1890-1893 – Gobierno del Dr. Juan M. Cafferata

Cuando finalizaba su mandato el gobernador Gálvez (1886-1890), propuso como candidato a gobernador a su ministro Dr. Juan M. Cafferata. El gobernador además de dirigir el partido oficial, estaba vinculado a personalidades destacadas en toda la provincia.

Era evidente la crisis en el gobierno nacional porque aumentan las especulaciones financieras y oscilaban las cotizaciones en la Bolsa; se aceleraba el proceso inflacionario y con la pérdida del poder adquisitivo aumentaban las protestas de los trabajadores.

En ese tiempo, se hablaba de una administración honesta y de sufragio libre, mientras el presidente ya vislumbraba el final de sus gestiones.

Otoño de 1890: Santa Fe y cambio de autoridades…

Una vez más, en la invencible provincia de Santa Fe -como la reconocía el brigadier general Estanislao López ya en 1822-, se había reiterado la tradición de proclamar candidato a gobernador al ministro de Gobierno de Gálvez, el destacado Dr. Juan M. Cafferata y como candidato a vicegobernador al Dr. José Elías Gollán -también galvista como decían entonces-, mientras la oposición impulsó al Dr. José Bernardo Iturraspe.

En marzo de 1890 se reunieron los electores, triunfó la fórmula Cafferata-Gollán.

07-04-1890: gobierno del Dr. Cafferata.

El 7 de abril de 1890 asumió el gobernador Dr. Juan M. Cafferata, con la experiencia de su desempeño anterior como ministro durante el gobierno de José Gálvez.

Conforme a la reforma constitucional creó los ministerios de Gobierno y Culto; de Hacienda y Obras Públicas y el de Agricultura, Culto, Justicia e Instrucción Pública designando al Dr. Gabriel Carrasco.

Continuaron las dificultades económicas y financieras. A pesar de las restricciones presupuestarias fue necesario generar nuevos impuestos, con las inmediatas reacciones de los sectores agrícolas que se manifestaron principalmente en las localidades de Humboldt y de San Jorge, en el departamento Castellanos.

El gobernador Cafferata logró la sanción de la ley orgánica de municipalidades y promovió la educación en todos los niveles. Con el propósito de prevenir algunas enfermedades, se dispuso la obligatoriedad de determinadas vacunas.

Era necesario cumplir con los acreedores externos como consecuencia de los préstamos obtenidos para fundar el Banco Provincial y para que se pudieran extender los servicios ferroviarios. Los empleados de la administración pública celebraron la sanción de la ley de jubilaciones y pensiones mientras los colonos protestaban con las armas en las manos, porque se sancionó la ley de impuesto a los cereales.

13-04-1890: la “Unión Cívica” en Buenos Aires…

Los actos del gobierno de Miguel Juárez Celman -concuñado de Julio Argentino Roca- repercutían en todas las provincias porque a través de los legisladores trascendían los vicios que estaban incidiendo en la desconfianza de la población.

El 13 de abril de 1890 se produjo en Buenos Aires un movimiento político que generó la Unión Cívica, germen de la Unión Cívica Radical. Algunos afiliados al Partido Autonomista optaron por distanciarse del presidente.

24-05-1890: Primer Congreso Agrícola en Esperanza…

Mientras tanto, el perseverante Waldino Baldomero Maradona había promovido la organización del Primer Congreso Agrícola con sede en Esperanza (Dto. Las Colonias), inaugurado el 24 de mayo de 1890; el primero en la República y en América.

Asistieron destacadas personalidades del gobierno nacional; entre los santafesinos: Nicasio Oroño, Zenón Martínez… Es interesante recordar que en aquel tiempo los arrendatarios debían pagar un canon, equivalente al 20 o 30% de la cosecha, en especie o en dinero. Los bajos precios pagados a los agricultores, favorecieron el constante crecimiento de las exportaciones de trigo santafesino con precios muy competitivos, con relación a los tradicionales mercados de Australia, Canadá y Estados Unidos. Dos años después, esa sostenida tendencia provocó una abrupta baja en las cotizaciones de Londres que habían sido estables durante veinticinco años.

