OCTUBRE: Mes de la FAMILIA… ¡LEAMOS JUNTOS!

 

El Océano no separa… ¡UNE!

Aproximación a la trayectoria de algunos escritores hispanoamericanos.

OCTUBRE: Mes de la FAMILIA… ¡LEAMOS JUNTOS!

En las últimas décadas del siglo veinte, el incesante esfuerzo de científicos y técnicos en distintas latitudes generó un notable avance en las comunicaciones facilitando la inmediata comunicación de continente a continente mientras la red de redes que nombramos internet se asemeja a una biblioteca donde también aparecen y desaparecen documentos, testimonios, libros…

Hay continuos encuentros para promover la lectura en las aulas y en las bibliotecas -mientras en la Argentina la mayoría de las escuelas no tienen libros y si los hay, no están clasificados porque tampoco hay suficientes nombramientos de bibliotecólogos para organizar los ficheros y catálogos…

Es un fenómeno preocupante en las ciudades tanto como en la mayoría de los pueblos con escuelas rurales atendidas por un Director que a la vez es MAESTRO y ORDENANZA ante cualquier emergencia, también casi enfermero, cocinero, jardinero, granjero, horticultor…

01-10-1956: Último Vuelo de PABLO ROJAS PAZ…

Pablo Rojas Paz en su vasta producción literaria describe las características del paisaje rural y diversas circunstancias que influían en la vida de las familias campesinas.

También colaboraba con notas en el diario La Prensa y en 1938, refiriéndose al educador Miguel Lillo, autodidacto que vivía en una casa “en las afueras de Tucumán”.

Solía decir que se interesó por el aprendizaje del griego y del latín para leer a “Sófocles y las Églogas” y el inglés y alemán para el intercambio de correspondencia con científicos.

Miguel Lillo, autodidacto y ¡MAESTRO!…

Destacó Rojas Paz diversas cualidades de su maestro:

heroicidad cotidiana… que no cedía un minuto a la ociosidad, entregado siempre a averiguaciones de algún problema de la naturaleza”…

“…su aptitud para los números era tal, que su fama se echó a andar por las calles de la ciudad”…

…su ironía era cáustica y mordiente”.

En otro párrafo, Rojas Paz relató una anécdota referida a un hecho sucedido en un aula, probablemente semejante a los que aún en esta primera década del siglo pueden ser advertidos en establecimientos de distintos niveles de educación.

“…durante un examen, sorprendió copiando a uno de los alumnos. Entonces, ‘sin salir de su asombrosa calma habitual’, Miguel Lillo le dijo:

Tan chiquito y ya haciendo trampa. Te aconsejo que te metas en política: vas a tener éxito’…”

Continúa el relato:

“…efectivamente, el aludido actuó en política y tuvo éxito.

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Pablo Rojas Paz era amigo de Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo y junto a Ricardo Güiraldes y a Alfredo Brandán, en 1924 comenzaron a editar la Revista “Proa”, segunda época. Ese año, obtuvo el Premio Municipal por su ensayo Paisajes y meditaciones y dos años después, publicó La metáfora y el mundo.

En 1927 logró editar Cuentos Arlequín y en 1930, Hombres grises, montañas azules; en la década siguiente Hasta aquí nomás (1936), El patio de la noche (1940, Premio Nacional de Literatura) y la biografía titulada Alberdi, el ciudadano de la soledad.

En 1943 logró editar Biografía de Buenos Aires y al año siguiente, tres libros: Cada cual y su mundo – El arpa remendada y los relatos de Campo Argentino.

En 1950 publicó Los cocheros de San Blas, luego Echeverría, pastor de soledades (1952, Premio “Alberto Gerchunoff”) y Simón Bolívar en 1955.

03-10-1986: nacimiento de GERARDO DIEGO.

El español Gerardo Diego, se destacó por su lirismo y por la musicalidad en su Poesía. Aquí una de sus armoniosas composiciones que generará mayor emoción si es leída casi como susurrando…

El sueño

Apoya en mí la cabeza,

si tienes sueño.

Apoya en mí la cabeza,

aquí, en mi pecho.

Descansa, duérmete, sueña,

no tengas miedo,

no tengas miedo al mundo,

que yo te velo.

Levanta hacia mí los ojos,

tus ojos lentos,

y ciérralos poco a poco

conmigo dentro;

ciérralos, aunque no quieras,

muertos de sueño.

Ya estás dormida. Ya sube,

baja tu pecho,

y el mío al compás del tuyo

mide el silencio,

almohada de tu cabeza,

celeste peso.

Mi pecho de varón duro,

tabla de esfuerzo,

por ti se vuelve de plumas,

cojín de sueños.

Navega en dulce oleaje,

ritmo sereno,

ritmo de olas perezosas

el de tus pechos.

De cuando en cuando una grande,

espuma al viento

suspiro que se te escapa

volando al cielo,

y otra vez navegas lenta

mares de sueño,

y soy yo quien te conduce,

yo que te velo,

que para que te abandones

te abrí mi pecho.

¿Qué sueñas? ¿Sueñas? ¿Qué buscan

-palabras, besos-

tus labios que se te mueven,

dormido rezo?

Si sueñas que estás conmigo,

no es sólo sueño;

lo que te aúna y te mece

soy yo, es mi pecho.

Despacio, brisas, despacio,

que tiene sueño.

Mundo sonoro que rondas,

hazte silencio,

que está durmiendo mi niña,

que está durmiendo

al compás que de los suyos

copia mi pecho.

Que cuando se me despierte

buscando el cielo

encuentre arriba mis ojos

limpios y abiertos.

Gerardo Diego, nació en Santander, España. Estudió Filosofía y Letras en la Universidad de Deusto; luego en las Universidades de Salamanca y de Madrid donde obtuvo su doctorado. Catedrático de Lengua y Literatura en los Institutos de Soria, Gijón, Santander y Madrid. Le otorgaron el Premio “Cervantes” de Literatura. Miembro de la Real Academia de la Lengua hasta su fallecimiento en 1986. Títulos de libros editados: El romancero de la Novia (1920), Manual de Espumas (1924), Poemas Adrede (1932), Ángeles de Compostela (1940), Amor solo (1958), Nocturnos de Chopin (1962), La Fundación del Querer (1970) y Carmen Jubilar (1973).

04-10-1915: nacimiento de SILVINA BULLRICH.

Tras la recopilación de diversas expresiones de Silvina Bullrich, sugiero la lectura de esta secuencia que aproxima a sus señales y claves desde la niñez…

Íntimas señales desde la infancia…

Fui, en la infancia, terriblemente feliz (…) Nunca me gustaron las muñecas. Para mis cumpleaños me hacía regalar arcos, flechas, hachas, rifles, cañones, soldados de plomo y esa magnífica carpa de indios que era mi gran orgullo.

Mi ciudad, sus casas, el cementerio de la Recoleta… Sobre todo esto está cimentada mi vida y mi obra. Por Buenos Aires y para Buenos Aires escribo mis memorias. Para toda la Argentina quizás…

No sería quien soy sin haber visto tanto mundo. Llevo en mis retinas los sangrantes Cristos españoles, los Budas inmensos, las ciudades, los bosques y las aldeas, los mares semejantes que llevan a distintos nombres

Cada vez me siento mejor en estas tierras y menos a gusto en el extranjero. Me duele demasiado que nos ignoren, que nos menosprecien, que nos juzguen, sin siquiera darnos la oportunidad de defendernos.

Esto está cada vez peor, estamos al borde del caos, espero que alguien se atreva a decirlo… El caos, no hay otra palabra, yo por si acaso, se lo digo confidencialmente, he mandado a EEUU toda mi fortuna, lo poco que tengo, claro está… Por eso yo ni un peso coloco en el país.

(El burocrático duende Gris nada entiende acerca de “se lo digo confidencialmente”… y sigue cerca de la anciana que sin pronunciar palabras, después de reiterar tales declaraciones siente más confusiones…)

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Silvina Bullrich nació el 4 de octubre de 1915 en la ciudad de Buenos Aires. Educada en un ambiente con suficientes recursos para realizar frecuentes viajes a París. En la biblioteca de su padre comenzó sus primeras experiencias de aproximación a la Literatura y desde la adolescencia reveló su vocación, publicó poemas en la revista “Atlántida” editada en Buenos Aires. Era amiga de Manuel Mujica Láinez, también de Jorge Francisco Isidoro Borges Acevedo y de su amigo Arturo Bioy Casares. Junto a Borges, en 1945 seleccionaron textos publicados con el título El compadrito. Falleció en Suiza en 1990.

05-10-1900: nacimiento de FRANCISCO LUIS BERNÁRDEZ.

Catorce versos dicen que es soneto”… escribió el poeta español Lope de Vega, mientras verso tras verso terminó de elaborarlo.

A mediados del siglo veinte, lo aprendíamos de memoria siguiendo las instrucciones de la profesora de Literatura.

Aquí un simbólico soneto, legado del poeta argentino Francisco Luis Bernárdez…

Silencio

No digas nada, no preguntes nada.
Cuando quieras hablar, quédate mudo:
que un silencio sin fin sea tu escudo
y al mismo tiempo tu perfecta espada.

