Ecos desde la BIBLIOTECA NACIONAL

En la Cofradía de los Duendes son percibidos ecos de distintas latitudes.

Desde el norte… el son de la monótona caja y una voz que dice…

Así se escribe la historia / de nuestra tierra, paisano

en los libros, con borrones / y con cruces, en los llanos”.

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2010. Año del Bicentenario de Mayo de 1810.

Octubre 13. Día de San Eduardo.

En la Biblioteca Nacional Argentina situada en Agüero 2502, inaugurada durante la presidencia del doctor Carlos Saúl Menem, el 13 de octubre de 2010 -día de San Eduardo-, presentaron el libro RAMÓN CARRILLO – Una vida Un destino, obra del Prof. Daniel Alberto Chiarenza.

Sabido es que el 4 de junio de 1946 asumió la primera presidencia el Gral. Juan Domingo Perón, casado a fines del año anterior con la actriz Eva Duarte…

El 16 de julio de 1946 el Dr. Ramón Carrillo siendo desde el 4 de junio el primer ministro de Salud en la Argentina, en la capital federal firmó el acta de matrimonio con Isabel Susana Pomar; fueron testigos el presidente de la Nación Gral. Juan Perón y su esposa María Eva Duarte de Perón. Realizada la ceremonia religiosa en la casa situada en calle French 3036 (actual sede de la Fundación Dr. Ramón Carrillo) con interpretaciones corales del Cuarteto Vocal Gómez Carrillo.

(Síntesis tras lectura de lo expresado por la Profesora Licenciada Teresita Carrillo Campolietti, Presidenta de la Fundación.)

Insistía el doctor Ramón Carrillo, primer ministro de Salud Pública durante la presidencia del General Juan Domingo Perón (1946-1954):

Frente a las enfermedades que genera la miseria,

frente a la tristeza, la angustia y el infortunio social de los pueblos,

los microbios, como causas de enfermedad, son unas pobres causas”.

Eva Perón había nombrado al doctor Ramón Carrillo asesor de la Fundación el 8 de marzo de 1951 cuando declinaba su salud hasta su fallecimiento (26-07-1952).

El presidente Juan Perón había enviado al Congreso Nacional un proyecto de organización ministerial (23-06-1954) y dos semanas después desmintió rumores en torno a una posible intervención quirúrgica (16-06-1954, día de la Virgen del Carmen).

Sancionado tal proyecto en ambas Cámaras, fue promulgada el 23 de julio de 1954 la Ley Nº 14.303 que significó una sorpresiva reorganización del gabinete de ministros. Sabido es que el presidente Perón dialogó con el doctor Carrillo, le expresó algunas dificultades para enfrentar las disidencias y dijo que consideraba necesaria la organización de un Departamento de Investigaciones Científicas que estaría a su cargo. Sabía el doctor que tras la ausencia física de Eva Perón se expandió la maraña de intrigas, nada dijo… Inmediatamente aceptadas las renuncias de los titulares de los ministerios que “desaparecían” y designados nuevos Secretarios y Ministros.

Así fue como el admirable médico sanitarista argentino Ramón Carrillo distinguido con el Premio Nacional de Ciencias en 1937 -casi como por arte de magia- fue reemplazado por el doctor Raúl Conrado Bevacqua en el ministerio de Asistencia Social y Salud Pública, cercano al controvertido vicepresidente Contralmirante Eduardo Teisaire, ambos aludidos en junio de 1956 por la quema en las Iglesias, el ministro Bevacqua con apoyo de César Pérez y Segundo Rufino Nieto.

También renunció en julio de 1954 el ministro de Industria y Comercio Rafael Francisco Amundarain -residente en Adrogué, provincia de Buenos Aires- y asumió Orlando L. Santos en el nuevo ministerio de Industria.

Tiempo de incertidumbre por enfrentamientos políticos y conflictos con las autoridades eclesiásticas del Arzobispado de Buenos Aires.

Turbulencia a mediados de septiembre de 1956, ineludible ofrecimiento de renuncia del presidente Gral. Juan Domingo Perón, comienzo de las persecuciones y entre ellos, el ex Mayor Pablo Vicente; éxodo de integrantes del movimiento nacional justicialista en diversos países hispanoamericanos: en Paraguay estuvo el periodista Américo Barrios (Luis María Albamonte) y Raúl Conrado Bevacqua, el ministro nombrado en 1954 cuando reestructuraron el gabinete nacional.; en Chile el abogado Ricardo Guardo con su esposa Lillian Lagomarsino y sus hijos, ex presidente de la Cámara de Diputados y Albistur Villegas, el ex intendente de Morón, provincia de Bueno Aires. En Brasil, Emilio Terán y Valentín Irigoyen; el ex ministro de Transporte Alberto Iturbe en Bolivia; en la República Oriental del Uruguay el periodista y escritor Arturo Jauretche (en 1946 en la Junta Renovadora de la Unión Cívica Radical apoyando la candidatura de Perón con FORJA), ex presidente del Banco de la Provincia de Buenos Aires, el ex diputado nacional Eduardo Colom y Francisco Capelli, último secretario general de Fuerza de Orientación Radical de la Juventud Radical Argentina…

Decía en aquel tiempo el benemérito doctor Ramón Carrillo:

Si yo desaparezco, queda mi obra y queda la verdad

sobre mi gigantesco esfuerzo donde dejé mi vida”

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Releo y transcribo:

“Yo, Ramón Carrillo, el olvidado de Belém…

…mi hermana, la ‘Chata’ me informa por carta que la ‘comisión investigadora’ -un subterfugio ilegal creado por la Revolución Libertadora- me incautará mi pequeño patrimonio… ‘Villa Antares’ -que aún se la debo a los bancos prestamistas-, mis cuadros y mis libros) pero… los bienes materiales son lo de menos, no existe reparación cuando se meten con los bienes espirituales ¿y la ofensa y la humillación de mi figura pública, quién la levanta, quién la desmiente?

