Canónigo SEVERO ECHAGÜE, gobernador de Santa Fe (1869-1870)

Síntesis:

Nidia Orbea Álvarez de Fontanini.

Octubre de 2009.

Documento elaborado en octubre 2009.

Entregado a la educadora por el Arte

MIRIAM MARSÓ, residente en Sauce Viejo.
Redactado como apoyo a la labor educativa en la Escuela Nº 358 “Canónigo Severo Echagüe”.

Calle Estados Unidos – Barrio “Las Delicias”.

Sauce Viejo – Departamento La Capital – Santa Fe.

SEVERO ECHAGÜE, gobernador de Santa Fe. (1869-1870)

El gobernador Canónigo Severo Echagüe asumió en 1869, sucedió al gobernador Mariano Comas (reelecto, 1882-1887) y terminado su mandato, asumió el electo diputado Dr. Cándido Pujato hasta 1873, también con tales funciones en el bienio 1881-1882.

“Memoria histórica y descriptiva de Santa Fe”

Sabido es que el gobernador Dr. Simón de Iriondo fue electo y ejerció tales funciones durante los períodos 1871-1984 y 1878-1882. Falleció el 30 de noviembre de 1883.

Por lo difundido por el periodista e historiador José Rafael López Rosas desde el diario “El Litoral” de la capital santafesina refiriéndose a esos antecedentes, el gobernador Simón de Iriondo había designado a Ramón Lassaga, “conjuntamente con el canónigo Severo Echagüe y el Dr. Enrique Foster, para escribir una Memoria Histórica y Descriptiva de Santa Fe.

Escribimos -expresó Lassaga-, 700 páginas de papel de oficio y… ‘ni las gracias nos dieron’. Pero con la ayuda del mismo Iriondo pudo imprimir los dos elegantes tomos de tapas rojas y letras doradas que contenían los trabajos de los miembros de la Academia Literaria del Colegio de la Inmaculada Concepción.” Después, Ramón Lassaga desempeñó diversas funciones públicas y continuó escribiendo, fue reconocido Miembro de la Junta de Historia y Numismática de la Nación; dejó varias carpetas con manuscritos que se conservan en el Archivo General de la Provincia. Murió el 21 de junio de 1921.” i

José Rafael López Rosas al terminar la crónica sobre esa biografía, plantea otra de sus hipótesis:

“…nuestro historiador habrá recordado, no sin emoción, aquel episodio en que, siendo gobernador el doctor Simón de Iriondo, no trepidó un instante en otorgar una beca para que un joven llamado Ramón Lassaga prosiguiera sus estudios, pese a que le constaba que él y su padre lo habían combatido con las armas en la histórica revolución del ’78.” Negritas aquí.

(Sabido es que Simón de Iriondo nació en 1836, fue gobernador de la provincia de Santa Fe y en 1909 integró el Poder Ejecutivo Nacional. En ese tiempo, Ramón Lassaga había elaborado un manuscrito de cincuenta y tres páginas, que dejó “encuadernado con tapas de cartulina dura azul”, con una caricatura suya “adherida a la primera página” donde está sobrescrito un mensaje “al Dr. Manuel María de Iriondo, con motivo de una designación en el P.E. Nacional: ‘Al salir de las misas por tu padre, con Néstor y otros amigos, comentábamos las últimas noticias de los diarios, y al llegar a casa concreto en una palabra mis aspiraciones para ti: ¡Excelsior! Tu amigo

Fdo. Ramón Lassaga. Santa Fe, 30 de noviembre de 1909”.

Simón de Iriondo había muerto el 30 de noviembre de 1883 y Domingo Faustino Sarmiento pronunció un emocionante discurso como reconocimiento a su destacada actividad política. ii

Canónigo Echagüe sepultado en el templo de San Francisco…

En el sector sureste de Santa Fe de la Vera Cruz, capital de la provincia de Santa Fe en la República Argentina, se destaca el Convento de San Francisco cercano al Museo Histórico Provincial “Estanislao López”, a la Casa de Gobierno, al edificio del Colegio de la Inmaculada Concepción de los Padres Jesuitas lindante con reconocida Iglesia de Nuestra Señora de los Milagros, frente a la plaza “25 de Mayo”….