No llames si la puerta está cerrada,
no llores si el dolor es más agudo,
no cantes si el camino es menos rudo,
no interrogues sino con la mirada.

Y en la calma profunda y transparente
que poco a poco y silenciosamente
inundará tu pecho de este modo,

sentirás el latido enamorado
con que tu corazón recuperado
te irá diciendo todo, todo, todo.

Francisco Luis Bernárdez nació en Buenos Aires, el 5 de octubre de 1900. Descendiente de españoles, periodista. A los veinte años viajó a la tierra de sus antepasados, estuvo en Portugal y en España; fue redactor de Pueblo Gallego de Vigo. En ese tiempo comenzó a dedicarse más a la Literatura vinculándose con los hermanos Antonio y Machado, con Juan Ramón Jiménez… Retornó a su tierra natal y se integró al grupo que editaba la Revista “Martín Fierro”. En 1925 publicó Alcántara y ese año recibió el Tercer Premio en el concurso convocado por la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires. Fundó la revista “Libro” junto a su amigo Leopoldo Marechal. Desde 1928 se incorporó a la redacción de la revista “Criterio”. Desempeñó diversas funciones públicas. Integrante del grupo literario “Florida, junto a Jorge Francisco Isidoro Luis Borges, a Conrado Nalé Roxlo y Ricardo Güiraldes. Consecuencia de una enfermedad debió descanar desde 1930 y recién en 1935 publicó su poemario, intimista titulado El buque. Fue miembro Agregado del Servicio Exterior. Miembro de la Academia Argentina de Letras. Títulos de las siguientes obras editadas: Cielo sin tierra (1937) – La ciudad sin Laura (reflejo de su relación con su esposa, 1938) – Poemas elementales (1942) – Poemas de Carne y hueso (1943) – El ángel de la guarda (1949) – La flor (1951) – El arca (1954) y Poemas de cada día (1963). El talentoso Francisco Luis Bernárdez falleció en 1978 en su ciudad natal.

08-10-1927: Último Vuelo de RICARDO GÜIRALDES.

El destacado escritor y promotor cultural Oscar Abel Ligaluppi desde La Plata –capital de la provincia de Buenos Aires, difundió obras de autores hispanoamericanos en distintas latitudes. En la serie “1.800 poetas argentinos” incluyó tres legados de Ricardo Güiraldes. i

Amanecer

Es la noche de las estrellas, soñolientas parpadean, para dormir en la violencia del día.

Un churrinche, gota de púrpura, emprende su viaje azul.

El disco de luz, invencible en su ascenso ha desgarrado en amplia herida las nubes que pesaban sobre él, las nubes sangran.

Mediodía

La atmósfera embebida de átomos solares, tiene solidez irrespirable.

E canto de la torcaza, adormece con la monotonía de su ritmo lloros.

A lo lejos, el campo reverbera, turbio.

El sol, sus grandes alas desplegadas, plana inmóvil sobre el mundo.

La Oración

Las ovejas vuelven del campo.

Rezagadas, las decrépitas y enfermas son punto final de la larga frase blanca, que parece evaporarse, en el polvo, inmovilizado por la tranquilidad del aire.

Es la hora mística.

Lentamente, la noche se ha dormido, acotada sobre el llano.

En la casa que perteneció a sus bisabuelos Guerrico, el 13 de febrero de 1886 nació Ricardo Güiraldes, segundo hijo de Dolores Goñi y Manuel Güiraldes. Al año siguiente su familia viajó a París y regresaron en 1891 con el hermanito José nacido en Francia, circunstancias determinantes de la crianza de ambos usando el castellano como segunda lengua. Vivieron en el barrio de Caballito y luego en la estancia de su padre nombrada la Porteña como la primera locomotora argentina, que incidió notablemente en los cambios sociales y económicos porque fueron las vías del ferrocarril las que unieron pueblos y también marcaron diferencias, hacia uno y otro lado de las Estaciones… Como era frecuente en aquella época, lo educaron institutrices hasta que a los once años sus padres decidieron que lo conduciría el ingeniero mexicano Lorenzo Ceballos. Vivían en las estancias y diariamente cerca de peones a quienes el adolescente escuchaba con entusiasmo, acumulando sensaciones que luego reflejó en su vasta obra.

Padecía el acoso del asma que limitaba sus entretenimientos porque debía evitar la fatiga y durante los veranos se acercaban a la zona neuquina, cerca de los bellos lagos… Egresó con el título de Bachiller en 1904 e ingresó en la Facultad de Arquitectura, al año siguiente conoció a Adelina del Carril. Desde fines de la década anterior había cambios en la política nacional porque se manifestaba ya el Radicalismo a la vez que con mayor inmigración también se expandían las ideas socialistas o anarquistas. Electo su padre intendente de la ciudad de Bueno Aires prefirió no compartir las celebraciones y se embarcó hacia Francia con Roberto Leviller, inicio de sus primeras indagaciones en torno a la metafísica y la ética. Allí conoció a destacados artistas y empezó a escribir su primera novela: Raucho. En las reuniones bailaba tangos y también cantaba. Viajó por países de Oriente, llegó a China y a Japón. Retornó a Francia y entonces supo que su padre no le enviaría más dinero y fue protegido en su taller por el escultor Alberto Lagos, a quien dedica su libro Xaimaca. Retornó a la Argentina, se integró a otros grupos de artistas y al taller del destacado arquitecto Alejandro Bustillo. En ese tiempo conoció a la tenista Adelina del Carril, juntos estuvieron en la estancia de las Polvaderas y se casaron el 20 de octubre de 1913 trasladándose luego a la Porteña. Al año siguiente estalló la primera guerra en Europa y conmovido, se dedicó a revisar manuscritos hasta que le entregó algunos a Leopoldo Lugones. En 1915 decide publicar El cencerro de cristal y Cuentos de muerte y sangre. Opositor al radicalismo, decidió viajar con su esposa a las Antillas y a Jamaica; sigue escribiendo y editó su primera novela Raucho (1917), luego Aventuras grotescas. – Trilogía cristiana. – Raucho. – Rosaura. – Un idilio de estación. – Rosaura y siete cuentos (con nota preliminar de Adelina del Carril (1922) – Xaimaca (1923, novela epistolar referida a su viaje por Cuba y Jama) – Don segundo sombra. -Poemas místicos. Poemas solitarios. – El sendero. – El libro bravo. – Pampa. – El pájaro blanco.

Durante el invierno de 2008, Juan Carlos D’Amico presidente del Instituto Cultural de la Provincia de Buenos Aires, presentó en la Casa de la Provincia un libro titulado Diarios – Cuadernos de Disciplinas espirituales, reproducción del diario manuscrito entre el verano de 1923 y la primavera de 1924, la mayoría en San Antonio de Areco (207 páginas)…

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13-10-1912: Último Vuelo de EVARISTO CARRIEGO.

Perdura la fecunda siembra del escritor y promotor cultural Oscar Abel Ligaluppi desde La Plata -capital de la provincia de Buenos Aires- y releo los poemas seleccionados y editados por el Fondo Editorial Bonaerense que él dirigía, pertinentes a la serie “1.800 poetas argentinos”.

En el tomo 3, el talentoso y solidario Oscar Ligaluppi incluyo estos emotivos sonetos de Evaristo Carriego: ii

La silla que ahora nadie ocupa

Con la vista clavada sobre la copa

se halla abstraído el padre desde hace rato;

pocos momentos antes rechazó el plato

del cual apenas quiso probar la sopa.

De tiempo en tiempo, casi furtivamente,

llega en silencio alguna que otra mirada

hasta la vieja silla desocupada

que alguien, de olvidadizo, colocó enfrente.

Y, mientras se ensombrecen toas las caras,

cesa de pronto el ruido de las cucharas

porque insistentemente, como empujado

por esa idea fija que no se va,

el menor de los chicos ha preguntado

cuándo será el regreso de la mamá.

Tu secreto

¡De todo te olvidas! Anoche dejaste

aquí, sobre el piano, que ya jamás tocas,

un poco de tu alma de muchacha enferma:

un libro vedado, de tiernas memorias.

Íntimas memorias. Yo lo abrí, al descuido,

y supe, sonriendo, tu pena más honda,

el dulce secreto que no diré a nadie:

a nadie interesa saber que me nombras…

Ven, llévate el libro, distraída llena

de luz y de ensueño. Romántica loca…

¡Dejar tus amores ahí, sobre el piano!

De todo te olvidas ¡cabeza de novia!

Evaristo Carriego nació el 7 de mayo de 1882, en la ciudad de Paraná, capital de la provincia de Entre Ríos. Descendía de una familia de profundo arraigo en la provincia. La familia se trasladó al barrio porteño de Palermo y allí vivió desde su niñez en un ambiente con mimos y comprensión. Supo conmoverse ante la muerte de una muchacha y entre sus amigos hubo algunos anarquistas, con quienes dialogaba incluso en las redacciones de diarios y revistas. No fue por casualidad que en La Protesta -diario anarquista- publicara algunos relatos. Suelen reiterar que Juan Más y Pi fue uno de sus amigos y que Marcelo del Mazo, era el más compañero y comprensivo.