Sabía, de todos modos lo que podía esperar de aquella turba oligárquica que había ocupado groseramente el gobierno de mi patria… Pero lo que más me dolía era el olvido…

Los Sres. ‘libertadores’ o la Revolución Fusiladora. Habíamos llegado a Belém el 1º de noviembre de 1955. En marzo de 1956 le anuncié a Susana… Le dije entonces… tratando de no emocionarme: ‘Susana, me quedan nueve meses de vida’… Ya mi derrumbe moral era inocultable. La destrucción que se produjo en mi alma fue indescriptible… Nunca imaginé ser la víctima de tanta difamación… Mi hermana Carmen Antonia (la ‘Chata’) se presentaba ante la comisión investigadora de ‘los libertadores’ diciéndoles… ‘Mi hermano, el doctor Ramón Carrillo, que durante diez años ha manejado bienes del Estado por valor de más de cinco mil millones de pesos, está en la pobreza, porque debe todo lo que aparentemente tiene. Es decir, no tiene nada’.

…el 28 de noviembre de 1956… sufrí mi anunciada hemorragia cerebro-vascular, como consecuencia de aquella antigua hipertensión descuidada… a partir de aquel momento sólo tuve algunos raptos de lucidez… desde que Susana empezó a gritar desesperada que me llevaran a internar al Hospital Aeronáutico de Belém. Yo, desde mi cama… Me incorporé, para hablarle a Susana, queriendo demostrar mis últimos segundos de comprensión inteligente, antes de entrar definitivamente en la oscura agonía. ‘-No te asustes, mi amor, sabíamos que el final era algo irreversible. Perderé el conocimiento en pocos minutos… Te pido que coloques mi cabeza descansando sobre el lado derecho, será menos doloroso’… Perdí noción de tiempo, de lugar. Cada tanto me veía en mi tierra: la bella y tibia tierra santiagueña con la santidad e hidalguía de la fecundante mezcla hispano criolla… Allá dejé las raíces y espero haber dejado también brotes, serían los únicos que me harían trascender el olvido.

Horas faltarían para el final… Aunque la paraplejia se había complicado con una feroz uremia. Escuchaba levemente, con voz de ultratumba, cómo mi hermano Santiago le leía una carta a Susana que parece que el general Perón le había escrito a Cooke y ya estaba en manos de toda la militancia en el exilio.

Le decía: ‘Al pobre doctor Ramón Carrillo, que estaba trabajando en Belém, le ha dado un ataque muy peligroso. Se trata de un derrame cerebral, con parálisis de la mitad izquierda del cuerpo, y su estado, según me informa la señora, es grave. No se lo ha podido trasladar a Río precisamente por la gravedad. El pobre, como buen médico, no ha dado importancia a su presión (26 y 15) y en aquel clima infernal lo ha golpeado. Yo le había dicho varias veces que se viniera a Caracas, pero el hombre parece que se ha arraigado allí’.

En mis segundos finales, también escucharía… que Susana le comentaba a Santiago que el eminente neurocirujano brasileño Eliseo Paglioli le comunicó mediante un telegrama que yo había sido designado como profesor en la Universidad de Porto Alegre….

…Mi hermano y Susana, sentados al borde de mi cama de desahuciado, se dieron cuenta de que tal vez algo yo estuviera comprendiendo. Entonces Santiago se incorporó llamándome: ‘Ramón, Ramón…’ y diciéndome algunas cosas en el dulce acento seseado santiagueño. Yo no podía responder, pero me tomó de la mano fraterna y yo hice una leve presión como queriendo decirle: ‘Santiago, el olvido no ¡por favor! Salvando las cósmicas distancias, Jesucristo también fue el olvidado de Belén. Pasaron más de treinta años para que Paulo de Tarso iniciara su reivindicación ecuménica. Yo, Ramón Carrillo, el otro olvidado de Belém ¿cuánto tendría que esperar?’…”

[Sugiero leer: Chiarenza, Daniel Alberto.

El olvidado de Belem: vida y obra de Ramón Carrillo.

Edición Adrifer Libros, 2005]