1651-1660: Traslado de Santa Fe y construcción de los templos…

Trasladada la ciudad de Santa Fe hacia el sur, entre 1651 y 1660, se repartieron las tierras de los pagos de Lencina con idéntica distribución: alrededor de la plaza Mayor y hacia el sur el Cabildo, enfrente la Iglesia Matriz, hacia el este los jesuitas, y aproximadamente cien metros al sur, marcaron el lugar de la pequeña capilla de los franciscanos, luego construida como la mayoría de las viviendas, con gruesas paredes de barro y techo de paja. A fines de esa década comenzaron la construcción del templo definitivo y durante diez años, realizaron más obras con los recursos aportados por los vecinos vinculados a esa congregación.

Habilitaron el templo en 1680 y con el apoyo de Carlos II, el Hechizado mediante una Real Cédula se concretó la terminación, “mandando costear los gastos con el producido de los ‘derechos de romana y mojón’ y contribuciones de las pulperías y de las ventas de vino durante ocho años”. Las paredes eran de tapia de 1.80 m. de espesor, las puertas y el artesonado del techo fabricados con distintos tipos de madera -cedro, quebracho colorado, algarrobo, lapacho- que fueron traídas en jangadas desde el alto Paraná. De la habilidad de aquellos artesanos hay pruebas insoslayables porque no utilizaron clavos de metal, todas las estructuras se ajustaron con cuñas y trabas de madera. La edificación del convento, al este del templo, se realizó alrededor de un patio central con un bello naranjal, según han reiterado, árboles traídos del Paraguay.

Convento de San Francisco: refugio durante las revoluciones…

Como tantas veces sucedió en la historia de los argentinos, el templo y convento de los franciscanos sirvieron durante sucesivos conflictos políticos como refugio o cantón: los vecinos del sur buscaron protección en ese ámbito cuando se produjo la invasión de Juan Lavalle en 1840 con saqueos y agresiones en las casas de familias.

En “San Francisco” se reunieron el sábado 21 de diciembre de 1867 los conspiradores que derrocaron al gobernador Nicasio Oroño oponiéndose a las leyes de cementerios y de matrimonio civil, funciones hasta entonces a cargo de las iglesias católicas; también a la creación de una Escuela de Agronomía en el Convento de San Carlos y diversas medidas relacionadas con esas instituciones religiosas, entre ellas la separación del cura de Villa Constitución al ser considerado “subversivo”.

Ese movimiento comenzó aproximadamente a las cinco, cuando el comandante Manuel Denis con aproximadamente cuatrocientos hombres avanzó hacia el edificio de la Aduana donde alojaban a presos políticos y con el propósito de liberarlos y apoderarse de las armas. En esas circunstancias, Simón de Iriondo intentó ocupar la plaza mientras Domingo Crespo le exigía al gobernador Oroño la delegación del mando, resultando que Simón debió refugiarse en la casa de su padre, al lado de la Catedral y luego huyó a pesar de que ese lugar estaba cercado por policías y tropas. Como regalo de Nochebuena, Oroño delegó el gobierno en José María Cullen, lográndose así el triunfo de la revolución y el retiro del comandante Manuel Denis con sus tropas.

En la década siguiente, en julio de 1878, también en ese convento se refugiaron algunos vecinos cuando el grupo liderado por Nicasio Oroño se enfrentó con el gobernador doctor Simón de Iriondo y eran continuos los tiroteos en casi todas las calles de la ciudad.

Desde el campanario de la Catedral atacaban el gobernador, Servando Bayo, Jonás Larguía, Fernando Stagnaro, entre otros y durante dos horas se sucedieron los ataques hasta que el presidente Nicolás Avellaneda -amigo de Iriondo- informó que enviaría tropas y luego cesó la rebelión.

Habían muerto aproximadamente cuarenta personas, perdió una pierna Ignacio Iturraspe; la oportuna intervención del músico y soldado Juan Rivero, más conocido como Guanaco, evitó la muerte de Luciano Leiva mientras intentaba atacar en la Jefatura. Algunos conspiradores huyeron hacia el norte, comandados por Reimundo Oroño, otros hacia el sur dirigidos por el comandante Basilio Gaitán, secundado por Eugenio Oroño, Francisco Romero y Amancio Reyes con varios capitanes, logrando vencer a los gubernistas… historias que se repitieron durante varios años porque era sólo uno el sillón del gobernador y muchos quienes aspiraban a ocuparlo…

A fines de ese siglo, también el templo de los franciscanos sirvió como refugio durante la revolución de 1893…

Sepultura de destacados santafesinos… – Canónigo Severo Echagüe.

Cerca del altar mayor, hacia el oeste, está sepultado el Brigadier General don Estanislao López y la placa de mármol blanca fue donación del Brigadier Gral. don Juan Manuel de Rosas. Yace también ahí, su esposa Josefa del Pilar Rodríguez del Fresno.