En distintas circunstancias evocaba a su abuelo guerrero y legislador dejando algunas señales en el relato Recuerdo de mi tiempo:

Cuando la legislación del Paraná resolvió levantarle a Justo José de Urquiza una estatua en vida, el único diputado que protestó fue el doctor Carriego, en oración hermosa aunque inútil…” iii

Evaristo Carriego editó su primer libro Misas herejes (1908) y fue el inicio de una fecunda y breve trayectoria. Otras obras editadas:

-El alma del suburbio.

-La canción del barrio (descripción de ese lugar, los cafés, los guapos…)

-La fonda

-La bandera celeste.

-Vida del General Lamadrid.

-Vida y muerte en Aragón.

Han reiterado lo expresado por el escritor Jorge Francisco Isidoro Luis Borges Acevedo acerca de diversas actitudes del emotivo Evaristo Carriego:

Imponía sus versos en el café, ladeaba la conversación a temas vecinos de los versificados por él. Participó, con sus urgencias, del ambiente literario de la primera década del siglo XX, frecuentó los cafés famosos, se desveló hasta la madrugada en las reuniones de escritores, pero se iba alejando lentamente, como volviendo hacia un centro único de interés”…

En vez de amplificar más cada día su campo de observación, Carriego parecía complacerse en reducirlo. Me basta con el corazón de una muchacha que sufre, dijo cierto día en el ardor de una discusión.”

La tuberculosis fue debilitando al joven Evaristo y falleció el 13 de octubre de 1912, a los 29 años de edad…

Quince años después, publicaron su libro Flor de Arrabal (Cuento, 1927).

14-10-1536: Último Vuelo de GARCILASO de la VEGA.

Garcilazo de la Vega, en tres versos supo expresar una profunda reflexión:

No me podrán quitar el dolorido

sentir, si ya primero

no me quitan el sentido.

Hacia la armonía…

Sentía la atracción de lo mitológico y desde su punto de vista, lo pagano es un trasmundo insoslayable en el contexto religioso cristiano.

Contigo, mano a mano

busquemos otros prados y otros ríos,

otros valles floridos y sombríos,

donde descanse, y siempre pueda verte

ante los ojos míos,

sin miedo y sobresalto de perderte.

El español Garcilaso de la Vega nació el 14 de octubre en Toledo, no hay precisión acerca del año (entre 1494 y 1503) y suponen que pudo ser en 1498. Huérfano de padre fue educado en la Corte y en 1519 conoció al caballero Juan Boscán, su generoso amigo, quien lo orientó hacia la lírica. Desde el año siguiente, fue miembro de la guardia regia de Carlos I de España y en ese tiempo aprendió esgrima, también música e idiomas: Latín griego, italiano y francés. Como aún suele suceder, enamorado de la toledana comunera Guiomar Carrillo, en 1521 nació un hijo nombrado Lorenzo Súarez de Figueroa y lo reconoció en su testamento firmado en Barcelona en 1528 otorgándole una mínima asignación de dinero para que pudiera pagar los estudios:

Don Lorenzo, mi hijo, sea sustentado en alguna buena universidad y aprenda ciencias de Humanidad hasta que sepa bien en esta facultad; y después, si tuviere inclinación a ser clérigo, estudie Cánones, a y si no, dése a las Leyes; y siempre sea sustentado hasta que tenga alguna cosa de suyo.”

Gracilazo de la Vega participó en sucesivas batallas y en una expedición de socorro fue herido de gravedad, recibiendo al regresar a España el título de Caballero de la Orden de Santiago. Luchó contra los franceses en 1824, retornó a Toledo y al año siguiente se casó con Elena de Zuñiga, dama de compañía de doña Leonor, la hermana del rey Carlos V y por ello, Gracilazo de la Vega integró ese séquito real. Empezó a escribir los primeros versos y fue corregidor de Toledo. En Granada, caminando cerca del palacio hablaba con su Juan Boscán acerca del idioma castellano y de diversas obras literarias. En 1530 estuvo en la investidura el emperador Carlos I de España, realizada en Bolonia y ese año combatió en Florencia contra los franceses, fue encargado de la embajada de ese país por breve tiempo hasta que enterado el emperador de que había sido testigo del matrimonio de su sobrino -hijo de su hermano, el comunero Pedro Lasso-, ordenó su inmediata detención en Tolosa y lo confinó a una isla del río Danubio que Gracilazo de la Vega describe en su Canción III. La valentía demostrada en tantos combates y su fidelidad a la misma causa política determinaron la decisión del virrey de Nápoles Pedro de Toledo quien habló con el emperador sugiriéndole que tuviera en cuenta las amenazas de los turcos sobre Viena. Así fue como desde la Isla, en 1532 el guerrero-poeta pasó a Nápoles y pronto se relacionó con artistas de esa localidad. En sucesivos poemas describe las experiencias compartidas entre letras y amoríos…

Participó en 1535 en la campaña de las fuerzas de Carlos V en el norte de África y nuevamente lo hirieron; de mayor gravedad fue el ataque soportado en el asedio de La Goleta, en Túnez y en tales circunstancias, estalló la tercera guerra de Francisco I contra Carlos V. La última participación de Gracilazo de la Vega en el frente de combate fue en la expedición de 1536 atravesando la Provenza contra Francia, desempeñándose como maestre de campo de un tercio de la infantería.

En octubre de ese año, fue el primer combatiente que subió las escaleras de la fortaleza en Le Muy -cerca de Fréjus- y al reaccionar los invadidos, recibió heridas de tanta gravedad que lo trasladaron a Niza, estuvo acompañado por su amigo Francisco de Borja, Duque de Gandía, luego reconocido por la Iglesia Católica como San Francisco de Borja. La mayoría de las referencias históricas destacan que murió el 14 de octubre de 1536 y en la Literatura aluden a sus “treinta y ocho sonetos, cinco canciones, una oda en liras, dos elegías, una epístola, tres églogas, siete coplas castellanas y tres odas latinas… se publicó por primera vez en 1543, a modo de apéndice de las Obras de Juan Boscán, su amigo…

17-10-1920: nacimiento de MIGUEL DELIBES.

Manuel Lillo tras comprobar que un alumno estaba copiando durante un examen, le dijo:

Tan chiquito y ya haciendo trampa. Te aconsejo que te metas en política: vas a tener éxito’…” y continuando el relato destacó:

“…efectivamente, el aludido actuó en política y tuvo éxito.

Miguel Delibes, en otras circunstancias expresó algo relacionado también con algunas valoraciones frecuentes en torno a determinadas personas que integran diferentes grupos o partidos políticos:

Para el que no tiene nada,
la política es una tentación comprensible,
porque es una manera de vivir con bastante facilidad
.

“Los santos inocentes”

Releo lo escrito al comenzar el último lustro del siglo veinte mientras leía ese revelador libro de Miguel Delibes. Enseguida encuentro las señales que anoté casi taquigráficamente con un bolígrafo azul sobre una pequeña hoja de papel que se ha tornado amarillenta. iv

Necesito reiterar lo expresado por Iván tras adoptar “el tono didáctico del señorito Lucas para decirle al francés,

mira, René, a decir verdad, esta gente era analfabeta en tiempos, pero ahora vas a ver, tú, Paco, agarra el bolígrafo y escribe tu nombre, haz el favor, pero bien escrito, esmérate,

que nada menos está en juego la dignidad nacional,

y toda la mesa pendiente de Paco, el hombre, y don Pedro, el Périto, se mordisqueó la mejilla y colocó su mano sobre el antebrazo de René,

lo creas o no, René, desde hace años en este país se está haciendo todo lo humanamente posible para redimir a esta gente, y el señorito Iván,

¡chist!, no le distraigáis ahora

y Paco, el Bajo, coaccionado por el silencio expectante, trazo un garabato en el reverso de la factura amarilla que el señorito Iván le tendía sobre el mantel, comprometiendo sus cinco sentidos, ahuecando las aletillas de su chata nariz, una firma tembloteante e ilegible y, cuando concluyó, se enderezó y devolvió el bolígrafo al señorito Iván y el señorito Iván se lo entregó al Ceferino

y ahora tú, Ceferino,

ordenó,

y fue el Ceferino, muy azorado, se inclinó sobre los manteles y estampó su firma y, por último, el señorito Iván se dirigió a la Régula,

ahora te toca a ti, Régula,

y volviéndose al francés,

aquí no hacemos distingos, René, aquí no hay discriminación entre varones y hembras como podrás comprobar,

y la Régula, con pulso indeciso, porque el bolígrafo le resbalaba en el pulgar achatado, plano, sin huellas dactilares, dibujó penosamente su nombre, pero el señorito Iván, que estaba hablando con el francés, no reparó en las dificultades de la Régula y así que ésta terminó, le cogió la mano derecha y la agitó reiteradamente como una bandera,

esto,

dijo,

para que lo cuentes en París, René, que los franceses os gastáis muy mal yogur al juzgarnos, que esta mujer, por si lo quieres saber, hasta hace cuatro días firmaba con el pulgar, ¡mira!