MEMORIA necesaria…

El abogado John William Cooke (1920-1986), fue uno de los más jóvenes Diputados Nacionales (1946-1951). En junio 1955 cuando hubo bombardeo sobre la Casa de Gobierno y zona de Plaza de Mayo, conflictos con la Iglesia… fue nombrado Interventor en el Partido Justicialista de Capital Federal. Tras el movimiento cívico-militar que comenzó el 16 de septiembre de 1955, fue detenido cuatro días después cuando ofreció la renuncia el Presidente Perón para evitar más muertos y heridos, ante las amenazas de más bombardeos con aviones de la Marina. Trasladaron a Cooke junto a otros políticos a la cárcel de Río Gallegos donde organizaron una exitosa fuga. Por distintos medios periodísticos anunciaron que el 18 de marzo de 1957 casi al mediodía habían llegado a la ciudad de Punta Arenas en el sur de la República de Chile, seis dirigentes fugados de la prisión de Río Gallegos: “John William Cooke, Héctor Cámpora (décadas después presidente electo en funciones desde el 25-05 al 13-07-1973, sólo cincuenta días de gestión y renunció para nueva convocatoria sin proscripción, comenzando así el 12 de octubre de 1973 la tercera presidencia del Tte. Gral. Juan Domingo Perón hasta su fallecimiento el 1º de julio de 1974). Entre los fugitivos estaba el empresario Jorge Antonio, amigo de Perón y quien lo apoyó durante su exilio en distintos países, finalmente en Madrid hasta su retorno definitivo el 20 de junio de 1973; el ex Secretario General de la Confederación Gral. del Trabajo, sindicalista José Espejo, el inquietante Guillermo Patricio Kelly, dirigente de la Alianza Libertadora Nacionalista, Pedro José Gomis del SUPE, sindicato de Petroleros del Estado…

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2012 – Jornadas en el auditorio Jorge Luis Borges…

El lunes 12 de noviembre a las 09:30, comenzaron en el Auditorio “Jorge Luis Borges” de la Biblioteca Nacional (Agüero 2502, en la Ciudad Autónoma de Buenos Aires), las Jornadas organizadas en conmemoración del 64º Aniversario de la creación del Hospital Nacional de Odontología.

En 1946 por iniciativa del ministro de Salud Ramón Carrillo apoyado por el Director nacional de Odontología Dr. Mario Jorge Framiñan, avanzaron en el proyecto de creación de una institución para asistencia pública e investigación científica a los fines de la oportuna atención odontológica de la población.

[Destacada trayectoria del doctor Mario Jorge Framiñan (n. 1919 en Buenos Aires), odontólogo graduado en 1943 en la Universidad de Buenos Aires, especializado en Prótesis Clínica, profesor adjunto, Secretario de la Facultad de Ciencias Médicas en 1946). En aquel tiempo ya participaba en el incipiente movimiento nacional justicialista, fue electo en octubre de 1946 Vicepresidente 2° de la Junta Metropolitana del Partido Peronista. Casado con María Celia Méndez Castro. Director de Odontología del Ministerio de Salud Pública de la Nación (1947-1950) siendo un eficiente colaborador del ministro Dr. Ramón Carrillo a los fines de la creación del Hospital Nacional de Odontología inaugurado en 1948; integrante del Consejo de Planificación Sanitaria hasta 1955; nombrado Delegado ante el Comando de la Juventud Peronista siendo Secretario General José Luis Cora (agosto 1955). Decano normalizador de la Facultad de Odontología nombrado por el Interventor en la UBA Dr. Alberto Ottalagano (hasta 1976). Falleció el 31 de diciembre de 2003, era el único Miembro Emérito de la Academia Nacional de Odontología.]

Inaugurado el Hospital Nacional de Odontología el 11 de noviembre de 1948 en la sede de Avenida Pueyrredón 1940 en la ciudad de Buenos Aires, hasta tanto fuera posible un edificio propio.

Durante la segunda presidencia del doctor Carlos Saúl Menem, en 1997 decidida la sede definitiva en el Pabellón Nº 5 del Hospital “Bernardino Rivadavia” con ingreso por la calle Sánchez de Bustamante 2529.

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TODO tiene su tiempo…

Las resonancias de las vivencias perduran en los recuerdos.

Los grandes aumentos de la comprensión histórica

han salido de la crisis de los vencidos; éstos siempre han tenido,

más que los vencedores, necesidad de explicar por qué las cosas

ocurrieron en un sentido diferente del que esperaban o deseaban”

Reinhard Koselleck, historiador alemán.

(23-04-1923, Görlitz/03-02-2006, Bad Oeynhausen)

2012. Año del Bicentenario de la creación de la Bandera Argentina.

Noviembre 28 de 2012: Sanción de la Ley Nº 26.807.

La primera Junta de gobierno presidida por el Coronel Cornelio Saavedra tras la iniciativa del Secretario Dr. Mariano Moreno, mediante decreto del 13 de septiembre de 1810 dispuso la creación de la “Biblioteca Pública de Buenos Aires” en un contexto de decisiones tendientes a promover la formación de las personas facilitando el acceso de libros, traducciones, diarios…

Ya habían firmado la orden de expropiación del patrimonio bibliográfico del Obispo Rodrigo Antonio de Orellana (n. 1756 en Medellín, Badajoz, España/ f. 1822 en Ávila Castilla), durante el período del Virreinato del Río de la Plata Obispo de Córdoba y opositor a la revolución del 25 de mayo de 1810. Integradas las donaciones del Real Colegio de San Carlos, del Cabildo Eclasiástico, de Manuel Belgrano y Luis José Chorroarín. Notable la influencia de la Iglesia Católica en aquel tiempo, los primeros bibliotecarios y directores fueron el Dr. Saturnino Segurola y Fray Cayetano Rodríguez; luego Luis J. Chorroarín y Manuel Moreno, el hermano del abogado Mariano a quien acompañaba cuando sufrió malestares que provocaron su muerte en altamar, arrojado su cuerpo a las aguas del Océano Atlántico como era costumbre entre navegantes… Paul Groussac siendo director de la Biblioteca Nacional destacó la significativa confluencia de obras literarias de distintos siglos pertenecientes a autores de diversos continentes. Inició las gestiones para disponer de una nueva sede y comenzó a funcionar en la calle México 564 donde aún estaban los bolilleros de la Lotería Nacional como mudos testigos de la “ludopatía” fomentada a los fines de obtener recursos para el erario público. Creación de la “Sala del Tesoro”. Al asumir la dirección Gustavo Martínez Zuviría más conocido como el escritor y periodista Hugo Wast, comenzó una etapa de notable incremento patrimonial bibliográfico; tiempo de controversias por sus manifestaciones antisemitas, polémicas con el poeta y ensayista Israel Zeitlin (Ucrania, 03-03-1906/f. 24-10-1980, Buenos Aires), reconocido con el seudónimo César Tiempo.