Es oportuno reiterar lo grabado en esa placa de mármol blanco:

“Descansa del empíreo en las mansiones

en el seno de Dios, hombre querido;

la libertad te debe sus blasones;

y los tiranos su postrer gemido.

Rosas, el compañero de tus glorias

consagra esta inscripción a tu memoria.”

Entre las baldosas de barro cocido están señalados los lugares de varios enterramientos y sabido es que allí sepultaron a doña Andrea Iturre de Garay, al Canónigo Capitán Agustín de Iriondo, a Severo Echagüe, al protomédico Manuel Rodríguez, al Coronel José Ramón Méndez, a Manuel de Larrechea, Santiago Sañudo, Sebastián Puig, José Cabal, Ramón Demetrio Candioti, Mariano Maciel, Luis Iturraspe, Luis Lassaga… y también algunos descendientes.

La creciente de 1825 acercó a las costas del convento enormes camalotales y sobre uno llegó el tigre que entró a la sacristía, dejó las marcas de sus garras en uno de los muebles -que aún se conserva- y en esa circunstancia, mató a los frailes Miguel Magallanes y Vicente Ortiz y al sacristán José Curami, sepultados en el templo y reposa cerca de ese lugar, el fraile León Martinengo, impulsor de las obras de reconstrucción del antiguo edificio y de la creación de la Sala de los Constituyentes donde está representada la escena del 1º de mayo de 1853, en el momento en que los diputados constituyentes sancionaban la Constitución Nacional en la sede del Cabildo santafesino.

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CONTEMPORÁNEOS del Canónigo Severo Echagüe…

Considero oportuno reiterar en esta aproximación a la trayectoria del canónigo Severo Echagüe, algunos párrafos que escribí en distintas circunstancias, referidos a la historia de los argentinos en las últimas décadas del siglo XIX…

1870: Waldino Baldomero Maradona Garramuño en Santa Fe

(Padre del Doctor Esteban Laureano Maradona Villalba -médico y filántropo que convivió junto a comunidades aborígenes en Estanislao del Campo en la provincia de Formosa y falleció en Rosario, nombrado el Doctor Dios– y del político Waldino Buenaventura Maradona Villalba, primer diputado socialista en la Legislatura de la Provincia de Santa Fe.)

Waldino Maradona en ese tiempo tenía amigos en Barrancas y estaba vinculado con vecinos de Coronda, lugar que el historiador Dr. Clementino S. Paredes ha reconocido como “…villa secular, asiento de nuestros primeros conquistadores, muralla incontenible del indígena, avanzada de la histórica Ciudad de Garay, posta intermedia entre las provincias del norte y la sede del antiguo virreinato, mantenedora de nuestras tradiciones nacionales… cuna de hombres de ciencia virtuosos, patriotas y preparados para el desempeño de funciones de gobierno y de institutos docentes.” Coronda, el lugar donde “en los albores de nuestra nacionalidad”, “el ejército Libertador” acampó en sus “extramuros, allá cerca del ombú de Basualdo… “

En la provincia de Santa Fe, a pesar de las críticas de los amigos del ex gobernador Oroño, el estanciero don Mariano Cabal intentaba transformar en realidades, otros sueños: siguó dedicándose a colonizar, a la industria saladeril y a explotaciones del quebracho colorado. En ese tiempo se estaba completando el ordenamiento de la legislación sobre tierras dispuesto por el gobernador Mariano Cabal dos años antes.

Vivía Waldino Baldomero Maradona, consciente de las actitudes que hay que asumir cuando se concreta un transplante. Había ampliado el horizonte de su cultura; sabía cómo hablar, leer, escribir; cómo usar correctamente el mismo código; cómo vincularse, cumpliendo con las propias responsabilidades y respetando los derechos ajenos; cómo seguir creciendo a partir del desarrollo ininterrumpido de sus conocimientos y de sus habilidades, cómo ser autoexigente obrando con humildad, sin sometimiento; cómo ser solidario sin rozar los límites del servilismo.

Jornada tras jornada estimuló en estos pagos del litoral, su propio arraigo y el de su familia, participando con entusiasmo en diversas actividades comunitarias. Así fue conociendo la historia de la Historia de los santafesinos y al mismo tiempo comenzó a ser protagonista de hechos trascendentes.