y al decir esto, separó el dedo deforme de la Régula, chato como una espátula, y la Régula, la mujer, confundida se sofocó toda, como si el señorito Iván la mostrase en cueros encima de la mesa, pero René, no atendía a las palabras del señorito Iván sino que miraba perplejo el dedo aplanado de la Régula, y el señorito Iván, al advertir su asombro, aclaró,

¡ah, bien!, ésta es otra historia, los pulgares de las empleiteras son así, René, gajes del oficio, los dedos se deforman de trenzar esparto, ¿comprendes?, es inevitable,

y sonreía y carraspeaba y, para acabar con la tensa situación, se encaró con los tres y les dijo,

hala, podéis largaros, lo hicisteis bien,

y conforme desfilaban hacia la puerta, la Régula rezongaba desconcertada,

ae, también el señorito Iván se tiene cada cacho cosa,

y, en la mesa, todos a reír indulgentemente, paternalmente, menos René, a quien se le había aborrascado la mirada, y no dijo esta boca es mía, un silencio mineral, hostil, pero, en verdad, hechos de esta naturaleza eran raros en Cortijo, pues, de ordinario, la vida discurría plácidamente con la única novedad de las visitas periódicas de la Señora que obligaban a la Régula a estar ojo avizor para que el coche no aguardase, que si le hacía aguardar unos minutos, ya estaba el Maxi refunfuñando.

¿dónde coños te metes?, llevamos media hora de plantón,

de malos modos, así que ella, aunque la sorprendieran cambiando las bragas a la Niña Chica, acudía presurosa a la llamada del claxon, a decorrer el cerrojo del portón, sin lavarse las manos siquiera y, en esos casos, la Señora Marquesa, tan pronto descendía del coche, fruncía la nariz, que era casi tan sensible de olfato como Paco, el Bajo, y decía,

esos aseladeros, Régula, pon cuidado, es muy desagradable este olor,

o algo por el estilo, pero de buenas maneras, sin faltar, y ella, la Régula, avergonzada, escondía las manos bajo el mandil y,

sí, Señora, a mandar, para eso estamos, y la Señora recorría lentamente el pequeño jardín, los rincones de la corralada con mirada inquisitiva y, al terminar, subía a la Casa Grande, e iba llamando a todos a la Sala del Espejo, uno por uno, empezando por don Pedro, el Périto, y terminando por Ceferino, el Porquero, todos, y cada cual le preguntaba por su quehacer y por la familia y por sus problemas y, al despedirse, les sonreía con una sonrisa amarilla, distante, y les entregaba en mano una reluciente moneda de diez duros,

toma, para que celebréis en casa mi visita,

menos a don Pedro, el Périto, naturalmente, que don Pedro, el Périto, era como de la familia, y ellos salían más contentos que unas pascuas,

la Señora es buena para los pobres,

decían contemplando la moneda en la palma de la mano, y, al atardecer, juntaban los aladinos en la corralada y asaban un cabrito y lo regaban con vino y enseguida cundía la excitación, y el entusiasmo y que

¡viva la Señora Marquesa! y ¡que viva por muchos años!

y, como es de rigor, todos terminaban un poco templados, pero contentos y la Señora, desde la ventana iluminada de sus habitaciones, a contraluz, levantaba los dos brazos, les daba las buenas noches y a dormir, y esto era así desde siempre, pero, en su última visita, la señora al apearse del automóvil acompañada por la señorita Miriam, se toó con el Azarías junto a la fuente y frunció el entrecejo y echó la cabeza hacia atrás,

a ti no te conozco, ¿de quién eres tú?,

preguntó,

y la Régula, que andaba al quite,

mi hermano es, Señora,

acobardada, a ver,

y la Señora,

¿de dónde lo sacaste? Está descalzo,

y la Régula,

andaba en la Jara, ya ve, sesenta y un años y le han despedido,

y la Señora,

edad ya tiene para dejar de trabajar, ¿no estaría mejor recogido en un Centro Benéfico? Y la Régula humilló la cabeza pero dijo con resolución,

ae, mientras yo viva, un hijo de mi madre no morirá en un asilo,

y, en éstas, tercio la señorita Miriam,

después de todo, mamá, ¿qué mal hace aquí? en el Cortijo hay sitio para todos,

y el Azarías, el remendado pantalón por las corvas, se observó atentamente las uñas de su mano derecha, sonrió a la señorita Miriam y a la nada, y masticó por dos veces con las encías antes de hablar y,

le abono los geranios todas las mañanas, dijo brumosamente, justificándose,

y la Señora,

eso está bien,

y el Azarías que, paso a paso, se iba creciendo,

y de anochecida salgo a la sierra a correr el cárabo para que no se meta en el Cortijo,

y la Señora plegó la frente, alta y despejada, en un supremo esfuerzo de concentración, y se inclinó hacia la Régula,

¿correr el cárabo? ¿puedes decirme de qué está hablando tu hermano?

y la Régula, encogida,

ae, sus cosas, el Azarías no es malo, Señora, sólo una miaja inocente,

pero el Azarías proseguía,

y ahora ando criando una milana,

sonrió, babeante,

y la señorita Miriam, de nuevo,

yo creo que hace bastantes cosas, mamá, ¿no te parece?

y la Señora no le quitaba los ojos de encima, mas el Azarías, súbitamente, en un impulso amistoso, tomó a la señorita Miriam de la mano, mostró las encías en un gesto de reconocimiento y murmuró,

venga a ver la milana, señorita,

y la señorita Miriam, arrastrada por la fuerza hercúlea del hombre, le seguía, trastabillando, y dobló un momento la cabeza para decir,

voy a ver la milana, mamá, no me esperes, subo en seguida,

y el Azarías la condujo bajo el sauce y, una vez allí, se detuvo, sonrió, levantó la cabeza y dijo firme pero dulcemente,

¡quiá!

y de improviso, ante los ojos atónitos de la señorita Miriam, un pájaro negro y blando se descolgó desde las ramas más altas y se posó suavemente sobre el hombro del Azarías, quien volvió a tomarla de la mano y

atienda,

dijo,

y la condujo junto al poyo de la ventana, tras la maceta, tomó una pella del bote de pienso y se lo ofreció al pájaro y el pájaro engullía las pellas, una tras otra, y nunca parecía saciarse y, en tanto comía, el Azarías ablandaba la voz, le rascaba entre los ojos y repetía,

milana bonita, milana bonita,

y el pájaro,

¡quiá, quiá, quiá!

pedía más y la señorita Miriam, recelosa,

¡qué hambre tiene!

y el Azarías metía una y otra vez los grumos en su garganta y empujaba luego con la yema del dedo y, cuando andaba más abstraído con el pájaro se oyó el escalofriante berrido de la Niña Chica dentro de la casa, y la señorita Miriam impresionada,

¿y eso que és?

preguntó,

y el Azarías, nervioso

la Niña Chica es

y depositó el bote sobre el apoyo y lo volvió a coger y lo volvió a dejar e iba de un lado a otro, desasosegado, la grajilla sobre el hombro, moviendo arriba y abajo las mandíbulas, rezongando,

yo no puedo atender todas las cosas al mismo tiempo,

pero, al cabo de pocos segundos, volvió a sonar el berrido de la Niña Chica y la señorita Miriam, espeluznada,

¿es cierto que es una niña la que hace eso?

y él, Azarías, cada vez más agitado, con la grajeta mirando inquieta en derredor, se volvió hacia ella, la tomó nuevamente de la mano y

venga,

dijo,

y entraron juntos a la casa y la señorita Miriam, avanzaba, desconfiada, como sobrecogida por un negro presentimiento, y al descubrir a la niña en la penumbra, con sus piernecitas de alambre y la gran cabeza desplomada sobre el cojín, sintió que se le ablandaban los ojos y se llevó ambas manos a la boca,

¡Dios mío!

exclamó,

y el Azarías la miraba, sonriéndola con sus encías sonrosadas, pero la señorita Miriam no podía apartar los ojos del cajoncito, que parecía que se hubiera convertido en una estatua de sal la señorita Miriam tan rígida estaba, tan blanca, y espantada,

¡Dios mío!

repitió, moviendo rápidamente la cabeza de un lado a otro como para ahuyentar un mal pensamiento,

pero el Azarías ya había tomado entre sus brazos a la criatura, y mascullando palabras ininteligibles, se sentó en el taburete, afianzó la cabecita de la niña en su axila y agarrando la grajilla con la mano izquierda y el dedo índice de la Niña Chica con la derecha, lo fue aproximando lentamente al entrecejo del animal, y una vez que le rozó, apartó el dedo de repente, rió, oprimió a la niña contra sí y dijo suavemente, con su voz acentuadamente nasal,

¿no es cierto que es bonita la milana, niña?