En una crónica periodística se difundieron párrafos del discurso pronunciado por Don. Waldino Baldomero Maradona en la inauguración de ese Primer Congreso: i

“Inauguramos en el campo de la ciencia y de las industrias un mercado exportando nuestros productos. Para equilibrar nuestro consumo abramos de par en par las puertas del comercio de la República para establecer las corrientes del intercambio, no restringiendo al comercio con impuestos exagerados, especulando con el hambre del pueblo consumidor, para equilibrar nuestras finanzas protejamos a las industrias en sus desarrollos; gobernemos con estadísticas para que estemos convencidos de nuestro progreso y retroceso. Regularicemos la renta como base de buen gobierno. Establezcamos la proporcionalidad en el impuesto; creemos el catastro para garantizar la propiedad raíz y procedamos a la triangulación del territorio de la provincia: construyamos puentes, canales, terraplenes, caminos públicos, escuela de agronomía, molinos, escuelas, templos, ferrocarriles, telégrafos, en una palabra, el suntuoso edificio del orden, sin el cual defraudaríamos la reacción que anhelamos, que se desenvuelve al amparo de la paz pública. Fundemos el Boletín de Agronomía y establezcamos sociedades industriales agrícolas, colonizadoras, de fraternidad, bancos agrícolas, de seguro agrícola y de vida de los agricultores y obreros, de beneficencia, etc.”

(Una mirada sobre los gruesos tomos preservados en el Archivo de la Legislatura de Santa Fe, correspondientes a las actas de las Asambleas y Sesiones de las Honorables Cámaras de Diputados y Senadores, permite reconocer una parte de la historia de la Historia de los santafesinos…) ii

La “Unión Cívica en marcha”…

Para interpretar lo que sucedió durante el gobierno de Cafferata es necesario tener en cuenta los últimos cambios en la política nacional.

El domingo 1º de septiembre de 1889 en el Jardín Florida en la Capital Federal, el entusiasmo juvenil del entrerriano Francisco Barroetaveña –amigo de Leandro Nicéforo Alem-, alentado por otros jóvenes porteños difundió los propósitos de la denominada Unión Cívica de la Juventud, destacándose que estaban dispuestos a “ejercitar los derechos políticos del ciudadano con entera independencia de las autoridades constituidas…”

Aunque no participaron en ese acto, los apoyaron Bernardo de Irigoyen, Bartolomé Mitre, Luis Sáenz Peña, entre otros.

Se constituyó una junta ejecutiva presidida por Alem y comenzó la apertura de clubes en distintas parroquias, para inscribir a los ciudadanos de la Unión Cívica. Hubo escasas adhesiones.

El 13 de abril de 1890 se organizó un acto en el Frontón Buenos Aires; hablaron Pedro Goyena, Bartolomé Mitre, Leandro N. Alem, entre otros reconocidos políticos y algunos jóvenes.

Alem lucía una larga levita negra y una alta galera de felpa; parecía un profeta entre los leales jóvenes mientras exclamaba:

“No se deben omitir fatigas, ni esfuerzos, ni sacrificios, ni responsabilidades… ¡Esto no tiene vueltas!…”

Esas manifestaciones eran el germen de la Unión Cívica Radical, que por costumbre engendró otro “ismo”: el radicalismo que adoptó como distintivo la boina blanca así como antes se usaron escarapelas o el cintillo federal -el cintillo rojo que usaron el doctor Simón de Iriondo y sus amigos del santafesino Club del Pueblo– o el cintillo azul de los opositores…

Rosario: primera Convención de la Unión Cívica.

Los ecos de la Unión Cívica porteña, provocaron la primera convención que se reunió en Rosario para anunciar que estaban dispuestos a tomar el poder por elecciones sin fraude o por una revolución, sin pactos ni alianzas con otros partidos. Del seno del Partido Liberal y del Autonomismo se incorporaron algunos políticos que asumieron la conducción del incipiente partido e intentaron entusiasmar a los jóvenes que hasta entonces no habían participado en actividades políticas. Algunos eran reconocidos por la participación en instituciones católicas.

Desde otra perspectiva, es interesante dirigir la mirada hacia una crónica escrita por el periodista santafesino Justo Tulián Silva:

“En el año 1891 se desarrollaba en Santa Fe una intensa lucha política, debido a la división producida en el partido gobernante, del cual se había separado el ‘Club del Pueblo’, partido que dirigían los hermanos Néstor y Urbano Yriondo, con un selecto estado mayor y abundancia de partidarios. La ciudad y el norte les respondían casi íntegramente.

Se ha recordado que “la aldea capital hervía de entusiasmo electoralista y ni la oposición ni los gubernistas se andaban con medias tintas para el ataque y los diarios vomitaban metralla dialéctica…”

En esas circunstancias “se preparaba una elección, para lo cual debía formarse previamente el padrón en el que los ciudadanos debían inscribirse, operación que se realizaba todos los domingos. Los dirigentes de los partidos, junto con la preparación civil semanal no descuidaban la previsión de ataques armados y se formaban cantones ocultos en las inmediaciones de la Plaza de Mayo”, situada frente al Cabildo.

“Al primer tiro, el combate se hubiera generalizado.

Uno de esos días la gente del gobierno había enviado un grupo a la torre de la Merced, el que no guardó mayores precauciones y pudo ser individualizado desde una casa vecina.