A partir de la memoria de Waldino Maradona, el recopilador corondino Dr. Carlos P. Berra, ha elaborado algunas crónicas teniendo en cuenta sus cartas o sus comentarios.

En una de sus cartas, Maradona incluye una anécdota sobre un hecho sucedido treinta años antes de su llegada y así es posible saber que estuvo en los pagos de Coronda, “un cura muy querido y popular”: Fray Diego Giménez, “quien tuvo como notario y cantor a D. José Gregorio Nuñez, venido de Córdoba”, un violinista notable que “era solicitado para que hiciera delicias con su prodigioso arco, y era compensado por la ponderación y los aplausos que se le prodigaban”. En ese tiempo, el santafesino José María Gelabert y Crespo tenía veinte años, era discípulo del Cura de la Matriz Dr. José de Amenábar y dos años después terminó el Presbiterado, y continuó con sus servicios espirituales.

Waldino Baldomero Maradona por sus actitudes demostraba ser fiel a su condición humana: espíritu encarnado, persona creada a imagen y semejanza de Dios. Se interesó por los problemas sociales y reconoció la importancia de los vínculos religiosos.

Cuando Maradona se instaló en Coronda, hacía ocho años que el sacerdote Julián Garcilazo era el Cura Vicario de Coronda, dependiente de la Diócesis de Paraná, creada por S.S. Pío IX, amigo del Gral. Justo José de Urquiza. Abarcaba las provincias de Entre Ríos, Corrientes y Santa Fe; aunque es oportuno destacar que la jurisdicción se extendía a los territorios del Chaco, Formosa y Misiones; diócesis sufragánea de a Arquidiócesis de la Plata con sede en Bolivia. Seis años después el mismo Papa modificó el mapa eclesiástico de las provincias del río de la Plata; creó la Arquidiócesis de Buenos Aires y en consecuencia desde el 25 de marzo de 1865 la Diócesis de Paraná dependió de esa autoridad eclesial. iii

Ese año, asumió el Obispo Monseñor José María Gelabert y Crespo, desempeñándose como Delegado Eclesiástico de la Provincia de Santa Fe, recorriendo la mayor parte de su territorio, desde Coronda hacia el sur acompañado por el Cura Vicario Julián Garcilazo.

En ese tiempo, no había capillas en los campos situados en esa extensa zona, salvo el Convento de San Carlos en San Lorenzo.

Residía Waldino Baldomero Maradona en Coronda, cuando los fieles católicos de esa localidad organizaban las procesiones y desde distintos caminos llegaban los fieles cristianos con sus carros y sus carretas arrastrados por los lentos bueyes, instalándose cerca de las chacras en sus improvisados refugios, las bajas carpas que apenas los protegían de la intemperie.

El Obispado había autorizado la celebración de los Oficios Religiosos en el oratorio de la estancia de don Carmelo Garcilazo, para ampliar las posibilidades de asistencia espiritual a los pobladores de esa zona. iv

Al seguir la trayectoria de Waldino Baldomero Maradona, es posible hallar los testimonios de sus amigos, entre ellos Carlos Berra quien transcribió párrafos de sus cartas y así es posible saber que participaba en procesiones de Coronda, el músico Sereni protagonista de una sorprendente experiencia mientras se realizaba una procesión, porque “cuando se cantaban las letanías, Don Felipe Fernández que como autoridad la encabezaba, ignorando el itinerario fijado se le ocurrió preguntar, pero siguiendo la tonada… ‘hasta donde vamos…? ‘ a lo que el maestro Sereni le contestó, cantando: ‘Hasta lo de Negrete’…” y desde entonces ese diálogo cantado se afianzó como un dicho común entre los corondinos que conocen sus historias y procuran defender sus tradiciones.

Una vez más hubo elecciones en Santa Fe y se reiteraba una tradición: Simón de Iriondo, el ministro de Gobierno de don Mariano Cabal, gobernador delegado desde el 8 de abril de 1868, fue proclamado candidato para sucederlo. Las crónicas indican que durante las campañas electorales, no sólo se agredían con palabras porque con frecuencia, algunos integrantes de los diferentes grupos preferían el uso de otras armas. Los candidatos eran apoyados desde los clubes, en la capital de la provincia desde el Club del Orden, fundado entre otros por José María Cullen cuando estaba reunida la Convención que sancionó la primera Constitución Nacional y desde el Club del Pueblo, que reconocía como líder a don Simón de Iriondo, quien continuó desempeñándose como ministro de gobierno y gobernador delegado hasta el 7 de abril de 1871. Luego, conforme al resultado de las elecciones asumió como gobernador titular el Dr. Simón de Iriondo, nacido en Santa Fe el 28 de octubre de 1836, hijo de Urbano de Yriondo y de Petrona Candioti, en consecuencia nieto del primer gobernador santafesino, el estanciero don Francisco Antonio Candioti.