Durante la denominada Década Infame, tiempo de la presidencia del doctor Roberto Marcelino Ortiz y del fraude patriótico de septiembre de 1937; gobernador en la provincia de Buenos Aires el Doctor Manuel del Fresco (n. 1888) vinculado al conservador Antonio Barceló; ministro de Obras Públicas el Ing. José María Bustillo quien junto a su hermano Arq. Alejandro Bustillo lograron la realización de importantes obras arquitectónicas y monumentos en distintas ciudades.

En 1938, el poeta y escritor Jorge Luis Borges (n. 24-10-1899), consiguió un empleo en la Biblioteca Municipal “Miguel Cané” del Barrio de Boedo.

Ocaso de la década del ’30, tiempo de continuos vaivenes políticos.

En 1940 nombrado interventor federal en Buenos Aires el doctor Octavio Amadeo en reemplazo del doctor Manuel del Fresco decidió fundar el Partido Patria Unión Nacional Argentina. Tras los sucesos del 17 de octubre de 1945, el doctor del Fresco visitó al Coronel Juan Domingo Perón anunciándole su apoyo en los comicios de 1946; falleció el 17 de noviembre de 1971 en el Barrio de Haedo donde había instalado el Instituto “Dr. Luis Güemes”, fue sepultado en el cementerio de la Recoleta frente a la tumba del comerciando Domingo Matheu, integrante de la primera Junta de 1810.

En aquel ese tiempo trabajó como bibliotecario Jorge Luis Borges en el barrio de Boedo.

Al comenzar la primera presidencia del Gral. Juan Perón, siendo empleado municipal fue nombrado “Inspector de Mercados de aves de corral” y debió alejarse de la Biblioteca Miguel Cané. Tras ser detenidas por “escándalo en la vía pública” fueron detenidas su madre Leonor Acevedo -por su edad cumplió la condena en su domicilio- y Norah, la hermana de Borges junto a su amiga Adela Grondona, estuvieron unos días en la Cárcel de Mujeres “El Buen Pastor”. Jorge L. Borges fue nombrado en 1950 presidente de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) y renunció tres años después.

Tras el torbellino histórico del 16 de septiembre de 1955, las autoridades de facto designaron Director de la Biblioteca Nacional al escritor Jorge Luis Borges y Subdirector al salteño José Edmundo Clemente, estudió Filosofía y Letras, socialista, ensayista (n. 16-11-1918/f.25-06-2013), escribió un libro con Borges.

Entre las enormes destrucciones ordenadas por la autodenominada “revolución libertadora” y que aludir al derrumbe del Palacio Unzué porque allí había vivido el presidente Gral. Juan Perón su esposa María Eva Duarte desde el 4 de junio de 1946 y la firma del decreto Nº 4.161 de marzo de 1956 revela la magnitud de las persecuciones y de la censura porque obligaron que destruir documentos y quemar libros, prohibieron hasta determinadas palabras por ser frecuentes en el uso de documentos del gobierno elegido por el 50% de los votantes en los primeros comicios sin fraude, con custodia de fuerzas del Ejército y de la Policía.

El escritor Jorge Luis Borges -como sucedió con Paul Groussac con enormes dificultades visuales-, asumió la dirección de la Biblioteca Nacional. Imaginaron desde entonces la construcción de un enorme edificio para ese servicio cultural sobre el terreno de la ex Residencia Presidencial. Durante décadas, proyectos y aprobaciones de planos y colocación de la piedra fundamental en 1971. Comienzo de los cimientos y casi cuatro décadas de construcciones por diferentes empresas, hasta la terminación en 1992, tercer año de la primera presidencia del doctor Carlos Saúl Menem cuando fue bendecida esa sede, sucesivos discursos…

Presencia del ex Director de la Biblioteca Nacional José María Castiñeira de Dios -poeta y político- quien había renunciado a ese cargo porque no avanzaban en la finalización de las obras para trasladar el material bibliográfico e inaugurar ese servicio cultural, razón por la cual el presidente Menem lo nombró Secretario de Cultura de la Nación y ya realizada la primera etapa del traslado -que continuó durante un año-, fue habilitado ese sector en 1993 ante autoridades nacionales y extranjeras, momento de sencilla expresión del poeta fueguino Castiñeira de Dios al decir: “¡Misión cumplida!”…

EFEMÉRIDES 2013. Año del Bicentenario de la Asamblea General Constituyente de 1813. Hubo proyectos de Constitución presentados y no hubo debate, no sancionaron la invocada Constitución. Aprobación del Himno Nacional y del Escudo, declarada la libertad de vientres; autorizada la emisión de moneda, eliminación de la encomienda, mita y yaconazgo como servidumbre de pueblos originarios, continuó la esclavitud de adultos y niños nacidos hasta entonces, abolición de los títulos de nobleza, de la persecución religiosa -Inquisición- y de los elementos de tortura, aunque la tortura fue una práctica en el trato con delincuentes y con distintas formas continúa hasta la actualidad como lo demuestran crónicas y denuncias ante juzgados.