Avisado el coronel Rosendo Fraga, jefe del batallón 3 de línea de guarnición, establecido en la Aduana, se dirigió sólo hasta la portería del Colegio de los Jesuitas”.

Comentó Tulián Silva que el coronel fue recibido por el hermano portero; que “Fraga tranquilamente le interrogó:

-‘¿Se ha traído comida y agua a la gente que mandé hoy a la torre?’ y ante la respuesta afirmativa: -‘Sí, señor coronel, todo se les ha servido’ contestó: ‘Pasaré para ver si les falta algo más’.

El religioso no tuvo inconveniente en franquearle el paso y el coronel subió hasta donde estaba el pelotón armado, lo desarmó e hizo retirar, advirtiendo después al rector que había tolerado la preparación de un fusilamiento de los civiles que en esos momentos realizaban una función cívica. La treta de Fraga dejó a los gubernistas sin la posición más estratégica de sus cantones armados.” iii

Denuncias, investigaciones y cambios…

En la Capital Federal se aceleraron las protestas contra el presidente Juárez Celman, al trascender que “además de las emisiones públicas de moneda de papel circulaban otras clandestinas”, se integró una comisión investigadora, se dispuso la cesantía de “Wenceslao Pacheco, culpable de las emisiones clandestinas”; renunciaron los ministros de Hacienda Francisco Uriburu y de Justicia Amancio Alcorta. Los cambios en el gabinete no modificaron la crisis política y Bartolomé Mitre, desde el 24 de mayo reconocido con el grado de teniente general, prefirió viajar a Europa, embarcándose la semana siguiente para cambiar el tormentoso invierno del hemisferio sur por el apacible verano del hemisferio norte. Mientras tanto los conspiradores avanzaban en su organización.

En Santa Fe, el gobernador Dr. Juan M. Cafferata encomendó al Dr. José Gálvez la organización de una fuerza que apoyaría al gobierno nacional. Mientras tanto, en el Congreso Nacional el senador Manuel Dídimo Pizarro expresó en el recinto de la Cámara: “La revolución está vencida pero el gobierno está muerto”.

26-07-1890: estalló la chispa en la Capital Federal…

En la madrugada del 26 de julio de 1890 al grito de ¡Patria o muerte!… hubo una sublevación en la Capital Federal; se instalaron cantones en varios edificios, se movilizaron las tropas de los cuarteles y después de tres días de lucha, los subversivos entregaron sus armas. El 5 de agosto, el presidente Juárez Celman decidió renunciar y llamó a su ahijado y su favorito Ramón J. Cárcano para que le redactara la renuncia. iv

Expresó en aquel momento:

“Estoy muy nervioso y temo no escribirla con serenidad”

05-08-1890: segunda renuncia de Juárez Celman

Sabido es entre los católicos que el 5 de agosto se celebra el día de Nuestra Señora de las Nieves y ese frío día en el hemisferio sur, fue una jornada de intensas deliberaciones en la capital federal, porque un grupo de legisladores decidieron enviarle una nota al doctor Juárez Celman y se registraron sesenta firmas que era la mayoría del Congreso.

Iluminados desde lo Alto, a tiempo comprendieron que no era correcto entregársela porque aún era el presidente de la Nación y sabido es que hay jerarquías. Los dos primeros firmantes asumieron el compromiso de entrevistarlo al día siguiente. A las diez, llegaron hasta su hogar y a pesar de la temperatura invernal, reitera el historiador José María Rosa que “lo encuentran paseando solo en una terraza que daba al Paseo de Julio”.

Con serenidad les expresó ya sabía lo que pasaba y que ya disponía de su renuncia, su amigo Pablo Rueda, que era diputado por Córdoba. Se retiraron los legisladores y trascendió el día anterior, la había redactado su amigo Ramón Cárcano

Al comienzo, era casi una reiteración de la fórmula del juramento, porque decía:

He desempeñado cuatro años el cargo de presidente de la República con lealtad y patriotismo…

En otro párrafo expresaba:

“El motín ha sido vencido y una amnistía general y absoluta ha amparado en el olvido a sus autores. Para sellar más eficazmente mis sinceros propósitos y afirmar mi política impersonal de generosa tolerancia y amplia libertad, he invitado a los hombres más respetables y representativos a formar parte del gobierno… /…/

Mis nobles esfuerzos han sido inútiles… /…/

No es el momento de discutir los actos de mi gobierno, pero por mi parte descanso seguro en al justicia de los hombres cuando se hayan apagado las pasiones encendidas y se pueda juzgarme con ánimo tranquilo y levantado.”