El español Miguel Delibes nació el 17 de octubre de 1920 en Valladolid; tercero de ocho hermanos, hijo de María Setién y del abogado Adolfo Delibes, destacado profesor de Derecho en la Escuela de Comercio de esa localidad. Miguel cursó los estudios primarios en el Colegio de La Salle y el bachillerato en el Colegio de Lourdes de los Hermanos de las Escuelas Cristianas. Durante la guerra civil española ante la imposibilidad de ingresar en la Universidad comenzó los cursos de Perito Mercantil y en la Escuela de Artes y Oficios aprendió a modelar. Ingresó como voluntario en la Marina, en el Crucero “Canarias” en Palmas de Mallorca. Terminada esa trágica etapa en la historia de los españoles, volvió a Valladolid e ingresó en la Universidad con la intención de estudiar Derecho y Comercio; luego comprendió que ninguna de esas carreras le agradaba, mientras leía el “Manual de Derecho Mercantil” de Joaquín Garrigues, descubrió “la belleza del lenguaje y el adjetivo oportunamente empleado”, prefirió orientarse más hacia el dibujo y lo literario.

En 1941 trabajó en la redacción del periódico “El Norte de Castilla” editado en su pueblo natal Valladolid y al año siguiente obtuvo el carné profesional de periodista en Madrid, comenzando así su fecunda obra de expresión y comunicación. Por oposición obtuvo la cátedra de Derecho Mercantil en la Escuela de Comercio de Valladolid y ese año, se casó con Ángeles de Castro.

El 17 de octubre de 1945, Miguel Delibes celebró su 25º cumpleaños…

en la otra orilla del océano Atlántico, en ciudad de los buenos aires durante esa cálida jornada se encendió la chispa que generó un hito en la historia de los argentinos porque resultó aún más evidente el liderazgo del coronel Juan Domingo Perón: único argentino electo con más del 62% de los votos positivos emitidos, General que asumió la presidencia de la Nación en junio de 1946 (durante el invierno del año siguiente su esposa María Eva Duarte de Perón fue recibida en visita oficial en España), reelecto y en tales funciones desde junio de 1952 hasta la primavera de 1956 cuando para evitar una guerra civil decidió renunciar y comenzó su exilio hasta que retornó por breve tiempo y llegó a la Argentina el 17 de noviembre de 1972; fue reelecto por tercera vez, asumió el 12 de octubre de 1974 y se generó su Último Desprendimiento el lunes 1º de julio de 1974 aproximadamente a las 13:15…

Delibes publicó en 1948 su calificado libro La sombra del ciprés es alargada (Premio Nadal), planteando la necesidad de sobreponerse al dolor y a los fracasos; señalando el poder del amor para avanzar más allá de los agravios y de los obstáculos cotidianos. Dos años después presentó Aún es de día. En la década siguiente, logró editar El loco (1953) – Mi idolatrado hijo Sisí (1953, entrecruzamiento de intereses y emociones contrapuestas en una ciudad castellana, durante el período de gestación de la guerra civil española) – Los raíles (1954) – La partida (1954) – Siestas con viento sur (1954, premio Fastenrath) – Diario de un cazador (1955, Premio Nacional de Literatura) – La hoja roja (1959, Premio de la Fundación Juan March). Se destacó desde 1952 como subdirector del periódico El Norte de Castilla, asumió la dirección en 1958 y comenzó a publicar una serie de notas a favor del medio rural castellano, enfrentándose así con el régimen del “generalísimo” Francisco Franco hasta que debió renunciar en 1963.

Decidió continuar con esa prédica desde lo literario y así fue como con Las ratas editado en 1962, refleja la tragedia de los campesinos castellanos; siguió escribiendo y publicando: La caza de la perdiz roja (1963), USA y yo (1966), Cinco horas con Mario (1966, monólogo sobre recuerdos de la mujer que vela el cadáver de su esposo) – La primavera de Praga (1968) – La parábola del náufrago (1969, algunas conclusiones en torno a la incidencia del miedo en la libertad del hombre) – Con la escopeta al hombro (1970) y Un año de mi vida (páginas publicadas en la revista Destino entre junio de 1970 y junio de 1971, casi un diario personal.

En 1973 fue incorporado como Miembro de la Real Academia Española, ese año presentó El príncipe destronado que plantea la situación de un niño ante el nacimiento de su hermana y refleja un ámbito familiar semejante a los que aún provocan reacciones en distintas latitudes.

Ocupó su lugar en la Real Academia Española, el 25 de mayo de 1975, primera celebración del movimiento independentista en las legendarias provincias unidas del río de la plata y otro hito en la historia de los argentinos, porque por primera vez una mujer -María Estela Martínez de Perón- ejercía la presidencia de la Nación desde el invierno del año anterior siendo vicepresidenta electa…

Miguel Delibes meses después, en noviembre de 1974 soportó un intenso impacto emocional al fallecer su esposa Ángeles de Castro, mujer que él admiraba porque decía que significaba “su equilibrio… la mejor mitad de mí mismo”… Al año siguiente publicó Las guerras de nuestros antepasados mientras lo acosaba una persistente depresión que le impidió escribir durante tres años. En 1978 logró editar El disputado voto del señor Cayo y luego Los santos inocentes (1981) – Cartas de amor de un sexagenario voluptuoso (1983) – 377 A. Madera de héroe (1987) – El loco (1988) –Señora de rojo sobre fondo gris (1991, evocación de vivencias junto a su amada esposa representada por Ana en los relatos) – El último coto (1992)… Entre las distinciones recibidas, se destacan los premios “Príncipe de Asturias” (1982) – Premio de las Letras de Castilla y León (1984) – Premio Letras Españolas (1991) – Premio “Cervantes” (1993). En 1998 por su obra El hereje al año siguiente recibió el Premio Nacional de Literatura y es oportuno destacar que es un contundente alegato a favor de la “libertad de conciencia” planteado en el vasto escenario de Valladolid en el siglo XVI como resultado de un extenso trabajo de investigación sobre documentos de aquella época.

Varias universidades españolas lo han distinguido con la investidura de Doctor Honoris Causa: Universidad de Valladolid (1983), Complutense de Madrid (1987), El Sarre – Alemania (1990) y Alcalá de Henares (1996). Declarado “Caballero de la Orden de las Artes y las Letras de la República Francesa (1985). En 1993 recibió “Medalla de Oro” otorgada por la Diputación Provincial de Valladolid y casi a fines del siglo veinte recibió la “Medalla de Oro al Mérito en el Trabajo”. Al año siguiente fue propuesto como candidato al Premio Nóbel de Literatura destacando la Junta de Castilla y León sus significativos aportes a la historia y literatura, gestión apoyada por entidades públicas y privadas, por destacadas personalidades de la comunidad española.

18-10-1955: Último Vuelo de JOSÉ ORTEGA y GASSET.

El notable filósofo y escritor español José Ortega y Gasset, llegó por primera vez a la Argentina el 22 de julio de 1916, tiempo de la elección del doctor Hipólito Irigoyen para ejercer la presidencia de la Nación.

Conoció a Victoria Ocampo y su hija Soledad rememoró que durante un diálogo telefónico, su padre le había sugerido a la escritora y promotora cultural, que impusiera el nombre Sur a la revista que iba a publicar y así fue. v

Llegó a Buenos Aires por segunda vez en 1928, cuando el líder de la Unión Cívica Radical había sido reelecto y en esas circunstancias, durante una conferencia en la Asociación Amigos del Arte de la ciudad de Buenos Aires, anticipó algunos temas que incluiría en su libro La Rebelión de las masas.

En ese tiempo cruzó la pampa en tren rumbo a Chile para pronunciar una serie de conferencias. Mientras observaba el inmenso paisaje pampeano percibió intensas señales que luego reflejó en su ensayo Intimidades

En enero de 1929 retornó a su tierra natal y al año siguiente, lo conmovieron dos acontecimientos: tras la destitución de Primo de Rivera retornó a su cátedra universitaria e intervino activamente en la formación de la segunda República Española: fundó junto la Agrupación al Servicio de la República junto a Gregorio Marañón y Pérez de Ayala, por la provincia de León integró la Cámara de los Diputados. Las experiencias entre “políticos” durante ese período provocaron desánimo en el perseverante José Ortega y decidió dedicarse a la escritura y a la cátedra. El 6 de septiembre de 1930 un movimiento cívico militar impidió que el doctor Hipólito Yrigoyen terminar la segunda presidencia.

En julio de 1936, el avance de las tropas al mando del general Francisco Franco provocó el comienzo de la guerra civil española y José Ortega y Gasset se trasladó a Francia, vivió en París y luego viajó a Holanda. Terminada la guerra con la derrota de los republicanos, a mediados de 1939 decidió viajar por tercera vez hacia Buenos Aires donde ya habían llegado otros exiliados españoles, “… ciudad absurda que cada día adora más”… como lo expresó su amiga Victoria Ocampo en la década anterior.

En tales circunstancias, distintas crónicas han destacado que soportó varios “contratiempos y mezquindades”, tampoco hubo reconocimientos públicos.