Jueves 13 de junio. Día del escritor. Recordación del cordobés Leopoldo Lugones (m. 13-06-1874, en Villa María del Río Seco), ensayista, periodista y política que estaba en una isla de Tigre en el momento de su suicidio el 18 de febrero de 1938.

Viernes 14 de junio de 1986: murió en Ginebra el escritor Jorge Luis Borges, su identidad Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo. (n. 24-08-1899)

Sábado 15 de Junio de 2013. Inauguración del monumento al escritor Jorge Luis Borges al frente del edificio de la Biblioteca Nacional situado en Agüero 2502, cuya piedra fundamental fue colocada en 1971; obra terminada durante la Presidencia del doctor Carlos Saúl Menem, Secretario de Cultura José María Castiñeira de Dios, Director de la Biblioteca Nacional Enrique Pavón Pereyra. Nombrada “Biblioteca Nacional Argentina “Mariano Moreno” (Ley Nº 26.807 sancionada el 28 de noviembre de 2012 en el Congreso Nacional, iniciativa de los diputados nacionales Dr. Ricardo Alfonsín, Roy Cortina y Ricardo Cuccovillo.

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El 25 de junio de 2013 falleció el nonagenario José Edmundo Clemente…

Latentes en la memoria señales del laberinto informático en torno a aproximadamente ciento cincuenta personas reunidas en “la amplia casona de Anchorena y Juncal, sede de la fundación.

Muchos de ellos llegaron con flores para la anfitriona.”

Un título:

“Borges, siempre vivo en el recuerdo”

Desde el diario “La Nación” de Buenos Aires, el viernes 25 de agosto de 2006 informaron que el día anterior “Jorge Luis Borges hubiera cumplido ayer 107 años. Con esa excusa, distintas personalidades de la cultura celebraron junto a María Kodama, presidenta de la Fundación Internacional Jorge Luis Borges, el aniversario del nacimiento del autor de ‘El Aleph’. (…)

Empanadas, bruschettas y pata flambeada de ternera aderezada con distintas salsas precedieron a la torta de chocolate blanco coronada por velitas que recordaban el cumpleaños número 107 del escritor.

El embajador Juan Archibaldo Lanús, el ex juez de la Corte Suprema de Justicia Gustavo Bossert; los escritores Alina Diaconú, Ricardo Cordero y Virginia Carreño; el pintor Alfredo Plank, el empresario Alan Faena, la funcionaria Magdalena Faillace y el catedrático de la Universidad de Valenciennes Enrique Marini Palmieri, entre otros, soplaron las velitas con música de Pink Floyd de fondo.”

Alusiones en torno a una polémica por derechos de autor.

“Por la tarde, Kodama había presentado junto con el ministro de Educación, Daniel Filmus, dos cuadernillos con cuatro textos de Borges que, en conmemoración de su nacimiento y con una edición de 200.000 ejemplares, se distribuyeron en forma gratuita en todo el país, en salas de cines y en taxis.

La iniciativa se inscribió dentro de la Campaña Nacional de Lectura e incluyó sendos cuadernillos con el cuento ‘Las ruinas circulares’ y el poema ‘Ajedrez’, en uno, y el cuento ‘La forma de la espada’ y el poema ‘Fundación Mítica de Buenos Aires’, en el otro.”

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El duende Amarillo con vocación de periodista, sugiere leer un cuento borgiano.

Las ruinas circulares

Nadie lo vio desembarcar en la unánime noche, nadie vio la canoa de bambú sumiéndose en el fango sagrado, pero a los pocos días nadie ignoraba que el hombre taciturno venía del Sur y que su patria era una de las infinitas aldeas que están aguas arriba, en el flanco violento de la montaña, donde el idioma zend no está contaminado de griego y donde es infrecuente la lepra. Lo cierto es que el hombre gris besó el fango, repechó la ribera sin apartar (probablemente, sin sentir) las cortaderas que le dilaceraban las carnes y se arrastró, mareado y ensangrentado, hasta el recinto circular que corona un tigre o caballo de piedra, que tuvo alguna vez el color del fuego y ahora el de la ceniza. Ese redondel es un templo que devoraron los incendios antiguos, que la selva palúdica ha profanado y cuyo dios no recibe honor de los hombres. El forastero se tendió bajo el pedestal. Lo despertó el sol alto. Comprobó sin asombro que las heridas habían cicatrizado; cerró los ojos pálidos y durmió, no por flaqueza de la carne sino por determinación de la voluntad. Sabía que ese templo era el lugar que requería su invencible propósito; sabía que los árboles incesantes no habían logrado estrangular, río abajo, las ruinas de otro templo propicio, también de dioses incendiados y muertos; sabía que su inmediata obligación era el sueño. Hacia la medianoche lo despertó el grito inconsolable de un pájaro. Rastros de pies descalzos, unos higos y un cántaro le advirtieron que los hombres de la región habían espiado con respeto su sueño y solicitaban su amparo o temían su magia. Sintió el frío del miedo y buscó en la muralla dilapidada un nicho sepulcral y se tapó con hojas desconocidas.