Durante el primer año de gobierno, el Dr. Simón de Iriondo tuvo que estar alerta ante las frecuentes conspiraciones, organizadas por sus opositores y apoyados por algunos caudillos militares o rurales. El 6 de marzo de 1872 hubo un atentado contra Servando Bayo, quien como candidato del oficialismo, le sucedió en el gobierno.

En ese tiempo hubo otras confabulaciones con la participación de aborígenes que respondían a las órdenes de algunos políticos y aunque fracasaron en el intento de derrocar al gobernador, al retirarse invadieron algunas estancias y hubo importantes saqueos. Don José Nicasio Oroño representaba a la provincia como Senador en el Congreso Nacional y las crónicas lo nombraban como el responsable de esos hechos.

En el año 1872 se reformó la Constitución provincial y se creó el cargo de Vicegobernador, siendo designado por la misma Legislatura don Mariano Comas -también estanciero- para desempeñar esas funciones.

Mientras tanto, la provincia seguía organizándose: el 13 de agosto de 1873 se sancionó la ley de educación impulsada por el ministro General de Gobierno Dr. Melquíades Salva y el 2 de junio del año siguiente comenzó a funcionar la Superintendencia de Instrucción Primaria, desempeñando esas funciones el Canónigo Severo Echagüe y luego Francisco Malbrán, pero como ha destacado el Dr. Berra “el paso de estos ciudadanos fue breve e insensible su acción”.

Es razonable deducir que Waldino Baldomero Maradona habrá observado con interés todos esos acontecimientos porque es evidente que valoraba sutilmente todas las experiencias y evocaba con satisfacción algunas anécdotas de buen humor. Se ha destacado que acompañó como secretario, al presidente de la Nación, el sanjuanino Domingo Faustino Sarmiento, durante sus visitas a diversas localidades santafesinas.

1883-1884: Educación – Escuelas – Celebraciones…

Entre los santafesinos era frecuente hablar de las escuelas religiosas, las de San Francisco, Santo Domingo y de la Inmaculada Concepción, las escuelas de graduados –de varones y mujeres-, de gestión oficial y reconocidas como la escuela del sur, del Puerto, de la Plaza San Martín; del norte y aún más allá, la de Guadalupe.

Esos servicios educativos, como algunos de salud y los de justicia –jueces de paz y tenientes jueces en los cuarteles o secciones en que estaba dividida la ciudad-, dependían de la autoridad. Al ser considerado el valor de la educación manual, en el barrio sur santafesino empezó a funcionar la Escuela Municipal de Señoritas, en 1874 se creó la Escuela para Artesanos y Adultos y ocho años después el Colegio Mercantil Municipal. En 1877, el gobierno municipal distinguió al educador Don Antonio Pizzorno con el otorgamiento de una medalla de oro como reconocimiento a su eficaz labor.

Con diversos actos se celebraban las cuatro fiestas cívicas: 7 de abril, 25 de mayo, 9 de julio y 30 de setiembre, día de San Jerónimo, Patrono de la ciudad.

El 24 de julio de 1883 en todas las escuelas se conmemoró el centenario del nacimiento de Simón Bolívar, en Caracas, Venezuela. En la Plaza de Mayo se realizó una concentración de escolares y después de entonar el Himno Nacional Argentino, comenzó una demostración de acrobacia.v

El historiador José Pérez Martín en una aproximación al plano de la ciudad dibujado por el ingeniero Baldomero N. de Llano en 1884, advierte que había iniciado sus actividades la Academia Pública de Escritura, dirigida por el calígrafo Carlos F. De Curia y lo reitera en su interesante itinerario santafesino. vi

