1882-1886: Gobierno del Presbítero Dr. Manuel M. Zavalla.

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Pbro. Zavalla, vicegobernador…

Sabido es que el Dr. Simón de Yriondo fue gobernador de la provincia a partir de 1871, un año después de la inauguración del primer tramo del ferrocarril Rosario-Córdoba; que le sucedió el gobernador Servando Bayo hasta 1878 y que Simón de Yriondo fue vicegobernador el presbítero Manuel M. Zavalla…

A fines de aquella década, comenzaron a gestarse otros conflictos políticos en la provincia de Santa Fe y se manifestaron en 1881, cuando un grupo de autonomistas se expresó en contra del gobernador Simón de Yriondo -o Iriondo-, con el evidente apoyo del presidente Julio Argentino Roca.

Inmediatamente el gobernador pensó en su cuñado el Presbítero Manuel M. Zavalla, como su oportuno sucesor para evitar inútiles confrontaciones.

Enfermedad del Pbro. Dr. Zavalla.

El 7 de febrero de 1882 fue electo el Presbítero Manuel M. Zavalla y por su enfermedad no pudo prestar juramento ni asumir esas funciones. El vicegobernador Dr. Cándido Pujato lo reemplazó y durante ese período se constituyeron las Comisiones de Fomento con el propósito de entender en lo relativo a caminos y comunicaciones, constituyendo la base de las instituciones comunales y municipales.

El doctor José Gálvez asumió como titular del Ministerio General de Gobierno en 1884.

1883: Inauguración de Hospital en Coronda…

En el año 1883, Waldino Baldomero Maradona pronunció un discurso con motivo de la inauguración de las obras del Hospital San Roque auspiciadas por la Sociedad de Beneficencia de Coronda. Es interesante su lectura porque refleja algunos rasgos de su personalidad y de sus percepciones:

“La casa de Dios al fin abre sus puertas para recibir a los desvalidos. Esta casa santa de la caridad, tiene su historia; ella fue construida e iniciada esta institución por el benemérito ciudadano Coronel Don José Rodríguez, aquí presente. Creo que es para su pueblo y para su conciencia una obra que le honra y hace honor. No trato aquí de hablar de su costo, no; hablo de su objeto, de su significado, nada comparable con todo el oro del mundo; esta obra descansa sobre la base inconmovible que le da el prestigio de su destino. Ya tienen, pues, un techo, los pobres de Coronda. Aquí todos caben; en esta casa no se pregunta cuánto es el número de los que la necesitan, ni su nacionalidad, ni su creencia, ni su profesión, ni alcurnia. La cooperación decidida de los Señores de la Sociedad de Beneficencia, del vecindario del Departamento, unidos todos estos elementos a la iniciativa del señor Coronel Rodríguez, ha coronado el éxito de las aspiraciones tantas veces manifestadas por la población y exigidos por la necesidad de los menesterosos. Los hospitales deben tener su renta propia, deben ser instituciones con vida propia, porque es una necesidad que tienen las poblaciones, hoy que la caridad ejercida a domicilio no da los resultados que se desean, porque lejos de beneficiar al pobre, sirve otros, para fomentar la ociosidad y toda la cohorte de los vicios. Que esta institución abra sus puertas para que los necesitados concurran a satisfacer sus necesidades, que el pueblo y las personas piadosas mantengan esta casa con altura, para que sea la prueba más elocuente que esta población se ha preocupado de la clase desheredada. ¡Ah! Señores, la caridad ejercida por las almas nobles al desgraciado que la implora, es ante los ojos de la conciencia y de Dios, lo más sublime; ella es un destello de la providencia que ilumina a quienes la ejercen; el camino de su glorificación, porque la caridad es el ángel que viaja continuamente por todos los campos de la necesidad, consuela al afligido, mitiga los dolores del hombre, da pan al huérfano, agua al sediento, consejo al que lo ha menester y sirve de estímulo al que olvidando a Dios y su misericordia, se ofusca y cae en al postración de la desgracia y llora y desespera su destino.

La fe, la esperanza y la caridad, es la augusta trinidad del cristianismo; ellas tres obran de consuno y sin ellas, no hay norte, no hay conformidad en los sinsabores de la vida y mancomunadas ellas tres, son bálsamo que cura las heridas de la desgracia.

Hagamos caridad y habremos asegurado el cielo. He dicho. Waldino B. Maradona. Coronda, 1883.”

28-10-1883: Límites de nueve departamentos.

El 28 de octubre de 1883 se sancionó la ley que reconoció los límites de nueve departamentos; se crearon los departamentos San Javier, Las Colonias, San Lorenzo, Iriondo y General López.

En consecuencia se modificó la Constitución provincial y cambió la representación política en la Legislatura porque correspondía que nueve senadores integraran esa Cámara y de acuerdo a la población en esas jurisdicciones, se eligieron los diputados correspondientes.

1883: Cincuentenario de la primera expedición al desierto.