El propósito que lo guiaba no era imposible, aunque sí sobrenatural. Quería soñar un hombre: quería soñarlo con integridad minuciosa e imponerlo a la realidad. Ese proyecto mágico había agotado el espacio entero de su alma; si alguien le hubiera preguntado su propio nombre o cualquier rasgo de su vida anterior, no habría acertado a responder. Le convenía el templo inhabitado y despedazado, porque era un mínimo de mundo visible; la cercanía de los leñadores también, porque éstos se encargaban de subvenir a sus necesidades frugales. El arroz y las frutas de su tributo eran pábulo suficiente para su cuerpo, consagrado a la única tarea de dormir y soñar.

Al principio, los sueños eran caóticos; poco después, fueron de naturaleza dialéctica. El forastero se soñaba en el centro de un anfiteatro circular que era de algún modo el templo incendiado: nubes de alumnos taciturnos fatigaban las gradas; las caras de los últimos pendían a muchos siglos de distancia y a una altura estelar, pero eran del todo precisas. El hombre les dictaba lecciones de anatomía, de cosmografía, de magia: los rostros escuchaban con ansiedad y procuraban responder con entendimiento, como si adivinaran la importancia de aquel examen, que redimiría a uno de ellos de su condición de vana apariencia y lo interpolaría en el mundo real. El hombre, en el sueño y en la vigilia, consideraba las respuestas de sus fantasmas, no se dejaba embaucar por los impostores, adivinaba en ciertas perplejidades una inteligencia creciente. Buscaba un alma que mereciera participar en el universo.

A las nueve o diez noches comprendió con alguna amargura que nada podía esperar de aquellos alumnos que aceptaban con pasividad su doctrina y sí de aquellos que arriesgaban, a veces, una contradicción razonable. Los primeros, aunque dignos de amor y de buen afecto, no podían ascender a individuos; los últimos preexistían un poco más. Una tarde (ahora también las tardes eran tributarias del sueño, ahora no velaba sino un par de horas en el amanecer) licenció para siempre el vasto colegio ilusorio y se quedó con un solo alumno. Era un muchacho taciturno, cetrino, díscolo a veces, de rasgos afilados que repetían los de su soñador. No lo desconcertó por mucho tiempo la brusca eliminación de los condiscípulos; su progreso, al cabo de unas pocas lecciones particulares, pudo maravillar al maestro. Sin embargo, la catástrofe sobrevino. El hombre, un día, emergió del sueño como de un desierto viscoso, miró la vana luz de la tarde que al pronto confundió con la aurora y comprendió que no había soñado. Toda esa noche y todo el día, la intolerable lucidez del insomnio se abatió contra él. Quiso explorar la selva, extenuarse; apenas alcanzó entre la cicuta unas rachas de sueño débil, veteadas fugazmente de visiones de tipo rudimental: inservibles. Quiso congregar el colegio y apenas hubo articulado unas breves palabras de exhortación, éste se deformó, se borró. En la casi perpetua vigilia, lágrimas de ira le quemaban los viejos ojos.

Comprendió que el empeño de modelar la materia incoherente y vertiginosa de que se componen los sueños es el más arduo que puede acometer un varón, aunque penetre todos los enigmas del orden superior y del inferior: mucho más arduo que tejer una cuerda de arena o que amonedar el viento sin cara. Comprendió que un fracaso inicial era inevitable. Juró olvidar la enorme alucinación que lo había desviado al principio y buscó otro método de trabajo. Antes de ejercitarlo, dedicó un mes a la reposición de las fuerzas que había malgastado el delirio. Abandonó toda premeditación de soñar y casi acto continuo logró dormir un trecho razonable del día. Las raras veces que soñó durante ese período, no reparó en los sueños. Para reanudar la tarea, esperó que el disco de la luna fuera perfecto. Luego, en la tarde, se purificó en las aguas del río, adoró los dioses planetarios, pronunció las sílabas lícitas de un nombre poderoso y durmió. Casi inmediatamente, soñó con un corazón que latía.

Lo soñó activo, caluroso, secreto, del grandor de un puño cerrado, color granate en la penumbra de un cuerpo humano aun sin cara ni sexo; con minucioso amor lo soñó, durante catorce lúcidas noches. Cada noche, lo percibía con mayor evidencia. No lo tocaba: se limitaba a atestiguarlo, a observarlo, tal vez a corregirlo con la mirada. Lo percibía, lo vivía, desde muchas distancias y muchos ángulos. La noche catorcena rozó la arteria pulmonar con el índice y luego todo el corazón, desde afuera y adentro. El examen lo satisfizo. Deliberadamente no soñó durante una noche: luego retomó el corazón, invocó el nombre de un planeta y emprendió la visión de otro de los órganos principales. Antes de un año llegó al esqueleto, a los párpados. El pelo innumerable fue tal vez la tarea más difícil. Soñó un hombre íntegro, un mancebo, pero éste no se incorporaba ni hablaba ni podía abrir los ojos. Noche tras noche, el hombre lo soñaba dormido.