El 6 de agosto a la tarde, en los edificios de la ciudad de Buenos Aires habían colocado banderas argentinas y distintos grupos recorrían las calles gritando:

¡Ya se fue, ya se fueel burrito cordobés!

¡Ya se fue, ya se fue.. para nunca más volver!

Aunque en ese tiempo existían algunas dificultades para las comunicaciones, al conocerse tales hechos, la población comparaba las situaciones y elaboraba algunas conclusiones. Como suele suceder cuando hay cambios en la política lugareña, al compás del pan francés siguieron manifestándose en el centro de la ciudad y como anotó el historiador José María Rosa, “contrastaba con la alegría general las puertas entornadas y crespones que Alem puso en el local de la Unión Cívica (Florida entre Cuyo y Cangallo), en señal de duelo. No quería participar del triunfo de otros, que entendía derrota suya. Había comprendido la verdad de la revolución, que creyó haber dirigido, cuando supo que Pellegrini sería presidente y Roca volvía a manejar la política desde el ministerio del interior.

Cuando conocieron otros hechos relacionados con la renuncia de Juárez Celman, se empezaron a difundir distintos comentarios y se ha destacado que el senador Manuel Dídimo Pizarro expresó que “la revolución está vencida pero el gobierno está muerto”. Sabía lo que decía, porque el presidente había renunciado por segunda vez el 6 de agosto de 1890 y decidió dejar definitivamente su acción política.

06-08-1890: la hora del doctor Pellegrini…

Había llegado la hora del doctor Carlos Pellegrini, a quien el escritor Paul Groussac identificó como “el piloto de tormenta”.

Es oportuno reiterar lo expresado por otros historiadores, ya que mientras estaban reunidos los legisladores para dirigirse al doctor Juárez Celman proponiéndole una salida de la crisis, el financista Pellegrini dialogaba con sus amigos banqueros:

“Necesito de ocho a diez millones de pesos para pagar en Londres de aquí a nueve días, y en el Banco Nacional no hay nada. Se los reclamo a ustedes. Será una contribución inmediata y reservada, porque si divulgamos lo que pasa, agravaríamos el pánico. Si no tenemos el coraje de a peligrar los bienes, perdemos todo lo que nos queda además de lo que ya hemos perdido…

Invito a ustedes a entregar al contado esa suma que será una deuda de honor para la Nación”.

Llegaron en ese momento hasta su casa de Florida entre Viamonte y Tucumán algunos legisladores y al enterarse de que la Asamblea había aprobado la renuncia del presidente, regresó Pellegrini al lugar donde estaban terminando la lista con aportes, “hizo la suma: ¡Dieciséis millones! Bueno, ahora sí soy presidente.”

Moroso reconocimiento a Juárez Celman…

Llegado el momento en que se apagaron “las pasiones encendidas”, se ha destacado que el doctor Benito Juárez Celman, “después de caer, calló, hasta su muerte, toda defensa y toda ofensa, aun teniendo en sus manos pruebas no sólo en su favor sino también en contra de quienes lo juzgaban sin respetarlo ni respetarse”. También se ha reconocido que a pesar de las murmuraciones sobre su fortuna, “amasada con peculados y obsequios, no se confirmaron, pues sus bienes fueron adquiridos antes de la presidencia o después de la misma”.

A principios del siglo veintiuno, también hay “pasiones encendidas” y llegará el día en que también juzguen “con ánimo sereno y levantado” a tantas personas que son difamadas…

Agosto de 1890: misión del doctor Gálvez en Rosario…

Durante los sucesos de principios de agosto de 1890, el gobernador Cafferata recurrió a su amigo José Gálvez para encomendarle que desde Rosario dirigiera la movilización de las fuerzas que apoyarían al gobierno nacional en esas circunstancias. Aunque se disponía de dos mil soldados, la rapidez con que terminó el conflicto en Buenos Aires liberó a esos hombres de los riesgos de un enfrentamiento armado.

Crisis económica…

En 1890 a pesar de las inversiones en las explotaciones agrícolas, comenzó un período de crisis resultante de la excesiva capacidad productora y de las dificultades para exportar ante la competencia en los mercados externos, porque Brasil “firmó un tratado de reciprocidad con Estados Unidos, en virtud de cuyo pacto las harinas norteamericanas podían entrar a los mercados brasileños libres de todo derecho aduanero, lo que colocaba en condiciones desventajosas a las de procedencia argentina”. Denunciado este convenio cuatro años después, “las harinas argentinas comenzaron de nuevo a ganar mercado, no obstante tener que luchar con el producto norteamericano y, además, con los molinos brasileños que se habían fundado para moler trigos argentinos”.

31-12-1890: creación de nueve departamentos.

