2005 – PAJAROS – Resonancias en La Hora del Cuento

Alas de sueños

La mujer-enredadera

2005 – Resonancias en “La hora del cuento”…

En el Taller “La hora del cuento” conducido por la escritora Idilia Vouillóz, tras la lectura de “El día de los pájaros” desde el año 2004 comenzaron a desarrollar actividades relacionadas con esa celebración sugerida por Gastón Gori para el 17 de noviembre de acuerdo a sucesivas observaciones.

Sabido es que Pedro Raúl Marangoni nacido en Esperanza el 17 de noviembre de 1915, es más conocido como GASTÓN GORI porque así difundió sus obras literarias e investigaciones históricas. Inició su Último Vuelo el 17 de noviembre de 2004, a las 10:15…

Idilia Vouillóz ha sido bibliotecaria en la Escuela Primaria Nº 7 “Presidente Beleno” de la capital santafesina; es integrante de la SADE (Sociedad Argentina de Escritores) Seccional Santa Fe y reelecta, es miembro de la Comisión Directiva.

Aquí, la reiteración de una comunicación…

Esta poesía ‘nació’ en el taller ‘La hora del cuento’, el cual comparto con cinco compañeras. Esa tarde, Idilia, nuestra coordinadora, nos leyó algo muy hermoso escrito por nuestro querido poeta, Gastón Gori, amo y señor de los pájaros en libertad, algo tan maravilloso y sensible a la vez como El tordo Viejo. i

De allí surgió ‘Alas de sueños’, y como un humilde homenaje lo leo en voz alta para que llegue a sus oídos como una dulce melodía, que seguro serán su compañía, las melodías de esos pájaros que él tanto amó.

Alas de sueños

Tu canto hasta ayer,

cual orgulloso tenor,

como agua en mi sed,

dulces versos inspiró.

Tus alas, que ya no se abren,

como un mágico abanico,

no han perdido su belleza,

ni se ha opacado su brillo.

Abro, tu jaula de mimbre,

y como una cuna vacía,

dejo el hueco de mi mano,

para que guardes en ella,

lo que queda de tu canto.

Vos y yo, somos pájaros,

pájaros envejecidos,

vos has perdido tu canto,

yo, he perdido mi camino.

Vos y yo somos pájaros,

pájaros en pleno vuelo,

y hoy, con alas de sueños,

llegaremos hasta el cielo.

Stella M. G. de Molini

Idilia Vouilloz tras la lectura de relatos de Gastón Gori elaborados cerca de la bignonia donde los picaflores tenían su nido, sintió el impulso de escribir…

La mujer-enredadera

Había una vez… sí, porque casi todos los cuentos empiezan con “había una vez”, una señora patiflática. Y ustedes querrán saber qué quiere decir patiflática.

No, no busquen en el diccionario, ni en la enciclopedia gorda ni en la computadora.

Mejor me soplo el flequillo que me molesta bastante y paso a decirles:

La señora en cuestión, quien tiene las patas… perdón, las piernas tan flacas como palo de escobillón,

sin querer

sin pretender

sin haberlo pensado antes

se tragó una semilla ¡a punto de germinar!

Y a la señora patiflática le creció: primero una raíz serpenteando entre sus intestinos, su hígado, su estómago -no acostumbrados a visitas inesperadas y desconocidas-, protestaron: ugh, ugh, trutru, trucu. Lugo, un tronco marrón, seguro como un gran señor. Al desperezarse –huuuuuuuuuaaaaaaaaaaa, huuuuuuuuaaaaaaaaa, dio nacimiento a ramas gruesas, finas, onduladas, derechitas que se cubrieron de hojas, hojas y hojitas que buscando la luz aparecieron por las orejas, por la nariz, la boca y hasta por el tajito de un dedo pulgar.

Con ese peso quedó patitiesa, intentó moverse. ¡Imposible! Ni un centímetro.

¡Y todo el mundo se enteró! Es que la noticia corría por internet.

La rodeamos. Cuchicuchi, pupipupi, tablapla, blaplata. Hablaban, opinaban, se asombraban. No faltaron empujones, barullo, rezongo por pisotones y hasta esas palabras que nos las escribo porque son las llamadas “malas palabras”.

Y como ocurre en estos casos rasos, ¡presente! la televisión con su director, técnicos, periodistas, cámaras que iban y venían, flashes, micrófonos, cables que al enredarse, obligaron a saltar como langostas al vendedor de panchos, al diariero y al fanático del fútbol, repartiendo fotos de la selección.

También llegó mi papá. Me subió “a cogollito” y entonces pude verla mejor: y no era la mujer reflaca, solitaria. Ahora era la mujer-enredadera.

Los curiosos -entre ellos yo-, nos quedamos quietitos. Mudos admirábamos su transformación.

Se apagaron las luces, las cámaras, los micrófonos, las filmadoras. Todo fue silencio.

Cuando ni siquiera hablaba el locutor del noticioso, jumplum jumplum plum, en suave vuelo apareció un pájaro tricolor.

Se posó en una rama y “sin pompas de jabón” comenzó a construir su nido con las pajitas que traía en su pico.

Y voló y volvió y voló y volvió, siempre con pajitas, hojas secas y trozos de algodón.

Estuve mirándolo una hora, ¿o fueron dos? Estaba tan entretenido que no podría calcular.

Cuando el nido estuvo redondo como una compotera, cantó con brío. Acaso anunciaba orgulloso que había terminado su trabajo.

Luego, cerrando sus ojitos, durmió su sueño de pájaro.

Sin hacer alboroto, respetando su descanso, la gente y los equipos se fueron alejando… alejando.

Papá me bajó de sus hombros. Tomó mi mano y mientas caminamos, me soplo el flequillo y pienso: la mujer patiflática y patitiesa, ahora convertida en mujer-enredadera, es completa, completísima. No sólo es hermosamente verde. Está acompañada por un pájaro tricolor, que estoy seguro la despertará cada mañana con su alegre canto.

Y… si supieran… cuánto lo lamento, pero se acabó el cuento.

Este cuento fue leído por la autora: IDILIA VOUILLÓZ

durante un encuentro en la sede de la Secretaría de Cultura

de la Provincia de Santa Fe, Ciclo Café Literario

organizado por la SADE (Sociedad Argentina de Escritores)

filial Santa Fe. Tras una sugerencia de la autora,

algunos asistentes imaginaron y expresaron otros desenlaces. NOF.

i Páginas voladoras que llegaron con este mensaje: “Querida Nidia: De acuerdo a lo conversado por teléfono (hace más de un mes), te envío la poesía de Stella y el cuento mío, creados luego de leer y disfrutar ‘El señor de los picaflores’. / Conociendo tus inquietudes, ideas, proyectos generosos, creo que en algún momento estas fotocopias podrían ser útiles para tu dinámica actividad. / Un abrazo sincero, cálido, con el deseo de verte pronto. / Idilia / 12-10-05” Idilia Vouilloz, escritora ¡amiga del alma!