haragán y desamorado.

Por no tener trabajo encarga a otros pájaros que le cuiden sus hijos. Él no quiere preocupaciones. Con su traje oscuro de joven bailarín anda siempre buscando una fiesta.

Pensando en el baile de las Vizcachas, se quedó en el Sauce.

El viento, al enredarse en las ramas, lo acunaba.

El Tordo fue el primer invitado que llegó. Venía acompañado. Una Vizcacha y un Vizcachón le salieron al encuentro. Cambiaron saludos y el Tordo, muy ceremoniosamente, dijo:

-Les presento a mi compañera: la Lechuza.

-Ya somos viejos amigos -habló el Vizcachón.

-¡Los años que nos conocemos! -agregó el Lechuza.

-Las veces que habrá estado presente en nuestros bailes -volvió a hablar el Vizcachón- porque ella nos vigila mientras bailamos y nos avisa con un chistido si algún curioso se acerca. Somos tan amigos, que les dejamos nuestras cuevas para que vivan.

-¡Viva el baile! -gritó el Tordo. Y dio una vueltecita levantando una pata.

Llegaron los grillos y las ranas y en seguida comenzó la música.

La Vizcacha que había invitado al Tordo se acercó para decirle:

-¿Se da cuenta? Ni un pájaro ha venido a la fiesta. Todos dieron la misma disculpa: que tenían que trabajar.

-¡Pobrecitos! Pensar en trabajar cuando hay fiesta y una fiesta de esta categoría -dijo el Tordo.

Y se puso a dar vueltas en una pata, sacudiendo las alas y gritando:

-¡Viva el baile! ¡Vivan la vida y la alegría!

Y bailó toda la tarde, toda la noche y al llegar el alba siguió bailando con más ganas que al principio.

-Me gusta el Tordo por lo alegre y bailarín -exclamó la Lechuza.

-Y ahí no más le dieron el premio.

Se hizo justicia. Nadie pudo igualarle. Fue el que bailó más y mejor.

Cuando recibió el premio, se puso a cantar y a dibujar piruetas en el aire.

El Tordo fue el único pájaro que bailó de noche, en la fiesta de las Vizcachas, bajo la luna grande y redonda.

Bailó hasta cansar a los músicos y al final de la fiesta aprovechaba el silbido del viento para ensayar nuevos pasitos de baile.

Por eso al Tordo le cantan esta copla:

El Tordo baila que baila,

¡cómo le gusta bailar!

Por andar de fiesta en fiesta

se olvida de trabajar.

(Fragmento)

Javier Villafañe.

Poeta titiritero. Argentino.

(En agosto de 1941. Fábula publicada en

Diario La Prensa de Buenos Aires.)

Pitojuan

Al árbol más alto subo

con miras de hacer mi nido,

a Juan yo tengo por nombre,

a Pito por apellido

Juan y Pito

y Pito y Juan.

Tres colores tiene el Pito,

tiene el blanco y tiene el plomo,

tiene el color amarillo

y una lista sobre el lomo.

Juan y Pito

y Pito y Juan.

Qué bonito el Pitojuan,

quién lo pudiera pillar,

y cortarle las alitas

que no pudiera volar.

Juan y Pito

y Pito y Juan.

Juan Draghi Lucero.

En Cancionero Cuyano. xviii

Pampa

Yo no sé si me duele tu memoria,

tu nombre florecido en trebolar;

me convocan las voces de tu siembra

y te vengo a cantar.

Soy un brote silvestre, enamorado

de tu inmenso destino vegetal,

de la raíz morena que proyecta

tu tiempo material.

Sobre la intrepidez de tu paisaje

mi estatura maíz quiere asomar.

Yo siento la nostalgia que golpeas

desde tu soledad.

Siento tu dimensión alucinante,

verde, del libre verde inmemorial.

Huella que transitaron los abuelos

en la aurora total.

Soy un grito y ademán y canto altivo;

luminosa calandria vertical,

buscando el ancho cielo que descubre

tu vuelo primordial.

Soy un candil temblando en el recuerdo,

un rancho sin guitarra y sin edad.

Una fugaz presencia que se aleja

y quiere perdurar.

Lo demás es lo tuyo, tu sustancia.

El hombre con el canto manantial.

La historia, un horizonte de zorzales

gastando libertad.

El hálito campero que te arrulla

con un cencerro, con poncho y con bagual.

Con tu viento maduro de coraje.

¡Pampa, madre inmortal!

Leonor Centeno.

Nació en Carlos Casares,

desde 1946 residente en La Plata

Provincia de Buenos Aires.xix

Por qué en octubre, hermana

(Fragmento)

Por qué en octubre, hermana?

Te das cuenta, Alfonsina?

En plena primavera,

cuando las flores,

cuando los pájaros,

cuando la tierra toda

es un canto a la vida:

tú buscaste el silencio,

no lo comprendo amiga,

o sí, y me da miedo llegar a ser invierno

cuando el verde es tan verde!

Y ya no ver las flores,

y ya no ver los pájaros

y escuchar solamente

la vieja voz del agua

repitiendo los ecos,

de un canto milenario.

……………………………………………………………..

Delia González de Rapp.

Nació en Bahía Blanca,

el 4 de septiembre de 1926.

Radicada en Necochea.

Provincia de Buenos Aires. xx

Postales de un álbum de provincia

(Fragmento)

En esta noche, demorado el sueño,

qué bien se está al silencio de la casa,

con los recuerdos y a la luz escasa,

primitiva y serrana de los leños…

O.L.

1

He visto en el cristal de mi ventana

y a través de la trama de la reja,

un cielo plomo donde se bosqueja

un pájaro cruzando la mañana.

Tensa la luz su página serrana

ante la lluvia que el silencio añeja

y a medida que el pájaro se aleja

el árbol pierde lo que el cielo gana.

Nace afuera mi voz y hallo en el canto

un follaje imprevisto, mientras tanto

surca la luz que sube emancipada

y el asombro que la vida crece,

al mismo tiempo que la fe florece

el pájaro se va con mi mirada.

2

Patio al atardecer. Cielo de menta.

Horno encendido para el pan casero.

El nogal, la calandria y el granero

bajo un pliegue lejano de tormenta.

La soledad jugando por su cuenta

Con los pájaros prófugos de enero.

Mi madre toda entera y el brasero

Donde la humilde sopa se calienta.

Patio al atardecer donde la abuela

hamaca su crochet de hilo lonero

y el verano madura la ciruela;

canta el yunque los hierros del herrero

y el rústico vislumbre de la vela

huele Jesús las hojas del romero.

3

Qué eternidad de lumbre provinciana

desgaja este domingo su tibieza.

Un pájaro se va desde mi pieza

a través del cristal de la ventana.

…………………………………………………………

Oscar Luciani.

Nació en Firmat (prov. de Santa Fe),

el 15 de septiembre de 1932. xxi

Todo asomaba al escuchar tu paso

Todo asomaba al escuchar tu paso

como de un tiempo antiguo y diferente.

El esperado amor, la trasparente

mirada que nacía en el ocaso.

Pura y suave la voz, el lento trazo

de una canción bajaba hasta la fuente.

Y era un temblor, apenas, dulcemente

nuestro andar por la tarde paso a paso.

Cuando cruzaron pájaros del cielo

un canto de campanas subió al vuelo

con la palabra tímida en tu nombre.

Algo nuevo en el aire se entreabría

no sé si era tu luz o el alma mía

o la dicha, de pronto, de ser hombre.

Héctor Negri.

Nació en Banfield (Buenos Aires),

el 22 de mayo de 1940.

De Recuerdos de adolescencia, 1968.

No pido nada

Andar la sensación de estar despierto

con una flor azul en el ocaso…

Entender las palabras del silencio

y alegrarme por su significado.

Seguir ese camino que va al cielo

-el que trazan las nubes y los pájaros

por llevarle semillas al lucero

y un perfume de tierra entre las manos.

Rondar cerca del sol y las montañas

besándole la frente al mundo claro.

Inaugurar un verso en la mañana.

Y dormirse después como el remanso

-aquí mismo nomás bajo la parra-

No pido nada… y pido demasiado.

Elba Ricciardi de Cerrudo.

De Dolores, radicada en La Plata

Provincia de Buenos Aires.

En Antología Poética Bonaerense, 1977.

Las alas que tú me das

Mira el volar de los

sueños.

Mira

el planear de los

pájaros; belleza,

libertad,

un dejarse llevar de

nube,

por el límpido cielo.

Los sueños son

como pájaros,

los pájaros como sueños,

cuando me das las alas

trato de imitar su vuelo.

Gregorio Robertazzi.

Nació en Capital Federal,

Reside en Quilmes (Buenos Aires).

Poema incluido en Antología Poética Bonaerense.

La Plata (Buenos Aires).

La calandria muerta

Sentí un dolor distinto esta mañana

cuando hallé una calandria junto al pino.

Muerta, de pecho al cielo, muerto el trino

que en un eco lejano se desgrana.

Como en una sonora filigrana

fue bordando su armónico destino,

amiga de la rama y del camino,

del alambrado que su rumbo hilvana.

Y levanté en silencio su silencio

con un pesar de aurora y miserere,

junto al dorado pino y su horizonte.

Pensé ante la quietud que reverencio,

que cada vez que una calandria muere,

han de llorar las brisas del monte.

Ismael Marcelo Siri.

Nació en Mercedes (Buenos Aires)

el 29 de agosto de 1919. xxii

Regresada

Vuelve devotamente la tristeza

por mis quietos jardines a inclinarse

y en la tarde que cirios de oro esparce,

tiene el fervor claustral de una abadesa.

Dice tu nombre, tallo y lozanía,

tu voz raigosa, tu alma sosegada,

y en ímpetus de rosa, tu mirada,

trae a la palidez del alma mía.

Grata tristeza que en frutal velada

cava tu imagen con voraz tersura

sobre mi languidez enamorada.

Y en pálpitos de cántaro y de nido

vela tu ausencia, sigilosa y dura,

como un inmenso pájaro dormido.

Amelia Urrutibeheity.

Nació en La Plata (Buenos Aires),

el 21 de diciembre de 1939. xxiii

Leyenda – El crespín

El Crespín es un ave

del norte de la Argentina,

de canto lastimero”

Según cuenta la tradición vivía en cierto paraje un matrimonio bien avenido, aunque la mujer era dada a las diversiones… su único defecto.

Una vez, el marido que se llama Crespín, enfermó seriamente. En busca de medicamento su mujer fue hasta el pueblo vecino, donde, en casa de su comadre, se celebraba un baile. La invitaron y ella aceptó gustosa, olvidando al poco rato la misión que la llevaba.

En lo mejor de la fiesta, algo ebria por causa del licor, recibió la noticia de que el marido había muerto. Por toda respuesta dijo: “Que siga el baile… hay a tiempo para llorar” y continuó bailando.

Pasados los efectos de la embriaguez, volvió a la casa, encontrándose con al triste realidad. Lloró tanto y tanto llamó al marido en su desesperación, que se transformó en pájaro. Por eso desde entonces, en la soledad del campo se escucha su canto triste: “¡Crespín, Crespín!”

Oreste Di Lullo.

El folklore de Santiago del Estero.

Universidad Nacional de Tucumán, 1943. xxiv

Leyenda – El cacuy

Ave nocturna de triste canto”…

Una muchacha voraz y glotona en grado extremo, no solamente mezquina al hermano la comida, hecha principalmente de harina (de algarrobo), sino que le molesta y persigue con el grito perpetuo de: ¡Haz harina! ¡Haz harina! Cansado al fin el mal trato, el joven quiere deshacerse de ella; la invita a subir, en su compañía, a un alto árbol donde había descubierto una colmena de abejas, y ella, ansiosa de gozar la miel, acepta. Pero mientras que estaba entregada a su vicio, el joven baja, desgajando el árbol, y huye. Ella, solita arriba de la copa, empieza a inquietarse y grita: ¡Mi hermano! ¡Mi hermano! (= ¡turay! ¡turay!), y como con el andar de las horas sintiera hambre y, además, era glotona, empezó a proferir el estribillo de siempre: ¡Haz harina! ¡Haz harina! (= ¡cacuy! ¡cacuy!). Pero nadie la oía. Transformada en ave, sigue gritando esas dos palabras. xxv

Roberto Lehmann-Nitsche.

Las tres aves gritonas.

Buenos Aires, 1928.

Imprenta de la Universidad.

Leyenda – El hornero…

Jaebé, un indiecito madrugador y trabajador, hijo del más hábil cazador de la región, vivía en una tapera cerca de la costa, al este del antiguo bosque de quebrachos.

Amanecía diciembre y el calor lo sofocaba.

Se acercó a las quietas aguas de la laguna y escuchó el canto de Yponá, la pastora. Inmediatamente se miraron.

Comprendió que estaba enamorado de ella. Sintió un impulso inexplicable, pero se contuvo y nada le dijo.

Sin embargo, tenía que respetar la voluntad de su padre y participar en las pruebas anuales para acceder a la mano de Eboteg –Flor de Agua- la hija del cacique.

Era tan ágil que ganó todas las competencias en distintos terrenos y venció en el cruce a nado hasta la isla.

En consecuencia, le correspondía cumplir un prolongado ayuno y quien soportara más tiempo, sería el marido de Flor de Agua.

En la tribu todos estaban atentos a los acontecimientos.

Pasados los pocos días de preparación, llegó el momento de iniciar el gran esfuerzo.

Sólo disponían de una amarga bebida para calmar la sed y de rústicas mantas para protegerse.

Las familias los alentaban y el calor los torturaba.

Uno a uno cesaban en su intento, algunos desfallecientes.

La manta que cubría a Jaebé seguía igual que el primer día, en la misma forma y en el mismo lugar, sólo un poco descolorida por los efectos de la copiosa lluvia, de la luz y del calor solar.

Orgulloso se acercó su padre, creyéndolo dormido.

Levantó la manta que tejiera su mujer en el último invierno y quedó paralizado por la sorpresa. Jaebé no estaba.

Se movía inquieto un pájaro rojizo. Aleteaba apenas.

De pronto, levantó vuelo y se posó sobre la rama de un espinillo. Canto una, dos, tres veces.

Entre la concurrencia estaba el hechicero de la tribu, quien anticipó que seguramente, esa avecilla era el alma del último enamorado ayunador.

El pájaro ascendió hasta la alta copa del ombú y otra vez se oyeron sus armoniosos gorjeos. A su lado se posó otra ave.

El brujo anticipó su opinión:

-Son almas que se aman, que se buscan, que se encuentran y se alegran. Por eso cantan, cantan, cantan. Es su misterioso mensaje.

Todos sabían que la pastora había desaparecido en la última semana. Nunca se supo si la robó una ola o si la ahogó una pena.

En vísperas del día de la Inmaculada Concepción de María, las dos aves seguían volando juntas. Barro y paja sirvieron para hacer el nido, con sala y alcoba.

Un español que convivía con los aborígenes, los nombró horneros.

Un poeta que nunca había escrito un verso dijo:

Mientras la luna se baña en la laguna

Yponá roza con su ala, la roja flor.

Señala a Jaebé el lugar preferido.

Carga él fresco barro y semillas de diente de león.

Agrega algunas hierbas y fibras de algodón.

Es hábil arquitecto y un alegre cantor.

Cuando esté terminada la construcción

Yponá pondrá el misterio en su interior

hasta que los despierte un débil piar.

Picos abiertos recibirán el cotidiano manjar.

Volverán a ser los ciclos de crecer, volar y cantar.

Los pájaros enamorados protegen el hogar.

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

De “Leyendas en vuelo… “ (libro inédito)

(Recreación de una antigua leyenda guaraní…)

Leyenda de la paloma de la puñalada

Cuando los guaraníes se reunían alrededor del fuego durante las noches del invierno, las abuelas contaban algunas historias muy interesantes.