Hasta fines del siglo diecinueve, la provincia de Santa Fe estaba dividida en nueve jurisdicciones departamentales y a partir del 31 de diciembre de 1890 se subdividieron a los fines de la creación de nueve departamentos más. Era evidente que el gobernador Gálvez, impulsaba un proyecto descentralizador porque al duplicar los departamentos, se establecían nuevas autoridades para promover el crecimiento en diferentes zonas.

Sólo dos departamentos mantienen sus límites: Rosario y San José, cambiando el nombre por departamento Garay y también la cabecera deja de ser Rincón porque se reconoce como tal a Helvecia.

Modificados los límites del departamento la Capital, se crean: San Justo y Vera.

Del departamento Las Colonias: Castellanos y San Cristóbal.

Con parte del San Javier, se crea Reconquista.

Al sur del departamento San Jerónimo fue creado el departamento San Martín.

La subdivisión del departamento Iriondo, dio origen al departamento Belgrano; del San Lorenzo, Caseros; del General López, Constitución.

En consecuencia, a pesar de la anarquía heráldica existente, en el escudo provincial se incorporaron nueve estrellas, conservando aún algunos sellos la ubicación central de las cuatro primeras.

(Siete años después, en el norte se subdividen los departamentos Vera y San Cristóbal, se crea el departamento Nueve de Julio.

Una estrella más para el escudo y seguían utilizándose sellos con diferentes distribuciones. Recién en 1937, mediante la ley Nº 2.537 promulgada por el gobernador Dr. Manuel María de Iriondo, se dispuso que todas las estrellas, equidistantes, rodearan los dos campos del óvalo.)

“Poder” de los Iriondo…

Mientras tanto en Santa Fe -como todavía suele suceder a principios del siglo veintiuno, con otros protagonistas-, el gobernador Cafferata intentaba en vano liberarse del control y las presiones del iriondismo.

(Es interesante tener en cuenta que en la provincia de Santa Fe, fue gobernador Urbano de Iriondo, después su hijo Simón de Iriondo y en el siglo veinte, uno de sus nietos: Manuel María Iriondo…)

En la provincia invencible era evidente el poder de los Yriondo y el gobernador Cafferata para debilitar esa influencia renovó su gabinete, reemplazando a Néstor de Yriondo por Luciano Leiva -hasta el 30 de julio de 1893-, promoviéndose simultáneamente otros cambios en distintas jurisdicciones de la Policía.

Fue designado jefe de Policía del departamento Rosario don Manuel Cilvetti. Mediante un decreto fue designado Juan Cepeda (h) en el cargo de primer Jefe de Policía Departamental de Constitución y se ordenó que las subdelegaciones existentes hasta ese momento entregaran a los Jefes Políticos nombrados, todos los enseres y armamentos que integraban los correspondientes inventarios de bienes.

El 22 de noviembre de 1892 Juan Cepeda fue nombrado Comisionado General ad honorem del Departamento Constitución y con ese mandato abarcaba hasta el límite con la provincia de Buenos Aires. Tres años después el caudillo Juan Cepeda fue designado Comandante de la Guardia Nacional en Constitución y en 1899 asumió como diputado en la legislatura provincial.

(Ha destacado el historiador Gianello que “para acrecentar su autoridad personal, rompió con la más eficaz de las fuerzas que le habían llevado a la gobernación, y así el Dr. Cafferata debilitó sensiblemente la capacidad de resistencia de su gobierno como la amarga experiencia de 1893 se encargaría de demostrárselo”.)

03-07-1892: fallecimiento de Camilo Aldao.

En la ciudad de Rosario murió Camilo Aldao, considerado el alma de varias empresas destinadas a la población de tierras con trabajadores rurales, entre ellas las circundantes al Peñón del Rincón de las Piedras o Rincón de Teves.

Quedaron allí convertidos en realidad algunos de sus sueños cuando con Cayetano Carbonell, José María Echagüe, Nicasio Oroño, el agrimensor Butinza y tres empresarios más, decidieron constituir una sociedad que a pesar las siguientes transferencias de acciones y de algunos conflictos por escrituras, contribuyó a poblar Villa Constitución a partir de las cesiones de tierras del 18 de julio de 1857, fue reconocida oficialmente el 14 de febrero de 1858, cuatro años después propuesta como Capital de la Nación, el 27 de agosto fue declarada Cabeza de Partido y Distrito Electoral; y apenas nueve meses antes del fallecimiento de don Camilo Aldao, el 24 de agosto de 1891 fue reconocida Cabeza del Departamento Constitución. Debido a la “carencia de títulos exactos de propiedades”, una “hipotética concesión portuaria”, la venta “entre otros bienes, al entonces Ferrocarril Gran Sud de Santa Fe y Córdoba (luego Central Argentino y después Bartolomé Mitre)” de “una lonja de tierra, sin pertenecerle con títulos probados”, la empresa que Camilo Aldao y sus socios habían sustentado para la población de Villa Constitución tuvo que soportar un pleito. El Ferrocarril Central Argentino, “ya con poder bastante, puso en subasta pública” algunas chacras y lotes hasta que finalmente “a los setenta y un años de iniciada la obra creadora del pueblo”, el Ferrocarril, dueño ya de todos esos bienes, abrió libros y registros actualizando los inquilinos y poniendo en venta particular los terrenos libres con amplias facilidades de pago y dando preferencia a los ocupantes de los mismos”.