“La vida municipal, estaba representada por el Intendente Dr. Mariano Comas y un Concejo Deliberante de doce miembros elegidos en votación directa por ciudadanos y extranjeros contribuyentes. Ese año se creó por ordenanza una lotería de beneficencia; se pensaba en la pavimentación de las calles que se comenzó a hacer en 1886; se construía un Hipódromo al sur de la ciudad, inaugurado al año siguiente; se buscaba establecer un servicio de agua purificada proponiéndose prohibir la venta pública de agua del río por los aguadores; se proyectaba una reglamentación de tranvías a caballo y se reglamentaba la introducción de pan que se hacía desde Santo Tomé, Las Colonias y Paraná. El aspecto edilicio dejaba mucho que desear, tan es así que la ciudad presentaba todavía el estado en que la encontró Estanislao Cevallos en 1881 y como la describió dos años después: la “Santa Fe colonial” y la “Santa Fe moderna. La ciudad de los descendientes de los tenientes gobernadores, alcaldes y regidores y la ciudad de los tenderos, carboneros, marineros y calafates… La ciudad de los templos, del Cabildo, de las autoridades, jueces, fiscales, ‘enredos y enredistas’ y la ciudad de la aristocracia de raíz de conquistadores y colonizadores españoles, del buen tono de la cultura, que habla el castellano con sabor antiguo, patriota como Estanislao López, religiosa como Juan de Garay y la ciudad con aspecto de factoría norteamericana, fusión de todas las razas que habla mal todas las lenguas, sin hábitos definidos, indiferente en religión, liberal en sus costumbres, ajena al buen tono, patriota a la moderna, comerciante como medio, progresista como resultado… dos ciudades soldadas en la línea del medio por una calle transversal.” vii

En 1884 todavía “la higiene escaseaba, hasta tal punto que las aguas estancadas, pantanos y basuras daban lugar a pestes. Los impuestos se reducían a los derechos de piso para las carretas, de rodados, de abasto, de matadero, de alumbrado, derecho de peaje en la laguna Setúbal y a la leña, arena, etc.” Diversos datos revelan que “desde el Puerto a la boca del Riacho y desde Santo Tomé al Puerto” había un “movimiento portuario apreciable.” Itinerario… p.142

Insiste en que “las escuelas primarias eran municipales y estaban bajo la superintendencia de un Inspector, que en ese año era el canónigo Severo Echagüe” y destaca que “en la instrucción pública corrían vientos laicos. Al final del año, el 10 de noviembre, el Colegio de los Jesuitas se ve obligado a clausurar sus puertas” porque un decreto del presidente Julio Argentino Roca “le retira los privilegios que se le habían concedido años antes. Aparecen en la ciudad numerosos maestros normales de la Escuela de Paraná, cuyas tendencias contribuyen a aumentar el fuego de la división entre clericales y anticlericales. Continuaba ejerciendo el magisterio don Antonio Pizzorno, la señora Celia G. de Richard dirigía la escuela ubicada frente a la plaza San Martín; en la escuela del Puerto enseñaba don Alfonso Grilli; en la “colonia Guadalupe era maestro D. Augusto Kieffer, a quien se le había acordado el año anterior una subvención de diez pesos bolivianos”. También enseñaban en esas escuelas primarias: “D. Clemente San Martín, Pascual Piedra, Manuel Real y Alonso y las señoritas Ana Domínguez y Mercedes Zabrozo.”

“Había una Biblioteca, que era refugio donde se discutía y reformaba el mundo”, era en realidad la Biblioteca Cosmopolita que había sido instalada por un grupo de vecinos solidarios, situada en la calle 9 de julio entre las actuales Salta y Lisandro de la Torre. Funcionada una escuela normal provincial en la calle 3 de Febrero entre 9 de Julio y 1º de Mayo y se inició un movimiento tendiente a lograr la creación del Colegio Nacional y de la Escuela Normal. LS, p. 129-135 Al año siguiente, el gobierno nacional por iniciativa del ministro Eduardo Wilde inauguró la Escuela Normal Nacional en un edificio contiguo al Colegio de la Inmaculada.

En el nivel superior, hay que tener en cuenta que hasta 1886 funcionó la Escuela de Jurisprudencia en el Colegio de la Inmaculada Concepción.

El intendente Mariano Comas, el 18 de enero de 1887 firmó el convenio con el presidente del Consejo de Educación Dr. Pedro C. Reyna, transfiriendo las escuelas municipales a la jurisdicción provincial, que continuaría con esos servicios financiados con un subsidio de seis mil pesos anuales a cargo del municipio y con aportes del gobierno nacional.

El 24 de mayo de 1893 hubo un acto con participación de delegaciones escolares en el cementerio municipal recientemente instalado en la calle Blas Parera y fueron trasladados los restos del sargento Pedro Bustamante. El mausoleo construido en el sector noreste del sendero principal, constituye un homenaje al Soldado desconocido de la Independencia.