Así sorprendían a sus nietos hablándoles de Tupá, uno de los dioses que respetaban todos los integrantes de esas tribus. Comentaban que una vez, Tupá descendió hasta la orilla de un caudaloso y miró hacia el bosque cercano. Juntó barro y lo mezcló con algunos pequeños trozos de madera de los árboles que allí crecían y después de amasar, amasar y amasar, Tupá logró formar al primer hombre y a la primera mujer, que necesariamente tenían la piel oscura. Al contemplarlos se entusiasmó y decidió crear otros animales: hizo una bola con barro, tronquitos y hojas secas y empezó a modelarla hasta que quedó algo así como un chorizo y entonces dijo: esto será una víbora y así fue cómo empezó a moverse la temible yarará. Miró hacia lo alto y se imaginó algún animalito volando; le pareció fácil hacer sólo con barro algo así como un rectángulo, lo apretó en el medio y se dio cuenta de que podrían ser algo así como dos alitas, buscó dos hierbas resistentes y las agregó a la cabecita como si fueran dos antenitas.

Como Tupá era un dios, miró su obra dos veces, de uno y otro lado y dejándola apoyada sobre la mano derecha vio cómo empezaba a moverse hasta que voló, voló, voló y se posó sobre una flor. Se alegró al verla volar y quiso hacer otro animalito con alas, esta vez ya no un insecto sino uno que tuviera esqueleto, que fuera más pesado. Le gustaron los colores de la mariposa y pensó cómo podía hacer para que su futura creación también luciera distintos tonos. Empezó a modelar hasta que completó un pequeñísimo pajarito que como por arte de magia también estaba cubierto con delicadas plumitas de varios colores y con bastante brillo. Miainumbí –dijo- mientras el colibrí salió volando, volando, volando… y se escondió entre las ramas del sauzal. Con alegría juntó más barro y con la misma mezcla que usó para el colibrí, hizo otra ave, también con plumas azules, verdes, amarillas, rojas, grises pero en vez de un largo y fino pico, le puso uno grueso como para que pudiera comer algunos frutos. Lo posó sobre la rama de un ceibo y enseguida el guacamayo voló, voló, voló…

Todos estaban muy tranquilos en ese lugar hasta que Añá, el dios del Mal se enteró que ahí vivía una pareja de hombres de piel blanca y decidió apoderarse de la jovencita con la intención de convertirla en una mansa avecilla. Lo logró y una blanca paloma empezó a aletear y se alejó hasta el bosque donde estaban las que había creado Tupá.

Han contado las abuelas que enseguida se dio cuenta de que la mariposa y las otras aves lucían atractivos colores y como suele pasar entre los hombres, sintió envidia y empezó a buscar entre su plumaje alguna que aunque fuera muy pequeña, tuviera otro color. Tanto estuvo picoteándose que se lastimó y la sangre le tiñó las blancas plumas del pecho. Es probable que Añá haya estado por ahí, pensando en hacer alguna otra brujería, porque desde entonces esa palomita nunca más volvió a ser toda blanca y luciendo ese original medallón natural y rojo, siguió revoloteando de rama en rama…

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

Recreación de una leyenda guaraní.

Leyenda del caraú…

Entre los guaraníes -y algunos matacos-, se repetía la leyenda del caraú (carau).

Contaban que había vivido en esos lugares un hombre muy trabajador, excelente bailarían… y que estaba una noche disfrutando con todos los jóvenes de varias tribus amigas cuando le avisaron que estaba muy enferma su madre y que lo llamaba. No interrumpió sus rítmicos pasos y dijo que esperaran un rato. La música continuaba y él tampoco dejaba de bailar. Tanto demoró en responder al pedido de su madre, que al amanecer se sintió cansado, se sentó sobre un tronco seco y después de tomar suficiente agua, se despidió de los pocos que lo acompañaban y empezó a pensar en cómo estaría su enferma madre.

Llegó cuando ya había muerto y ofendidos sus familiares ocultaron el cadáver y le dijeron que ya la habían enterrado. Lloró como si fuera un niño. Unas horas antes había sido un animado bailarín y en ese momento era un hombre vencido.

Como era costumbre en ese tiempo, usó luto y rogaba a los dioses por el alma de su madre hasta que una noche desapareció. Nunca más fue a los bailes, nadie lo volvió a ver. El hechicero comentó que se había convertido en un caraú. Imitó el grito de ese ave y dijo que lo había visto posado a orillas de la laguna luciendo su largo y encorvado pico.

También contó que otras veces, lo observó mientras lentamente calmaba su sed en la orilla de una laguna… xxvi

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

Recreación…

Por los senderos del arte de vivir y convivir…

La salud de Pedro Raúl Marangoni seguía declinando mientras ¡GASTÓN GORI, el Patriarca de los Pájaros!… seguía trascendiendo desde su vasta obra literaria.

No ha sido por casualidad lo escrito por Ernesto Roque Sábato: “Escribo para no morirme de tristeza en este país desventurado”.

Tampoco es casual que sigan acumulándose textos en sucesivas recopilaciones que elaboro con el propósito de difundirlas por distintos medios para estimular la lectura y como apoyo a la labor de los educadores profesionales.

Durante este invierno, logré releer, corregir y modificar textos escritos hace varios lustros. La sugerencia de Gustavo José María, nuestro cuarto y último hijo, se está concretando mediante el apoyo de especialistas en computación e informática.

Un lugar para el sosiego y el asombro… podrá congregar a potenciales lectores.

A fines de octubre de 2004, mediante correos electrónicos envié sucesivas invitaciones con el mismo texto y breves mensajes. Aquí, lo enviado a Trudy Pocoví, abogada, destacada escritora y amiga a perpetuidad… como decía Gastón Gori:

Trudy, hermana-compañera: Gracias por el tiempo compartido y tu generosa siembra, porque son estímulos vitales para seguir por los senderos del arte de vivir y convivir.

Seguimos acompañándonos en los sueños y las realidades…

Estoy enviando este mensaje

INVITACIÓN

VIERNES 12 DE NOVIEMBRE DE 2004 a las 16:30

en el  CENTRO COMERCIAL DE SANTA FE, SAN MARTÍN 2819

-PRESENTACIÓN DEL LIBRO “LAS MADRES DE LA PLAZA DEL SILENCIO” – Edición donada al Centro de Ex Combatientes de las Malvinas- Homenaje a los siete soldados santafesinos caídos en combate. -PRESENTACIÓN DEL “PORTAL” – “UN LUGAR PARA EL SOSIEGO Y EL ASOMBRO” del SERVICIO DE EDUCACIÓN POR EL ARTE – ARGENTINA.

-Propuesta  “El día de los pájaros: 17 de noviembre”, como expresó el talentoso Gastón Gori… “¡el Patriarca de los Pájaros”!

Será grato dialogar… Un fraternal abrazo de Nidia Orbea de Fontanini

……………………………………………………………………………………………………………………

2005: poemas en librillos…

En la biblioteca de la Cofradía de los Duendes hay libros, folletos, láminas, minilibros como el ejemplar Nº 38 “Cadencias” de Oscar Agú, librillo artesanal elaborado en diciembre de 1986, acercado tras el descanso de enero con una dedicatoria manuscrita en la primera página: “Nidia: más allá del tiempo, de sus luchas, de sus dulzuras y sinsabores, con amistad te acerco estas CADENCIAS. Cacho / Feb.87”.

De Oscar Agú…

Aquí, uno de sus poemas:

Crece el tallo en su canto verde

silencio,

abriendo espacios vacíos,

dibujando formas caprichosas

para asiento de los pájaros.

Generoso, Cacho Agú acercaba a sus amigos las páginas voladoras de “La Red” con poemas y relatos de autores de distintas latitudes.

En la portada de sucesivas entregas, el original y simbólico logotipo elaborado por Sergio Hechín y la reiteración de una insoslayable advertencia: “El hombre no ha tejido la red de la vida: es solo una hebra de ella”. Cacique Seatle. 1857”.

Colaboraban en tales recopilaciones: Teresa Guzzonato y Horacio Rossi.

Teresita se destaca por su solidaridad. No ha sido por casualidad que Elsa -nuestra amiga a perpetuidad- haya sentido el impulso de escribir:

              El jardín de la Tere

ELLA abrió la puerta y allí estalla el verde. Y el amarillo y el rojo se funden y truena el naranja.

Por allá un gran azul es de pronto inquietante violeta.

Me descalzo y la frescura del césped, invadido por las rastreras, sube por mis pies.

Desde un rincón aparecen dos fantasmas con capuchas de gasa, tenues y vaporosas que se transmutan en los jazmines y campanillas.

Estoy hundiendo en la tierra vegetal y la savia galopa por mis venas. Brotan de mis hombros hojas y ramas. Florecen mis cabellos y ofrezco mis brazos para que se columpien los fantasmas.

Quiero quedarme.

Sí. Quiero quedarme. 

Por Elsa Hufschmid

Haiku de Oreste Abiatte

En la tercera entrega de “La Red”, en septiembre de 1990 incluyeron del poemario Por el atardecer de Oreste Abiatte, este “haiku” generado en tres versos con diecisiete sílabas (5-7-5) como enseñaron los casi legendarios poetas japoneses

Hoy libré un pájaro

Cautivo. El cielo tiene

Un vuelo más.

Beatriz Vallejo entre Rosario y Rincón…

La quinta entrega, una página plegada con señales del arte natural de Teresa Guzzonato expresado con hojitas secas apoyadas sobre el papel como si fueran alas de mariposas, estaba dedicada a “Beatriz Vallejos / Rosario / San José del Rincón” y en la portada ilustrada con reproducciones de pequeñas flores y finos trazos, también manuscrito: “Si este cuaderno se pierde / como suele suceder, / que se lo entreguen al aire / que el aire su dueño es. Cuaderno de Magoaire – Poemas”. Desde el entramado de la red, estos poemas:

Un picaflor asentado en una rama

bajo la llovizna.

Largo tiempo estuvo así.

Bebimos el tenue silencio tornasol

y recién entonces

levantó vuelo.

—ooo—

El cartero

trae y lleva zorzales

entre cartas reales

y recibos de luz.

En el periódico mensual gratuito El Arca del Sur, editado por Alejandro Álvarez y acercado por Cacho Agú en diversas circunstancias -también distribuido en casas de comercio santafesinas-, en la novena entrega, noviembre de 1993, imprimieron con recuadro:

Golondrina

bebe cielo bebe cielo hermana del aire

treinta y dos mil kilómetros

qué son hermana del aire

más libre que yo

prisionera en símbolos.

Beatriz Vallejos.

(“Donde termina el bosque”

Ediciones del TALLER. Rosario 1993)

No es por casualidad que con frecuencia recuerde la obra de Cacho Agú, no sólo literaria… Sé que si las circunstancias lo requieren, ha de ser secretario honorífico del Servicio de Educación por el Arte de vivir y convivir… en la presentación de escritores santafesinos de distintos departamentos, ya que suele acercarse a bibliotecas y escuelas para presentar ediciones compartidas.

(Rememoro que Hugo Alcides Ifrán, destacado folklorista santafesino reconocido en distintas latitudes y Director del Museo de la Costa de Rincón, a mediados de la década del ’80 organizó un encuentro con Beatriz Vallejos y generosamente, expuso el pañuelo que fue la motivación generadora del poemario Albricias, versos escritos tras las percepciones al observar los dibujos de vaquitas de San Antonio, flores, trompetas, hongos…

……………………………………………………………………………………………………………………..

2006: Semana de los pájaros…

En cinco volúmenes de la colección Palabras para compartir… (ediciones del Servicio de Educación por el arte 1989-1991) y en el cuarto, también disponible en la Biblioteca Nacional del Paraguay por oportuna donación, hay varios poemas de Víctor Hugo Vargas, periodista y escritor que ha adherido al proyecto SEMANA DE LOS PÁJAROS (10 al 16 de noviembre) y 17 de NOVIEMBRE: DÍA DE LOS PÁJAROS – HOMENAJE A GASTÓN GORI cooperando en la etapa de difusión por radio y diarios de San Cristóbal y Rafaela.

Al actualizar esta recopilación iniciada en el otoño de 2003, reitero…

“Palabra y piedras lanzadas”

Alguien lanzó una piedra

y a un pájaro de muerte hirió,

otro lanzó una palabra

y una esperanza mató.

Palabras y piedras lanzadas

no retroceden jamás,

preciso es reflexionar

antes de echarlas a andar.

No significa que calles,

otorgando al silenciar,

sino que seas conciente

que ellas no retornarán.

Si tus palabras son voces

que buscan fuentes de luz,

no tendrás que arrepentirte

porque bebes la virtud.

Vivir haciendo preguntas,

después de actuar sin pensar,

sólo es propuesta de necios

que buscan justificar.

Justificar ante el mundo,

algo que hay que cambiar,

pero que no quiere hacerse

porque es carne individual.

Alguien trajo con amor

el pan que alegró la mesa

pero también la palabra

para formar la conciencia.

Conciencia el hombre precisa

para saber adónde va,

logrando de esa manera,

gozar de la libertad.

Palabras y piedras lanzadas

no retroceden jamás,

preciso es reflexionar

antes de echarlas a andar.

Víctor Hugo Vargas.

Palabras y piedras lanzadas

no retroceden jamás”.

(Antiguo proverbio romano).

En el portal de SEPA-ARGENTINA incluí otros poemas, impresos también en el CD “Del vivir y vibrar” presentado al atardecer del 10 de mayo de 2006 en el Centro Comercial de Santa Fe.

Aquí, reitero…

Qué me importa…

Qué me importa si el color

de tristeza pinta el cielo

y que los pájaros no dancen

con gracia en su raudo vuelo.

Yo siento a la primavera

danzar por los sentimientos

y canturrear mil palomas

en el vaivén de mi cuerpo.

El otoño se adormece

cándidamente en la tarde

mientras nuestro amor florece

en tu vientre ahora en flor.

Víctor Hugo Vargas.

San Cristóbal

* * * * * * * * * * *

En amarillentos papeles guardados en una carpeta forrada con papel plastificado –tipo araña verde-, encontré originales de poemas que escribí en la década del ’70 y principios de la siguiente.

En esta primavera de 2006, reitero algunos…

Ven palabra…

Ven palabra, ven…

No arrastres al silencio

con el violento viento.

Ven palabra… ven

para volar sobre las ramas

con el mensajes de los pájaros.

Ven palabra… ven.

Pierde tu timidez

Vuelve tu grito, denuncia las miserias.

Ven palabra… ven.

Te necesito para el perdón y la caricia.

Te necesito para nombrarlo a Dios.

Ven palabra… ven.

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

Santa Fe de la Vera Cruz.

Como un viento fugaz…

Cual camalote sobre el río

Transitamos entre pájaros

y reptiles miméticos.

Inauguramos cada día

con jirones de esperanza:

una mirada o un beso

un amigo o una ausencia…

mientras la vida se nos va

como un viento fugaz entre dos ramas.

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

22 de noviembre de 1984 – Hoa 22:30

Santa Fe de la Vera Cruz

Tu vuelo

No imites a las gaviotas

sobre las aguas azules

buscando sólo la presa.

Intenta igualar su vuelo

para alcanzar otro cielo,

donde halles con pureza

reflejada tu silueta.

Abre tus alas hermosas

y convierte a las mañanas

con perfume a flor y mieles,

en una radiante estela.

Que alcances a las estrellas,

y mirando tu nobleza,

canten por ti las calandrias

que irán siguiendo tu huella.

No imites a las gaviotas

sobre las aguas azules

buscando sólo la presa.

Vive tu vida con alteza.

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

Bariloche (Río Negro) – 1978.

A pesar de las distancias

Caminar sobre los frágiles tréboles…

Acariciar las rugosas cortezas de los ceibos,

buscarte en el espacio infinito

donde reinan los pájaros

y sus trinos parecen una plegaria.

Ahogarme en un llanto sin lágrimas,

mirar el cielo…

y convencerme que es lo único

que aún queda, idéntico

a otros veranos cargados de frutos,

de los más admirables:

los de nuestras vidas compartidas,

que por el poder de Dios,

llegarán a ser eternas

a pesar de las distancias.

……………………………………………………………….

Volver a caminar sobre los tréboles,

a acariciar las cortezas de los ceibos,

y buscarte en el espacio infinito.

¡Por fin, hallarte!

a pesar de las distancias.

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

Los Amores” en “Las Delicias”

Sauce Viejo – 18 de febrero de 1978

Materia ardiente

Me he sentido como si fuera un árbol,

prisioneras mis raíces en la tierra;

mi piel suave como el tallo joven,

débil para vencer los vientos de la noche.