1892: inversiones británicas en la Argentina…

Las inversiones de los capitalistas británicos en la Argentina crecieron exageradamente durante la década del ’80 y “durante los gobiernos de Julio Argentino Roca y particularmente de Juárez Celman” -su concuñado-, “esta política llegó a límites insospechables. En 1892 la república debía en concepto de empréstitos e inversiones en empresas privadas 822.500.000 pesos oro” y a pesar de la oposición de Domingo Faustino Sarmiento desde el exilio, con denuncias permanentes “en su campaña contra el roquijuarismo”, para lograr el oportuno control de esos capitales, “faltaba la clase social que ofreciera una real alternativa a la política oligárquica de vivir a créditos de la Bolsa de Londres y de sus naturales consecuencias”. v

Buenos Aires y las divisiones en la Unión Cívica…

En Buenos Aires, se desarrolló la campaña para las elecciones provinciales.

Mitre era el candidato de la Unión Cívica y el astuto Roca que era opositor, se reconcilió apoyándolo “para evitar ‘un proceso electoral de grandes convulsiones’.

Se produce la ruptura de la U.C. al no aceptar Alem ni del Valle semejantes maniobras y surge la Unión Cívica Radical que postula a Bernardo de Irigoyen, viejo estanciero bonaerense y político de prestigio. Los mitristas crean la Unión Cívica Nacional, pero su líder percibe que la maniobra roquista le ha quitado toda base popular y termina renunciando a la candidatura”.

En tales circunstancias surgió el joven político Roque Sáenz Peña e inmediatamente Roca elaboró su estrategia: propuso al padre, a Luis Sáenz Peña como candidato y en consecuencia, renunció el hijo a su candidatura.

12-10-1892: asume el presidente Dr. Luis Sáenz Peña

El 12 de octubre de 1892 después de las confabulaciones de Roca -electo senador por Tucumán y presidente del Senado-, asumió el electo presidente de la Nación Dr. Luis Sáenz Peña. Se impuso una política de defensa de los intereses de los ganaderos y comenzó a destacarse en la provincia de Buenos Aires, el caudillo radical Hipólito Yrigoyen que estaba más cerca de los peones que de los estancieros.

Se constituyó la primera Federación Obrera Argentina con la mayoría de los gremios, y el presidente debió esforzarse para neutralizar a la oposición.

1893: rebelión de “los radicales”…

Se produjo la revolución del Parque y el presidente se sintió obligado a renunciar.

Fue una solución a medias, porque los graves problemas que soportaban los obreros, industriales y rurales, no se solucionaron con un cambio de personas en el Poder Ejecutivo Nacional.

29-07-1893: conspiración en Rosario…

Los radicales pusieron en marcha la revolución y en el Congreso Nacional se trató un proyecto de intervención que fue rechazado en la Cámara de Diputados.

Mientras tanto, en Rosario, el 29 de julio de 1893 se produjo la primera rebelión de los militantes radicales contra el gobernador Juan M. Cafferata, organizada por Leandro Nicéforo Alem, Lisandro de la Torre, Agustín Landó y Fermín Lejarza, entre otros.

Algunos hasta entonces fueron integrantes del autonomismo; otros del Partido Liberal que liberaba el apasionado Nicasio Oroño, resultando evidente la presencia de caudillos rurales que eran apoyados por algunos colonizadores extranjeros. Aristóbulo del Valle los apoyaba desde el ministerio del Interior.

Los conspiradores decidieron atacar la Jefatura de Policía y durante dos días resistieron los leales al gobierno, que estaban a las órdenes del jefe Manuel Cilvetti; se registraron 104 muertos y 268 heridos.

Entre los sublevados estaba el Coronel José Urbano Fernández, nacido en Villa Constitución, de cuarenta y cinco años, quien ostentaba varias medallas y por su actitud conspirativa fue postergado en los ascensos militares. vi

Vencida la resistencia en Rosario, los radicales mediante una confabulación lograron detener en Baradero al ministro santafesino Luciano Leiva, quien regresaba de Buenos Aires en tren para conducir la defensa en el territorio provincial.

