27 de Septiembre: Día Nacional de la Conciencia Ambiental.

En la ciudad de Avellaneda, provincia de Buenos Aires, el 27 de septiembre de 1993 provocó incertidumbre un escape de gas cianhídrico y generó una tragedia.

Conmovedora noticia de la muerte de una familia tras la aspiración de gas cianhídrico que se expandió por las cañerías de las cloacas: Manuel Nuin (79), su esposa María Angélica (80), su hijo Horacio (43) y su esposa Josefina; también el chofer Roberto Barlezco (32), el camillero Orlando Cáceres (30) y la Dra. Viviana Otero (37) que llegaron en una ambulancia para socorrerlos.

Efectos fulminantes y sospechas sobre un hombre que luego fue sobreseído.

Como ha sucedido en anteriores circunstancias, en el Congreso Nacional impulsaron la sanción de una ley para la conmemoración año tras año.

27 de Septiembre: DÍA NACIONAL de la CONCIENCIA AMBIENTAL.

La Ley Nº 24.605 fue sancionada el 7 de diciembre de 1995, dos días antes de la finalización de la primera presidencia del doctor Carlos Saúl Menem (08-07-1989/10-12-1995), reelecto con mandato hasta diciembre de 1999. Tras la promulgación, fue publicada en el Boletín Oficial el 10 de enero de 1996. Releo y reitero:

“Artículo 1°: Declarar ‘Día Nacional de la Conciencia Ambiental’ el 27 de septiembre de cada año en memoria de las personas fallecidas como consecuencia del escape de gas cianhídrico ocurrido en la ciudad de Avellaneda, Provincia de Buenos Aires, el 27 de septiembre de 1993.

Artículo 2°: A partir de la vigencia de la presente ley, todos lo años en dicha fecha se recordará, en los establecimientos educativos primarios y secundarios, los derechos y deberes relacionados con el ambiente mencionados en la Constitución Nacional.

Artículo 3°: Las autoridades públicas que correspondan, adoptarán las medidas pertinentes destinadas al permanente recordatorio de las víctimas fatales.

Artículo 4°: Comuníquese al Poder Ejecutivo.”

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1996 Septiembre – Sobreseído sospechoso y Causa cerrada.

Tres años después de la inhalación de gas cianhídrico en una vivienda de Avellaneda, el 27 de septiembre de 1996 habrán evocado aquellos momentos de confusión y angustia los familiares del matrimonio Manuel Nuin y María Angélica (octogenarios) y del matrimonio integrado por Horacio Ruin (43 años) y su joven esposa Josefina quien como la doctora Viviana Otero tenían 37 años de edad, pocos más que el chofer y el camillero de la ambulancia Roberto Barlezco (32) y Orlando Cáceres (30). Los medios de comunicación destacaban que el único detenido como posible responsable de haber arrojado el producto fue procesado y el Juez Eduardo Roberts imputó “homicidio por dolo eventual” porque el empresario no habría tenido intención de matar. Intervino la Cámara de Apelaciones y aceptando el pedido de la defensa, el imputado fue sobreseído. Los residuos industriales del depósito de Juan Ernesto García en la calle Ceballos 470 contenían cianuro y sulfuro procedentes de diversos procesos de producción y fueron volcados en la red domiciliaria. Sabido era que otras industrias de la zona procedían aplicaban el mismo método por ser el más rápido y económico, aparentemente y sólo para los mezquinos intereses de los empresarios.

La concentración de establecimientos fabriles en la zona de Avellaneda provoca la contaminación del aire incluso por partículas visibles como son los residuos de cereales y también por el característico olor, los vecinos expresan sus quejas por los efectos del óxido de azufre. Aún sigue siendo un centro de polución el Riachuelo donde hasta automóviles están bajo las aguas…

Promesas, sólo promesas… Fotografías y anuncios de nuevas obras.

Como expresó Raúl Scalabrini Ortiz en 1933…

“El que mira todo el bosque de manzanos, no ve más que el bosque.

Pero el que se reduce a mirar profundamente una sola manzana puede inferir el régimen de todas las manzanas.”