En ese tiempo, fracasó en su intento de obtener el nombramiento para una cátedra en la Facultad de Filosofía y Letras, sólo pronunció conferencias en la asociación Cultural Española y en Amigos del Arte; también en el Teatro Colón, entre otras salas.

Cuando se alejó de la Argentina estaba desalentado…

Dejó un legado trascendente en sucesivas ediciones de ensayos filosóficos, históricos y sociales que siguen influyendo en el desarrollo del pensamiento en distintas latitudes.

“Argentinos… ¡a las cosas!…”

Entre los argentinos suelen nombrar a José Ortega y Gasset mientras rememoran su contundente advertencia:

ARGENTINOS… ¡a las cosas!

En el primer capítulo de su libro Acerca de Ideas y Creencias, publicado a fines de la década del ’30, el madrileño José Ortega y Gasset escribió:

Las ideas se tienen, en las creencias se está.

-‘Pensar en las cosas’ y ‘contar con ellas’.

Cuando se quiere entender a un hombre, la vida de un hombre, procuramos ante todo averiguar cuáles son sus ideas. Desde que el europeo cree tener ‘sentido histórico’, es ésta la exigencia más elemental. ¿Cómo no van a influir en la existencia de una persona sus ideas y las ideas de su tiempo? La cosa es obvia. Perfectamente, pero la cosa es también bastante equívoca, y, a mi juicio, la insuficiente claridad sobre lo que se busca cuando se inquieren las ideas de un hombre -o de una época- impide que se obtenga claridad sobre su vida, sobre su historia.”

El madrileño José Ortega y Gasset nació el 9 de mayo de 1883. Descendiente de familias sin dificultades económicas. Sus padres José Ortega y Munilla y su madre María Dolores Gasset y Chinchilla. Era nieto de Eduardo Gasset y Artime, fundador del periódico El Imparcial que luego dirigió su padre. Estudió en el Colegio de los Jesuitas “San Estanislao de Kostka” en Málaga. En ese ámbito cultural donde la palabra, los testimonios y actitudes solidarias eran valores insoslayables, creció y se formó quien luego estudió en la Universidad de Deusto de Bilbao (1897–98), luego en la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Central de Madrid hasta obtener el título de Doctor en Filosofía de la Universidad de Madrid en 1904, con su tesis titulada Los terrores del año mil. Crítica de una leyenda. Durante el bienio siguiente estudió en Alemania, regresó a España y comenzó su labor como profesor numerario de Psicología, Lógica y Ética en la Escuela Superior del Magisterio de Madrid (1909). El 7 de abril de 1910 celebraron el matrimonio con Rosa Spottorno Topete, nacida en 1884 y en octubre de ese año fue nombrado para dictar la cátedra de Metafísica en la Universidad Central, vacante por fallecimiento de Nicolás Salmerón. En 1911, celebraron el nacimiento de Miguel Germán en Alemania, en 1914 nació Soledad y ese año, comenzó la rememorada “primera guerra mundial” que durante un lustro destruyó el trabajo de las generaciones anteriores y aniquiló a niños y jóvenes que vivieron ese horror y debieron soportar el intenso dolor generado por las muertes, heridas y mutilaciones… En 1916 nació el tercer hijo: José Ortega y Spottorno, heredero de una cultura del trabajo que lo orientó hacia el estudio de lo relacionado con la técnica agrícola; fue un perseverante estudiante y obtuvo el título de Ingeniero Agrónomo. vi Desde 1917, José Ortega y Gasset colaboró con el diario El Sol publicando en folletos dos de sus obras más importantes: España invertebrada y la rebelión de las masas. Electo diputado por la provincia de León durante la Segunda República, cargo desempeñado durante un año. Fundó la Revista de Occidente en 1923 y la dirigió hasta 1936, comienzo de la guerra civil española cuando tropas al mando del general Francisco Franco cumplieron la impresionante misión que determinó la destrucción de incontables familias en distintas regiones españolas, el éxodo a través de los Pirineos o cruzando ríos, mares y el pujante océano… En aquel tiempo, Ortega y Gasset estaba enfermo y tres días después del comienzo del cruento enfrentamiento, varios comunistas armados con pistolas llegaron hasta su hogar e intentaron acercarse a su lecho para exigirle la firma al pie del Manifiesto que difundirían a favor del gobierno republicano.

Es oportuno reiterar una anécdota difundida desde la red de redes, que solemos nombrar Internet y que se asemeja a una casi inabarcable y sorprendente biblioteca…

Ortega se negó a recibirlos y fue su hija la que en una conversación con ellos -conversación que, como ella misma relató más tarde, llegó a ser muy tensa-, consiguió convencerlos de redactar otro texto muy corto y menos politizado y que, efectivamente, acabó siendo firmado por Ortega, junto con Gregorio Marañón, Ramón Pérez de Ayala y otros intelectuales. En su artículo En cuanto al pacifismo, escrito ya en el exilio, se refiere Ortega a este episodio. En ese mismo mes de julio y a pesar de su grave enfermedad, huyó de España (lo que consiguió gracias a la protección de su hermano Eduardo, persona de valimiento cerca de diversos grupos políticos de izquierda) y se exilió; primero en París, luego en los Países Bajos y Argentina, hasta que en 1942 fijó su residencia en Lisboa. A partir de 1845 su presencia en España fue frecuente, pero habiéndosele impedido recuperar su cátedra (aunque al parecer consiguió cobrar sus sueldos atrasados), optó por fundar un ‘Instituto de Humanidades’ donde impartía sus lecciones. Durante estos años, y hasta su muerte en 1955, fue fuera de España -sobre todo en Alemania-, donde recibió el crédito y las oportunidades de expresión que correspondían a su prestigio.”

José Ortega y Gasset falleció el 18 de octubre de 1955, en la ciudad de Madrid, su tierra natal y capital de España.

……………………………………………………………………………….

21-10-1886: Último Vuelo de JOSÉ HERNÁNDEZ.

En la segunda parte del Martín Fierro, el multifacético poeta José Hernández, taquígrafo, legislador… escribió estos versos:

“La Vuelta de Martín Fierro”

XXXII

Un padre que da consejos
más que padre es un amigo;
ansí como tal les digo
que vivan con precaución:
naide sabe en qué rincón
se oculta el que es su enemigo.

Yo nunca tuve otra escuela
que una vida desgraciada;
no estrañen si en la jugada
alguna vez me equivoco.
pues debe saber muy poco
aquel que no aprendió nada.

Hay hombres que de su cencia
tienen la cabeza llena;
hay sabios de todas menas,
mas digo sin ser muy ducho:
es mejor que aprender mucho
el aprender cosas buenas.

No aprovechan los trabajos
si no han de enseñarnos nada;
el hombre, de una mirada
todo ha de verlo al momento:
el primer conocimiento
es conocer cuándo enfada.

Su esperanza no la cifren
nunca en corazón alguno;
en el mayor infortunio
pongan su confianza en Dios;
de los hombres, sólo en uno,
con gran precaución, en dos.

Las faltas no tienen límites
como tienen los terrenos,
se encuentran en los más buenos,
y es justo que les prevenga:
aquel que defetos tenga
disimule los ajenos.

Al que es amigo, jamás
lo dejen en la estacada,
pero no le pidan nada
ni lo aguarden todo de él:
siempre el amigo más fiel
es una conduta honrada.

Ni el miedo ni la codicia
es bueno que a uno lo asalten,
ansí, no se sobresalten
por los bienes que perezcan;
al rico nunca le ofrezcan
y al pobre jamás le falten.

Bien lo pasa hasta entre pampas
el que respeta a la gente;
el hombre ha de ser prudente
para librarse de enojos;
cauteloso entre los flojos,
moderado entre valientes.

El trabajar es la ley,
porque es preciso alquirir;
no se espongan a sufrir
una triste situación:
sangra mucho el corazón
del que tiene que pedir
.

Debe trabajar el hombre

para ganarse su pan;

pues la miseria en su afán

de perseguir de mil modos,

llama a la puerta de todos

y entra en la del haragán.

A ningún hombre amenacen

porque naides se acobarda;

poco en conocerlo tarda

quien amenaza imprudente;

que hay un peligro presente

y otro peligro se aguarda.

Para vencer un peligro,

salvar de cualquier abismo,

por experiencia lo afirmo,

más que el sable y que la lanza,

suele servir la confianza

que el hombre tiene en sí mismo.

Nace el hombre con astucia

que ha de servirle de guía;

sin ella sucumbiría,

pero sigún me experencia,

se vuelve en unos prudencia

y en los otros picardía.

Aprovecha la ocasión

el hombre que es diligente;

y tenganló bien presente,

si al compararla no yerro;

la ocasión es como el fierro,

se ha de machacar caliente.

Los hermanos sean unidos,

porque esa es la ley primera.

Tengan unión verdadera

en cualquier tiempo que sea,

porque si entre ellos pelean

los devoran los de ajuera.

Muchas cosas pierde el hombre

que a veces las vuelve a hallar,

pero les debo enseñar

y es bueno que lo recuerden,

si la vergüenza se pierde,

jamás se vuelve a encontrar.