Creciendo me fui tornando

fuerte cual la corteza del ceibo o del lapacho,

altas las amas, buscando al cielo azul

o a la nube borrascosa presagio de tormenta.

Con los límpidos cielos y los vientos bravíos,

Aprendí a acunarme sin temer a la vida.

Si algún ciclón malvado, mi cuerpo mutiló,

Confié en el brote nuevo y el brote, así nació.

Cuando perdí mis hojas y mudé mi color,

comprendí que la savia, se secó en mi interior;

pero aún quedé erguida,

sin mueca del profundo dolor.

Algún caminante, tal vez, me contemplará

y en el bosque verde que callada habito,

se sentirá tentado por derribarme,

hachar mis ramas y atarlas en un haz.

Ven pronto, caminante, toma tu hacha,

golpéame con fuerza para pronto acabar

con esta triste instancia de ser sólo una imagen

del esplendor pasado y la muerte tenaz.

Fui cual árbol para alegrar con esperanzas nuevas,

a quienes compartían el milagro vital,

que es cada temporada primaveral.

Haz conmigo una cuna o una hamaca.

Fui como el árbol para servir de apoyo callado

al labriego y al pensador cansado.

Hay entonces conmigo, leñador esperado,

una hoguera… y siéntate a mi lado.

Si me he sentido árbol,

ha sido porque tuve raíces profundas,

follaje y esperanzas echadas a mil vientos

y tuve sobre todo, deseos de ser fuego.

No el fuego que ruin mata tejidos y materia,

sino el fuego que templa la forja del herrero,

que ayuda a la experiencia para la nueva ciencia,

que invita a hacer la ronda… y a dialogar muy quedo.

Llévame entre tus brazos… deja pasar el tiempo.

Cuando esté seca… seca… tú oirás mi crepitar,

pero en los mil chirridos, y no más ser

simplemente materia, también pronta a desaparecer.

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

Desde “Los Amores” en “Las Delicias”

Enero de 1981.

A Hugo Mandón

El tiempo habrá envejecido mis papeles

y joven brillará aún tu poesía

en ese diálogo íntimo de octubre:

“La vida es una larga pausa

preparatoria para morir

y dejar algún recuerdo,

una palabra, un gesto,

dado alguna vez al aire de la tarde

y luego inolvidable.”

Tú, el gran poeta

como el ave peregrina

hiciste de esa pausa

un andar de caminos

regalando tu trino.

Cantaste a tu país y a su gente.

Dios te dio la alegría

de lanzar a los vientos tu prosa

en tu última primavera recorrida.

Tu voz quebrada

y profunda tu mirada,

fueron testigos del secreto revelado:

“Escribiré sobre Gastón y su Anatole”.

Con las alas cortadas,

te remontaste igual, en el espacio infinito,

porque usaste la palabra…

y tus ideas, multicolores como las mariposas,

tenían la fuerza del cóndor invencible

y cruzaban montañas.

Ahora que has partido,

allí entre tus cosas, en tu nido,

podrá renacer como el fénix tu mensaje sentido,

y tal vez una lágrima hecha lluvia o rocío,

empape nuevamente tus escritos dormidos,

por no haber sido comprendido.

Pero siempre habrá cerca un amigo

que ponga luz en la gota advertida,

y como hoy, será otra vez tu voz,

el arco iris que siempre nos sorprende

y al cual tanto se admira.

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini. 1981.

(Hugo Mandón, pasó a la inmortalidad el 10-02-1981.

Gastón Gori, destacado escritor santafesino y

Anatole France – Primer Libro editado por

Gastón Gori, Buenos Aires, Ed. Porter Hnos., 1960.)

A Gastón Gori

Generosamente, en un tiempo joven

Recibí una obra de tu mente,

Ayudándome a enriquecer el alma

Con la belleza pura del poema.

Inesperadamente, Dios me tendió un puente

A distancias enormes… recorridas

Sin conocerte más que por tu prosa.

Gastón Gori…

Ahora ya sé que eres Pedro Marangoni.

Seudónimo que te hizo crecer,

Tanto como poeta, como hombre.

Orgullo de las Letras, tu nombre!…

Nunca olvidaré tu gesto noble.

Gastón Gori.

Oh!… grande en tu humildad, como los grandes.

Recojo yo tu actitud generosa,

Inclinándome ante tu gloria, respetuosa.

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

Santa Fe de la Vera Cruz. 25-10-80

Mi gratitud por presentar mi primer libro

Poemas para Tioco” el día anterior,

en la Sala “Leopoldo Marechal” del

Teatro Municipal “1º de Mayo” de Santa Fe.

………………………………………………………..

Posado el benteveo sobre la rama

regala al aire su canto mañanero.

Una mirada clara atrae otras miradas.

El amor sigue encendiendo sus lámparas.

………………………………………………………….

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

03 de octubre de 2006

* * * * * * * * * * *

Crece la bandada…

Más vuelos poéticos y aquí, una recopilación de poemas difundidos en la red de redes -seleccionados tras sucesivas lecturas- los generosamente enviados por sus autores como adhesión al proyecto Semana y Día de los Pájaros – Homenaje a Gastón Gori..

Golondrinas

Imitan los enjambres,

Ennegrecen el cielo

Con puntos danzantes.

Los chirridos espiralados

Reúnen a las avecillas leves

Para la gran travesía.

Sobre la ciudad inmóvil,

Que se queda aferrada

A la llanura.

Sobre nosotros danzan

Sobre nosotros,

Por sobre nuestros ojos emocionados.

El tiempo pautado

Por partidas y retornos,

Firmamento inescrutable.

Y la húmeda mirada de mi madre

Que dice

¿Estaré aquí cuando vuelvan?

Mónica Russomano.

Santa Fe de la Vera Cruz, República Argentina.

(Recibido el sábado, 26 de febrero de 2005.)

El benteveo

Él me escribió desde lejos “Recién bajé del techo, en mis meditaciones sin resultado, pero había un gran murallón rosado de nubes altas que absorbían la última luz del atardecer, y delante unas nubes con formas de algodones pero de un color gris acerado muy extrañas y lindas en su
combinación”.

Claro, con un hombre de mirada celeste una se pasea con los ojos vueltos hacia arriba, y se termina por hallar en las alturas la maravilla, y también el espanto.

En la esquina de San Martín y Suipacha, en un rincón de enmarañados cables eléctricos, en un primer piso abierto a soles y tempestades, desaliñado y frágil, un torpe nido de jirones arrancados a pasacalles albergaba un benteveo. Pequeño y gritón, el pajarito reclamaba al adulto que acudía con bichitos cazados a vuelo raudo.

Nos detuvimos en la vereda opuesta sonriendo a la maravilla de la vida, en un mágico cuadro inmóvil. Una mujer en la única ventana abierta se peinaba sin prisa, y con brazo lánguido entregó al aire cabellos etéreos.

Largo rato silencioso dejamos que la escena se desplegase para nosotros. Era un regalo inesperado, y nos retiramos con el recogimiento de un fiel que se persigna al traspasar las puertas de su templo.

Retornamos, porque no se conforma la humanidad con entrever la obra de arte; buscamos vanamente repetir el asombro, y tal falta halla su castigo.

El pajarito estaba quieto, colgante y deslucido, abandonado a la inclemencia de la muerte sin sepultura. En la fachada de persianas cerradas, la única ventana abierta era la de la mujer inmóvil, que nos miraba inescrutable.

Deseé no haber visto el nido, deseé no saber que la vida es un milagro fugaz. Anhelé borrar el recuerdo, el canto de los benteveos, el saltito ratonil de los gorriones. ¿Con qué objeto escrutar los cielos, si han de repetir las decepciones de los llanos?

No hubo lágrimas en mi rostro, pero lloraba.

Que todo y todos hemos de desaparecer, lo sabemos. Que no hay justicia en la muerte, que el destino es un camello ciego, que la guadaña siega por igual las espigas maduras y los brotes tiernos. Lo sabemos.

No me niego, sin embargo, a la humana indignación. He de llorar vana, inútil, humanamente por el pajarillo inerte.

Por Mónica Russomano.

(Envío miércoles 18-01-2006)

* * * * * * * *

Tras un diálogo durante la XII Feria del Libro de Santa Fe en el auditorio “Gastón Gori” durante un encuentro con escritores de distintos departamentos convocados por el Servicio de Educación por el Arte, comenzaron las comunicaciones con la Prof. Marta Goddio residente en Llambi Campbell, departamento La Capital.

Con sus alumnos de la Escuela Nº 46 “Bernardino Rivadavia” de Candioti, durante los meses de junio y julio de 2006 había desarrollado su proyecto “Sembrando ventanascosechando trinos” relacionado con obras de escritores santafesinos -Gastón Gori, Teresa Guzzonato…- y con “lo ecológico”, los árboles, los pájaros… Esa experiencia merecía una amplia difusión y así lo interpretaron las autoridades y compañeros de la citada escuela, quienes también apoyaron la celebración de la SEMANA DE LOS PÁJAROS (10 al 16 de noviembre) y el “17 de NOVIEMBRE: EL DÍA DE LOS PÁJAROS – HOMENAJE A GASTÓN GORI”.

El palo rosa

(Los árboles fuertes crecen silenciosamente…)

* * *

un día de fuerte tormenta, la lluvia torrencial la arrastró

***

En el alto Paraná, bajo un sol tropical de fuego; el río bajaba lento, entre escarpadas orillas, en una enmarañada espesura de la jungla misionera. Allí donde el río remanseaba; esas verdes y frondosas orillas se abrían, formando un gran espejo de aguas reverberantes. Relucientes estrellitas estallaban titilantes en la superficie, sobre las ondas temblorosas, en una danza lenta y cautivante.

Miles de troncos con brillos remojados, iban dando vueltas lentamente en torno a sí mismos, como en una gigantesca calesita maderera. Como tras el canto de invisibles sirenas; atrapados por el río, que había decidido entretenerse juguetón, un titánico momento, en su cauce trajinoso. Giraban y giraban, primero casi con desgano, desordenadamente. Luego se agrupaban más y más a medida que se iban juntando en el centro, ya rápidos, en torno al vórtice del caudaloso remolino.

La presión que ejercían los mismos troncos sobre los que eran apretados en el centro, hacía que éstos se movieran como con vida propia, tratando de zafarse, corcoveando como potros desbocados. De cuando en cuando, por la succión, algún tronco gigantesco se levantaba sobre sí mismo, se debatía como si luchara por su vida contra un monstruo profundo, y se sumergía engullido por el voraz girar de las aguas plateadas.

Desaparecía, y al rato otro tronco iniciaba la danza del remanso, y el monstruo lo engullía mientras allá a lo lejos, en el agua ya tranquila, emergía de golpe un tronco de punta, que saltaba a la superficie, volviendo del fondo; cómo si volviera al aire, al sol, a la vida; como si hubiera vencido al feroz monstruo de las profundidades.

El Río tras distraerse y juguetear en el remanso, volvía a seguir su curso, y llevaba consigo los troncos recuperados, que de a poco iban siguiéndolo mansamente en los sinuosos trazos, de recodos y desplayados, entre la selva tropical, y el sol que calcinaba.

A la altura de Garupá, antes de llegar a Posadas, con las aguas más calmadas; los troncos, son retirados a la orilla del río, extraídos uno a uno, y depositados en un gran playón. Allí reposan apilados momentáneamente, hasta que ser comercializados, destinados a diversas aplicaciones.

Lo que no sabíamos la gente, es qué pasaba con los troncos, cuando los troncos quedan solos, y se encuentran en grupos, en momentos en que están seguramente preocupados por lo qué va a ser de ellos, en poco tiempo más.

Y allí es cuando nos enteramos que los troncos hablan entre sí.

Mejor dicho, se comunican, porqué hablar, no hablan, al menos no como nosotros.

Porqué nosotros sabemos que los árboles sí hablan; o al menos susurran con sus hojas en el viento, a veces silban, o se quejan cuando sus ramas son violentadas por las tormentas, y hasta protestan cuando los hieren o los voltean a hachazos en el monte.

Parece ser que se comunican por ondas, tal vez una resonancia molecular, o alguna cosa de esas, silenciosas para nosotros, pero entre ellos se entienden, aunque no a gran distancia…

Así me contaron… -Al menos así es con los troncos de la selva misionera…

El más grande era también el de mayor edad. Tenía, antes de que lo hacharan, más de cien años y era de la zona de “El Alcázar”. Era un tronco de Palo Rosa, que es el árbol más alto en el follaje, que forma el verde dosel, el manto que cubre la selva. Él fue el que comenzó la conversación: Sostenía que no estaba de acuerdo con lo que se decía de que eran “Vegetales”. Que sería como estar vivos pero no hacer gran cosa, más bien nada: ”vegetar”; y ellos sí que hacían cosas.

Cosas muy, muy útiles, como ser: aparte de la sombra, todos juntos formaban los montes y las selvas, que producían y renovaban el oxígeno que respiraban todos los seres vivos, daban frutos que comían las aves, y muchos otros animales, incluso la gente, abonaban el suelo, eran refugio de muchísimos nidos, y tantos productos se obtenían de sus hojas, sus frutos y hasta de sus propias raíces. Incluso mientras crecían, iban endureciendo sus maderas que luego serían vigas, tablas, muebles; que serían cunas o mesas en los hogares de la gente, y puertas y ventanas quizás, y tantas cosas que se usan en el mundo para bienestar de todos. 

¿Cómo que vegetales?” -decía; más bien transmitía, a los demás troncos apilados junto a él, ya envalentonado, aunque todo esto sin un solo ademán, y ni un solo gesto.

¿Y los sentimientos?” -prosiguió un Lapacho Negro. -“¿O no tenemos sentimientos?”…

Yo sentía una gran alegría al ver un nuevo nido en mis ramas, o cuando piaban pichoncitos de una nueva camada” -decía enternecido…

Un Cedro, que cómo árbol era de los más altos, de los que formaban la techumbre con sus copas, y de preciosa madera, terció entusiasmado:

-“Tuve mucho tiempo de inquilino un ‘Tucán’ de un vistoso colorido, que hacía un gracioso equilibrio en una pata, mientras se alisaba y acicalaba el hermoso plumaje con la otra, y con su pico descomunal”.

Un “Petiribí” rugoso habló de los monos “carayáes”, de la alegría y del jolgorio que tenía todos los días con las “monadas” de los monitos, tan juguetones.

Un “Ibirá pitá” agregó indignado: -“¡Yo he visto cada cosa!, ¡Una vez sentí tanta pena, tanta impotencia; una pareja de ‘morajúes’, negros como sus almas, tiraban al suelo de un nido de mis ramas más altas, a los huevos de otros pájaros, para poner los suyos!”.

Un “Pino Paraná” tras escucharlos, hizo también su aporte: -“Yo crecí en la zona de Puerto Esperanza, cerquita del río, era el único de mi especie en ese lugar, y sobresalía muy alto del resto de la arboleda. Desde arriba veía mejor aún, muchas cosas, como Uds. dicen… -Allí abundan entre el canto rodado y las demás piedras; algunas semipreciosas como ágatas y amatistas”.

-“Había una grande y hermosa que la he visto a mis pies durante años… Siempre pensé que un día, alguien, algún afortunado la hallaría, pero no…, un día de fuerte tormenta, una lluvia torrencial la arrastró por la pendiente, y esa amatista tan extraordinaria cayó al río, y quizás se perdió para siempre!…”

Todos quedaron un momento tristes, compungidos…

Por último el viejo Palo Rosa, volvió a emitir los misteriosos pulsos, continuando aquel molecular diálogo: -“Una vez he visto un ave muy extraña, grande…, ¡y daban miedo sus ojos crueles y su pico ganchudo! Venía siempre a posarse en mis ramas y traía a comerse allí sus presas. Luego observé que sólo eran serpientes y alguna alimaña!… Con el tiempo fue mi amiga, y comencé a tener respeto por su valor y apreciaba su compañía”.

Todos seguían con interés la historia del anciano, que como todos los demás, habían muerto como árboles; pero vivían como troncos…

-“La capturaron unos científicos, y la llevaron a Dos de Mayo, ¡y la confinaron a una jaula, grande sí; pero apenas podía hacer un corto y patético vuelo!… ¡Unos pocos aletazos, con sus alas gigantes, y a escasos tres o cuatro metros del suelo!… – ¡Eso y nada era lo mismo para ella!”.