En el bosque cercano a “la selva de cemento” entre los niños con irritaciones en la piel por efecto de contaminaciones suele andar una madre cargando baldes y también fastidiado y desocupado…

“…el Hombre que está solo y espera”

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Derechos humanos…

Es necesario ser conscientes de que cualquier derecho implica también una obligación. Casi quince años después, aún existen escuelas donde no es posible trabajar en condiciones saludables y aún en clínicas y hospitales suelen ser visibles algunos focos de contaminación…

Aquella iniciativa de 1995, tenía como propósito recordar a las personas fallecidas y estimular entre escolares y estudiantes de todos los niveles el conocimiento sobre los derechos y deberes relacionados con la preservación de la Naturaleza evitando aniquilar el equilibrio biológico.

Señales desde SENASA…

Desde los servicios del Estado nacional han difundido sucesivos comunicados y entre ellos el SENASA – Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria ha recordado que “los ecosistemas nos brindan una serie de servicios, condiciones y procesos a través de los cuales los ecosistemas naturales, y las especies que los conforman, ayudan a mantener y satisfacer la vida humana.

Además mantienen la provisión de bienes cuya cosecha y comercialización representa una parte importante de la economía. Estos servicios entre otros son:

  • purificación del aire y del agua

  • mitigación de sequías e inundaciones

  • generación y preservación de los suelos y renovación de su fertilidad

  • detoxificación y descomposición de los residuos

  • polinización de los cultivos y de la vegetación natural

  • dispersión de semillas

  • reciclado y movimiento de nutrientes

  • control de la amplia mayoría de las plagas potenciales de la agricultura

  • mantenimiento de la biodiversidad

  • protección de las líneas de costas de la erosión de las olas

  • protección de los rayos solares ultravioletas perjudiciales

  • estabilización parcial del clima

  • moderación de los eventos atmosféricos extremos y sus impactos, y

  • provisión de belleza estética y estímulo intelectual que exalta el espíritu humano.”

Releo y es evidente que en este comienzo de la segunda década del siglo XXI, hay todavía falencias insoslayables en los ECOSISTEMAS aunque datos estadísticos indiquen diferentes logros.

  • Hay sin cuenta barrios, establecimientos rurales, ciudades donde no hay disponibilidades de “agua potable”. En conurbanos y villas de emergencia, el aire está contaminado por la dispersión de residuos tanto por descuido de los pobladores como por falta de oportuna recolección.

  • La tala indiscriminada es una importante contribución para evitar desertificaciones. Las inundaciones suelen ser consecuencia de desvíos en el curso de los arroyos y ríos que en tiempos de creciente avanzan por los pertinentes lechos.

  • El control de las plagas es uno de los factores con mayor incidencia en la contaminación ambiental y está directamente relacionado con el mantenimiento de la biodiversidad. Las fumigaciones desde el aire afectan a otras especies, desaparecen pájaros y aves… y en la provincia de Santa Fe han conmovido las fotografías y documentales referidos a “Las Parejas” en el sur de la provincia de Santa Fe. donde “niños banderilleros” eran ubicados “sin protecciones” en los límites de los campos sobre los cuales era necesario fumigar.

Parafraseando al redactor de SENASA, destaco:

En los ECOSISTEMAS, la armonía NATURAL es BELLEZA y EQUILIBRIO… que compromete a valorar “lo estético” como estímulo intelectual de “lo ético” y exaltación del ESPÍRITU HUMANO porque la TODAS LAS PERSONAS somos SERES INTEGRANTES DE ECOSISTEMAS; hombres y mujeres con aptitudes para razonar y fomentar conductas responsables a los fines de evitar irreparables daños.

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AGUAFUERTES AMBIENTALES

2012. Diciembre 13. Día de Santa Lucía.

Recibí un oportuno mensaje del educador santafesino

Ricardo Luis MASCHERONI.

NUBE TÓXICA EN BUENOS AIRES:…No quiero ni pensar…

Todos los que ya no somos tan jóvenes, tal vez recordemos, una famosa publicidad de un conocido pegamento, que por lo general se pasaba en los cines, en la cual a partir de un pequeño incidente doméstico, los servicios de emergencias (bomberos) llegaban al lugar del hecho y en una cadena de desaciertos chaplinescos, terminaban destruyendo todo.