Respeten a los ancianos,
el burlarlos no es hazaña;
si andan entre gente estraña
deben ser muy precavidos,
pues por igual es tenido
quien con malos se acompaña
.

La cigüeña, cuando es vieja
pierde la vista, y procuran
cuidarla en su edá madura
todas sus hijas pequeñas:
apriendan de las cigüeñas
este ejemplo de ternura
.

Si les hacen una ofensa,
aunque la echen en olvido,
vivan siempre prevenidos;
pues ciertamente sucede
que hablará muy mal de ustedes
aquel que los ha ofendido
.

El que obedeciendo vive
nunca tiene suerte blanda;
mas con su soberbia agranda
el rigor en que padece:
obedezca el que obedece
y será bueno el que manda.

Procuren de no perder
ni el tiempo ni la vergüenza;
como todo hombre que piensa
procedan siempre con juicio,
y sepan que ningún vicio
acaba donde comienza
.

Ave de pico encorvado
le tiene al robo afición;
pero el hombre de razón
no roba jamás un cobre,
pues no es vergüenza ser pobre
y es vergüenza ser ladrón
.

El hombre no mate al hombre
ni pelee por fantasía;
tiene en la desgracia mía
un espejo en qué mirarse:
saber el hombre guardarse
es la gran sabiduría
.

La sangre que se redama
no se olvida hasta la muerte;
la impresión es de tal suerte,
que a mi pesar, no lo niego,
cai como gotas de fuego
en la alma del que la vierte.

Es siempre, en toda ocasión,
el trago el pior enemigo;
con cariño se los digo,
recuerdenló con cuidado:
aquel que ofiende embriagado
merece doble castigo.

Si se arma algún revolutis
siempre han de ser los primeros;
no se muestren altaneros
aunque la razón les sobre:
en la barba de los pobres
aprienden pa ser barberos.

Si entregan su corazón
a alguna mujer querida,
no le hagan una partida
que la ofienda a la mujer:
siempre los ha de perder
una mujer ofendida.

Procuren, si son cantores,
el cantar con sentimiento,
no tiemplen el estrumento
por sólo el gusto de hablar,
y acostúmbrense a cantar
en cosas de jundamento.

Y les doy estos consejos,
que me ha costado alquirirlos,
porque deseo dirigirlos;
pero no alcanza mi cencia
hasta darles la prudencia
que precisan pa seguirlos.

Estas cosas y otras muchas,
medité en mis soledades;
sepan que no hay falsedades
mi error en estos consejos:
es de la boca del viejo
de ande salen las verdades.

No ha sido por casualidad que aquí destaqué algunas estrofas, en este ocaso de la primera década del siglo veinte cuando la mentira y las falsedades son casi moneda corriente; cuando no todos los desocupados están en esas condiciones sino porque han demostrado ser “vagos y malentretenidos”…

Vagos porque recorren las calles de las grandes ciudades hurtando a los transeúntes, si es necesario matando para robar aún durante el día y ante la mirada de los hijos de sus víctimas…

Vagos quienes cobran un sueldo y no cumplen tareas que justifiquen esa remuneración…

Malentretenidos porque antes que estar buscando alguna “changa”, un trabajo “decente” que jerarquice su dignidad, prefieren andar de un lado hacia otro apoyando a distintos grupos según sea quien mejor pague “por la movilización” que los congrega frecuentemente con los rostros encapuchados y con amenazantes palos…

Malentretenidos porque prefieren ser casi esclavos de quienes mediante algún privilegio burocrático les otorgan mensuales pagos de diversos “planes sociales” que ya han demostrado ser planes para la disociación hasta llegar al límite de la exclusión

22-10-1886: nacimiento de DÁMASO ALONSO.

Los seres humanos -personas que vivimos vibrando en el inconmensurable Universo-, peregrinos terrenales como máximo durante poco más de un siglo, sentimos con frecuencia la necesidad de reflexionar sobre nuestras debilidades, sobre nuestros compromisos por la incidencia que las actitudes personales tienen sobre los grupos sociales, sobre distintas comunidades en diferentes latitudes.

El madrileño Dámaso Alonso nacido a fines del siglo diecinueve, era consciente de sus limitaciones y teniendo en cuenta lo expresado en la Biblia, en uno de los Salmos atribuidos a David, necesitó expresar su angustia y a la vez reafirmar su Amor, su Fe…

Releo el “Salmo CXXX David pone a Dios por Testigo de que su corazón estaba libre de orgullo y ambición que le imputaban” y comienza así su “Cántico gradual… “’Oh, Señor! No se ha engreído mi corazón, ni mis ojos se han mostrado altivos. No he aspirado a cosas grandes, ni a cosas elevadas sobre mi capacidad”…

No habrá por casualidad que el poeta español Dámaso Alonso, conmovido una vez más ante el Misterio, percibiera las íntimas señales que le permitieron revelar en versos su acongojada confesión y humilde súplica…

De profundis

Si vais por la carrera del arrabal, apartaos, no os
/ inficione mi pestilencia.
(1)
El dedo de mi Dios me ha señalado: odre de putrefacción
/ quiso que fuera éste mi cuerpo,
y una ramera de solicitaciones mi alma,
no una ramera fastuosa de las que hacen languidecer
/ de amor al príncipe,
sobre el cabezo del valle, en el palacete de verano,
(2)
sino una loba del arrabal, acoceada por los trajinantes,
que ya ha olvidado las palabras de amor,
y sólo puede pedir unas monedas de cobre en la cantonada.
(3)
Yo soy la piltrafa que el tablajero arroja al perro
(4)
/ del mendigo,
y el perro del mendigo arroja al muladar.
Pero desde la mina de las maldades, desde el pozo
/ de la miseria,
mi corazón se ha levantado hasta mi Dios,

y le ha dicho: Oh Señor, tú que has hecho también
/ la podredumbre,
mírame,
yo soy el orujo exprimido en el año de la mala
/ cosecha,
yo soy el excremento del can sarnoso,
el zapato sin suela en el carnero del camposanto,
(5)
yo soy el montoncito de estiércol a medio hacer, que
/ nadie compra,
y donde casi ni escarban las gallinas.
Pero te amo,
pero te amo frenéticamente.
¡Déjame, déjame fermentar en tu amor,
deja que me pudra hasta la entraña,
que se me aniquilen hasta las últimas briznas
/ de mi ser,
para que un día sea mantillo de tus huertos!
(6)

(1) Inficione. Contagie, corrompa.

(2) Cabezo. Pequeña elevación en el terreno.

(3) Cantonada. Esquina.

(4) Tablajero. Carnicero.

(5) Carnero del camposanto: osario; lugar del cementerio donde se entierran los huesos sacados de las sepulturas temporales.

(6) Mantillo. Abono que resulta de la descomposición del estiércol.

Dámaso Alonso y Fernández de las Redondas, más conocido como Dámaso Alonso, nació en Madrid el 3 de octubre de 1898, durante su infancia vivió en La Felguera, Asturias. Su formación en el colegio de los jesuitas de Chamartín fue el sustento para la continuidad de sus estudios hasta obtener el título de Licenciado en Derecho y en Filosofía y Letras. Integró el Centro de Estudios Históricos dirigido por Ramón Menéndez Pidal y participó en las actividades de la Residencia de Estudiantes dirigida por Alberto Jiménez Fraud, donde comenzó a relacionarse con el granadino Federico García Lorca, el comediógrafo Luis Buñuel, con el pintor Salvador Dalí… época de sus primeros vínculos con el poeta Vicente Aleixandre en 1917 durante unas vacaciones, amigo con quien convivió en la España dominada por el general Francisco Franco. Había publicado Poemas puros, poemillas de la ciudad (1921) y El viento y el verso La poesía de San Juan de la Cruz. – La lengua poética de Góngora (1935) – La Poesía de San Juan de la Cruz (1942). Intensamente conmovido durante la guerra civil española, escribió Hijos de la ira – Diario íntimo (1944, reeditado dos años después), reflejo de su agobio ante las desgarradores actitudes sociales en distintas latitudes mientras se expandía la segunda guerra iniciada en 1939 y que a principios de agosto de 1945 terminó con los bombardeos atómicos sobre Hiroshima el día 6 y luego sobre Nagasaki. En 1944 también publicó Oscura noticia. Colaboraba en la Revista de Occidente y en Los Cuatro Vientos. Miembro de la Real Academia de la Historia (1948) y luego Director, promoviendo vínculos con las academias americanas de la lengua para evitar la fragmentación expresiva del idioma castellano. En ese tiempo ya había decidido donar su biblioteca a esa Academia. A fines de esa década publicó Poesía española: Ensayo de métodos y límites estilísticos (1950), luego Poetas españoles contemporáneos (1952) – Estudios y ensayos gongorinos (1955) – De los siglos oscuros al de Oro (1958) – Góngora y el Polifemo (1960) – Cancionero y romancero español (1969) – En torno a Lope (1972). Desde otras perspectivas, publicó había publicado en 1955 Hombre y Dios, cinco años después Tres sonetos sobre la lengua castellana y en la década siguiente Poemas escogidos (1969, conjunto de poemas no incluidos en anteriores libros). Distinguido con el Premio “Cervantes” en 1978. Más poemas fueron difundidos en su libro Gozos de la vista. Poemas puros. Poemillas de la ciudad. Otros poemas (1981) y Antología de nuestro monstruoso mundo. Duda y amor sobre el Ser Supremo (1985).