-“Eso fue en el museo de Ciencias Naturales, y entonces supe su nombre: era una “Arpía”, un búho, o un Águila Crestada, no sé bien, sé que era, por lejos, la reina de las aves de la selva, y era la única de su especie en cautiverio en América del Sur!”… “¡No sé cómo habrá salido de su prisión, y si bien no vino más a mis ramas, la he visto un día, mucho, mucho tiempo después, volando rauda sobre la selva!, quizás buscando víboras…, pensé en que bien podría representar a su manera a La Libertad, y debiéramos rendirle un monumento!”…

Ahora sí, hicieron un asentimiento profundo y silencioso… Nadie se animó a romper el encanto que había reinado y quedó como flotando entre ellos, con tan hermosas historias… Ya casi amanecía cuando cesaron sus tan extrañas charlas, por esa noche; pero en otras siguieron, especulando sobre todo, cuál sería su destino inmediato, su incierto futuro.

Eran ellos de maderas nobles, y tenían grandes esperanzas y toda la fe del mundo en sí mismos. Tenían más bien ansiedad por conocer cuanto antes su designio de ser útiles, allí donde fuera…

Casi diariamente había movimiento de pesados camiones que cargaban en sus grandes chatas, troncos para distintos lugares, que tras salir del playón tomaban la ruta a los rumbos más diversos. La gran mayoría iba destinada a grandes aserraderos donde los transformarían en vigas, tirantes, tablones, postes, tablas, u otras formas; para la construcción, o para mueblerías, o para tantos otros usos.

Una mañana temprano, aún el sol no había secado el rocío; un escultor de la madera, un tallador; y algunos ayudantes, caminaban buscando un tronco en especial, uno que les ofreciera las cualidades que pretendían. Tras recorrer y detenerse, inspeccionando varios, llegaron ante el anciano. Lo miraron al Palo Rosa como venerándolo, ya que eran entendidos, y lo voltearon, lo evaluaron, cortaron sus puntas: no tenía grietas, no estaba picado, y lo eligieron para llevarlo, junto con algún otro que seleccionaron también.

Los llevarían para tallarlos y modelar figuras y estatuas en un concurso de esculturas en madera, en la ciudad de Resistencia.

Los eligieron como lo que eran, la mejor madera disponible en Misiones; ya que el escultor, misionero, quiso presentarse con maderas de su región, sin menospreciar otras que las habría, y muy buenas, como las que ofrecían los montes del Chaco.

Descargaron las piezas directamente en la plaza central de la capital chaqueña, donde se celebraría el evento. Allí había otras especies, también nobles como ellos: Quebrachos colorados o blancos, itines, urundayes, guayacanes, de maderas durísimas. Y el Algarrobo, de madera más maleable; pero cada escultor tenía sus preferencias, ya que con las herramientas adecuadas conseguían verdaderas maravillas. No importaba la dureza que tuvieran…

Había artistas de muchas provincias, y de algún país extranjero. Todo se fue preparando, todo quedó listo. Y llegó el día de la gran competencia…

El viejo tronco yacía ya soñando ser una escultura, entregar su valiosa y noble madera para una obra que enalteciera su tierra, su selva, sus valores… El siempre admiró el vuelo y sobre todo la libertad de las aves; y volvió a la imagen y al porte majestuoso de la reina de las rapaces, la Arpía, su amiga, que había vuelto a ser libre, tras su cautiverio en Dos de Mayo….

¡Qué hermoso sería transformarse en una emblemática talla, que representara todo eso! ¡Sacrificarse así valdría la pena!

Pero… ¿Cómo lograrlo?

¿Podría él con sus silenciosas emisiones incidir en la inspiración de un artista? ¡Valía la pena intentarlo!

Aún antes que comenzara el primer corte, el poder del viejo tronco estaba concentrado en lograr alguna incidencia en su tallador. Toda su energía madurada en la selva tropical se hizo fuerza pura, y vibraron sus fibras a nivel molecular, emitiendo un poderoso mensaje, que comenzó a modificar los planes que tenía concebido el artista…

Todo el obrador de la plaza se fue alfombrando de astillas, trozos, virutas; desbastes de todos los tipos de maderas que se tallaron ese domingo.

Usaron motosierras, mazas, formones, sierras, gubias, buriles…

La gente que se agolpaba expectante pese al intenso frío del mes de julio, guardaba respetuosa distancia y devota admiración por todas esas manos fuertes y habilidosas; que podían sacar formas ocultas que parecían haber estado dentro de los troncos desde antes de labrarlos. Iban apareciendo tallas de todos los estilos, tamaños y formas…

Pero hubo una, que fascinó a todos por lo magnífica….

Era un ave de rapiña, majestuosa, de fiera mirada, en actitud desafiante, con las alas semiabiertas, posada en una gruesa rama donde apresaba entre sus garras una víbora derrotada, y expresaba un gesto de valeroso triunfo…; tallada en un Palo Rosa.

Fue la que obtuvo el primer premio.

Celso H. Agretti.

07-03-2004

Avellaneda (Gral. Obligado)

La calandria entre las leñas

Si muere el ave,

Su belleza muere con ella

Era común en las casas de entonces, al menos en un pueblo rural como el nuestro, y más en una zona suburbana, tener mucho espacio especialmente en el terreno, que contenía siempre un gran patio, y un extenso predio al fondo donde solía haber una pequeña huerta y también infaltables árboles frutales, que conformaban una pequeña quinta, donde se entremezclaban arbustos de jardín, como algún jazmín o alguna rosa china.

Al fondo del fondo, además, teníamos dos grandes máquinas cosechadoras en desuso, de aquellas antiguas que las accionaban con un viejo motor de vapor, depositadas allí, donde se iban oxidando despacio, soportando todo tipo de inclemencias por permanecer totalmente desguarnecidas en la intemperie.

Los árboles eran durazneros y algún manzano, que de ramaje son poco frondosos, alguna planta de pomelos, y naranjas de verdísimas hojas y de copas compactas, también de limas, y de damascos, que semejaban durazneros pero mucho más corpulentas.

Esto hacía posible un hermoso sitio para toda clase de juegos en aquella lejana infancia, donde correr y saltar, hacer hamacas o tirar con la gomera; ya que era también atractivo y acogedor para muchísimos pájaros que cantaban todo el día, especialmente en las mañanas de sol.

Había un árbol distinto, único y diferente, joven y elegante, que crecía alto y vigoroso, con un follaje de hojas pequeñas de un verde brillante y de plata al reverso; era un olivo que papá había plantado hacía pocos años, y era el más lindo, el que más me gustaba de todos, aun que sus frutas no eran ni dulces ni jugosas como los damascos o los duraznos. Cuando empezó a cargar aceitunas ayudamos a papá a recolectarlas y las puso en grandes damajuanas con agua salada para que maceraran y se convirtieran en las sabrosas y tiernas aceitunas de mesa. La verdad es que nunca llegaron a ser lo que se esperaba de ellas y todos los años quedaban sin consumirse, porque las probábamos una y otra vez, pero nunca nos convencían, y llegó un año en que papá decidió que no valía la pena seguir insistiendo. Había algo que no hacía como debía y como nunca supo qué era, a la larga se rindió.

De todos modos yo amaba esa planta tan alta y lozana, que fascinaba con su reverberar del verde al plata cuando el viento mecía sus ramas flexibles. Además me permitía subir y trepar casi hasta lo más alto ya que su tronco central era como una escalera con sus ramas escalonadas de tan parejos y firmes peldaños. Allí siempre había niditos con huevos o pichones que nos mostraban que la vida nacía y crecía a nuestro alrededor hasta en el más sencillo escenario, y era para nosotros una serie de continuos descubrimientos ofrecida ante nuestros ojos por la naturaleza misma.

El olivo estaba en el límite del patio. El patio era todo el espacio no ocupado y libre, que había entre la parte trasera de la casa y la quinta. Allí el suelo era limpio, de tierra lisa y dura, porqué estábamos siempre en él pisoteándolo, jugando o haciendo algo. No crecía ni una gramilla hasta los bordes.

Cerca del olivo había una gran montaña de leña, que se renovaba cada tanto, mientras se iba consumiendo en la gran cocina de hierro fundido, que era cocina y era estufa, lugar donde nos reuníamos y comíamos, al menos en invierno. Yo veía en ella una pirámide, una de las egipcias, aún que no tenía aristas definidas como aquellas y ni una sola línea recta. No la formaban bloques sino leños retorcidos de distinto grosor de un color marrón amarillento, con cavidades y resquicios oscuros, que encendían mi imaginación y me figuraba lúgubres grutas y escondites donde ocurrían aventuras y escurrían mis pensamientos infantiles, mientras me perdía divagando larguísimos ratos, olvidándome, o escapándole a las tareas que tenía para el día siguiente en la escuela.

Al pie del montón de leña había un tronco más grueso, horizontal, asentado firmemente en el suelo, y un hacha generalmente quedaba clavada de punta a lo largo de la veta, en espera del brazo cortador, rodeado de una gruesa alfombra de astillas, acumuladas por el tiempo; paraíso de insectos, que atraían a todo tipo de aves pequeñas que bajaban de las numerosas plantas, a escarbar el suelo y picotear larvas entre la urdiembre de cascarilla, y la mar de virutas resecas y descompuestas.

Aprendíamos a reconocer especies, si bien por los nombres vulgares, ya que los maestros que teníamos eran nuestros mismos compañeros que repetían los nombres con qué se los conocía: ya en el campo, ya en el monte, pero siempre como lo hacía la gente común. Como se los llamaba comúnmente. El Benteveo era para nosotros el “pito güé”, el hornero era el “caserito”, y así estaban la “tacuarita”, el “cachilo”, el “churrinche”, la “viudita”, el “pirincho”, la “brasita”, el “pecho colorado”, el “morajú”, el “naranjero”, nos entendíamos denominando nuestros pájaros como los conocían localmente, junto con otros más universales como las palomas, los gorriones, cardenales, canarios, y calandrias.

Todas las mañanas venían por decenas a revolver el suelo de las leñas, y nosotros, con mis hermanas y mi hermano menor, que era aún muy pequeño, salíamos apresurados todos los días apenas vestidos, a verlos y reconocerlos, festejando cuando se agregaba alguno que llegaba del vecindario. Eso enriquecía la diversidad del plumaje que veíamos diariamente, haciendo de esas mañanas una mañana realmente nueva, mucho más alegre aún. Eso también nos llevaba a investigar con los demás compañeros cuál sería ese pajarito nuevo de plumaje plomizo con las puntas de sus remeras de color azul que vimos ayer, o aquel de crestita emplumada y saltarín que comenzó a venir hace unos días.

Mis primos, que vivían en el campo, me enseñaron hacer una cimbra para cazarlos y poder tenerlos luego, si queríamos, en una jaula, donde podríamos verlos todo el tiempo y escucharlos cantar, trinar, o silbar, según la especie. Había que cortar palitos y armar algo así como una jaula, un canastito invertido, en forma de pirámide, que funcionara como trampa. Se la montaba apoyando un lado de su base en el suelo, y el de enfrente sobre un palito parado que a su vez estaba cortado al medio y armado para que se quebrara y cayera encerrando al pajarito que se hubiera metido adentro a comer cuando la cimbra estaba abierta, levantada, ya que allí debajo poníamos apetitosos granos de diversas semillas. La hacía caer el pajarito mismo al entrar, ya que tropezaba con un hilo muy fino, negro, que se ataba al palito que la tenía levantada, y al tirón del hilo el palito se quebraba, haciéndola caer, y el intruso quedaba prisionero, aunque primero seguía comiendo y se daba cuenta después, que estaba encerrado, cuando quería salir. A veces atrapábamos dos, y si la cimbra era grande podían ser incluso tres, pero esto era una casualidad, algo así como sacar la lotería.

Ellos hacían unas bien grandes que arrimaban a las parvas de lino, u otro cereal, en la chacra; para cazar palomas, que pululaban en cantidades, y accionaban las cimbras manualmente, desde cierta distancia, estando ocultos tras montones de vástago; tirando un hilo lo bastante largo, cuando a comer ya hubieran entrado varias bajo la trampa, y así las cazaban llevándolas a la cocina donde las preparaban y comían en un plato muy popular en nuestras colonias italianas: “polenta con pajaritos”, con la variante que en vez de pajaritos eran palomas, medianas, o torcazas, de carnosas y tiernas pechugas que combinaban con suculentas salsas.

Nuestra cimbra resultó ser una obra de arte, cuadrada, simétrica, de varillas de grosor parejo, y armada y tensada de modo que resultaba rígida y firme. Me ayudó mi hermano mayor, aún que él no nos acompañaba mucho en la observación, ni en el juego, porqué tenía otros compañeros de más edad y el colegio era más absorbente, e incluso ya practicaba deportes y tenía más actividades fuera de casa.

La armamos junto al montón de leña. Todo indicaba que era el lugar donde más bajaban las pequeñas aves, adonde venían siempre. Pero no caía ninguna en la trampa.- Probábamos un poco más allá, un poco más acá. Hoy casi, casi… una estuvo a punto de entrar… Quizás mañana. Pero pasaban los días y la cosa se hacía difícil. Seguro tenían tantos gusanitos e insectos que no prestaban atención a las semillas.- Así que probamos a cambiárselas por miguitas de pan, o de galletitas…

Hasta que una mañana vi. que la cimbra estaba caída y una hermosa calandria aleteaba desesperada en la trampa, y aunque tenía poco lugar para moverse, buscaba la forma de liberarse, tratando de levantarla hasta con el pico.

Yo, que en ese momento allí estaba sólo, grité de alegría y corrí enloquecido de entusiasmo a sacarla. Levanté un poco la cimbra cuidando que no se me escape y la encerré entre mis manos. Qué fuerza tenía un pájaro tan pequeño. Cómo valoraba su libertad y como luchaba y se retorcía aleteando y picoteando, tembloroso, quizás de miedo. Yo, no sé porqué, que instinto me impulsó, qué me empujó a hacerlo; tiré con fuerzas la calandria contra las leñas golpeando su cabecita tan siniestramente que escuché un crujido, o me pareció, y una gota de sangre manchó el tronco donde estaba clavada el hacha… Sus alitas se abrieron como para seguir volando y se sacudieron un ínfimo instante, para quedar inerte; muerta, sobre la capa de cascaritas y de astillas…

Yo tenía los ojos muy abiertos, mudo y avergonzado, desconociéndome por lo que hice en ese impulso nefasto, viendo la belleza de la calandria allí, ofrendada inútilmente; como testimonio de mi horrendo arrebato.

Quedé un momento inmóvil, quieto, como acompañando su pequeña muerte, golpeado en lo más profundo de mi corazón. No creía que hubiera hecho una cosa así. Cuando me sobrepuse, mi vergüenza me estremeció más aún y me sentí todavía más culpable; y antes que alguien viera lo que había hecho, tomé atropelladamente el pequeño cuerpecito indefenso y lo arrojé allí en la montaña de leñas, entremedio de aquellos oscuros intersticios que ahora volvían a ser lúgubres cavernas, donde quedó oculto mi inexplicable acto de aquel día.

Llevé la cimbra y la escondí entre las máquinas trilladoras, después se la di a uno de mis primos.

Yo perdí todo interés en ella.

Y desde allí aprecié más que nunca la vida y la libertad de los pájaros.

Y sus plumajes y sus gorjeos lucen y suenan mejor libres al sol y al viento.

La muerte de la calandria fue hasta hoy mi pequeño secreto.

Celso H. Agretti.

16-07-2004

Avellaneda (Gral. Obligado)

Provincia de Santa Fe.

Marta Goddio también colaboró proponiendo la participación de escritores de distintas localidades en el mencionado proyecto y así fue como Abel Edgardo Schaller, residente en Paraná, provincia de Entre Ríos, envió su “Tríptico con alas

Crespín

 

Entre las luces últimas del día

el monte es como un mar recién brotado,

cuando se oye la íntima armonía

semitonal de su misterio alado.