Algo parecido se produjo en el puerto de Buenos Aires, días pasados, ante el escape o rotura de un recipiente conteniendo un producto tóxico destinado a la preparación de plaguicidas (insecticidas), que diera lugar a dimes y diretes y una gran cobertura de prensa, que se repartía entre este hecho, los coletazos e implicancias del fallo de la Cámara Civil sobre la guerra Clarín-Gobierno y la copiosa lluvia caída en aquella ciudad.

Cuál o qué era el químico liberado, es secundario a los fines de esta nota, no lo es para quienes debían o deberían actuar en la prevención o minimización de los impactos provenientes del incidente, que casi tres horas después de ocurrido, todavía no sabían de qué producto se trataba a tenor de los distintos reportes periodísticos.

Lo central es que infinidad de productos de igual toxicidad o directamente letales, ingresan al país o se transportan a lo largo y ancho de toda su geografía, atravesando en muchos casos ciudades de miles, cientos de miles o millones de habitantes, sin que los organismos encargados de velar por la seguridad de las personas en cada rincón de la misma, sean notificados con la antelación que el caso requeriría ante eventuales accidentes, o tengan la suficiente preparación y coordinación para evitar consecuencias lamentables.

No quiero en la presente cargar las tintas sobre los sufridos servidores públicos, que muchas veces exponen sus vidas y su integridad física con entrega y valentía, en condiciones precarias y sin los elementos adecuados.

Si quiero desnudar la impericia, falta de idoneidad e improvisación de aquellos que tienen la responsabilidad de evitar y minimizar las consecuencias de este tipo de eventos, que no son excepcionales y que se reiteran con demasiada asiduidad para mi gusto.

Valgan a tales fines y como ejemplos: el lamentable y doloroso caso de Cromagnón,  el accidente ferroviario de Once, la caída cada vez más reiterada de edificios en construcción o el derrame de gas cianhídrico ocurrido en la ciudad de Avellaneda en 1993, que diera lugar al dictado de la hipócrita Ley 24.605, que instituyó el Día Nacional de la Conciencia Ambiental, o la muerte de 25 bomberos voluntarios de entre 11 y 22 años, intentando apagar un incendio en Puerto Madryn, Chubut en 1994; entre tantos otros desastres.

Lo ocurrido en el puerto capitalino, nos habilitaría a decir como en muchas historias y relatos, que cualquier parecido con la realidad, es pura casualidad.

El incidente dejó a la vista la incompetencia, la negligencia y la impericia de los que tienen a su cargo las áreas pertinentes que deben atender estas emergencias. Tan es así, que en las primeras horas de ocurrido el mismo, las órdenes, alertas y recomendaciones, eran tan descabelladas y contradictorias, que podrían haber generado, de haber sido otro el químico, un desastre de magnitud.

Como Dios atiende en Buenos Aires, la lluvia ayudó bastante, por lo menos para aplacar la nube.

Quiero, sin ser un experto en catástrofes, y a tenor a los informes de prensa, resaltar algunas acciones o comportamientos que reafirman lo expresado:

1.-  Tratamiento del producto con agua no bien iniciado el escape, lo que demuestra que no se sabía en qué consistía el mismo y que nadie consultó con la fojas de ruta del mismo (obrantes en el puerto, o eso creo) para saberlo, lo que agravó el problema.

2.- No utilización inmediata del equivalente local de la cadena nacional de medios de comunicación, con una conducción centralizada, que en principio impidiera que la gente salga a la calle hasta que se sepa cómo actuar, ya que en este aspecto las recomendaciones eran imprecisas.

3.- En estos casos, se debe impedir que los medios de transporte “entren con pasajeros” a la zona en cuestión, no interrumpir los servicios, lo que provocaría que en la necesidad de evacuaciones masivas, no se cuente con disponibilidad de ellos para agilizar las mismas.

Sinceramente espero, en beneficio de todos, que estas lecciones dolorosas sirvan para tomar nota y actuar en consecuencia, ya que en caso contrario y como lo expreso en el epígrafe, no quiero ni pensar, si en algunas de las centrales nucleares tan caras al sentir del Gobierno Nacional, se produjera un accidente de mediana intensidad, cuáles serían las consecuencias.

 Si así no lo hicieran, Dios nos libre y guarde.

Ricardo Luis Mascheroni

Docente   Santa Fe

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Lecturas y síntesis: Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.