En el año 1883 se cumplió el cincuentenario de la primera expedición al desierto conducida por el gobernador Juan Manuel de Rosas con el propósito de despejar el camino de los chilenos donde eran frecuentes los malones. Ese año, terminó la campaña al desierto iniciada cinco años bajo las órdenes del Gral. Julio Argentino Roca y “sólo quedaban algunos núcleos indígenas al sur de los ríos Negro y Neuquén, en especial en los valles cordilleranos. El plan de Roca tuvo excelente preparación en la acción anterior de Adolfo Alsina” -cuyo fallecimiento provocó la transferencia del mando- “y en las exploraciones ofensivas que se realizaron por orden suya antes de la campaña final”. i

Doctor Gálvez: Ministro General de Gobierno…

Es oportuno tener en cuenta que el Dr. José Gálvez asumió en el Ministerio General de Gobierno en 1884″, período del electo presbítero Manuel M. Zavalla quien no pudo hacerse cargo ni prestar juramento en 1882, por su estado de salud, reemplazándolo en esas funciones hasta 1886, el vicegobernador Dr. Cándido Pujato.

Decisiones e inauguraciones en Esperanza…

Waldino Baldomero Maradona desempeñó otros cargos públicos, entre ellos: Comisario de Policía y secretario del Archivo de Tribunales. En enero de 1884 cumplió la misión de instalar la Jefatura Política de Esperanza y al año siguiente, integró la Comisión de Inmigración creada en Esperanza por iniciativa del presidente Gral. Julio Argentino Roca.

El 1º de enero de 1885 se inauguró el ramal ferroviario que unió la capital de la provincia con la colonia Esperanza y dos años después, ese servicio se extendió a las colonias del oeste: “Piquete, Franck, Las Tunas, San Carlos, Gessler y Margarita, en la que se construyó en sitio estratégico, la Estación Gálvez, punto terminal de la línea”.

Esos hechos conmovieron a los santafesinos que observaban el lento pero constante desarrollo de sus pueblos y preocupó a las colonias que estaban a mayor distancia del ferrocarril porque ese aislamiento afectaría sus intereses económicos y en consecuencia, modificaría la vida de sus pobladores.

En aquellos últimos tres lustros, el sanjuanino Waldino Baldomero Maradona consciente de la importancia de un transplante, jornada tras jornada aseguró su propio arraigo en estos pagos del litoral, participando con entusiasmo en las campañas políticas del Partido Autonomista Nacional con sus evidentes corrientes internas.

Fundó el periódico “Las Colonias” y desde esas páginas apoyó la candidatura del Dr. José Gálvez proclamada por el Club del Pueblo, por el Club Católico de Santa Fe. Es oportuno tener en cuenta que también apoyaron esa candidatura el periódico “La Revolución” destacándose los comentarios del joven político Domingo Guzmán Silva y en Rosario el Dr. Gabriel Carrasco con su diario “La Discusión”. En ese tiempo siguieron acuñándose “ismos” y se hablaba del “galvismo”, cercano al “roquismo”. Desde Rosario, el autonomismo promovía la candidatura de su líder Estanislao S. Zeballos -quien acostumbraba a lucir una gardenia en el ojal-, apoyado por los clubes Nacional y Constitucional, aunque el presidente Roca no lo apuntalaba. El 27 de abril de 1886 asumieron el gobernador Gálvez y el vicegobernador Juan M. Zavalla.

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El estado de salud del Presbítero Dr. Manuel M. Zavalla -cuñado del doctor Simón de Iriondo-, electo gobernador en la fórmula que integró como vicegobernador el doctor Cándido Pujato, impidió que aquel ejerciera el poder de modo que prácticamente fue el doctor Pujato quien concretó casi todos los actos de gobierno. Dispuso el doctor Zavalla que se extendiera la frontera norte hasta el paralelo 28, con lo cual prácticamente se llegaba hasta el límite actual de la provincia. Durante ese período se trabajó en la reforma del Código General de Procedimientos y en la ley orgánica de los tribunales; también sancionó la ley orgánica de municipalidades, se completaron trámites de contratos de inmigración. Establecieron la obligatoriedad de la enseñanza entre los 6 y 14 años; se formó el Fondo Escolar, avanzaron en el trazado de líneas ferroviarias…

El doctor Zavalla cuando podía asumía totalmente sus funciones, el progresista doctor José Gálvez fue su ministro y la persona que colaboró para evitar enfrentamientos entre diferentes grupos políticos. En aquel tiempo, era frecuente que los ministros de gobierno luego fueran los candidatos a gobernador. Así sucedió con el doctor Gálvez.

1882: aplicación del Reglamento urbano y rural…

El control en el desplazamiento de la población estaba a cargo de la Policía –comisarios generales y jefes de policía- en distintas jurisdicciones, que trabajaban en coordinación con los Jueces de Paz. En 1882 de aplicaba el Reglamento Urbano y Rural de la Provincia de Santa Fe, se seguían considerando vagos a quienes no acreditaran un trabajo o pertenecer a alguna línea de milicias. En ese reglamento, para ser reconocido como vago era necesario que “no tengan oficio, jornal ni medios lícitos como vivir. Segundo: los que teniendo algún oficio o industria no los ejerciten habitualmente careciendo de otros medios lícitos para su subsistencia.” En otro punto se aludía a “los que con medios de subsistencia, pero insuficientes, no se dediquen a algún trabajo honesto y que frecuenten casas de juego y otros parajes sospechosos” y luego, se refería a quienes “sin impedimento para dedicarse al trabajo, se ejerciten en el oficio de mendigo”.

También estaban sometidos a igual tratamiento, quienes abandonaran sus trabajos sin un motivo que lo justificara.

i Abad de Santillán, Diego. Historia Argentina. Tomo 3, p. 249-261.