Oculto en los plumones de la umbría,

es del dolor su músico cuitado,

que plañe en soledad su letanía,

como si expiara penas y pecados.

Punto invisible en esa frágil lama

que alude a la congoja y al quebranto,

esconde su tristeza entre las ramas

y nutre con rocío el tenue llanto.

¿Cómo puede el crespín, que clama y clama,

trocar tanto dolor en dulce canto?

 

Tacuarita

 

De pronto,

como el pequeño cuenco

de una manita bruna,

el nido;

un santiamén pardusco de revuelos

y el hambre pávida,

tiritando en la ceguera

locuaz de los pichones.

Y de repente, nada.

Tal vez algunas briznas indolentes

suspensas en el hueco del tirante,

o añicos de nácares rosados en el suelo.

Pero en el aire,

dos diminutos vértigos se prueban

los inminentes cielos de marcharse.

 

Garza

 ¿Qué es del hierático porte de la garza

cuando suelta el temporal sus velas de agua?

¿Con qué secretas fuerzas resisten a los vientos

sus patas ilusorias?

Cuando el rigor elemental se aplaca,

un filo blanco entre los canutillos restablece

los diáfanos veriles de la tarde.

Abel Edgardo Schaller.

Paraná (Entre Ríos), mayo de 2005.

Un corazón de picaflor

Un corazón de picaflor, como un verso,

no cabe en una mano.

Tienen eso en común; pero además,

esa adicción por la dulzura,

y unos estremecimientos alados

capaces de cambiarle los colores al alba,

las texturas con que marzo

se encela entre las hojas,

las ambiguas certezas de las nubes.

No pesan nada;

pero cuando uno quiere tomarlos,

se produce un silencio estrepitoso,

como si el pecho del mundo

se hubiera partido en mil pedazos.

Porque el corazón de un picaflor,

como el de un verso,

no caben en el albergue impuro de una mano.

Necesitan un aire prestísimo, sin lindes,

un equilibrio de éxtasis, moroso casi,

en donde puedan libar los dones,

las infinitas gracias

de la flor elegida.

Abel Edgardo Schaller.

Paraná (Prov. de Entre Ríos)

Impreso en el reverso de la fotografía “Colibrí y rosa” de Fernando Pedro Tibaldo (Llambi Campbell). Tarjetas entregadas en el acto de apertura de la Semana de los Pájaros (10 de noviembre en Escuela Nº 46 de Candioti; 16 de noviembre en ATE Santa Fe –Prof. Marisa Martín Decoff- La persistencia de los pájaros – Fotomontaje y Taller de Literaturas Integradas.) 17-11 a las 9: Entrega en la Cámara de Diputados de Santa Fe – Homenaje a Gastón Gori y Promotores Culturales por un día: proyecto institucional desarrollado por alumnos de la citada escuela, conducidos por la Prof. Marta Goddio.

El gorrión

Es el gorrión un inmigrante amable,

puñado de tibieza vocinglera

que se adueña a saltitos de la acera

con desenfado ingenuo y amigable.

Fugaz clavel del aire sobre el cable

desconoce la gala dominguera

y hay algo de kermés arrabalera

en la asamblea del gorrión sociable.

Un retazo de sol desmadejado

es el ruedo en que ensaya su pirueta

cuando las golondrinas se han marchado

y la flor se acurruca en su letargo…

Nadie repara en él, y sin embargo,

la ciudad sin gorrión no está completa.

María Amelia Schaller.

(Esperanza – Depto. La Capital)

Recurso didáctico en Rafaela, tema:

Estructura del soneto”.)

Zunilda Gaite

Desde la Comisión de Cultura de la Asociación Santafesina de Escritores, Zunilda desarrolla una intensa labor de recopilación de narrativa y poesía de autores convocados para sucesivos encuentros. Aquí, sus poemas con versos que aluden a pájaros y plumaje, a vuelos y cantos…

Nada parece despiadado

En el espejo de los seibos

agita su plumaje la tarde.

Hilos de seda ha extraviado

la madeja de la vida

desatando sus caprichos.

Son consuelo el aroma

y los dones de la brisa.

Bandadas de golondrinas

celebran el triunfo

del rumbo y la esperanza.

Acaso de tanto ir y venir

ignoren decir basta.

Adentro de la piel

nada parece despiadado

en la plenitud del alma.

Zunilda Gaite.

Desde Sauce Viejo…

Amo la alegría

espontánea

y sin desenlaces

de las aves y su canto

torna evidente

la existencia de Dios

* * * * *

Baúl

de músicas y ensueños

conjugan los pájaros

con su tiempo de música

vestido de luz y color

…quisiera ser ave para lograr volar más alto

aún que con mis poemas…

Miriam Patricia Marsó.

Sauce Viejo (La Capital)

Provincia de Santa Fe.

Como en el cielo

Él está en nuestro hogar desde hace unos meses. En forma inmediata, como ocurrió con todas las demás mascotas que poseemos, nos adaptamos a su presencia.

Mis hijas, día a día se lo pedían a su tío Antonio, hasta que éste, quizás cansado de su insistente petición, cedió a que lo trajéramos a nuestro hogar. Lo instalamos en el frente de la casa, donde solíamos ubicar a Tamy, la lorita. Desde allí, puede divisar todo el panorama con mayor facilidad.

El negrucho, al que llamamos “negru”, es un ave con plumas de color azabache y cuando expone sus plumas al sol, éstas se tornan de un agraciado color azulino. Emite un dulce canto en siete diferentes estilos, alternándolos como no deseando aburrirnos.

Tiñe la mañana de luz y vida y en ocasiones nos despierta para que lo saquemos, quizás cansado de esperar afuera a que nos levantemos y entonces parece entonar con más impulso. Por las mañanas a la hora que desayunamos, su himno melodioso nos deleita. Abrimos la ventana para poder observarlo, y “negru” entona su cántico con más ímpetu, como comprendiendo que lo mirábamos.

El tiempo transcurrió. Un día, cuando nos disponíamos a desayunar como siempre, notamos que algo parecía faltar en casa. Un vacío que teñía de tristeza y de silencio la mañana. Observamos a “negru” comprobando decepcionados, que lo que faltaba en nuestro hogar, era su canto. Lo revisamos para notar si estaba lastimado, pues poseemos seis gatos, pero no, no tenía nada.

Hoy, me encuentro en la galería de mi casa, escribiendo sobre una mesa que está afuera desde la Navidad. Junto a mí, coloqué a “negru”; me mira, come, bebe agua y se limpia reiteradas veces su pico en el palito que va de un extremo a otro de la jaula. Me observa nuevamente. Siento una tristeza indescriptible. Ignoro qué fue lo que le sucedió como para que no cante más. Tal vez nunca lo sabremos. Quisiera que “negru”, comprendiera mis palabras. Anhelo decirle que todos los integrantes de la casa extrañamos su melodía que impregnaba de belleza el paisaje, que aspiramos a retornársela, pero es como ansiar retener el aroma en una flor cortada. Si él lograra comprendernos, sabría que lo queremos, lo admiramos, aun con su mágico silencio, porque como el cielo, tenga o no estrellas, no deja de ser… espléndidamente cielo.

Miriam Patricia Marsó.

Sauce Viejo (Dpto. La Capital)

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La profesora Alba Yobe de Ábalo, actualmente presidenta del Nucleamiento de Supervisores de Escuelas Jubilados – Zona Norte de la provincia de Santa Fe, comunicó que esa asociación adhería a celebración de la Semana de los Pájaros y El día de los pájaros y respondiendo a la convocatoria, envió algunas obras literarias

Los benteveos

Son dos, los benteveos

que alborotan a diario.

Cuando el sol desaparece

buscan frondosos fresnos

y se acomodan con gran alboroto.

Cambian de sitio al amanecer,

cada uno busca una antena de T V

la mía es una de las elegidas.

Instalados, comienzan un ruidoso diálogo

mientras sus largas colas

hacen equilibrio hamacándose.

Impaciente, uno de ellos en corto vuelo

revolotea sobre el otro, provocándolo.

Juntos emprenden un vuelo

recorriendo el aire en piruetas perfectas.

Con el último giro se internan

en la copa de un añoso árbol.

Me pregunto: ¿Serán peleas de pareja?.

Mañana regresarán, estaré esperándolos.

Alba Yobe de Ábalo.

Alydaa2003@yahoo.es

El pájaro casi invisible

Cada mañana escucho,

el canto melodioso.

Su garganta emite dulcemente

claras, sonoras, inconfundibles

notas que entrelaza en una melodía

siempre igual, no por eso

menos bella, la guardo en mis oídos;

como la caracola encierra el sonido

de las turbulentas olas del mar.

Con mis ojos con sueño

miro a mi alrededor.

No hay niños que motiven

un ir y venir tempranero.

Ellos están muy lejos.

Otros pájaros de otro país

ensayarán su canto para ellos.

Insiste el pájaro casi invisible,

su canto mágico me eleva,

dejo las sábanas,

los pies en el piso frío

me llevan a la ventana.

Mi imagen es la señal…

satisfecho emprende el vuelo,

se pierde este plumón grisáceo

en follaje verde, inundado

de incipientes rayos dorados.

Su vuelo amplio, raudo, libre

me da fuerzas; inicio el mío

al ritmo de su canto

que juega en mis oídos.

Alba Yobe de Ábalo.

Palomas

El hombre arrojó en el umbral de la puerta de su negocio, un puñado de semillas.

Desparramadas en el piso, atrajeron a un grupo de palomas grises del lugar, que presurosas y sin titubeos comenzaron a comerlas.

Los clientes que estábamos en la dietética, nos miramos y miramos al dueño del negocio, asombrados, interrogantes. No fue necesario hacerle ninguna pregunta, sólo comenzó a explicar:

Si tiro las semillas en la vereda, seguro que algunas caerán en la calle. Las palomitas irán raudas a comer las semillas que cayeron en la calle, los automovilistas, en su apuro, no las ven y las pobrecitas terminan debajo de las ruedas de los coches. Una vez vi ese cruel espectáculo y les aseguro que hubiera corrido a salvarlas, pero ya era tarde.

Prefiero tenerlas aquí, sanas, picoteando inquietas. Es lindo ver cómo levantan vuelo cuando ya no queda ni una semillita. Mañana, volverán por su ración. Esperan pacientes, eso sí nunca las veo donde están, pero es suficiente que arroje el puñado de semillas y aparecen de cualquier lado. El señor siguió atendiendo a sus clientes y nosotros nos quedamos pensando en tan noble y simple gesto. Creo que desde entonces, fuimos a ese negocio con más entusiasmo porque valoramos los nobles sentimientos del dueño para con las palomas.

Esto sucedió en calle Irigoyen Freyre, casi San Martín de la ciudad de Santa Fe.

Alba Yobe de Ábalo.

Sabido es que Alba Yobe de Ábalo ha sido presidenta de la SADE filial Santa Fe en sucesivos períodos.

El jueves 16 de junio de 2006 al atardecer, durante el acto de celebración del trigésimo aniversario de esa institución, en el Centro Cultural Municipal la Prof. Beatriz Bolsi de Pino, quien ejerce tales funciones en la actualidad, destacó “el accionar de la entidad a lo largo del tiempo, siempre trabajando en favor de la tarea del escritor”, como consta en las páginas centrales de la edición del sábado 24 del Diario “El Litoral” de la capital santafesina.

Expresó Beatriz que “…la memoria escrita está allí, intacta, desde las primeras hojas del primer libro de actas de la institución, documento perdurable de un momento de nuestra historia. Eran los primeros días del mes de mayo de 1976. Se vivían momentos duros en el país. Pero, contra toda adversidad, un grupo de escritores imaginaba un mundo donde el hombre pudiera expresarse con libertad, y dedicó sus esfuerzos a construir ese ámbito.”

“Así, se reunieron en un salón cedido por la Biblioteca Popular Mariano Moreno un 2 de mayo de 1976, ‘a los efectos de deliberar sobre la constitución de la filial santafesina de la Sade, a iniciativa del Sr. Robledo Fierro, socio activo de Sade nacional’. Estaban allí, según consta en el acta Nº 1, los escritores Ruth Repetto, Osvaldo Robledo Fierro, José Luis Víttori, Hugo Mandón, José Luis Pagés, Mónica Laurencena, Horacio Rossi, Morita Torres, Fernando Bonfanti, etcétera.

En esa reunión, los escritores presentes decidieron la apertura de una amplia convocatoria a los escritores locales no socios que ‘coincidan en asociarse para (artículo segundo de los estatutos de Sade nacional) defender la libertad de pensamiento y expresión, y la dignidad humana consagradas en la Constitución Nacional’, con el fin de integrar una filial sin fisuras, sólida y representativa de las aspiraciones gremiales y culturales de los hombres de letras”.

“A lo largo de los años se sucedieron los siguientes presidentes: Salvador Dana Montaño, Alejandro Damianovich, Oreste Abbiate, Oscar Agú, Felipe Cervera, Alba Yobe de Ábalo, Danilo Doyharzábal, Sergio Ferreyra y nuevamente la Sra. de Abalo hasta el 19 de noviembre de 2005, en que asume la actual comisión directiva.

De esta breve reseña surgen los nombres de dos grandes escritores que fundaron Sade Santa Fe: Gastón Gori, con una profusa obra conocida a nivel internacional y traducida a multitud de idiomas, y Hugo Mandón, escritor, poeta, libretista radial, periodista e investigador. Subrayados aquí

Pese a los avatares de la vida argentina, a sucesivos cambios de gobierno y de circunstancias históricas, la entidad mantuvo siempre en alto los objetivos que se plantearon sus fundadores.”

Los socios fundadores Horacio Rossi, Mónica Laurencena y Alejandro Damianovich -miembros de la primera comisión directiva- integraron un panel con el propósito de reiterar Memorias de SADE”.

En el orden mencionado precedentemente, incluyo poemas impresos en algunos libros pertenecientes a la Cofradía de los Duendes.

En Palabras, poemario de Oreste Abiatte editado por el autor, con tapa ilustrada por Nidia Ruscitti y prólogo del periodista y poeta Sergio Kipler, en la primera página quedaron algunas señales, manuscritas: “A la Sra. de Fontanini con gran afecto. 24.11.85” Firmado Oreste Abiatte y en la última página consta que “se terminó de imprimir el 20 de noviembre de 1985 en los talleres Gráficos de Jorge Lordi –25 de Mayo 2438 – (3000) Santa Fe.”

Aquí, uno de esos poemas, dedicado “A José Luis”.

XIII

La Esperanza tiene

la sed de ríos de los mares,

la ebriedad del caminante

que lame el espejismo

de las dunas.

La Esperanza sueña

sueños utópicos,

mientras las esperas

velan

la tregua del tiempo

que sazona los frutos;

ellas

aguardan la espiga

de la tierra fecundada de arados,

el puerperio de los vientres grávidos,

al árbol

vistiéndose de fronda

bajo la caricia vernal

y a las aves

tejiendo

volografías en el cielo

después del canto de los nidos.

Todo es espera

inmutable,

menos la Esperanza

aterida

al calor de su fuego.

Oreste Abiatte.

En otra página -también sin numeración-, un poema dedicado “a Gastón” que reitero aquí como homenaje.

XVII

Dolor,

obra de navajas

y colmillos,

alojado

en el soplo de la materia;

dolor,

yunque,

Job,

¡con qué obstinada

resignación

esperas mañana

para ser ayer…!

Oreste Abiatte.

Oscar Agú, desde su poemario Paisajes de luz impreso el 28 de julio de 1989 en los Talleres Gráficos GRAFOS Impresiones, 25 de mayo 3172” de la capital santafesina, también dejó más señales manuscritas: “Para Nidia estos Paisajes de luz con la amistad de siempre. Cacho Agú / Agosto/89”.

Aquí, uno de sus poemas, dedicado “(a Horacio Rossi)”:

Habíamos ido a la fronda…

Habíamos ido a la fronda

donde la luz dibuja los gestos

y encontramos

lo que estaban mirando de nosotros.

Nos fuimos identificando,

con el aroma verde

y dijimos lo que dijimos en el idioma

de los pájaros.

Después, con la luz

formando cálidos cuencos, volvimos.