En las cosmogonías gnósticas, los demiurgos amasan un rojo Adán que no logra ponerse de pie; tan inhábil y rudo y elemental como ese Adán de polvo era el Adán de sueño que las noches del mago habían fabricado. Una tarde, el hombre casi destruyó toda su obra, pero se arrepintió. (Más le hubiera valido destruirla.) Agotados los votos a los númenes de la tierra y del río, se arrojó a los pies de la efigie que tal vez era un tigre y tal vez un potro, e imploró su desconocido socorro. Ese crepúsculo, soñó con la estatua. La soñó viva, trémula: no era un atroz bastardo de tigre y potro, sino a la vez esas dos criaturas vehementes y también un toro, una rosa, una tempestad. Ese múltiple dios le reveló que su nombre terrenal era Fuego, que en ese templo circular (y en otros iguales) le habían rendido sacrificios y culto y que mágicamente animaría al fantasma soñado, de suerte que todas las criaturas, excepto el Fuego mismo y el soñador, lo pensaran un hombre de carne y hueso. Le ordenó que una vez instruido en los ritos, lo enviaría al otro templo despedazado cuyas pirámides persisten aguas abajo, para que alguna voz lo glorificara en aquel edificio desierto. En el sueño del hombre que soñaba, el soñado se despertó.

El mago ejecutó esas órdenes. Consagró un plazo (que finalmente abarcó dos años) a descubrirle los arcanos del universo y del culto del fuego. Íntimamente, le dolía apartarse de él. Con el pretexto de la necesidad pedagógica, dilataba cada día las horas dedicadas al sueño. También rehizo el hombro derecho, acaso deficiente. A veces, lo inquietaba una impresión de que ya todo eso había acontecido… En general, sus días eran felices; al cerrar los ojos pensaba: Ahora estaré con mi hijo. O, más raramente: El hijo que he engendrado me espera y no existirá si no voy.

Gradualmente, lo fue acostumbrando a la realidad. Una vez le ordenó que embanderara una cumbre lejana. Al otro día, flameaba la bandera en la cumbre. Ensayó otros experimentos análogos, cada vez más audaces. Comprendió con cierta amargura que su hijo estaba listo para nacer -y tal vez impaciente. Esa noche lo besó por primera vez y lo envió al otro templo cuyos despojos blanqueaban río abajo, a muchas leguas de inextricable selva y de ciénaga. Antes (para que no supiera nunca que era un fantasma, para que se creyera un hombre como los otros) le infundió el olvido total de sus años de aprendizaje.

Su victoria y su paz quedaron empañadas de hastío. En los crepúsculos de la tarde y del alba, se prosternaba ante la figura de piedra, tal vez imaginando que su hijo irreal ejecutaba idénticos ritos, en otras ruinas circulares, aguas abajo; de noche no soñaba, o soñaba como lo hacen todos los hombres. Percibía con cierta palidez los sonidos y formas del universo: el hijo ausente se nutría de esas disminuciones de su alma. El propósito de su vida estaba colmado; el hombre persistió en una suerte de éxtasis. Al cabo de un tiempo que ciertos narradores de su historia prefieren computar en años y otros en lustros, lo despertaron dos remeros a medianoche: no pudo ver sus caras, pero le hablaron de un hombre mágico en un templo del Norte, capaz de hollar el fuego y de no quemarse. El mago recordó bruscamente las palabras del dios. Recordó que de todas las criaturas que componen el orbe, el fuego era la única que sabía que su hijo era un fantasma. Ese recuerdo, apaciguador al principio, acabó por atormentarlo. Temió que su hijo meditara en ese privilegio anormal y descubriera de algún modo su condición de mero simulacro. No ser un hombre, ser la proyección del sueño de otro hombre ¡qué humillación incomparable, qué vértigo! A todo padre le interesan los hijos que ha procreado (que ha permitido) en una mera confusión o felicidad; es natural que el mago temiera por el porvenir de aquel hijo, pensado entraña por entraña y rasgo por rasgo, en mil y una noches secretas.

El término de sus cavilaciones fue brusco, pero lo prometieron algunos signos. Primero (al cabo de una larga sequía) una remota nube en un cerro, liviana como un pájaro; luego, hacia el Sur, el cielo que tenía el color rosado de la encía de los leopardos; luego las humaredas que herrumbraron el metal de las noches; después la fuga pánica de las bestias. Porque se repitió lo acontecido hace muchos siglos. Las ruinas del santuario del dios del fuego fueron destruidas por el fuego. En un alba sin pájaros el mago vio cernirse contra los muros el incendio concéntrico. Por un instante, pensó refugiarse en las aguas, pero luego comprendió que la muerte venía a coronar su vejez y a absolverlo de sus trabajos. Caminó contra los jirones de fuego. Éstos no mordieron su carne, éstos lo acariciaron y lo inundaron sin calor y sin combustión. Con alivio, con humillación, con terror, comprendió que él también era una apariencia, que otro estaba soñándolo.

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Desde otro plano, EMA LAPIDOT (residente en Estados Unidos), como tantos lectores en distintos continentes… ha logrado ser lumbre perdurable desde “BORGES Y LA INTELIGENCIA ARTIFICIAL – Análisis al estilo de Pierre Renard” (Madrid, Editorial Pliegos, 1990. Luego, traducido y editado en inglés.)