Los conspiradores de Rosario estuvieron apoyados por fuerzas de Cañada de Gómez, San Lorenzo y Melincué, aproximadamente cinco mil voluntarios cívicos lucharon hasta el 30 de ese mes, instalándose allí don Leandro Nicéforo Alem, conductor de la Unión Cívica. Esa subversión sirvió para que se acelerara la convocatoria a elecciones y los comicios se realizaron al año siguiente.

Los “rifleros” de Esperanza…

La conspiración se manifestó inmediatamente en Santa Fe y en distintas localidades porque se había preparado con la movilización de obreros y colonos. Las reacciones más violentas se observaron en Helvecia, Esperanza y Rafaela extendiéndose en las zonas próximas.

Después de derrocar a las autoridades locales, en Esperanza se constituyó la junta radical integrada por Martín Rodríguez Galisteo, Mariano Candioti, Carlos F. Gómez, Demetrio Iturraspe, Manuel M. Cervera, entre otros.

Esa “Junta Revolucionaria del Norte” era apoyada por los colonos suizos que habían fundado la colonia de la Esperanza y que estaban armados porque así se los autorizó al acordar la inmigración. Acompañaron a “los radicales” en la marcha hacia la capital santafesina y cuando estaban llegando a la ciudad se anunciaron con sucesivos “tiros” al aire.

31-07-1893: renuncia del gobernador Cafferata

En tales circunstancias el Dr. Juan M. Cafferata optó por renunciar, delegó el gobierno en el vicegobernador Dr. José Elías Gollán, quien también renunció el 31 de julio. Se instaló en Santa Fe la autodenominada Junta Revolucionaria. vii

Durante tres semanas, se siguió discutiendo con relación a la entrega de las tierras fiscales durante el último decenio y se constituyó la comisión investigadora que probablemente no habrá podido dilucidar cómo y por qué, algunos paisanos analfabetos cedieron vastos terrenos para fundaciones de pueblos que demoraron décadas en concretarse -caso de Villa Constitución donde inicialmente intervino don José Nicasio Oroño; o cuáles fueron las causas reales que impidieron algunas colonizaciones cuyos contratos no se cumplieron, como sucedió con don De Mot, el Conde Lamothe, que dejó su palacete construido sobre los cimientos de la capilla, durante el gobierno de don Mariano Cabal y en nada resolvió la mejoró las colonias agrícolas.

04-08-1893: los revolucionarios llegan a Santa Fe

En la hemeroteca de la Biblioteca Popular “Dr. Amadeo Ramírez” -con sede en la escuela superior nacional de comercio de “Domingo Guzmán Silva” era posible leer las colecciones de Nueva Época y La Revolución, entre otros. En el primero nombrado hay algunos comentarios acerca de aquellas jornadas y ha destacado que los rifleros de Esperanza mientras se acercaban a la capital santafesina, fritaban: “¡Viva la Unión Cívica Alemana!”

“En la primera fila y a caballo, venían el doctor Martín Rodríguez Galisteo, Carlos F. Gómez y demás jefes de la revolución, muy contentos al parecer, pero notándose en sus semblantes una pinta de amargura, a causa sin duda, de lo que traían detrás de ellos. En efecto, detrás de ellos venían los batallones de suizos alemanes perfectamente armados y uniformados, enarbolando las banderas de sus respectivos cantones, flameando muy alto el pendón glorioso de Valais, que resistió al mismo Luis XIV”.

La “Junta Revolucionaria” designa al gobernador Mariano Candioti…

Se hizo cargo del gobierno de la provincia, la Junta que integraban Mariano Comas -presidente del Senado- y José Bernardo Iturraspe e Ignacio Crespo, designaron gobernador al doctor Mariano Candioti y vice al doctor Agustín Landó, integrando el gabinete Rodríguez Galisteo, de la Torre, Lejarza y el doctor Cervera como secretario.

Instalado así “el primer gobierno radical” en Santa Fe, inmediatamente disolvieron los otros poderes y dispusieron la cesantía de quienes no respondían a “esa política”.

David Peña desde Nueva Época criticó esas decisiones y como aún sucedió a fines del siglo veinte, el gobierno le encomendó a Ulises Mosset que entrevistara a ese director. Mosset invitó a Peña a subir a su coche y después de un breve recorrido por algunas calles lo acercó a la cárcel. Allí ya estaban otros detenidos: diputados y senadores del autonomismo, quienes luego también soportaron persecuciones.

Así se entendía “la libertad de expresión”, ¡la libertad de prensa!… inmediatamente los periodistas decidieron la “autoclausura” de “Nueva Época” que desde mayo de 1886 era dirigida por el polémico David Peña.