Hoy

quebrando lo cotidiano celebramos

sabiendo que ciertas simientes

crecen. p. 25

Oscar Agú.

Danilo Doyharzábal, en Pausas verdes de su escritura, escribió poemas breves incluidos en su libro “El cielo de adentro”.

Paraísos

Esa fragancia azul

que nos egresa

a otra fragancia azul.

Donde la infancia.

Danilo Doyharzábal.

Sergio Ferreira ante la propuesta de entregar algunas obras para incluir en las propuestas de lectura durante la SEMANA DE LOS PÁJAROS, mediante correo electrónico expresó: “te adjunto el poema prometido y me alegra tu trabajo de difusión de autores locales”…

Aquí, su aporte solidario:

Cormorán

A tu isla me trajo la tormenta.

Suelo echarme a volar con el derrumbe de las nubes.

En el continente, todos cierran sus postigos azules,

apuntalan sus paredes de pánico a la cal

arrimándoles un hijo a cada una,

los llenan de miedo al refucilo, les dicen

quedate parado ahí, derechito,

temblando por Dios.

Nadie de ellos ama en la tormenta.

Encienden sus candiles.

Desde los balancines que lloran la desgracia

de haber nacido para el óxido,

miran el rebaño de canoas entre las ráfagas,

vacas nerviosas de cáscara y cordajes.

Odian al pájaro de la hecatombe que prefiere

el fuego a las estrellas.

Las viejas amasan sus figuras de barro,

las bautizan con nombres de enemigos,

después, con lengua, soban la punta de la aguja.

La acidez de las hierbas se cuece al amparo del fogón.

Pero tu isla es pura.

Yo te vi crucificada en el viento.

Única.

Te cubrías los pechos con la brava enredadera de tu pelo,

con la cobija rota de la Muerte,

en la altura del faro abandonado a los naufragios que no pudo salvar.

Tu voz de alcohol es la viuda del bandoneón en la taberna.

Tu sexo, un relámpago negro,

quien lo vea sin amor ha de quedarse ciego.

La tempestad derriba todo lo que vuela desolado.

Dame el mensaje escrito en el papel dentro de tu botella,

la décima carta de suicidio con la que fabricaste una pantalla de velador,

tus harapos grises colgados a secarse en la cocina.

Dame el rumor de sangre bajo la arisca lámina de tu piel,

un trago del veneno con que te ejecutan cada día

por no haberles besado los billetes.

Yo, a cambio, voy a instruirte en mi doble

salto mortal sobre el cuero del abismo.

Sergio Ferreira.

“Me trajo la tormenta”…

Sergio Ferreira y Amor Perdía coordinaron en la SADE (Sociedad Argentina de Escritores), el Taller Literario Temps era Temps y en julio de 2000, lograron que el Centro de Producciones de la Universidad Nacional del Litoral publicara los trabajos de los participantes, en un volumen de la colección “Sociedad y Cultura”, con el título “Los juegos del Temps”; siendo Rector el Dr. Mario Barletta; Secretario de Extensión José Manuel Corral; Director General de Publicaciones José Luis Volpogni.

No ha sido por casualidad que tras sucesivas percepciones, Sergio Ferreira haya sentido el impulso de escribir:

A tu isla me trajo la tormenta.

Suelo echarme a volar con el derrumbe de las nubes.

En el continente, todos cierran sus postigos azules,

apuntalan sus paredes de pánico a la cal

arrimándoles un hijo a cada una,

los llenan de miedo al refucilo, les dicen

quedate parado ahí, derechito,

temblando por Dios.

Nadie de ellos ama en la tormenta.

Encienden sus candiles.

Desde los balancines que lloran la desgracia

de haber nacido para el óxido,

miran el rebaño de canoas entre las ráfagas,

vacas nerviosas de cáscara y cordajes.

Odian al pájaro de la hecatombe que prefiere

el fuego a las estrellas.

Las viejas amasan sus figuras de barro,

las bautizan con nombres de enemigos,

después, con lengua, soban la punta de la aguja.

La acidez de las hierbas se cuece al amparo del fogón.

Pero tu isla es pura.

Yo te vi crucificada en el viento.

Única.

Te cubrías los pechos con la brava enredadera de tu pelo,

con la cobija rota de la Muerte,

en la altura del faro abandonado a los naufragios que no pudo salvar.

Tu voz de alcohol es la viuda del bandoneón en la taberna.

Tu sexo, un relámpago negro,

quien lo vea sin amor ha de quedarse ciego.

La tempestad derriba todo lo que vuela desolado.

Dame el mensaje escrito en el papel dentro de tu botella,

la décima carta de suicidio con la que fabricaste una pantalla de velador,

tus harapos grises colgados a secarse en la cocina.

Dame el rumor de sangre bajo la arisca lámina de tu piel,

un trago del veneno con que te ejecutan cada día

por no haberles besado los billetes.

Yo, a cambio, voy a instruirte en mi doble

salto mortal sobre el cuero del abismo.

Sergio Ferreira.

Presidente de la SADE – Santa Fe (1999-2000)

Coordinador del Taller Literario “Temps Era Temps” (1998-2003)

De la “Colección de la Abadía” – vol.1 “Éxodos…” Sergio Ferreira

24-03-2004 Declarado de interés por la Comisión de Cultura de la H. Cámara

de Diputados de la Nación. Volumen 11: El miedo juega solo.

Marta Castellano, 26 de agosto de 2006.

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Hoy, jueves 19 de octubre de 2006.

Leí los mensajes de Inventiva Social y una vez más sentí el impulso de transcribir uno de los textos seleccionados para esa edición.

¿Y el Infinito qué es?

Jorge Isaías.

Rosario (Prov. de Santa Fe)

Tal vez mi amigo, el poeta Felipe Oteriño, tenga razón y yo esté destinado a escribir “sobre lo que está llamado a perderse y pide, por eso, un lugar”. Lo cierto es que si miro hacia atrás no he hecho más que dar cuenta de un largo catálogo de intrascendencias que tuvieron su minuto fugaz en la tierra y ese minuto me sirvió -si la memoria es atenta- a iluminar un camino como si fuera por toda la eternidad.

Juana Bignozzi ha dicho recientemente que la poesía debe dar cuenta de las cosas que se pierden para siempre.

Yo creo que es así. Porque no hay nada más universal que mirar ese crepúsculo que gatea tras las altas casuarinas oscuras y no vuelve sino en la empinada memoria.

A veces viene a mi memoria aquella cortada que terminaba en la casa de don Juan Peralta y más atrás venía el campo y allí comenzaba a ensancharse el cielo que he perdido, creo, para siempre.

Mi padre me decía que algún día sería una calle y que detrás de la casa de don Juan Peralta abrirían otra calle transversal, esa casa en cuya pieza con piso de tierra nací, según siempre oí contar.

Yo, que en ese tiempo le creía todo, hasta cuando me contaba fábulas inventadas para mí, dudé. Es probable que él hubiera visto algún plano comunal y hablaba con fundamento, pero esa cortada era el Universo para mí. Porque, lo recuerdo, no era cualquier cortada, era casi campo, donde no era raro ver un caballo con su pájaro en el lomo.

Esa calle truncada empezaba siendo muy ancha, con dos grandes zanjones donde confluían las aguas de varias cuadras a la redonda y en ese proceloso desorden se perdía en el canal de don José Vélez y se iba a morir a los cañadones del campo, en especial el de don Miguel Compañy, que era el más cercano y por lo tanto el más visitado por nosotros para baño, pesca y travesura.

Yendo como quien dice hacia el Sur, a la izquierda estaba la casa de don Ángel Pichichello, un calabrés buenísimo y a la derecha la casa de don Clemente Gerlo que tenía tres atracciones especiales: un sótano por el cual se entraba desde el patio, un depósito de frutas y de higos secos y un frondoso frutal apetitoso. Ambos tenían sus frutales, pero, nunca supe por qué jamás al primero le tocamos una sola naranja y a don Clemente le arrasábamos literalmente durante todo el año las plantas frutales ya que las tenía de todas las estaciones.

Lo hacíamos con crueldad e inocencia y con un poco de maldad también ya que sabíamos que vivían -él y doña Marianna, su esposa- de la magra venta de lo que la quinta -pequeña por otro lado- producía.

En ese espacio más ancho de la cortada donde no terminaba de crecer el pasto jugamos los “picados” más encarnizados “que vieron los tiempos y que quizás no verán los venideros”. Con pelotas de trapo, de goma o excepcionalmente de cuero cuando la conseguíamos. Lo único importante era jugar allí, tratando de remedar las jugadas de los integrantes de nuestro club favorito.

Llegando a 50 metros de la esquina estaba mi casa y, enfrente, la de don Francisco Spina, quien había alambrado diez metros de la cortada, por lo cual el trecho hasta don Juan Peralta y don Cayetano Gallardo que vivían enfrente, era considerablemente más estrecho y sólo una huella de sulky marcaba esa distancia en la gramilla que cubría como una alfombra ora amarilla ora verde, según el tiempo, esa franja donde entraba a saco el fulgor del crepúsculo.

El primer tramo, es decir el más ancho, de la cortada estaba flanqueado por añosos paraísos, salvo un plátano más añoso que don Pichichello había plantado justo frente a la puerta de entrada a su casa y enfrente don Clemente tenía un portón por donde salía con una chirriante y desvencijada jardinera y su mansa y oscura yegua a quien llamaba Chicha.

A mi casa la describí muchas veces y no lo volveré a hacer aquí, sólo diré que en ese tiempo había un gran ceibo donde yo colgaba mi jaula con pájaros y mi padre una hamaca que había hecho para mi hermano, quien cuando llegó a este mundo yo ya había terminado la primaria.

Ése fue mi mundo durante los primeros doce años, tal vez el mejor de mi vida, como diría Pedroni. Si pienso en la libertad que nos daban el viento, el verano, la complicidad y la absoluta falta de ambiciones que no fueran sino los juegos elegidos al azar de las deliberaciones donde todo se discutía aunque el más grande casi siempre imponía su criterio o su capricho con un autoritarismo indigno para nuestra libertad, como sucede en general con todo autoritarismo.

Lo cierto es que en ese universo acotado que suponíamos eterno fuimos tan felices como lo pueden ser un grupo de niños viviendo en un pueblito colgado del mundo, perdido en una inmensa llanura rodeada de trigales orondamente flameando en el viento y con un espacio que también poblaban mariposas y pájaros.

Eduardo Dalter (eduardodalter@yahoo.com.ar) informaba a continuación de ese texto que el lunes 30 de octubre, el poeta santafesino Jorge Isaías, autor, entre otros poemarios referenciales, de ‘Crónica gringa’… presentará “su libro titulado ‘Áspero cielo’… en la Peña del Colorado, Güemes 3657, casi esquina Salguero, a las 19:30…”

Jorge Isaías, nació en 1946 en Los Quirquinchos, departamento Caseros. Licenciado en Letras egresado de la Universidad Nacional de Rosario. Por su iniciativa, en 1971 se concretó la primera edición de la revista de Poesía La Cachimba y ese año publicó su libro La búsqueda incesante. Cuatro años después Oficios de Abdul; en 1976 Crónica Gringa; en 1979 Poemas de Amor. En 1983 ingresó como personal en la Delegación Sur de la Subsecretaría de Cultura de la Provincia de Santa Fe, co-operando en el área de Literatura junto a Florencia Lo Celso durante la gestión del subsecretario Dr. Jorge Alberto Guillén (1949-1985). Isaías durante el otoño de 1991, en Rosario terminó el prólogo del libro José Pedroni – Papeles inéditos, publicado cinco años después y casi al final, expresó: “Durante el año 1984… realicé un relevamiento de la totalidad de las cajas que componen el Archivo Pedroni. Allí fui seleccionando el material… que hoy se presenta aquí… El señor Jorge Alberto Campana supo contarme anécdotas que le cupo presenciar cuando fue envidiable testigo como secretario del poeta en su gestión como Director General de Cultura de la Provincia de Santa Fe, durante el gobierno del Dr. Tessio, entre los años 1963/1966.” Su tocayo Campana, en 1984 era el responsable de la Delegación Rosario mientras Isaías preparaba la recopilación para su décimo sexto libro y “supo comentar que en sus mañanas de funcionario, Pedroni se encerraba en su despacho con su dilecto amigo, el Dr. Agustín Zapata Gollán para leer atentamente algunos versículos de la Biblia y también el desencanto que le producía cuando su secretario” –Jorge Alberto Campana– le recordaba la primera audiencia de la mañana, debiendo entonces suspender hasta el día siguiente tan fascinante lectura. Pedroni creó durante su gestión un equipo de ‘Productores o Promotores Culturales’,xxvii que visitan los pueblos de la provincia como parte de una política de popularización de los bienes educadores de la cultura. Es fama también el obsesivo celo que ponía cuando él mismo supervisaba toda la papelería, incluido los sueldos del personal” Jorge Isaías, integró la Comisión Directiva de SADE (Sociedad Argentina de Escritores) de Rosario como Presidente y Secretario.

Jorge Isaías, “en 1989 participó como invitado en la II Bienal Internacional de Poesía de Madrid”. Ha recibido varias distinciones, entre ellas el primer premio trienal de Poesía “José Pedroni” -obra édita-, otorgado por la Subsecretaría de Cultura de la provincia de Santa Fe. Al asumir el 10 de diciembre de 1991 el gobernador Carlos Alberto Reutemann y el ministro de Educación y Cultura Dr. Danilo Kilibarda, fue designado Subsecretario de Cultura. El 30 de marzo de 1992 renunció el ministro Kilibarda y días después el poeta Jorge Isaías. Vinculado con diversas asociaciones intermedias y con medios periodísticos del sur de la provincia de Santa Fe, participa en distintos programas de promoción literaria. Siendo Subsecretario de Cultura el talentoso Enrique Llopis, se concretó la edición de José Pedroni – Papeles inéditos y en la segunda solapa destacan que “de 15 títulos publicados prefiere destacar ‘Poemas de amor’, Crónica Gringa’ y ‘Arenas movedizas’ entre los de poesía y en prosa: ‘Pintando la aldea’ y ‘El país de la infancia’.”

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Hoy es miércoles 25 de octubre de 2006.

Mañana luminosa. Sucesión de diálogos…

Desde distintas latitudes, expresan más adhesiones a la celebración de la Semana de los Pájaros y “17 de noviembre: Día de los Pájaros – HOMENAJE A GASTÓN GORI”.

Se acercan más voces a la “Cofradía de los Duendes”…

Aguateros del tiempo…

Los pájaros andaban

de siesta y alborada

por las calles de tierra.

Eran de ellos el fresno

y las altas acacias.

De ellos

el murmullo del vuelo

mojado de reflejos del aromo

y el río.

En el surco del aire

se deshacía el canto

y ondeaba como lienzo.

Aguateros del tiempo

siembra

cristal

y lluvia

la garganta.

Desnuda la memoria

va ahuecando las alas

igual que aquellos pájaros

que habitaron la infancia.

Y la imagen persiste:

en la copa del árbol

sigue tejiendo el pájaro

los bordes de un milagro.

María Beatriz Bolsi de Pino.

Profesora de Letras.

Presidenta de SADE Santa Fe.

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Hacia la organización solidaria de la comunidad.

El desarrollo tecnológico ha facilitado las comunicaciones y así es posible mediante la red de redes, dialogar o enviar mensajes a personas de distintas latitudes.

A fines de la década del ’40, entre los argentinos eran reiteradas algunas advertencias, entre ellas: xxviii

Decir las cosas

Terrible es cuando uno quiere hacer las cosas y no comienza por decírselo a los que tienen que llevarlas a cabo.”

(20-09-1949. Presidente de la Nación Gral. Juan Domingo Perón, durante diálogo con cooperativistas agrarios.)

Poder de la organización

Un pueblo organizado es invencible. Los hombres pueden ser engañados y convencidos, pero los pueblos son invencibles e inmortales cuando están organizados y tienen la conciencia de lo que son, de lo que valen y de lo que tienen que defender.”

(25-07-51 El Presidente de la Nación Argentina, ante delegados de la Asociación de Trabajadores del Estado y Sindicato de Marítimos.)

Necesario

A la gente que cree que el gobierno no es necesario yo le diría que si para vivir uno no es necesario, para que vivamos todos es indispensable.”