Ema me entregó libros para donar desde SEPA, en bibliotecas y a docentes santafesinos. Tras un diálogo por teléfono con Carlitos Caudana logré una comunicación con Liliana Paiz de Izaguirre…

Liliana y Carlitos ¡amigos del alma!… Liliana fue una de las destacadas profesoras en la casi legendaria ENET Nº 5 “Esteban Echeverría”, cuando comenzaba ese “servicio de educación por el arte” compartido con alumnos en distintas aulas mientras desarrollábamos actividades pertinentes a diferentes materias del ciclo de Práctica Comercial. Carlitos, hermano-compañero en la Escuela Nacional de Comercio “Juana del Pino de Rivadavia”…

Conmovidos el 27 de noviembre de 2010 al saber que se había generado el Último Desprendimiento de Carlos Alberto Bartolo Caudana y una vez más momento de recordación de lo expresado por quien escribió precisamente “amigo a perpetuidad” en sucesivas dedicatorias manuscritas, “el poeta justiciero” y “el señor de los Picaflores” que vivió convencido de que…

Nunca muere TODO lo que ha sido bello alguna vez”

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Liliana Paiz de Izaguirre por concurso asumió como Decana de la Facultad de Humanidades y Ciencias siendo el Ingeniero Mario Barleta rector en la Universidad Nacional del Litoral (votado en diciembre de 2001 por el 85,9 % de los asambleístas); director electo del Departamento de Letras el profesor Héctor Manni (2006, tiempo de las Primeras Jornadas de Lectura y Escritura del Litoral con presencia de Jean Paul Bronckart -quien junto a Jean Piaget compartió experiencias-, en Suiza docente de la Universidad de Ginebra.

Es oportuno destacar lo expresado por el profesor Manni en las Primeras Jornadas litoraleñas refiriéndose a “la importancia de la lectura y la escritura como generadoras de vínculos de pertenencia a grupos sociales, ejemplificando con casos de la comunidad indígena de Recreo, algunos de cuyos protagonistas también participarán en paneles de la Jornada”.

…Llegó Ema Feijgelson desde Estados Unidos y fue posible el esperado encuentro en la sede del Decanato con profesores de Literatura especializados en diversas áreas, entre ellos Elsa Ghío (hija de compañeros de fin de semana de nuestros padres a mediados de la década del ’40 en el “Rancho Iberá” situado en la actual Avenida Mariano Candioti donde era grato escuchar a la poeta Haydeé Gerlero de Badillo… tiempo caminatas hacia el lugar donde construyeron los cuarteles cerca de las Cuatro Bocas…) Estuvo en aquel encuentro la esperancita Ana María Copes, profesora dedicada también a actividades políticas en el Partido Demócrata Progresista…

[2013 Octubre 27. Elecciones para renovación de legisladores. Profesora Ana M. Copes, quinta candidata a diputada nacional en la lista del Frente Progresista Cívico y Social: Dr. Hermes Juan Binner, socialista, Ing. Mario Barletta, Unión Cívica Radical; actual diputada Alicia Ciciliani, Pablo Javkin presidente de la Coalición Cívica ARI y Ana Copes, PDP. Lograron la inclusión de cuatro diputados nacionales en el Congreso desde diciembre porque obtuvieron el 15% más de votos que la lista encabezada por el Profesor Miguel Torres del Sel (PRO, tres diputados nacionales elector), finalmente el Frente para la Victoria -partido organizado por el fallecido presidente Néstor y su esposa Cristina, actual presidente de la Nación reelecta y con mandato hasta diciembre de 2005, en boletas con candidatos del PJ, el partido partido.]

El burocrático Duende Gris cansado de las rutinas en otros tableros, orienta hacia la lectura de un poema de Jorge Luis Borges…

Ajedrez

I

En su grave rincón, los jugadores
rigen las lentas piezas. El tablero
los demora hasta el alba en su severo
ámbito en que se odian dos colores.

Adentro irradian mágicos rigores
las formas: torre homérica, ligero
caballo, armada reina, rey postrero,
oblicuo alfil y peones agresores.

Cuando los jugadores se hayan ido,
cuando el tiempo los haya consumido,
ciertamente no habrá cesado el rito.

En el Oriente se encendió esta guerra
cuyo anfiteatro es hoy toda la Tierra.
Como el otro, este juego es infinito.

II
Tenue rey, sesgo alfil, encarnizada
reina, torre directa y peón ladino
sobre lo negro y blanco del camino
buscan y libran su batalla armada.

No saben que la mano señalada
del jugador gobierna su destino,
no saben que un rigor adamantino
sujeta su albedrío y su jornada.

También el jugador es prisionero
(la sentencia es de Omar) de otro tablero
de negras noches y de blancos días.

Dios mueve al jugador, y éste, la pieza.
¿Qué Dios detrás de Dios la trama empieza
de polvo y tiempo y sueño y agonía?

[Voz de Jorge Luis Borges en esta trayectoria…

http://www.poemas-del-alma.com/ajedrez.htm ]

Ema Feijelson de Lapidot, en sus mensajes por correo electrónico sigue comentando que se reúne con un grupo de amigas también entusiastas lectoras de obras literarias de Jorge Luis Borges en inglés…

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El duende Azul sugiere una aproximación a las señales de María Elena Walsh…

Oración a la JUSTICIA

Señora de ojos vendados / que estás en los tribunales

sin ver a los abogados / baja de tus pedestales.

Quítate la venda y mira cuanta mentira…

Actualiza la balanza / y arremete con la espada

que sin tus buenos oficios / no somos nada.

Lávanos de sangre y tinta, / resucita al inocente

y haz que los muertos entierren / el expediente.

Espanta las aves negras / aniquila los gusanos

y que a tus plantas los hombres / se den la mano.

Ilumina al juez dormido / apacigua toda guerra

y hazte reina para siempre / de nuestra tierra.

Señora de ojos vendados, / con la espada y la balanza

a los justos humillados / no les robes la esperanza.

Dales la razón y llora / porque ya es hora…

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¡ALEGRÍA al COMPARTIR!

Lecturas y síntesis: Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.