Mientras tanto, en el gobierno nacional había cesado el ministro del Interior Aristóbulo del Valle y en consecuencia, “los radicales” perdieron su apoyo político. Lo reemplazó el doctor Carlos Pellegrini y decidieron enviar al interventor nacional Baldomero Llerena, quien fue excesivamente cauteloso para tomar decisiones y por tal motivo fue nombrado el general Liborio Bernal.

Organización en distintos frentes…

Con los aires de la. primavera se aceleró esa eclosión política y el 24 de septiembre de 1893, estando en sus funciones el interventor general Liborio Bernal, se produjo otro estallido en Santa Fe y como señalan algunas crónicas, “el rengo Candioti” que había detentado el poder durante veintiún días, intentó una vez más llegar al poder por las armas.

Los conspiradores se reunieron en el edificio de la Aduana, donde estaban apoyados por los rebeldes del batallón 3 de Infantería y luego por colonos extranjeros que llegaron desde Esperanza con su armamento, quienes atacaron a las fuerzas del regimiento 11 de Caballería de Paraná cuando desembarcaron. Los leales del regimiento 9 de Caballería estaban acantonados en el colegio de los Padres Jesuitas y avanzaron sobre la Aduana hasta obligar a su jefe Mariano N. Candioti a rendirse y arriar el pabellón blanco y rojo que enarbolaron durante el combate.

Una vez más, optaron por el autoexilio para evitar mayores riesgos personales y por la abstención a los fines de no participar en futuras elecciones.

(Quienes tengan interés por conocer algo más acerca de la historia de los santafesinos, podrán leer lo escrito por el doctor Cafferata en el libro titulado Efemérides santafesinas…)

18-02-1894: interventor nacional Dr. Zapata…

El nuevo interventor nacional don José Vicente Zapata, el 18 de febrero de 1894 puso en funciones al gobernador electo don Luciano Leiva.

Una vez más, el ministro de gobierno había sido el primer integrante de la fórmula.

Síntesis: Nidia A. G. Orbea Álvarez de Fontanini.

i Nota en Diario El Litoral por el historiador santafesino Dr. Julio Argentino Carmelo Caminos, fallecido en Buenos Aires el 7 de febrero de 1993.

ii Destaco el aporte del director del Archivo de la Legislatura de Santa Fe en 1991, señor Reynaldo del Valle Anzardi al reiterar los datos de legisladores disponibles en las fichas y por el préstamo de los libros de actas para recopilar la información pertinente a estas investigaciones históricas.

iii Tulián Silva, Justo. Reminiscencias santafesinas, p. 62.

iv Benito Juárez Celman, en 1943 presentó “sus memorias” con el título Mis primeros ochenta años aportó interesantes datos sobre Ramón J. Córdoba, hijo de un músico italiano residente en Córdoba. Fue un estudiante destacado y Benito Juárez Celman fue su padrino de tesis doctoral, “censurada por el vicario Clariá”. Desde entonces, favorecido por ese rechazo el joven profesional fue más conocido en su ciudad natal. A los 19 años asumió las funciones de secretario del gobernador, cinco años después fue electo diputado Nacional y su padrino Benito, lo designó Director General de Correos y Telégrafos, “el cargo administrativo más alto del gobierno”. Juan Balestra en su libro titulado El Noventa. Evolución política argentina (Buenos Aires, 1935), destacó que Cárcano era “más viejo por el carácter que por la edad” y ha reiterado el historiador José María Rosa (Historia Argentina, Tomo 8) que “cumplía ante Juárez el papel del ‘favorito’ en una monarquía. Distribuía prebendas y arreglaba situaciones descartando la aprobación presidencial Bastó ello para los áulicos susurraran su candidatura que sorprendió al mismo Juárez, cuenta Cárcano en sus expurgadas memorias. El nombre del director de Correos de 28 años en 1888-, se repitió como una consigna en todos los rincones de la República. Cárcano al recordar su candidatura presidencial medio siglo después, se pregunta con elegante modestia: “¿Por qué se piensa en un joven de 28 años, sin servicios eminentes y quizá, sin talentos bastantes para merecer tan alta confianza?, y acepta con frustrada satisfacción: ‘Si la revolución no derriba mi candidatura cambiando radicalmente la orientación, hubiera sido difícil ahogarla’.” (p. 235-237)

v Tur, Carlos A. y otros. Hombres y momentos en la Argentina, p. 23-24.

vi Lischetti, Santiago. Historia de Villa Constitución, p. 447. El Comandante José Urbano Fernández murió el 2 de julio de 1898 a los 50 años, en plena actividad y fue sepultado en San Nicolás con honores militares; hablaron en ese acto don Domingo Cacivio y el Teniente Coronel Pedro P. Goytía.

vii Gianello, Leoncio. Compendio de Historia de Santa Fe, p. 173-174.