A comienzos del siglo XX, a pesar de la catastrófica inundación de 1905, la ciudad donde vivían 35.207 habitantes, tenía algunas calles pavimentadas con granito y otras con madera. Los pesados y ruidosos carruajes de dos o cuatro tirados por caballos, provocaban la inmediata reacción de los perros callejeros, que ladraban mientras los seguían durante un breve recorrido.

Desde entonces, las escuelas dependían de la gestión oficial o privada: “funcionaban 27 escuelas fiscales y 30 particulares, a más de los estudios secundarios en el Colegio de la Inmaculada y los universitarios en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales”, que ya disponía de una organizada biblioteca.

1895: anarquía en el uso de sellos oficiales…

El diputado Lucero fundamentó un proyecto en la Legislatura de Santa Fe, disponiendo que los “los sellos que se usan en las diferentes reparticiones de la administración” fueran iguales, “con el fin de evitar la anarquía que existe al respecto”, solucionándose “las desventajas que trae en sí”. Reconoció que: cualquier empleado que necesite un sello para estampar al pie de un documento público, lo manda hacer a su capricho; esto se ve muy a menudo, y donde resaltan más los inconvenientes, es en la campaña, con los jueces de paz, que obedeciendo a sus caprichos mandan hacer sellos en forma estrambóticas”, entre ellos el de la Colonia San Jerónimo, que “había mandado hacer un sello con una mitra de obispo, y otros por el estilo, con un caballo, un buey, etc.”

En ese debate se mencionó a la Municipalidad de Rosario donde se había dispuesto que además del sello de la repartición se imprimiera el de identidad y cargo del firmante.

A fines del siglo XX, se ha manifestado la creatividad de una procuradora que decidió usar un sello con su imaginada función como directora… viii

Al ser consultada sobre el origen de esa supuesta dirección en el trámite en que lo estrenó, prefirió pedir el traslado argumentando una supuesta intolerancia de quien simplemente cumplía con su obligación de organizar y procurar mantener el orden imprescindible para prestar cualquier tiempo de servicio. Así suelen ser las experiencias en la administración oficial

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Pedido de pensión graciable para sus descendientes…

Durante la sesión del 30 de julio de 1895 presidida provisoriamente por el diputado Jonás Larguía se registraron las ausencias sin aviso de los diputados Rueda, Rodríguez, Soto, Crouzeilles, Lubary, Sempé, Bosch, Quiroga, Abásolo y Lucero. A las 8:40 comenzó la sesión informándose que al día siguiente a las 14 se reuniría la asamblea legislativa. Pasaron a las comisiones varios proyectos: acordando pensión graciable de cien pesos mensuales a las señoras Carmen y Manuela Echagüe, “por los servicios prestados a la Provincia por su padre el señor don Cayetano Echagüe y por su hermano el Canónigo don Severo Echagüe”.

El Dip. Dr. Gabriel Carrasco -integrante de la comisión de Peticiones- destacó que “es un acto de magnanimidad, que los poderes públicos otorguen esta pensión a los descendientes de un gobernador Echagüe, que tanto bien hizo a esta provincia en aquellos tiempo, que era digámoslo así, una pequeñez, en comparación al conjunto de la patria. Expresó el Dr. Carrasco que “Don Cayetano Echagüe fue miembro del Cabildo de la Convención y diputado durante treinta años y el señor Severo Echagüe, ha sido uno de los más honestos e ilustre sacerdote que ha honrado la provincia de Santa Fe, fomentando su educación.” El diputado Lubary manifestó que reconocía esos méritos, pero “habiéndose sancionado una ley de pensiones y jubilaciones, a ella deben acogerse” y el diputado Clusellas recomendó tener en cuenta que la ley no sólo exige más de treinta años de servicios, sino “el sueldo de que gozaba” y en estos casos, “el padre de estas señoras como el hermano, sirvieron por largo tiempo a la Provincia -30 años o más’ sin sueldo alguno”. Insistió en que “el señor Echagüe practicó durante su vida actos tan de verdadero patriotismo, como el de pagar de su peculio profesores particulares para que atendieran las escuelas de Santa Fe, que de otro modo hubieran tenido que cerrarse. Estos sacrificios no puede la cámara mirarlos con indiferencia y seguramente los premiará con esta justísima pensión”. El proyecto fue aprobado.