(10-08-1951. Discurso del Presidente de la Nación Argentina en la residencia de Olivos, ante representantes patronales.)

Arriba o abajo

En esto del gobierno se obliga de arriba o se obliga de abajo. El gobierno no puede hacer lo que se le ocurre cuando las fuerzas de abajo empujan. Eso lo sé bien por experiencia.”

(10-08-1951 Discurso citado.)

Único camino

El único camino por el que se puede llegar a la paz es el de la justicia y la libertad”

(20-08-1951 Discurso ante una delegación de escribanos que lo visitó…)

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Marcos Aguinis en sus testimonios relacionados con el atroz encanto de ser argentinos, destacó que “…nos cuesta dar el salto de la protesta a la propuesta.” xxix

“La protesta es, casi siempre, un hecho pasivo. Expresa el malestar, el dolor o la angustia… para que otro venga a resolverlos” /…/

“La propuesta, en cambio, se formula desde la actividad. Es la mente adulta que examina el problema, que busca y encuentra la solución más conveniente. Equivale a una actitud creativa. Refleja independencia y madurez. Los otros pueden ayudar, claro, pero en la medida que uno sepa conseguir su colaboración a partir de una decisión tomada por uno mismo. La propuesta, por último, entraña responsabilidad.

En efecto, quien propone es responsable de lo que ha propuesto, lo cual no es un asunto menor. Debe cargar con el eventual fracaso o tiene el derecho de celebrar su victoria.” /…/

“Los argentinos… nos hemos acostumbrado a quejarnos y protestar y, de esa forma, consolidar un estado de inmadurez que suele acompañarse de nostalgias autoritarias”…

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Persiste el trinar desde espacios inconmensurables

“Vivir juntos”

Es oportuno tener en cuenta lo expresado a fines del siglo XX por el sociólogo francés Alain Touraine, en su libro ¿Podremos vivir juntos? – La discusión pendiente: el destino del hombre en la aldea global.

Destaca que “la escuela todavía se parece con demasiada frecuencia a un taller manejado de acuerdo con los métodos taylorianos: el docente se considera conocedor de la única manera adecuada de enseñar, que consiste en hacer comprender una verdad objetiva, mientras que los alumnos abordan los otros aspectos de su vida… a través del juego, el alboroto colectivo, el sueño despierto, el fracaso escolar y hasta el suicidio. Los alumnos hacen frente al docente, que encarna la autoridad, la sociedad. La mayoría de las veces, esa relación se acepta durante los primeros años, cuando el modelo de referencia predominante es el de la familia, pero se pone en tela de juicio en la adolescencia hasta desparecer en los primeros años de la universidad, lo que a los jóvenes les parece el signo de su entrada en la vida adulta, cuando en realidad su disolución no hace más que revelar la incapacidad del sistema de enseñanza para organizar otro tipo de comunicación que el que aún subsiste, según el modelo familiar, en la escuela primaria.

Hay que repetirlo: es en los establecimientos a los que concurren los niños de nivel social bajo donde es más urgente pasar a la escuela de la comunicación, porque el estallido de la violencia destruye la institución y allí donde ésta no funciona como una red de comunicaciones. Frente a un acto de violencia cuyo origen puede ser tanto exterior como interior, la escuela resiste cuando su red interna de comunicaciones es fuerte; se derrumba si cada uno, y en primer término cada docente, se refugia en su esfera profesional.”

Señala luego que “de la misma forma que una ciudad sólo está viva si en ella se codean y comunican poblaciones diferentes, la escuela debe ser un lugar privilegiado de comunicaciones interculturales, en parte porque los niños o los jóvenes adultos no categorizan a sus interlocutores de manera tan estricta como la mayoría de los adultos y dan a los atributos individuales tanta o más importancia que a los signos de pertenencia social o cultural.”

Alain Touraine advierte que generalmente “las escuelas privadas toman a su cargo a los niños de clase media y clase alta, y se establece entre ellas una jerarquía social que se traduce concretamente en el costo de los estudios. De modo que la escuela pública, que a menudo había conocido éxitos brillantes, en particular en América Latina y en la escuela de los pobres, tanto de los docentes pobres como de los alumnos de las categorías sociales bajas, y sus malos resultados, convencen muy pronto a las familias de la clase media o los medios populares en ascenso social de que deben enviar sus hijos a los colegios privados, que los ayudarán a elevarse, y no a la escuela pública que los empujará hacia abajo”. xxx

Se impone indicar que hay entre los argentinos, escuelas de gestión estatal que elaboran los planes institucionales y co-operan a los fines de lograr el desarrollo cultural no sólo de los alumnos, también de la comunidad; porque tanto como en otras de gestión privada-, el personal directivo, docentes, no docentes y cooperadores, reconocen que “escuela-familia-comunidad es una relación imprescindible” y actúan en concordancia con una escala de valores que jerarquiza a la libertad, la responsabilidad, la solidaridad…

Insiste Alain Touraine en la importancia de “la comunicación intercultural propiamente dicha”. No es cuestión de sorprenderse por las diferencias entre individuos de pertenencias culturales diferentes… sino de discernir las convergencias y divergencias en las interpretaciones que personas de culturas diferentes dan de los mismos documentos o de los mismo acontecimientos. Entre los ‘pilares’ de la educación que definió (aprender a vivir juntos, a conocer, a hacer y a ser), la Comisión de la UNESCO sobre la educación, presidida por Jacques Delors, considera el primero como el más importante:

Se trata de aprender a vivir juntos desarrollando el conocimiento de los otros, de su historia, sus tradiciones y su espiritualidad. Y a partir de allí, crear un nuevo espíritu que, precisamente gracias a esta percepción de nuestras interdependencias crecientes, a un análisis compartido de los riesgos y desafíos del futuro, impulse a la realización de proyectos comunes o bien a un manejo inteligente y pacífico de los inevitables conflictos.”Ob.cit.p.288

El sociólogo francés tras tres décadas de estudios referidos a la educación sistemática, expresó un interrogante que coincide en las dudas existentes entre los educadores argentinos con relación a la escuela: “¿aprenden en ella los jóvenes a comprender y analizar lo suficiente las relaciones entre padres e hijos y la formación de la personalidad?”

Se refiere a los “enormes problemas tocantes a la familia, a la sexualidad, las relaciones interculturales, el conocimiento histórico, la comunicación interpersonal, el acto mismo de comunicarse. ¿Por qué no se admite que todos estos ámbitos deberían ser materia de enseñanza, en todos los niveles. A los programas de enseñanza, tal como se los define hoy, es preciso agregarles el conocimiento de las motivaciones, la situación social, los proyectos, el origen cultural de quienes no son únicamente alumnos o aprendices sino, en primer lugar, individuos que, en el inicio de su vida, tienen un gran deseo de comportarse como Sujetos, obrar de cuerdo con sus proyectos, establecer vínculos entre su personalidad y el campo social y económico en el que van a intervenir.

La formación de los docentes se redujo durante mucho tiempo a la adquisición de conocimientos en un dominio académico. /…/ No basta con agregarle cursos sobre la psicología del niño y lo que se denomina con un término poco preciso ciencias de la educación. Lo más importante es ampliar y transformar una escuela de programas para hacer de ella una escuela de la comunicación.” Ob.cit. p..289

Destaca Alain Touraine que “para evitar que se incremente la desigualdad social en la escuela y se agrave la crisis de la vida escolar en los barrios de pocos recursos, hay que ayudar a los docentes a no refugiarse detrás del prestigio de su disciplina para protegerse de alumnos que provienen de un medio social y cultural que aquéllos viven como inferior o peligroso. Deben reconocer -muchos de ellos ya lo hacen- que el rendimiento escolar depende ante todo de la calidad de las elaciones entre docentes y educandos, calidad que sin duda no se obtiene bajando el nivel del saber transmitido.” Ob.cit. p. 290 /…/

Una escuela debe ser un equipo docente formado a iniciativa de un responsable y por elección mutua, y este equipo debe establecer con las autoridades los términos de un contrato que tenga en cuenta las condiciones concretas en las cuales va a llevar adelante su trabajo. Una propuesta de esta naturaleza despierta resistencias. Pero la voluntad (¡respetable!) de proteger de la autoridad política a los docentes, no debe conducir a negar su papel de educadores.

Transformaciones culturales tan profundas no pueden introducirse de una vez mediante una reforma o un texto de ley. Deben ser lanzadas a través de iniciativas e innovaciones en principio limitadas. ¿Es posible que hoy, cuando se multiplican fracasos y dificultades, se las acepte más que ayer?” /…/

Una escuela que se asigna la misión de fortalecer la capacidad y voluntad de ser actores de los individuos y enseñar a cada uno a reconocer en el Otro la misma libertad que en uno mismo, el mismo derecho a la individuación y a la defensa de intereses sociales y valores culturales, es una escuela de la democracia dado que reconoce que los derechos del Sujeto personal y las relaciones interculturales necesitan garantías institucionales que no pueden obtenerse sino a través de un proceso democrático.” Ob.cit. p. 291

Expresó Alain Touraine otro interrogante: “…¿puede la escuela sentirse satisfecha con tratar de manera igual a todos los niños y ser obligatoria, laica y gratuita? En realidad si uno se contenta con tan poco, sirve muy mal la causa de la igualdad. ¿Se trata de igual modo al niño que pertenece a una familia en que el nivel de educación es elevado”… La igualdad es una meta difícil de alcanzar, y no es posible acercarse a ella más que si se procura compensar las desigualdades reales.” Ob.cit.p.292

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Marta Rodil y su arte de vivir y convivir…

Es oportuno destacar que la profesora en Letras Hilda Marta Mancinelli de Rodil ¡es poeta!… –poetisa– y es, una “amiga del alma”.

No ha sido por casualidad que hasta biblioteca de la Cofradía de los Duendes hayan ingresado diversas tarjetas con reproducciones de cuadros de los talentosos artistas santafesinos Oscar E. Gigena y de Ricardo Supisiche; sus libros La canción incesante (julio de 1986, Fundación Argentina para la Poesía, Buenos Aires, prólogo de Lermo Rafael Balbi, con ilustraciones de artistas santafesinos y esta dedicatoria manuscrita: “Para Nidia, / con los buenos Augurios / Marta / 12/86); La luna en la maraña (abril 1991, Ediciones Culturales Argentinas); Nombrarte amor (separata de la Revista “La Araña”, diciembre 1998, UTN – Facultad Regional Santa Fe, con esta dedicatoria manuscrita: “Nidia: Gracias por tu atención, por tu ternura. Un abrazo Marta Rodil…” xxxi

La “Fundación Argentina para la Poesía” publicó en 1986 sus dos poemarios: “Los horizontes del agua” y “La canción incesante”

Tras la reproducción de una obra de Juan Lazzarini, en La canción incesante, Martita incluyó este poema:

Fundar el canto

Enciendo las antorchas

y conjuro

las voces perdidas,

las huellas en la arena de los siglos,

los ecos que aún divagan,

la impronta de las lenguas.

Para fundar mi canto.

En el poema La canción incesante, Martita destacó:

Somos una canción incesante,

sendero de Adán

y el omega de la luz.

Leño ardiendo y aura de lo que vendrá.

Camino que curvará los tiempos.

Madre del fermento para el nuevo pan.

¡Noche de gesta!

Velero.

Manantial. p. 17

Del poemario Nombrarte amor, este manojo de sueños y emociones.

“2.

esperarte

escribirte

una canción

tal vez

contarte un cuento

llegas

no atino a nada” p. 6

“6.

la arena

ondula como trigal

el río

finge cielos de ocre

en la hondonada

y la barranca se inclina

para enamorarse

de la única florp. 10

Marta Rodil.

En abril de 1991 se terminó de imprimir el conjunto de cuentos titulado “La luna en la maraña”, publicado por Ediciones Culturales Argentinas con prólogo del escritor José Luis Víttori, miembro correspondiente de la Academia Argentina de Letras.

Adolfo Colombres tras la lectura de ese libro, comentó que “los caminos narrativos van desde la trama anudad con cuidado para producir un suspenso hasta la simple acuarela, pero todos logran por igual el efecto de impregnarnos con esa demorada luz de provincia, de sumergirnos en la geografía y la historia de San José del rincón, que son las de las islas. La autora rinde así homenaje a sus maestros Diego Oxley y Gastón Gori, y también al pintor Ricardo Supisiche, ya que la profundidad metafísica de sus cuadros, que trascienden el paisajismo y el regionalismo, no deja de inspirar su escritura.”

“Hay un pueblo…”

Marta Rodil incluyó como primer cuento, el que alude a…

El rincón de larga vida,
del tiempo
y de los zorzales

Hay un pueblo. San José del Rincón, bien llamado así porque se trata de un rincón al que llegan sólo cierta gente y ciertas cosas. Allí la vida es más larga. Quizá porque nadie se apura, ni siquiera la muerte.

En ese rincón vivía Nicanora, una mujer que tejía maravillosamente. Sí, de maravillas: sus prendas eran famosas por hacer felices a quienes las llevaban. Todo el mundo tenía algo de Nicanora, aunque más no fuera un “dedal de la suerte” tejido por ella. Y hasta las mortajas eran más alegres y los aparecidos andaban más contentos, cuando había intervenido la mano de Nicanora, porque las almas de ese lugar no querían irse a otros cielos. p. 11

Así que Nicanora se la pasaba todo el santo día sentada en un sillón, teje que teje.

Sus labores eran muy lindas y originales; ella no se inspiraba en las revistas, ni en lo que hacían otras tejedoras que terminaban tejiendo todas iguales. Nicanora trataba de captar el dibujo que hacía el canto de los zorzales en el viento; el de las luciérnagas, en el bastidor de la noche; el de las caquitas rococó de los pájaros, o el de sus huellas por las calles de arena. Porque Rincón está a la orilla del Arroyo Ubajay, y el asfalto es una de las cosas que los rinconeros se han puesto de acuerdo en que no llegue.

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Nuestra amiga a perpetuidad Gloria de Bertero, reiteró que “sobre su libro ‘La luna en la maraña’ dice Gastón Gori -escritor e historiador santafesino- ‘…Despeja anticipados enigmas de las marañas, y deja, aprensible para el lector la luz del entendimiento y todo el placer de leer cuentos’.”

Más cerca de Gastón Gori y de los pájaros…

Sabido es que el generoso Gastón Gori participó en diversas asociaciones de escritores y acompañó a jóvenes escritores en sucesivas presentaciones de sus obras.

Marta Rodil era una de las tantas artistas santafesinas que compartieron tales encuentros de educación por el arte ¡de vivir y convivir!…

Informada por correo electrónico acerca del proyecto “Noviembre: mes de las Artes y de la Soberanía”, del 10 al 16 Semana de los Pájaros y “17 de noviembre: Día de los Pájaros – Homenaje a Gastón Gori, envió su adhesión.

Tras la declaratoria de interés por la Cámara de Diputados de la provincia de Santa Fe -sobre tablas en la sesión del 26 de octubre-, al día siguiente desde SEPA y destinado a todos los escritores vinculados a tales programas, fue remitido este texto:

Estamos informando a escritores. Cordial saludo. Nidia”.

 

Pido contemplen la posibilidad de colaborar en la difusión del proyecto “NOVIEMBRE – MES DE LAS ARTES Y DE LA SOBERANÍA” impulsado por SEPA (Servicio de Educación por el Arte) – www.sepaargentina.com.ar

Programa “SEMANA DE LOS PÁJAROS” del 10 al 16 de noviembre: promoción de la lectura y expresiones artísticas relacionadas con el tema. Están participando escuelas de distintos departamentos, desde Villa Constitución, Rosario, San Genaro… Candioti, Villa Ana…  

16 de noviembre: “LA PERSISTENCIA DE LOS PÁJAROS…”

Fotomontaje y Taller de Expresión – Idea y conducción: Prof. Marisa Martín Decoff de Rosario. Sede ATE Santa Fe, de 9:30 a 11.