Un infarto determinó el último instante de su fecunda vida, en su tierra natal, el 25 de enero de 1990 a los noventa y un años.

Hubo más ediciones: Álbum. Versos de juventud (1993) y Verso y prosa literaria inclusión en el décimo tomo de “Obras completas”.

23-10-1868: nacimiento de MARTÍN GIL.

Martín Gil fue un escritor que supo describir las costumbres de pequeñas comunidades y dejó testimonios humorísticos sobre diversos acontecimientos incluso sobre actitudes de algunos políticos, ámbito que conocía por experiencias compartidas porque él también fue “un político”.

La lectura de este fragmento de La cosecha correspondiente al libro “Agua mansa” escrito por el meteorólogo y astrónomo Martín Gil, nacido en Córdoba, nos sitúa imaginariamente en la extensa pampa argentina:

La cosecha

La Pampa se encuentra en estado interesante. Su aspecto es de una importante hermosura. Se aproxima el día de intervenir. Los cirujanos preparan los instrumentos: Al sol brillan los forceps, las cuadrillas resplandecen, blanquean los lienzos y los delantales.

La colmena agricultora comienza a alborotarse. La gente se mueve hablando en voz baja; en sus ojos relampaguea la esperanza entre una penumbra de temores.”

Martín Gil cursó estudios de abogacía en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Buenos Aires y meteorólogo y astrónomo, autodidacto. Ministro Obras Públicas en la provincia de Buenos Aires (1913-1916) y diputado provincial. Director del Observatorio Astronómico bonaerense y Director del Servicio Nacional de Meteorología. Profesor en el Colegio Nacional Buenos Aires. Miembro del Consejo Nacional de Educación. Miembro de la Academia Argentina de Letras.

Títulos de algunas obras editadas: Prosa Rural (1902), Modos de ver (1903), Agua Mansa (1905), Celestes y Cósmicas (1907), Cosas de arriba (1909), Mirar desde arriba: un anillo desaparecido (1930), Una novena en la sierra (1944).

Falleció en la ciudad de Buenos Aires el 9 de diciembre de 1955, a los 87 años de edad.

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El Duende Azul mira de soslayo a la anciana mujer que está escuchando la música interpretada por el talentoso gaitero Hevia…

El Duende Amarillo con vocación de periodista, observaba la pantalla del monitor de la computadora mientras ella pulsaba rítmicamente sobre el teclado:

Este trabajo parte de una tradición musical local y aspira a que sea entendida como una de las tantas que aportan riqueza a la diversidad cultural de la Humanidad, a la Tierra de Nadie. José Ángel Hevia Velasco.

Desde el inicio de los tiempos los hombres y las mujeres anhelamos estar al otro lado. El aprendiz quiere ser maestro, el maestro oficial y el oficial puja por un el ascenso. El inmigrante dejará la vida en el Estrecho con tal de llegar al otro lado como cuando mi abuelo echaba las entrañas en el vapor lo llevaba a Cuba.

Las furgonetas que cada verano vuelven cargadas de muebles y bicicletas autopista abajo desde Flandes, París o Madrid hasta Marruecos o Argelia, portan debajo de sus toldos azules las mismas ilusiones que traía mi tío García en la vieja vitrola de Buenos Aires, la radio de mi tía Eulalia o las medias de cristal vendidas del otro lado del Atlántico, envidia de las mozas de los cincuenta.

Envejecemos atisbando por encima del muro, acechando al otro lado y esforzándonos en mil maneras por encontrar una rendija, por practicar un butron que nos permita cruzar.

Cuando era un niño travieso la mejor manera de calmarme que tenía mi madre o mi abuela era mandarme más allá de Argamia, para que viese lo que había atrás del monte. Luego, al volver al portalón de la vieja casa de Sendín, delante del lagar, y preguntármelo que había visto al otro lado, nunca encontraba mejor respuesta que la de mi madre: ¿Qué hay más allá de un monte? Otro monte.

Cada vez conozco más viejos que caminan casi de medio lado. Seguramente el paso del cangrejo es también la del sabio que no solo mira al otro lado, sino que también va disfrutando del camino dejado detrás de sí.” José Ángel Hevia Velasco.

En este atardecer, el Duende Azul sugiere escuchar…

Albéniz

Isaac Albéniz nació el 29 de mayo de 1860. A los nueve años de edad huyó de su hogar y luego estuvo en distintos países hispanoamericanos, entre ellos en la República Argentina, Uruguay, Brasil y Cuba.

Tenía trece años cuando regresó a Madrid y dos años después, ingresó en el Conservatorio de Bruselas, tiempo después estuvo en Budapest. En 1880 conoció a Franz Liszt y fue uno de sus discípulos. vii

Falleció el 18 de mayo de 1909 en Cambo-les-Bains (Francia).

Se impone la elocuencia del silencio.

¡El Océano no separa, une!…

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

Santa Fe de la Vera Cruz.

República Argentina.

i Ligaluppi, Oscar Abel. Antología Poética 3. La Plata (Buenos Aires), Fondo Editorial Bonaerense, 1ª edición octubre de 1981, p. 146. / Tapa: obra del dibujante argentino JUAN GARESE. En esa edición, seleccionado el poema que titulé A José Pedroni: Naciste junto con la primavera / allá por mil ochocientos noventa y nueve, / con perfume de tilos, / de aromos / y azahares, en tu Gálvez y el poblado callado. // Fuiste un canto al amor y a la vida, / al hombre honrado y trabajador / a la tierra, / al pájaro / y al nido. // Sorprendido un verano en tu último día, / con los ecos del mar en el mes de febrero, / enmudeció de pronto, ése, tu dulce trino, / cual si fuera el de un pájaro herido. / Mas no ha muerto tu canto, Dios lo ha redimido. / Y se ha vuelto alado junto al hermano viento, / perfumado cual tierra humedecida por la lluvia, / y luego, hecho luz, ¡hermano luminoso! / ¡Sol! Eterno sol, / sobre las almas melancólicas / los rostros bruñidos del herrero, / del carpintero, del labrador, / de tu hermano escritor. // José Pedroni, simple y perenne como el malvón, / profundo como el mar que te arrulló / con lúgubre canción. / Bello y eterno, como el océano y la flor. // Siempre habrá alguien que te haga revivir, / cuando las nueve lunas sean otro milagro, / en tu lunario eterno… hasta el fin. Autora: Nidia Orbea de Fontanini.

ii Ligaluppi, Oscar Abel. Antología Poética 3. La Plata (Buenos Aires), Fondo Editorial Bonaerense, 1ª edición octubre de 1981, p. 56-58. / Tapa: obra del dibujante argentino JUAN GARESE.

iii Así lo reiteró Jorge Luis Borges en su libro Evaristo Carriego, editado en Buenos Aires en 1930.

iv Delibes, Miguel. Los Santos Inocentes. Barcelona (España), Editorial Planeta, 1994, p. 104-113. Final de “El secretario”.

v Ortega, Soledad. “Victoria Ocampo al trasluz de una doble amistad”. Nota publicada en Revista de Occidente, Nº 37, segunda época, p. 12.

vi En la página “Grupo Bunge – Filosofía y Ciencia”, el 19 de julio de 2006 reiteraron lo expresado por Mario Augusto Bunge acerca de José Ortega y Gasset y su hijo José –Pepe- Ortega y Spottorno (1916-2002): “Pero de hecho, el primer filósofo de la técnica fue el español José Ortega y Gasset (1883-1955). Ortega admiraba tanto a la técnica que escribió un libro sobre ella e instó a su hijo a que estudiase agronomía, o sea, la técnica agrícola. Pero mi finado amigo, el agrónomo Pepe Ortega y Spottorno prefirió el periodismo y la edición, campos en los que descolló. Y el amor de Ortega por la técnica y por la ciencia fue puramente platónico: no influyó sobre su filosofía.” // El distinguido humanista Mario Augusto Bunge, nació en Buenos Aires el 21 de septiembre de 1919. Doctor en Ciencias Físico-Matemáticas desde 1952, siguió investigando y recibió quince diplomas de doctorados y cuatro como Profesor Honorario. Catedrático de Física en las Universidades de Buenos Aires y de La Plata. Residente en Canadá desde 1966, es profesor universitario. Fue investido Doctor Honoris Causa en el Paraninfo de la Universidad de Salamanca el 15 de mayo al mediodía. Autor de más de 40 libros y de medio millar de trabajos publicados en diarios y revistas de distintas latitudes.

vii Recordemos que nuestra admirable Iris Pantanali en 1945 dirigía el Instituto de Música y Danzas Franz Liszt en 4 de Enero 2706… y fue la fundadora del CREI – Centro de recreación Estético Infantil y es una hacedora del “arte de vivir y convivir”…