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i Pérez Martín, José. Itinerario de Santa Fe, Santa Fe, Librería y Editorial Colmegna, 1965, p. 64-65.

ii Diario El Litoral. La comarca y el mundo. Santa Fe, viernes 5 de junio de 1987, “La revolución de 1878 contra el gobierno de Don Simón de Iriondo a través de un documento original”, comentario de José Rafael López Rosas.

iii Nueva Enciclopedia de la Provincia de Santa Fe, tomo III. Santa Fe, Sudamérica Santa Fe, octubre de 1993, p. 205-209. La Iglesia Católica en Santa Fe por César I. Actis Brú, poeta.

iv Se impone una mirada hacia otras proyecciones porque décadas después, dos corondinos sintieron el llamado de la vocación sacerdotal y recibieron el Sacramento del Orden Sagrado: el Canónigo Tomás Benito Garcilazo y el sacerdote Antonio Caggiano, quien celebró su segunda misa en el templo donde fue bautizado. Al crearse en el año 1934 la Arquidiócesis de Santa Fe, se erigió la Diócesis de Rosario y Monseñor Antonio Caggiano asumió como primer Obispo en 1934. Su fecunda obra le fue reconocida en el año 1959 al ser nombrado Arzobispo de Buenos Aires.

v Maradiaga, Salvador de. Bolívar t. I. Buenos Aires, Editorial Sudamericana, 4ª ed., 1975. Es interesante tener en cuenta que: “Ni un solo momento desde que llega a Venezuela Simón de Bolívar en 1587 se eclipsan los antepasados del Libertador de los círculos dirigentes del país; y casi siempre había por lo menos uno en el cabildo. “El 27 de marzo de 1528, Carlos V había concedido a dos alemanes ‘licencia y facultad para descubrir, conquistar y poblar’ la costa y las Islas” de esa región y seis décadas después, cuando “el país se halla restablecido ya de las tribulaciones de su era alemana”, llegó Simón Bolívar –el primero-, padre de Simón II, a quien el 17 de setiembre de 1593 le concedió la encomienda de indios de Quiriquire en el valle de San Mateo, hacienda que será residencia favorita de los Bolívar hasta los días del Libertador”. Don Juan Vicente de Bolívar y Ponte, padre del Libertador , fue “coronel del batallón de Milicias de Blancos voluntarios de los valles de Aragua, comandante por S. M. de la compañía de Volantes del río del Yaracuy, y oficial de la Compañía de Nobles Aventureros creada en Caracas en 1786” (p.68). “Era pues el padre de Bolívar un español americano resentido, nacido y criado en la alta sociedad de Caracas, empapado en tradiciones españolas”. “La familia era pues típica del criollo rico que describe por ejemplo Humboldt; apta a sacarle provecho a la economía del país y también a figurar en público bien decorada con uniformes, títulos y veneras. Don Juan Vicente Bolívar falleció el 19 de enero de 1786 (p. 72,74). La madre de Bolívar, doña Concepción Palacios y como “los Palacios no se ufanaban menos que los bolívares por su sangre azul”. “Eran mantuanos puros, es decir familia cuyas mujeres tenían derecho a ir a la iglesia con el manto característico del rango más alto de la sociedad. Por los Bolívares, ejercían a perpetuidad uno de los cargos de regidor del cabildo, por los Palacios, gozaban del privilegio del cargo de alférez real. Por ambos lados, hombres de su casa figurarían siempre entre los dignatarios que revestidos de oro, plata, encajes y sedas, iban a visitar ceremoniosamente al Capital General en los días de besamanos para formar después parte del séquito comino de la catedral donde celebraban la misa solemne y el Te Deum.

Simoncito tenía nueve años cuando su madre por intermedio de su hermano Esteban insistió en el pedido de otorgamiento de un título pendiente del siglo anterior. El 6 de julio de 1792 falleció doña Concepción, a la edad de treinta y tres años y quedó “como cabeza de familia su padre, don Feliciano Palacios y Sojo”.

vi Pérez Martín, José Dr. Obras citadas: Latitud Sur 31º, p. 96; Itinerario de Santa Fe, p.140-141.

vii Cevallos Estanislao. Descripción amena de la República Argentina. La región del trigo, 1883.

viii Sorpresiva experiencia en el Centromultimedios “Biblioteca de la Legislatura de Santa Fe” en los primeros meses de 1988… cuando ese servicio funcionaba en calle 25 de Mayo 1908 y ejercía la superintendencia una Comisión Bicameral integrada de acuerdo a la Ley Nº 2388/1934 vigente, siendo la Directora de la centenaria biblioteca por primera vez con desarrollo de Planes Culturales Anuales, de acuerdo al Reglamento Interno también la Secretaria de dicha comisión Bicameral (así hasta diciembre de 1995)…