17 de noviembre: “DÍA DE LOS PÁJAROS – HOMENAJE A GASTÓN GORI” – Entrega de CD en la capital santafesina -donación a quienes adhieren al programa “PROMOTORES CULTURALES POR UN DÍA”, proyecto institucional de la Escuela EGB Nº 46 “Bernardino Rivadavia” de Candioti -Coordinadora Prof. Marta Goddio. (Apoyo Fundación “INDECON” – Ingeniería para el Desarrollo Continuo. Presidente Ing. Miguel Ángel Bersano), declarado de interés por la Cámara de Diputados de Santa Fe. El CD contiene parte de la obra édita e inédita de la escritora Nidia Orbea Álvarez de Fontanini. Incluye: Trayectoria de Gastón Gori (1914-2004); selección de poemas y relatos incluyendo nombres de pájaros (literatura precolombina, africana, inglesa, “Haiku”-; ecos de letras sánscritas, de la dinastía Tang…; síntesis de actividades desarrolladas este año en distintos departamentos tras la difusión del proyecto. Mayor información:

contacto@sepaargentina.com.ar  

Cordial saludo  Nidia Orbea de Fontanini.

El lunes 30 de octubre, Martita Rodil respondió:

Querida Nidia:

Si te interesa, podríamos organizar también

una jornada homenaje en A. Leyes, para chicos de alguna/s escuela/s

(yo tengo un video), combinada con un paseo

por nuestros hermosos lugares.

Suerte con tu emprendimiento!, que trataré

de hacer conocer a otra gente.

Un abrazo.

Marta

El mismo día, a las 11:30 la respuesta desde SEPA:

Martita querida:

Hace tiempo empezamos a conocernos…

Propongo proyectos expresando propósitos y medios posibles y desde la primera adhesión, ya es un programa COMPARTIDO con DESCENTRALIZACIÓN EJECUTIVA mientras continúa la COORDINACIÓN con este servicio porque tras cada proyecto entrego CD con todo lo realizado en distintas localidades.

RECONOZCO EL VALOR DE TODO LO QUE HACES.

Puedes desarrollar esa propuesta como lo han hecho en San Genaro, en Rosario, trabajando en talleres en forma independiente, remitiéndome los textos que han leído y las expresiones artísticas logradas.  Recibida esa información por este medio, inmediatamente los incluyo en lo que imprimiré en el CD.  COMO ÚNICA EXCEPCIÓN, SI LOGRAS ORGANIZARTE, INCLUIRÉ LO QUE CONCRETES EN EL DOCUMENTO “VOCES Y ECOS DE TRINOS…” PODRÍAS INCLUIR TEXTOS, RELATOS BREVES O POEMAS QUE DIFUNDAN EN ESAS CIRCUNSTANCIAS. (título ya impreso en la portada que incluye todos los títulos sobre la Semana y el Homenaje a Gastón, EL 17 DE NOVIEMBRE A LAS 9 EN LA LEGISLATURA.

DISPONGO DEL AUDIOVISUAL “GASTÓN GORI POR GASTÓN GORI” CON AUTORIZACIÓN PARA REPRODUCIRLO FIRMADA POR EL DIRECTOR DEL INSTITUTO SUPERIOR DE CINE, ROLANDO LÓPEZ.

¡Ya te imagino “en la bandada”!.  

Abrazo de tu amiga a perpetuidad.  Nidia

El viernes 10 de noviembre a las 10:23 p.m., después de participar en el acto realizado en la Escuela Nº 46 “Bernardino Rivadavia” de Candioti al comenzar la “semana de los pájaros”, escribí otro mensaje para Marta Rodil: 

—– Original Message —–

From: Contacto con Sepa Argentina

To: Marta Rodil

Sent: Friday, November 10, 2006 10:23 PM

Subject: Necesito pronta respuesta…

Martita querida:

En el CD incluyo tu propuesta para la “excursión”, proyecto interesantísimo que podría incluir en el Plan 2007 que ya presento en el portal desde noviembre: SEPTIEMBRE MES DE LA EDUCACIÓN y OCTUBRE MES DE LA FAMILIA son los ejes.

A mediados de mayo como hago todos los años, convocaré para difundir los proyectos “IDENTIDAD – SOLIDARIDAD”  y “ESCUELA-FAMILIA-COMUNIDAD: UNA RELACIÓN IMPRESCINDIBLE”.

Envié el último mensaje el 31 de octubre y no sé si desarrollaste alguna actividad relacionada con DÍA DE LOS PÁJAROS Y HOMENAJE A GASTÓN GORI.  Si así fue, te pido que por este medio me remitas lo pertinente para incluirlo en el CD que entregaré el 17 y ya está prácticamente terminado para la grabación.

Seguimos cerca.  Fraternal abrazo Nidia

Última respuesta de Marta

querida Nidia:

Podés incluirlo donde vos prefieras.

El homenaje a Gastón está previsto para el año que viene,

por ahora fue a Oxley.

Un abrazo.

Mar

¡Sigue creciendo la bandada!

Vivencias, lecturas y síntesis: xxxii

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

Noviembre de 2006.

Santa Fe de la Vea Cruz

REPÚBLICA ARGENTINA.

g

i Antología Precolombina. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, mayo de 1970. Selección de Josefina Delgado y Alberto M. Perrone, autores de la Nota Introductoria cuyo primer párrafo en la quinta página, aquí es reiterado en cursiva.

ii Gori, Gastón. Y además, era pecoso. Santa Fe, Litar, 1988, p. 115-116.

iii Fragmento de Universo Vittoriano, aproximación a la trayectoria literaria de José Luis Víttori, periodista, escritor, Miembro Correspondiente de la Academia Argentina de Letras.

iv Víttori, José Luis. Las campanas del sur, p. 119, 122 y 145.

v íd., p. 145 y 183.

vi íd., p. 156-157.

vii Saer, Juan José. La pesquisa. Buenos Aires, Seix-Barral, noviembre de 1994, p. 57.

viii Elsa Isabel Bornemann: maestra, profesora en Letras, diplomada en Lenguas inglesa y alemana. Entre comillas, fragmento de “El cumpleaños de Lisandro, Buenos Aires, Editorial Latina, 1974. Otros libros publicados: Tinke-Tinke, El espejo distraído premiado con la Faja de Honor de la SADE –sociedad argentina de escritores, Buenos Aires- en el género Literatura Infantil, 1972. Al año siguiente publicó Andar por los aires (1er. Certamen Nacional de Cuentos para Niños auspiciado por el Ministerio de Educación de la Nación. Sus trabajos han sido incorporados en la revista infantil Billiken y en otras ediciones argentinas. Ha participado en Ferias de Libros en la Capital Federal y en distintas provincias. Hay más títulos y será interesante una aproximación a otra biblioteca para avanzar en el reconocimiento a su fecunda trayectoria…

ix Entre sus obras editadas: Emoción, Savia, Cuentos, Fábulas y Teatro para Niños, La Raza

x Ibídem, p. 98.

xi Anotó la Prof. Delia Travadelo: Picota: parte superior, puntiaguda, de un monte. Rondaflor: picaflor. (Ob. cit. p. 116)

xii Travadelo, Delia. Ob. cit. p. 126.

xiii Obras editadas: 1897 Las montañas de oro; 1905 Los crepúsculos del jardín; 1909 Lunario sentimental; 1910 Odas seculares; 1912 El libro fiel; 1917 El libro de los paisajes; 1922 Las horas doradas; 1924 Romancero; 1928 Poemas solariegos; 1938 Romances del río seco

xiv Selección de la Prof. Delia Travadelo. Ob. cit. p. 123

xv Ibídem, p. 124. Sin dato sobre autor.

xvi Por sucesivas lecturas, sabía que el doctor Orlando Calgaro desarrolló diversas actividades tendientes a la educación permanente por el arte. Aludí a sus expresiones en Los forjadores del pensamiento nacional (Ponencia presentada en el Congreso Nacional de Literatura organizado por la Facultad de Humanidades y Letras de la Universidad Nacional de San Juan en septiembre de 1985; edición Litar SRL, 1985, donada a bibliotecas y escuelas). Durante el otoño de 1985 conocí personalmente al poeta Orlando Calgaro tras asumir el 25 de junio las funciones de Director de Cultura, cuando ya soportaba los acosos del cáncer y siendo ministro de Educación y Cultura el Dr. Juan Carlos Gómez Barinaga (15-04-1985 al 10-12/87), subsecretario de Cultura Dr. Jorge Alberto Guillén (12-12-1983 al 02-09 momento de su fallecimiento en su despacho, 4 de Enero 1510, al comenzar la jornada”. El doctor Calgaro falleció el 17 de diciembre de 1985, sentí el impulso de escribir Después de todo… poemas que luego entregué a un grupo de “hermanos-compañeros-, como reconocimiento a “sus maneras de luchar” con perseverancia en los propósitos.

xvii Poema ilustrado por el artista Eugenio Wade, AB-89 / Leído y entregado con otros poemas ilustrados, en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires, (Ver: Portal www.sepaargentina.com.ar Historia / Biblioteca de la Legislatura de Santa Fe / 1987-1999 Tercera etapa. / Investigación histórica elaborada por la Directora del Centromultimedios “Biblioteca de la Legislatura” desde enero de 1987: Nidia Orbea Álvarez de Fontanini. / Subtítulo en ese documento: “21-04-1989: Presencia en la XV Feria del Libro en Buenos Aires. Texto: “Con apoyo del ‘Servicio de Educación por el Arte’ -desarrollado por la señora de Fontanini desde principios de la década del ’60-, fueron convocados cuatro jóvenes santafesinos que participaban en actividades del Centromultimedios para presentar sus trabajos ilustrados, luego expuestos en la sede de ese servicio. / Concretados oportunamente los trámites ante las autoridades que organizaron la X Feria Exposición Internacional del Libro en la Capital Federal, el 21 de abril en la Sala ‘Juan Rulfo’, la Directora presentó a los jóvenes poetas santafesinos Néstor Fenoglio, Pablo Guastavino y Fernando Vaschetto. No pudo asistir por razones personales, la escritora Trudy Pocoví.

xviii Anotado por Javier Villafañe: Otros nombres populares: en la Argentina, bienteveo, bichofeo, benteveo, genteveo, pitupí, quetuipí, quintové, quintoví, testigo, pitaguá, chistefué, triste vida, viracocha, pitové, pintové, pintoveo; en Bolivia, testigo.

xix Poema seleccionado por Oscar Abel Ligaluppi (La Plata), incluido en Antología Poética Bonaerense, Fondo editorial Bonaerense, 1977, p. 83. El recopilador destaca: “Obras: Alero del regreso (1951) y Figura de olvido (1956). Su labor fue distinguida en numerosas oportunidades por instituciones culturales del país y el extranjero y mereció comentarios, entre otros autores, de Juana de Ibarbourou, Julio Díaz Usandivaras y Artemio Arán.” (Pág. 80)

xx Ligaluppi, Oscar Abel. Antología Poética Bonaerense. Buenos Aires, La Plata, 1977, p. 152 y 154. El recopilador destacó que hasta ese momento no había publicado libros. Obtuvo el Primer Premio de la Municipalidad de Necochea (1966), el Primer Premio en la “V Fiesta Nacional de las Letras) en 1968 y el Primer Premio de la SADE –Sociedad Argentina de Escritores- en 1970.

xxi Ibídem. Ligaluppi destaca que Oscar Luciani publicó: Postales de un álbum de provincia y Perduración, ambos en 1976. Recibió varias distinciones: Mención Especial de la Municipalidad de La Matanza (1974); Primer Premio ENET Nº 1 “Albert Thomas” (1975 y 1976); Primer Premio Municipalidad de Mercedes (1975); Mención Especial de la SADE (1976) y Primer Premio de la Sociedad de Escritores de la Plata (1976).

xxii Ligaluppi, Oscar Abel. Antología poética bonaerense. Ob. cit, p. 363-364. Ismael Marcelo Siri es un destacado sonetista. El recopilador. cita estas obras editadas: 1967Esampas en plata y sueños. Distinciones. Faja de Honor de la Sociedad de Escritores Platense 1968. Colaborador en diarios y periodista radial.

xxiii Ibídem, p. 375. Ligaluppi destacó que es Poeta y ensayista, se graduó en Filosofía y se desempeña como profesora de Historia del Arte en la Universidad Nacional de la Plata. Publicó en 1972, Pájaro adolescente y fue distinguida con la Faja de Honor de la Sociedad de Escritores Platenses. Participó en el VI Congreso Internacional de Estudios Clásicos de Madrid, en 1974.

xxiv Literatura y folklore. 1. El folklore Literario. Prólogo de Augusto Cortázar. Buenos Aires, Centro Editor de América Latina, Capítulo, 1980, p. 63.

xxv Ibídem, p. 63. Nota 28: “Existen muchas versiones de su leyenda -de gran difusión en el norte del país-, en muchas el tema central es el incesto, ya que la mujer que luego se convierte en cacuy persigue a su hermano pretendiendo tener relaciones sexuales con él, hasta que éste se deshace de ella.” (p.83)

xxvi Palermo, Miguel Ángel. El cuervillo de cañada. Buenos Aires, CEAL, Fauna Argentina 53, 1984. Aclara el autor la diferencia que existe entre el “ciervillo de cañada” y otras especies como la bandurria y el carau -o caraú-, todas con apariencia física y hábitos semejantes.

xxvii Jorge Isaías cita: “1 CFR. NÉSTOR Corte: Teoría y práctica de los Promotores Culturales. Colección Temas de Política Cultural. Municipalidad de Santa Fe. Santa Fe, 1961.

xxviii Perón, Juan D. Habla Perón. Buenos Aires, Ediciones de la Liberación, 1973, vol. 2 – 1ª Presidencia, p. 28; 83 y 85.

xxix Aguinis, Marcos Doctor. “El atroz encanto de ser argentinos”. Buenos Aires, Planeta, julio 2001, p. 227-228.

xxx Touraine, Alain. ¿Podremos vivir juntos? – La discusión pendiente: el destino del hombre en la aldea global. Buenos Aires-México, Fondo de Cultura Económica, agosto de 1999, p. 284-285.

xxxi Gloria de Bertero en Quien es Ella en Santa Fe, primer volumen, 1995, destacó que el apodo de Marta: Rayito. “Nacida en Córdoba el 1941, se radica en Santa Fe de la Vera Cruz a los siete años. Padres Adelaida Everilda Fernández y Oreste Hipólito Mancinelli. Esposo: Ricardo José Rodil. Hijos Lilia Diana y Marina.

xxxii Sabido es que en diciembre de 1983 continuaba con diversas actividades ad-honorem, tendientes a coordinar proyectos educativos a partir del cambio de autoridades ministeriales, teniéndose en cuenta que había elaborado y fue presentado ante el Congreso Nacional del Justicialismo realizado en la Capital Federal -jornadas de análisis de propuestas político-culturales presididas por el poeta José María Castiñeira de Dios-, previa aprobación y firma del escritor Alcides Piedrabuena y unánime decisión del grupo gremial, una ponencia titulada: “La Escuela como centro de atracción e irradiación de la Cultura” y su ensayo inédito: “Actualización y perfeccionamiento del Educador Profesional”… (elogiado mediante nota por el Prof. Ariel Bianchi). / Enero 1984: seleccionada para desempeñar el cargo de Jefa de Departamento de Evaluación en el Instituto Superior Nº 13 de Santa Fe al asumir el gobernador CPN. José María Vernet, asumió ese cargo siendo directora del Instituto la Prof. Hilda Pérez de Paroni, renuncia no aceptada y desde abril 1984, mediante la RM Nº 322 desempeñó las funciones de Coordinadora de áreas de Educación y Cultura del Ministerio de Educación de Santa Fe -con presentación de proyectos de programas y subprogramas en las áreas de Educación por el Arte, Difusión y Promoción Cultural, Ecología, hasta que por R.M. Nº 129 de marzo de 1987, coordinó el Plan Cultural 1987 elaborado por el Equipo de Educación y Cultura de la CGT Regional Santa Fe, siendo Secretario General Agustín Sarla (Sindicato de Artes Gráficas) tras integrar a cooperadores, asociaciones intermedias, artistas y entre ellos, escritores con difusión de sus obras. Este Plan se concretó en escuelas de distintos departamentos, en el contexto de la Cruzada de solidaridad que incluyó áreas de Salud y de asistencia social mediante la presencia de equipos técnicos en distintas localidades del norte santafesino.